Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.

Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.


La chica del pañuelo verde

Capítulo ocho:

My boy.

"A veces el corazón tiene razones que la razón ignora"

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Existen relaciones que te llevan a algo nuevo y exótico; las que son viejas y familiares; las que son inocentes y saben esperar; las que sacan a la luz muchas preguntas; las que te llevan a lugares insospechados; las que te transportan lejos de donde comenzaron y las que te traen de vuelta. Y si encuentras a alguien que te ame como tú quieres, bueno, eso ya es fabuloso.

Busco un amor. Un amor real. Ridículo, inconveniente, que me consuma, un amor de esos que te hacen pensar que no puedes vivir sin el otro. Tal vez no hay momentos correctos, hombres correctos, respuestas correctas… Tal vez solo tienes que decir lo que está en tu corazón.

La chica del pañuelo verde.

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Las chicas se encontraban de compras en el Callejón Diagon.

Hermione y Ginny querían visitar Madam Malkin porque necesitaban una túnica nueva para un evento muy importante que tendría lugar en el Ministerio y Luna las acompañaba para dar su sabia opinión. Aunque de esto no estaban muy seguras las otras dos ya que conocían muy bien los gustos estrafalarios de la rubia.

La pelirroja les estaba contando por cuarta vez – y con lujos de detalles – los numerosos encuentros que había tenido con el moreno desde la excitante y salvaje noche del pasado sábado en Las Vegas. Sólo habían transcurrido tres días desde la boda, pero esos dos ya habían tenido más encuentros sexuales de los que Hermione había tenido en el último año.

– Lo hemos hecho en todas las habitaciones de su apartamento y las del mío. En su oficina y en la mía. ¡En los baños públicos del Ministerio!, tanto en los de hombre como en los de mujeres – Y así continuaba la retahíla de la chica. Hermione rodó los ojos exasperada mientras observaba con ojo crítico la túnica azul que sostenía entre sus dedos.

– ¿Y no te decepcionó en ninguno de los encuentros? – Preguntó una inocente Luna.

– ¡Por Merlín!. Blaise está maravillosamente dotado – Dijo como toda respuesta. La castaña se percató de que ya no lo llamaba por el apellido. Aunque después de cruzar la línea del sexo, supuso que sería lo más acertado llamarse por sus nombres de pila.

– Lo verdaderamente importante es que sepa usarlo, no el tamaño – Hermione se sintió en la necesidad de aclarar este punto a la rubia. Porque la castaña, por razones obvias, no sabía cuál sería el tamaño del amiguito de Nott pero no quería que se le metiera en su cabecita rubia la idea de que si no era enorme no podría complacerla. Ginny era una mala influencia.

La pelirroja chasqueó la lengua en desacuerdo.

Dulce Luna, existen cinco tamaños de penes: pequeño, mediano, grande, ¡Dios mío! Y no disponible en el color blanco – Enumeró – Blaise entra en la última categoría. Siento que vuestros chicos no sean negros, tendréis que conformaros con algunas de las otras categorías – Acabó con una sonrisa como la del gato Cheshire.

– Blaise, Blaise, Blasie. Ya no es Zabini. No he dejado de escuchar hablar de él desde la maldita boda – Comentó Hermione con tono desesperado.

Luna soltó una pequeña risita. En cambio Ginny, dejó de sonreír y su rostro se tornó mortalmente serio.

– Creo que padezco de monogamia. ¡Me la habéis contagiado! – Las acusó – Tú con tu adorado y perfecto Theo. Y tú con tu sexy y caprichoso rubio.

Hermione se sonrojó recordando el apasionado beso que compartieron en Las Vegas y sintió su pecho bombear con fuerza con solo el recuerdo de lo que sintió cuando sus miradas se cruzaron en la penumbra de aquella habitación compartida con Nott y Luna. Había vuelto a verlo por el Ministerio esos días pero solo mantuvieron escuetas conversaciones dónde él la provocaba y ella se hacia la ofendida desapareciendo del lugar. Ninguno de los dos mencionó lo que ocurrió aquel sábado noche y sinceramente, Hermione no sabía sin sentirse aliviada o dolida.

Esa semana, la columna de La chica del pañuelo verde hablaba sobre el amor. Era cuestión de tiempo que las chicas vieran la revista muggle y ataran cabos. La castaña estaba en una tensión constante desde que la columna se publicó, expectante a que la asaltaran a preguntas. Era cuestión de tiempo.

– Yo…no sé si estoy preparada para dar ese paso. Estoy esperando que los bullebys me den una señal – Susurró la rubia jugueteando con sus manos.

– ¿Los bullebys? – Preguntó confundida Hermione.

– Sí, los bullebys muerden a sus parejas para demostrarles su amor y que están preparados para tener intimidad. Estoy esperando que me den la señal para morder a Theo – Respondió Luna como si fuera lo más obvio del mundo.

Ginny comenzó a reír a carcajadas imaginándose la situación y Hermione le dirigió una mirada de advertencia. La chica intentó calmarse antes de responder a Luna.

– La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos – Luna miró horrorizada a la pelirroja.

– ¡Pero yo amo a Theo! – Chilló con voz estrangulada la rubia.

Hermione abrazó por los hombros a su amiga susurrándole palabras alentadoras que desmentían las palabras de Ginny.

– El sexo debe ser como el café, fuerte, caliente y a diario – Siguió con su verborrea la pelirroja sin percatarse que iba a provocarle un infarto a la pobre rubia.

– Es curioso que utilices al café como ejemplo porque al último hombre al que le dije que me hiciera algo excitante y caliente, me trajo un café – Hermione intentaba aligerar el ambiente bromeando.

– Me encantan vuestros dispares ejemplos para explicar el sexo con el café. ¡Pero estoy preocupada de verdad! – Les dijo Luna intentando ponerse seria, aunque la comisura de sus labios luchaban por alzarse en una sonrisa.

– Y tengo más. Si quieres un negro, fuerte y sabroso que te haga sudar. ¡Pues tomate un café!

– Acabas de describir a mi adonis de chocolate – Ginny se relamió los labios con la mirada perdida, seguramente pensando en todas las cochinadas que había hecho con Blaise.

– Sí, será mejor que dejemos el café. No soportaría otro monologo sobre lo bueno y salvaje que es Blaise en la cama – Bromeó la castaña metiéndose al probador con una par de túnicas.

A través de la fina cortina que separaba el probador de las otras dos chicas, Hermione seguía escuchando el sonido de las perchas y las voces de sus amigas.

– En una relación perfecta, nadie lleva los pantalones pues siempre han de estar en el suelo – Instruía Ginny a la joven rubia mientras le mostraba una túnica – ¿Qué te parece esta?

– Va a juego con tu pelo – Dijo suavemente la rubia – Considero mi relación perfecta. Perfecta para mí.

– La relación más excitante, retadora e importante de todas es la que tienes contigo misma – Decía Hermione mientras luchaba por desabrocharse el jodido pantalón muggle que llevaba, se había atascado la cremallera – y si Nott es ese alguien que te ama como tú quieres, bueno, eso ya es fabuloso. Él sabrá esperar a que tú estés preparada o que los bullebys, torposoplos o lo que sea, te empujen a sus brazos.

– Es imposible, dijo el orgullo. Es arriesgado, dijo la razón… – La pelirroja comenzó a darle una charla motivadora a Luna para que tuviera sexo con Nott cuando Hermione la cortó.

– Te dije que no tocaras las pastillas de tu abuela, dijo el unicornio rosa – Respondió Hermione socarrona a la vez que deslizaba, no sin esfuerzo, la maldita cremallera y dejaba caer sus pantalones – No utilices esa verborrea trillada que intenta ser motivadora para convencer a Luna. Pasará cuando tenga que pasar. No la presiones, ni la asustes.

Pero no obtuvo respuesta de sus amigas. Ni un simple bufido o risa. Porque una secuencia de ruidos y golpes y la voz de un hombre ordenándole a Madam Malkin que depositara todo el dinero en una bolsa, dejó a Hermione bloqueada.

Todo pasó muy rápido.

Agarró su varita con fuerza y arrastró de un tirón la cortina del probador hacia un lado y lo que ocurrió a continuación fue surrealista.

Había tres hombres en la tienda, dos apuntando con sus varitas a Madam Melkin y otro apremiándola para que depositara todo el dinero, a la pobre mujer le temblaban las manos. No se habían percato que había tres clientas en la tienda porque estaban ocultas por las túnicas, pero el ruido de Hermione abriendo con violencia la cortina del probador llamó la atención de los vándalos.

Sin previo aviso, Ginny saltó sobre la espalda de uno de los hombres que apuntaba a la mujer quedando enganchada a sus caderas por sus piernas y haciendo presión con un brazo en su cuello y con el otro cubriéndole los ojos con fuerza. Él hombre rugía maldiciones e intentaba despojarse de la pelirroja, sin éxito. Ginny tenía bastante fuerza por haber sido criada entre tantos hombres y siendo jugadora de Quidditch en la escuela.

Luna clavó su varita en el cuello del hombre que sostenía la bolsa con el dinero, inmovilizándolo en el momento. Parecía horrorizado cuando Luna comenzó a contarle con sus fascinantes y extraños ojos en tono monocorde, lo disgustados que estaban los Snorkack con lo que estaba haciendo y le nombraba una larga lista de animales mágicos inventados por su cabeza, que también estaban muy ofendidos.

Hermione con rapidez hizo contacto con el único hombre que quedaba sin ser atacado por sus amigas y que desvió su varita de la regordeta mujer vestida de violeta a la castaña. Hermione ya le esperaba en posición de ataque. Pero nunca llegó hacer nada, de un momento a otro cinco hombres enormes y con aspecto intimidante entraron en la tiendan y aplicaron sus varitas sobre los tres chicos. En menos de un minuto, estaban los tres en el suelo despojados de sus varitas y rodeados por una cuerda irrompible si no era con magia.

Las tres chicas alertas, desviaron sus varitas con rapidez a los nuevos invitados.

– ¿Quiénes sois? ¿Os envían los Snorkack para ayudarnos? – Preguntó Luna esperanzada.

El hombre más descomunal e intimidante del grupo – media más de dos metros y estaba más fuerte que aquel portero del local de streppers – dio un paso adelante y les dirigió una mirada evaluadora.

– No estamos de coña, ¿quién coño eres? – Preguntó cabreada la pelirroja.

– Bajad las varitas. Las tres – Ordenó el hombre con un marcado acento alemán. Las chicas no hicieron ningún movimiento, el hombre resopló molesto y mostro su acreditación como auror en Alemania – Ahora, bajad las puñeteras varitas.

Las chicas acataron la orden relajando un poco la tensión contenida sobre sus hombros. Analizaron a los cinco hombres frente a ellas, todos eran extraños. El que más llamaba la atención – que suponían que sería el jefe – era el que habló. De una palidez extrema – incluso más que Malfoy y eso ya era decir mucho – casi no se le diferenciaban las cejas y el pelo de la piel y con unos ojos calculadores que no dejaban de analizarlas.

– Perdón. Creíamos que eras un…psicópata. Al ver la varita – Aclaró con rapidez Hermione al sentirse el objetivo de esa mirada azul hielo.

– Y porque eres raro de cojones – Malmetió Ginny.

La castaña le volvió a enviar, en menos de una hora, otra mirada de advertencia. Eran aurores alemanes, no querían problemas.

El auror no mostró ninguna emoción tras las palabras de la chica, parecía esculpido en mármol, sin ninguna expresión en el rostro.

– Por poco lo jodéis todo. Parecíais un trio de aficionadas – Vociferó con autoridad.

Hermione se sintió ofendida, a su parecer habían respondido con rapidez teniendo en cuenta las circunstancias.

– Está clarísimo que no sabes que hablas con dos trabajadoras del Ministerio Inglés y… la dueña del famoso Quisquilloso – Habló con tono de marisabidilla la castaña.

El hombre le dirigió una sonrisa socarrona echándole un vistazo de arriba abajo.

– Y seguro que tu curriculum es impresionante, igual que la elección de tu vestuario – Comentó haciendo alusión a la semidesnudez de la castaña. Hermione palideció al recordar que solo vestía una camisa y sus braguitas blancas de algodón – Pero la próxima vez depílate por encima de la rodilla – Soltó socarrón secundado por la risas de sus secuaces.

Estúpido cavernícola alemán.

Hermione se sintió humillada, nunca había depilado la zona de sus muslos porque la chica no era muy velluda y apenas era visible la pelusilla de su piel. También influía el que odiara cualquier método de depilación, lo consideraba una tortura. Con la poca dignidad que le quedaba, dadas las circunstancias, levantó su barbilla con orgullo y lo desafió con la mirada.

– Eres un energúmeno y sexista – Siseó la castaña recibiendo el apoyo de sus amigas – Y entérate, las mujeres nacimos con pelos en las piernas – Dijo orgullosa poniendo las manos sobre sus caderas.

El hombre volvió a reír y ordenó a sus compañeros que recogieran a los tres hombres del suelo y los sacaran de la tienda. Hermione aún podía escuchar la risa del cavernícola alemán a pesar de que ya se había marchado del local.

La castaña ofuscada volvió al probador, se vistió y salió aún más ofuscada de la tienda de túnicas.

–¡Hermione!, espera, ¿a dónde vas? – Preguntó Luna corriendo para alcanzarla.

– Voy a ver si en aquella tienda dedicada a la imagen y belleza tienen alguna poción que elimine el vello. Nunca me han gustado los métodos muggles – Y agrandes zancadas entró en la tienda.


Era miércoles y Hermione se encontraba trabajando en su despacho. La castaña aún se encontraba de mal humor por lo que ocurrió el día anterior en la tienda de Madam Malkin. La punta de su pluma se rompió por la fuerza ejercida y la chica maldijo por lo bajo. El simple recuerdo de las burlas del hombre la enervaba.

Sus pensamientos fueron interrumpidos porque Ginny acababa de interrumpir en su despacho.

– No estoy de humor. Vete – Y volvió su cabeza al pergamino que estaba escribiendo.

– Deberías venir. Algo está pasando en el Departamento de Misterios – Habló Ginny ignorando las palabras de la castaña.

Hermione levantó la cabeza con un ápice de interés en sus ojos. Su corazón se aceleró por la solo mención del Departamento donde trabajaba el rubio.

– ¿Qué ha hecho ahora Malfoy? – Preguntó divertida.

– No te divertirás tanto cuando veas lo que está pasando. Deberías volver a tu mal humor de antes – Advirtió Ginny aguantando la puerta abierta – ¡Vamos!, ¿a qué estas esperando?


Ginny y Hermione intentaban hacerse paso entre las numerosas mujeres que aguardaban su turno para acceder al Departamento de Misterios. Ginny codeaba con brusquedad a toda la que se oponía a dejarle paso y la castaña hizo uso de su acreditación como trabajadora del Ministerio para abrirse camino.

¿Qué hacían todas esas mujeres allí?

A Hermione no le pasó inadvertido que todas eran chicas jóvenes y que estaban más acicaladas de la cuenta. Y por algún motivo, que una mujer se esmerara tanto en arreglarse y estuviera haciendo cola para entrar en aquel Departamento concretamente, no presagiaba nada bueno.

La castaña vio su malestar crecer y en cuanto consiguió entrar al interior del maldito Departamento, vislumbró a Zabini apoyado en una pared alejada mirando a un grupo de chicas que rodeaban un escritorio – ¡Merlín sabrá por qué! – vestido con la túnica reglamentaria del Departamento de Deporte, un bigote ridículo y unas gafas de sol oscuras.

– ¿Qué haces con esa mierda de bigote? – Preguntó a bocajarro y sin ocultar su malestar al moreno – ¿Quién te lo ha prestado Míster Potato?

– Vas a conseguir que me desenmascaren – Susurró Zabini llevándose a las dos chicas aun rincón más alejado – ¿Y quién narices es Míster Potato?

Hermione rodó los ojos exasperada.

– Un bigote y unas gafas no son un disfraz, son un complemento – Aclaró la castaña con suficiencia. Ginny se rio y rodeó la cintura del moreno depositando un beso en su clavícula. El chico le respondió con una sonrisa. Encantador, voy a vomitar arco iris – De todos modos, ¿Por qué estas disfrazado? ¿Qué está pasando aquí?¿Dónde está Malfoy?

– Cálmate leona – Definitivamente no fue buena idea llamarla así, Zabini se dio cuenta que la chica no estaba para bromas. Carraspeó antes de volver hablar – Estoy disfrazado porque no quiero que Draco me vea y me pida ayuda. Por primera vez, disfruto más con el espectáculo que involucrándome en él.

– ¿Y crees que con eso que te has puesto lo vas a conseguir? – Interrumpió Ginny.

– De momento me ha funcionado – Dijo petulante.

– ¿Qué espectáculo? ¿Te refieres a todas estas mujeres haciendo fila? ¿Qué tiene que ver Malfyo en todo esto? – Hermione estaba moviendo los engranajes en su cabecita y presentía que no le iba a gustar lo que el moreno tenía que decirle

– Draco necesita una secretaria. Se ha corrido la voz y todas esas señoritas están mojando sus bragas por ser la elegida. Más de una tiene que tener pensamientos lujuriosos teniendo sexo en la intimidad de un despacho con el soltero de oro del Mundo Mágico Draco Malfoy – Contó el moreno divertido – Ya sabes. Jugando con el rol de jefe y secretaria.

– A Hermione le gusta más el rol de medimago y paciente – Contestó juguetona Ginny haciendo reír al chico.

Hermione no reía. Sintió hervir la sangre en sus venas. Estaba celosa. Lo estaba. Malditamente celosa. Y le daba mucha rabia saber que estaba celosa por que hubiera un ejército de zorras deseosas de abrir sus piernas a Malfoy. A ese maldito bastardo y mujeriego. Ella no era así. Creía en el poder de la palabra y era muy pacífica. ¿En qué la había convertido ese idiota?. ¡No quería ser otra de las estúpidas huecas que se mueren por sus huesos!.

– ¿Y dónde está Malfoy? – Preguntó Ginny por Hermione viendo que su amiga se había puesto lívida de un momento a otro.

– En ese escritorio. Enterrado bajo esas cinco chicas – Señaló Zabini.

La joven castaña siguió la dirección de la mano del moreno para mirar de nuevo al escritorio que vio rodeado de chicas nada más entrar. Algo explotó en su interior. Vislumbró entre las chicas una cabellera rubia sentada tras el escritorio y con grandes zancadas se fue acercando.

– Chicas, chicas. Tenéis que guardar vuestro turno. No puedo entrevistaros a todas a la vez – Decía con tono juguetón Malfoy, las chicas rieron coquetamente.

– Sabes, te beneficiarias muchos si pusieras una puerta giratoria en la entrada del departamento, querido. Debe ser irritante tener que abrir la puerta cada vez que invitas a una de estas señoritas a pasar – Pronunció la castaña con la voz cargada de hostilidad.

Las chicas la evaluaron estupefactas por su osadía a interrumpir. Malfoy en cambio estaba encantado, giró su silla hacía la castaña y le sonrió pícaro.

– ¿Pensando en presentarte para el puesto, Granger?

La castaña soltó una risita falsa atusándose el pelo.

– ¿Qué interés podría tener yo en ser tu secretaria, hurón narcisista y mujeriego? – Hermione se arrepintió de sus palabras dos segundos después de haber abierto la boca. Pero ya lo había dicho, se había delatado – Además, ¿qué se supone que hacéis en este Departamento aparte de entrevistar secretarias?

– No lo sé, es un misterio – Comentó divertido por la evidente furia de la chica – Tal vez si fueras mi secretaria, dejarías de estar celosa innecesariamente. Sé que soy como un manantial en pleno desierto pero tranquila, ya tengo mis ojos puestos en un objetivo – Agregó mirándola intensamente.

– Malfoy, si fueras agua no serias potable – Sonrió divertida por su ingeniosa respuesta – Y no estoy celosa, solo intento salvar a todas estas pobre chicas de morir envenenadas por tus besos.

– Es curioso que digas eso. Tú pareces estar vivita y coleando tras besarme – Contraatacó el rubio poniéndose de pie intimidándola con su altura.

Hermione sintió su cuerpo temblar por la cercanía del rubio y dio un paso atrás. Se escuchó un jadeo y múltiples protestas de las chicas que hacía tan solo un momento, se comían con la mirada al rubio. Ahora posiblemente miraran con odio a la chica.

Hermione debía hacer lo correcto. Ella siempre se había jactado de que era una persona racional. Y lo correcto era desaparecer antes de dejarse aún más en evidencia, iba a convertirse en el hazmerreír del Ministerio por el número que estaba montando. Además, no podía ser tan transparente y dejarle ver a él lo mucho que le importaba. Eso sería usado en su contra. Tenía que levantar la cabeza con toda la dignidad que poseía y alejarse de ese engreído, insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista de Draco Malfoy.

La castaña se encontraba entre la delgada línea que separa el respirar profundo y hacer lo correcto, de mandarlo todo a la mierda y lanzarse a sus brazos.

A Hermione no le tomó más de un segundo atravesar esa línea.

Agarró de la túnica al rubio, y ante la espantada mirada de todo el público femenino, estampó con deseo salvaje sus labios sobre los de Malfoy batallando en una danza de anhelo y lujuria. Porque tal vez no hay momentos correctos, ni hombres correctos, ni respuestas correctas… y a pesar de lo odioso que pudiera llegar a ser, ese chico era su chico.

El corazón tiene razones que la razón ignora. Y el corazón de la castaña dictaba que besara ferozmente a ese rubio insoportable y marcara su territorio frente a todas esas zorras.

– Sí nena, ¡así es como se hace! – Vitoreaba el joven Míster Potato junto a una pelirroja que aplaudía en plena crisis de éxtasis.


Continuará…


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Eishel Panakos.