Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.

Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.


La chica del pañuelo verde

Capítulo nueve:

Breaking free

"Quizás todos los días no son buenos, pero siempre hay algo bueno todos los días"

.

Maldita sea, ¿cómo había permitido esto?.

Se reprochaba una y otra vez Hermione mientras firmaba un pergamino con más fuerza de la que debería.

La castaña enrolló el pergamino con violencia y lo dejó caer sobre el escritorio, su nuevo escritorio. Aunque de forma temporal. Se recordaba para animarse.

Los acontecimientos del día anterior tuvieron consecuencias.

Durante el arrebato pasional de la castaña, Blaise y Ginny despacharon a todas las vacantes a secretarias del Departamento de Misterios. Y cuando la cordura y la razón llegaron a Hermione, despertándole abruptamente del beso de ensueño que estaba compartiendo con cierto rubio, estaba tan avergonzada que no era capaz de hilar dos palabras.

Pero la vergüenza dio paso rápidamente a la indignación.

La gran boca de Malfoy no tenía descanso, ni se apiadó de ella. Le recriminó con socarronería que por su arrebato de celos injustificados, se había quedado sin secretaría y por tanto, era obligación de la joven ocupar ese puesto.

Se enzarzaron en una discusión ridícula la cual, concluyó con un acuerdo poco favorecedor para la castaña, aunque era mucho mejor de lo que pedía el rubio en un principio.

Ejercería como su secretaría tan solo hasta el próximo lunes, plazo que dedicaría a llevar adelante su propio trabajo, su nuevo trabajo como secretaría y la búsqueda de una secretaría permanente para el rubio.

Y por sus impulsos de adolescente quinceañera, aquel maldito jueves Hermione había tenido que hacer una puerta trasladadora, que unía su propio despacho en el Departamento de Regulación de Leyes Mágicas con el que estaba ocupando en aquellos momentos, el tétrico y oscuro Departamento de Misterios. El lugar menos transitado de todo el Ministerio por lo que había podido comprobar la chica en sus escasas dos horas en aquel puesto de secretaria.

En lo que llevaba de mañana, la joven aún no había averiguado que era lo que se hacía exactamente allí. A la única persona que había visto era a su dulce tormento con complejo de farola. El rubio se había puesto en contacto con ella un par de veces para que le concertara citas y molestarla un rato, pero poco más. Luego se encerraba en su propio despacho y la dejaba trabajar en el suyo tranquilamente.

Pero no todos entendían que tenía mucho trabajo.

Una cabeza pelirroja asomó por la puerta enseñando su brillante dentadura en una amplia sonrisa.

– ¡Hermione!

– ¡Ginny! – La imitó con falsa emoción la castaña.

La chica ingresó a la habitación y tomó asiento frente a Hermione importándole poco la mirada asesina que le dirigió su amiga. La joven ese día no estaba de humor para aguantar a nadie.

– ¿A que debo tu agradable e inesperada visita? –Preguntó irónica la castaña.

– Sé que alegro tus días y hago perfectas tus mañanas. No finjas.

– He tenido una mañana perfecta, pero no era está.

– ¿Cierto rubio te está molestando? – Dijo con socarronería Ginny.

– Y cierta pelirroja, también.

– ¿Me estás echando?.

– ¡No se te escapa una! – Sonrió falsamente Hermione.

– Enrollarte con Malfoy ha hecho que desarrolles una lengua muy bífida. ¿Qué será lo próximo?, ¿te saldrán escamas? – Comentó con indiferencia mientras admiraba sus uñas.

– Prueba otra vez, te repites. No es la primera vez que aludes a mis similitudes con Malfoy – Masculló con fastidio Hermione.

Ginny le dedicó una mueca hastiada que la joven ignoró deliberadamente.

– ¿Tomándote un descanso en horas de trabajo, Granger? – Preguntó, una voz que la castaña conocía muy bien, a su espalda – Eso no es algo que esperara de la perfecta y correcta Hermione Granger.

– ¿Por qué no vuelves al nido de víboras del que saliste, Malfoy? – Contraatacó.

El joven rubio le dedicó una mirada interrogante a la pelirroja la cual, se encogió de hombros antes de hablar.

– Hoy está especialmente ácida y cortante. Seguramente esté en sus días.

Y la respuesta pareció valerle al chico porque con una sonrisa de falsa amabilidad, encaró a Hermione.

– ¿Has llevado los documentos que te pedí a Astoria? – Cuestionó altanero.

– Hecho.

– ¿Concertada la cita con Jack?.

– Hecho.

– ¿Y has firmado…?

– Hecho. Hecho. Hecho. ¡Todo lo que me has escrito en esa absurda lista que me diste está HECHO! – Hermione tenía los nervios a flor de piel.

Draco alzó las cejas evaluando a la castaña para ver si decía la verdad.

– Malfoy, cuando tú vas, yo ya fui y vine tres veces, y en taconazos – Concluyó triunfal Hermione.

El joven sonrió de forma torcida ante la ocurrencia de la chica y Ginny le miró con aprobación.

– Estoy orgullosa de ti – Aseguró la pelirroja limpiándose falsas lágrimas de los ojos. Hermione rodó los ojos.

– ¿Ginny?

– ¿Sí?

– Lárgate de una vez – Ordenó Hermione. La pelirroja soltó una carcajada pero le hizo caso y se marchó alegando que necesitaba sentir algo caliente entre sus piernas por lo que iba hacer una visita a su Adonis de chocolate.

Draco ocupó el sitio que antaño había sido de Ginny. Cruzó sus brazos apoyándolos sobre el escritorio y se dejó caer hacia adelante. Fijó sus orbes aceradas con intensidad sobré las avellanas de la castaña haciéndola sentir muy incómoda y además, que rememorara ciertos besos que hacían subir la temperatura de la habitación.

Hermione tuvo remangar las mangas de su túnica.

– ¿Necesita algo más su excelencia? – El sarcasmo era el mejor arma de la chica para aligerar el ambiente.

Y pareció funcionar, ya que Draco relajó el semblante y se dejó caer hacía atrás en la silla.

– Ya que has terminado con mis asuntos y es casi la hora de almorzar, vamos a salir a comer – El tono autoritario del rubio, que no admitía réplica, exasperó de nuevo a Hermione.

– Tengo aún trabajo que hacer. Mi trabajo de verdad. No pienso ir contigo a ninguna parte – Aclaró – Y tú no tienes poder sobre mí. No me gustan esas cosas de ti.

Draco no se ofendió en lo más mínimo.

Granger, Granger. Me adoras, no hay nada de mí que no te guste. Soy la perfección hecha hombre.

Hermione volvió a rememorar la boca del rubio sobre la suya, las sensaciones, el deseo salvaje y descontrolado. Las ganas de más y más y más. No se saciaba de él. Y la castaña sabía que esos sentimientos que sentía hacía el chico iban más allá de lo carnal, que no había mentido en ningún momento cuando escribió el último número en La chica del pañuelo verde, que sentía algo más profundo que la estaba consumiendo por dentro.

Pero mientras el joven se comportara como un energúmeno, insoportable y de lengua bífida Hermione se sentía en terreno seguro.

Maldita sea, ¿qué ha hecho este engreído narcisista conmigo?.

– Son pequeños detalles los que no me gustan de ti, como que respires – Respondió Hermione con humor negro.

– Eso ha dolido, Granger – Respondió agachando la mirada con falsa pena y llevándose una mano a su corazón con teatralidad – No sabía que devoraras con tus labios a la gente que no te gusta – Atacó con malicia.

Hermione sonrojó violentamente. Terreno peligroso, terreno peligroso.

– Vete a la mierda, Malfoy.

– ¿Te has quedado sin argumento? – Preguntó con sorna – Bien. Eso es perfecto. Quiere decir que ya no tienes excusa para no acompañarme a comer – Refutó poniéndose en pie y estirando su mano frente a la joven invitándola a tomarla.

Hermione bufó molesta. Y tras tres insultos más y un cuarto de hora de camino, se encontraban en un coqueto restaurante de comida internacional. Draco acababa de pedir por los dos, hecho que molestó a Hermione, pero como había decidido no dirigirle la palabra desde que la obligó a salir del Ministerio, se guardó su opinión para ella.

Draco llevaba un rato intentando sonsacarle alguna palabra a la castaña, sin éxito.

– Te propongo un trato.

Hermione alzó una ceja incitándole hablar.

– Un alto al fuego. Vamos a disfrutar de este carísimo whisky de fuego y de los deliciosos platos que nos van a servir y mantengamos una conversación civilizada.

La castaña no le creía, entrecerró los ojos y buscó algún rastro de ironía o sorna en su rostro que lo delatara. Pero por primera vez, Hermione tuvo que reconocer que parecía franco. Aun así, quiso asegurarse.

– ¿Por qué querrías eso?

El rubio bailaba de la alegría en su interior al conseguir esas pocas palabras de la castaña después de casi una hora en silencio.

– Te dije una vez que éramos los mejores amigos y aunque reconozco que disfruto con nuestras conversaciones irónicas con connotaciones sexuales y de tus gemidos cuando le hago el amor a tu boca – Comentó mirándola con picardía provocando que el corazón de la castaña bombera con fuerza en su pecho – Soy una persona polifacética. Puedo sorprenderte en otros ámbitos.

Hermione carraspeó para encontrar su voz y rebatirle al rubio.

– Eso no suena como un alto al fuego precisamente.

– ¡10 puntos para Gryffidor! – Dijo Malfoy con diversión levantando su copa y brindando en el aire, antes de darle un largo sorbo. Hermione sonrió por las palabras, los años en Hogwarts parecían ahora tan lejanos – ¿Cómo acabaste trabajando en el Ministerio?, siempre pensé que ocuparías el lugar de Pince en la biblioteca.

La castaña entendió que esa era su forma de comenzar la conversación civilizada.

– Sigo amando los libros – Aseguró y le pareció escuchar por lo bajo 'comelibros', pero no estaba segura – Barajé la posibilidad de formarme como Auror pero luego me di cuenta que lo que verdaderamente quería era cambiar el Mundo Mágico. Antes no era posible que un hijo de muggles trabajara en el Departamento de Regulación de Leyes Mágicas pero después si fue posible. Quiero contribuir a hacer de este país un lugar más justo.

A Draco no le pasó por alto la sutileza de la castaña por referirse al tiempo de Hogwarts como antes y al tiempo de la post guerra como después. Supuso que lo hizo por no traerle malos recuerdos de su época como Mortífago, por lo que decidió seguirle el juego.

– Acabo de recordar la plataforma P.E.D.D.O que fundaste.

– Sí, la cual sigue vigente y gracias a ella y a mi puesto, los elfos domésticos tienen un sueldo digno y vacaciones – Hermione estaba tan entusiasmada hablando de su trabajo que por un momento olvidó que estaba hablando con Draco Malfoy, un sangre pura que seguramente tendría docenas de elfos en su mansión.

– Mis elfos domésticos gozan de los privilegios que tú les otorgaste – Aclaró el rubio al percatarse de lo que estaba pensando la joven sobre él.

Hermione se relajó en el acto.

– ¿Y tú?. Antes eras bueno en pociones, pensé que te dedicarías a ello o a nada ya que eres rico, siendo sincera.

Después, digamos que los Malfoy no estábamos bien vistos. Con el tiempo volví a ganarme la confianza de algunas personas importantes y con los esfuerzos del Ministerio por reinsertarnos en la sociedad, me ofrecieron trabajar en el Departamento de Misterios. No es lo que siempre soñé, pero mi madre me hizo entrar en razón, acepté y ahora estoy muy a gusto y limpiando el nombre de mi familia – Aseguró con indiferencia bebiendo de su copa.

Hermione sintió un nudo en su estómago al escuchar hablar al rubio. Bajo esa indiferencia se percibía dolor. Y la castaña no pudo evitar sentirse mal porque ella misma había pensado mal de él en un principio y el chico de verdad hacía un esfuerzo por demostrar que había cambiado. Y ella lo sabía.

Antes ni si quiere se habría sentado a comer conmigo. Y muchos menos atreverse a besarme.

– Siento lo de tu padre. Supe por El Profeta que no saldrá de Azkaban y que pronto recibirá el beso del dementor.

Draco asintió con la cabeza agradeciendo la preocupación, pero sin querer hondar en el tema.

– ¿Vives aquí en el Londres Mágico? – Preguntó cambiando de tema.

Y se enzarzaron en una conversación más relajada como si fueran viejos amigos y alejada de temas que a ninguno de los dos le hacía bien. No volvieron a tocar el tema familia, guerra o Hogwarts. En cambio, se pusieron al día de todas las cosas que habían hecho en estos últimos años.

Habían pasado casi dos horas hablando sin insultos o discusiones, alguna que otra broma sin malicia, y Hermione tuvo que reconocerse a si misma, que le había gustado conocer esta faceta del rubio y que disfrutó de cada una de las palabras que se dijeron.


Unos insistentes golpes despertaron de su plácido sueño a Hermione. Al principio, no supo detectar de donde provenían los golpes porque aún se encontraba adormilada, pero volvieron a repetirse una y otra vez, hasta que se percató que alguien estaba aporreando su puerta con existencia.

Miró su despertador para comprobar que aún era de noche como sospechaba, las una y diez de la madrugada para ser exactos.

Extrañada. Se calzó sus zapatillas y se dirigió con varita en mano, a la puerta de su casa.

– ¿Quién es? – Preguntó elevando su varita.

– El amor de tu vida – Respondió con tono meloso una voz que ella conocía muy bien.

– Mentira, el chocolate no habla – Contratacó divertida Hermione mientras abría la puerta y recibía a Ginny y a una muy adormilada Luna. Ambas en pijamas. Se apartó para dejarlas pasar – ¿Qué hacéis aquí a estas horas?

– No vuelvas a desconectar por las noches la red flu, habría llegado más rapido por ahí - Dijo Ginny ignorando su pregunta.

– Bien, lo tendré en cuenta. ¿Cuál es la emergencia? – Reformuló Hermione la pregunta esperando esta vez una respuesta de verdad.

– No podía dormir – Dijo malhumorada la pelirroja.

– ¿Y te jodía que yo sí? – Preguntó con ironía Hermione dirigiéndose al salón, dónde ya se encontraban sus dos amigas acopladas en su mullido sofá.

– Pues sí, la verdad es que sí – Susurró con agresividad contenida la pelirroja.

Hermione le miró sin comprender. Menos mal que Luna quiso arrojar un poco de luz a la pobre chica.

– Ginny no podía dormir y decidió leer tu última columna. No le sentó muy bien saber de tus sentimientos sobre Malfoy por una revista y decidió que era necesario despertarnos a ambas para que tuvieras una conversación de chicas – Resumió Luna frotándose los enormes ojos.

– ¿Estas enamorada de Draco Malfoy? – Preguntó sin anestesia Ginny. Tenía la misma delicadeza que un cirujano con manoplas.

Hermione tragó en seco. Era cuestión de tiempo que se enteraran y vinieran a enfrentarla, pero no pensaba que se fueran a presentar en plena noche.

– No estoy segura.

– ¿Qué coño significa eso?

– Me gusta, me gusta mucho. Siento algo profundo por él. No sé si es exactamente amor, pero se le parece mucho – Confesó la castaña – Fue la misma noche de la boda que me di cuenta.

– Eso es maravilloso Hermione – Luna rodeó con sus brazos a la castaña.

– ¿Por qué no nos lo contaste?

– Me daba miedo decirlo en voz alta. Solo me había atrevido a pensarlo o escribirlo – Dijo con desesperación haciendo aspavientos con sus manos.

La pelirroja pareció perdonarle por su traición, que parecía ya una costumbre cuando se trataba de cierto rubio.

Ginny cogió una manta del cuarto de Hermione y las cubrió a las tres con ella en el sofá que compartían. Estuvieron hablando durante horas sobre el trascurso que habían tomado sus vidas desde que se había reencontrado con los chicos. Y ninguna parecía arrepentirse.

Hermione les contó sobre la conversación real y sincera que había tenido con Malfoy aquel día y de cómo la había disfrutado. Ginny sobre las nuevas posturas que había estado practicando con Zabini, parecían no hacer otra cosa. Y Luna sobre lo raro que se ponía últimamente Nott cuando iba vestida algo más ligerita de ropa.

La rubia ya había pasado varias noches en casa del chico, aunque aún no había ocurrido nada sexual, pero había notado que el joven se ponía tenso cuando ella usaba su pijama.

– ¿Y dices que la última vez que estuviste en su casa, al despertarte te diste cuenta de que se te había escapado una teta de la camiseta? – Preguntó Ginny aguantándose la risa.

– Sí, ¡pero fue un accidente!. Y Theo estaba distante conmigo cuando nos levantamos – Comentó apenada sin entender que ocurría.

– Cariño, si te acuestas con una camiseta de tirantes vas a acabar con una teta fuera, es tan evidente como que el fuego quema o el agua moja – Comentó Hermione riendo – Pero tranquila, Theo no estaba enfadado contigo.

– ¡Lo que estaba era cachondo! – Aclaró la pelirroja riendo.

Y entre risas y anécdotas locas de Luna, las chicas cayeron en los brazos de Morfeo.


Continuará…


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Eishel Panakos.