Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo tres:
Sexy and I know it.
"Los besos robados son siempre los más dulces"
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Almas gemelas: ¿Realidad o instrumento de tortura?.
La creencia de que hay alguien en alguna parte que posee la llave de tu corazón. Lo único que has de hacer es encontrar a ese alguien y juntos seréis la perfección. Pero, ¿dónde está esa persona?. Y si amas a alguien y luego no sale bien. ¿Significa eso que no era tu alma gemela?. ¿Qué no era más que un concursante más de ese juego llamado felices para siempre?.
Aquí sale a relucir otro concepto importante, felicidad. Para demostrar que eres feliz no tienes que ir por la vida con una sonrisa de oreja a oreja, se trata de reír sin darte cuenta, de soñar despierta y no acordarte después, de jugar con fuego, quemarte, y aun así reír, porque es lo único que puedes hacer, esa sonrisa que se convierte en carcajada en menos de un segundo, y que más tarde, llegará a formar parte de esos momentos irrepetibles que componen tu felicidad.
Conclusión: nacimos para ser felices no perfectos.
La chica del pañuelo verde.
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Eran las nueve de la mañana del lunes.
Había pasado el fin de semana al completo preparando unos documentos, necesitaba mantener su mente ocupada, porque cada vez que dejaba de estar activa, su mente se la jugaba, y la obligaba a pensar más de lo sanamente recomendado en cierto rubio insoportable que se había metido en su cabeza para atormentarla. Y aún peor, ese rubio apodado Mister Pene Mágico por Ginny, había irrumpido en su despacho hacia tan solo cinco minutos, y aun no hablaba. Solo la intimidaba con sus grisáceos ojos.
Se encontraba de pie en el centro de la habitación. Con sus características cejas alzadas y su sonrisa ladeada. Arrogante. Cruzado de brazos sobre su fornido pecho enfundado en una camisa de seda negra, carísima, pero que le sentaba más que bien, y sus pantalones de vestir también negros que se ceñían a ese culo prieto que poseía. A Hermione se le habían ido los ojos a su trasero cuando al entrar en su despacho se giró para cerrar la puerta. Fue solo un segundo, pero un segundo muy bien aprovechado si le preguntan.
Quien fuera ropa para acariciar su piel. Hermione se abofeteó internamente y sacudió la cabeza para eliminar aquellos pensamientos impuros.
Necesitaba dejar de verlo. En apenas una semana Draco Malfoy había conseguido que ni ella misma controlara sus pensamientos. Estaba segura que de seguir así, en una semana más tampoco tendría control sobre su cuerpo.
La castaña levantó la mirada y la clavó en sus penetrantes ojos. ¿Qué tienen esos misteriosos que no tenían antes, para volverla ahora tan loca?.
Draco tuvo que reprimir una sonrisa mientras la recorría con la mirada. La abundante melena castaña le llegaba hasta media espalda, y el vestido celeste que vestía marcaba cada curva de su cuerpo, la túnica estaba descansando sobre el respaldo de su silla, parece que no era el único al que le estorbaba trabajar con ella puesta. El rubio sonrió internamente cuando vio el notable nerviosismo de la chica tras su escaneo.
– Me gusta que me complazcas, Granger – Comentó el rubio con una sonrisa coqueta.
Hermione le miró sin comprender.
– Tu pelo. Lo has dejado suelto – Aclaró.
La castaña sintió sus pómulos calentarse.
– Como si yo fuera por la vida intentando complacerte, Malfoy – Bufó – No lo he hecho por ti.
Y era la verdad. O eso quería creer Hermione.
Desde que salió de casa, intentaba convencerse de que había soltado su pelo porque le apetecía, porque le favorecía con el vestido, porque no siempre tenía que ir con un moño. No porque Draco Malfoy hubiera hecho alusión a su melena en la última conversación que mantuvieron el viernes.
No. Definitivamente, no era por él.
– Por supuesto, Granger – Dijo con falsa amabilidad.
¡Arg!. Odio que me dé la razón como a los tontos.
La estaba sacando de quicio, necesitaba que se marchara, que la dejara despejar su mente, y trabajar en paz.
– ¿No tienes nada mejor que hacer? – Preguntó con brusquedad mientras se sentaba tras su escritorio.
– No.
– En ese caso, búscatelo. O vete a jugar con tus juguetes a la calle. Pero no molestes – Le habló como si fuera un niño pequeño.
– He encontrado ya algo que me gusta.
Hermione le miró a través de sus largas pestañas, el parecía no inmutarse con la mirada envenenada de la castaña, es más, podía verse claramente en su rostro que se estaba divirtiendo con la situación.
– ¿Qué? – Se obligó a preguntar a regañadientes ya que el joven no parecía que fuera hablar.
– Tú – Respondió el rubio colocando ambas manos sobre el escritorio y acercando su cara a centímetros del rostro de la castaña, que se mantenía serena en apariencia sin despegar la mirada del ojigris, aunque por dentro su corazón estuviera bombeando sangre a un ritmo alocado.
¿Por qué tenía que acercarse tanto?. ¡No puedo respirar con regularidad!.
La castaña tragó con dificultad. El chico no se separaba ni un milímetro de ella, y tampoco despegaba sus preciosos ojos de los suyos.
¿¡Preciosos!?. ¿¡Desde cuándo los impersonales ojos de Malfoy eran preciosos!?. Son fríos, calculadoras, amenazantes. ¡Pero no preciosos!. Se recriminó.
– Te enamoraras de mí, Granger – Moduló con lentitud sobre los labios de la castaña.
Hermione sintió el aliento cálido del rubio sobre su boca, notó como los finos labios del chico habían rozado los suyos al hablar. Aun sentía un cosquilleo en sus labios. Notaba su corazón bombear con más fuerza de la habitual. Frenético y salvaje. Estaba respirando con dificultad. Sus ojos se desviaron un segundo a los labios del joven antes de que volviera a mirarle a los ojos.
La chica sentía que esa mirada iba a devorarla.
Ya que parecía que el escritorio no era suficiente para poner distancia entre los dos, se echó con cierto esfuerzo, ya que parecía existir unos lazos invisibles que le impedían separarse de Malfoy, hacia atrás en su cómodo sofá de trabajo y observó con aparentemente serenidad. Como si los recientes acontecimientos no la hubieran afectado nada.
Entonces fue cuando tomó conciencia de las palabras del chico.
¿Enamorarse?
¿Ella?
¿De él?
Por encima de su cadáver.
– La apariencia seduce, la personalidad enamora – Comentó Hermione – Y tú eres un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista. No tienes nada que pueda enamorarme. Solo eres una cara bonita, Malfoy – Argumentó.
Chúpate esa, idiota.
Hermione sonrió triunfante por su reciente victoria, pero no le duró más de dos segundos.
– ¿Eso quiere decir que te he seducido? – Preguntó con falso asombro.
Draco Malfoy: 1. Hermione Granger: 0.
Hermione mordió su labio inferior con fuerza.
Si es que soy estúpida. Siempre le da la vuelta a todo lo que digo para favorecerse. ¡Tengo que pensar bien las frases antes de hablar!.
– ¡No! – Masculló.
– Pero te parezco sexy. Tu misma lo acabas de reconocer – Sonrió arrogante.
– No tergiverses mis palabras. Yo no he dicho que fueras sexy – Chilló, estaba segura que todo su Departamento la había escuchado.
– Yo sé que lo soy y tú también, aunque no lo quieras admitir – Resolvió el rubio divertido.
– No necesitas que infle más tu ego – Musitó malhumorada por dejarse atrapar por su propia estupidez.
Draco sonrió porque sabía que a su manera ella aceptaba que si lo encontraba atractivo.
– Es parte de mi encanto y tú lo adoras – Dijo convencido mientras rodeaba el escritorio para estar más cerca de la castaña.
Hermione le alzó una ceja en contestación.
Calladita estaba mucho más guapa. Pensó.
– Igual que tu cabezonería es parte de tu encanto además, de muy interesante. No aceptas que te atraigo por testaruda – Agregó – Eso lo hace todo más divertido. Me gusta ganarme las cosas, no que me las regalen – Susurró de nuevo cerca de su rostro, aunque ahora mantenía un poco más de distancia.
– No lo soy – Negó como una niña pequeña frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
– Sí, si que lo eres – Afirmó.
– No soy cabezona, tengo razón y punto. ¡No me enamorare de ti, Malfoy! – Rugió enfadada.
Estúpida. Estúpida. ¡Estúpida!. Acabas de darle la razón. ¡Argh!
Draco alzó su ceja izquierda con prepotencia.
– Eso ya lo veremos, Hermione – Dijo con seguridad sin dejar de mirarla.
A la castaña se le paró el corazón por unos segundos para luego bombear con fuerza cuando escuchó su nombre por segunda vez en los labios del rubio. Necesitaba poner distancia entre ambos. Se levantó y se movió hasta el centro de la habitación.
Tras unos segundos de silencio, suspiró y lo miró a la cara. Él le devolvió la mirada divertido.
¿No podía quitar esa maldita sonrisa de su cara?
– Bien, ¿qué quieres? – Preguntó. Tenía que cortar esta conversación de una vez y que se marchara. ¡Por su salud mental!
– ¿Sinceramente?.
– Sí – Apremió la castaña.
– Te quiero tumbada sobre el escritorio – Moduló con un tono seductor que hizo que Hermione sintiera algo húmedo entre sus piernas.
El rostro de la castaña adquirió un color rojizo que últimamente se estaba haciendo muy frecuente en ella. Se había quedado sin palabras. Solo de imaginar la escena sentía un calor abrasador en su bajo vientre.
Draco, al que no le había pasado por alto la reacción de la chica, camino hacia ella con unos andares felinos y elegantes hasta posicionarse en frente de ella. Él era bastante más alto, le sacaba una cabeza a la chica. Alzó con un dedo el rostro de Hermione para que le mirara. La chica no opuso resistencia, aún estaba choqueada por las palabras del rubio.
Draco miró fijamente los enormes ojos castaños de la chica.
– Lástima que tengamos público – Habló muy bajito.
Hermione frunció el ceño sin entender.
– Detrás de la puerta – Volvió a susurrar.
La chica como guiada por una fuerza invisible, y con la necesidad de separarse del rubio antes de que fallara su autocontrol y le arrancara la camisa para comprobar con sus propios ojos el musculoso cuerpo del chico, se movió hacia la puerta y abrió de un tirón.
Cuatro personas cayeron a sus pies.
Hermione pasó de estar sorprendida a estar muy cabreada.
Allí en el suelo yacían de izquierda a derecha Zabini, Ginny, Luna y Nott.
Hermione veía negro. Alguien iba a morir.
– ¿¡Es que nadie trabaja en este maldito Ministerio!? – Siseó – Sois todos unos vagos, irresponsables y entrometidos.
– Yo no soy vago. Soy tímido al esfuerzo – Zabini se llevó en el acto una colleja de la pelirroja – Pequeña Weasley, tienes que dejar de hacer eso. Vas a dejarme sin neuronas.
– Espera. Que lo apunto en mi lista de cosas que me importan una mierda.
– Directa y sin anestesia. Que cruel eres, pequeña Weasley – Dijo Zabini con falso dolor.
– Pues vete acostumbrando – Sentenció la pelirroja agarrando de un brazo a Zabini y arrastrándolo lejos del despacho de Hermione – Ahora, será mejor que nos marchemos antes de que Hermione explote. Créeme, cuando quiere puede ser muy aterradora.
Zabini se dejó arrastrar encantado.
– Draco es igual. Cuando decidan salir juntos van a matarse – Río divertido.
Hermione miraba con rabia el camino por dónde habían desaparecido el moreno y la pelirroja. Luego desvió su mirada a Luna y Nott que seguían clavados en su sitio mirándola. La rubia debió ver en la castaña algo que la asustó, porque tomando la mano de su novio comenzó a caminar por el mismo camino que lo habían hecho los otros dos.
– Nosotros también nos vamos. Tenemos… trabajo que hacer.
– Adiós chicos – Habló por primera vez Nott.
Hermione entonces se giró y miró al chico rubio que se encontraba sentado en su silla, tras su escritorio, mirándola con diversión. Como si fuera el amo y señor de su despacho.
Ya había tenido suficiente por hoy.
– Lárgate antes de que haga correr la sangre, Malfoy.
Martes. Sin ningún altercado. Ni si quiera las chicas se habían acercado a ver a la castaña. Sabían que seguiría enfadada, por lo que decidieron dejarla hasta que se le pasara. No había ni rastro de Draco ni de Zabini. El único con el que se cruzó Hermione fue con Theodore Nott, quien se disculpó por lo que ocurrido el día anterior, y traicionó a Zabini y Ginny diciendo que la idea fue de ellos. Hermione lo sabía desde antes que Nott lo confesara.
Miércoles. Era la hora de almorzar y Hermione se dirigió a la cafetería del Ministerio. El lunes y martes había comido sola en su despacho, tenía mucho trabajo, y para qué negarlo, quería hacer sufrir un poco a las chicas por lo ocurrido en su despacho.
Cuando ingresó en la cafetería, se dirigió sin vacilar a la mesa donde estaban sus amigas. Ambas se alegraron de que ya no estuviera enfadada con ellas, pero había algo que se le escapaba a Hermione.
– ¿Qué ocurre? – Preguntó al ver la cara malhumorada de Ginny y la expresión triste de Luna.
– Harry – Respondió Luna.
Harry Potter. Hermione había hablado con él durante el fin de semana. Su conversación comenzó sobre la relación entre Ron y ella, que había quedado destrozada, y desembocó en Ginny. El pelinegro quería volver con ella, se lo había confesado a Hermione y parece ser que también había llegado a oídos de la pelirroja.
– Ayer se presentó en mi casa. Quiere que vuelva con él – Habló la pelirroja – ¿Perdonar y olvidar?. Ni soy Dios, ni tengo Alzheimer.
Luna y Hermione rieron por las ocurrencias de la chica.
– ¿Estás segura, Ginny? – Preguntó Luna cogiéndole la mano.
– Por supuesto. Harry es pasado – Sonrió sinceramente.
Hermione se alegró por ella. La castaña y la rubia habían estado con la chica cuando Harry la abandonó porque decía haber conocido a otra bruja, y que se estaba enamorando de ella. Ginny quedó destrozada. Pero de eso hace ya dos años, y no podía venir ahora y pretender que todo fuera como antes.
– Por cierto. Me gustó tu columna del último número de la revista. Almas gemelas: ¿realidad o instrumento de tortura? – Río Ginny – Parece que la charla de la semana pasada te inspiró bastante.
– Me pareció precioso lo que escribiste, Hermione – La apoyó Luna – siempre he sido defensora de la búsqueda de la media naranja, pero tienes razón, lo importante realmente es ser felices.
Hermione le agradeció con la mirada. Para ella era muy importante lo que opinaran sus amigas.
– La vida es alegrarte los viernes y joderte los lunes. Y abrazarte a quién te abrace, y a quién no te abrace…bueno pues no te abrazas y punto – Agregó Ginny.
Las chicas siguieron hablando animadamente. Cuando terminaron de comer, Hermione se despidió de las dos y se dirigió a su despacho. Estaba deseando coger sus cosas y marcharse a casa para darse un relajante baño.
Entro y se topó con la habitación a oscuras. Genial.
Sin molestarse en solucionarlo, sacó su varita, se alumbró con un 'Lumos' y comenzó a guardar sus pertenencias en el bolso. Quería llegar cuanto antes a casa, estaba muy cansada.
Estaba metiendo unos pergaminos cuando un dedo recorrió el centro de la espalda de la castaña, de inicio a fin, mandando cosquillas y escalofríos por su cuerpo a igual rapidez. Se estremeció y ahogó un chillido. Se volteó asustada con la varita al frente para encontrarse con la divertida cara de Draco.
Él sonreía divertidísimo por la escena.
Hermione le atizó con su bolso en toda la cara sin pararse a pensar.
– Joder, Granger – Masculló.
– ¿Qué estás haciendo en mi despacho, Malfoy? ¿Tú la has dejado a oscuras, verdad? – Preguntó con nerviosismo mientras se agarraba con fuerza al filo del escritorio para no caerse. Las piernas le temblaban. Aun podía sentir el cosquilleo en su espalda.
El joven rubio se había llevado la mano derecha a su nariz y la sobaba con mimo. Todo rastro de diversión había desaparecido de su cara. Hermione tomó conciencia de lo que había hecho. Había golpeado a Draco Malfoy con su bolso. Con suma preocupación se acercó al rubio.
– Lo siento. Parece un poco hinchada – Dijo abarcándole el rostro con su mano derecha y apuntándolo con su varita para observarle mejor.
Él se atragantó ante semejante elección de palabras, entonces ella apartó las manos de su cara como si quemara, y dio un paso hacia atrás chocando con su escritorio.
¿Qué acabas de hacer Hermione Granger?.
La castaña sentía un cosquilleo agradable en su mano.
– No es el hinchazón de mí nariz lo que me preocupa – Comentó Draco enviando una elocuente mirada hacia abajo. Hermione, inocentemente, había seguido a su mirada junto con su varita, y sus ojos se abrieron inmensamente al ver el gran bulto de su entrepierna.
Parece que el pene mágico de Malfoy quiere salir a jugar.
Se obligó a levantar la mirada de su serpiente, y evitó mirarle a los ojos.
El rubio río divertido.
– No te preocupes. No muerde. Lo tengo bien enseñado – Habló socarrón.
– Eres un cerdo arrogante – A Hermione se le colorearon las mejillas, estaba avergonzada.
¿Cómo había terminado en semejante situación con Malfoy?.
– Uno demasiado atractivo, lo sé – Habló con arrogancia.
– ¡Yo no he dicho eso! – Replicó indignada.
– Entonces estamos de acuerdo – Resolvió el rubio.
Insoportable engreído.
Hermione estornudó falsamente.
– Oh, lo siento. Soy alérgica a las tonterías.
Draco no borró su sonrisa. Hermione lo estaba viendo sonreír más en esos días que en todos los años en Hogwarts. Él se inclinó para hablarle al oído y su aliento le erizó la piel.
– Siempre he sido un firme defensor del carpe diem. Acostumbro a tomar lo que deseo cuando lo deseo. Y en estos momentos, Granger. Te deseo a ti – Puntualizó.
Hermione reconoció el deseo que brillaba en aquellas profundidades grises. Tragó en seco.
La castaña abrió la boca para protesta, pero él no le dejó. Aprovechándose de las circunstancias, se adueñó de sus labios para besarla. La castaña gimió de placer en el interior de la boca del rubio cuando su lengua comenzó hacerle cosas perversas.
La cabeza le daba vueltas por la intensidad del beso, por la calidez de ese aliento mentolado que se mezclaba con el suyo.
Draco extendió los dedos sobre la parte inferior de la espalda femenina para apretarla contra sus caderas, justo sobre el bulto que tensaban sus pantalones.
¡Por Merlín!. Malfoy está maravillosamente dotado.
Y esos labios…Mmm.
Hermione no quería pararse a pensar en esos deliciosos labios y en lo que eran capaces de hacer.
Estaba dejándose arrastrar por un simple deseo carnal y eso no podía ser. La castaña comenzó a temer que si no lo detenía en ese momento, ninguno de los dos sería capaz de parar después. Haciendo un gran esfuerzo, Hermione dio un paso atrás separándose de los labios de Draco y respiró con dificultad.
– Esto no está bien – Su voz sonó más débil de lo que esperaba.
– No he acabado contigo, Granger – Habló con voz ronca y sensual atrapando a Hermione entre sus brazos de nuevo. Antes de poder unir sus labios a los de la castaña, la chica giró la cara para que besara su mejilla.
– Sí, hemos acabado – Se separó de él con brusquedad y se alejó de allí con paso acelerado.
Era inconcebible. Ninguna lo había rechazo antes. Draco apretó los dientes para tratar de contener la repentina necesidad de darse cabezazos contra la pared por la frustración. ¿Por qué tenía que ser tan testaruda?.
Se miró el miembro rígido y soltó una maldición.
– ¿Y tú no puedes comportarte durante cinco minutos al menos? – Le habló a su miembro frustrado.
Hermione se dio una larga ducha fría. ¿Qué tenía Draco Malfoy que hacía que le hirviera la sangre?. Aun en esos momentos podía sentir el calor de su cuerpo pegado al de ella. Sus manos sobre su cadera. El frenético ritmo de su corazón. El reflejo de sus propios ojos en los metálicos de él. Sus labios sobre…
– ¡Basta, basta, basta! – Gritó.
No era una ninfómana que no pudiera controlarse.
¡Esto no puede volver a ocurrir!
Se decía así misma, cada noche al acostarse desde aquella fatídica tarde en la cafetería del Londre muggle, dónde habló por primera vez con las chicas sobre el rubio. No caeré en las redes de Malfoy, claro que no, solo soy un capricho y ¡por Merlín!. Se trata del infeliz de Malfoy!. Yo he dicho que no caeré, y no caeré, vamos que si no caeré.
Después de los acontecimientos ocurridos durante el día, esa noche Hermione, tuvo que repetirse esas palabras más de veinte veces.
Continuará…
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