Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo diez:
I gotta feeling that tonight's gonna be a good night
"Huye de las tentaciones… despacio, para que puedan alcanzarte"
.
– La barba de tres días es el escote de los hombres.
Y Ginny no pudo estar más de acuerdo con Hermione.
Estaban observando a los dos jóvenes ex-Slytherin que charlaban animadamente en el centro de la sala, se habían quitado las túnicas reglamentarias de sus respectivos Departamentos y ahora vestían unas negras de gala. Las chicas acababan de llegar a la fiesta, habían hecho un rápido barrido con la mirada por el salón acondicionado por el Ministerio para la ocasión, cuando divisaron a Draco y Blaise.
Fue entonces cuando Hermione sintió la necesidad de hacer mención a la barba de varios días que lucía el rubio y que tan bien le sentaba.
Aquel sábado el Ministerio estaba celebrando el fin de la guerra oficialmente. La última misión de los aurores en busca y captura de los Mortífagos prófugos había concluido con éxito y no quedaba en el Mundo Mágico ni un mago o bruja seguidor de Voldemort sin encarcelar a excepción por supuestos, de todos aquellos desertores del régimen oscuro y reinsertados a la sociedad como era el caso de los Malfoy, Zabini y Nott. En dicho evento, se entregarían reconocimientos a todos los aurores que participaron en las misiones llevadas a cabo durante estos diez años y se recordarían a todos los caídos en el camino.
Harry Potter estaría allí, como auror y principal jefe al mando de dichas operaciones recibiría sus galardones. Hermione mantuvo una conversación con él hacía unos días para ponerle al corriente sobre la nueva situación de Ginny y aunque al principio no se lo tomo muy bien – deseó haber encerrado a Zabini en Azkaban cuando tuvo oportunidad – una vez relajado, lo medio aceptó y le prometió a la castaña que no la importunaría durante el evento. Hermione aprovechó para preguntar si Ron iría y por suerte, el chico le aseguró que se encontraba fuera de viaje con George y no podría acudir.
En aquel instante hizo su aparición Theo y Luna, venían tan acaramelados y absortos en su burbuja de amor que no se percataron de que las chicas estaban paradas justo a la entrada hasta que Ginny si hizo notar. Ambos sonrieron ampliamente y tan sincronizados que daba escalofríos, parecían siameses.
Luna vestía una túnica turquesa y su novio uno muy similar al de sus amigos, la rubia venía como acompañante de Theo ya que ella no trabajaba en el Ministerio.
– ¡Hola chicas! Estáis preciosas – Alabó la ex-Ravenclaw haciendo reír a sus amigas. Luego dirigió su inquietante mirada azulada a Hermione, la miró fijamente durante unos segundos para luego esbozar una sonrisa misteriosa – Hermione hoy los bullebys están más inquietos que nunca, me alegro mucho por ti.
La castaña frunció el ceño en su dirección sin entender ni una palabra de lo que quería decir con eso.
– ¿Debería entender eso? – Preguntó desconcertada.
– No necesariamente. Los bullebys sabrán guiarte, ya estás preparada para dar el paso – Dijo mientras le dedicaba una mirada dulce al ojiazul.
Hermione desistió en su labor de comprender las palabras de la chica, había aprendido a no cuestionar a Luna ni intentar entender todo lo que decía.
– Vamos con Draco y Blaise, deben estar preguntándose dónde estamos – Intervino Nott.
La castaña estiro las inexistentes arrugas de su túnica negra y azul y siguió al extraño grupo hasta el centro de la sala dónde los esperaban los chicos.
– ¡Hey! – Saludó Blaise con una amplia sonrisa – Menos mal que ya llegaron las damas, necesitamos un poco del lado heroico de la guerra para darle credibilidad a nuestras buenas intenciones.
– Los aurores no parecen muy contentos con nuestra presencia – Lo apoyó el rubio dedicándole una mirada intensa de pies a cabeza a Hermione, la chica notó sus pómulos calentarse y desvió la mirada avergonzada para responder a Zabini.
– Siento decirte querido Blaise, que tú jamás has tenido buenas intenciones – Bromeó la chica.
– ¡Oh, me has llamado por mi nombre! – Dijo con una emoción exagerada – ¿Quiere decir que ahora me consideras tu amigo?
– Poco a poco Blaise, no me agobies – Le guiñó un ojo y el chico le respondió con una sonrisa sincera.
– Mione, deja de ligar con mi adonis de chocolate o cierto rubio le va a castrar su anaconda y se acaba mi diversión – Moduló haciendo un mohín adorable.
– Pero pequeña Weasley, sabes que solo hay chocolate para ti – La voz sugerente de Blaise no pasó inadvertida para nadie provocando las risas.
– Quisiera ser el aire que respiras, para que cuando me dejes, te mueras – Pronunció Ginny en lo que para ella era una declaración de amor en toda regla.
– ¡Merlín!, no podéis comportaros por unas horas – Bufó la castaña.
– Intento ser normal pero me aburro enseguida – Respondió Ginny mientras apartaba su túnica roja y dorada para mostrar el entallado vestido que llevaba – Amor, ¿me queda bien este vestido negro?
– ¡Mierda! ¡Un Dementor! – Aulló el moreno con falso horror llevándose las manos a sus mejillas y devorándola con la mirada – ¡EXPECTRO PATRONUM! – Ladró apuntándole con su dedo índice como si fuera una varita.
La pelirroja rio coquetamente y se lanzó a los brazos del joven como una garrapata, agarrándose con sus piernas y brazos al cuerpo del chico y abusando sin piedad de la boca de Blaise.
Todo un espectáculo.
– ¿Quiero saber? – Preguntó Hermione a sus amigos ante el coito con ropa que estaba presenciando.
– Blaise es un Mortífago muy malo encerrado en Azkaban y Ginny su carcelera y quien va a darle el beso del Dementor – Informó Luna como si hablara del tiempo mientras aceptaba la copa que le ofrecia Theo.
– ¡En serio! ¿Qué clase de fantasías retorcidas y enfermas tenéis? – Formuló la castaña con los ojos desorbitados.
– Hay personas que hacen que te preguntes, ¿de qué altura se caerían de la cuna? – Susurró el rubio en el oído de Hermione provocándole mil escalofríos y que su piel se erizara.
Casi olvidaba que estaba allí. Casi.
– Theo, ¿Qué ocurre? – Las palabras de Luna llamó la atención de las dos parejas que dejaron lo que estaban haciendo para mirar la evidente tensión del chico.
– No me encuentro muy a gusto. Siento la mirada de todos los aurores sobre mí, juzgándome – Confesó mirando al suelo – ¿Qué más tengo que hacer? ¡Sólo era un crio! No es justificación pero he renegado de toda mi familia por estar aquí, he demostrado con creces estar del lado correcto. Estoy cansado de que me vean como un paria y sin nada que me diferencie de los verdaderos Mortífagos.
Theodore Nott no era un chico muy hablador, era bastante reservado y tímido por ello, esta revelación provocó una extraña sensación en el estómago de la castaña. Desvió la vista al rubio y su semblante serio le hizo saber que él se sentía igual aunque callara y fue entonces, cuando Hermione comprendió el esfuerzo que hacía a diario el joven para no ser relacionado con el chico influenciable que se unió a los Mortífagos por unos ideales que fueron inculcados desde la cuna, por el miedo que le daba lo que podría hacerle Voldemort a sus padres o a él mismo.
Hermione sintió calentarse su corazón, admiraba y se sentía muy orgullosa del nuevo Draco Malfoy.
– Te quiero tal y como eres. Con tú pasado y tus miedos – Aseguró Luna mientras tomaba la cara de Theo entre sus manos para que le mirara a los ojos – Recuerda siempre que eres absolutamente único.
– Amarte es la segunda mejor cosa que me ha pasado en la vida. La primera fue conocerte – Declaró el ojiazul con los ojos brillosos mientras depositaba un dulce beso en los labios de la rubia.
– ¡Por Merlín!, voy a vomitar arcoíris – Murmuró Hermione en parte bromeando y en parte de verdad.
Luna y Theo se sumergieron en su mundo de algodones y piruletas mientras Ginny y Blaise retomaban el apareamiento de las mantis religiosas, ya que la pelirroja en cualquier momento le iba arrancar la cabeza si seguía comiéndole la boca de esa forma y tironeándole del pelo, iba a provocarle una calvicie prematura.
No podía haber dos parejas más diferentes y que encima, todos fueran amigos. Hermione estaba recordando una frase que su madre usaba mucho 'Somos diferentes y por eso somos ricos'. Nunca había estado más de acuerdo, no cambiaría a sus amigas por nada del mundo y tenía que reconocer que tampoco querría librarse de los chicos, juntos eran el equilibrio.
Perfecto.
– Estos cambios tan bruscos de humor no pueden ser sanos, ¡os dejo! – Comunicó Malfoy a sus amigos.
– No puedes dejarme, ¡nos conocemos desde hace más de veinte años! – Suplicó Blaise con falso dolor mientras Theo reía contento y abrazaba con cariño a Luna.
– Pues peor me lo pones, ¡ya no lo aguanto más! – Vociferó Draco llevándose a la castaña con él a la mesa asignada para la cena.
La cena transcurrió entre risas y momentos incomodos – sobre todos por parte de la pareja cachonda como les habían bautizado a Ginny y Blaise – tras el postre, Kingsley Shacklebolt dio comienzo con los reconocimientos a los aurores, Harry recibió tres galardones entre aplausos, se mencionó a los caídos y se guardó un minuto de silencio. Por último, mencionó la participación de los aurores alemanes en varias misiones e invitó a subir al jefe de los aurores alemanes, Herman Bemberg.
Hermione sintió el color desaparecer de su rostro, frente a ella se encontraba el auror cavernícola alemán, el energúmeno que aludió a sus velludos muslos.
¡Merlín!, ¿por qué?
El tal Herman, agradeció de forma brusca la invitación del Ministerio inglés, compartió unas pocas palabras más y volvió a su sitio. Kingsley dio por finalizada las intervenciones y deseó que todos se divirtieran.
La castaña miró a sus amigas y todas tenían la misma cara de sorpresa, obviamente ninguna pensaba encontrarse de nuevo con el hombre. Ahora tocaba evitarlo a toda costa y durante un par de horas lo consiguieron, estuvieron bailando con los chicos y divirtiéndose pero no todo puede salir bien.
Una de cal y otra de arena.
– Vaya, vaya, pero mira a quién tenemos aquí – Se escuchó un marcado acento alemán y la castaña se tensó entre los brazos del rubio – las Super Nenas, la hostil, la lunática y la velluda – Enumeró señalando de una en una a las tres chicas.
Luna fue a decir algo pero Herman levantó una mano frenándola.
– Deja de mirarme con esos ojos de sapo desorbitados y antes de que digas nada chica rara, no. Los Snorkack no me han enviado.
Theo se ofendió por las palabras del auror e iba a enfrentarlo pero Luna no lo dejó y aunque reticente, se mantuvo junto a su novia mirándolo con odio. No habría una segunda oportunidad.
– El simulacro de paz y amor ha finalizado. Ya podéis volver a ser las víboras de Hogwarts y saltarle encima a este cabronazo alemán – Ordenó Ginny a los Slytherin mirando con desdén al hombre.
– No esperaba menos de ti, pelirroja – Sonrió siniestramente el auror.
– ¿De qué conocéis a este tío? – Intervino Draco posicionándose en gesto protector junto a Hermione.
– Eso preciosa, cuéntale como nos conocimos – Arremetió contra la castaña – aún no he olvidado tus piernas – Dijo guiñándole un ojo provocando que el rubio se tensara.
La chica enrojeció furiosamente por el recuerdo.
– ¿De qué coño habla Hermione?
A la castaña se le aceleró el corazón al escuchar su nombre por primera vez en los labios de rubio, pero volvió rápidamente a la realidad al notar las facciones tensas del chico y sus ojos acerados con la falsa calma de un pantano.
Hermione posó la mano sobre el hombro de Malfoy para infundirle tranquilidad y pareció relajarse un poco con su tacto.
– Nos vimos envueltas en un robo en el la tienda de Madam Melkin, yo estaba probándome una túnica cuando todo ocurrió y no tuve más remedio que salir sin pantalones a resolver el caos – Explicó sintiéndose ridícula – el señor Bemberg apareció y bueno, capturó a los ladrones y ya.
– Y ya – Repitió el rubio visiblemente más calmado aunque un poco celoso porque ese alemán prepotente hubiera visto más que él.
– Sí, y ya – Concluyó la chica, ni muerta le contaba sobre su vello.
– Unas piernas algo masculinas para mi gusto, pero bonitas – Aportó el auror ganándose un gruñido de Draco.
– Sabes, la primera vez que te vi, supe que tenías algo – Habló Hermione cabreada.
– ¿Y qué es? – Preguntó curioso el auror.
– Una hostia en toda la cara – Y bofetón al acto.
– Eso te pasa por cabrear a la Señora Malfoy – Aplaudió Draco rodeando la cintura de la castaña con posesividad.
Eso no pareció gustarle a Herman por lo que sobándose la mejilla sonrió, y volvió atizar con sus palabras, pero esta vez contra el rubio.
– Malfoy, ya decía que me sonaba tu cara. Eres un cabrón como tu padre y un puto Mortífago.
– Hubo un juicio y pagué por mis acciones. Así que ahora vete a tomar por culo, albino de mierda – Draco tenía la mandíbula tensa y Hermione lo rodeó con sus brazos para infundarle calma.
– Que te follen Malfoy.
– Gracias, ha eso aspiro esta noche – Sonrió cínicamente, el hombre lo miró desconcertado – Yo nunca insulto a nadie diciendo que te follen, prefiero que se muera virgen y con telarañas en sus partes.
– Eres un patético engendro de Mortífago – Siseó con asco. Luego miró a la castaña y a sus amigas que también se abrazaban a los Slytherin y soltó un suspiró de hastío – Con el debido respeto a las mujeres trabajadoras, pero os dejáis llevar por los sentimientos, con el chorrito de sangre mensual y todo eso, y os acabáis revolcando con el malo, ¡Siempre lo jodéis todo con vuestras hormonas!
– Tienes razón – Dijo la pelirroja deshaciendo el abrazó de Blaise – Tu eres mejor partido, todo un hombre de bien.
– Claro que sí nena – Afirmó seductor el enorme hombre.
– Te estoy tomando el pelo puto gordo, tienes que comenzar a calmarte – Atacó Ginny sacándole el dedo del medio mientras se volvía a refugiar en los brazos del moreno.
– Esto es puro musculo, enana pecosa – Contratacó exhibiendo sus bíceps.
– Parece que hablas por experiencia propia, ¿alguna chica te dejó por el malo? – Preguntó Hermione retomando la conversación anterior.
Herman no contestó, le dirigió una mirada dura y se fue dando grandes zancadas.
– Ese tío es un impertinente, ¿estáis bien? – La voz de Theo aún sonaba tensa mientras les hablaba a las chicas.
– Tranquilo Theo, he tropezado con tantas piedras que ya tengo el título de todoterreno – Aseguró la castaña dedicándole una sonrisa.
– ¿Me has llamado por mi nombre? – Se emocionó el ojiazul. Hermione rodó los ojos, no entendía porque todos se emocionaban tanto por ese simple hecho.
– ¿Qué es un todoterreno? – Preguntó Luna desconcertada.
– Un coche muggle – Respondió Ginny.
– Vale, ¿y yo qué? ¿Sigo siendo Malfoy? – Preguntó indignado el rubio.
– Oh, cállate Malfoy – Bromeó Hermione.
La castaña dijo que ya había tenido suficiente y que era hora e irse a casa, Malfoy se ofreció acompañarla ya que las traidoras de sus amigas se iban con sus respectivas parejas. Hermione insistió en que no era necesario, iba aparecerse en su calle y ya está, pero Draco aseguró que era peligroso porque era muy tarde, así que tras diez minutos de una inútil discusión se encontraba con Draco en la puerta de su casa, insólito.
– Bueno, pues gracias. Ya nos vemos el lunes en el Ministerio – Se despidió.
– ¿No me invitas a tomarnos la última? – Preguntó seductor.
– ¿La última? – Pronunció desconcertada.
– La última copa de la noche, Granger – Explicó rodando los ojos con exasperación.
– ¿Y por qué debería? – Dijo alzando una ceja.
– Vamos, Hermione. Te he acompañado a casa, que menos que obsequiarme con una copa.
La chica sintió sus piernas flaquear al escuchar de nuevo su nombre en sus labios. Sabía jugar sus cartas.
– Está bien, pasa. Una copa y te largas – Ordenó estirando su dedo índice hacía su pecho para acentuar su orden.
El chico asintió conforme y la siguió al interior del apartamento.
– Vaya, que…acogedor – Comentó el chico viendo el salón-cocina y las dos únicas puertas que había que supuso que uno era un baño y el otro el dormitorio.
– No tengo las comodidades de Malfoy Manor, perdóneme su alteza – Pronunció con ironía mientras dejaba caer sobre una silla su túnica y revelaba el vestido burdeos que llevaba.
Draco le dio una mirada evaluadora y Hermione pensó que había pasado el examen porque sonrió cuando terminó de escanearla.
– Sé que no puedes darme esos lujos, Granger. Pero puedes darme otras cosas – Moduló alzando varias veces las cejas en un gesto muy gracioso e infantil.
– Compórtate o te echo a patadas, Malfoy.
El chico alzó los brazos en derrota y dejó caer su túnica sobre la de la chica dejando ver su pulcra camisa blanca y pantalón negro. Hermione sirvió dos copas de whisky de fuego y se sentó en el sofá de dos plazas junto al rubio.
Comentaron como había ido la noche como dos buenos amigos y la castaña tuvo que reconocer que estaba muy a gusto, al igual que aquel día que fueron almorzar.
– Siento mucho todo lo que dijo Bemberg – Fue una disculpa sincera, se sentía responsable en parte. Si no fuera por ella, él no se habría acercado ni dicho todas esas cosas horribles.
El joven le quitó importancia con una mano aunque agradeció sus palabras.
– Siempre hay una solución para cada problema, una sonrisa para cada lagrima y un vete a la mierda para cada gilipollas ¿sabes en que categoría entra ese auror alemán? – Preguntó juguetón.
– Vete a la mierda gilipollas – Respondió riendo y siendo secundada por el chico.
Un silencio cómodo se extendió entre ellos, la chica dejó su copa sobre la mesa y se acomodó en el sofá, el chico le copió.
– Desde que aparecisteis en nuestras vidas, lo habéis puesto todo patas arriba – Confesó Hermione.
– ¿Y eso es malo? – Preguntó curioso.
– Creo que no – Susurró volviéndose para mirar al rubio.
Con lo que no contó era con que él hiciera lo mismo y sus caras estuvieran tan cerca que sus narices casi se rozaban. Se miraron a los ojos por un momento, perdidos en una lucha de hielo y fuego, pero entonces Hermione sintió la estúpida necesidad de poner distancia.
– Es tarde, deberías irte – Se puso en pie mientras hablaba.
Draco también se levantó, pero no dio ni un paso más. La chica le miró extrañada.
– Es tarde, tú lo has dicho. Será mejor que me quede aquí a pasar la noche.
– ¿Qué?
– He bebido, Granger. No sería seguro aparecerme en mi casa en este estado.
Hermione lo observó por un momento, tenía razón en lo que decía pero… quedarse en su casa era muy arriesgado. Suspiró y cedió. No quería cargos de conciencia si le ocurría algo.
– Está bien. Mi dormitorio es la puerta de la izquierda, confío en que sabrás llegar sin mi ayuda.
– ¿Tú no vienes a la cama? – Preguntó dubitativo.
– Yo enseguida iré a mi cama, el sofá – Confirmó por si había dudas.
– No eres divertida – Agregó haciendo un mohín que aceleró el corazón de la joven por lo adorable que se veía.
– Nunca pretendí serlo.
Draco se quedó miran a la joven por más tiempo de lo sanamente recomendable para la taquicardia que estaba sufriendo la castaña. Ya había visto esa mirada antes, le estaba estudiando con su mirada plateada, como queriendo grabarse sus facciones y asegurarse que todo eso era real.
De un momento a otro su semblante cambio a uno más serio, suspiró y se encaminó andando de espaldas hacía la puerta que momentos atrás le indicó la chica.
Alzó las manos en derrota.
– Me comportaré. Descansa – Se despidió.
– Adiós – Correspondió Hermione.
Malfoy echó una última mirada a Hermione y se encerró en la habitación.
Hermione notó un desosiego inmediato. Una mueca de fastidio se formó en su cara y miró a su alrededor observando la soledad que le acompañaba. No sabía muy bien que esperar cuando el rubio se ofreció acompañarla a casa.
¡Mentira!, sí sabía que pasaría.
Pero su mente se esforzaba por demostrar que no, que no iba a ocurrir nada, que el chico solo estaba siendo caballeroso. Y se cumplió lo que tanto suplicaba en su mente.
Aun así, sentía que esto no era lo correcto. Él tranquilamente en su habitación durmiendo a pierna suelta y ella en su mullido sofá pretendiendo que todo debía de ser así y convenciéndose de que era lo que tenía que pasar.
Se sentía…decepcionada.
Mierda.
La castaña se frotó la cara con brusquedad intentando eliminar sus confusos y contradictorios pensamientos y se puso en pie con la intención de acomodar el sofá para dormir. Tomó del mueble del salón unas mantas y uno de los pijamas que allí guardaba – era tan pequeño el apartamento que cualquier lugar era adecuado para guardar cosas – y las dejó caer en el sofá.
La puerta del dormitorio se abrió de pronto dejando ver a un muy achispado Draco embutido en un elegante pijama gris perla.
Del mismo tono que sus hermosos e inquietantes ojos.
– ¡Listo! – Anunció.
Hermione no pudo evitar soltar una risotada al verlo estirar sus brazos como si fuera a comenzar una función.
– ¿De dónde sacaste ese pijama? – Preguntó divertida.
– ¡Magia! – Aseguró chasqueando los dedos.
Hermione rodó los ojos por su estúpida respuesta.
– ¿Qué haces aquí de todos modos?
– He olvidado mi túnica – Agarró su túnica de la silla donde la había dejado cuando llegamos y miró a la castaña con desaprobación – ¿Vas a dormir vestida?
– En cuanto te largues me cambiaré – Aseguró.
– Vale.
– Perfecto.
– Genial.
– Ya puedes ir a dormir.
– Sí, eso haré. Adiós.
– Adiós – Repitió por segunda vez la chica en apenas unos minutos.
De nuevo en la soledad de su salón, Hermione sonrió ampliamente mientras colocaba las mantas y un cojín como almohada. Se dejó caer en el reposabrazos y se descalzó para poder masajear sus adoloridos pies después de más de cinco horas en tacones.
No habían pasado ni cinco minutos cuando volvió a escuchar la puerta abrirse.
Hermione rodó los ojos. Estaba de espaldas a la puerta, por lo que giró un poco el rostro para vislumbrar a Malfoy apoyado con ambos brazos en el marco de la puerta con el rostro pensativo y sin la parte superior de su pijamas.
Sin la parte superior de su pijamas. Procesó.
Hermione olvidó respirar. Sus habilidosos ojos escanearon el abdomen del rubio con rapidez, no era excesivamente musculoso, pero tampoco delgado como antaño, tenía las líneas del abdomen algo definidas y los hombros más anchos. Supuso que sería de jugar al Quiddich.
Volvió rápidamente la mirada a sus pies al ver que Malfoy torció el rostro mirándole con curiosidad.
– ¿Qué olvidaste ahora? – Su voz sonó algo ronca.
– Me entró sed – Respondió el joven rubio.
Draco atravesó la estancia en dirección a la cocina y la castaña no pudo evitar seguir con la mirada el contoneo de ese pequeño y abultado culo prieto que tenía el muy maldito. Pensaba que eran los pantalones, pero ahora viéndolo con ese pijamas holgado… ese trasero estaba muy bien trabajado y estaba impaciente por saber si era tan duro al tacto como parecía.
¡Maldita sea!. Concéntrate en tus malditos pies.
La chica lo escuchó moverse por la cocina y aparecer al momento con una botella grande de agua en las manos.
– Lo tengo. El agua evita la resaca – Informó.
– Oh, claro. Muy astuto por tu parte – Respondió Hermione volviendo a mirar sus pies.
– Siempre haciendo honor a mi Casa – Soltó arrogante.
Antes de volver a cerrar la puerta de la habitación se giró y sonriendo con sorna, volvió a despedirse dela chica.
– Adiós, otra vez.
Hermione suspiró rodando los ojos tras escuchar la puerta cerrarse por tercera vez.
– Adiós – Susurró a la habitación vacía.
Ya con Malfoy de nuevo en su habitación y con la improvisada cama montada, Hermione comenzó a quitarse las horquillas del semirecogido que llevaba y cuando deslizó la última de las horquillas y sus rizos quedaban de nuevos libres e indomables sobre sus hombros…volvió abrirse la puerta.
– Yo sé que olvido algo más. Sí, hambre, eso es. Tengo hambre.
Esta vez la joven no se molestó ni en mirarle.
– Maldita sea Malfoy. ¡Eres peor que un crio!
– No puedo dormir con el estómago vacío.
– Oh, por supuesto. Rituales sagrados antes de dormir – Dijo sarcástica.
– Exacto, Granger. No puedo saltármelos.
Sintió que el rubio pasaba caminando por su lado y desde su posición sentada en el sofá, desvió la mirada hacia las piernas del joven encontrándoselas desnudas.
Oh, por las barbas de Merlín.
Fue subiendo sus ojos lentamente hasta su trasero para encontrárselo desnudo, completamente desnudo, perfectamente torneado y respingón, como ya sabía ella que sería.
La obsesión que tengo con su culo no puede ser sana.
El rubio caminaba tranquilamente hacia la cocina sin una sola prenda que envolviera su cuerpo. Y Hermione sintió bajar toda la sangre a su centro.
Tragó en seco.
– ¿¡Qué narices estás haciendo!? – Su voz sonó más chillona de lo que pretendía.
El chico la ignoró deliberadamente y llevó su perfecta anatomía con elegancia y sensualidad hacia la cocina.
– ¿Dónde tienes las galletas? – Preguntó con naturalidad.
– En el segundo estante de la parte superior – Respondió con voz monótona la joven.
Malfoy salió de la cocina con el paquete de galletas de chocolate tapando su serpiente mientras con su mano libre llenaba su boca con una galleta.
Hermione no pudo evitar soltar una risita histérica mientras cubría sus ojos con las palmas de sus manos.
– ¿Y ahora qué te pasa? – Dijo con falsa inocencia.
– Pues que estas…que estas…¡desnudo!.
Draco se acercó despacio a Hermione y se posicionó justo frente al rostro de la castaña su paquete de galletas. Hermione se atrevió a mirar a través de los dedos y al vislumbrarlo enrojeció de pura excitación al saber lo que separaba el envase de cartón de ella. Desvió su mirada hacia arriba para encontrarse con la mirada acerada y lujuriosa del rubio.
– ¿Quieres una galleta? – El doble sentido en su voz era palpable.
El corazón de Hermione comenzó a latir desbocado. Las palabras se habían atragantado en su garganta. Petrificada, esa era la palabra para describirla.
– ¿No? – Volvió a preguntar.
– Malfoy…
– Vale. Tú te lo pierdes. Si cambias de opinión, ya saben dónde están – Y se encerró de nuevo en su habitación.
Hermione atusó su pelo con nerviosismo hacia atrás y soltó todo el aire que estaba conteniendo. Mordió su labio con brusquedad y lanzó una mirada a la puerta cerrada como esperando a que volviera abrirse.
Pero no lo hizo.
Llenando sus pulmones de aire con varias repeticiones, consiguió calmar un poco su evidente excitación. Se puso en pie y comenzó a tirar de la cremallera de su vestido cuando sintió los pasos de él acercándose a ella.
Ni siquiera escuchó esta vez la puerta abrirse.
Hermione le dio una mirada por encima de su hombro. Draco retiró lentamente las manos de la joven del vestido y colocó con delicadeza los alborotados rizos sobre el hombre derecho de la joven.
Se posicionó a su espalda y comenzó a bajarle la cremallera lentamente mientras dejaba suaves besos cortos desde su hombro izquierdo, pasando por su clavícula, hasta su cuello. La castaña no lo pudo resistir más y a la vez que su vestido caía al suelo ella se giraba para tomar con ímpetu los labios finos del rubio.
Y la boca de la castaña fue recibida con el mismo deseo.
Draco la aplastó contra él, asumiendo el control del beso. El rubio quería devorarla. Tomarla en ese mismo instante en la cama hasta que su erección se consumiera y saciara.
Hermione no podía respirar por la fiereza del beso. El calor del cuerpo del joven prendió fuego al de ella. Consumiendo su poca cordura. Merlín era testigo de todo lo que se había resistido la joven a ello, pero ya no podía más.
Draco Malfoy era verdaderamente indomable.
Él deslizó su mano fría bajó el sujetador de la joven hasta que pudo tomar su pecho. Ella tembló cuando sus dedos apartaron a un lado el encaje de su sostén a fin de que él pudiera pasar la palma contra su pezón dilatado.
Hermione toda su vida había sido recatada y correcta. El tipo de mujer que vivía de acuerdo a las reglas y que nunca trataba de romperlas o siquiera torcerlas. Draco liberó algo dentro de ella. Algo descabellado y maravilloso. Algo inesperado.
Él se apartó de sus labios mientras su mano se movía más abajo, sobre su estómago, bajando hacia su cintura y se fue directo a ahuecar el culo de la castaña haciéndole dejar escapar un gemido.
Ella dirigió sus temblorosas manos a su erección. Él no pudo moverse mientras lo tomaba entre sus cálidas manos. Su cuerpo estaba en llamas, Draco deslizó su mano a través de los rizos húmedos en la unión de sus muslos a fin de poder tocarla íntimamente mientras ella lo acariciaba. Estaba tan mojada ya, sus labios inferiores hinchados, implorando por más. Sus manos lo masajearon, causándole que se endureciera al extremo del dolor. El rubio soltó un sonido gutural.
– ¡Merlín! – Gimió Hermione por lo que le provocaban los dedos del chico.
– No. Malfoy, Draco Malfoy – Murmuró ronco mientras volvía a devorar sus labios.
Sus pezones estaban arrugados de frío y de deseo. Su pelo estaba suelto, derramado sobre sus hombros, y su piel melocotón brillaba en la oscuridad. Perfecta.
Presionó la punta de su pene contra su centro. Ella arqueó la espalda, esperando que la llenara. Él hizo más hondo su beso y, con un empuje se deslizó profundamente en su interior.
Ambos gimieron.
Ella alzó sus piernas alrededor de su cintura y sin separar sus sexos ni sus bocas, el rubio la llevó hacía la cama y se dejó caer sobre ella adentrándose más en su interior, si es que eso era posible.
Se enzarzaron en un vaivén sincronizado dónde los alaridos de placer eran constantes, Hermione arañaba y mordía su hombro y más de una vez apretó ese trasero que la llevaba volviendo loca tanto tiempo. Draco, mordía el lóbulo derecho de Hermione provocando que la piel de la joven se erizara y él, enloqueciendo por sentir como sus paredes se cerraban alrededor de su duro miembro.
Hermione sintió su cuerpo tensarse y al momento su liberación, tres estocadas después, Draco culminaba en su interior. Había sido el mejor orgasmo de su vida.
El joven se dejó caer cobre el cuerpo débil de ella enterrando su rostro en el hueco de su cuello. Hermione acarició los mechones rubios de su cogote mientras una amplia sonrisa aparecía en su cara.
Draco se apoyó sobre sus codos y la observó embelesado mientras apartaba unos mechones sudorosos de su frente.
– Dame un segundo y volvemos hacerlo.
– ¿Quieres más? – Preguntó juguetona la chica.
– Esto no eran más que los preliminares, Hermione. La duda ofende– Aseguró con sorna.
– Perdona mi atrevimiento, Señor Malfoy – Vocalizó despacio la chica - ¿Pero creé que me seguirá el ritmo?
– Mi técnica para durar más en la cama es no poner el despertador – Dijo petulante.
– Encantador.
Aquella noche la luna fue testigo de todos los orgasmos que Draco Malfoy puede provocar en una mujer.
Contiunará...
¿Disfrutaron? Por fín desapareció la tensión sexual no resuelta entre nuestros chicos :)
La escena de sexo de Draco y Hermione es sacada de la película Burlesque, pensé que quedaría genial aquí.
Las invitó a leer y compartirme vuestras opiniones sobre Todos los pétalos, dicen que sí y El porqué de las cosas, dos oneshot dramione que encontraran en mi perfil. ¡Estoy ansiosa por saber que les pareció!
¡Dejen un review si quieren ser testigo de todos los orgasmo que puede provocar Draco!
Eishel Panakos.
