Nada es mío, todo es de Nakaba Suzuki.

Capítulo 2:

Corrí por las calles de la ciudad con dirección al palacio. Debía apresurarme si quería llegar a tiempo para hacer un robo perfecto. Miré la hora en el reloj. Doce y trece minutos.

Luego de casi cuarenta minutos más de corrida, me detuve en medio del bosque -en donde estaba ubicado el palacio- y me escondí entre los árboles, saqué de mi bolso un uniforme de la Guardia Real, me cambié y también extraje una peluca castaña y unos lentes de contacto de color verde. De por sí ya me parezco bastante al tipo que secuestré, y ahora, vestido como él, podría pasar fácilmente como su hermano entre los guardias.

Me desvestí con rapidez y guardé mi ropa en el bolso, me puse el uniforme y luego extraje un pequeño espejo del interior del mismo y me miré para acomodar mejor la peluca, y que así cubriera por completo los mechones blancos de mi cabello. Saqué del bolsillo del pantalón del uniforme unas cejas postizas y me las coloqué con cuidado para que no quedaran desiguales. Cuando estuve satisfecho con mi imagen, y llegué a la conclusión de que ya no tenía mi apariencia, salí de mi escondite y caminé con tranquilidad los metros que quedaban para llegar al palacio.

Mi pulso se aceleró cuando me detuve frente a las rejas que daban paso a los jardines de la imponente construcción. Sentí como una descarga de ansias me invadía de pies a cabeza y una sonrisa lobuna asomó por mis labios. Di tres pasos más y me acerqué un par de guardias que estaban atentos a cada movimiento que hacía.

-Ehh, buenas noches, soy Jones Porter, el guardia de nuevo ingreso -les comuniqué de la forma más amable y animada que pude-.

Uno de ellos, el más viejo, me miró atentamente y con recelo. Tenía un prominente bigote y sus ojos brillaban con alerta pura, acercó su rostro al mío y me habló con voz demandante y autoritaria:

-Permíteme tu identificación, joven.

-¡Ah, si! Un momento por favor, ya se lo doy... a ver, creo que lo puse por aquí -dije mientras rebuscaba en los bolsillos del pantalón, finalmente, luego de cinco segundos de búsqueda, extraje la identificación del Jones verdadero del bolsillo del abrigo que me había colocado y se lo di al guardia-. Aquí tiene.

Él lo tomó y miró la fotografía, luego me miró a mi y soltó un bufido. Miró al otro hombre y le ordenó con contundencia:

-Revísalo.

-¡Si, señor!... por favor, date la vuelta chico.

Obedecí y alcé mis manos para que pudiera hurgar entre mis brazos.

-Está limpio, señor.

El viejo me volvió a mirar con recelo y luego de meditar por unos segundos mas, me devolvió la identificación y se hizo a un lado para dejarme entrar.

-Y la próxima vez no llegues tarde, Porter -exclamó con contundencia-.

Yo le sonreí e hice una suave reverencia.

-¡Si, señor!.

Las rejas se abrieron y los dos guardias se hicieron a un lado para dejarme entrar.

Solté una risita de burla cuando me hube adentrado en los jardines del palacio. ¡Pero que idiotas eran ese par!. Acomodé mi abrigo y pasé por el gran camino de piedras, bordeado por pequeños arbolitos, que se abrían paso desde la entrada de la reja hasta la puerta principal, y cuando estuve frente a el, me detuve para poder apreciar la belleza de todo lo que me rodeaba.

El palacio "Garden's King" estaba inspirado en la arquitectura francesa renacentista, conformado por cinco patios y con un estilo de jardín formal y simétrico. Prácticamente en el ámbito de la jardinería se hacía presente el parterre, que consiste en plantar lechos de flores o de hiervas, delimitados por sendos de plantas perennes o piedras afiladas acopladas para la protección del área. Y en la entrada del palacio se distinguía una magnífica y perfecta escalinata en forma de herradura.

Algunos faroles elegantes estaban posicionados por los alrededores para darle claridad al jardín, una fuente en forma de un gran árbol, de la cual salían chorros de agua por cada rama que ésta tenía, estaba encendida y en la base habían pequeños detalles labrados en oro. Y por si fuera poco, en lo que se refería a los alrededores del jardín, habían pequeñas luciérnagas titilantes que le daban un aire más que romántico a la escena.

Esto me supera, demasiado lujo y refinamiento para mi gusto... aunque el oro y las riquezas que deben guardar en la bóveda debe ser una cantidad inimaginable, lo suficiente para surtirnos de por vida. Sonreí grande al imaginarlo.

Comencé a caminar con dirección al palacio, subí la escalinata y me posicioné frente a la puerta principal, mirando al frente, donde se suponía debía ser mi puesto de vigilancia. Miré a ambos lados y no vi a nadie, los guardias deben estar en el cuartel de vigilancia, llevé mis manos a mi espalda y tanteé la puerta hasta tocar el picaporte, extraje una horquilla de la manga del uniforme que había pasado desapercibida por la revisión y la introduje en el interior del cerrojo, la giré un par de veces y cuando un pequeño "clic" se oyó, supe que el seguro ya se había corrido. Una ola de satisfacción y adrenalina subió por mi cuerpo. Guardé de nuevo la horquilla y giré el picaporte, abrí la puerta y lancé un último vistazo antes de introducirme en el interior del palacio.

Si antes pensé que el exterior era bonito, el interior no se le comparaba. Me tomó más de media hora recorrerlo todo a mi paso -ya de por sí bastante rápido-. En total conté dos salones del Rey, un salón de baile, una biblioteca de tamaño colosal, más de trescientas habitaciones -sin contar las de los criados-, una sala de juegos, ambos cuartos de baño reales -que eran del tamaño de un departamento grande cada uno-, las cocinas, que al igual que todo en el palacio era enorme, un salón en el que solo habían pinturas, el comedor real, la sala de juntas y reuniones, otra habitación que daba vista al jardín trasero, en el que se hallaba un lago y más allá, una cortina de enredaderas adornadas a mano con flores por un florista experto, el gimnasio de la princesa, más de tres habitaciones que escondían piscinas en su interior, un cuarto de música y más y más habitaciones que no podré terminar de observar aunque quisiera.

Suspiré un poco abrumado y decidí que no debía seguir perdiendo el tiempo revisando el palacio, debo concentrarme en lo que realmente me importa: la bóveda.

Fruncí el ceño y traté de recordar cada pasadizo que memoricé de los planos del palacio. Si mal no recuerdo, la bóveda estaba en el tercer piso, en el ala sur. Miré la escalinata interna en forma de U y me dirigí hasta ella para comenzar a subir.

Debía darme prisa.

-O-

Me levanté de mi cama con frustración.

¡Genial, ahora no puedo dormir! Como si ya no tuviera suficientes desgracias en mi vida.

Solté un resoplido y me puse en pie, tomé mi bata y me la coloqué, me calcé mis pantuflas del cerdito Hawk y salí de mi habitación. No se porque, pero tengo un extraño presentimiento.

Caminé por el pasillo del ala sur -que es donde está mi habitación- y al pasar por la puerta de la bóveda, escuché un pequeño sonido desde el interior, parecido al repiqueteo de algunas monedas chocando contra el suelo. Fruncí el ceño y me acerqué con sigilo a la recamara, apoyé mi oreja contra la puerta y el sonido siguió persistiendo.

¿Pero qué rayos?

Tomé el picaporte y al girarlo me sorprendió que estuviera abierta. Siempre está bajo llave. Me mordí el labio inferior con fuerza y abrí la puerta de un solo movimiento. Ante mí tenía a un hombre de no más de veinticinco años, con el cabello castaño, ojos verdes, cejas pobladas y una piel blanca que estaba cubierta por el uniforme de la Guardia Real. Sostenía con su mano derecha un saco de gran tamaño y con la izquierda cargaba una copa de oro puro, mientras que en sus dedos relucían varios anillos de oro y plata con grandes diamantes.

Ambos nos miramos a los ojos por varios segundos, totalmente en shock, él por verse descubierto, y yo por presenciar un robo por un guardia. De repente, el hombre parpadeó y se irguió, haciendo que su prominente altura quedara a la vista. Debo admitir que la diferencia entre nuestras estaturas me abrumó, pero no es algo con lo que no pueda lidiar. Sin darme cuenta yo también me puse recta y lo miré a los ojos con reproche, di un paso hacia adelante y le ordené con voz autoritaria:

-¡Oye, tú! Deja eso donde estaba inmediatamente.

Él frunció un labio y luego me sonrió con burla, metió la copa en el saco y se lo colgó en el hombro.

-Lo siento mucho, Su Majestad, pero me temo que no puedo hacer lo que me pide -habló de una forma algo particular y luego se inclinó en una reverencia-. Ahora, si me disculpa, debo retirarme.

Comenzó a caminar hacia mi y yo quedé helada ante su respuesta. Nunca, nunca en mis veinte años de vida, un súbdito me había desobedecido. Mis mejillas se calentaron y apreté mis puños con fuerza. El hombre se detuvo a mi lado y me miró atentamente.

-Para ser sinceros, es usted más hermosa de lo que los periódicos muestran, princesa.

Mi sonrojo aumentó considerablemente ante su comentario y no pude evitar devolverle la mirada. Sus ojos taladraron los míos y cuando estaba dispuesto a darse la vuelta para seguir con su camino, yo pude reaccionar. Me incliné y extendí una pierna, di un giro en el suelo y golpeé sus dos pies, haciendo que perdiera el equilibrio y trastabillara un par de veces, pero él también era rápido y antes de tocar el suelo, había dado un salto hacia atrás, se apoyó en sus manos y cayó de pie de nuevo. Volví a levantarme y me puse en posición de pelea sin importarme que había abierto los ojos desmesuradamente ante la sorpresa.

-¡Valla!~ Nunca me imaginé que la princesa luchara... ¡Es geniaal!~

-Creí haberte dicho que dejaras esas cosas en su lugar, ladrón -le recordé con el entrecejo fruncido-.

-Y yo creí haberle dicho que no podía hacer eso.

Lo reté con la mirada y él sonrió aún más, sacó su lengua y se la pasó por sus largos y brillantes colmillos. La escena no pudo ser más extraña y excitante, y mi corazón dio un vuelco increíble.

-Se ve usted realmente bonita, princesa.

-¡Silencio! -exclamé con contundencia, su propósito de distraerme con sus actos y palabras no deberían afectarme, pero aún así...-. Exijo que devuelva lo que usted ha robado de inmediato, si lo hace prometo no darle muchos años de cárcel.

Metió sus manos en sus bolsillos y me regaló una sonrisa de lado bastante sexy.

-Lo siento, pero no puedo aceptar tu propuesta, preciosa.

Rechiné los dientes. ¿Ahora me tutea? ¿Desde cuando somos amigos cercanos para que me hable de esa forma?. Llevé mi mano hasta el arete que colgaba en mi oreja izquierda. Había sido un regalo que mi hermano me había dado hace dos años. En uno de los extremos de la joya había un pequeño botón, que si era apretado un gran número de guardias serían llamados y me encontrarían en donde sea que estuviera por el dispositivo GPS que estaba instalado en él. Toda una innovación tecnológica que había sido obra de nuestro científico, Gowther.

-Es una lástima que no me halla obedecido, ahora tendrá que pagar las consecuencias de sus actos -le advertí con una sonrisa-.

Él me miró sin entender y cuando vio el arete en mi mano, lo comprendió de inmediato. Frunció el entrecejo y soltó una maldición por lo bajo, recogió el saco con las joyas y demás objetos de valor y lo amarró alrededor de su brazo izquierdo. Las voces de los guardias y los pasos veloces que indicaban que estaban subiendo por las escaleras me hicieron sentir victoriosa y se lo hice saber a mi acompañante por la sonrisa que se escapó de mis labios. Él me miró y exclamó con una sonrisa que me dejó descolocada.

-Muy mal echo, preciosa. Ahora tendré que tomar nuevas medidas.

Corrió hacia mi con una velocidad que me dejó impresionada y sin saber de donde los sacó, colocó un pañuelo alrededor de mi boca y la amarró en mi nuca, luego tomó dos más y sujetó mis muñecas y mis tobillos con firmeza y un segundo después me tomó en sus brazos como si fuera un costal de papas. Miró el arete que había quedado en el suelo y lo pisó, haciéndolo añicos. Corrió conmigo a cuestas hacia la ventana más cercana, la abrió y de inmediato se lanzó al vacío. Traté de gritar ante la impresión y el miedo mientras sentía como si mi estómago fuera dejado allá arriba en la bóveda, mientras que mi cuerpo caía cada vez más rápido. Rápidamente aterrizamos en un arbusto, él se puso de pie y me acomodó en su hombro mientras preguntaba con entusiasmo:

-¡¿Estás bien, preciosa?!~.

-¡Humm Umm Mmm!

-Si, estás bien.

Tomó y se acomodó el saco y corrió de prisa hasta la salida del palacio, abrió la reja de entrada que se hallaba sola debido a que todos los guardias se habían adentrado en el palacio e inició una sola carrera, esquivando los árboles que conformaban los alrededores del bosque en el que se hallaba mi hogar. En todo el recorrido no dejé de moverme y patalear para tratar de zafarme de su agarre, pero el desgraciado tenía mucha fuerza.

Esto es realmente genial. Primero me comprometen con un hombre al que no amo, luego me prohíben salir del palacio y ahora un loco me secuestra.

¡¿Algo más, Dios?!.

Luego de una hora de carreras desenfrenadas, por fin salimos de los alrededores del palacio y nos adentramos en la ciudad. Para ese entonces ya había desistido totalmente en mis intentos de escaparme de este hombre y su firme agarre, después de todo, ¿De qué servía gastar energías en un cometido imposible? Ya después me escaparé de él.

Poco a poco el ritmo de mi secuestrador se fue haciendo cada vez mas lento, hasta que solo se dedicó a caminar por una calle desolada y pobre en extremo. Las casas estaban en pésimas y lamentables condiciones, la basura estaba acumulada en las aceras y la carretera estaba llena de hoyos. Todo en ese lugar parecía estar triste, sin una sola gota de felicidad ni alegría. Algo alejado de nosotros, había un indigente que trataba de prender una llama para darse calor en una esquina, con un pedazo de cartón como cama y una sábana mugrienta y rota por todos lados, y más allá habían dos niños acostados en el suelo, con un trozo de cartón cubriéndolos y envueltos en un fuerte abrazo para tratar de darse calor mutuamente, ambos estaban cubiertos de sucio hasta el cabello, con sus ropas viejas y rotas e innumerables golpes y arañazos por todo el cuerpo. Las ganas de llorar me invadieron y desvié el rostro de los niños. ¿Cómo es que estaban solos y desamparados, sin nadie que los cuidara?.

Sentí como el agarre de mi secuestrador se prensaba en mi cintura con fuerza y escuché un leve susurro que salió de sus labios.

-Bienvenida a la realidad, princesa.

Rápidamente salimos de aquella calle y él se detuvo frente a una casa pequeña, no tan miserable como las demás. Podía decirse que era la más adecuada para ser habitada por alguien. Era de una sola planta y estaba pintada de un feo color verde, con una puerta de madera y tres escalones como la bienvenida a la entrada, un par de ventanas polvorientas y un manchón de mugre en una esquina de la pared de enfrente. Subió los escalones, aún conmigo en su hombro, y del saco con el robo salió un sonido tintineante -lo más seguro es que se trataran de las monedas de oro-. Abrió la puerta de la casa con su mano libre y se adentró en ella. El interior parecía querer explotar, habían muchas cosas desordenadas para un espacio tan pequeño, un par de muebles que no eran acordes a la decoración, una televisión vieja junto a un DVD, una pequeña alfombra circular de color amarillo con detalles negros, una repisa con algunos libros polvorientos, varias botellas de cerveza vacías que aún goteaban un poco de su contenido contra el casi invisible suelo de madera, y un balón de fútbol en una esquina. Las paredes eran del color que reinaba en el exterior de la casa, y contrario a la sala de estar, en la cocina todo estaba limpio y reluciente, las ollas y sartenes estaban en su lugar, ordenados debidamente, el mesón y la nevera brillaban y el piso de baldosas estaba impecable. Me pregunto qué diferencia habrá entre la cocina y el hall para que uno esté mugriento mientras que la otra estaba que no cabía de lo limpio.

Finalmente, el secuestrador me dejó de pie frente a él y pasó seguro a la puerta para que no intentara escapar, dejó el saco con el botín en el suelo y me dijo mientras caminaba por un pequeño pasillo:

-Siéntate en el sofá, es todo tuyo mientras no esté Zhivago.

Me guiñó un ojo y yo no dejé de mirarlo hasta que se perdió en el interior de una habitación. Me dirigí hacia el sofá más cercano por medio de pequeños y ridículos saltitos y me senté en el, me quité el pañuelo que cubría mi boca con un poco de dificultad y solté un suspiro mientras cerraba mis ojos.

¿En qué lío me he metido ahora?.

-O-

Entré en la habitación de Zhivago y lo hallé durmiendo, seguramente producto de una buena borrachera. Este viejo... así se preocupa por mí.

Sonreí y me acerqué a él, lo tomé de un pie y lo jalé de la cama hasta que cayó al suelo con un estrepitoso golpe. Abrió los ojos con rapidez y miró a todos lados en busca de su agresor y cuando me miró frunció el ceño.

-¿Si, necesitas algo, joven? -preguntó con extrañeza y desconfianza-.

Si algo caracterizaba a las personas que vivían en este lado del reino era su precaución a la hora de tratar con los guardias reales, y por supuesto la poca confianza que se les tiene, después de todo son ellos los que nos roban los recursos que nos son otorgados por la realeza.

-Es increíble que solo pasaran un par de horas y ya te hallas olvidado de tu hijo~ Eres un padre ejemplar, viejo de mierda~

Zhivago se levantó y me sonrió con un brillo de alivio en sus ojos.

-¡Ban, estás bien!.

-¡Por supuesto que estoy bien! ¿Con quién crees que estás tratando?~.

Me crucé de brazos y le sonreí con arrogancia. Mi padre se acercó a mi y me examinó detenidamente.

-¿Conseguiste adentrarte en el palacio? -me preguntó con incredulidad-.

Yo le sonreí aún más y le contesté mientras me quitaba el sombrero del uniforme.

-¿Por qué no vas allá afuera y lo miras con tus propios ojos?.

Zhivago me miró con sorpresa y yo me hice a un lado para que saliera de la habitación. Fuimos hasta la sala y lo primero que quedó a la vista fue una mata de cabello rubio y lacio, perteneciente a la princesa. Sus ojos se desorbitaron y se acercó a ella con rapidez, yo me situé a su lado y comencé a desabrocharme los botones de la camisa.

-¡No puedo creer esto, Ban! ¡¿Secuestraste a la princesa?! ¡¿En que demonios estás pensando mocoso de mierda?!

-Deja los gritos, viejo, todos se van a enterar y será peor.

-Pero que rayos... ¡¿Sabes el lío en el que nos has metido?!... si la guardia o el Rey se enteran que ella está aquí... ¡Seremos ejecutados!.

-No tienen porque saberlo, solo la tendremos aquí por unos días y luego la liberaremos... podemos pedir una buena recompensa por ella.

-¿Una recompensa? ¡¿Una recompensa?! ¿Todo esto por una simple recompensa? ¡Estás poniendo en riesgo nuestras vidas! ¿Y Therion? ¡¿Qué sucedería con él si nos pasa algo a nosotros?! -exclamó mientras se jalaba algunos mechones de cabello, también noté como su rostro palidecía considerablemente-.

Suspiré y me acerqué a él, coloqué mi mano en su hombro y lo apreté con firmeza.

-No te preocupes por eso, no nos sucederá nada, lo prometo -aseguré con tanta seriedad que Zhivago no pudo evitar mirarme con asombro-. De todos modos -agregué-, ¿Crees que quiero dejar a Therion desamparado?.

Nos miramos por algunos minutos y finalmente, Zhivago suspiró y se pasó una mano por el cuello con cansancio.

-De acuerdo, esta vez confiaré en ti, Ban... solo espero no arrepentirme de esto en el futuro.

-No lo harás~

Le aseguré con una sonrisa, luego miré a la princesa, que en todo momento se había mantenido en silencio, y le sonreí con especial atención. Zhivago también la observó y se acercó a ella con pasos elegantes y decididos, cuando estuvo frente a ella se inclinó en una reverencia y acercó sus manos hasta los pañuelos anudados que mantenían presas su extremidades.

-Disculpe a mi hijo, Su Majestad, a veces puede ser un completo imbécil... ¿Está mejor así? -preguntó cuando hubo liberado sus manos y pies-.

-Si, muchas gracias... y con respecto a su hijo, bueno hay casos en los que la gente puede llegar a ser tan idiota que ni los mejores especialistas pueden despojarlos de ese mal.

Me miró con enfado y resentimiento y yo le guiñé un ojo. Zhivago sonrió con diversión y unos pasos por el pasillo me alertaron, giré el rostro y observé a Therion de pie con cara de adormilado y con su inseparable oso de peluche en su mano derecha, mientras que con la izquierda se tapaba la boca para que no viéramos su bostezo. Mi padre se disculpó con la princesa y acercó a él de inmediato, lo cargó y Therion me miró fijamente.

-Hermano... ¡Volviste!.

-Por supuesto que volví, mocoso. No creas que te desharás de mi tan fácilmente~.

Él sonrió algo dormido y luego sus ojos cansados enfocaron a la belleza que se hallaba sentada en el sofá, quien en ningún momento había despegados sus ojos grandes y brillantes de Therion. De pronto, los pequeños ojos de mi hermano se abrieron de golpe, despejándolo de todo el sueño que lo estaba embargando y señaló a la princesa con asombro.

-¡Trajiste a la princesa!.

-Para nada, ella se guindó en mi cuello y me pidió que la sacara de esa enorme cárcel en la que vive~.

Mentí mientras comenzaba a quitarme todo el disfraz, sin ser consciente de la mirada fulminante que me había arrojado la princesa.

-O-

¡Rayos!

El descaro de este hombre me enferma. ¿Como puede decir semejante mentira en mi cara?. Es un completo idiota.

Le lancé una mirada mortífera y no sé si me ignoró o no se dio cuenta. Él comenzó a quitarse lo que parecía ser una peluca, un par de lentes de contacto y unas cejas postizas y quedé totalmente idiotizada al ver su verdadero físico.

Debía admitir que era un hombre muy guapo, con sus ojos de color rojo intenso, algo totalmente fuera de este mundo, tanto que si no los hubiera visto yo misma hubiera dicho que era mentira que una persona tuviera unas irises de ese color, luego estaba su cabello del color del cielo más pálido que existía, con algunos reflejos plateados, su nariz recta, su mandíbula cuadrada, sus cejas finas y su increíble palidez.

Era un hombre albino muy hermoso.

Sus ojos capturaron los míos y mantuvimos la mirada fija por algunos segundos. Estaba tan absorta en su mirada que no noté el transcurrir del tiempo, y al parecer con él sucedía lo mismo porque no daba signos de querer alejar sus ojos de los míos.

-¿Hum? Hermano, ¿Por qué no me dijiste que la princesa era tu amante? -preguntó el niño con inocencia-.

Sentí mis mejillas enrojecer y bajé el rostro para que no fuera tan visible. Escuché como Ban soltaba una carcajada y le contestó al niño con animo:

-¿Y por qué iba yo a decirte algo como eso, mocoso?

-¡¿Entonces si son amantes?!.

-¡No!.

-Si.

Ambos respondimos al mismo tiempo y yo me levanté y lo miré con reproche.

-¡No le digas mentiras al niño! Estás dándole un mal ejemplo.

Ban caminó hacia mi y me abrazó por los hombros para acercarme a su pecho desnudo. Mi cara volvió a incendiarse y yo traté de alejarme de la roca que se suponía debía ser su abdomen. ¿Mencioné ya que la diferencia entre su altura y la mía era en extremo ridícula?.

-¿Ya ves, Therion? Está regañándome para que cuando tengamos nuestros hijos, yo no haga lo mismo que hago contigo.

Le di un codazo en el abdomen y fue cuando se dignó a soltarme, me alejé unos cuantos pasos de él y luego miré al niño llamado Therion.

-No le creas nada, ese hombre es un completo mentiroso. Él y yo no tenemos ningún tipo de relación, te doy mi palabra.

Therion miró a Ban con el ceño fruncido y le dijo con madurez.

-Hermano, te he dicho muchas veces que mentir está mal.

-Bah, deja de molestar ~.

-Bueno, bueno ya dejen el jaleo por hoy, niños. Es tarde y Therion tiene que ir mañana a la escuela, así que ya vallan a dormir -ordenó el mayor de los cuatro-.

Therion soltó un bostezo y su padre lo dejó en el suelo, luego el niño se acercó a mi y me tomó de la mano.

-Ven princesa, vamos a dormir en mi habitación. El cuarto de Ban está muy desordenado para que te quedes allí.

Y allí caí en la cuenta que estaba viviendo con dos hombres y habitaciones reducidas.

¡Rayos, y ahora qué haré! No pienso quedarme a dormir en un lugar en el que esté ese tal Ban. Ni muerta compartiré habitación con él.

Miré al niño con dudas y luego observé al pelirrojo en busca de alguna solución factible. Nunca había dormido con nadie en mi vida aparte de mi hermano, y de eso hace ya bastante tiempo, y para colmo ahora tenía que estar bajo el mismo techo con un hombre que estaba más que dispuesto a violarme si pudiera.

-Puede quedarse a dormir con Therion, Lady Elaine, y no se preocupe por Ban, su recamara está al lado de la mía y créame cuando digo que tengo oídos sensibles.

Lo observé aún con indecisión y luego miré al pequeño que aún tomaba mi mano con delicadeza. Suspiré, derrotada, y caminé con él por el pasillo que daba a su habitación.

-¿No vas a despedirte de mi, cariño?.

Giré mi rostro y le envié una mirada fulminante, Ban me lanzó un beso y luego me guiñó un ojo. Fruncí el ceño y me di la vuelta para seguir caminando con el pequeño pelirrojo. Therion abrió una puerta pintada de color blanco y me dejó entrar a un cuarto pequeño pero bonito. Las paredes estaban pintadas de color azul oscuro, había un armario pequeño, una caja con juguetes, una cama mediana con una sábana de cohetes y marcianos y un gran cuadro, que estaba en la pared frente a la cama. En el aparecía Therion de bebé, apenas visible debido a la manta que lo cubría, Zhivago unos pocos años más joven, que abrazaba por los hombros a una bella mujer pelirroja y de larga cabellera, con una sonrisa dulce y unos ojos tan grandes como los míos y finalmente estaba Ban, era un adolescente de quizás dieciséis años con el cabello igual de corto y con una sonrisa tan lobuna y acechante, que me hizo sonrojar. Era sin dudas la imagen de una hermosa familia.

-Mi padre dice que mi mamá era una mujer muy amable y querida por todos y que yo heredé toda su inocencia y amabilidad -me confesó Therion mientras miraba el cuadro-. Fue ella quien dejó que mi hermano Ban se quedara aquí cuando era un niño y no tenía a donde ir.

-¿Ban no es hijo de tu padre? -pregunté sin poder evitarlo-.

Therion negó con la cabeza y algunos mechones pelirrojos se movieron de su lugar original.

-No, mi padre lo encontró cuando era un niño, prácticamente estaba muriendo de hambre y él le dio algo de comida. Mi hermano había perdido a sus padres y pocos meses antes, su hermana menor había fallecido porque no tenían nada de alimento para sobrevivir.

Luego del primer encuentro, mi hermano comenzó a seguir a mi padre por todos lados y se dio cuenta de que mi padre era un ladrón muy talentoso, así que le pidió que le enseñara para él poder defenderse por si mismo. Mi padre al principio se había negado, pero ante la insistencia de mi hermano, terminó enseñándole y cuando mamá se enteró le dio una buena regañada a papá y le ordenó que trajera a mi hermano a casa. Finalmente ella decidió que él debía quedarse aquí, y hasta el día de hoy su palabra se está haciendo voluntad.

Miré a Therion y él me sonrió. Caminó hasta la cama y se acostó del lado derecho de ésta, dejándome un espacio bastante grande para mi. Me acerqué a él y me recosté a su lado, nos arropé a ambos y lo miré mientras cerraba los ojos.

-Que tenga buena noche, princesa -me susurró con dulzura-.

Sonreí y le acaricié su suave cabello.

-Igual para ti, Therion... y puedes llamarme Elaine si así lo deseas.

Abrió sus ojos castaños y me sonrió.

-Elaine... es un nombre muy bonito.

Le sonreí de vuelta y le dije aún más bajito:

-Therion también es hermoso.

Cerró sus ojos y sus mejillas se sonrojaron levemente. Lo miré dormir con admiración y cariño recién encontrado. Ese niño no era culpable de lo que hacía su hermano, por el contrario, era demasiado inocente para este lugar. Volví a apreciar el cuadro y mis ojos se detuvieron en el rostro de Ban.

Que hombre tan idiota y sensual eres.

Solté una sonrisita y sin saber cuando, me quedé profundamente dormida.

-O-

N/A:

Hola! perdón por la demora, pero es que tenía serios problemillas con el internet y hasta ahora es que me viene funcionando... ¡Mil disculpas!.

Espero que el capítulo les sea de su agrado :).

katy0225