Capítulo 8

─Te comiste a una humana de la bodega ─lo había acusado Naraku sin que él intentará nada para defenderse─. Te la comiste entera, de la cabeza a los pies, no puedes ocultarlo, el olor de su sangre y de su soma, sus miedos y sufrimiento están impregnados en ti por mucho que te laves. Pero te perdono está vez, comerte a alguien de la fábrica fue la mejor solución. Estar tan cerca de Rin-san debió ser insoportable y si te la hubieras devorado y usado tú solo, te habrías ganado oficialmente el título de aguafiestas. La diversión se habría acabado muy pronto.

No conocerse a sí mismo y a las propias flaquezas era un delito grave cuando se tenía que convivir con las presas en el mismo mundo, especialmente cuando aparecía una de esencia pura, que no necesitaba de los largos procedimientos de depuración antes de servir para el consumo. Miró a la chica sentada distraídamente a su lado y se preguntó cuál sería el sabor de su soma.

Aunque al principio la idea de ponerle una mordaza extraída de sus propias ropas continuaba siendo tentadora, al paso de los días fue adquiriendo, pese a que no le gustara reconocerlo, cierto agrado y familiaridad al escucharla hablar de forma amena, con esa voz cantarina, de sus actividades cotidianas y las trivialidades de su infancia, ya que al hacerlo, de a poco iba obteniendo más información de la que cualquiera de sus softwares podría recabar. Por ejemplo el hecho de que ella gustaba a la gente rápidamente debido a su diligencia, amabilidad y buen humor, haciendo esfuerzos por ignorar a todo aquel que la trataba como un bicho raro, o que inventaba extrañas historias sobre ella a sus espaldas, siendo toda su respuesta aquella sonrisa dulce indistintamente.

Descubrió también que contrario a lo que cabía esperar, su sonrisa no ocultaba recelo o rencor, sólo un gran miedo a la soledad y el silencio ─por ello la tormenta de diálogo─ y una extraña resignación sumisa a las cosas que otros podían decir o pensar. Nuevamente, los pececillos luchadores eran sus presas elegidas, pero ese comportamiento de muñequita de porcelana, su pureza de ideas, llamaba tentadoramente, subconscientemente. Supo asimismo que en su infancia no le fue adjudicada la idea de la competencia o de escalar socialmente, poniendo su madre gran empeño en que cuidara más de sus cualidades interiores que de su imagen, y la muchachita desarrollo sueños relacionados a carreras como las Artes o las letras ─ideales prontamente truncados─, para las cuales en su momento la familia Houko asumió la posibilidad temprana de pasarle la tutela a la familia de Sango, de manera que la mudanza a la ciudad y el cambio en el ritmo de estudio no resultaran traumáticos, dado el apego de la niña a sus seres queridos.

El corazón de la jovencita latía rápido, no podía contenerse. Aunque la vida la había vuelto bastante hermética respecto a asuntos personales, no podía evitar mirar a aquel extraño hombre, sus inquisidores, fuertes e inteligentes ojos dorados y sentir el impulso de escupir todas sus verdades.

Esta era un arma secreta que él tenía escondida y la usaba a menudo: el gusto por quemarles el cerebro a sus presas sin que apenas notaran lo que les estaba ocurriendo, hasta obtener todo lo que precisaba, hasta conseguir arrancarle las confesiones más profundas.

Esto tenía sentido para él, ya que detectaba una mentira a millas de distancia y a diferencia de Naraku, no gustaba de usar el engaño ─al menos no con las mismas maneras de su lascivo socio─.

─¿Y acostumbras salir los fines de semana? ¿Karaoke? ¿Fiestas? ─preguntó vaga, distraídamente, mirando hacia el cielo rosado, con el fornido brazo extendido sobre el respaldo de la banca del parque que había elegido para pasar la breve tarde, sosteniendo entre los largos dedos el humeante cigarrillo del cual disfrutaba sin el menor temor a la enfermedad.

─La verdad es que no me gustan mucho esas cosas, en mi pueblo no había tantas distracciones ─contestó Rin tocándose el cabello, mientras bebía lentamente del café al que se había ido acostumbrando con los días, preguntándose si no debería estar estudiando en vez de confesar cosas personales en un sitio público─. Por otra parte no tenía mucho tiempo ni dinero, tampoco tenía muchos amigos, ya que mis conocidos comenzaron a rechazarme y darme la espalda tras nuestros problemas familiares…

─¿Problemas familiares? ─Sesshoumaru la observó de reojo.

─¿Eh? ─la estudiante se sobresaltó, apretando la lata de café entre las manos tras notar que nuevamente había hablado de más, como era su mala costumbre. ¡No podía decir algo comprometedor que la dejara mal vista a ella y a su nueva familia! ¿Y ahora cómo lo arreglaba? Si nadie había creído en la inocencia de sus padres antes, Sesshoumaru siendo alguien tan poco conocido, no tenía por qué hacerlo─. Etto… es que mi padre falleció, teníamos necesidades económicas y mis compañeros de clase menospreciaban a alguien que necesitaba trabajar para sustentarse… ─reía nerviosamente, rogando al cielo que él le creyera.

El hombre de pelo blanco mantenía su impasible semblante, aun mirándola de lado, pero interiormente le divertía la forma en que ella intentaba ocultar los hechos.
─Qué falta de inmadurez de su parte ─volvió los ojos al cielo─. ¿Te gustaría entonces asistir a una fiesta?

─¿Eh? ─la sonrisa nerviosa de la muchacha permanecía.

Aunque Rin no se lo contara a su familia por temor a reclamos, al hombre se le había hecho costumbre pasar por ella tras sus clases y a ella se le había hecho fácil aceptar el transporte gratuito cada día, sintiéndose cómoda de poder soltar frente a él largos monólogos que eran respondidos con frases cortas y sinceras. Lentamente las idas a casa cambiaron por paseos a los mejores cafés de la ciudad, donde compraban bebidas o postres. Ella tenía la sensación de ser escuchada y comprendida, él era lo más cercano que tenía a un amigo en años, luego de Sango-san y Kohaku-kun.

Pero invitarla a una fiesta así de pronto le parecía demasiada confianza, no sabía qué decir.

─No lo malinterpretes ─aclaraba él con tono sereno y su vista hacia la calle, donde descansaba un coche diferente al de la primera vez, también plateado, pero mucho más sobrio y austero, que con facilidad pasaba desapercibido entre el montón─. Daré una fiesta en casa, suelen ser algo tediosas y pensaba invitar a algunas personas conocidas para hacerla algo más amena. Creí que te gustaría asistir con tus hermanos, si es que les sobra el tiempo para ello, por supuesto.

Ella suspiró con alivio, sonriendo. Eso le daba todo un giro a la situación. Incluyendo a sus hermanos, no podía dejarlos mal vistos ante el empresario. Suponía que sus tutores no se opondrían a la invitación, además internamente no podía negar que deseaba conocer en qué tipo de lugar vivía él.

Durante la cena no sabía cómo abordar el tema. No podía de buenas a primeras decirle a Sango que se había estado viendo con Sesshoumaru, aceptando ser escoltada ─una chica decente no hacía esas cosas─ y luego soltarle sin más que la había invitado a una fiesta en su casa. Esas eran demasiadas aspiraciones para alguien de su clase social y ahora que lo pensaba, no estaba segura de saber comportarse adecuadamente ante la gente de ese nivel. ¿Y si los hacía pasar vergüenza?

─¿Sucede algo malo, Rin-chan? ─preguntó Miroku observador de su estado─, apenas has tocado la cena.

Afortunadamente no debió responder, porque Kohaku comenzó a hablar, recordando que su jefe le había hecho llegar una invitación del presidente para que asistiera a una fiesta en su casa, la cual incluía a la familia.

La chica dejó escapar todo el aire que inconscientemente había estado conteniendo.

Sango y Miroku se miraron en silencio, el hombre de ojos azules en seguida cambió de tema. Tanto Rin como Kohaku lo interpretaron como un "no" y se desinflaron. Esa noche mientras estudiaban en sus respectivas habitaciones, ambos jóvenes intercambiaban opiniones de cómo podría ser semejante evento y lo que harían si pudieran asistir. El muchacho puntualizó que extrañaba un poco ver al espléndido empresario, ya que en las últimas semanas Jaken no lo había enviado a realizar recados para él, como antes acostumbrara casi a diario. Rin no decía nada al respecto. Ah, si el chico supiera…

─¿Te parece que deberíamos ir? ─preguntó Miroku en voz baja a su pareja mientras preparaban la comida para el día siguiente─. No sé tú, pero yo vi a Rin y a tu hermano muy entusiasmados por la idea.

─Sabes que no es tan sencillo. ¿Alguna vez has estado en ese tipo de evento? No creo que se parezca a las reuniones a las que vas con tus colegas luego del trabajo ─suspiró─. Además puede que sea mi imaginación, pero en los últimos meses y sobre todo, recientemente, he tenido la impresión de que el presidente de las empresas Nex le profesa bastante aprecio a mi hermano a pesar de ser tan solo un aspirante y eso… llama mucho mi atención.

─¿Te preocupa que Sesshoumaru tenga malas intenciones? ─le pasaba un bento ya hecho para guardarlo en la nevera.

─Ha demostrado ser una buena persona, pero por lo que contaba Kohaku tiempo atrás, Sesshoumaru Inu nunca fue el tipo de jefe cercano a sus empleados. Sus exigencias eran mucho más altas antes. Es un gran cambio.

─Puede que simplemente haya visto a alguien muy prometedor en él ─Miroku se encogió de hombros, mientras terminaba otro de los bento─. Kohaku es tímido, pero sus calificaciones en la universidad son altas. En cuanto a Rin, pese a que hace poco ha recomenzado sus estudios ha demostrado adaptarse muy bien. Nuestra idea de mostrar sus logros académicos a la empresa puede que haya sido buena también. Piénsalo, si nos pasara algo, ambos estarían asegurados.

─En pocas palabras, crees que ambos tienen lo que necesitan para encajar en un mundo como el de Sesshoumaru y que esta será una buena oportunidad de demostrarlo…. ─la joven mujer no se oía demasiado segura.

─Nunca lo sabremos si no lo intentamos.

─Me lo pensaré.

El hombre de pelo blanco recorrió cada rincón de su enorme residencia, asegurándose de que el personal tuviera todo en orden ya desde muy temprano: los jardines, la limpieza, la ornamentación, la música, la comida, la bebida, el programa de eventos, la lista de los invitados y demás cosas. Era perfeccionista en eso al igual que en todos los demás aspectos de su vida. No pensaba dejar que una sola silla estuviera fuera de lugar, pensaba impresionar a sus visitantes, la imagen era lo primero y principal y deseaba hacerlos sentir que se desprendían de sus ajetreadas vidas para ingresar a una sucursal del paraíso. Ser generoso era algo que había aprendido de su padre, pero él lo usaría para obtener beneficios, claro estaba.

No había tenido oportunidad de relajarse en los últimos días, como si repentinamente el dios de la fortuna hubiera decidido darle la espalda. Una vez que Tsubaki había recuperado su sempiterna juventud ─y también sus agallas─, le había reclamado con bastante enojo el tener que cargar como el chivo expiatorio, con el asesinato de Sara Asano y además tener que perder su trabajo como secretaria de la empresa, para así poder desligarla de Sesshoumaru y que el engaño que sus sirvientes ya urdían tuviera más sentido. Aunque él pensaba indemnizarla, le que más le molestaba a la mujer era que aquel trabajo le servía como forma de lavar el dinero que acumulaba desde hacía años, ahora necesitaría otro tipo de coartada. Sesshoumaru se vio obligado a oír todas sus quejas porque no podía despacharla, ella era una pieza clave.

Como si esos problemas no bastaran, tuvo que encontrarse luego con aquella cabeza parlante que tanto había alarmado a Naraku. El cadáver del cuál quedaba sólo la calavera y parte del rostro se llamaba Goshinki y era parte del séquito de Naraku, uno de sus hijos más cercanos y obedientes junto con Byakuya, además de ser tremendamente listo. Su cabeza habló con ellos, ya que ésta era una de las "maldiciones" resultantes del consumo del Soma: si se tenía una concentración lo suficientemente alta dentro del organismo, era posible sobrevivir a la muerte misma durante algún tiempo y sobrevivir a heridas fatales. La persona que lo había atacado por sorpresa no había contado con ello, así pues Sesshoumaru y Naraku se enteraron de que tenían un enemigo que decía que Sesshoumaru debía una deuda importante y que aquello era un aviso de que su acaudalado negocio se vendría abajo si no pagaba a tiempo. Lamentablemente, Goshinki no había tenido oportunidad de ver a su atacante, porque había actuado en la penumbra y por la espalda, pero sí le había dicho que pensaba meter en problemas a los negocios legales de ambos grupos para coaccionarlos, empezando por matar a todas las cabezas visibles.

Así pues, ambos socios llegaron a la conclusión de que mostrar a todas esas cabezas visibles reunidas en un solo lugar era una forma segura para que tiempo después su enemigo común cayera ante la provocación.

Para rematarlo, ahora que necesitaba la ayuda de su padre nuevamente y de sus sabios consejos, éste se había mostrado ofendido y no había atendido a sus llamadas ni mensajes. Al menos había firmado la tarjeta de invitación admitiendo que asistiría. Si alguna cosa no salía de acuerdo al plan, necesitaría de su fuerza. Aunque aquello aplastara su orgullo, en presencia de Touga podía sentirse vulnerable.

Finalmente llegó la hora de la fiesta y lentamente los invitados comenzaron a llegar en sus vehículos caros. La mayoría de ellos eran hombres, hombres normales que no tenían idea del soma y que eran acompañados para la ocasión con jóvenes y bellas féminas ricamente ataviadas.

La zona de estacionamiento de a poco se iba llenando, al igual que el enorme hall de estilo victoriano, mientras el personal de la casa comenzaba a recorrer lentamente cada lugar ofreciendo bocadillos. Las mayores atracciones de la casa eran el espléndido jardín que rodeaba a una enorme piscina y el espacio abierto que había más allá, dado que se podía apreciar perfectamente las montañas y los árboles silvestres, lo cual daba a la parte más posterior del terreno un ambiente rústico que contrastaba fuertemente con la finura y delicadeza de las plantas ornamentales y la edificación europea. Sesshoumaru caminó entre algunos de estos invitados, preguntándoles si disfrutaban del excelente paisaje, presumiendo del lugar y de su historia, de cómo su familia lo había obtenido tras una excelente compra hacía un par de generaciones. Todo lo que hacía y decía parecía encantar a las acompañantes femeninas. Cuando sentía que aquello era demasiado molesto para su invitado en cuestión, se despedía cordialmente y pasaba al siguiente, no sin que los ojos femeninos se quedaran prendados y lo siguieran por doquier. Él parecía no darse cuenta, o al menos lo fingía. Comentar que tenía un evento especialmente preparado para damas parecía tenerlas en un ensueño.

También dentro de la casa se dieron los saludos cordiales. Algunos de sus invitados ya conocían el sitio, otros no. A éstos último se encargaba de brindar de parte de su personal el mejor servicio posible, los bocados más exquisitos, el mejor vino espumante y por supuesto, el muestreo de las obras de arte más exquisitas que había obtenido a lo largo del tiempo para adornar su morada.

De pronto, frente a la mesa de las bebidas notó a una pareja impensada y se apresuró con desagrado hacia ellos. Verlos juntos en las escasas ocasiones familiares era tan divertido como estorboso, pero no quería presenciar esas situaciones escandalosas en medio de su evento.

─Inuyasha ¿qué estás haciendo aquí? ─cuestionó molesto y en voz baja al ver a su medio hermano y a su novia universitaria, cuando claramente había invitado a su padre, de cuyas habilidades y conocimientos requería.

─¿Padre no te lo dijo? No podía venir, así que me "pidió" que lo hiciera yo en su lugar ¿tienes algo que objetar?

Su padre podía tener una larga lista de fallos, pero seguía siendo quien tenía más autoridad tanto en la familia como en rango, así pues sus decisiones eran insondables, por más irracionales que fueran.

Él desvió su vista hacia la acompañante femenina y la miró de abajo arriba, lucía sorprendentemente muy bien ataviada para la ocasión, con un fino vestido negro entallado, sin mangas y con cuello alto, que tenía un delicado patrón de strass bordado desde el cuello hasta la línea del pecho. No tenía dudas de que era buena adquisición hecha con dinero de su padre. Prosiguió hacia su rostro delicadamente maquillado y sus desafiantes ojos cafés. Aunque después de que hubiera escogido como mujer a Izayoi, no dudaba de que su progenitor permitiera con tan poco juicio a este tipo de mujer en la familia.

Ella tembló al sentir su mirada. No se consideraba inferior a él por más que fuera el mayor de los hermanos y ostentara semejantes privilegios, por lo cual no temía verlo a la cara, sin embargo esos ojos gélidos y peligrosos como espadas no dejaban de causarle escalofríos cada vez que los veía ─y agradecía que eso hubiera sucedido muy pocas veces─. Había escuchado a Touga-san decir en varias oportunidades que ambos hermanos se asemejaban mucho en carácter, sin embargo a ella le parecían totalmente opuestos y sabía que no era bienvenida. Simplemente había asistido para no dejar solo a Inuyasha, porque pensaba que pasaría un mal momento y nunca había estado tan acertada.

─Sesshoumaru-san ─dejó su bebida de lado y se inclinó en respeto como dictaba el protocolo, aunque tuviera la seguridad de que era el menos merecedor de tales cosas.

─Kagome ─respondió él con la mandíbula tensa y el mismo hastío con que habló a su hermano.

─¿Nos disculpas un momento? ─prosiguió el empresario y prácticamente arrastró del brazo al otro peliblanco lejos de ella─. Más te vale vigilar bien tu comportamiento ─le dedicó otra mirada amenazante, como si la anterior no hubiera bastado. Ambos sabían bien a qué se estaba refiriendo.

─Feh, no te preocupes, no tengo intenciones de acabar tras las rejas por errores de otros ─lo aguijoneó con el mismo tipo de tono desagradable, antes de volver con la chica.

Sesshoumaru le dio la espalda sin más, para acercarse a otros convidados. Tenía suerte de que compartiera su misma sangre y que su padre expresamente le hubiera pedido que lo protegiera, de lo contrario probablemente hacía mucho no viviría.

Sin embargo, no tuvo descanso inmediato, ya que al continuar su recorrido por la estancia, se encontró en un rincón a otra pareja problemática, dos jóvenes del clan Onigumo, que miraban hacia el florido jardín y la piscina, apostados contra una de las columnas blancas de la galería que pasaba por allí.

Naraku, como era previsible, sólo estaba con él por conveniencia y no tardaría en darle la espalda si sentía que podía verse perjudicado. Tanto él como su familia tenían la traición y la calumnia por costumbre. No era por ello raro que, aunque se dijera su socio, a menudo enviara a su gente a "protegerlo". En esta oportunidad había enviado a aquellos dos hermanos, Kanna y Hakudoushi porque eran poco conocidos en el ambiente debido a su juventud y porque inspiraban confianza, dada su apariencia frágil: ambos albinos, de pelo largo, piel de porcelana, rostros redondeados y baja estatura. Fragilidad. Vulnerabilidad. Eso justamente era lo que necesitaba exponer en su festín. Era el anzuelo que estaban lanzando.

Sin embargo esa máscara cayó pronto del rostro del varón al verlo acercarse, siendo reemplazada por una mirada perspicaz en los ojos púrpuras y una sonrisa sobradora. Él era el más joven de los dos, pero dado que tenía una personalidad bastante más extrovertida y violenta, parecía mayor que su hermana.

─¿Aún no has visto nada interesante, Sesshoumaru? ─preguntó con suspicacia─. Ya que poner en riesgo la vida de otra de mis hermanas debería tener una buena justificación.

─No hay moros en la costa ─contestó él─, pero todo el personal de la casa está alerta, cada entrada tiene guardias. Todo está bajo control. Espero que disfruten de la fiesta ─dijo con cierto aire de burla, antes de darles deliberadamente la espalda.

─Eso espero, oí de los otros invitados que el evento principal será una gran obra de teatro ─usó la misma ironía─. ¿Algo de drama, como Shakespeare?

─Será una gran función.

Cuando la familia llegó al lugar, se sintieron inmediatamente intimidados por la grandiosidad de la arquitectura, la imponencia de los medios de transporte de los asistentes y la exquisitez con la que todos vestían. Miroku y Kohaku habían escogido pulcros trajes, Sango le había prestado a Rin su mejor vestido negro, con mangas hasta la mitad del antebrazo y una falda a media pierna y las joyas heredadas de su madre. Ella por su parte había escogido el mejor traje de color crema que tenía en su armario. De todas formas no se comparaban al resto de las mujeres, que apenas disimulaban para voltear a verlas de una forma un tanto burlona. Tanto Sango como Rin se sentían incómodas, especialmente la menor, que no dejaba de tocarse unos mechones del negro cabello que le caían rizados, separados del resto del peinado recogido.

─Lo sabía, será difícil encajar aquí ─le susurró la joven mujer a su pareja, que la tocó disimuladamente con el codo, dedicándole una mirada de confianza y complicidad.

En realidad, aquello no era tarea difícil para Miroku, tenía un encanto natural para ser aceptado en cualquier tipo de círculo social, se adaptaba fácilmente y se mostraba con altivez, como si hubiera estado en ese tipo de sitio durante toda su vida. Algunas jóvenes atraídas por su chispa no podían evitar dedicarle coquetas sonrisas, que ponían a sango más nerviosa de lo que ya estaba y le hacían arrepentirse de haber aceptado el capricho de sus hermanitos menores. Kohaku se mantenía callado, caminando detrás de la pareja y Rin caminaba un tanto más atrás, sonriendo anonadada por la ornamentación con hermosas telas blancas, las columnas cilíndricas que estaban cerca de las paredes del hall y los exquisitos lienzos que destacaban en aquellas paredes. Con ello, trataba de olvidarse de la vergüenza. Tiraba del brazo de Kohaku y le decía "oh, mira esto, mira eso otro". Dejaba en evidencia quién era.

Pero más temprano que tarde, su sensación de estar en el paraíso se disipó. Ella y Kohaku decidieron separarse por un momento de sus hermanos mayores, paseando por las zonas menos concurridas y siguiendo los pasillos hasta llegar a una galería exterior, bordeada por columnas, que daba a una espléndida piscina, la cual parecía más bien una fuente gigante, iluminada desde abajo con luces cambiantes. Mientras caminaba con el muchacho junto a las gruesas y pulidas columnas para poder acercarse y ver mejor, ambos pudieron notar al empresario hablando amenamente con una muchacha bajita de pelo blanco y piel de porcelana. Rin se sintió incómoda de verlo interactuar con alguien más, no entendía por qué, pues sabía que una de las habilidades más importantes de un hombre de negocio precisamente es hablar. Tal vez inconscientemente creía o deseaba ser la única amiga ¡pero eso era algo ridículo! ¡Se conocían hacía tan poco tiempo! Sin darse cuenta, se fue escondiendo junto a su "hermano" tras una de las columnas, pero no alcanzaban a oír la conversación. ¿Desde cuándo habían pasado de ser comensales a espías?

Como si nada, él levantó la vista en dirección a ellos, su mirada de ro era fuerte, imposible de evadir y ya no pudieron seguir fingiendo que no estaban ahí. Aclarándose la garganta e intentando aparentar la mayor normalidad, ambos salieron de su improvisado escondite y saludaron a la distancia. Ambos jovencitos se habían sonrojado. Sesshoumaru se despidió amablemente de la cica blanca, para caminar directamente hacia ello.

─Rin-san, Kohaku, sea bienvenidos ─saludó con su usual altivez─ espero que estén disfrutando de su visita a mi hogar.

─Oh, su casa es hermosa, parece un palacio de cuento de hadas ─dijo ella entusiasmada y sin pensarlo, para luego recuperar la compostura, todavía sonrojada.

─A mis hermanos y a mí nos encanta, Sesshoumaru-sama ─saludó el muchacho de pelo castaño con na inclinación─, su personal es sumamente amable y atento y la comida es deliciosa.

─Nos robamos unos cuantos bocadillos de la mesa de dulces ─bromeó la muchachita como si fuera la cosa más natural del mundo.

─Podría decirles a mis sirvientes que aparten una bandeja especialmente para ustedes ─sonrió muy levemente, para luego borrar el gesto de su rostro.

─Oh, por favor, no se moleste ─acotó Kohaku.

─¿Han venido solos?

─Nuestros hermanos están dentro ─acotó su empleado─, escuchamos entre los pasillos que el jardín era hermoso y quisimos salir a comprobarlo.

─¿Así que les gusta la piscina? Es normal, comienza a hacer calor ─intentó bromear, aunque no era su fuerte─. Sin embargo deberían entrar, pronto oscurecerá y se dará paso a la apertura oficial.

Rin se empequeñeció, no quería ir adentro y en los días que llevaban conversando, el hombre la había observado l suficiente como para darse cuenta de que algo no estaba bien.

─¿Sucede algo malo?

─No, Sesshoumaru-sama, no es nada.

─Pueden confiar en mí. No estaré plenamente conforme si algo incomoda a mis invitados.

Ella sintió que la envolvía una sensación cálida y extraña al oír sus palabras.
─No es nada de importancia, simplemente que Sango me prestó este vestido ─se apretaba las manos─ y es hermoso, pero no encaja con el atuendo del resto de sus invitados.

─¿Sólo es eso? ─él sonrió con suficiencia y altanería, mirándola desde arriba, como si ella acabara de decir la mayor idiotez del mundo. A sus ojos, lucía muy bien, tenía expuesta la cantidad justa de piel como para que su embriagante esencia se distribuyera por los aires, mejor que la de cualquier otra invitada y era muy sencillo, acorde con su personalidad, oscuro, para que no llamara la atención de ningún otro depredador. Per prefería ver su sonrisa sencilla que esa cara de incomodidad.

─Tal vez se pueda hacer algo al respecto. Habrá una función de canto y una de teatro y pedimos prestadas unas cuantas ropas para las artistas que estarán en escena. Nunca suelen usar la mitad de lo que se les trae, pero apuesto a que habrá alguna ropa acorde para ti ¿Qué dices? ¿te gustaría probar?

Ella se sonrojó todavía más, aunque muy en el fondo de su corazón deseaba probarse alguna de las prendas, que debían ser espléndidas. Sin embargo ¿no estaría pareciendo una vil interesada?

─Rin… le habló su hermano, que pensaba de una manera más o menos parecida.

─¿No será ninguna molestia? ─aventuró ella.

─Claro que no. Vengan conmigo, habilitamos algunas habitaciones del piso superior como camerinos, le pediré a alguna empleada que los acompañe hasta allá.

Ambos se miraron con ciertas dudas, pero como él ya se iba, no pudieron más que seguirle el paso dentro, al pie de una escalera curva que tenía salida directa al jardín.

─Esperen aquí un momento ─él se fue por un pasillo lateral tenuemente iluminado con lámparas en forma de vela, paralelo a la galería y con ventanales por toda su longitud. Mientras esperaban al hombre, ambos vieron venir del extremo opuesto a un muchacho de pelo blanco, de poco más de la estatura de Rin. Les dedicó una mirada que les causó algo de incomodidad y luego pasó sin más junto a ellos y giró para salir en dirección al jardín, con una copa en la mano.

─No me imaginé que habría otros invitados jóvenes ─comentó el chico─ ¿Tú crees que serán sus familiares o algo así?

─Quién sabe ─ella se quedó tarareando una melodía hermosa de violín que llegaba desde el hall, momentos más tarde vio al dueño de casa volver con una empleada de cabelo castaño claro y ojos llamativos, verdes como esmeraldas, vestida con un pulcro traje mate, que combinaba perfectamente con el color de las paredes y los amplios escalones junto a los cuales ellos estaban de pie.

─Rin-san, ella es Rouko Ayame, una de las mejores de mi personal, deja que te acompañe a los vestidores.

La chica apenas unos años mayor saludó con una reverencia.
─Espero que esté teniendo una hermosa velada, señorita, sígame, por favor, la ayudaré con su vestuario ─con un gesto, indicó hacia las escaleras.

A ella le inspiró confianza, así que la siguió, sin poder evitar ver su reflejo en cada uno de los pulidos escalones. Se preguntó cuántas horas debían pasar los empleados limpiando aquel palacio encantado. Sin embargo, Ayame parecía encantada con su trabajo, ya que exhibía una sonrisa confiada. "Yo también estaría así de orgullosa si pudiera tener contacto con celebridades del mundo del arte", pensó agradecida.

El peliblanco miró a las muchachas ascender un par de escalones, para luego volverse a su empleado.
─Kohaku, por favor, llévame hasta tus hermanos mayores, me gustaría saludarlos mientras esperan a Rin-san.

Él asintió y ambos caminaron de regreso al hall, donde era difícil distinguir a su familia, entre tanta gente.

Como no conocían a nadie y los chicos los habían dejado a solas, a Sango y Miroku les pareció buena idea probar algo de los cocteles que se ofrecían en una amplia mesa adornada. La bebida los haría sentirse algo más livianos. Cuando llegaron, no presaron atención a un joven de cabello plateado y casi chocaron con él.

─Fíjense por dónde caminan ─les espetó con muy poca educación, resultando totalmente disonante su aspecto arreglado.

Sango, que no tenía muchas pulgas, iba a contestarle que cuidara su lengua, pero entonces reparó en la acompañante del muchacho y se quedó boquiabierta, escapando las palabras de su boca. La chica de cabello azabache se quedó anonadada también y casi echó la copa que llevaba en la mano, soltando una expresión de sorpresa de sus labios entreabiertos.

─¿Profesora Sango?

─¿Kagome?

Ambas esbozaron sonrisas de agradable sorpresa y pronunciaron al unísono:
─¿qué estás haciendo tú aquí?

Inuyasha miraba a su pareja con una ceja arqueada, preguntándose de qué se había perdido.

Rin se sorprendió de la acústica al llegar al segundo piso. Ayame le contó que había balcones interiores porque el señor era amante de los espectáculos interiores, al estilo de los teatros antiguos, eso explicaba mucho de la arquitectura. Lo único que faltaba allí eran unas buenas butacas y sería un teatro, pensó. Sólo una vez había conseguido viajar con su padre a la ciudad y conseguido ver una obra junto a su familia en un gran auditorio, aunque por supuesto, había sido muy pequeña y la memoria era borrosa. Pero allí en el fondo, había un vestigio. Al caminar por los pasillos superiores se dejó asombrar por las lámparas antiguas y la alfombra púrpura. Se detuvieron ante una de las últimas puertas a la derecha y entraron a una habitación blanca y muy amplia, que tenía muebles de apariencia antigua, pintados de blanco y sofás de cuero blanco. La luz era muy brillante y dentro había tres chicas que se estaban maquilando frente a un gran espejo oval mientras cuchicheaban. Una tenía puesto un vestido azul marino adornado con pequeñas perlitas en el mismo tono en toda su falda, la otra, tenía un vestido entallado, encorsetado y de amplia falda, llena de bordados y detalles en color dorado, que recordaba a la estética europea de siglos anteriores. En una esquina, había dos percheros metálicos llenos de ropas de lo más diversas.

─Usted tiene una figura muy delicada, señorita, déjeme ayudarla a elegir algo acorde ─comentó Ayame.

Mientras elegían la vestimenta, las jóvenes se voltearon para preguntarle a Rin qué número iba a dar esa noche. Ella se puso muy nerviosa y lo primero que se le ocurrió fue decir que era amiga de la familia de Sesshoumaru. Aquello fue de mal en peor, ellas se mostraron sorprendidas, le preguntaron de qué familia provenía, a qué negocios se dedicaban, desde hacía cuánto tiempo conocía a Sesshoumaru y muchas otras cosas.

Afortunadamente, ella y la empleada se decidieron y Rin fue a cambiarse rápidamente tras un biombo. El elegido fue un vestido sencillo, de color rojo cereza, formado por varias capaz de gasa que caían como pétalos y era sujetado a los hombros por dos tirantes con figuras ricamente elaboradas de strass, que no disonaban con las joyas de Sango. Salió de prisa, casi tropezando con sus propios pasos para evitar que la entrevista continuara. Ya lejos de la incomodidad, y mientras avanzaba e dirección a la escalera, comenzó a sentirse como si fuera un hada. Bajó con cuidado cada escalón, cuando estaba a la mitad, miró en dirección al hall. Sesshoumaru estaba entre la gente, pero era fácil distinguirlo de los otros. Él se giró como si supiera que ella estaba ahí y le dedicó una larga mirada. A la muchacha le pareció que sus ojos resplandecían.