Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo trece:
Malfoy.
"Dicen que hablando se entiende la gente…o no"
.
Esto es una pérdida de tiempo.
Hermione observaba su reflejo en el espejo de su habitación con una mueca de disgusto. Había elegido el vestido más sobrio que tenía, era elegante como le había pedido Kingsley que fuera para la ocasión, pero nada revelador que pudiera dar pie a una confusión en sus intenciones al energúmeno alemán.
Suspiró con pesadez y alisó por tercera vez, las inexistentes arrugas del vestido negro.
Miró sus pies descalzos cuestionando que tacones debería usar cuando recordó, aquellos plateados de hebillas y tacón moderado que le regaló su madre tres años atrás para navidades. Se encaminó al armario, se acuclilló y comenzó a rebuscar entre las cajas que estaban al fondo, estaba segura que estarían allí ya que no los usaba con regularidad, lo que no esperaba la castaña, era toparse con una bolsa estratégicamente olvidada en lo más profundo de su armario, en el silencio del cuarto se escuchaban perfectamente los golpes de su corazón en el pecho.
Cogió la bolsa con dedos temblorosos, y sacó de su interior un conjunto de lencería transparente muy atrevido, una bata blanca y un consolador de goma.
Hizo una mueca y se sentó de piernas cruzadas en el suelo.
Tomó el pene de goma color verde y sonrió débilmente. Aún recordaba lo abochornada y enfadada, a partes iguales, que se encontraba cuando Ginny le hizo ese peculiar regalo. Acarició con delicadeza las palabras 'Pene Mágico' escritas en el objeto y una pequeña risa triste escapó de sus labios, estaba segura que si alguien le encontrara en aquella situación cuestionaría su salud mental y pensaría que era una depravada por estar con la mirada fija en el consolador, acariciándolo con suma delicadeza y abstraída en su mundo, probablemente planificando todas las travesuras que se pueden hacer con un pene de goma.
Pero la realidad era muy diferente, Hermione estaba recordando los acontecimientos que desencadenaron aquel regalo, como fue su reencuentro con el rubio, lo impresionada que quedó y lo reacia que era a tener algún tipo de acercamiento con el chico.
Volvió a guardar el objeto en la bolsa y a esconderlo en las profundidades del armario. La castaña ya sabía lo que se sentía al ser curada por el pene mágico de Malfoy, y un triste pene de goma de imitación no tendría ni una mísera probabilidad de hacerle sentir lo que era capaz de provocar el de carne real, ese sí que sabía hacer magia.
Una verdadera lástima, si le preguntaban a la chica, ya que no planeaba jugar de nuevo a los medimagos con el chico.
Sin embargo, no hizo lo mismo con la ropa. Cogió el tanga y el sujetador y lo guardó en el interior de uno de los bolsillo de la bata, se puso en pie, tomó una percha de las que estaban libres y colgó la bata de Medimago, luego por un impulso que no sabe muy bien de donde salió, la puso en el perchero que había junto al espejo, dejando su vista fija por un momento en la pequeña placa que rezaba 'Sanador Malfoy'.
Suspiró con pesadez, Hermione decidió no pensar en el por qué había colgado la bata del perchero en vez de devolverlo a la maldita bolsa, o el cinismo del rubio tras la noche de pasión que compartieron.
Así que, se calzó los tacones y abandonó el apartamento rumbo al restaurante donde se vería con el Auror, sin mirar ni una vez atrás.
– ¿A qué te dedicas exactamente? – Preguntó con la intención de amenizar la velada.
– Básicamente a respirar. No gano mucho, pero me da para vivir – Respondió con desgana la castaña mientras removía la sopa de verduras que había pedido.
Llevaban veinte minutos compartiendo mesa y las cosas no podían ir peor.
Habían acordado encontrarse en el restaurante, él propuso pasar a recogerla pero Hermione se negó, quería que aquella maldita cena se mantuviera en lo estrictamente profesional y lo más alejado posible de lo parecido a una cita. Herman ya estaba sentado en la mesa bebiendo una copa de vino cuando la castaña llegó, se saludaron de forma escueta y la joven tomó asiento frente a él. Leyeron en silencio sus cartas y ordenaron al camarero, cuando finalizó esa acción, ninguno sabía muy bien que hacer.
El alemán se veía de pronto cohibido, lo que extrañó de sobremanera a Hermione, y ella no sabía a donde dirigir su mirada o qué hacer con sus manos, todo esto era una situación muy violenta. Tras unos minutos más de silencio, el Auror hizo mención a lo guapa que iba esa noche y apreció de forma burlona que se hubiera depilado para usar el vestido, la chica lo miró desafiante por un momento para luego sonreírle con falsa dulzura y volver su atención al líquido de su copa.
La noche no había hecho más que empezar y Hermione ya estaba deseando que se acabara.
En cambio Herman no parecía querer que eso pasara, por lo que esperó a que el camarero dejara sus platos en la mesa para intentar cortar la tensión entre ellos, provocando la respuesta sarcástica de la joven de hacía unos segundos.
– Debe ser agotador – Concordó con ironía el hombre.
– Trabajo en el Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas – Terminó diciendo Hermione tras unos minutos de silencio.
Herman pareció sorprendido por recibir una respuesta sincera de la chica, por lo que volvió a intentarlo preguntándole cosas triviales sobre su trabajo, pero tras unos minutos la castaña tuvo que intervenir con una pregunta que le picaba en la punta de la lengua desde esa mañana.
– ¿Qué trabajo estás haciendo para el Ministerio Inglés? – Cuestionó Hermione cortando la pregunta que estaba pronunciando en ese momento el Auror sobre que pensaba ella sobre las leyes impuestas a los vampiros.
Herman se humedeció los labios con su copa de vino y meditó sus palabras antes de responder.
– Irregularidades – Dijo escuetamente.
– Pero, ¿por qué tú?, trabajas para el Ministerio Alemán, y Kingsley dijo que te ofreciste voluntario – Presionó Hermione, definitivamente estaba curiosa.
– Son asuntos que incumben al Departamento de Aurores y aliados – Pronunció dando por terminada la conversación. Hermione frunció el ceño molesta, tendría que investigar por su cuenta – Entonces, dime. ¿Qué opinas sobre las leyes impuestas a los vampiros?
La castaña estaba respondiendo con monosílabos y sin mucho interés a sus preguntas, cuando su mirada se desvió hacía un sospechoso hombre que se ocultaba parcialmente con la carta del restaurante, y le echaba miradas por encima de ella de vez en cuando.
Estaba sólo a tres mesas de distancia, era bastante obvio que le miraba a ella y además, se le hacía muy familiar.
Cuando se dio cuenta de quién era, rodó los ojos con exasperación.
Estúpido entrometido.
– Bemberg, vuelvo en un segundo – Anunció levantándose.
– Es Herman, preciosa.
– Como sea – Respondió sin mucho interés poniendo rumbo a la mesa del sospechoso hombre.
Éste intentó ocultarse de nuevo tras la carta, pero Hermione se la arrancó violentamente de las manos y le miró severamente colocando las manos en la caderas al más puro estilo Molly Weasley en pleno sermón.
– Ilumíname, porque sufro de amnesia. ¿No te dije ya en una ocasión, que esa mierda de bigote y unas gafas de sol no eran un disfraz? – Interrogó la castaña alzando las cejas, viendo que el moreno iba a responder, estiró su brazo hacia adelante con la palma abierta a un centímetro de la nariz de Blaise para callarlo – Era una pregunta retórica, Míster Potato. ¿Por qué me estás espiando? – Cuestionó.
El chico se cruzó de brazos enfurruñado y le miró con chulería Slytherin.
– Me aseguro, de que ese cabronazo no se propasa contigo.
Hermione dejó la carta sobre la mesa e imitó la postura del moreno, ahora con el ceño fruncido.
– Se cuidarme perfectamente, gracias. ¿Cómo sabias que estaría aquí?
– Mi pequeña Weasley me lo dijo – Reconoció.
– Ginny es una bocazas – Siseó la chica.
– No quería decírmelo, pensaba que haría una tontería, pero tengo mis métodos – Dijo en tono confidente mientras le guiñaba un ojo con picardía.
– Ahórrate los detalles – Pidió Hermione sonriendo – Ya has comprobado que estoy bien, puedes irte.
– Hermione, Hermione. Este es un lugar público, no puedes simplemente venir y echarme – Respondió Blaise sonriendo ampliamente y tomando de su copa de whisky de fuego.
– ¡Blaise, lárgate! – Ordenó sonrojándose de la impotencia.
– Ya te he dicho que no – Musitó con rebeldía.
Hermione apretó los puños a sus costados.
– Bien. Haz lo que quieras – Se rindió ante el rostro sonriente del chico – Pero te advierto, como hagas alguna tontería, te corto esa enorme anaconda negra de la que tanto presume Ginny que tienes entre las piernas.
– Me doy por enterado – Dijo rodando los ojos – ¿Ginny te habla de mi amiguito de chocolate? – Preguntó travieso.
– Le tienes muy impresionada – Dijo como toda respuesta la castaña rodando los ojos cuando el moreno comenzó a reír encantado – Bien, me marcho. Te estoy vigilando – Pronunció como despedida la castaña.
– Se supone que soy yo quién te vigila, Señora Malfoy.
Hermione le ignoró y se dirigió a su mesa, era una suerte que la silla del Auror quedara de espaldas a mesa del moreno.
Cuando tomó de nuevo asiento, Herman se sumergió en un monólogo sobre el Ministerio Alemán. Hermione lo escuchaba parcialmente porque estaba bastante preocupada por la presencia del moreno, dirigió un par de miradas a Blaise desde su mesa y éste siempre le devolvía una sonrisa burlona, decidió ignorarlo después de eso, nada podía ir peor esa noche.
La chica no sabía lo equivocada que estaba.
En aquel momento cruzó la puerta la elegante Narcissa Malfoy agarrada del brazo de su flameante hijo.
Oh, por las barbas de Merlín.
Hermione deseaba escurrirse en su silla hasta tocar el suelo y usar las uñas para excavar hasta otro país, para empezar así una nueva y placentera vida.
La castaña envió una mirada envenenada a Blaise, estaba segura de que el chico lo había avisado, pero el moreno parecía igual de sorprendido que ella y negó con su cabeza en dirección a Hermione respondiendo a su pregunta muda.
Draco Malfoy y su madre eran ajenos a los tres invitados indeseados que ocupaban el lugar, de momento, y fueron acomodados por el metre en una puñetera mesa en el centro de la sala, justo entre las mesas que ocupaban Hermione y Blaise.
Simplemente genial.
El rubio estaba sentado de frente Hermione, y ella supo el momento exacto en el que Malfoy le reconoció por la mirada sorprendida en su rostro, pero también se dio cuenta del momento en el que el rubio se percató de quién era su acompañante, por la mirada traicionada que se apoderó de él. Su acerada mirada se oscureció aparentando la misma falsa calma que un pantano y su mandíbula se apretó marcando sus escarpados pómulos.
El corazón de la joven comenzó a bombear con fuerza.
Merlín, no puedo olvidarle.
Era la reacción normal al sentir la mirada del chico, estaba guapísimo en su elegante túnica negra y aquella severidad en su rostro sólo lo hacía más atractivo a sus ojos. Hermione se mordió el labio involuntariamente por la imagen del chico. Los plateados ojos del rubio se oscurecieron al ver el gesto de la joven y su mirada se centró en los labios hinchados por el mordisco de Hermione. No duró más de unos segundos ya que su madre lo trajo de vuelta a la realidad obligándole a prestarle atención, la castaña por su parte volvió a coger el hilo de la verborrea de su acompañante sobre lo duro que era el trabajo como Auror. Aparentemente, no se había dado cuenta de nada.
Recuerda que te hizo daño, no flaquees.
Draco estaba irascible desde que las cosas se torcieron entre la castaña y él. Y al problema con Hermione, se sumaban sus propios problemas personales y su madre.
Y luego estaba el pequeño detalle, de que en el centro de todos sus males siempre estaba el mismo hombre, Herman Bemberg.
Albino de mierda.
El muy desgraciado había jugado muy bien sus cartas, le había jodido una primera vez y ahora lo volvía hacer ingeniándoselas para concertar una maldita cena con su bruja.
Mi bruja, mía.
– Querido, ¿no es ese tu amigo Blaise Zabini? – Preguntó Narcissa señalando detrás del rubio.
Draco miró sobre su hombro con el ceño fruncido para encontrarse al moreno sonriéndole vacilante y atusándose un ridículo bigote.
– Disculpa madre, voy a ir a saludarlo.
El chico llegó de dos zancadas a la mesa del moreno, Blaise estaba viviendo aquello como un deja vu ya que el rubio estaba haciendo lo mismo que había hecho Hermione minutos atrás.
Tal para cual.
– Juro que intenté avisarte en cuanto me enteré – Comenzó a disculparse el chico – Fui a buscarte a la Mansión y tu elfo me dijo que habías salido con tu madre, así que decidí venir de incognito yo mismo a supervisar la cita.
– Cena de trabajo – Lo corrigió Draco, se enfermaba al pensar que esos dos estuvieran en una cita.
– Lo que tú digas.
– ¿Y el bigote y las gafas son tu disfraz? – Cuestionó con sorna.
– Obviamente, he fracasado estrepitosamente. Los dos os habéis dado cuenta que era yo – Bufó enfadado.
– ¿Granger sabe que estás aquí? – Preguntó alzando una ceja.
– Cuando se acercó me cagué pensando que iba a pillarme la polla con la cremallera, ya sabes que es su modus operandi – Respondió asustado – Pero fue civilizada, y se limitó amenazarme con castrarme si intentaba joderle la cita.
– Cena de trabajo – Corrigió de nuevo Draco chirriando los dientes y provocando que el moreno rodara los ojos – Ya puedes irte, yo me hago cargo.
El moreno lo miró mal y siseó por lo bajo algo que sonó a 'igualito que Hermione', pero Draco no le dio mayor importancia.
– Suerte, la vas a necesitar – Dijo Blaise apretándole un hombro en apoyo, Draco asintió agradecido.
– Gracias por todo, Blaise.
– ¡Oh, Merlín!, Draco Malfoy dando las gracias – Comentó con falso horror.
Draco lo golpeó amistosamente y volvió a su mesa donde los platos ya estaban servidos.
– Sabes que me gusta cerciorarme de quién está en un restaurante cuando voy a comer – Comenzó Narcissa hablar en cuanto su hijo tomó asiento – Ya sabes, por si conozco a alguien. Es de mala educación y daría que hablar si no saludo – Prosiguió la mujer sin inmutarse ante la ceja alzada y apremiante de su hijo, aunque él ya sabía lo que iba a decirle – Al girarme en mi sitio, me he llevado un terrible disgusto. Si no fuera porque ya nos habían servido, y sería un escándalo marcharse sin más, ahora mismo estaríamos en la Mansión.
– Has visto a Herman Bemberg – Concluyó Draco al ver las manos de su madre temblar sujetando los cubiertos. Él se las tomó para estabilizarlas y ella le miró agradecida.
– Sí, y está acompañado por… la amiga de Harry Potter.
– Ya veo – Susurró Draco componiendo su rostro inescrutable y enviándole una mirada de soslayo a la castaña, que en ese momento estaba mirándole y se sonrojó al verse atrapada.
– Ese despreciable Auror está confabulando con todos los magos y brujas que nos odian.
– Deja de preocuparte, madre. Todo se va a solucionar – Aseguró el chico volviendo la atención a la joven que tenía la mirada clavada en su plato.
– Por favor, acabemos rápido. No me encuentro bien y quiero volver a casa.
Hermione había presenciado el intercambio de palabras entre Blaise y el chico, así como la breve conversación entre los dos Malfoy, aunque no escuchó nada, la castaña comprendió que no estaban hablando de algo agradable por la seriedad en la cara del rubio, aunque también se podía deber al hecho de que ella estuviera con Herman.
–…Realmente eres una buena persona para conversar, sabes escuchar – Le alabó con su marcado acento alemán.
– En realidad, te ignoraba. Me gusta verte hablar y que pienses que estoy prestándote atención – Sonrió con falsa dulzura haciendo reír al hombre.
– Y además, con humor – Dijo colocando distraídamente su mano sobre la de la chica que descansaba en la mesa.
A la castaña le pilló por sorpresa ese gesto y no supo como reaccionar, inconscientemente dirigió su mirada al rubio, y al momento sintió un escalofrió en la espalda al observar la calma letal que se había apoderado de Malfoy cuando sus ojos hicieron contacto.
Hermione rápidamente apartó su mano y la ocupó en jugar con su copa. El Auror se dio cuenta del brusco movimiento de la joven y siguió la mirada de la castaña hacía la mesa a su espalda.
– Ahora entiendo – Dijo enviándole una desafiante mirada a Draco, quien no se amedrantó ni un poco – Tú noviecito y suegra están aquí.
Hermione frunció el ceño.
– Malfoy no es mi novio.
– Pues lo parecía en el evento que celebró el Ministerio la semana pasada. Estabais muy acaramelados – Comentó distraídamente mientras hacia un gesto al camarero para que le sirviera más vino.
– No te importa mi vida amorosa – Masculló molesta la castaña.
– Ese Mortífago de mierda no te merece – Soltó de pronto.
Hermione sintió hervir su sangre. Ella estaba ya grandecita y era muy testaruda. La chica y sus amigas, eran las únicas que podía decir que ese hurón no la merecía, y podían criticarlo en sus quedadas de chicas comiendo comida basura y compartiendo lamentaciones, pero nunca había soportado a la gente entrometida, y mucho menos que un Don nadie como él le dijera quién era bueno para ella o no.
– No es un Mortífago – Lo defendió apretando los puños sobre la mesa – Tú no lo conoces, no hables de él.
– Estás enamorada de esa mierda – Afirmó molesto.
– Te repito, no te entrometas en mi vida – Contestó con dureza.
No le gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación y se lo hizo saber con la expresión desafiante de su rostro.
– Sólo porque él y su madre hayan eludido a la autoridad, no quiere decir que sean trigo limpio – Atizó con crudeza sorprendiendo a Hermione por el odio contenido – Los Malfoy tienen que pagar por sus crímenes.
– ¿Qué quieres decir? – Cuestionó frunciendo el ceño la castaña.
El hombre se limitó a sonreír y pidió los postres. A lo lejos Hermione vio como Draco y su madre abandonaba el restaurante sin mirar atrás.
– Así que, aquí vives.
– Sí.
Herman había propuesto a Hermione ir a tomar algo después de cenar, pero Hermione se excusó con el hecho de que al día siguiente trabajaba. Insistió en acompañarla a su casa a pesar de sus protestas, y no le quedó otra que aceptar.
Mientras antes llegaran a su casa, antes se desharía de él.
– ¿No me invitas a pasar? – Preguntó socarrón.
Hermione se quedó congelada con las llaves en la mano. Recuerdos de la noche del evento en el Ministerio volaron por su cabeza, en aquella misma situación, mismo lugar, misma pregunta…pero con Draco Malfoy.
– Creo que te estás llevando una idea equivocada de mí – Se obligó Hermione a decir tras su letargo.
– Yo puedo hacerte olvidar a ese intento fallido de mago – Murmuró acechándola contra la puerta de su casa.
La castaña lo apartó con sus manos con fuerza, pero no consiguió moverlo ni un centímetro. Aquel hombre era enorme.
– No necesito olvidar a nadie – Aseguró.
Herman tomó sin previo aviso el rostro de Hermione y le plantó un brusco beso en los labios. La castaña quedó petrificada, con los brazos flácidos a sus costados y los labios apretados.
– Si me dejas, esta noche te haré ver la luna – Dijo en un intento de ser seductor.
– Una pena que tengas el telescopio tan corto – Proclamó una voz controlada que Hermione conocía sin necesidad de mirar.
Lo reconocería en cualquier sintió y su cuerpo también, ya que reaccionó a su presencia.
Herman se giró sobre sus pies, desenfundó su varita y apuntó al joven. Draco imitó rápidamente al Auror.
– ¿Te atreves apuntar a un Auror? – Amenazó Herman.
– Apártate de ella – Ordenó con ira.
Hermione comenzó a temer por lo que el estúpido de Malfoy podría hacer, al fin y al cabo, Herman era una autoridad, enfrentarse a él podría suponer problemas.
– Bemberg, ya me has traído a casa y ya puedes irte – Pidió la castaña.
El hombre le miró afilando los ojos, bufó y guardo su varita.
– Ya veo que has tomado tu decisión – Afirmó enfadado, para luego aparecerse y dejarlos solos.
Draco dio unos pasos hacía Hermione pero ella se apartó rápidamente.
– ¿Por qué has dejado que te bese? – Tenía la mandíbula tan apretada que iba a quebrarse la dentadura.
– ¿Por qué nos estabas espiando? – Devolvió la chica.
– Estaba aquí esperando a que volvieras a casa para poder hablar contigo, y te encuentro besuqueándote con ese imbécil. ¡No soporto que te toque nadie! – Aulló encolerizado.
– Ser tan sigiloso te ha pasado factura. Una persona tan venenosa como tú, debería usar un cascabel para anunciar su llegada – Soltó Hermione dando un paso en su dirección.
– Aquí la que expulsa veneno eres tú – Respondió el chico dando otro paso hacía ella.
Sus narices casi se rozaban.
– Te lastimo con mis palabras porque si lo hago con mi varita, voy a Azkaban – Musitó entre dientes.
Draco aprovechó su distracción, se inclinó hacia adelante y capturó sus labios con los de ella. Llevaba esas dos semanas deseando volver a sentir sus besos, su cuerpo, sus caricias. Hermione se resistió en un principio, pero acabó dejándose llevar por todas las sensaciones que se apoderaban de ella cuando el rubio la tocaba.
La danza de sus bocas se volvió más salvaje y necesitada, no tenían suficiente el uno del otro, el chico le rodeó con sus brazos eliminando cualquier distancia entre sus cuerpos y Hermione enredó sus manos en la cabellera platina del rubio dándole pequeños tirones que hicieron gemir al joven.
– Nadie te hace sentir lo que yo provoco en ti – Susurró Draco cuando se separaron momentáneamente para coger aire.
Todo momento pasional murió tras sus palabras. Hermione lo apartó a golpes.
– ¿De eso se trata?, ¿de enseñarme que tú eres el que manda?. Eres un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, ¡y un cínico! – Le gritó volviendo a tomar sus llaves, que se habían caído al suelo en el momento pasional, y dirigiéndose a la puerta.
Has estado a punto de volver a caer Hermione, ¡eres estúpida!
– Ya sabias todo eso antes de que te involucraras conmigo – Le gritó siguiéndola.
–¡Y por eso me odio! ¡y te odio! – Atacó Hermione girándose para enfrentarle.
– Tú me importas – Dijo con esfuerzo enfrentado su mirada avellana, no estaba acostumbrado a hablar de sus sentimientos.
Hermione frunció el ceño enfadada.
– ¿En cuál de tus dos caras quieres que te diga lo falso que eres?
– ¡Tanto escándalo por una maldita nota y una poción! – Vociferó Draco exasperado.
– ¡No soy una de esas brujas con las que acostumbras a verte! – Contraatacó deshaciéndose de sus brazos y al borde de las lágrimas.
– Tú eres diferente, ¡no me estás escuchando! – Dijo el rubio al ver la mirada enrojecida de la chica, no quería verla así.
– Eres un cínico – Escupió Hermione con rencor.
– Obtén primero los hechos, entonces los puedes distorsionar como quieras – Contestó molesto.
– Te escucho entonces, defiéndete – Concordó Hermione cruzándose de brazos frente a él.
Pero en aquel momento, apareció una lechuza que picoteó con fuerza la cabeza del rubio haciéndolo quejarse de dolor. Tomó la carta que traía y la leyó con rapidez ante la atenta mirada de la castaña.
– Mierda. Gilipollas albino de mierda, mierda, ¡mierda! – Mascullaba mientras rajaba en mil pedazos la carta y quemaba los trozos con su varita – Tengo que irme.
– Genial, otra vez huyendo. Al menos esta vez estoy despierta – Ironizó la chica.
– No colmes mi paciencia, Granger – Pidió contenido mientras apretaba el puente de su nariz con fuerza para tranquilizarse.
– ¿Qué no colme tu paciencia? – Repitió exasperada y riéndose como una desquiciada – Te voy a dar una hostia, que vamos a morir los dos. Tú de la hostia y yo de la onda expansiva. ¡Desaparece de mi vista! – Resolvió Hermione abriendo su puerta y cerrando de un portazo.
Aquella misma noche, Hermione escribió la columna para la revista muggle de la semana entrante.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
En la vida, como en el arte, algunas terminaciones son agridulces. Especialmente cuando se trata de amor. A veces el destino une a dos amantes sólo para luego separarlos. A veces el héroe finalmente toma la decisión correcta, pero no en el momento puntual. Y, como dicen, la puntualidad lo es todo.
Si el príncipe azul no hubiera aparecido, ¿habría dormido Blancanieves eternamente en su ataúd de cristal? ¿O tarde o temprano habría despertado, escupido la manzana, buscado trabajo, una buena asistencia sanitaria y un donante del banco de esperma?
La chica del pañuelo verde.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Continuará…
¡Hola queridas!
Prometí que esta semana traía el siguiente capítulo y aquí está, es domingo y casi las doce de la noche en España, aún es esta semana :D
Llevo una semana fatal, de trabajo hasta arriba, de universidad hasta arriba, y para colmo he pillado un virus que ronda por aquí y estoy malita con vómitos (os voy ahorrar detalles). Lo he traído lo antes que he podido.
¡Ya sólo queda un capítulo y el epílogo!, esto se acaba chicas :(
Ya hemos sobre pasado los 200 reviews :D :D :D no sabéis lo feliz que soy (wiiiii!)
Como soy muy ambiciosa, digna de la Casa Slytherin, os iba a proponer a ver si somos capaces de llegar a los 300 reviews para cuando finalice el fic :D creo que es demasiado ambicioso de mi parte, ¡pero de ilusiones se vive!
Hoy no voy a poder responder a los reviews que me faltan, pero desde aquí os doy las gracias por el tiempo invertido y las cosas bonitas que me dejáis, cada vez que leo uno se me ilumina la cara :D :D
¡MUCHAS GRACIAS POR TODO EL APOYO!
Dejen un review si quieren ser besadas por Draco en la puerta de sus casas.
Eishel Panakos.
