Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro. Poetry for the poisoned es propiedad intelectual del grupo de Power metal Kamelot, tomada de su álbum "Poetry for the poisoned" y fue inspiración para la elaboración de este FF.
[Parte IV: Disección]
~La vida en una lenta revisión, la veo con mis ojos en lo más profundo y más atrás~
1. 2. 3... 3,424,867. Siglos de arduo trabajo, el festín de cada victoria sobre sus enemigos, los familiares eran para él lo que las siete vidas para un gato. Baskerville bramó con furia ante el nuevo inquilino, la peste del nazismo y esa esencia maldita, condenados por la eternidad a perseguirse, un círculo eterno entre can y felino.
~La tormenta revela una pista oculta, el sol sale por ella~
Derrotado y abatido, cansado y al borde de la inexistencia... sus párpados permanecen caídos, negando esa realidad, fingiendo estar inerte, dormido. Algo desentona entre sus efímeras fantasías, un hueco en su mente, vacío en el pecho... Rebusca en su conciencia, apartando aquellas que se mezclan con el resto de sus sueños, rastreando a su doncella, la pieza faltante en el tablero, aquella voz que le susurra con extraordinario lirismo.
~Por el lago como un niño sin miedo~
Está en todas partes y en ningún lado, vivo y muerto. Un pensamiento es lo que aferra su presencia en ese plano, si dejase de creer en si mismo todo habría acabado. Conoce la respuesta, ¿vale la pena el riesgo? ¿Cómo saber si el sacrificio no será en vano? Masoquista insufrible, siempre tras la dama virgen, la presa más pura, aquello que no se puede obtener es lo que más se desea... Si, vale la pena. Una a una cayeron, su dolor era el propia y aún así lo hizo sin recelo, sin duda en cada acto. Agonizante, vacío, casi marchito, ahora solo son él y su inquilino, condenados a existir bajo su propio deseo, en todas partes y en ningún lado.
~Cuando el cálido abrazo de una madre hizo del cielo un laberinto~
El tiempo es banal e imperceptible para él y los suyos. Demoró en acabar con todas sus vidas, pero no supo cuanto. Ahora solo deseaba algo más, estar en un lugar, un momento, a lado de una persona, justo en su lecho. Pensó en el sello, aquel que dejó en ese plano, como un camino de migajas por un niño que se cree perdido; pudo verlo, encima de su amado lugar de descanso, bajo la nada, en la misma celda donde estuvo confinado, la misma donde se conocieron, donde pactaron su mutuo acuerdo. Deseó estar en ese lugar, oscuro y sombrío; comenzó su pelea de perros y gatos, en todas partes y en ningún lado, él regresaría fuese cual fuese el costo. Schördinger cedió, no era rival para el rey del Averno, no era nada, tan solo un experimento exitoso que cumplió su cometido, vivo y muerto... Un paso en silencio, jadea con ansias, divisa a su presa, el cuello expuesto como el de un pequeño venado. Hambriento, desesperado, ansioso. Un disparo que lo toma por sorpresa, debió suponerlo, jamás podría sorprender a su condesa. Le reclama su ausencia, justifica el tiempo...
— Ahora estoy en todas partes y en ningún lado, por eso estoy aquí.
— Tarde, muy tarde, Alucard.
— Mis disculpas.
~Aquellos fueron mis momentos y estos fueron mis días~
De pie ante él, imponente y hermosa. Su cabello teñido de plateado por las décadas y los surcos en su piel de seda. Su aroma lo deleita, el tiempo no fue clemente pero sigue pura y aún es suya, aguardó por su conde, su siervo, su amante... Aumenta su impaciencia, está deseoso de consumir esa llama que aún aviva sus instintos animales. Un pequeño corte en el dedo, la sangre fluyendo y la mano extendida, preparada para alimentarlo.
— Bienvenido a casa, conde.
— Estoy en casa, condesa.
Cada momento, tantas facetas en su vida, siglos de existir y perecer... Sin duda estos serían los días que jamás olvidaría, sucesos que marcaron su ser.
