Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo seis:
Girls gone wild.
"No te tomes la vida demasiado en serio. No saldrás de ella con vida"
.
Viernes. Hoy era el día previo a la maldita boda. Pero no por ello era un buen día, no. Hoy se celebraba la maldita despedida de soltera.
Luna y Hermione pensaban asistir tan solo a la boda, pero Ginny insistió en que sería divertido, que lo iban a pasar bien. La castaña no estaba tan segura. Bien era sabido por todo el mundo que Hermione no era una salvaje fiestera. Ella prefería sumergirse en un libro durante toda una noche antes que pasarla en una discoteca dónde olía a sudor, a alcohol y no dejaban de empujarte. Pero la pelirroja conocía muchas formas de persuadirla y al final, acabó aceptando. Lo único que le consolaba de ese día era que no se toparían con los chicos, ellos estarían en la despedida de Zacharias y es bien sabido que en esta última noche de soltería las chicas van por un lado y los chicos por otro.
Tan solo tendría que soportarlo en la boda. Se consolaba Hermione. Pero aún era pronto para descubrir lo equivocada que estaba.
Las chicas acababan de llegar a Las Vegas del Mundo Muggle e intentaban captar la atención de un taxista agitando sus manos. Tras varios intentos fallidos, consiguieron parar un taxi que muy amablemente, les llevó al hotel Bellagio.
Una vez identificadas en recepción, tomaron sus cosas y se dirigieron a la cuarta planta.
– ¿Cuál es nuestra habitación? – Preguntó Luna pegando pequeños saltitos de excitación en el ascensor. Era la primera vez que se montaba en uno.
– La 425 – Contestó Hermione mirando la tarjeta electrónica.
Bajaron del ascensor y se dirigieron por el pasillo de la derecha.
– Es esta – Señaló Hermione parándose frente a una gran puerta gris.
La castaña pasó la tarjeta por el identificador, apareciendo en el acto una luz verde y giró el pomo de la puerta.
– ¡Por Merlín!, pero ¿dónde nos hemos metido? – Aulló horrorizada.
Ginny y Luna estaban justo detrás de Hermione sin ver nada, ya que la castaña estaba bloqueando la entrada.
– ¡Déjanos ver! – Pidió Ginny tirando de su maleta.
– Peor para vosotras – Comentó apartándose de la puerta – Esto lo ha decorado un psicópata en plena crisis de ansiedad – masculló.
– Esto es el Boñiga Palas – Masculló Ginny cuando consiguió entrar, Luna asintió en apoyo.
La habitación era espaciosa, no podían negarlo, pero tenía el decorado de un hospital psiquiátrico y tétrico de bajo presupuesto. Aunque claro, teniendo en cuenta que estaban en Las Vegas, no parecía tan raro este tipo de excentricidades.
Ginny dejó caer su maleta sobre una de las camas y se sentó en el sofá, justo sobre éste había un enorme espejo.
– ¿Cuantas escenas pornos creéis que se han dado en este sofá? – Preguntó hundiéndose en él.
– Preferiría no saberlo – Agregó Hermione dirigiéndose a la otra cama libre seguida de Luna, ellas dormirían juntas.
Las chicas habían decidido coger una habitación para dos, ya que esa era la única noche que Luna dormiría con ellas. La rubia les comentó – con algo de temor, ya que pensaba que se enfadarían con ella – que Nott había reservado una habitación para ellos dos para el día de la boda. Ginny y Hermione sospechaban que esa noche Nott intentaría dar el gran paso en su relación aunque Luna parecía no enterarse de nada. Como sabían que no iría preparada, la castaña y la pelirroja habían escondido en la maleta de la rubia un conjunto de lencería muy sexy que volvería loco a Nott, solo esperaban que Luna cogiera la indirecta cuando lo viera. Aunque claro, tratándose de Luna… nunca se sabe.
Lo importante era que aquella noche les pertenecía ellas, noche exclusivamente de chicas.
– Bien – Dijo la pelirroja poniéndose en pie de un salto – Tenemos unas tres horas más o menos antes de que nos encontremos con Emily y sus amigas. ¡Vamos a prepararnos para la fiesta! – Vociferó como si estuviera en un partido de Quidditch.
Las chicas se fueron duchando por turnos y una vez que estuvieron las tres arropadas por sus albornoces, se reunieron en torno a la cama de Ginny.
– ¿Qué habéis traído? – Preguntó la pelirroja sacando ropa de su maleta.
Hermione torció el gesto con disgusto.
– No mucho. Digamos que mi armario está infectado de calorías y no había mucho dónde escoger – Respondió sacando un vestido azul muy desgastado.
– No culpes a las calorías. Ambas sabemos que si esa ropa no te queda bien es por que llevas años luz sin salir o en su defecto, renovar tu armario para estas ocasiones y ahora, pretendes que un vestido viejo y de dos tallas menos que estrenaste cuando aún ibas a Hogwarts, te quede bien – Argumentó la pelirroja con una crueldad aplastante.
Hermione debía reconocer que era verdad. Siempre prefirió gastarse el dinero en un buen libro antes que en un conjunto para salir de fiesta. Ella tenía sus prioridades. Muy válidas, por cierto.
– ¿Qué clase de ser muggle son las calorías? – Preguntó Luna curiosa.
– Son pequeñas hijas de putas que se meten en tu armario por la noche y te encogen la ropa – Explicó la castaña.
– Oh, ya entiendo. Son como los pumpikers – Luna estaba fascinada.
Hermione y Ginny rodaron los ojos, la forma de pensar de Luna aún les impresionaba.
– Sí, algo así – Confirmó la castaña.
La pelirroja siguió rebuscando en su maleta y puso sobre la cama una falda verde botella y una blusa negra.
– Por suerte. Yo sabía que no traerías nada adecuado – Sonrió en dirección a Hermione – esto es lo que te pondrás esta noche.
Hermione tomó la falda y la miró con ojo crítico. Era bonita, debía reconocerlo.
Las chicas se vistieron en silencio, Ginny llevaba un pantalón negro y una camisa de tirantes a juego con su pelo y Luna un bonito vestido blanco. Cuando la castaña terminó de vestirse se admiró en el espejo del cuarto de baño y se contuvo de bufar. Sus piernas se veían increíblemente largas pero claro, todo era el efecto óptico de los tacones y la falda extremadamente corta.
– ¿Porque no me has buscado una falda más corta para que se me vea el cuello de útero? – Preguntó sarcástica mientras intentaba alargar inútilmente con sus manos la falda –¡Parezco una mujer de la calle!.
– Cariño. Lo que me acojona es que aunque te pongas un puto bikini seguirías pareciendo la puñetera Madre Teresa del Mundo Muggle - Ironizó Ginny. Hermione le miró mal – Relájate. Haces que todo rastro de sensualidad se esfume con esa hostilidad.
– Esta ropa es denigrante – Masculló Hermione.
– No te tomes la vida tan en serio. ¡No saldremos con vida de ella!.
– Me conformo con salir con la dignidad intacta – Contestó.
– ¿Quién es la Madre teresa del Mundo Muggle?. ¿También es un pumpikers? – Curioseó la rubia.
– ¡Cállate Luna! – Gritaron las dos a la vez.
Tras una cena con la futura novia y sus amigas muggles y dos copas en un concurrido local, la pelirroja supo que ya habían tenido suficiente. Aquello era totalmente un muermo. Incluso para Hermione.
– ¿Dónde mierda está la diversión? – Siseó a sus amigas.
Hermione se encogió de hombros. Tuvo que reconocer que Emily era una repelente y aquello parecía más una sesión de psicología barata que una despedida de soltera. Todas sus amigas estaban consternadas con que mañana fuera la boda y Emily no dejaba de llorar por la emoción. La castaña nunca soportó el melodrama y tras dos copas, incluso barajó la posibilidad de fingir su propia muerte para que la sacaran de allí o coger un coma etílico, eso también valdría. Luna en cambio estaba encantada, nunca había tenido tantas amigas como ella las llamó tras cruzar dos palabras y mucho menos amigas muggles, absorbía como una esponja todas las palabras de consuelo y batallitas que iban contando las amigas de Emily.
– Yo ya he tenido suficiente. Como no salga de aquí pronto voy ahorcarme con el asa de mi bolso en los baños – Anunció Hermione levantando su tercera copa y bebiéndosela de un tirón – Me vuelvo al hotel.
Se despidió alegando estar cansada de Emily y le aseguró que se verían mañana en la boda. Extrañamente, Ginny no rechistó e imitó a Hermione. Luna hizo una mueca de disgusto, pero al final prefirió irse con ellas.
Una vez en la calle se formó una acalorada discusión. Hermione quería irse al hotel pero Ginny tenía otros planes.
– Vamos, Hermione. Esto ha sido una pérdida de tiempo. Esta noche debía ser genial, con mayúsculas. ¡Pero las muggles no saben divertirse!. ¿Dónde mierda estaban esos chicos los que llaman streppers?. ¿Y el alcohol en grandes cantidades? – La indignación de Ginny era palpable - ¡Tengamos nuestra propia despedida de soltera!
– Has olvidado el pequeño detalle de que ninguna de nosotras está comprometida – Argumentó la castaña comenzando a ceder.
– ¡Eso no tiene por qué saberlo nadie! Mentimos, y que nos traigan streppers y alcohol gratis para celebrar – Una espléndida sonrisa surco el rostro sonrojado de Ginny por el alcohol en sangre. No estaba borracha, pero era obvia que las copas que se había tomado la habían dejado chispeante.
– No me gusta que mientas, Ginny – Dijo Luna en desacuerdo.
– Va a ser una verdad a medias, Luna. Algún día estaremos todas casadas. Toma esta noche como una despedía de soltera adelantada. He visto a los torposoplos levantarnos los dedos con aprobación, ¡no puedes negarte! – Intentó convencerla Ginny .
– ¡Los torposoplos no tienen dedos!. Tienes que estar confundiéndolos con los bullebys – Dijo pensativa Luna. Ginny y Hermione la miraron como si tuviera tres cabezas – Está bien. Acepto ir.
La pelirroja suspiró agradecida. Ya solo quedaba convencer al eslabón más fuerte y presentía que la presión de grupo la haría caer rápidamente.
– Mione. Solo por esta noche, va a ser genial. ¡Hace años que no salimos juntas! – Suplicó haciendo un mohín.
Hermione resopló.
– ¡Está bien! – Se rindió rápidamente y sonrió mientras veía el bailecito de la victoria de Ginny y Luna.
– ¡Vamos chicas, Las Vegas nos espera!
Tras haber probado suerte en varios locales – dónde cabe resaltar que lo pasaron de escándalo – se decidieron por entrar en una discoteca con show en directos.
– ¡Streppers! – Gritó con júbilo Hermione. Todas las personas que guardaban cola junto a las chicas vitorearon con entusiasmo. Sí, puede que las tres amigas fueran a esas alturas algo más que simplemente contentas.
Las chicas siguieron festejando mientras esperaban su turno y cuando llegó, las tres miraron boquiabiertas a un hombre enorme, casi parecía un gigante no tenía nada que envidarle a Hagrid. Aunque a decir verdad, este era bastante más guapo y fuerte.
– Un gusto grandote.¿ Qué te daba tu madre de comer?. ¿Esteroides? – Preguntó la castaña achispada. Él no parecía contento, se limitó a mirarla fijamente y Hermione se arrepintió de haber abierto la boca.
Pero tras tantas copas su lengua tenía vida propia. Ginny en cambio, estaba fascinada. Se puso junto a él y tan solo le llegaba a la cadera. No pudo contener sus manos curiosas y comenzó a tocarle los brazos.
– ¿Los esteroides también son pumpikers? – Curioseó la Luna examinando al hombre.
– ¡No empieces Luna! – Le regañó Ginny – ¡Olvídate de eso!, ven a tocar esto, ¡el brazo de este tío es del tamaño de mi abdomen! – Luna no dudó en comprobarlo. En aquel momento no estábamos para saber que le parecería aquello a cierto ojiazul.
– Podéis pasar – Nos dijo con mirada hosca el portero indicándonos con su mano la puerta, parecía imperturbable a pesar de nuestro escrutinio. Hermione estaba convencida de que si le agarrara entre sus manos podía aplastarla como a una pequeña lata de coca-cola.
– ¿Sin pagar? – Preguntó Luna con los ojos aún más desorbitados de lo normal a causa del alcohol, mientras caminábamos a trompicones al interior del local.
– Si en una discoteca las mujeres no pagamos no es un chollo amiga mía, es que nos usan de reclamo – Canturreó Hermione abrazando por los hombros a Luna.
– Lo siento por desilusionarte, Mione. Pero todos los hombres que van a tener que pagar para entrar no lo van hacer para verte a ti. A no ser, que vayas a deleitarnos moviendo las caderas en el escenario, claro – Dijo Ginny entre risas.
Entre risas consiguieron introducirse en el oscuro local y sentarse en una de las mesas más céntricas, desde dónde tenía una vista perfecta del escenario. En ese momento sonaba 'Lady Marmalade de Christina Aguilera, Lil' Kim, Mya y Pink' y unas bailarinas se contoneaban al son de la música.
Un guapo camarero se acercó a ellas.
– Buenas noches, chicas – Las chicas correspondieron al saludo con sonrisas – ¿Qué van a tomar?
– ¡Estamos de despedida de soltera! – Dijo Ginny abarcando con sus brazos a sus amigas.
– Oh, eso es genial. Las primeras copas irán por cuenta de la casa – Aseguró el chico contagiado por su euforia.
– Tres Gin-tonic serán – Pidió Ginny más fuerte de lo normal haciendo sonreír al chico – Bueno, que sean mejor seis. Así te ahorras otro paseo – dijo risueña – ¿Cuándo bailaran los chicos? –Preguntó ansiosa.
La vena lasciva de Ginny debía ser saciada.
– Van por turnos, tenemos clientela muy diversa, hay que contentarlos a todos - Contesto sin borrar la sonrisa – ¿De dónde sois? – Peguntó mirando en especial a la castaña.
– Inglaterra – Respondió con dificultad. Tenía la boca seca, necesitaba beber algo.
– ¡No me digas!. Yo soy de Irlanda, somos casi familia – Respondió guiñándole un ojo.
– Sí, me suena tu cara –Dijo sonriendo coqueta. El alcohol hacía estragos.
El chico se marchó a por el pedido y las chicas aprovecharon para hacer un barrido con la mirada por todo el local. Hermione supo el momento en exacto en el que lo vio – no porque su corazón martilleara con violencia en su pecho alocadamente. Eso era provocado por el alcohol probablemente o eso quería pensar– sino porque, a pesar de la oscuridad del local, el cuerpo esbelto del joven vestido por un traje oscuro y esa cabellera rubia platino era tan fácil de recordar para la castaña como su propio nombre– el hecho de que Malfoy pareciera una farola en todo aquella penumbra también podría servir como excusa – .
– ¡Chicas, chicas! – Llamó a sus amigas moviendo con fuerza las manos frente a ellas para captar su atención – ¡Los chicos están aquí!. ¡Qué hacemos! – Dijo entrando en pánico.
Luna y Ginny miraron en la dirección que indicaba Hermione y vieron a tres personajes muy diferentes. Zabini estaba vitoreando con entusiasmo a las bailarinas, Malfoy sonreía más de la cuenta – probablemente también llevaba copas de más – mientras conversaba y reía con Nott señalando a un Zabini descontrolado. En una palabra, los chicos estaban en éxtasis.
– Pero que… ¡cómo se atreve a mirar a otra! – Siseó una muy cabreada y probablemente, borracha Ginny.
– Aquí están sus copas, chicas – El chico de antes colocó las copas sobre la mesa y se marchó.
Ginny cogió una de las copas y se puso en pie con rapidez. Hermione no sabía que pasó exactamente, pero en menos de dos segundos estaba frente a los chicos arrastrada por Ginny.
La pelirroja cogió, a un muy excitado Zabini, por el cuello de la camisa para que le mirara y acto seguido, volcó sobre su rostro todo el contenido de su gin-tonic. Zabini se limpió la cara desconcertado con la manga de su camisa y cuando vio quien había sido la culpable, sonrió como un niño pequeño el día de navidad.
– ¡Pequeña Weasley!, ¿pero, qué me has tirado?. – Olisqueó su camisa y miró horrorizado a Ginny – ¿Es gin-tonic? . ¡Soy alérgico a los limones!
– ¿Y a la lactosa?. Porque te voy a dar una leche – Masculló la pelirroja zarandeándolo por las solapas de la camisa – ¿Qué haces mirando a esas rameras?. Además, ¡quién coño es alérgico a los limones!
– Pero bebé. Sabes que tú eres la única – Sonrió dulcemente el moreno tomando el rostro de la pelirroja – Solo estábamos divirtiéndonos un rato. La despedida de Zacharias terminó pronto y nosotros queríamos seguir un poco más. Solo eso. Juramento de Slytherin – Dijo guiñándole un ojo.
– No vuelvas a llamarme bebé, estúpido. Y de una serpiente lasciva como tú no me creo nada – Ladró Ginny – Te voy a tener que dar una lección.
Sin previo aviso, Ginny tiró de las solapas de la camisa del chico chocando sus labios con violencia y se enzarzaron en un beso salvaje. Hermione desvió la mirada, esto era más de lo que quería ver.
Malfoy amplió su sonrisa en cuando la castaña le miró y aún más, al darse cuenta de que claramente había bebido un poco.
– Así que, ¿y vuestra despedida? – Preguntó buscando con la mirada a la prometida de Zacharias.
Hermione tragó en seco sin apartar los ojos de su mirada grisácea como el cielo tormentoso. No se había permitido pensar en él en toda la noche, pero ahora que lo tenía de frente sentía unas ganas irrefrenables de hundir los dedos en su cabellera rubia y sentarse a horcajadas sobre él. Y que pasara lo que tuviera que pasara.
Maldito alcohol, tenía la cabeza embotada. Obviamente no pensaba con claridad. Se recriminó Hermione sacudiendo la cabeza y mareándose en el momento, lo que provocó que estuviera a punto de caer al suelo si no fuera porque unas grandes y fuertes manos la tomaron por la cintura y la ayudaron a llegar a una silla.
– Está bien, Granger. Creo que es hora de que te sientes – Respondió riendo con su cara demasiado cerca del rostro de Hermione – Esa falda que llevas es demasiado corta y vas a dar un espectáculo como te caigas, pero luces fantástica – Sonrió seductor y la castaña absorbió como una droga la mezcla de su habitual olor mentolado con el del whisky que desprendieron sus labios.
Tú sí que estás fantástico. El cerebro de Hermione le traicionaba.
Respiraba con dificultad. La castaña se relamió los labios con deseo mirando los labios finos y sensuales de Malfoy. Se obligó apartar la mirada y buscar a Luna, tenía que escapar de allí, pero la traidora de su amiga estaba acurrucada en el regazo de su novio besuqueándose con él.
Mierda.
– ¡Qué no!, que ya no quiero más – Regañaba Ginny apartando los brazos de pulpo de Zabini de su cuerpo.
Consiguió zafarse y se fue con paso decidido en busca de la castaña. Fue entonces cuando Hermione vio el cielo abierto y se puso en pie de un salto.
– Yo ya he hecho aquí lo que tenía que hacer. Vámonos a nuestra mesa, ¡hemos dejado las bebidas solas! – Ginny agarró la mano de su amiga y tiró de ella.
Pero no llegaron muy lejos.
Una mano agarró fuertemente la muñeca de Hermione, la chica ya estaba preparando en su cabeza una retahíla de insultos para el rubio por su brusquedad cuando al girarse se topó con un chico de ojos azules.
– Hola preciosa, me llamo Steven – Sonrió poniendo una pose ridícula que el pensaría que sería sexy – y tengo un pedazo de nabo que no me lo merezco – Soltó a bocajarro.
Hermione no sabía con qué tipo de mujeres se relacionaba ese ser, pero ella estaba espantada y Ginny se partía de la risa a su lado.
– Ella ya tiene un nabo que la caliente – Siseó una voz muy conocida apartando con violencia la mano del chico – Ahora, lárgate antes de que te corte ese nabo del que tanto alardeas – Amenazó profundamente serio.
Sin darle tiempo a contestar, cogió a la castaña por la cintura y la llevó de vuelta a la mesa.
La chica tenía la cabeza demasiado embotada para entender estas discusiones ridículas de hombres marcando territorio. Pero no sabía aún como sentirse sobre que Malfoy quisiera enterrar su nabo en ella.
– ¿Por qué discuten Malfoy y ese chico sobre hortalizas? – Preguntó Luna llegando hasta las chicas.
– A veces olvido lo inocente que puedes llegar a ser Luna – Ginny rodó los ojos con exasperación.
Tras varias discusiones de a favor o en contra de que todos se sentaran juntos en una mesa – Luna las traicionó poniéndose de parte de los chicos – tomaron asiento y pidieron más alcohol.
Malfoy no apartaba la mirada de Hermione, estaba embrujado con la belleza de la chica y un poco tomado, para que negar lo evidente. La castaña en cambio sentía que cada vez era mayor el deseo por tocarle y saciar todo ese fuego que había en su cuerpo, quemándole lentamente desde hacía tres semanas escasas. Y además, la gran ingesta de alcohol solo estaba acelerando lo inevitable, caer en los brazos de Draco Malfoy.
Hermione desvió la mirada de la plateada del rubio y fingió estar muy interesada en el espectáculo que estaban dando unos chicos en el escenario, además de seguir bebiendo de su copa haciendo caso omiso a su parte razonable que le estaba advirtiendo de que ya era suficiente alcohol por esa noche.
Luna y Nott seguían inmersos en su propia burbuja de amor impenetrable y Ginny y Zabini enzarzados en un tira y afloja.
– Vuelve a besarme, pequeña Weasley – Suplicaba Zabini.
– ¡Qué te he dicho que no!. No quiero que te acostumbres – Chilló sobre la música para hacerse oír.
– ¿Me estás rechazando por ser negro? – Preguntó herido Zabini.
– Nueve de cada diez tíos que me tiro son negros, estúpido – Contestó divertida.
– No sé si eso me consuela – Respondió lacónico el moreno.
– Tú preguntaste – Sentenció la pelirroja airada.
A Ginny se le acababa de ocurrir una idea y sonriendo ampliamente llamó con una mano al camarero de antes.
– ¿A quién tengo que camelarme para pasar de aquí a allí? – Dijo señalando el escenario.
– Ve a la barra y pregunta por Caroline, ella es tu chico – Sonrió divertido.
– Ahora vengo – Comunicó al grupo poniéndose en pie.
– ¡No me dejes sola! – La voz de Hermione sonó ansiosa – Estoy a punto de hacer una locura – Susurró para que solo su amiga le escuchara.
– Claro que lo estás – Dijo guiñándole un ojo y Hermione le miró sin entender. – Vuelvo enseguida – Prometió.
Y por una vez Ginny no mintió. En menos que canta un gallo, estaba de vuelta y charlaba animadamente con Hermione, obviando a un Zabini berrinchudo.
De un momento a otro la música se cortó y una voz en off se escuchó por toda la sala.
– ¡Buenas noches ladies and gentlemen! – Todo el mundo vitoreó con fuerza – Me ha dicho un pajarito que hoy tenemos entre nosotros a una futura novia en su despedida de soltera – Una luz cegadora se posó sobre Hermione provocando que cerrara los ojos con fuerza – Hermione Granger, me han dicho que vas a casarte con el prometedor Doctor Malfoy y que hace maravillas con su pene mágico, ¡chica lista!, ¿Serías tan amable de subir al escenario?. ¡Mis chicos están deseosos de festejar contigo!.
Acto seguido comenzó a sonar la canción 'Doctor Long John – Burlesque' tres chicos aparecieron en bóxer con tan solo batas de doctores y la señalaban a ella sonrientes.
I got a dentist who's over seven feet tall. I have a dentist, baby the man is over seven feet tall. His name is Doctor Long John and he answers every call.
Hermione tenía sus ojos desmesurados tras escuchar las primeras palabras de la canción.
Esto era una pesadilla.
– ¿Pero no quedamos en llamarlo Sanador Draco Malfoy? – Preguntó inocentemente Luna haciendo enrojecer a la castaña, que evitó a toda costa mirar al rubio que le quemaba con sus ojos mercurio en la sien.
– Para los muggle los medimagos se llaman doctores – Aclaró Ginny riendo.
– ¿Tan impresionada quedaste que tus amigas saben de nuestro primer encuentro? – Susurró seductor Malfoy en su oído provocando un cosquilleó en su bajo vientre – Por cierto, felicitaciones. Tienes suerte de que mi pene mágico te cure todas las noches a partir de ahora – Dejó un húmedo beso sobre el cuello de la joven provocándole un gemido involuntario.
Se apartó con violencia del rubio, cogió su copa con ímpetu y la bebió de un trago.
– Toma con calma Hermione y aprovecha, es la última vez que te tocara un hombre que no sea yo – Sonrió con prepotencia Malfoy.
Hermione estaba lívida. Su nombre en labios del rubio era como tener un orgasmo.
– ¡Felicidades, Hermione!, esta boda va a ser genial – Gritó con emoción contenida Luna abrazando con fuerza a un muy divertido Nott.
Obvió el comentario de Luna y se giró hacia Ginny y Zabini que estaban a su lado muriendo de risa.
– Ginevra, ¿qué es lo que hiciste? – Sin detener su risa, Ginny señaló a dos muggles que se acercaban a la mesa.
Antes de que tuviera tiempo de respirar, Hermione fue llevada al escenario por uno de los chicos que la sentó con delicadeza sobre una tumbona reclinable como la que había en los dentistas. La castaña sentía su cabeza dar vueltas y ya no sabía si era por el alcohol o no.
Los tres streppers rodeador a la castaña y comenzaron a moverse al son de la melodía y a tocar con sensualidad los brazos, piernas y rostro de la joven. Hermione miró de soslayo a Malfoy. El rubio mantenía la mirada acerada y ardiente sobre ella.
Uno de los chicos la incorporó sobre la silla con delicadeza provocando que rompiera el contacto con el rubio y dirigiendo las manos de Hermione sobre su cuerpo le hizo acariciar el abdomen bien definido y las piernas prietas y bañadas en aceite hasta pasar muy cerca de su ingle. Hermione se mordió el labio como acto reflejo y volvió a mirar al rubio.
Malfoy sonrió con arrogancia.
Él sabía que estaba pensando en él, sabía que estaba imaginando que a quién tocaba era a él y eso le hacía sentirse poderoso y excitado.
Hermione estaba avergonzada y excitada en la misma medida. Alzó sus manos para cubrir su rostro pero el más alto de los chicos se acercó a ella bailando y moviendo las caderas incitándole a que le tocara como había hecho con su compañero. Solo tocó un poco.
Los vítores de sus amigas desde la mesa eran inconfundibles.
La melodía y el baile continuaron y cuando la letra de la canción hizo mención a la necesidad de pagar por los servicios prestados, Ginny estuvo encantada de pagar. Se acercó al escenario y metió varios billetes en los calzoncillos de uno de los chicos, el joven le sonrió y extiró una mano invitándola a subir al escenario. Lo hubiera hecho si Zabini no hubiese aparecido hecho una furia y se la llevó en brazos. Parece ser que a él tampoco le gustaba que Ginny mirara a otros.
Malfoy miraba con deseo contenido a la castaña y Hermione presentía que si todo aquello no acababa pronto esa noche iban acabar jugando a los medimagos.
La canción terminó con el contoneo de las caderas de los chicos una y otra vez frente al rostro de Hermione, que no podía estar más enrojecida por la vergüenza.
– Un fuerte aplauso para la futura mujer del Doctor Malfoy, ¡Ha aguantado como una verdadera campeona! – Vociferó la voz en off.
Hermione se puso en pie con ayuda de los tres chicos que la llevaron en volandas de vuelta a su mesa, dónde todos la esperaban entre chiflidos, aplausos y gritos.
– ¡Voy a matarte, Ginny! – La castaña no se atrevía a mirar al rubio aunque sentía la mirada insistente de él sobre ella.
– Ha sido jodidamente genial, Mione – Reía como una histérica Ginny bajo el amparo del brazo de Zabini, que le secundaba en sus risas.
– Reconozco que ha sido divertido – Dijo Luna sonriendo en su dirección.
– Yo creo que necesito otra copa para olvidar esta noche – Razonó Hermione cogiendo su sexta copa, ¿ o era la séptima? .
El alcohol había hecho estragos en su cabeza. Bien, era precisamente lo que quería, olvidar.
– Me has puesto muy caliente, Señora Malfoy – Dijo el rubio colocando su elegante mano sobre el muslo de Hermione.
Automáticamente se le erizó todo el bello de los brazos y el chico redirigió sus caricias lentamente en dirección a la ingle de la Hermione.
La castaña jadeó excitada por su atrevimiento.
– Que alguien llame a los bomberos, esto está que arde – Susurró en falso tono confidente Ginny.
Hermione comenzó a hiperventilar cuando la mano de Malfoy cogió delicadamente su rostro y lo giró hacia el suyo. Sus miradas se cruzaron en un choque de pasión contenida. La castaña relamió sus labios con anticipación. El rubio sin dejar de mirarla se fue acercando lentamente. Ella notaba el sudor perlando su frente. Al fin, los sensuales labios del chico rozaron los carnosos de ella.
Un simple roce.
No dio tiempo a más.
Sintió una arcada.
Hermione se apartó con rapidez del joven rubio para dejar caer su cabeza entre las piernas y vomitar. Después, todo se volvió negro.
Continuará…
¿Disfrutaron?
Escriban un hermoso review que me alegre el día! ;)
Eishel Panakos.
