Llegaron al sitio acordado, aliviados porque finalmente Sesshoumaru eligiera un lugar neutral para la cena, salvándolos de tener que hacer diligentes preparativos, pero asombrados por la grandiosidad del lugar, un edificio de varias plantas, cuya exquisita y refinada decoración interna estaba pensada para parecerse a las casas señoriales de estilo europeo de principios del siglo pasado, habiendo incluso arañas de cristal que colgaban del techo espléndidas ¿de verdad era ese el restaurante en el que iban a cenar?

Rin no recordaba haber visto o soñado algo tan grande en su vida y la riqueza del lugar la abrumó. Aunque tenía por lo general muy buenas maneras enseñadas por sus padres, temía olvidarlas por los nervios y todo lo que podía hacer era sostener una enorme sonrisa, como la de un niño ante los regalos de Navidad. Aunque había dicho a los demás que prefería quedarse en la casa para cuidarla, dado que aquello era muy importante ─y temía arruinarlo─, ellos insistieron en que era parte de la familia ahora y por lo tanto, debía de asistir. Por si fuera poco, el ejecutivo se había encargado además de hacerles llegar una invitación escrita en la que explícitamente decía esperar la llegada de los cuatro integrantes de la familia. Simplemente no pudo decir que no.

Como era una ocasión formal, Sango se colocó un vestido negro de mangas largas y falda simple por debajo de la rodilla, que tenía unos bordados en el cuello y se colocó un collar y anillo, ambos heredados de su madre y se recogió el cabello en un rodete. Rin por su parte, se colocó lo mejor que tenía en su guardarropa, el último vestido para salidas que le comprara su madre mucho antes de enfermar, aunque lamentaba que estuviera algo gastado y que le quedara un poco ceñido por haber crecido bastante rápido. Era de seda rosa pálido, con estampado de pequeñas florecillas, tres cuartos de manga y también una falda por debajo de las rodillas. Sango le había prestado un cinturón con pequeñas perlas entrelazadas para ceñirlo e insistió en que usara unos aretes que le prestó luego de practicarle ella misma las perforaciones en las orejas, puesto que no las tenía dada su alergia a los metales. Ambos hombres, por su parte, eligieron sendos trajes negros.

Cuando entraron, él ya estaba en el lugar. Rin se quedó más que sorprendida al darse cuenta de que la persona con la que comerían era la misma que había visto el día de su llegada. Cubrió su boca abierta con la mano y bajó la cabeza para esconder los ojos de plato. No pudo evitar notar que de cerca se veía más espléndido e intimidante aún. Kohaku debió darle un golpecito con el codo para que recordara sus modales y se presentara adecuadamente.

Todos fueron guiados por un empleado a un sector privado en el tercer piso, que estaba adornado con mamparas y les permitía estar a solas y cuyo ambiente estaba amenizado por una música instrumental suave e impregnado del aroma de flores frescas y de algo delicioso. Se sentaron tranquilamente a la mesa, mientras Kohaku nuevamente le daba un golpecito a Rin para que no pusiera las manos sobre el mantel. Tras estudiar, se habían pasado toda una noche leyendo en internet las reglas de la etiqueta y con todo, los nervios le jugaban en contra. "no lo mires, no lo mires", se encontró repitiendo en su mente, aunque podría decirse que ese hombre tenía una mirada magnética.

Como era usual, Miroku y Sango comenzaron por elogiar al jefe del muchacho y luego hablaron de sus respectivos trabajos, respondiendo a preguntas que él hacía, mostrándose muy interesado, aunque sin perder un semblante de altivez y gran nobleza. Cada tanto, cuando ellos no estaban viendo, miraba a Rin, quien hablaba más bien poco, pero sonreía bastante y era muy bonita pese a su corta edad. Según había averiguado ─por las mismas técnicas de las que impidiera utilizar a Naraku─ era huérfana reciente y su familia había tenido anteriormente mala fama. Se preguntó qué tipo de sentimientos había realmente tras esa sonrisa. ¿Ira? ¿tristeza? Lo que fuere, había resultado lo suficientemente llamativo como para atraer al rey de los conflictos sobre ella.

─Disculpa, Rin-san ¿qué edad tienes? ─cuestionó amablemente, llamando su atención y causándole un pequeño sobresalto.

─Oh, tengo quince años ─respondió y a él no le pareció acorde con su delicada complexión física, que la hacía parecer aún más joven, aún con un vestido tan ceñido.

─¿Y has pensado en qué preparatoria irás a estudiar? ─él conocía buenas opciones que dependían de su aporte económico y estaba dispuesto a sugerirlas.

Ella entrelazó las manos en el regazo para darse seguridad mientras respondía a algo que podía resultar un poco vergonzoso.
─Eh… No aún, es que he recomenzado la escuela secundaria, ya que unos problemas familiares me impidieron estudiar por algunos años. Debo resaltar la amabilidad de Sango-san y Miroku-san, se esforzaron mucho para convencer a las autoridades de mi escuela actual de que yo realmente valía la pena como estudiante y así me dejaron ingresar. Estoy poniendo todo de mi parte para corresponder a su sacrificio y confianza y a la amabilidad de tomar mi tutela hasta que pueda valerme por mí misma…

El hombre de pelo claro parpadeaba. Con que la chica no era tan callada como parecía… sino todo lo contrario. Le hubiera quedado bien una mordaza… ¿En qué estaba pensando?

─Es una pena, pero sería bueno que supieras que hay muy buenas instituciones financiadas por nosotros. Considéralo para cuando sea el momento de escoger.

─Así lo haré ─de pronto se sentía bien, más animada, como si flotara un poco. El semblante de esa persona era poco expresivo pero su carácter le pareció menos frío que el de la mayoría de la gente, menos de que las personas que la traicionaron, menos que las personas que había conocido hasta el momento, fuera de la familia de Sango. Le sonreía abiertamente sin darse cuenta de que repentinamente estaba siendo demasiado familiar.

Él se sorprendió y no pudo evitar parpadear varias veces, pues la gente se le acercaba con recaudo, a veces con miedo, con recelo, por contrario, otras veces lo hacían directamente con lujuria o con deseos de obtener algo de él. Era la primera vez que alguien le sonreía de una manera… inocente, esa era la palabra. De pronto sentía que quería tener esa sonrisa, con la misma necesidad con que podía obtener bienes materiales.

Su padre tenía razón: la filantropía era para mantener una imagen de la que los demás pudieran confiarse, pero en verdad no solía poner tanta atención en las personas, no solía preocuparse por los demás o salvarlos, mucho menos demostrar afecto a menos que supiera que iba a conseguir algo importante a cambio, así había sido con Kagura, con Sara, con Jaken y con muchos otros. Se parecía a Naraku en ese oportunismo aunque odiara admitirlo. Pero esta vez no tenía idea de por qué lo hacía, cuál era el motivo que le llevaba a tratar de dar protección a la familia de ese chico de clase social inferior y con una carrera apenas vislumbrándose en el horizonte. No podía ser porque intentaba ayudar a la joven a la que había salvado de morir por atropellamiento ¿o sí? Ella a primera vista no tenía nada de especial y como le había dicho a Naraku, no era su tipo. Aunque de modo semejante a aquel él disfrutaba de los juegos mentales con los más débiles y los retos, le hubiera gustado tener consigo a alguien menos frágil, alguien a quien pudiera tratar con más rudeza, como era su gusto ¿y así de pronto, por qué se estaba planteando todas esas cosas? ¿No sería posible que de verdad se estuviera arrepintiendo, tal y como Naraku le había dicho aquella tarde?

Tras la llegada de la exquisita y elaborada cena, la conversación se fue relajando, aunque eran más bien los otros los que hablaban y él se dedicaba a observar y aprender. Aprendió de las costumbres familiares tanto de Sango y los demás como de la recién llegada ─sabía realmente cómo obtener información y hacer que la gente quisiera contársela─, y supo que en efecto, su padre solía llevarla a montar cometas junto a su hermano en el pueblo en que vivían… pero ella no parecía recordar las circunstancias en las que se conocieron. Claro, a ella le sería un poco difícil conciliar su imagen con la del que la ayudó, no sólo por el tiempo que había pasado, no porque luciera diferente, sino porque físicamente permanecía exactamente igual a como era en ese entonces. Mientras pensaba en esto, bebió de su copa de vino la cual, pese a salir de la misma botella de la que bebían todos, tenía un tono rojizo mucho más realzado y brillante.

─Me enteré de que tienes un hermano mayor por demás responsable, que cada día te lleva y te busca tas tus actividades académicas ─comentó al pasar, mientras seguían comiendo.

─Sí, así es ─le sonrió, ya con algo más de confianza─, Kohaku-kun es muy amable por hacer todos esos sacrificios, pero trataré de acostumbrarme lo más pronto que pueda a moverme sola por la ciudad para no causarle inconvenientes en sus horarios de trabajo y de estudio ─dijo intentando apoyar al joven, pensando que así lo haría verse todavía más responsable con sus propios horarios.

─De hecho, pienso exactamente lo opuesto ─comentó él sorprendiendo a todos─. Es bueno aprender a moverse solo por la ciudad y la seguridad aquí es algo de lo que todos nos enorgullecemos, pero también hay mucho depredador suelto y oportunista en los sitios menos pensados ─se giró a mirar a Kohaku con seriedad─. Cuidar de la seguridad de una señorita también es una tarea importante. Tenlo en mente.

Todos se sintieron muy a gusto con ese comentario.

¿Pero por qué de pronto estaba pensando en eso? Le había dicho a Naraku que no pensaba hacer de esto un juego de a dos, pero al parecer ya estaba metido de narices. Lo supo cuando levantó la vista y entre el personal del restaurante le pareció reconocer a uno de los sirvientes de Naraku. Fingió naturalidad un rato más, mientras aún escuchaba las inquietudes de la familia, hasta que se disculpó para ir al baño un momento. Cuando salía rumbo a los tocadores, miró de reojo hacia un rincón en la izquierda donde este supuesto empleado se encontraba, luciendo el mismo uniforme de chaleco gris y camisa que todos los demás, pero algo en él lo delataba, el olor del soma. Sin apenas moverse, el sujeto de ojos azules miró también hacia él. Sesshoumaru hizo una suerte de gesto con la mirada, de pocos segundos, mientras seguía su camino. Cuando se hubo marchado del salón privado, el otro hombre salió disimuladamente tras esperar unos momentos.

Sesshumaru se miró en el largo espejo que había sobre los lavabos de mármol de carrara. El reflejo le devolvía una imagen extraña, desconocida, se sentía curiosamente inquieto, cuando en realidad nunca se había sentido intimidado por la gente de Naraku. El aparente silencio aumentaba esa sensación claustrofóbica, aunque gracias al contenido en el vino le fue posible escuchar cómo los pasos avanzaban por el extenso y amplio pasillo que llevaba hasta el tocador. No le sorprendió ver a través del reflejo cómo ese hombre de largo pelo negro recogido entraba, tampoco le preocupaba especialmente darle la espalda o ver cómo metía la mano dentro del chaleco. Parpadeó y volteó hacia él, observando de frente la burlona sonrisa, sus ojos confiados. Sin dudas era de la familia de Naraku y sus pensamientos de envidia eran tan fuertes que prácticamente podía escucharlos.

─¿Tú eres… Byakuya? ─intentó recordar el nombre, mientras observaba que el objeto extraído de sus ropas era simplemente un teléfono con una llamada corriendo.

─Para servirle. Buenas noches, Sesshoumaru-sama, es una suerte encontrarlo ─sí, suerte, claro─. Naraku-sama desea hablarle ─pronunciaba todo con una voz suave y cadenciosa.

Mientras tomaba el teléfono con sus manos para acercarlo a su oído, pensó que este era diferente de Kagura y los otros. La mayoría de los hijos de Naraku, sus llamados sirvientes, eran rebeldes, declarados o no, no servían con agrado a su causa, lo hacían por recelo o conveniencia. Byakuya parecía más borrego, siendo tal vez el más joven hijo adoptivo, el que había sufrido probablemente mayor lavado de cerebro… o mayores dosis de soma, lo que fuere.

─Naraku ─"saludó" a través del equipo y se dibujó una sonrisa en sus labios, mientras bajaba la vista, con una mano apoyada en el mármol─. Puedo darme cuenta de que tu familia está muy interesada en mí, incluso en mis actividades sociales.

Del otro lado también se escuchó una risita.

─Pensaba que es algo muy adecuado de un socio velar por la seguridad de su camarada en todo momento, ningún esfuerzo es menor y por eso he enviado uno de mis mejores y más preparados guardaespaldas. Debo decir que al principio me preocupé cuando los programas que estábamos utilizando se vieron súbitamente desactivados más allá de la posibilidad de recuperación, pero al oír el informe de Byakuya y tu presencia junto a esa joven tan interesante me alivia ─aseguró Naraku y la complacencia se oía en su voz─. Es bueno saber que Sara Asano no te absorbe y que finalmente decidiste formar parte del juego, tal y como lo predije la otra vez.

─¿Me estás subestimando? ─seguía sonriéndole a la imagen inexistente de Naraku.

─En lo más mínimo, sin tu presencia esta actividad carecería pronto de sentido. ¿Sabías, mi estimado Sesshoumaru, que esa joven a la que intentas entrevistar en realidad está huyendo de su ciudad de origen y que perteneció a una familia que recibió acusaciones graves de estafa dentro de una de las compañías de la rama Mugen de nuestras empresas, y posteriormente el hombre se suicidó para no afrontar cargos?

─Sí, eso dicen ─contestó Sesshoumaru.

─Eso la hace más interesante, ¿no crees? Ya ha venido a esta ciudad cargando una cadena alrededor de su delicado cuello, porque significa que esa gran deuda le ha quedado pendiente al único familiar vivo de Houko ¿cómo es que se llama? ¿Rin-san? ─puso acento en el nombre.

El empresario no pudo evitar imaginársela desnuda y rodeada de pesadas cadenas y parpadeó varias veces, intentando despejar su mente de aquella imagen mental.

─Sí, en efecto ─al parecer, sus ingenieros había llegado tarde para detener a los informantes de Naraku. Como era de esperarse, sus entramados eran eficientes como telarañas. No era en nada raro que el escudo de su familia fuera, precisamente, una araña─. Sin dudas, eres muy astuto, es difícil a veces seguirte los pasos.

─Agradezco tu cumplido, heredero de los Inu ─el peliblanco tenía cierto recelo de ser llamado así.

─Sin embargo, no te dejaré avanzar, antes de que te decidas a hacer cualquier movimiento, deberíamos hablarlo mejor ─miró las paredes que le rodeaban─ y este no es un lugar muy apropiado, además esas amables personas aún me están esperando. Pienso que mi casa es un lugar muy apropiado, visítame esta misma noche si lo consideras lo suficientemente relevante.

─Ahí estaré ─confirmó el hombre de ojos escarlatas.

Byakuya todavía sonreía de manera sobradora cundo recuperó su teléfono.
─Ya escuchaste, Byakuya, dile a tu padre que lo estaré esperando esta noche.

─Así será ─saludó con una cortesía, como si de verdad fuera empleado del sitio. Nuevamente, Sesshoumaru fue el primero en salir de los baños.

─Nunca en mi vida había visto tanto lujo a la vez ─comentó Rin, aprovechando la ausencia de su anfitrión, ya que se había sentido intimidada y decirlo antes le había parecido irrespetuoso.

─Yo tampoco ─admitió Kohaku─. Aunque la oficina de Sesshoumaru-sama y su edificio principal son muy modernos e impresionantes, esto lo supera por mucho, sólo había visto algo así en televisión.

─Debo admitir que también estoy muy sorprendida ─admitió Sango─, es una persona joven y apuesta, con un currículum impresionante para su edad, por algún motivo esperaba a alguien mayor ─se sonrojó levemente.

─Espero que no te parezca más impresionante que yo ─bromeó Miroku con una voz seductora, mientras los dos menores les sonreían.

─No soy la típica mujer que se deja asombrar por algunos billetes, me gusta que me den mi lugar, mi valía y ese sin dudas eres tú.

─¿Escuchaste, Rin-chan? ─le informó el hombre─, aquí tienes otro gran modelo a seguir, por si te hacía falta.

─Estoy feliz de tenerlos como tutores ─reiteró tal vez por milésima vez en el tiempo en que los conocía y su rostro exhibió un tenue rubor, pues también le había parecido apuesto el jefe de Kohaku e internamente lo consideró un afortunado de poder trabajar para él. También le asombraban tantos logros en el campo tecnológico, que iban desde servicio médico de primer nivel a programas para la economía, desde la industria hasta los sistemas de gestión de hogar, desde la educación ─como le había propuesto─ al desarrollo de juegos. Ella no era muy versada en ciencias, pero no necesitaba serlo para reconocer que él estaba como mil años adelantado, era digno de admiración. Aunque no entendiera todo lo que él hablaba con Kohaku-kun y no tuviera mucha paciencia, se halló deseando escucharlo más. Se alegró cuando lo vio volver a la mesa y la reunión se sucedió serena. Cuando dio la cena por terminada, Sesshoumaru les expresó sus deseos de volver a reunirse con ellos en algún momento ─¿Sería verdad? Los empresarios decían ese tipo de cosas todo el tiempo─ y los despidió amablemente, pare luego ir en busca de su vehículo. Cuando subió, dos hombres se le acercaron y él bajó el cristal para hablarles.

─¿Ha tenido una buena noche, señor?

─Casi. Jaken, Myouga, sigan a esa familia en secreto e infórmenme.

Ellos asintieron y se dirigieron a un vehículo que estaba justo detrás, el cual salió a toda velocidad tras el vehículo rentado de Miroku.

Cuando Sesshoumaru llegó a la mansión en la que vivía, por primera vez en días, ya que había estado durante varias noches cuidando de Sara, descubrió que ya había una serie de vehículos esperando en la entrada. Cuando el plateado portón se abrió, todos los vehículos entraron en hilera siguiendo al suyo y de dirigieron al enorme estacionamiento que había en la parte de atrás.

─¿Has tenido una buena velada, socio? ─cuestionó el hombre de cabello ondulado, acercándose a él a paso campante, tras bajarse acompañado de uno de sus uniformados guardias, que si mal no recordaba, se llamaba Bankotsu.

─¿No podrías ser un poco más discreto? ─comentó Sesshoumaru con aire sarcástico al ver toda la comitiva─ Tanto revuelo por una sola persona ─movió la mano hacia arriba y del interior de la casa comenzaron a salir rápidamente varias personas uniformadas de azul, que bajo las solapas de sus abrigos escondían armas. Todos se pusieron en fila a su derecha e izquierda, formando una suerte de muralla frente a los otros guardias.

─Iba a decirte justo lo mismo ─sentenció el invitado con una mirada perversa.

─Entremos y mientras tanto, que mis guardias entretengan a los tuyos ─Sesshoumaru ladeó la cabeza y sonrió, dirigiéndose hacia dentro y dándole la espalda a Naraku de forma deliberada. Éste lo siguió, mientras los dos grupos de guardias permanecieron uno frente al otro, mirándose, alertas y listos para cualquier eventualidad.

─¿tiene tanto miedo tu señor? ─comentó Bankotsu.

─No ─respondió Kouga, un hombre corpulento, moreno y de ojos azules vibrantes, con una sonrisa bastante macabra─, solamente quiere que tengamos una buena diversión de madia noche con nuestros invitados.

Narau y Sesshoumaru se dirigieron juntos a la sala de reunión que había en el primer piso tras subir por una negra y muy barroca escalera de caracol. Los ventanales del salón eran altos, la luz de las lámparas en los lados de las paredes eran tenues, las cortinas de un azul oscuro eran pesadas y opacas, pero esta noche estaban abiertas, permitiendo la entrada de la luz de la luna llena, que estaba rodeada de nubes de agua. Desde el balcón tras esos ventanales, podían ver a los guardias hablando, si así lo preferían. Los pisos estaban tan limpios que podían reflejarlos a ambos. Se sentaron en unos sillones de diseño francés alrededor de una mesita y Sesshoumaru hizo servir dos copas, antes de pedir que toda la servidumbre se retirara y los dejara a solas. Cuando ninguno de los dos escuchó presencias, se sentaron y Naraku tomó en sus dedos una de las esmeriladas copas, haciéndola girar entre sus dedos y aspirando su dulce aroma.

─Y bien, todo está en orden, las últimas tiradas salieron perfectas, ya escogí algunos buenos compradores en las mejores esferas, el soma está bien cotizado, las acciones de tus empresas oficiales y las mías y las de tus productos suben, los políticos están aterrados y todos nuestros empleados trabajan a las mil maravillas de modo que ¿cómo es que lo festejaremos? ¿has pensado ya en el siguiente paso?

─Esta vez no negaré que tu oferta es tentadora, aunque esa persona, Rin-chan, sigue sin ser mi tipo ─el peliblanco puso el codo sobre el apoyabrazos de su sillón y reposó la mejilla en los nudillos de sus delicados y alargados dedos─. Por otra parte, acabas de fijarte en alguien cuya actual "familia" está dentro de mi empresa ¿Qué crees que conseguirás si llegas a hacer desaparecer gente dentro de mi esfera? Causarías un buen revuelo entre los empleados, que sería difícil esconder. Arruinarás un trabajo de años.

─Si no puedo ganarte en influencia y en fuerza, al menos quiero tocártelas narices, es divertido ─se burló su socio antes de beber de su copa─. Tal vez no la mate, tal vez sólo la torture… un poquito. ¿Todavía te apuntas?

Sesshoumaru no pudo esconder la sonrisa porque a una parte suya le atraía la idea.

─Además, no es como si ellos pudieran aportarte grandes beneficios, a diferencia de tu amiguita Sara, cuya vida está próxima a acabar… incluso ya estoy preparando una tirada de Soma con su nombre en ella. Apuesto a que la versión "Sara" será exquisita.

Sesshoumaru desvió su mirada hacia la luna aguada, no quería tocar ese tema.

─Pero hay algo que no entiendo. Según me dijiste hace varios meses, tenía un mal diagnóstico y consumiendo los residuos del soma no tenía muchas oportunidades de sobrevivir ─Sesshoumaru no acotó nada y Naraku miró su copa llena de líquido rojo─ ¿Le has estado dando el soma a alguien que no paga por él? ¿Qué crees que ganas con extender su vida en vez de matarla como a los otros estorbos? ─no escondió su enojo y apretó el pie de la copa.

─Me parece que ha pagado bastante, considerando sus aportes a la compañía.

─Es ridículo, no me digas que piensas hacer vivir a esa persona por cientos de años ¿es que acaso eres tan blando como tu padre? ─no había comentario que enardeciera más al señor de aquella mansión y lo miró con ojos muy abiertos─. Ya no estamos en el Sengoku jidai, tampoco en el Bakumatsu, hace seiscientos, trescientos, hace cien años todavía era sencillo conseguir ingredientes… ¡pero ya no! Estás desperdiciando un producto valioso en alguien sin valor ─estrelló la copa al suelo, derramándose su pobre contenido y manchándolo todo.

Sesshoumaru miró de reojo las esquirlas y la mancha roja.
─Dijiste que es caro y así y todo acabas de estrellarlo contra el piso.

─Sesshoumaru, es humana, es ganado, es ingrediente. Sara es comida. No irás a decepcionarnos como el asqueroso traidor de tu padre ¿o si? No me decepciones.

─En primer lugar, no es de tus asuntos, en segundo lugar, no todo está perdido ─Sesshoumaru jugó con un largo mechón de su claro pelo y apuró un gran trago de su propia copa, volviéndose su piel repentinamente brillante con el reflejo de la luna, tersa, exquisita, su cabello, un majestuoso manto plateado de seda. Sus ojos se volvieron más juveniles, casi joviales… y el tarado de Naraku había roto su copa─ porque Inuyasha casi lo probó hace unos días y si lo consigue, le encantará, aunque sea medio humano, lo lleva en la sangre… Y no creas que voy a servirte otra copa.

─Tienes muchas esperanzas sembradas en tu hermano, pero hay una diferencia con Sara… él heredará también en tu familia, su sangre se parece más a la tuya que a la de una mísera humana y no es un estorbo porque su padre le oculta todo ¿no es así?

─Hagamos un pequeño trato, Naraku ─sugirió inclinándose hacia delante─. Te conseguiré más ingredientes si perdonas a Asano y a la mocosa adoptiva de los Shinju. ¿Te parece?

─Sí ─mintió el invitado y se puso de pie, dirigiéndose hacia la ventana para abrirla y pasar al balcón, desde donde hizo señas a sus hombres, que asintieron allá abajo, metiéndose a sus respectivos vehículos─. Por cierto, excusa mi falta de cortesía, debería haber entrado a tu mansión con un presente de visita… ─acto seguido, se tomó el atrevimiento de cerrar el ventanal y también las cortinas, dejándolos en la penumbra

Minutos más tarde, los guardias de ambas facciones entraron al amplio recinto, trayendo consigo lo que habían extraído de los autos. Un grupo de chicas maniatadas y amordazadas que no dejaban de quejarse y de llorar.

─Mi estimado, te presento a tu nuevo stock de ingredientes para el soma ─acotó con un gesto amplio de la mano en dirección a ellas.

Una de las chicas se puso de rodillas llorando y a través de los balbuceos con la mordaza intentaba pedir piedad.

Sesshoumaru se puso de pie, caminó lentamente hacia ella y se puso de rodillas, pero aun así superaba su altura. La miró con una expresión seria pero amable. La tomó del mentó para poder verle los llorosos ojos.

─No te preocupes, no pasa nada ─los gemidos de miedo comenzaron a apagarse en ella y en las otras por la brillante apariencia que exhibía, mientras Naraku arqueaba una ceja.

Pero en seguida, en el rostro del muchacho peliblanco se dibujó una sonrisa que nada tenía que envidiarle a las de Naraku.