Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, que junto con Blaise Zabini y Theodore Nott está dispuesto a todo. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo quince:
Pride and Prejudice.
"situación sentimental: mágica"
.
Viernes, medio día en el Ministerio de Magia.
– No me gusta mentirle a Hermione.
– Luna, por favor – Dijo exasperada la pelirroja por los remordimientos de su amiga.
– El fin justifica los medios – Aportó Blaise antes de llevarse a la boca un trozo de pollo.
– ¡Pero no me gusta mentir! – Insistió removiendo su ensalada de pasta.
– ¡Tan sólo le hemos hecho creer que estábamos ocupadas para no almorzar con ella!, ¡Por Merlín! – Gritó devuelta Ginny mientras le robaba un poco de pollo al moreno, que le miró mal – No vuelvas a mirarme así, es tu hijo el que quiere tu comida.
Eso fue suficiente para que Blaise pusiera cara de bobo y acariciara el abdomen liso de Ginny mientras esta, devoraba con ímpetu el pollo al ajillo.
– Son pequeñas mentiras piadosas, no hacen daño a nadie – Aseguró Theo rodeando los hombros de su chica en un abrazo reconfortante.
– ¿Podemos continuar con el plan? – Apremió Ginny reacomodándose en el sofá.
Las dos parejas se encontraban en el despacho de Blaise, en el Departamento de Deportes. Se habían citado durante la comida para terminar de preparar la misión 'Orgullo y Prejuicio' en honor a los dos aspectos que más resaltaban del rubio y la castaña en su no-relación.
– ¿Sabéis algo de Draco? – Preguntó Luna.
– No se ha puesto en contacto con nosotros – Aseguró Blaise encogiéndose de hombros.
– Con nosotras tampoco – Dijo la pelirroja haciendo una mueca – Su secretaria prometió avisarme de cualquier movimiento que hiciera, pero de momento no ha salido de su despacho ni para comer. Quiero pensar que aún está enfrascado en descubrir el regalito que le dejamos y no que esté escondiéndose – Frunció el ceño mirando a sus amigos – Porque juro que si es así, no habrá piedad.
– Draco es casi tan brillante como Hermione, sé que acabará uniendo los puntos – Comentó Theo.
– Y cuando lo haga necesitará procesarlo – Aportó el moreno poniéndose serio de pronto.
– ¿Procesarlo?, ¿qué más necesita procesar? ¡Ya tiene mil pruebas de que Hermione le quiere! – Rugió Ginny – Llevan jugando al gato y al ratón desde que se vieron aquel primer día a la salida del Ministerio. Y de eso hace tres malditos meses. Hermione se le declaró la otra noche. Vale, sí. No fue ni el lugar, ni el momento. Pero, ¿qué hizo él? – Preguntó a nadie en particular – ¡Nada!, y me consta que ese hurón oxigenado también siente algo por ella, es exasperante su falta de acción.
– Para Draco no es fácil. No está acostumbrado a enfrentar este tipo de sentimientos, todo es nuevo para él. Está muy presionado últimamente, con sus problemas con Herman Bemberg, los malentendidos con Hermione, y el orgullo Malfoy que no le deja avanzar – Theo hizo su mejor esfuerzo por defender a su amigo.
– Para Hermione tampoco es un camino de rosas. Le costó mucho aceptar sus sentimientos por Malfoy, pero apostó por él. Y a pesar de lo que ocurrió aquella mañana que despertó sola, todas sus discusiones y los prejuicios que le carcomen por el pasado mujeriego del hurón, volvió apostar por él y se declaró la otra noche en casa de Blaise, recibiendo cero respuesta de su parte – Ginny suspiró con cansancio – Los leones somos valientes, pero no estúpidos. Hermione no volverá arriesgarse, el siguiente paso tiene que darlo él sino quiere perderla.
– Lo que nos lleva a confirmar que tanto Draco como Hermione son idiotas y tozudos – Habló Blaise – Y por eso estamos aquí – Dijo mientras desdoblaba un trozo de pergamino – Aquí tenemos a La Lista. Primer punto: mostrarle a Draco las publicaciones de Hermione para que se cerciore que todo es real y actúe.
– Hecho – Dijeron a la vez las chicas.
– Segundo punto: disipar las dudas de Hermione y confirmarle que algo pasa con Bemberg y Draco, para que esté más receptiva a hablar con nuestro gran amigo.
– De momento es vuestro gran amigo – Apostilló Ginny con desdén – Hasta que no haga feliz a mi amiga para mí es un hurón.
– Sí, mi amor – Dijo el moreno besando su mejilla dulcemente – Tercer punto: postrarnos de rodillas y rezarles a los todopoderosos Merlín y Morgana para que Draco de el primer paso y se arreglen.
– Tenemos un noventa por ciento a nuestro favor, tiene que salir bien – Habló la pelirroja sonriendo.
– A mí me preocupa el otro diez por ciento – Comunicó el moreno – Si no sale como esperamos, estaremos en problemas.
– Hermione entrará en cólera cuando se entere de todo lo que hicimos – Dijo Luna con la mirada perdida.
– Draco nos atacará con la Maldición Asesina – Comentó Theo apretando la mano de su chica.
– ¡Por las barbas de Merlín!, sois unos catastrofistas – Aulló Ginny cruzándose de brazos con exasperación – El plan es infalible, solo vamos a darles motivos para que hablen y se arreglen. ¡Todo va a salir bien!
– ¿Y si eso no ocurre? – Presionó Luna.
– Barajaremos la posibilidad de cambiarnos de país para evitar los instintos homicidas de nuestros amigos – Moduló con voz siniestra – Luna y yo ya cumplimos con nuestra parte de la misión. Ahora os toca a vosotros ir a cumplir la vuestra.
El ojiazul y el moreno acataron las órdenes de la pelirroja y tras despedirse de sus chicas, pusieron rumbo al Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas. Iban hablando animadamente sobre cómo deberían abordar el tema una vez estuvieran frente a la castaña, cuando la silueta de una mujer vestida de negro los hizo frenar en seco.
– Esa no es…
– Sí – Confirmó Theo.
Ambos amigos se miraron de forma interrogante y decidieron volver sobre sus pisadas al despacho de Blaise. Ya no había nada que hacer, Hermione iría sola a buscarlos.
– Vuestro poder de persuasión debe ser inmenso, porque no habéis tardado ni diez minutos en convencer a Hermione – Dijo sarcástica Ginny.
– Nos ha salido una aliada inesperada – Comunicó Blaise besando a la pelirroja y tomando asiento de nuevo a su lado. Ginny le miró con el ceño fruncido.
– ¿Quién?
– La madre de Draco.
– ¿Quién? – Volvieron a preguntar las dos amigas ahora a la vez y mirándoles sorprendidas.
– Narcissa Malfoy, antes Black. Esposa de Lucius Malfoy y madre de Draco Malfoy. Alta, guapa, rubia, de ojos claros, de indiscutible porte y elegancia – Aclaró el moreno con burla ganándose una colleja de Ginny.
– Como se nota que ser gilipollas es gratis.
– ¡Pero tu preguntaste!
– Sé quién es la madre del hurón, simplemente me sorprendí. Merlín, dame paciencia porque como me des fuerza lo mato – Pidió Gnny cerrando los ojos y masajeándose las sien.
– ¿Y eso es bueno? – Cuestionó con duda la rubia retomando el tema de Narcissa Malfoy en el despacho de su amiga.
Theo se encogió de hombros antes de hablar.
– Lo comprobaremos pronto.
Dos suaves golpes en la puerta sacaron a Hermione de su lectura.
– Adelante.
Narcissa Malfoy entró en la habitación dejando a la castaña estupefacta con su presencia. La última vez que la vio fue del brazo del rubio en aquel restaurante dos meses atrás. No sabía cómo enfrentar aquel encuentro, ni que querría la mujer de ella. Era bien sabido por todo el Mundo Mágico que la castaña no era santa de su devoción.
– Se ha quedado sin secretaria, he tenido que anunciarme yo sola – Dijo como saludo la mujer ante el mutismo de la castaña – Lamento la interrupción Señorita Granger. Me comunicaron que su jordana laboral terminaba al medio día y esperaba poder invitarla acompañarme a tomar el té – Rompió el hielo la bruja mayor mientras inspeccionaba la oficina, parándose unos segundos sobre el escritorio – Aunque veo que está ocupada.
Hermione enrojeció violentamente mientras ordenaba el desastre que era su mesa, había comida y pergaminos por toda la superficie.
– Oh, sí. Está usted en lo cierto – Comenzó hablar Hermione mientras limpiaba con su varita y tiraba los restos de alimentos a la basura, se le había cerrado el estómago – Normalmente a esta hora ya estoy saliendo del Ministerio pero hoy tenía trabajo atrasado y decidí quedarme un poco más. Por favor, tome asiento.
– En ese caso, no le robaré mucho tiempo – Respondió la elegante rubia sentándose en una de las sillas frente a la castaña.
– Usted dirá – Hermione estaba realmente intrigada por la visita de la mujer.
– ¿Qué relación la une al Auror Herman Bemberg? – Fue directa al grano mirándola directamente a los ojos, tan parecidos y a la vez tan diferentes a los de su hijo. Hermione sintió que podía leerle el alma.
– ¿Disculpe? – Preguntó escéptica la castaña.
– La vi aquella noche, en una cita con el Señor Bemberg – Aclaró.
– Era una cena de trabajo, nuestra relación es estrictamente laboral – Rectificó indignada la chica.
– Claro. Ya he escuchado eso antes – Reflexionó para ella misma, aunque la castaña llegó a escucharlo – ¿Y con mi hijo?
– ¿Qué pasa con su él? – Cuestionó a la defensiva cruzándose de brazos, fue un vano intentó de calmar su alocado corazón ante la mención del rubio, tenía el presentimiento que la mujer vería a su corazón saliéndosele del pecho como en los dibujos animados que veía de pequeña.
– Esperaba que me lo dijera usted – Respondió sin inmutarse por el tono mordaz de la chica.
– No hay nada entre nosotros.
– Pero lo ha habido – Rectificó la bruja mayor.
Hermione enrojeció hasta la raíz del pelo y un tic nervioso se apoderó de su ojo derecho, recuerdos vividos con el rubio volaron con rapidez por su cabeza, pensamientos, que no debería recordar frente a la madre del chico. Era embarazoso.
– Su cara me lo dice todo – Moduló la rubia desviando la mirada hacia el gran ventanal del despacho, creando cierta ansiedad en la joven.
– ¿Le contó sobre nosotros?
– No. Yo lo descubrí – Hizo un amago de sonrisa en su dirección – Desde aquella noche en la que coincidimos en el restaurante, me di cuenta que Draco le nombraba de vez en cuando sin darse cuenta, parecía molesto por algo que había ocurrido – Comentó perdida en sus pensamientos – Fue fácil para mi atar cabos. Al fin y al cabo, es todo un Malfoy como su padre.
La chica no sabía cómo asimilar las palabras de Narcissa Malfoy.
– No entiendo a dónde quiere llegar con todo esto.
– No pretendo inmiscuirme en los asuntos de mi hijo, Merlín sabe que me prometí no volver hacerlo después de lo ocurrido durante la guerra – Divagó la mujer – Pero no pienso tolerar que le hagan daño o confabulen para hundir su imagen, ha luchado mucho por llegar a donde está. Por redimirse.
– ¿Me está acusando de perjudicar a su hijo deliberadamente? – Cuestionó ahora realmente molesta Hermione poniéndose de pie, apoyando las palmas de sus manos sobre el escritorio y encarándola – Yo jamás caería tan bajo – Moduló lentamente y mirándola a los ojos para enfatizar sus palabras.
– Puede que no lo esté haciendo de forma consciente, pero lo hace – Afirmó la rubia levantándose de su asiento – Y con respecto a su amigo el Señor Bemberg…
– No es mi amigo, nuestra relación es estrictamente profesional – Volvió a enfatizar la castaña.
– ¡Está utilizándola para dañar a Draco! – Bramó la mujer perdiendo un poco los nervios, respiró hondo para tranquilizarse antes de volver hablar – Disculpe mis modales, no soporto que toquen a mi hijo, es lo único que me queda – Las palabras se le trabaron un poco al final – El Señor Bemberg sabe que mi hijo tiene cierto… interés en usted y estoy segura que está usándola para acabar con él.
Hermione se quedó muda tras sus palabras, mordió su labio con nerviosismo ordenando sus pensamientos, un silencio incómodo se prolongó por unos segundos entre las brujas.
– ¿Sabe Draco que está aquí?
– No, se molestaría muchísimo si lo llegara a descubrir – Dijo Narcissa entrelazando sus manos – Debería irme, es tarde.
La mujer comenzó a caminar hacia la puerta y Hermione obligó a su cerebro a actuar.
– ¿No va a contarme qué está pasando? – Cuestionó frunciendo el ceño.
– Querida, necesitas hablar con mi hijo y también preguntarle al Señor Bemberg lo que está haciendo para el Ministerio Inglés – La bruja abrió la puerta y antes de salir le dirigió una mirada sobe su hombro a la castaña – Por mi parte, solo le diré que no todos los buenos son tan buenos, ni todos los malos tan malos.
En cuanto Narcissa Malfoy abandonó el despacho, y tras unos segundos de reflexión, Hermione tomó una decisión.
Con paso apresurado se dirigió al Departamento de Misterios para buscar respuestas, pero cuando llegó allí la secretaria del rubio le dijo que el chico se había ido hacía media hora. La castaña le dio las gracias y volvió hacer su camino de vuelta cabizbaja cuando recordó su segunda mejor opción, probablemente Blaise o Theo aún no se hubieran marchado del Ministerio y podrían resolverle algunas dudas.
De dos zancados se plantó en el despacho del moreno, ya que el Departamento de Deportes le pillaba más cerca, y cual fue su sorpresa al encontrarse allí a Blaise en compañía del ojiazul. Perfecto.
– ¿Qué está pasando entre Malfoy y Herman Bemberg? – Soltó a bocajarro.
– ¿Te refieres al puto albino de mierda? – Preguntó inocentemente Blaise.
– Sí, ese mismo.
– ¿Y a mi gran amigo Draco Malfoy?.
– Sí, Blaise. ¡Por Salazar Slytherin!, deja de ser una rastrera serpiente y contéstame – Bramó molesta por las burlas del moreno.
Theo dirigió una mirada elocuente a Blaise, y este sonrió satisfecho.
– Oh, lo siento. Olvidé que sólo existimos cuando nos necesitas – Cuestionó con ironía ganándose un pisotón de su amigo.
– Deja de provocarla – Siseó.
– Por favor, chicos. ¡Estoy hecha un lío!, su madre ha venido a verme – Comenzó a explicarse haciendo aspavientos con las manos, había alborotado sus rizos más de lo normal y tenía los ojos a punto de salirse de las cuencas. Visto desde fuera, parecía un poco desesperada, o desquiciada – Ha sido todo muy confuso, p-pero ha sido clara en su mensaje… Bemberg le ha hecho algo a Malfoy y me ha estado utilizando para ello.
– ¿Por qué entonces no vas hablar con él? – Preguntó Theo.
– Fui a buscarlo a su despacho, pero ya se había marchado.
– ¿Y por qué no vas a buscarlo? – Volvió a preguntar.
– ¡Por qué no sé dónde vive!, ni si quiera sé si estará en su casa o metido en las bragas de otra bruja – Gritó desesperada.
– No está con nadie, no ha habido ninguna desde ti – Aclaró Theo para la paz interior de la castaña.
– Intentamos contarte lo que estaba ocurriendo hace unas semanas y tú nos cerraste la puerta en las caras, literalmente – Dijo Blaise ahora poniéndose serio.
A Hermione no le gustaba cuando el moreno se ponía así, podía y sabía cómo lidiar con el Blaise cómico y lascivo, pero con el mago serio no.
– Lo sé, y no sabes lo arrepentida que estoy. La discusión con Malfoy estaba muy reciente y no quería ni escuchar hablar de él – Se disculpó dejando escapar un suspiro al final – Vosotros también podríais haber insistido un poco más – Los acusó como último recurso.
– Cuando Draco se enteró de que queríamos contarte todo, le faltó poco para obligarnos a conjurar el juramento inquebrantable para impedirlo – Respondió el ojiazul – Es muy celoso con su privacidad.
– Malfoy no sabe lo que es la privacidad. Siempre aparecía en todas las portadas de Corazón de Bruja con sus numerosas conquistas – Dijo con desdén.
– Eso eran minucias para él. Con su privacidad me refiero a cosas que de verdad le importan, como tú Hermione. ¿O acaso tu nombre ha sido vinculado al de él en la prensa? – Cuestionó Theo de vuelta.
Hermione fue por primera vez consciente de ese hecho. Nunca lo había pensado, pero era cierto que a pesar de todos los momentos que habían compartido juntos en público la prensa nunca se había hecho eco de ello.
Saber que Draco Malfoy de cierta forma le había estado protegiendo, le hizo sentir algo calidad en su maltrecho corazón.
– ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? – Preguntó a nadie en particular la chica mientras se atusaba el pelo con violencia hacia atrás.
– La vida es la polla, a veces se pone dura sin motivo – Filosofó Blaise haciendo sonreír a la castaña.
Este era su Blaise Zabini, el bromista y metomentodo de Blaise.
– ¿Vais a contarme ahora que es lo que ocurre?
– Herman Bemberg es un cabrón de cuidado que tiene enfilado a Draco desde que nos lo cruzamos por primera vez en la fiesta del Ministerio – Comenzó Theo rodeando con un brazo los hombros de Hermione y llevándola al sofá para que tomara asiento entre Blaise y él.
La castaña no pudo evitar soltar un bufido.
– Parece que todos mis males se remontan a esa maldita fecha – Comentó en voz alta.
– Es que ese puto Auror de mierda tiene que ver mucho en tus miserias – Respondió el moreno – Antes de que te contemos nada, júranos que no has tenido nada con él.
– ¡Por Merlín, no! – Dijo haciendo el gesto de vomitar – Probablemente Malfoy os contó que nos besamos – Musitó tímida de repente.
– Sí, lo hizo. No estaba muy contento, nosotros tampoco la verdad – Dijo Theo haciendo una mueca.
– Se me abalanzó, pero juro que lo despaché y ya no ha vuelto a pasar nada.
– Me alegra saber eso. Tu eres mucha sartén para esos dos huevos albinos – Dijo riendo el moreno.
Theo y Hermione rieron con el chico y el ambiente se relajó entre ellos. Volvían a ser los de siempre.
– ¿Entonces…? – Preguntó un tanto ansiosa la castaña, Blaise rodó los ojos.
– Draco es un idiota. Bemberg ha estado amenazándolo desde la noche del Ministerio, de hecho ese fue el motivo por el que te dejó aquella mañana. Pero a ti nunca te dijo nada y nosotros nos enteramos un par de semanas después.
Hermione notó su corazón acelerarse, esa revelación le hizo levantar la mirada y clavarla en los ojos oscuros del chico.
– Bemberg convenció a Kingsley de que tanto Draco como su madre tenían artefactos peligrosos y relacionados con magia negra en sus propiedades de Inglaterra y Francia. Durante estos dos meses, Draco ha estado viajando para supervisar los registros – Relató Theo.
– P-pero…
– Eso no es todo – Le cortó el ojiazul – También intentó reabrir el juicio de Draco y su madre, manifestando que no fueron juzgados con todo el peso de la ley. Narcissa estaba de los nervios con todo el asunto. Bemberg no consiguió su cometido, entonces decidió atacar al eslabón más débil de la familia, Lucius Malfoy.
– ¿Qué ha hecho? – Preguntó con voz entrecortada.
– Ha conseguido adelantar la condena de Lucius, recibirá el beso del Dementor en dos semanas en vez de en tres meses como estaba planeado – Informó Blaise tomando la mano de Hermione – Sé que Lucius no fue una buena persona, y Draco es consciente de ello, pero…
– Pero es su padre – Terminó la castaña por él – Es su padre – Volvió a musitar y los chicos asintieron en silencio – No puedo creer que todo esto esté pasando. No entiendo como Draco ha conseguido evitar a la prensa.
– Draco supo mantenerlo todo en discreción para desagrado de Bemberg, y también tuvo mucho que ver la amistad que une a Narcissa con Rita Skeeter – Aportó Theo.
– Si sólo él me hubiera contado todo desde el principio…
– Ya te lo he dicho. Draco es muy orgulloso y no es de compartir sus problemas, siempre fue reservado en ese aspecto – Lo defendió el ojiazul – Además que el saber que tú estabas viéndote con ese tipo no ayudó mucho – Comentó sin intención de ofenderla.
– Debió sentirse traicionado – Dijo Hermione dejándose caer hacía atrás en el sofá y mirando el techo – y yo pensando lo peor de él. Pero aun no entiendo porque Bemberg puso a los Malfoy de la noche a la mañana en su punto de mira – Se cuestionó con frustración.
– Quizás, ¿por qué tú le gustaste? – Preguntó el moreno.
La chica negó con la cabeza antes de hablar.
– Bemberg no mostró ningún interés romántico en mí hasta la cena a la que me hizo ir Kingsley con él. Tiene que haber algo más – Hermione torció el gesto en una mueca de desagrado – Ginny tenía razón, mi vida es un continuo drama. Está constituida por un malentendido detrás de otro – Razonó la castaña – ¿Tenéis pluma y papel para prestarme?
Blaise se los ofreció rápidamente y Hermione se dispuso a escribir.
– ¿A quién escribes? – preguntó curioso Theo.
– A Herman Bemberg, me debe un par de explicaciones. Voy a pedirle que nos veamos – Aclaró la joven mientras terminaba la carta y la doblaba – No le digan nada a Draco de esto por favor, necesito saber más antes de dar mi siguiente paso.
– Tu secreto está a salvo conmigo porque ni te he escuchado – Fingió inocentemente Blaise guiñándole un ojo, la castaña le sonrió en respuesta.
– Gracias por todo chicos – Dijo sinceramente.
Hermione los abrazó fuertemente a los dos y se dispuso a marcharse para enviar la carta cuanto antes.
– Una consejo Hermione – Le llamó Theo haciéndole girar sobre sus talones – Cuando tengas en frente a Herman y te haga enfadar, que lo hará, cuenta hasta diez. Cuando llegues a ocho, sueltas una hostia. No se lo esperará y nosotros te estaremos eternamente agradecidos – Dijo guiñándole un ojo.
Era sábado por la mañana, Hermione se había citado con Herman Bemberg en una íntima y poco transitada cafetería de Londres Mágico. El Ministerio estaba cerrado los fines de semana, y su casa estaba descartada porque no quería darle una impresión equivocada, así que su tercera mejor opción fue aquella cafetería.
La tarde anterior el Auror le respondió a su carta informándole que prepararía un trasladador para viajar a Londres a la mañana siguiente. Hermione estaba que echaba humo, había tenido todo lo que restaba de tarde y noche para pensar en lo ocurrido, y no podía estar más molesta, necesitaba respuestas.
La castaña pidió una café bien cargado mientras lo esperaba, ya se retrasaba diez minutos, odiaba esperar. Estaba por terminarse su taza cuando divisó al alemán caminando sobre su imponente figura y con una sonrisa satisfecha en su dirección. Idiota.
– Hola pequeña – Saludó cuando llegó a su altura tomando asiento junto a ella.
– ¿Me lo dices a mi o te la estás mirando? – Devolvió arisca la castaña viéndolo reír.
– ¿Vuelves a ser una perra hostil? – Respondió socarrón haciendo fruncir el ceño a la castaña – No me importa realmente, en realidad me encanta ese lado salvaje tuyo.
Respira lento y profundo y no lo mandes todo a la mierda. Se repitió internamente varias veces la chica.
El camarero apareció, Herman se pidió un café amargo para él y en cuanto el chico se fue, ancló sus fríos ojos en ella y sonrió.
– En tu carta parecías ansiosa por verme – Dijo con un toque lascivo que provocó arcadas en la chica – ¿Dónde está el fuego?, ¿quizás entre tus piernas? – Sugirió alzando las cejas repetidas veces en una invitación.
– ¿Por qué Draco Malfoy? – Preguntó directa al grano e ignorando sus insinuaciones.
La cara del mago se transformó en una de desagrado y frustración.
– No puedes olvidarte de esa mierda.
– No, no puedo. Estoy enamorada de él – Afirmó sintiendo su cuerpo liberarse tras sus palabras, el hombre le miró duramente – Y aquí la única mierda eres tú.
– No te permito que me insultes, aún sigo siendo la autoridad – Siseó molesto.
– No te insulto, sólo te defino brevemente – Resolvió airosa cabreando aún más al Auror – Lo sé todo.
Trascurrieron unos segundos de silencio, en los que el mago estudió el rostro de la joven antes de atreverse hablar.
– ¿Tu Mortífago fue lloriqueando a esconderse bajo tus faldas? – Cuestionó irónico mirando la taza que el camarero acaba de dejar sobre la mesa.
– Es increíble la capacidad que tengo para soportar a gente que se merece un aplauso en toda la cara – Moduló en su mismo tono – Ilumíname, ¿por qué narices estás haciendo todo esto?
– No soporto verte con él – Dijo llanamente bebiendo de su café.
– Tú y yo no somos nada – Aclaró Hermione.
– ¡Eres igual que ella! – Gritó llamando la atención de un par de mesas.
– ¿Quién es ella? – Preguntó ahora confusa la castaña ignorando las miradas curiosas.
Herman estaba decidiendo internamente si debería contarle o no, al final decidió que lo mejor sería contar la verdad, de todos modos ella ya sospechaba.
– Tenias razón aquel día en la fiesta del Ministerio, hablaba por experiencia – Dijo apretando los puños sobre la mesa – Lisa, era mi pareja. Se parecía mucho a ti, la conocí en uno de mis viajes a Londres – El hombre pareció perderse en sus pensamientos, Hermione esperó paciente – Todo iba bien y dos años después, me dijo que había conocido a alguien, que se había enamorado. Un puto Mortífago como el tuyo, supuestamente reinsertado a la sociedad. Me dejó por él – La miró a los ojos por un segundo – Cuando te vi abrazando a Draco Malfoy me recordaste tanto a ella, a lo que me había hecho, que solo quise apartarte de ese desecho de la sociedad costara lo que costase.
– Tú estás mal de la cabeza – Soltó Hermione mirándole con los ojos entrecerrados – Simplemente, has estado intentado meter en Azkaban a dos personas inocentes, y además has conseguido adelantar la condena de su padre, ¿por qué Malfoy y yo te recordábamos a tu romance fallido?
– Yo solo quería protegerte, él acabará haciéndote daño. Y esa familia dicta mucho de ser inocente, sigo pensando que…
Herman nunca terminó su frase. Hermione no necesitó contar hasta ocho para darle una bofetada que dejó estupefacto al alemán. La castaña sintió su mano arder, estaba segura que se había roto la muñeca, el hombre tenía la cara esculpida en acero.
¡Por Merlín como duele!.
Recompuso el rostro lo mejor que pudo y no dejó entrever que su muñeca era de goma en esos momentos.
– No más del que tú ya has ocasionado – Dijo enfadada.
– Hermione, ahora mismo no lo entiendes. Pero en un futuro me lo agradecerás – Formuló con seguridad intentado alcanzar la mano de la castaña sobre la mesa, pero esta la apartó.
– Me da pena tu patética existencia – Dijo rudamente – Algunas personas simplemente necesitan un abrazo, alrededor del cuello, y con una soga – Escupió con hastío dejando unas monedas sobre la mesa y saliendo de la cafetería.
Esa sería la última vez que vería a Herman Bemberg.
Draco fue sacado de sus pensamientos por los insistentes golpes en la puerta de su apartamento. Allí no podía aparecerse nadie por todos los hechizos de seguridad que había puesto y el día anterior nada más llegar a su casa, había cerrado la Red Flu para que nadie le molestara.
Había olvidado por completo que podrían venir directamente y llamar a su puerta.
Estúpido.
– ¿Quién cojones es? – Habló con desagrado sin abrir aun la puerta.
– Soy la que te va a cortar la polla y te la va a pegar en la frente para que parezcas un unicornio de cuerno flácido. Esa es quién soy – Aulló la voz femenina y encabronada de la pelirroja al otro lado de la puerta.
Escuchó a su amigo Blaise intentado calmar a su embarazada chica y a Theo pidiendo que le dejaran hablar a él.
– ¿Vas abrir de una puta vez? – Volvió hablar Ginny.
Draco suspiró fuertemente y abrió la puerta dejando pasar a las dos parejas.
– ¿No habéis entendido el sutil mensaje de que quiero estar solo? – Cuestionó hiriente el rubio – No respondí vuestras lechuzas, cerré la Red Flu… ¿qué más indicios necesitáis?
– ¿Dónde está el salón?, necesito sentarme, estoy embarazada – Dijo como toda respuesta la pelirroja ignorado el veneno del chico.
– ¿Acaso te embaracé yo? – Moduló mordaz el rubio y ganándose un puñetazo en el hombro de su amigo.
– No, lo hice yo. Ahora deja de ser un capullo y lleva a mi Pequeña Weasley a un puñetero sofá – Ordenó Blaise iracundo.
El joven Malfoy los dirigió al salón de la casa murmurando palabrotas que eran ignoradas deliberadamente por todos sus amigos.
Las dos parejas se quedaron sorprendidas por el desorden que allí reinaba. No esperaban encontrarse la estancia en esas condiciones, el rubio siempre había sido muy ordenado y meticuloso, y en aquellos momentos su sala de estar parecía una perrera.
Hubo algo que eclipsó a todo lo demás, y fue la lámina que Ginny y Luna habían dejado en el despacho de Draco la mañana anterior. Estaba levitando en el centro de la habitación, frente al sofá, incluso pudieron apreciar pequeñas anotaciones escritas con una pulcra letra y tinta verde en los márgenes de cada una de las publicaciones.
Los chicos presintieron que el rubio había pasado horas mirándola.
– Veo que recibiste nuestro regalo – Habló Ginny mientras se sentaba en el sofá.
Draco le miró por un momento y luego bufó.
– Supuse que habrías sido tú.
– Y supongo, que ya descubriste de que se trata – Continuó la chica.
Draco tardó unos segundos en responder, estaba siendo analizado por cuatro pares de ojos.
– Es Granger. Hablando sobre… todos nuestros encuentros y malentendidos. No sabía que tenía este trabajo en el Mundo Muggle – Dijo medio divertido.
– Trabajaba. Su última publicación será la de esta semana, su jefa y las lectoras opinan que se ha vuelto muy dramática y negativa en sus publicaciones y la han despedido – Aclaró Luna.
– Entiendo, ¿y el nombre que escogió? – Cuestionó curioso.
– No quería que nadie supiera quién era. Sólo lo compartió con Ginny y conmigo – Volvió a responder la rubia.
– Todo en ella gritaba Slytherin, ¿coincidencia? – Susurró para sí mismo el chico.
– Si ya sabes todo lo que siente Hermione por ti, ¿qué haces que no vas a buscarla? – Preguntó la pelirroja impaciente.
– Le he hecho daño, demasiados malentendidos entre nosotros. Está mejor sin mí – Concluyó torciendo el gesto.
– ¿Cien mil espermatozoides y tú fuiste el más rápido? – Soltó la siempre tierna y dulce Luna dejando a todos sorprendidos. Cuando vio la atención que había ocasionado sobre ella se sonrojó visiblemente y se resguardó en los brazos de su novio.
– Estoy orgullosa de ti Luna, ¡mi pequeño retoño, mi creación! – Dijo Ginny fingiendo limpiarse una lágrima, para después de su pequeña actuación, dirigir toda su atención al rubio – Mira Malfoy, voy a ser sincera contigo.
– Se dice, voy a ser sincera. Pero se pronuncia, agárrate fuerte que la hostia va a tener hasta eco – Formuló como aclaración el moreno compadeciéndose de su amigo.
– Por algún motivo surrealista, mi amiga te ha elegido a ti. ¡A ti!, no sé si es por tu prieto y respingón culo, que la tiene obsesionada, o por tu sonrisa engreída, o tus miradas lascivas, ¡pero te quiere a ti! – Ginny hacia aspavientos con sus manos y Blaise tuvo que alejarse un poco de ella para no llevarse un guantazo accidentalmente – Quiero mucho a Hermione, pero es igual o más idiota que tú. Merlín sabe que vosotros dos juntos vais a ser más insoportables que una docena de Crucius – Dramatizó ganándose la sonrisa de sus amigos – Estoy harta de esta estúpida situación. Así que quiero que enfundas tu apetitoso culo en uno de esos pantalones de vestir oscuros hechos a medida que tan bien te quedan y vayas a moverlo frente a Hermione para que hagan las paces – Blaise le miró mal y Ginny resopló – Deja que él tenga un buen culo, no puede competir con tu anaconda de chocolate – Resolvió la chica besando a un sonriente moreno.
– Cuando a una mujer se le mete una idea en la cabeza es más fácil arrancarle la cabeza que la idea – Dijo Theo con una sonrisilla amistosa provocando las risas en la sala.
Blaise rodeó los hombros de Draco para infundirle coraje.
– Pero nada es imposible, y bueno, digamos que con la ayuda de unos inteligentes y fabulosos amigos que movieron unos cuantos hilos, y la ayuda externa e inesperada de una hermosa mujer – Draco frunció el ceño ante eso – Hermione ya ha empezado aclarar sus turbios pensamientos.
– Estamos seguro de que estará más receptiva para hablar contigo – Comunicó Theo.
– ¿Qué habéis hecho? – Preguntó mortalmente serio. La cara de culpables de Theo y Blaise era tan evidente que al rubio no le costó mucho sumar dos más dos y dar con la respuesta – ¿Se lo habéis contado? No teníais ningún derecho – Siseó molesto.
– A veces no me importa ni mi opinión imagínate la tuya – Dijo el moreno valientemente, aunque todo hay que decirlo, se atrevió a enfrentar a su colérico amigo porque estaba respaldado por Ginny – Además, fue tu madre la que en primer lugar decidió ir a hablar con Hermione.
– ¿Mi madre?, ¡Merlín! – Dijo llevándose las manos a la cabeza
– No te preocupes, no fue desagradable. Sólo le hizo ver que algo pasaba entre el gilipollas del Auror y tú – Intentó tranquilizarle Theo.
– Son mis problemas, odio que metan las narices.
– Definitivamente Hermione y Draco están hechos el uno para el otro. Igual de cabezotas los dos – Comentó Luna a sus amigos.
– No hables de mi como si no estuviera aquí mismo – Dijo rechinando los dientes.
– A mí que Hermione y tú seáis gilipollas me da igual, lo que me jode es que os esforcéis en demostrármelo – Habló Ginny mirando fijamente a Draco para ver si se atrevía a contradecirla – El universo no conspira ni a tu favor ni en tu contra, al universo le importas una mierda. Así que deja de ser un cobarde y lucha por mi amiga.
– La voy a volver a joder, es mejor dejarlo así.
– Pero si estas de suerte. Hermione es tozuda, pero también muy razonable, y si intentas hablar con ella y explicarle…
– Ya lo he intentado – Dijo el rubio cortando a Theo.
– Pues no lo habrás intentado con las suficientes ganas – Respondió Ginny mordaz.
– Tu orgullo Malfoy te precede, seguro que a la mínima cerraste el pico y te marchaste – Afirmó Blaise sabiamente y dando en el blanco. Conocía demasiado bien a su amigo.
– Tú y tu incapacidad para doblegarte de vez en cuando – Aportó Theo siendo respaldado por los otros tres.
– ¡Ya no soy el mismo que en Hogwarts! – Aulló enfado el joven mago.
– Pues lo pareces, ahora mismo no veo mucha diferencia – Dijo crudamente la pelirroja. Hoy estaba con la lengua más afilada que de costumbre, pero es que ya estaba cansada de esta situación.
– Se toman peores decisiones estando enamorado que borracho – Confirmó Blaise – Estos dos son la muestra de ello, ¡punto para el alcohol!
– El destino se ha empecinado una y otra vez en separarnos.
– El destino es para perdedores, es sólo una excusa estúpida para esperar que las cosas pasen en vez de hacer que pasen – Dijo Luna dándole un suave apretón en el hombro al rubio.
– Y será mejor que te des prisa, Hermione se marcha – Soltó Ginny como si nada mirándose las uñas.
Draco ancló su mirada acerada sobre los azules de la pelirroja con cierto pavor.
– ¿Cómo dices?
– Hermione. Ha pedido su traslado y el jueves estuvimos ayudándola con la mudanza – Aclaró.
El chico notó a su corazón apretarse violentamente, le faltaba el aire.
No.
Ella no podía marcharse.
No. No. ¡NO!.
El chico acababa de tomar una decisión.
– Si me armara de valor y digamos… querría contactar con ella, ¿a dónde debería hacerlo? – Preguntó Draco a sus amigos.
– Me consta que debía dejar su apartamento para este lunes – Dijo la chica devolviéndole una mirada burlona – Digamos, que si te armaras de valor y decidieras buscarla, deberías ir a su casa. Debe estar moviendo las últimas cajas. Su Red Flu ya fue desconectada – Aclaró.
Draco no necesitó más. Abrazó fuertemente a una sorprendida Ginny que le devolvió el abrazo torpemente.
– Gracias – Dijo llanamente el chico.
Hizo lo mismo con Luna y con los chicos, y después cogió su escoba.
– Draco – Le llamó por su nombre Ginny haciendo sonreír al rubio – Le hice un pequeño regalito a Hermione para que jugara contigo a los Medimagos, debe seguir en su dormitorio. Usadlo bien – Dijo guiñándole un ojo.
El chico rio divertido y salió volando en su escoba.
– ¿Por qué le has mentido? – Dijo Luna – Hermione solo se ha mudado a un apartamento más grande y ha pedido el traslado al Departamento de Leyes Mágicas. No va a moverse de Londres.
Theo sonrió por la inocencia de su novia y le beso en la sien cariñosamente.
– Mi querida y dulce Luna – Habló Blaise sonriendo a su chica – Ginny le ha dado el empujoncito que necesitaba ese necio de Draco Malfoy.
– Me tenéis infravalorada. Esto de ser la diosa del Mundo Mágico y hacerme pasar por ciudadana común me tiene agotada – Resopló la pelirroja mientras se dirigía a la nevera de Draco, planeaba saquearla.
Hermione había formado tres pilas de cajas, estaba reduciéndolas con su varita a un tamaño más pequeño y metiéndolas en su bolso, había utilizado el encantamiento de extensión para ello, así era más fácil de transportar. En ello se encontraba ensimismada cuando dos golpes en la ventana le sobresaltaron, giró el rostro hacia ella para toparse con una farola montada en escoba.
Su farola. El corazón se le aceleró al reconocerlo.
Con pies temblorosos caminó hacía la ventana y la abrió dejando entrar una ráfaga de frio que le hizo encogerse un poco sobre sí misma.
Draco le miraba algo nervioso desde su posición.
– Lo siento – Pronunció mirándola fijamente a los ojos – Por todo.
La castaña se quedó mirándole abriendo y cerrando la boca como un pez, sin que ningún sonido saliera de ella. Al chico le pareció gracioso pero estaba tan nervioso que no pudo ni reír. Estiró su mano con un paquete de envoltorio plateado hacia Hermione. Esta lo cogió dubitativa.
Hermione lo desenvolvió con cuidado de no cortarse, de su interior sacó un bonito pañuelo de seda de un vivo color verde botella. Draco supo el momento exacto en el que la castaña entendió el significado del regalo, fue cuando le miró con los ojos muy abiertos y brillantes.
– ¿Puedo pasar?, pensé que el factor sorpresa sería romántico, pero empiezo a no sentir las piernas. Hoy hace un frio polar, no fue buena idea venir en escoba – Comentó divertido el rubio.
– Oh, claro que sí – La chica se echó rápidamente a un lado y dejó pasar a Malfoy.
El joven soltó la escoba y enfrentó a Hermione. Ambos se quedaron mirándose sin saber muy bien que hacer. Los dos eran conscientes de sus meteduras de patas y no querían decir nada que diera pie a otro malentendido.
– Ginny no mentía, es verdad que te marchas – Confirmó con el rostro inescrutable mirando a su alrededor la estancia vacía – ¿Es… por mi culpa?
– ¿Qué?, ¡no, no! – Dijo Hermione levantando las manos alarmada – Me mudo a un apartamento más grande. Tenías razón, este es muy pequeño – Terminó sonriendo por el recuerdo.
– Pero Ginny me dijo que habías pedido un traslado – Repitió Draco mirándola fijamente, su corazón bombeaba con fuerza por la respuesta de la chica.
– Oh, sí. Es verdad que he pedido un traslado, pero de Departamento. La próxima semana tendré mi propio despacho en el Departamento de Leyes Mágicas – Aclaró ladeando la cabeza y mordiéndose el labio.
– Pecosa mentirosa – Masculló para sí mismo riendo – Creo que los chicos y mi madre han hecho de las suyas – Comenzó Draco pero dejó de hablar cuando se percató de la muñeca vendada de Hermione – ¿Qué te ha pasado?
– Oh, esto. No es nada. Golpeé a Herman Bemberg, realmente tiene la cara como una piedra – Rio sin humor – Te debo una disculpa. Tu madre, Blaise y Theo me hicieron abrir los ojos. Después de eso, me cité con Bemberg y acabé golpeándole.
– Recuerdo vivamente que tienes un buen derechazo – Dijo como toda respuesta.
– Estoy perdiendo facultades – Rio – Lo siento de verdad. Lo de tu padre… ¿estás bien?
– Sí, no te preocupes –Aseguró quitándole importancia – Sé que te estás culpando por lo que hizo ese albino de mierda, pero tú no has hecho nada. Grábate eso en tu cabecita rizada – Musitó.
– Aun así, lo siento por no estar a tu lado.
– Yo tampoco te hice participe de nada.
– Pero pensaba lo peor de ti – Reconoció avergonzada.
– Me quedó claro cuando intentaste pillar a mi Pene Mágico con la cremallera – Dijo fingiendo estar horrorizado por el recuerdo.
– Somos patéticos – Comentó la chica llevándose las manos a la cabeza.
Draco se acercó un poco más a Hermione, le quitó el pañuelo de las manos y se lo colocó alrededor del cuello lentamente mientras volvía hablar.
– Aquella mañana mi madre envió una lechuza. Me pedía que volviera a la Mansión, que era urgente. Bemberg había convencido durante la fiesta del Ministerio a Kingsley para que reabriera el caso de mi familia, y nos había llegado una carta de citación. Por eso te despertaste sola – Aclaró – Fue todo un malentendido. Estaba un poco asustado por todo lo que me estabas haciendo sentir, nunca antes había tenido esta necesidad de estar con alguien. No quería escribirte nada que revelara mis sentimientos porque ni yo mismo me entendía en aquel momento. Reconozco que mi elección de palabras no fue la más acertada – Concluyó mientras deslizaba las manos por sus hombros, a lo largo de sus brazos hasta alcanzar sus manos y entrelazar los dedos con cuidado de no dañar aún más su muñeca lastimada – Si no fuera por nuestros amigos, yo no estaría aquí ahora mismo – Reconoció dándole un pequeño apretón.
– Si tú no lo hubieras hecho, eventualmente yo habría ido a buscarte – Respondió la chica mirándole a los ojos – Me conozco lo suficiente como para poder asegúratelo.
Tras unos segundos en los que se expresaron todo lo que sentían con la mirada, Draco volvió hablar.
– Así que, ¿eres La chica del pañuelo verde, eh? – Preguntó juguetón. Hermione enrojeció violentamente – Todo en ti gritaba Slytherin desde antes de que nuestros caminos se cruzaran, ¿o es que ya pensabas en mi desde antes Granger?.
– Oh, cállate idiota – Sonrió dulcemente.
– Granger, te quiero a mi lado – Soltó de pronto el rubio acercando su rostro lentamente al de la castaña.
– Siempre – Prometió Hermione fundiendo su mirada avellana en la plateada del joven.
Draco presionó sus fríos labios sobre los de ella, un roce dulce y temeroso, que se convirtió poco a poco en uno más necesitado. Ambos se entregaron completamente en aquel beso, demostrando todo lo que no habían dicho con palabras en todas esas semanas. Hermione enrolló los brazos alrededor de su cuello, acariciando con sus dedos el sedoso pelo del platino. Draco le abrazó con delicadeza por la cintura elevándola sobre sus pies para profundizar el ardiente beso.
– Donde hubo fuego, ganas de volver a quemarse quedan – Murmuró el chico mordiéndole el labio inferior con suavidad.
– En mi caso yo estaba apagando el fuego con gasolina – Respondió masajeándole el cuello.
– ¿Gasolina? – Preguntó confuso.
– A veces olvido que no conoces nada de muggles Draco – Dijo rodando los ojos.
– Me gusta cuando dices mi nombre.
– Pues no te acostumbres porque tú siempre serás Malfoy – Aclaró socarrona.
– Lo sé, Granger. No te concibo de otra forma – Respondió mientras depositaba un suave beso en su cuello que le hizo temblar – Aunque ahora que lo pienso, no es la primera vez que me llamas por mi nombre.
– Yo creo que si – Dijo mientras se agarraba a los hombros del chico para no desfallecer por los besos repartidos por esa zona tan sensible.
– No, ya lo has hecho antes – Cuestionó tozudamente – Ah, ya sé. Cuando estabas temblando ente mis brazos aquella noche. Sí, ahora recuerdo perfectamente. Escuché algo así como: Draco, eres el mago del sexo.
– ¡Malfoy! – Gritó avergonzada escondiendo el rostro en su cuello.
– Oh, no por favor. ¿No me digas que vamos a volver al principio? – Resopló indignado.
– ¿Al principio?
– Sí, a cuando me evitabas escondiéndote detrás de plantas, o me golpeabas con el bolso por robarte un casto beso – Comentó divertido intentando apartar a Hermione de su cuerpo para verle la cara.
– ¿Te has propuesto avergonzarme? – Preguntó mirándole a los ojos.
– Me han dicho que tienes una fascinación por mi trasero – Dijo alzando las cejas engreídamente.
– Es una de mis partes favoritas – Mordió el labio con nerviosismo mientras se sonrojaba y le daba un apretón a su culo respingón.
Draco se apartó riendo de Hermione y la dirigió hacia el dormitorio cogida de la mano. La habitación estaba completamente vacía, excepto por la bata de Medimago que seguía colgada de la percha.
– Sanador Malfoy – Leyó en la solapa de la bata el rubio haciendo enrojecer aún más a la chica.
La tomó y se la puso, para luego meter la mano en uno de los bolsillos y sacar el tanga y el sujetador de encajes.
– Supongo que esto es para la enferma – Afirmó mirando a Hermione con pasión.
La chica se lo estaba comiendo con la mirada, había perdido la cuenta de las veces que se había imaginado al rubio vestido de Medimago. Notaba la temperatura aumentar en la sala. Draco postró una rodilla en el suelo frente a Hermione y tomó su mano derecha entregándole el conjunto de ropa interior, sellando sus manos.
– ¿Querrías estar bajo el cuidado del Sanador Malfoy y su Pene Mágico por el resto de tu vida? – Preguntó seductor alzando como de costumbre su ceja derecha.
– Sanador, tiene que saber que soy una bruja propensa a enfermar – Respondió imitando su tono de voz.
– Estoy totalmente entregado a mi trabajo, Señorita Granger. No tendrá quejas – Dijo guiñándole un ojo.
-.-.-.-.-.-
Si nos aferramos demasiado al pasado, puede que el futuro nunca llegue. En menos de un instante todo puede cambiar. Dejemos el pasado atrás, y lancémonos hacia lo desconocido: nuestro futuro.
Si alguien te hace feliz, es para ti no importa si es fugaz, incierto, imposible o prohibido.
Siempre vuestra,
La chica del pañuelo verde.
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Continuará…
¡Hola queridas!
Aquí os traigo este larguísimo capítulo final de 20 páginas :D aún queda el epílogo donde veremos cómo están las tres parejas un tiempo después. ¿Qué les pareció? , ¿Se esperaban que Narcissa interviniera?, ¿y cómo se han portado las dos parejas con Draco y Hermione? ¿y el encuentro entre estos dos tortolitos?
Espero de verdad que os haya gustado, he estado dándole muchas vueltas porque nunca me convencía, pero espero haber acertado.
¡ESPERO ANSIOSA VUESTROS COMENTARIOS!
Gracias como siempre por todo el apoyo recibido, los reviews, alertas y favoritos.
SALESIA: ¡Holaaa! :D aish, como me alegran tus reviews, me encanta como unes cabos jajajajjaajaja. En este capítulo se habrán resuelto muchas de tus especulaciones que me manifestaste en el capítulo anterior ;). Draco ya sé dio cuenta de todo, tanto las chicas como los chicos han tenido mucho que ver, ¡pero por fin están juntos!. La verdad, que has acertado en muchas de las cosas que me dijiste, ¡espero que te guste este último capítulo! En el epílogo veremos qué pasa con estas parejas, y ya veremos si se cumple algo más de lo que me comentaste sobre el nuevo trio de Hogwarts :D ¡UN ABRAZO CUIDATE!
Nos veremos por última vez en el epílogo de La chica del pañuelo verde.
Dejen un review si quieren recibir la proposición de Draco para ser mimadas por el Pene Mágico.
Eishel Panakos.
