Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo cinco:
Conversations.
"Yo no me masturbo, me hago el amor"
.
Estaba completamente caliente y excitado.
Se acarició lánguidamente su erección, y con su otra mano, tomó con delicadeza sus testículos y empezó a juguetear con ellos entre sus dedos.
Imaginaba que quién le acariciaba eran las manos de la castaña. Deseó que fuera ella la que lo masturbara. Solo de pensar en tener sus pequeñas manos, su boca o sus pechos – que lo habían vuelto loco – sobre su miembro, sentía la necesidad de aumentar el roce.
Agarró con firmeza, pero con delicadeza, su miembro erecto y comenzó a bombear de arriba abajo. Acto, que inconscientemente le recordó a Hermione saltando y sus pechos moviéndose sincronizados.
Su pene se puso aún más rígido.
Los músculos de su brazo derecho se contraían y se relajaban a un ritmo regular, rápido y preciso.
Los recuerdos de esa tarde se recreaban una y otra vez en los pensamientos del chico.
Draco cerró los ojos y después de dos estocadas más, se dejó invadir por el orgasmo.
– Maldita Granger – Jadeó.
El ruido de la puerta al abrirse sacó a Hermione de su momento de concentración. Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con Ginny y Luna. No se sorprendió de verlas allí, ya era habitual.
– Ojala tuviera por las noches el sueño que tengo por las mañanas – Ginny se dejó caer con desgana sobre una de la sillas frente a Hermione. Luna saludó con una pequeña sonrisa a la castaña y también se dejó caer en una de las sillas.
La castaña las miraba con el ceño fruncido desde su lugar, Ginny bufó molesta.
– No estarás todavía mosqueada por lo de Malfoy, ¿verdad? – Preguntó mirándola con fastidio.
Hermione acentuó aún más su ceño. Luna pensó que como siguiera haciéndolo, dentro de poco tendría las cejas unidas para siempre.
– Por supuesto que lo estoy. Sé que lo hicisteis a propósito – La indignación de la castaña era palpable.
– Lo hicimos por tu bien. Sé que los torposoplos tienen planes para vosotros, ¡planes maravillosos! – Argumentó Luna dulcemente como si fuera una madre hablándole a su hija tras un berrinche.
Una encerrona con Malfoy en Las Vegas no era bueno para su salud mental y física. ¡Por Merlín!, le daban igual los torposoplos. Día a día luchaba consigo misma para no pensar en él o tirarse a bocajarro a sus brazos.
¿Cómo pudieron pensar que esto sería buena idea?.
– Sí, claro – Les dijo con una falsa sonrisa cruzándose de brazos y echándose hacia atrás en su silla – Gracias por cuidar de mí. ¿Por qué no me metéis un dedo en el ojo cuando queráis divertirme? – Preguntó irónica.
– Podríamos hacerlo si es lo que quieres – Respondió Ginny sonriendo con prepotencia.
Hermione la miró mal. Luna intentó poner paz entre las chicas que parecían batirse en duelo con las miradas, pero dejó de hablar abruptamente tras las palabras de Hermione.
– No iré a la boda – Sentenció.
Luna abrió los ojos en desmesura.
– ¡No puedes hacer eso! – Gritó.
– Sí que puedo. Mírame como te digo que no, no iré a la boda y punto – Respondió sin vacilar.
– No me hagas volver a chantajearte Mione – Advirtió la pelirroja.
Hermione alzó una ceja.
– Supuestamente las mejores amigas no chantajean a sus mejores amigas – Atacó la castaña con tono de marisabidilla.
– En realidad si lo hacen, por eso son mejores amigas – Contraatacó prepotente.
¡Maldita Ginny!. ¡Maldita Luna!. ¡Maldito MALFOY!
– Eres sin duda la peor mejor amiga en la historia de las mejores amistades – Masculló. Y se molestó más aún cuando se dio cuenta que esa misma frase se la dijo Malfoy hacía unos días. ¿Por qué no puedo sacármelo de la cabeza? – Eso también va por ti, Luna – Dijo señalando a la rubia con un dedo.
Luna la miró sonriendo inocentemente. Hermione hizo una mueca en dirección a las chicas.
– Por favor. No me hagáis ir. ¡No podré soportar a Malfoy! – Suplicó.
– Yo opino que hacéis una bonita pareja – Comentó la rubia.
Hermione se sonrojó e intentó ignorar el comentario de Luna.
– Me estoy empezando a plantear la posibilidad de que sea una maltratadora después de todas las bofetadas mentales que me he dado por pensar más de lo sanamente recomendable en Malfoy. ¿Es que no lo entendéis?. ¡Estoy obsesionada! – Dijo con desesperación la castaña – Si tuviera un tumor, ¡lo llamaría Draco Malfoy!
Por alguna extraña y retorcida razón Ginny disfrutaba del sufrimiento de su amiga.
– Solo intentamos adelantar lo inevitable – Dijo Ginny – Ahórrate tiempo. Alargarlo te hace mal.
– ¿Qué es lo inevitable? – Preguntó contrariada la castaña.
– Tú y Míster Pene Mágico follando como conejos – soltó sonriendo abiertamente la pelirroja – La oportunidad perfecta es en Las Vegas.
– ¡Por Merlín, Ginny! – Masculló Luna tapándose las oídos – No hables así de eso.
– Perdón. Malfoy y tú haciendo el amor – Rectificó rodando los ojos.
La castaña tenía su rostro tan rojo como el pelo de Ginny.
– ¿Y tú con Zabini?. Te he visto muy amiguita con él – Le atacó.
– También hacéis una bonita pareja – Habló la rubia ya más tranquila.
Ambas chicas mirando mal a Luna. ¿Por qué ese afán por mezclarlas con los ex-Slytherin?.
– Lo de Blaise es distinto – Aclaró la pelirroja sintiéndose incomoda de repente.
– ¿Ah, sí? – El tono de Hermione fue sarcástico.
– Sí. Lo mío con él es un juego. Es simple. Yo le pongo caliente y él a mí. Punto – Resolvió Ginny – Tú estás en negación. Yo en cambio, no niego que pueda llegar a follar con Zabini – Luna le miró mal y Ginny resopló molesta – no niego que pueda llegar hacer el amor con Zabini – corrigió.
Sí claro, el amor. Ella sabía que cuando el momento llegara, sería sexo desenfrenado y salvaje.
Hermione hizo una mueca fastidiada.
Ginny se levantó de su asiento y cogió entre sus manos una especie de cartulina rectangular, de la cual, Hermione no se había percatado en un principio.
– ¿Qué llevas ahí? – Preguntó presa de la curiosidad.
– Se acerca el cumpleaños de mi jefe y tengo el regalo perfecto – Dijo sonriendo y girando la placa rectangular para que las chicas pudieran leer lo escrito
'Por favor, no cabreen al jefe. El jefe se cabrea solo'
Esa misma mañana en el Departamento de Misterios, los chicos también recordaban lo ocurrido la tarde anterior.
– Esta noche he tenido sueños húmedos – Susurró Theo en tono confidente.
– ¿Por qué susurras?. Estamos solos en el despacho de Draco – Comentó el moreno.
– ¡Yo nunca he tenido ese tipo de sueños! – Gritó histérico – No me sacaba de la cabeza a mi Luna magreando a sus amigas y ella siendo magreada.
– Tampoco necesitabas gritar – Masculló Draco agitando un dedo en el interior de su oído derecho. Sentía un pitido.
– Podrías haber liberado tensiones con ella – Dijo en tono sugerente Blaise.
– Luna y yo aún no hemos dado ese paso – Confesó el ojiazul un poco sonrojado.
Blaise y Draco tenían sus mandíbulas por los suelos.
– No puedes hablar en serio – Habló el rubio.
– Yo respeto a Luna. Cuando tenga que ser, será. No tengo prisa – Argumentó satisfecho el chico.
– Mi pecho se hincha de orgullo por ti – Habló irónico Draco llevándose una mano al corazón y mirándolo con una falsa sonrisa dulce – ¿Quieres que utilice sobre ti la maldición asesina? Sinceramente, creo que la muerte duele menos que la tensión de tus pelotas.
Theo lo perforó con sus calculadores ojos.
– Ayer si parecías tener prisa – Añadió Blaise pícaro.
El chico fulminó también a éste con la mirada.
– No era el único con un serio problema entre las piernas – Apuntó entre dientes.
El moreno sonrió divertido.
– Yo tuve que hacerme cargo de mi gran problema nada más llegar a casa – Confesó.
– ¿Te masturbaste pensando en Weasley? – Preguntó Theo horrorizado.
Draco no pudo evitar recordar lo sucedido la noche anterior en su habitación. Como se tocó pensando en la castaña. Un escalofrío placentero recorrió su cuerpo de arriba abajo. Si cuando estudiaba en Hogwarts le hubiesen dicho que acabaría deseando a Hermione Granger habría matado en el acto al susodicho. Muchas cosas habían cambiado desde aquellos días, la guerra trajo tanto cosas malas como buenas. Tenía que reconocer que Granger tampoco era la misma, parecía más feliz y relajada además de que los años la habían tratado muy bien.
Sacudió su cabeza para hacer desaparecer esos pensamientos. Lo último que necesitaba en esos momentos era una nueva erección. Los otros dos parecían ajenos a los lascivos pensamientos del rubio.
– Por la cara que pones me haces pensar que piensas que me masturbé pensando en la comadreja – Respondió el moreno con la misma cara de terror que había puesto hacía un momento Theo.
El rubio río mirando a sus amigos.
– Sabes perfectamente que me refiero a Ginevra Weasley – Dijo con impaciencia el ojiazul.
– ¿Preferirías que me masturbara pensando en ti? – Preguntó lamiéndose los labios, juguetón.
– ¡Eres un asqueroso perturbador, Blaise! – Gritó con repugnancia el chico - ¡Te prohíbo que pienses en mí de esa forma!
Blaise sopló un beso en dirección a Theo y este tembló con repugnancia.
– ¿Cómo solucionaste entonces tu problema anoche? – Preguntó Draco alzándole una ceja.
-Con una ducha fría – Respondió – Masturbarse día y noche es para enfermos como él – Señaló con un dedo al moreno.
– No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quién yo quiero – Dijo indignado.
– No tienes remedio, Blaise – Dijo Theo sacudiendo su cabeza.
– Masturbarse está bien, pero follando se conoce gente – Agregó Draco sonriendo – Y yo quiero conocer íntimamente a Granger.
El moreno comenzó a reírse escandalosamente y a Theo también se le escapó una sonrisilla.
– ¿Qué creéis que nos harían nuestros padres si se enteraran?. Luna simpatizaba con el bando contrario, Ginevra es una Weasley y Granger una hija de muggles– Susurró Theo.
- Matarnos – Blaise miraba un punto fijo sobre sus cabezas.
– Vuestros padres ya no están y el mío no saldrá de Azkaban con vida. Nosotros hemos asumido con creces las consecuencias de nuestros errores, no quiero hablar más del tema. Me juré después de la guerra que ya nunca más sería una marioneta, que no sería más influenciado, que a partir de ese momento nacía un nuevo Draco Malfoy hecho a sí mismo – Concluyó – Y ahora, lárguense – Ordenó el rubio – Estoy empezando a pensar que Granger tiene razón. Aquí nadie trabaja. Y me lo esperaba de Blaise, porque es un flojo. ¿Pero de ti, Theo?.De ti, no.
– La flojera ni se crea ni se destruye, solo se trasmite – Habló con sabiduría el moreno rodeando los hombros de Theo amistosamente
Draco rodó los ojos. Volvía a reinar un ambiente relajado entre ellos.
– ¿Pensando en mí, Granger?.
Hermione pegó un salto en su sitio al sentir el aliento del joven rubio en su oído.
¿Cómo se había acercado tanto sin ella notarlo?. ¡Maldita serpiente!.
– Ahora no solo me acosas en el Ministerio y en las tiendas, sino que también lo haces en la calle – Comentó la castaña girándose para encarar al rubio.
Hermione ignoró la sensación de incomodidad que había invadido su cuerpo al notar la cercanía del rostro del chico. Ese molesto nudo en el estómago que sentía cada vez que Draco Malfoy le lanzaba una de sus miradas indescifrables o le susurraba al oído como hacía unos minutos. En lugar de eso, se concentró en mantener el ritmo normal de su respiración.
Hermione se encontraba en un parque cercano a su apartamento. Curiosamente, cerca de donde tuvo su primer encuentro con el rubio. Pensó que ya que hacia tan buen tiempo, podría pasar allí su tarde del viernes leyendo un libro tranquilamente. Pero no. Tenía que aparecer Míster Pene Mágico.
Como si no tuviera suficiente con tener que soportarlo ese fin de semana en Las Vegas.
– ¿Está libre éste asiento? – Preguntó con falsa galantería señalando el hueco vacío junto a Hermione.
Era obvio que estaba allí sola, Draco solo quería molestarla. Había cosas que nunca cambiaban.
– Sí. Y si te sientas, también este – Respondió la chica señalando su propio asiento.
El rubio la ignoró y se sentó junto a ella. Apoyó los codos en sus rodillas y miró divertido a la joven. Hermione que después de su contestación había vuelto la vista a su libro, miro de soslayo a Malfoy para comprobar que estaba haciendo. Cuando vio que sonreía en su dirección bufó exasperada y cerró el libro con un golpe seco. El chico comenzó a reír.
Hermione se sentía frustrada porque aún no sabía cómo sobrellevar a un Draco Malfoy tan afable. Se sentía estúpida y sin control cuando estaba con él. Sabía sobrellevar mejor al antiguo Draco Malfoy.
Odio cuando me mira, sonríe y se ríe sin ninguna explicación. ¡Me exaspera!.
– Sigo sin entender que no te gusta de mí – Comentó prepotente el rubio – Soy perfecto.
La castaña rodó los ojos. Pero no fue capaz de contradecirlo. Y eso, no se le escapó al chico.
– Si me sigues hablando, te voy a tener que cobrar el minuto – Dijo la joven mirándole seriamente.
– Soy rico, Granger. ¿Crees que me asusta tu amenaza? – Habló divertido.
Estúpido engreído insoportable, ¡Arg!
Hermione sabía que no se libraría de él fácilmente y que tampoco la dejaría leer. Por lo que se cruzó de brazos y se quedó admirando el paisaje. Le haría el vacío. Hasta que se cansara y se marchara. No pasaron ni tres minutos cuando Draco volvió hablar.
– Debes estar cansada – Susurró de nuevo, cerca de su oreja, de forma casual.
La chica sintió un cosquilleo en esa zona.
– ¿Por qué? – Preguntó sin poder resistirlo.
¿No ibas hacerle el vacío?. Estúpida.
– Después de todo lo que hicimos en mi sueño anoche – La voz del rubio sonó terriblemente atrayente.
Los pómulos de la castaña se colorearon furiosamente. Alzó las cejas en su dirección, sin poder creer lo que acababa de escuchar. Aunque, la verdad, a esas alturas no sabía de qué se sorprendía.
El chico se encontraba a un palmo de su cara. Sonriendo seductor. La chica intentó desviar su rostro de nuevo al frente, pero él la inmovilizó por la barbilla con sus dedos.
Hermione tragó en seco.
– ¿Quieres que te cuente lo que hicimos?. ¿Quieres saber cómo me suplicabas por más?. ¿Cómo te desnudaba? – Preguntó tentador.
El chico, con su mano libre, comenzó a desabrochar los primeros botones de la camisa que vestía Hermione. La chica se tensó. No solo por lo que estaba pasando, sino porque estaban en un sitio público. Solo llegó a enseñar el inicio de sus pechos.
– Basta de juegos, Malfoy – Dijo apartando la mano del chico de su ropa y deshaciéndose de la que estaba en su barbilla. Apresuradamente se abotonó de nuevo la camisa – Y no te permito que fantasees conmigo.
– Es mi imaginación y te desnudo si quiero – Respondió Draco mirando sus pechos mientras mordía su labio inferior – Si me dejaras complacerte, no te arrepentirías – Susurró confidencial.
– ¿Tan seguro estás de que no me decepcionarías?. Ya sabes lo que dicen sobre los chicos como tú – Comentó la chica misteriosa.
– Sorpréndeme – La animó el chico.
– Soy rubio, alto, ojos claros, complexión fuerte, hablo seis idiomas y además, tengo mucho dinero. Posdata: me mide dos centímetros.
Hermione sonrió divertida al ver la cara indescifrable que se le había quedado al chico. Lo había dicho para hacerlo rabiar. Ella sabía que Malfoy estaba maravillosamente dotado. Pero fueron solo unos segundos, porque una enorme sonrisa se plasmó en su rostro dejando desconcertada a la joven.
¿Le insinúo que la tiene corta y él me sonríe?.
Draco agarró con firmeza, pero sin hacerle daño, las manos a la castaña y las colocó sin vacilar sobre su hinchado miembro. Era estar junto a la chica y se excitaba.
Hermione abrió en desmesura sus ojos al notar el creciente abultamiento entre sus manos. Ni si quiera podía abarcarlo todo. Draco se acercó a ella y murmuró cerca de sus labios.
– Y hablo diez idiomas – Sonrió socarrón – Además, soy el Dios del Sexo. Pero no vayas contándolo por ahí, no me gusta presumir.
Gilipollas presumido.
La castaña rápidamente alejó sus manos del chico y comprobó con horror, que una pareja con un niño pequeño los miraba con desaprobación. La madre tiraba de su pequeño hijo y el padre tapaba sus ojos. Hermione quería morir en aquel instante.
Era tan incómoda la situación con Malfoy.
La castaña acababa de darse cuenta de que él era muchos tan.
Tan insoportable. Tan engreído. Tan orgulloso. Tan acosador. Tan pervertido. Tan provocador. Tan posesivo. Tan manipulador. Tan narcisista. Tan caprichoso. Tan excitante. Tan seductor. Tan guapo. Tan atractivo. Tan inteligente. Y tan malditamente atrayente. Tan… Tan…¡Ah!. Tan Draco Malfoy.
Hermione se fijó en que el joven había sacado una carta de su bolsillo y curiosamente, ésta estaba cerrada con un sello de correos muggle – Algo extraño ya que ese no era su uso – en vez de con lacre cómo era de esperar en el Mundo Mágico.
– ¿Por qué tiene un sello? – Preguntó curiosa.
– Blaise es filatélico, se pone cachondo lamiendo el trasero de un sello de correos – Contestó risueño – Me pidió que la llevara al Ministerio, no tiene lechuza. Venía de su casa cuando te encontré.
La castaña rompió a reír. Y Draco se quedó helado. Hermione notó la penetrante mirada del chico sobre ella y le miró sonriente cuando consiguió dejar de reír.
– ¿Qué ocurre? – Preguntó secándose las lágrimas de la risa.
– Nunca habías reído antes.
– Sí, sí que lo he hecho – Respondió aún contenta pero sin entenderle.
– No conmigo – Agregó.
Hermione cambió su semblante rápidamente a uno más serio y carraspeó incómoda. Draco se maldijo por hablar. Pasaron varios minutos cada uno metido en sus pensamientos, hasta que Draco volvió a romperlo.
– ¿Irás el sábado a la boda?.
– Las chicas no me dieron opción – Respondió resignada.
La mirada que le estaba dirigiendo el rubio decía claramente 'sabía que irías'.
– ¿Quieres dejar de mirarme así? – Dijo irritada.
– ¿Cómo? - Preguntó Draco recostándose sobre la banca que crujió bajo su peso.
– Como si desde el principio supieras que iba a ir.
La castaña casi pudo adivinar su respuesta antes de que sus labios la pronunciaran.
– Nunca lo dudé – Aseguró con la prepotencia que le caracterizaba.
Cretino.
Draco se levantó de la banca ante la atenta mirada de Hermione. Antes de marcharse, acercó su rostro al de la castaña y le susurró.
– Pienso volver a besarte. Vete mentalizando.
Hermione se quedó con la respiración acelerada y con el estómago abarrotado de mariposas tras las palabras del rubio. La chica supo en ese momento con certeza, que todos los intentos por olvidarse del rubio eran inútiles. No conseguiría sacarse al rubio de la cabeza jamás.
Definitivamente, tenía un tumor llamado Draco Malfoy.
Continuará…
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Eishel Panakos.
