Los personajes no me pertenecen, son obra de Nakaba Suzuki.

Capítulo 3.

Me desperté temprano al día siguiente... aunque no creo que fuera lo suficientemente temprano.

Ya Therion se había levantado y se había marchado al colegio junto a Zhivago, el idiota de Ban se había ido a quien sabe donde desde hace bastante tiempo y yo... bueno, estoy sola aquí, en la casa, sin vigilancia, sola con mi soledad. Aún no puedo entender ¿Cómo es que unos secuestradores dejan sola a su víctima? No comprendo a esta gente, son personas muy extrañas.

Salí de la habitación con sigilo y miré el desastre que había en la sala. Si anoche pensé que todo estaba sucio, ahora con la luz entrando en la casa lo certifico. Suspiré y me adentré en la habitación del frente que es donde estaba el cuarto de baño, era pequeño pero tenía lo esencial: un lavabo, inodoro y regadera. Tomé la pasta dental que se hallaba dentro de un vaso de plástico (acompañada por tres cepillos de dientes, uno rojo, otro azul y el último de color verde) que estaba en una mini repisa colgada en la pared y la miré detenidamente. No tengo cepillo de dientes, ni ropa para bañarme y cambiarme, no tengo jabón ni champú... ¡¿Cómo me voy a arreglar así?!.

Solté un gruñido de frustración y me masajeé las sienes.

"Cálmate, Elaine, son cosas menores y sin importancia". Me miré en el espejo y noté unas pequeñas marcas negras debajo de mis ojos. Genial, ahora parezco un mapache con peluca rubia. Hice una mueca y abrí la tapa de la pasta dental, coloqué una pequeña porción en mi dedo índice y me cepillé los dientes con el. En casos desesperados, medidas desesperadas, así seas una princesa.

Salí del cuarto de baño después de lavarme la cara y hacer pis y me dirigí a la sala. Si iba a estar retenida aquí por un tiempo, por lo menos el lugar debía verse presentable. Busqué una escoba y me sorprendí cuando la hallé media hora después arriba de la nevera. ¿Cómo había llegado hasta allí? Quien sabe, cada loco con sus cosas.

Y así me puse a limpiar y arreglar toda la casa. Trabajar en la cocina era algo estúpido, ya que estaba reluciente, así que me concentré en la sala y el baño (ni loca iba a meterme en la habitación de Ban o de Zhivago, ellos que arreglen su desastre personal por su propia cuenta), limpié las ventanas, pasé el trapeador, ordené la repisa, sacudí los libros, despojé de telarañas el techo y sacudí la alfombra (muriéndome ahogada con el polvo en el intento) también tiré a la basura las botellas de cerveza y llevé la pelota de fútbol a la habitación de Therion (que no requería limpieza, gracias a Dios el pequeño era bastante ordenado).

Cuando terminé los quehaceres me detuve en medio de la sala y miré el resultado de mi trabajo. Sonreí con orgullo. A pesar de ser una princesa que nunca en su vida había tomado una escoba, me gustó mucho como quedó todo. Ya los muebles estaban en una posición distinta para que quedara más espacio para entrar a la sala, el televisor y el DVD estaban limpios y las ventanas relucían, haciendo que entrara más luz a la casa. Sin duda todo se veía más bonito cuando no había basura y polvo por todos lados.

Me senté en un sofá y sequé un poco de sudor que había comenzado a recorrer mi frente. Aún no me había despojado de mi bata desde anoche y por lo tanto el calor se me hacía sofocante, así que me quité la prenda de seda y la dejé a un lado, me recosté en el sofá y cerré los ojos. En otras circunstancias me daría vergüenza estar en lencería por todos lados, pero ya que no tengo ropa de cambio y la casa está sola, no le encuentro inconveniente.

Luego de varios minutos de paz y tranquilidad escuché como llamaban a la puerta. Me levanté del sofá de un salto y me puse la bata inmediatamente, me tiré en el suelo y comencé a gatear hasta la ventana más cercana, que daba vista al exterior. Quien tocaba la puerta era una mujer joven de cabello corto y de color violeta amarrado en una cola de caballo alta, de ojos grandes y de color ocre y una hermosa y atrayente figura oculta tras ropas un poco masculinas. Se la notaba fastidiada al no recibir respuesta a su llamado, pero yo no puedo invitarla a entrar, no siendo una princesa secuestrada... un momento... ¡Claro, ella me puede ayudar a escapar! ¿Cómo no lo había pensado antes?.

Sonreí con entusiasmo y corrí hasta la puerta, y justo cuando puse una mano en el picaporte, se oyó una voz conocida en el exterior.

-¡Hey Janko!.

Cerré los ojos y apreté los dientes. Solo había una persona con esa manera de hablar. Ban.

-¡Es Jericho! -exclamó ofendida la mujer-. ¿Cuándo terminarás de aprendértelo?.

-Kah, kah, lo siento, se me olvidó.

Caminé de vuelta a mi habitación compartida. No me apetecía escuchar la conversación que pudieran tener esos dos allá afuera. Cerré la puerta y me acosté en la cama, mirando fijamente el cuadro que estaba frente a mi. No pasó ni media hora cuando la puerta principal se abrió y se escuchó por la casa el ruido de algunas bolsas de plástico. Era Ban, y no me levantaría a recibirlo, aunque no fue algo necesario...

-¡Hey, te traje algo Elaine! Levántate y ve a verlo -me dijo luego de entrar al cuarto de Therion-.

Le lancé una breve mirada, sin que me afectara que me llamara por mi nombre a secas, y volví mi vista al cuadro.

-¿Que has traído, mi libertad? -pregunté-.

El soltó una risa estruendosa y se sentó a mi lado, sus ojos rojos repasando mis facciones estoicas y tranquilas.

-La sala quedó muy bien, ya ni recuerdo cuando fue la última vez que Zhivago la limpió.

-Se nota.

Mi tono cortante no lo desanimó en lo más mínimo, todo lo contrario, parecía gustarle y eso me dejaba cada vez más extrañada. Ban sin dudas era un hombre raro, bueno, no es que tratara de entablar conversación con muchos chicos, pero él tenía algo que me llamaba la atención, algo distinto... y no era precisamente que se trataba de un ladrón y secuestrador.

Lo miré fijamente y él me tomó de la mano con delicadeza, se puso de pie y me levantó con él.

-Ven a ver lo que te traje~

Yo lo miré con los ojos bien abiertos y las mejillas sonrojadas. No podía evitarlo, este hombre me atraía y su contacto solo hacía las cosas más difíciles.

Salimos de la recamara de Therion y él me soltó para tomar unas cuantas bolsas que había dejado sobre el mesón de la cocina y me las dio, noté también que habían muchas otras bolsas de plástico y de papel con demasiados alimentos. ¿Para qué compró tanto (si es que de verdad lo compra)? Solo son tres personas las que viven aquí, y ahora conmigo son cuatro, no veo la necesidad de que trajera tanta comida. Ban sacó una cerveza de la nevera y se dio la vuelta para mirarme.

-¿No piensas abrirlas? -preguntó para luego darle el primer sorbo a su bebida-.

Yo lo miré algo dubitativa y al final accedí a su petición. Me senté en una de las sillas de la mesa del comedor y coloqué las bolsas sobre mis piernas y poco a poco fui abriéndolas para descubrir su contenido. Quedé consternada al ver que era ropa y algunos productos de uso personal. Lo miré de reojo y él se encogió de hombros.

-Lo ibas a necesitar de todas formas. No es ropa a la que debes estar acostumbrada, pero...

-No importa, está bien -lo corté de inmediato, después de todo se había tomado la molestia de pensar en mi comodidad aún cuando no tenía porque hacerlo. No era un secuestrador tan malo, de eso estaba comenzando a darme cuenta-. ¿Con qué dinero la compraste? -pregunté, ya que vi el saco con el robo entero cuando limpié esta mañana-.

Él solo sonrió más y bebió un trago de cerveza.

-¿No lo compraste, verdad?.

-Kah, kah, ¿dónde se ha visto a un ladrón comprando, Elaine?.

Aunque quise evitarlo, no pude retener la pequeña sonrisa que cruzó por mis labios.

-O-

Ver su sonrisa fue algo hermoso e inexplicable.

No podía llamarse sonrisa, sonrisa, ya que ésta estaba tan pequeña que apenas era visible, pero estaba allí y eso me alegró. Quizás dentro de unos días logre llevarme completamente bien con ella.

Debo admitir que cuando entré a la casa no esperaba encontrarla reluciente, así como tampoco esperaba verla a ella aquí, después de todo había dejado la puerta de la casa sin seguro -aunque ella no lo supiera- por lo menos habría podido haber intentado escapar, y sin embargo no lo hizo, sigue estando aquí (aunque pensándolo del modo en el que Zhivago lo hace, eso nos traerá algunos problemas extras con la guardia). Allá afuera el pueblo está alborotado -lo que me permitió robar todo lo que traje sin ningún problema-, todos están ansiosos por la desaparición de Elaine. Muchos dicen que ella lo planeó todo para evitar el casamiento con ese tal Helbram, otros dicen que fue un secuestrador súper inteligente y hábil que logró burlar a los guardias (aunque esa versión, que es la verdadera, está siendo negada por la guardia para no quedar en ridículo frente a todo el mundo, dejando a la gente con la primera opción para escoger). En fin, todo está vuelto un caos de mierda, así que lo mas seguro es que el viejo traiga de vuelta a Therion a casa para no correr riesgos si se presenta algún tipo de revuelta.

Elaine se puso de pie y tomó sus cosas y antes de desaparecer por la entrada de la cocina, me susurró por lo bajo.

-Gracias, Ban, te debo una.

Le sonreí y la miré a los ojos.

-Pienso cobrártela luego.

Ella frunció el ceño con la cara incendiándosele en un gran sonrojo y desapareció de mi vista de inmediato, segundos después se oyó el agua de la regadera cayendo y chocando contra un cuerpo inmóvil.

Valla, ¿Qué se sentiría ducharse junto a la princesa? Sonreí y negué con la cabeza. Esa mujer me estaba gustando mucho más de lo necesario para el poco tiempo que hemos convivido juntos.

Terminé mi cerveza y comencé con mi trabajo del día a día: preparar la comida. Esta vez pude conseguir mucha mas variedad en alientos de lo que lo hago normalmente, tanta que incluso puedo llegar a preparar arroz, pollo y ensalada para cincuenta y cuatro personas, y para los niños una tarta de fresa y crema. Un buen botín, a decir verdad.

Saqué todo el arroz que había conseguido y lo sofreí en una gran olla -que es la que uso especialmente para el arroz- con un poco de aceite y uno que otro trocito de pimentón, después agregué el agua y la sal. Mientras eso se cocinaba, me dediqué a preparar el pollo. Limpié, cociné y desmenucé aproximadamente quince pollos enteros, los aliñé y les di un poco de color y cuando iba a comenzar con la ensalada, Elaine entró de nuevo en la cocina.

Se la veía bastante bien y... normal con esa ropa. Unos simples pantalones vaqueros, una camiseta blanca sin mangas y unos zapatos deportivos. Común, corriente y atractivo. Elaine se aceró a mi con el ceño fruncido y miró las ollas a rebosar de comida.

-¿Por qué cocinas tanto, Ban? Solo somos cuatro personas -preguntó sin poder evitar su curiosidad-.

Yo la miré con una sonrisa y contesté mientras lavaba algunas papas.

-Somos cincuenta y cuatro en total. Cocino para todas las personas que viven en los alrededores y que no tienen como sustentarse, en especial los niños. A veces me toca cocinar para mas de trescientas personas que no pueden alimentarse por sus propios medios y es por eso que siempre tengo un poco más de comida reservada, nunca se sabe cuando pueda necesitar más. Esa es una de las principales razones por las que soy un bandido.

Le sonreí a la nada y tomé otra papa para lavarla, luego la miré a ella y noté una pizca de consternación en un mar de asombro.

-Pero -comenzó-... ¿Y qué hay del dinero que mi hermano dona a las instituciones mensualmente? Es una suma enorme de dinero para que cubra a todos los rincones del país, ¿Qué es lo que está pasando?.

-La corrupción y el deseo de poder y riquezas se ha adueñado de todo el mundo, Elaine, y nuestro país no es la excepción. Pienso que tu hermano es un buen rey, no soy quien para juzgarlo, pero su inocencia nos ha llevado a nosotros a tomar medidas desesperadas para sobrevivir.

Elaine bajó la mirada y apretó los puños con fuerza, luego soltó una exhalación para tranquilizarse y me miró con un brillo de decisión en sus enormes ojos ámbares.

-Ban, lo que haces es algo maravilloso, te arriesgas todos los día, no solo por ti y tu familia, sino por las personas que te rodean -un brillo de admiración se coló e su mirada y me tomó de la mano con firmeza-, así que por tu coraje y gran amabilidad, prometo arreglar todo esto cuando vuelva a casa.

Yo le sonreí y le di algunas palmaditas en su cabeza.

-No pintes las cosas, Elaine~ No soy tan amable como piensas, soy un hombre avaricioso y me gusta disfrutar del licor y las mujeres, robo porque me gusta disfrutar de los lujos que no pude tener cuando era pequeño, y también porque no quiero que Therion tenga que pasar por lo mismo que yo pasé cuando tenía su edad así como tampoco quiero ver a esos niños en la calle muriendo de hambre. Es algo que la mujer de Zhivago me enseñó cuando ella aún vivía, aparte, le prometí que cuidaría de su hijo y que sería una mejor persona, pero mi palabra solo llegó a lo que ves ahora.

Elaine frunció el entrecejo y se cruzó de brazos.

-Bueno pues, yo sigo pensando que eres una buena persona, un buen y extraño hombre que merece que su princesa haga algo por él y su familia (a pesar de tenerme secuestrada).

Yo la miré a los ojos aún sin comprenderla por completo. Me dice extraño a mi, cuando es ella la que piensa que soy un hombre bueno por robarle a las personas para mi beneficio. Increíble.

Elaine me sonrió y se posicionó a mi lado para observar mejor como trabajaba.

-¿Puedo ayudarte? No sé cocinar pero aprendo rápido.

Me miró y yo le sonreí, le pasé algunas zanahorias y le enseñé cual era la manera más rápida de pelarlas. Luego de varios minutos de trabajo y charla, ella me preguntó con curiosidad.

-Humm, oye Ban, todavía hay algo que me tiene intrigada.

-Escúpelo -comenté mientras vigilaba el pollo-.

-Esto... como es que... ¿Cómo supiste que talla de... ropa era? -preguntó con las mejillas rojas-.

La miré y sonreí por lo bajo.

-Bueno, dígamos que tengo un poco de experiencia en el tema. Solo tenía que grabarme tu contextura, tu altura y la forma de tu cuerpo y ya está, allí están todas tus tallas ante mi.

Ella se mordió el labio y continuó con su trabajo sin atreverse a mirarme a la cara.

-Ya veo, debes tener mucha experiencia en esto para ser tan acertado -comentó en voz baja-.

Yo sonreí aún más y comencé a mover el pollo para que no se me quemara.

¡Si tan solo supiera que mientras dormía me colé en la habitación de Therion y miré la talla de su lencería para poder traerle ropa interior nueva!.

Aparté un mechón de cabello que estorbaba mi campo de visión y contesté con naturalidad, aunque por dentro estaba muriéndome de la risa.

-Si, bueno, quizás un poco. Nunca se deben exagerar las cosas, ¿no?.

-Si, así es -contestó de inmediato y de pronto se quedó callada-.

La miré por algunos minutos y su silencio comenzó a incomodarme. Quizás me había pasado un poco de la raya, por alguna razón a las mujeres no le gustaba tener este tipo de temas de conversación. Me llevé una mano al cuello y pensé que tal vez era mejor arreglar las cosas.

-Humm, oye Elaine...

-¡Hola chicos, ya volví! -exclamó Zhivago con alegría-.

Elaine dejó las zanahorias y se fue a la sala para recibir al viejo, sin mirarme de reojo siquiera. Creo que la cagué, para la próxima no hablaré de mi experiencia con ella.

-O-

Este Ban es un completo idiota.

¡¿A quién en su sano juicio se le ocurre hablar de este tipo de cosas frente a una dama?!. Si, definitivamente es un completo idiota. Caminé hasta la sala para recibir a Zhivago y lo noté asombrado -bueno era de esperarse, después de todo la casa parece... una casa-.

-Buenos días, señor Zhivago -lo saludé con amabilidad y el me miró, hizo una suave inclinación y luego me sonrió-.

-¡Ah, buenos días, Lady Elaine!.

-Dígame Elaine, por favor -le pedí correspondiendo a su sonrisa-.

Él hizo un leve cabeceo y se rascó el cuello.

-Será algo difícil hacerlo, pero lo intentaré -me guiñó un ojo y me comentó mientras se encaminaba a la cocina-. Por cierto, nunca me imaginé llegar y encontrar la casa limpia, mucho menos siendo obra suya, muchas gracias por eso... siento mucho que halla tenido que hacer usted el trabajo que nos corresponde a Ban y a mi.

-No hay problema, si voy a estar aquí por lo menos debo colaborar con la limpieza contesté, siguiéndolo de cerca-.

Él pareció incomodarse y llevó una mano a su nuca.

-Eh... siento mucho toda esta situación... ya sabe, el secuestro y el robo y todo los problemas que le causamos por esto... Ban a veces es un poco extremista y...

-No se preocupe por eso, Zhivago -le corté de inmediato-. Tengo entendido que mi pueblo está pasando necesidad, que la gente está muriendo de hambre, y de eso me di cuenta ayer cuando llegué. ¿Sabe? Siempre viví rodeada de todo lo que necesitaba y de lo que no, siempre tuve los gustos más caros al alcance de mi mano sin saber que mi gente estaba viviendo en un estado crítico de pobreza. -agaché la cabeza y me envolví en un abrazo-. En el fondo agradezco que lo hallan echo, han podido abrirme los ojos con mi momentánea retención -lo miré y le sonreí con agradecimiento-.

Siempre fui considerada una princesa justa, que mira las cosas desde todos los ángulos posibles hasta hallar una buena solución a los problemas. Era algo que mi hermano admiraba de mí, además, muchos dicen que mi valentía y justicia son espléndidos para cuando me convierta en reina, y en este caso no dejaré de ser yo misma para analizar la situación y buscar una solución factible para ambos lados del problema.

Zhivago me miró con orgullo y me revolvió el pelo con cariño, justo como lo hace un padre con su hija. Aquel gesto me dejó helada y fuera de lugar. Nunca nadie había echo algo así y había causado semejante sentimiento en mi. Era algo extraño, como si una especia de calor brotara de mi pecho y se extendiera por todo mi cuerpo, haciéndome sentir bien y cómoda con su presencia.

¿Era esto lo que sentían los hijos hacia sus padres cuando les demostraban cariño?.

Yo nunca tuve la oportunidad de compartir con los míos, era muy pequeña cuando ellos fallecieron y prácticamente no recuerdo nada relevante de ellos, mi hermano tuvo que hacerse cargo de dirigir el país desde muy jóven, así que no tuve mucho tiempo de ver a alguien como un ejemplo de padre. Por mi parte, yo solo tuve tiempo de recibir todo tipo de clases particulares, aprender a comportarme, saber de etiqueta, corregir la postura y realizar reverencias de manera correcta. Tampoco es que pudiera pasar mucho tiempo con alguien mayor.

-No te preocupes, sé que lo que decidas en el futuro estará bien para nosotros. Eres una chica lista y yo confío en ti, eso es lo que cuenta -me sonrió y yo sentí ganas de abrazarlo, pero me retuve, no puedo responderle con tanto atrevimiento-.

Estaba a punto de agradecerle pero el grito de Ban nos sobresaltó a ambos.

-¡Oigan aquí hay más gente, ¿saben?! -exclamó con fuerza-. ¡Viejo inservible trae tu trasero y ayúdame con la comida, aún tengo más cosas por hacer!

Y así, ambos nos encaminamos hacia la cocina para ayudar al ladrón llorón de la familia.