Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo siete:
Kiss me
"Dios mándame al amor de mi vida. No me dejes escoger a mi porque siempre la cago"
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Oh, por las barbas de Merlín.
La castaña cubrió sus ojos con el brazo derecho para evitar los rayos de sol que se filtraban por la tenue abertura de las cortinas. La cabeza iba a explotarle.
Se sentía como si le hubieran estado golpeando la cabeza con una sartén por horas.
Sintió un débil movimiento a su derecha, pero antes de que pudiera reaccionar – sus reflejos habían disminuido considerablemente por la cantidad de alcohol en sangre que contenían sus venas – alguien estampó una almohada en su cara provocando que siseara de dolor.
– Despierta de una puta vez. La boda comienza en unas horas – Se escuchó una voz ronca que identificó como la de Ginny.
– Eres una puñetera salvaje – La voz de la joven sonó incluso más ronca que la de Ginny.
Necesitó agua, tengo la garganta tan seca como un desierto.
A la castaña la cabeza le daba vueltas y tenía ganas de vomitar. Abrió los ojos con esfuerzo y vislumbró a la pelirroja frente a su cama. Recién duchada, enfundada en su colorido pijama y perfecta.
– ¿Qué coño pasa contigo?, ¿eres inmortal?. A mí la resaca me está matando y tu pareces haber pasado las últimas horas en una termas – La castaña notó un movimiento a su lado y vio como Luna se despertaba por los gritos y se frotaba los ojos intentando eliminar el sueño.
Su aspecto era poco alentador. Llevaba la ropa del día anterior toda removida, el pelo desaliñado y aplastado además, tenía la cara demacrada por la juerga pronunciando en mayor medida sus enormes ojos azules, dándole un aspecto de sapo trastornado.
Y Hermione presentía que su aspecto no sería mucho mejor.
Definitivamente los tragos de la noche anterior habían hecho estragos. Excepto en Ginny, por supuesto.
– Son mis genes escoceses, el alcohol no me hace ni cosquillas – Presumió la pelirroja.
Se creé que por ser pelirroja ya desciende de los vikingos. Maldita.
– Tienes el tacto de un cirujano con manoplas – Siseó Hermione frotándose el lugar exacto donde le había golpeado con la almohada.
– ¿Qué es un cirujano? – Preguntó Luna con una vocecilla infantil.
A unos el alcohol les ponía voz de camionero y a otros los bendecía con una voz angelical. Hermione maldijo su suerte carraspeando antes de volver hablar para aligerar su ronca voz.
– Es como un medimago – Aclaró.
La castaña se levantó de la cama – no sin esfuerzo – y se encerró en el cuarto de baño para darse una rápida ducha ignorando a sus amigas, que siguieron parloteando en la cama.
Evitó en todo momento mirar al espejo, con saber que estaría horrible tenía más que suficiente. Mientras se envolvía en su albornoz vislumbró un intenso moratón de un color verdoso en su cadera y unos arañazos en su brazo izquierdo.
Hermione ató con rapidez el cinturón y salió del baño.
– Vale. Necesito que hagamos recuento de daños. Del uno al diez ¿cuál es la probabilidad de que quiera suicidarme si recuerdo lo que pasó anoche? – Soltó a bocajarro Hermione mientras aceptaba la poción para quitar el dolor de cabeza que le ofrecía la pelirroja.
– Diez – Respondieron a la vez las chicas. La castaña por poco se atraganta con la poción.
– Gracias. ¿Voy deshaciendo el nudo de mi albornoz para ahorcarme con él en la ducha? – Ser irónica era lo único que le quedaba a la castaña si todo estaba tan mal como para que le dieran un puñetero diez. Lo más probable es que hubiese hecho algo ebria que sobria le habría avergonzado mucho.
– Bueno, no todo fue malo. Sólo el final – El intento de Luna por darle ánimos fue pésimo.
Lo que cuenta es la intención. Pensó Hermione.
– ¿Ese final tiene algo que ver con el moratón enorme que tengo en la cadera y los arañazos en el brazo? – Preguntó nerviosa.
– Puede ser – Respondió con parquedad la rubia.
Hermione resopló, cada vez sintiéndose más angustiada.
– Malfoy – Dijo como si de repente hubiese caído en algo y la sangre se le heló en las venas – ¿Malfoy estaba presente cuando me avergoncé a mí misma? – La castaña miró con espanto a sus amigas temiendo acertar en sus sospechas.
– Voy a darme una ducha. Los torposoplos no soportan el olor alcohol – Luna se escabulló en cuanto tuvo oportunidad. Chica lista.
Hermione dirigió su mirada desequilibrada a Ginny. La pelirroja estaba intentando aguantar la risa pero falló estrepitosamente.
– ¿Ginny? – La llamó desesperada – Responde – Ordenó.
– Intenta hacer memoria – La apremió.
Hermione se sentó en el mullido sofá y se frotó las sienes intentando recordar.
– Recuerdo que la fiesta de despedida acabo temprano y que nosotras decidimos seguir con la fiesta. Estuvimos en varios locales bebiendo y luego… luego acabamos en la cola de una local de streppers…. – Susurró como ida.
Como si de una secuencia de una película se tratase, Hermione comenzó a ver pasar con rapidez por sus ojos imágenes desordenadas de la noche anterior. Ginny convenciéndola de seguir de fiesta. Ella empinando el codo. La silueta de una farola en medio del oscuro local. Luna preguntando el por qué los chicos discutían sobre hortalizas. Ginny besando a Blaise. Ella volviendo a empinar el codo. La sonrisa maliciosa de Ginny. La sonrisa cachonda de Malfoy. Luna felicitándole por su boda. Ella en el escenario presionada por tres culos prietos y la mirada intensa de él.
Hermione ahogó un gemido de horror llevándose las manos a la cabeza con desesperación. Recordar todo lo que había hecho la noche anterior no le hizo sentir mejor.
– Dime que no me he casado con nadie – Pidió.
– No te has casado con nadie. Pero digamos que tuviste una despedida de soltera – Añadió Ginny con diversión dejándose caer también en el sofá – Eres la prometida del prometedor Doctor Malfoy para el Mundo Muggle, aunque entre nosotras, es mucho más erótico Sanador Malfoy – Dijo guiñándole un ojo.
La castaña ahogó un grito de agonía al recordar todo con mayor nitidez.
– ¡Voy a matarte Ginevra!, juro que lo haré aunque sea lo último que haga en mi miserable vida. ¿¡Cómo pudiste humillarme así!? – Gritó encolerizada agarrándose los pelos con desesperación.
– Sabes que te quiero y me preocupo por ti. Eso sí, a mi manera. Sé que te mueres por los huesos de Malfoy por mucho que te reprimas y aprovechando que el rubito estaba achispado y receptivo y que tú habías bebido un poco, quise darte un empujoncito. Ya sabes lo que pienso. Si la vida te da limones, deberías hacer limonada. Y tratar de encontrar alguien a quien la vida le da vodka y hacer una fiesta – Hermione la miraba sin entender sus desvaríos alocados y filosóficos – Ya sabes, tú eres el limón y Malfoy el vodka. Una combinación perfecta y explosiva – Respondió la pelirroja suavemente observando inquieta el tic nervioso que había adquirido el ojo derecho de Hermione. Parecía un hombre lobo desquiciado a punto de saltarle a la yugular. Así que decidió desviar el tema de su persona. Había sido una valiente Gryffindor pero valoraba su pellejo – Además, eso no fue lo peor de la noche. Te humillaste más tarde tu solita – Dijo haciendo hincapié es sus últimas palabras.
– Ilumíname – Apremió Hermione.
– Vomitaste en los zapatos de Malfoy – Soltó a bocajarro.
La castaña sintió su corazón bombear con fuerza. Imágenes de Malfoy acudieron a su cabeza. Sus labios a un palmo de los suyos. Su mano grande y de largos y hábiles dedos rozando el interior de su muslo. El olor a excitación. Roce de labios. Y de repente, sudor, mirada borrosa, vómito y….todo se volvió negro.
– No puede ser – Se repetía Hermione una y otra vez mientras cubría avergonzada su rostro con las manos. Quería morirse.
– Sí, sí puede ser. Él todo excitado y seductor te besa y tú, le vomitas encima. Fue digno de ver la cara que se le quedó al pobre – Aseguró Ginny admirando sus uñas con indiferencia.
Hermione se hundió aún más en el sofá. Quería fusionarse con él y desaparecer.
¿Cómo iba a enfrentarlo ahora? ¡En menos unas horas se verían en la puñetera boda!
– Algo más que deba saber –Masculló con pesar la joven.
– Luego de vomitarle en los pies a Malfoy – Le repitió Ginny como si fuera olvidarlo – Te desmayaste. Malfoy pudo agarrarte del brazo antes de que cayeras al suelo pero no pudo evitar que te golpearas la cadera con la mesa. De ahí tu moratón y los arañazos – Apuntó – Además, a pesar de tener sus zapatos llenos de vomito – La castaña rodeó los ojos con exasperación – fue tan caballeroso de cogerte al estilo nupcial y traerte al hotel.
Hermione suspiró varias veces ordenando sus recuerdos hasta tomar conciencia real de todo lo que había hecho.
– Nunca más volveré a beber. Ha sido la peor noche mi vida. Estoy abochornada – Dijo lacónica.
– Más noches como esta quiero yo en mi vida – Ginny sonrió mientras abrazaba amorosamente a Hermione – ¡Fue absolutamente genial!
La ceremonia fue bonita, sencilla y rápida.
Demasiado rápida si le preguntan a Hermione.
No podía parar de retorcer sus manos en el regazo. Estaba muy nerviosa. Las chicas estaban sentadas cada una a un lado de ella – les pidió expresamente que no dejaran, bajo ningún concepto, que Malfoy se sentara a su lado – Luna tenía a Nott sentado a su derecha y Ginny estaba junto a Zabini y Malfoy.
No se había permitido mirarle directamente a los ojos en ningún momento. Sentía sus mejillas enrojecer cada vez que notaba su mirada acerada sobre ella – porque sabía que no le despegaba los ojos de encima – pero era incapaz de mirarle a la cara. Estaba abochornada. Solo se permitió echarle un par de vistazos de reojo para regodearse con la exquisita visión de su atlético cuerpo envuelto en ese excitante traje de chaqueta negro.
¡Tienes que dejar de comértelo con la mirada!. Se recriminó.
Pero es que desde que los chicos llegaron a la pequeña capilla Hermione no había podido controlar su alocado corazón bombeando sangre contra su pecho – Ya no sabía si era por Malfoy o por el apretado vestido negro que vestía que no le dejaba respirar – había saludado escuetamente a los presentes y había aguantado alguna que otra broma de Zabini sobre lo ocurrido la fatídica noche anterior. Malfoy no intentó entablar conversación con ella – lo que le pareció extraño ya que en otros tiempos habría aprovechado para incordiarla sobre lo ocurrido – y Hermione agradeció que la ceremonia comenzara para así apartarse de él.
Todo esto era inútil. Sabía que en cuanto acabara la ceremonia y fueran al convite tendría que enfrentarlo. Y la maldita ceremonia ya había acabado.
Pasaron al salón dónde se celebraría la fiesta. Estaba todo muy bien organizado y eran recibidos por un metre que iba acomodando a los invitados. Cuando les tocó su turno les comunicó que cada una de las mesas era formada por tres parejas por lo que las chicas estaban muy contentas de poder compartir mesa con los ex-Slytherin.
– ¿No es genial, Hermione?. No tendremos que separarnos – La sonrisa radiante de Luna le sentó a la castaña como un golpe de una bludger en pleno estómago.
– Oh, sí. Estoy en éxtasis – Respondió con falsa emoción, aunque Luna no pareció percatarse.
Fueron dirigidos los seis por un camarero que los acomodó en una mesa junto a la pista de baile.
Genial, los seis juntitos.
– Voy a por algo de beber – Se excusó Hermione.
Necesitaba poder mirar al frente sin toparse con ese perturbador iris gris que sabía que analizaba todos sus movimientos.
– ¿No crees que aún es pronto para beber?. Recuerda como acabaste ayer, Granger – Bromeó Zabini.
Casi todos en la mesa secundaron con risas su broma. Hermione enrojeció hasta las orejas y se alejó de la mesa con paso digno y la cabeza bien alta.
No le dio tiempo ni a llegar a la barra a pedir cuando un camarero se le acercó ofreciéndole una copa de champán.
– Preferiría algo sin alcohol, gracias – Desechó la castaña con una sonrisa.
– ¿Y quitarle toda la diversión a la noche, Señora Malfoy? – Susurró seductora una voz, que ella conocía muy bien, a su espalda mandándole una descarga eléctrica a lo largo de la columna vertebral. Sólo él provocaba ese efecto en su cuerpo – Esta noche estás radiante enfundada en ese apetitoso vestido negro, realza tus voluptuosas curvas – Ronroneó.
Hermione sintió sus manos temblar y sus mejillas sonrojarse por el cumplido, Malfoy era todo un seductor.
Con toda la determinación de la que se vio capacitada, se giró sobre sí misma para enfrentar a su dulce tormento. Había una seguridad aplastante en su porte, una minúscula sonrisa ladeada marcaba su rostro y sus ojos de un color gris tormentoso la miraban con intensidad. Estaba sensacional con aquel traje y ese aire aristocrático que le caracterizaba.
Hermione sintió sus piernas flaquear.
¿Qué le estaba haciendo Malfoy?
El rubio ya sostenía dos copas de champán entre sus manos y le ofrecía una. Con cierta reticencia, la castaña la aceptó pero tan solo se limitó a jugar con ella entre sus dedos. Obvió los intentos de ligue de Malfoy y se enfocó en lo que llevaba evitando desde que se despertó aquel fatídico día.
– Malfoy, yo… bueno, creo que te debo una disculpa. Siento haber arruinado tus zapatos – Habló con valentía Hermione mirándole a los ojos, lo que tenía bastante mérito a su parecer.
Malfoy entrecerró los ojos en su dirección y con voz oscura contestó.
– ¿De verdad crees que me importan los zapatos?
– Bueno, ¡yo que sé!. No hagas esto más violento, llevo todo el día dándole vueltas a lo que pasó y en cómo enfrentarlo– Contestó la chica un tanto histérica.
El joven rubio volvió a mirarla fijamente pero esta vez con disgusto. A Hermione le recordó ese gesto a cuando aún estudiaban en Hogwarts, cuando él era un abusón y ella su víctima preferida.
Pero eso era pasado y era mejor dejarlo ahí. No podía lidiar con sus demonios en estos momentos.
– Debo reconocer que la reacción que tuviste cuando te besé no fue la que suelen tener las mujeres a las que beso– Apostilló Malfoy serio. Hermione sintió que algo se apretaba en su pecho al escuchar la mención a otras mujeres en la vida del rubio – Suelen excitarse hasta la locura con tan solo rozar mis labios y me suplican por más. Definitivamente, no me vomitan encima.
Hermione alzó la cara molesta. Él le devolvió el gesto divertido.
– Vaya. Perdona por no seguir el patrón de tus numerosas conquistas – Rebatió cortante la castaña – Puede que estés perdiendo sex appeal. A mí la única sensación que me hiciste sentir con tu numerito de seductor fueron arcadas.
Malfoy río con prepotencia.
– ¿A quién pretendes engañar, Granger? – Vaya ya no era la Señora Malfoy. Pensó Hermione – Estabas tan excitada y mojada por mi cercanía que ibas a sufrir un orgasmo por el simple roce de mis dedos.
Hermione notó sus mejillas enrojecer y sus bragas humedecerse por el recuerdo. Mierda.
– No eres tan impresionante, Malfoy.
– ¿Y la comadreja sí? – Preguntó hiriente Malfoy.
– Exacto. Él es mucho mejor que tú – Escupió molesta Hermione por la mención de Ron.
– Lo dices porque estás celosa. Pero si es tan especial, corre a sus brazos – Contraatacó el rubio devolviéndole la mirada molesta – Lo he visto pululando por ahí.
Sin previo aviso, la castaña derramó su copa sobre el pecho del rubio.
Malfoy soltó varios insultos en voz baja mientras abría su chaqueta y se sacudía la camisa blanca. Hermione sonrió satisfecha y miró burlona a los oscurecidos y serios ojos del chico.
– Eso haré. Un placer hablar contigo, Malfoy – Se despidió con una reverencia digna de una dama.
Hermione se alejó del joven rubio buscando a sus amigas, y cuando vio a Ginny coqueteando con el camarero de los canapés se aferró con violencia a su brazo y la arrastró hacia ella.
– ¿Pero qué te pasa? – Contestó de malas maneras Ginny frotando su brazo.
– Malfoy, eso me pasa.
Ginny bufó molesta.
– Necesitas tirártelo ya. Estás insoportable – Rugió.
Hermione gruñó y quiso cambiar de tema.
– ¿Cómo va tu noche?. ¿Te has topado con Harry o Ron? – Tanteó.
La mirada de la pelirroja se ensombreció un poco.
– Sí. Estuve hablando con Harry. Se ha disculpado por lo que pasó la última vez que nos vimos y quiere que volvamos a ser amigos – Comentó – Parece que al fin entendió que conmigo no funciona eso de te ignoro para que te enamores de mí. A mí me ignoras y te vas a la mierda – Respondió sonriente y Hermione vio esfumado su mal humor gracias a las ocurrencias de su amiga.
Las dos tomaron un canapé de una de las mesas y lo comieron en silencio. Cada una perdida en sus pensamientos, hasta que la pelirroja chasqueó la lengua antes de hablar.
– No puedo soportarlo más. Sí sigue sacándome de quicio no podré ser responsable de mis actos – Dijo con voz oscura.
– ¿De qué hablas? –Preguntó Hermione desconcertada.
– De Zabini – Aclaró – me lo voy a follar en cualquier momento si sigue así – Confesó sin vergüenza.
Hermione le miró con los ojos desorbitados.
– ¡Pero de que hablas!. ¿Qué ha pasado mientras hablaba con Malfoy? – Preguntó abrumada por las declaraciones.
– Lo siento por ser tan contundente, es solo que… cada vez que lo tengo de frente quiero ponerlo sobre la mesa del ponche y… - la castaña le cortó antes de que siguiera contándole sus sueños eróticos con Zabini.
– ¡Lo tengo! – Gritó Hermione – No necesito más información. Sin comentarios.
– Entiéndeme, llevo semanas sin sexo ¡mi vagina tiene depresión! y Zabini parece tan dispuesto a solventar este problema – Continuó Ginny ignorando las protestas de Hermione.
– Vale, vale, ¡está bien!. Capto el mensaje. En cualquier momento te revuelcas con Zabini. Sólo evita las zonas públicas, hay muchos niños en la boda, ¡y Merlín sabe que los dos sois unos pervertidos! – Bromeó Hermione haciendo reír a Ginny.
– Oh. Ahí se acerca Ron – La castaña siguió la mirada de la pelirroja y vio los pasos vacilantes de Ron acercándose a ellas.
Hermione no estaba segura de querer esta conversación. Era la temida conversación después de separarse tras la aventura de verano.
– Recuerda Hermione – Le susurró Ginny antes de desaparecer – El sexo con un ex puede ser deprimente. Si es bueno, sabes que ya no lo tienes, y si es malo, te das cuenta de que acabas de tener sexo con un ex.
Hermione se puso tan colorada por el comentario de su amiga que cuando llegó Ron a su altura el pobre pensaba que se había sonrojado por su presencia.
– Hola, Mione. ¿Cómo has estado?
Y así comenzó una conversación banal e incómoda sobre lo que habían estado haciendo estas semanas que llevaban sin verse. Se les había acabado el tema de conversación, estaban hablando sobre la última misión de Harry como auror cuando sin previo aviso Ron pronunció unas palabras que dejaron boquiabierta a Hermione.
– Te amo.
– ¿Qué? – Preguntó una desconcertada castaña.
– Te amo, Hermione – Repitió ahora con más fuerza el chico acercándose más a ella y sujetándola por los hombros.
– Estás confundido, Ronald. Tú no me amas. Me aprecias, me quieres como amiga. Pero no me amas – Intentó razonar la castaña.
– ¡No me digas lo que siento o no siento! – Respondió el chico poniéndose rojo.
– ¿Cómo sabes que es amor? – Preguntó con su tono característico de marisabidilla.
– Por qué pienso en ti y no puedo respirar –Susurró.
– ¡Eso es asma! – Sentenció la chica.
– ¡Qué te he dicho que no!, se lo que quiero y te quiero a ti Hermione – Contraatacó ahora más serio haciendo presión en sus hombros.
– Lo nuestro no funcionó Ron. Lo intentamos, pero somos muy diferentes – Intentó razonar la chica, notaba las gotas de sudor correr por su espalda del nerviosismo.
– Puedo ser el chico que tú necesitas, Hermione. Sé que puedo serlo – Suplicó mirándole fijamente.
El chico sonaba tan seguro que hizo a la castaña plantearse muchas cosas. ¿Podría funcionar?. Ron era un buen chico, la trataba bien y sabía que le quería. ¿Debería darle otra oportunidad?.
Hermione andaba perdida en sus cavilaciones cuando su mirada se dirigió sin ordenárselo hacia una cabellera rubia platino que la observaba en la lejanía. El chico le miraba muy serio. No le sostuvo la miraba mucho tiempo, apartó los ojos de la castaña y se fue en dirección a los baños.
Estúpida.
Hermione supo que estaba a punto de cometer un grave error. Ya lo habían intentado. Ron era un buen chico pero no era su chico. Las mariposas que en un principio había sentido por él se habían ido a mejores bosques.
– Lo siento, Ron – Dijo sonriéndole tristemente y se encaminó hacia dónde lo había hecho Malfoy escasos minutos atrás.
Llegó hasta la puerta de los baños pero no había ni rastro del rubio. Agarró con violencia a un camarero que pasó por su lado, le describió a Malfoy y le dijo si lo había visto.
– Ha venido una mujer a por él – Respondió contrariado el chico.
– Yo soy una mujer – Agregó de forma innecesaria y cabreada la joven. ¡Quería más detalles sobre esa mujer!
¿Con quién se habría ido el muy imbécil?.
– Ella era agradable y simpática – Se atrevió a decir el chico.
Hermione le miró con los ojos entrecerrados.
– Joder, igual que yo – Dijo iracunda. Debía dejar de usar el vocabulario de Ginny – ¿Por dónde se fueron? – Preguntó ahora más suave.
El chico señalo hacia la terraza y acto seguido se perdió entre la multitud.
Hermione se dirigió decidida a encontrar a Malfoy. El frío estival azotó su rostro con violencia y la castaña sintió un escalofrió por todo el cuerpo, allí afuera apenas había invitados.
¿Dónde estaría ese maldito engreído?
– Felicidades por tu reciente noviazgo con la comadreja.
Hermione se giró en dirección a la voz y encontró a Malfoy sentado en uno de los bancos de piedras más apartados de la terraza, casi no podía verle. La castaña caminó hasta él y se sentó a su lado.
– ¿Dónde está tu compañía femenina? – Preguntó recelosa.
El rubio sonrió divertido antes de responder.
– La besé y se fue corriendo a vomitar tras esos árboles – Contestó burlón. Hermione le miró mal y él resopló – La despaché. No me interesaba
Y por algún motivo inexplicable, Hermione le creyó.
– Ron y yo no vamos a volver. Ni ahora, ni nunca. – La castaña sentía que debía ser sincera con él.
Malfoy inclinó su cabeza hacía Hermione mirándola por primera vez desde que se había sentado junto a él. Algunos mechones de su platino cabello cayeron sobre sus ojos de ese gris tan atrayente que la volvía loca, dándole un toque muy seductor.
La castaña le devolvió la mirada con la misma intensidad y esbozó una pequeña sonrisa que fue correspondida por el rubio.
Se miraron sin pestañear por lo que parecieron horas cuando Malfoy, sin dejar de mirarla, envolvió la cintura de la chica con suavidad, recibiendo un chispazo, una electricidad que nunca había sentido. Sus manos quemaban en su piel.
– ¿Qué haces? – Susurró Hermione débilmente.
– No lo sé. Pero esos gruesos labios tan sensuales que tienes se ven apetitosos pintados de ese rojo sangre – Respondió golpeándole el rostro con su mentolado aliento – Llevo pensando en ellos toda la noche.
El rubio acortó el poco espacio que los separaba, chocando sus finos y apetitosos labios con los carnosos de ella. Lo que empezó como un dulce beso acabó en una danza de desesperación y anhelo. Hermione jadeó ante la sensación y Malfoy aprovechó la oportunidad para introducir su lengua en la cavidad volviendo loca a la chica.
Todo fue muy rápido. Malfoy apretaba con más fuerzas las caderas de Hermione acercándolas a su cuerpo y sin saber cómo, la castaña acabó sentada a horcajadas sobre el rubio apretándose contra su cuerpo, exigiendo acortar todo el espacio posible entre ellos. La erección del rubio palpitaba contra su entrepierna haciéndole jadear y Malfoy gruñía en respuesta.
Hermione se abrazaba a Malfoy con desesperación y con la otra acariciaba su nuca atrayéndolo más si cabe hacia ella. Sus lenguas danzaban juntas, en una sincronía perfecta y armoniosa, cargada de sensaciones y mucho, mucho placer.
Malfoy deslizó sus manos hacia arriba por el contorno del cuerpo de la chica – rozando accidentalmente el pecho de ésta haciéndola enloquecer y morder su labio inferior en respuesta – y volvió a bajarlas hasta ahuecar el prieto culo de la castaña. Le dio un apretón e hizo presión para restregar su erección con el cuerpo de la joven. Hermione sintió como se mojaba su ropa interior e inconscientemente se restregó con violencia contra el pene mágico buscando la máxima fricción.
Ambos jadearon haciendo que los dos se miraran por fin directamente a los ojos. Malfoy tenía los ojos de un profundo gris oscurecido por la lujuria y tenía toda la intención de volver asaltar y devorar la boca de la joven. Si no hubiera sido por el grito horrorizado de una señora que les insultaba desde lejos por degenerados y obligaba, al que parecía ser su hijo, a no mirar los actos pecaminosos de los dos jóvenes, Hermione no hubiese vuelto a la realidad.
La castaña abochornada se levantó con rapidez del regazo de Malfoy y se recolocó su vestido sin mirar al rubio.
No se avergonzaba de lo que acababa de ocurrir pero este no era el sitio, se habían dejado llevar por las hormonas. Quién le iba a decir que hacía tan solo un rato le había pedido a Ginny que no diera el espectáculo y era ella la que tenía que aplicarse lo que predicaba.
Malfoy cogió con suavidad de la muñeca a la joven y esta le miró sonrojada. Se percató de que el joven tenía los labios pintados de rojo y con una risita avergonzada sacó de su bolso un pañuelo y limpió los labios del joven bajo la atenta mirada del chico. Cuando la castaña terminó de quitarle el color, desvió la mirada de sus labios a sus ojos y una calidez extraña se instaló en su pecho al ver la profundidad con la que el rubio la miraba.
Hermione se separó violentada por la situación y Malfoy carraspeó turbado.
– Será mejor que volvamos dentro.
La castaña solo atinó asentir.
La cena transcurrió de lo más tranquila y divertida. Los seis conversaban animadamente como si fueran viejos amigos y Malfoy y Hermione no tocaron el tema del beso en ningún momento, aunque algo había cambiado entre ellos porque a cada instante se buscaban con la mirada y sonríen como quinceañeros.
Esa noche lo pasaron de escándalo. Pero como era de esperar, tantas horas sin disputas no podía ser sano, así que esta vez fue Zabini el que explotó.
Ginny estaba coqueteando descaradamente con uno de los camareros el cuál, no tenían ningún reparo en seguirle la corriente. Zabini estaba que echaba chispas, por lo que dejando a un lado su orgullo Slytherin, se acercó a grandes zancadas a la pelirroja, se la echó al hombro como si fuera un saco de patatas y se la llevó de vuelta a la mesa.
La chica pataleaba y le gritaba a Zabini que le soltara y cuando lo hizo, la chica le propinó tal bofetada en la cara que todos en la mesa se quedaron en silencio.
– ¿Pero quién te crees que eres? – Le gritó encolerizada la pelirroja.
– ¡Estabas ofreciéndote como una cualquiera! – Le devolvió el moreno.
– Estaba coqueteando sanamente – Respondió ofendida cruzándose de brazos.
-– ¿Sanamente? , ¡me estás jodiendo!. Ese tío quería llevarte a la cama.
– ¿Y qué si es así? – Lo presionó.
– No puedes irte con él y punto – Dijo finalizando la conversación.
– ¡Estas celoso cara de culo inflamado! – Le gritó la chica – Porque tú no podrías complacerme – Dijo Ginny mientras hacía un gesto con su mano para indicar que el pequeño Zabini, era exactamente eso, demasiado pequeño.
Y Zabini obviamente, se cabreó.
– La razón de que no intente acostarme contigo es porque no eres atractiva – Escupió.
– Vaya. Gracias por salvarme de la experiencia más asquerosa de mi vida porque acostarme con una serpiente arrastrada seria caer lo más bajo en el Mundo Mágico, Muggle y alrededores – Rebatió la joven con acidez.
Los chicos miraban la conversación como en un partido de Quidditch, mirando de un contrincante a otro. Estaban jugando a ver quién de los dos era más hiriente y por lo pronto, iban empatados.
– Tú no te mereces ni un polvo por compasión. Y puedo asegurarte que me he follado a verdaderas focas.
– Vacas, cerdas, focas. Tu vida sexual es un zoológico – Apostilló la pelirroja enumerando con sus finos dedos. Zabini apretó las mandíbulas con rabia – Seguro que no lo haces por la talla de tu pene. Tiene que ser frustrante mojarse los testículos al mear.
– Al menos lo mío se tapa con los pantalones, lo tuyo es peor al tener el culo de una foca vieja y áspera – Masculló mirando fijamente a la pelirroja.
Ginny se acercó con violencia al moreno y llevó la mano del chico hasta su trasero. Obligándole a tomar un buen pellizco.
– ¿Te parece grande esto?.
El chico no perdió oportunidad y tomando la mano libre de la chica le hizo agarrar su grandiosa erección.
– ¿Y a ti esto pequeño?.
Lo que pasó a continuación no es apto para menores de edad o cardiacos. Se abalanzaron en un salvaje beso y sin saber muy bien cómo, les dio tiempo de llegar a una habitación.
Gemidos. Gritos. Golpes del cabecero contra la pared. Llanto de un bebé. Gemidos. Gritos. Golpes del cabecero contra la pared. Llantos de un bebé. Y algún que otro 'oh, Blaise más fuerte'.
– Pues, no sé qué es peor – Comentó Nott sonrojado hasta las orejas desde el sofá que había habilitado para dormir.
Cuando Zabini y Ginny decidieron irse a calmar su apetito sexual ocuparon la habitación que hasta entonces habían ocupado los chicos. Por lo que esa habitación ya estaba prohibida para pasar la noche. Las otras dos opciones eran la habitación de las chicas o la que había reservado Nott para compartir con Luna.
Barajando las posibilidades, Malfoy muy caballerosamente se había ofrecido a compartir habitación con Hermione para que Luna y Nott tuviera su noche soñada. Pero Luna debió de ver el terror atravesar el rostro de la castaña porque automáticamente decidido que ella dormiría con Hermione y la castaña se lo agradecería eternamente. Pero como era de esperar, Malfoy y Nott no estaban contentos con la decisión así que decidieron irse todos a la habitación que había reservado Nott.
Y allí se encontraban. Luna y Hermione compartiendo la cama de matrimonio y los chicos cada uno en un sofá y de fondo, los alaridos de placer de Zabini y Ginny y el llanto de algún pobre bebé.
– Ginny – Dijo sin vacilar Hermione – La pequeña se cansará antes o después. Ginny no.
Ninguno de los habitantes de la habitación volvió hacer ningún comentario.
Hermione desvió la mirada hasta el sofá en el que dormía el rubio y se topó con el rostro del joven mirando en su dirección, sus ojos avellanas conectaron por un momento con los ojos acerados del rubio y sintió el conocido revoloteo de mariposas en su estómago.
Y allí, en aquella habitación compartida de Las Vegas Muggle, con los gemidos de fondo de Ginny y los llantos de un bebé, Hermione Jane Granger se dio cuenta de que lo que sentía por Draco Malfoy era algo más profundo que simplemente atracción.
Continuará…
¿Disfrutaron?
¡Un review please!
Eishel Panakos.
