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"Oye humano…" una lejana voz hablo.
"¿Estas bien?" se oyó preocupado.
"Vamos, despierta" pidió.
El humano despertó, mirando hacia arriba, conservando el silencio y la calma ante el esqueleto que le miraba con una sonrisa, este le extendió la mano, ayudándole a levantarse; este ser extraño mantenía los pies lejos del suelo, y no borraba su sonrisa feliz.
"Hola, soy Sans" dijo agitando la mano, "¿Cuál es tu nombre?"
"Frisk" respondió sonriente a la vez.
"Ese es un buen nombre" parecía decir la verdad. "Bien, supongo que debo explicar cómo funcionan las cosas aquí" soltó su mano y señalo a la extraña puerta.
"Debes tener cuidado con ciertos individuos en este lugar" los ojos del corto esqueleto brillaban en un tono cian y un poco de amarillo. "Especialmente con uno" haciendo referencia a una dorada flor esperando en la siguiente sala.
"Te pediré que no hables con esa flor" en realidad, era más una orden. "Es por tu bien y seguridad"
El humano permaneció en silencio.
"¿Por qué?" dijo Frisk.
"Bien…" hizo una pausa, "Puede intentar hacerte daño" una respuesta simple y honesta.
"Además…"
Se quedó callado, recordando el pasado, todas aquellas veces donde ha enfrentado a la flor en un largo pasillo dorado, recordando el cantar de aves. Agito la cabeza, apartando eso, no necesitaba saberlo.
"No tenemos la mejor historia" le dio la espalda al joven humano.
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