Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La trama es completamente mía y esta prohibido su uso sin mi autorización.


Capítulo 11:

Como siempre, los ojos perspicaces de Carlisle adivinan mis pensamientos mientras caminamos fuera de su clínica. Al principio, me ha costado mucho poder asimilar la idea de que al fin veré algo que se involucra directamente con mi pasado. Es lo que siempre he esperado, pero… ¿porqué ahora ya no estoy tan segura?

—Tranquila, todo estará bien —me murmura Carlisle, pasando un brazo por mis hombros en ademán cariñoso.

Asiento con la cabeza sin poder comentar nada al respecto.

—¿Y dónde es que esta el carro? —pregunto, en un intento de que mi miedo no sea percibido por mi doctor.

—En La Push.

Me quedo pasmada en mi lugar, completamente sorprendida. Esta sorpresa se mezcla dentro de mí con el miedo absurdo que de pronto me embargó al saber que conocería algo atado a mi pasado. El aire se me queda atorado en los pulmones y mis manos tiemblan levemente a mi costado. Carlisle se percata de inmediato de esto.

—Está la gran pregunta de que en cómo nos iremos, ¿no?

Intento que sus palabras no causen ninguna emoción en mi rostro. Lo mantengo lo más inescrutable que puedo.

¿Eso es lo que él piensa que me tiene tan callada? Trago saliva lo menos ruidosamente que puedo y desvío mi mirada hacia mis pies. Ciertamente, esa pregunta que mi querido doctor ha formulado me inquieta, si, pero no es la razón de mi repentino y sorpresivo pánico en mi interior. Es uno de mis temores, si, más no el más grande de ellos.

La idea fundada por Carlisle sobre ir a ver el vehículo donde se habría producido mi accidente, al principio, me había parecido fantástica, desde luego. Es una pequeña puerta abierta para mí, para poder recordar o tener aunque sea algo de mi pasado conmigo. Sin embargo, ahora no me parece tan buena idea. Estoy… aterrada. El sudor se agolpa en mis manos, como evidencia de mi repentino pánico y nerviosismo. Mi respiración es un poco errática, acelerada, pero intento calmarla, inspirando lentamente para llevar mis pulmones de aire limpio y fresco.

Ciertamente, mi miedo es totalmente ilógico. Si, lo es, por el simple hecho de que al fin tengo lo que tanto quería, algo que tena que ver con mi pasado, algo a lo cual aferrarme y poder recordar algún sucedo que haya vivido antes. Entonces, ¿por qué estoy tan asustada?

La respuesta ante aquello, para mí, es más que sencilla en estos momentos. Ahora lo puedo ver con claridad… Mi temor se debe a que el plan no funcionara… Mi esperanza era tal, y aun sigue siendo, que cuando mi doctor me dijo lo que podíamos hacer, que ahora la siento latiendo bajo mis venas, viva, llena de fuerza. Ahora la esperanza es parte de mí, de mi ser, y sé que eso es malo, ya que si el plan no funciona…

Si el plan no llegara a funcionar, sino lograba ningún recuerdo o alguna conexión con mi pasado, el dolor iba a ser insoportable y tal que me haría pedazos por completo. El dolor me consumiría, de la misma forma que me consumió luego de despertar del coma, con la misma fuerza demoledora… y eso sería insoportable.

—No es eso lo que te preocupa. —La voz de Carlisle, repentinamente preocupada, me saca de mis pensamientos—. No… no estas preparada para esto.

Sacudo la cabeza fieramente, aterrada con la idea de que mi doctor se haya arrepentido de todo.

—No, Carlisle —susurro de inmediato, con la desesperación teñida en mi voz—. Estoy preparada. Lo juro.

Mi doctor entrecierra los ojos en mi dirección, sospesando la idea de llevarme o no a conocer el auto. Yo lo miro con fijeza, intentando aparentar la seguridad… que en estos momentos no poseo.

—Por favor —susurro con voz temblorosa.

Él suspira con pesadez y sacude la cabeza, enviándome una mirada que no estoy muy segura de como interpretar.

—De acuerdo. ¿Tienes una idea de como vamos a ir sin tener que subirnos a un auto?

Entonces se me ocurre algo, una grandiosa idea. Esbozo una gran sonrisa, cosa que desconcierta a mi doctor considerablemente. Me mira alzando las cejas, expectante a lo que pueda decirle.

—Mi querido doctor… ¿sabes conducir una motocicleta?

Carlisle pestañea varias veces, estupefacto. Su boca se abre y se cierra varias veces, como queriendo decirme algo per luego se retracta de inmediato.

—¿De dónde quieres sacar una motocicleta? —inquiere asombrado, mientras se pasa una mano por sus rubios cabellos.

Sonrío sin poder evitarlo, con el recuerdo de mi nueva motocicleta en mi mente.

—Eso es lo de menos. Tengo una en casa —respondo lo más natural que puedo, conteniendo mi emoción ante este hecho.

Los ojos dorados de Carlisle se abren como platos ante esto.

—¿Tienes una? ¿De qué hablas?

—Me la regalaron mis amigos. Es estupenda —comento con una sonrisa en mis labios—. Pero no me has respondido… ¿sabes conducir motocicletas o no?

—Si sé.

—Perfecto, ya tenemos en que ir a La Push entonces.

/::/

—¿Estas segura de esto?

Coloco los ojos en blanco ante la pregunta de Carlisle. Me la ha hecho por más de veinte minutos mientras sacábamos la motocicleta del aparcamiento, y ahora la vuelve a hacer mientras se sube en mi motocicleta. Sonrío sin poder evitarlo al verlo. Nunca me habría imaginado verlo en esta faceta, conduciendo una motocicleta. Incluso pareciera que se ve más joven arriba de ella.

—Segurísima —aseguro con un asentimiento de cabeza, mientras él se acomoda en el asiento—. Me he subido a una antes, como pasajera. Y no me asusta.

Por alguna extraña razón, un sonrojo abarca mis mejillas al recordar los diferentes viajes en motocicleta con Edward. Intento que esto no se note a los ojos de Carlisle, desviando la mirada hacia la motocicleta, pero aun así consigo ver la sonrisa sorprendida de mi doctor al percatarse de mi sonrojo.

—¿A sí? —Inquiere Carlisle con picardía, alzando una ceja—. ¿Y con quién?

Me muerdo el labio inferior mientras siento el calor agolparse en mi rostro. Maldición, ¿Por qué siempre me sonrojo por todo?

—Con Edward —carraspeo un poco mientras me subo a la motocicleta, detrás de Carlisle. De inmediato lo rodeo con mis brazos para sujetarme y él me ayuda enderezándose en el asiento.

—No preguntaré más, tranquila. —Puedo percibir la sonrisa en el tono de voz de Carlisle y me sonrojo aún más, si es que eso es posible—. ¿Estas lista?

—Lo estoy —asiento con mi cabeza, inhalando profundamente en un intento de darme el valor suficiente para esto.

Carlisle suspira, colocándose en la posición exacta para echar a andar la moto. Me echa una mirada por sobre su hombro y me sonríe. Tengo la sensación de que lo hace para infundirme valor y la verdad es que funciona, aunque solo un poco. Entonces, la moto ruge fieramente y a los pocos segundos, Carlisle la hace andar.

El camino se me hace extremadamente largo en cada segundo que transcurre. Lo único que puedo hacer para mantener mi mente concentrada en otra cosa que no sea lo que vamos a hacer, es mirar a mí alrededor e intentar descifrar el camino que mi doctor estaba siguiendo. Al principio solo veo árboles y más árboles, pero luego de unos cuantos minutos la vegetación comienza a ser ligera para dar paso a unas cuantas casitas de madera internadas en el bosque. Al verlas, me dan la sensación de hogar… un pequeño pero hermoso hogar.

Carlisle detiene la moto en frente de una de esas casitas. Era de madera pintada a rojo, con un gran porche y una camioneta gris estacionada afuera de la casa. De la chimenea salía humo, lo que nos da a conocer que dentro se encuentra gente. Al ver y fijarme en la casa, una extraña sensación corre por mis venas, una sensación que solo soy capaz de compararla con la familiaridad. Mi corazón da un salto y dentro de mi cabeza puedo oír, como un recuerdo de sonidos, el rugir de unas motocicletas y el un estrepitoso motor… de una camioneta.

Pero antes de que pueda seguir con mis cavilaciones, se abre la puerta principal de la casa de sopetón, y me deja ver a un chico, extremadamente alto y fornido, con la piel cobriza y un cabello negro azabache. Una gran sonrisa se instala en los labios del chico cuando sus ojos se posan en los míos, y de repente siento que el día se ilumina con esa sonrisa… como si dejara de ser nublado.

—¡Bells! —exclama el chico, con entusiasmo, y echa a correr en mi dirección.

Parpadeo varias veces, sorprendida al ver que sabe mi nombre y que al parecer me conoce. Sus brazos, que parecen ser tres veces el grosor de los míos, me envuelven de inmediato al llegar a mi lado y me alzan con una facilidad que me sorprende. Sin poder evitarlo, rodeo su cuello con mis brazos en un intento de no caer al asfalto húmedo y helado. Puedo sentir como el chico da unas vueltas conmigo, soltando unas carcajadas de alegría que provocan una sensación extraña pero agradable en mi pecho.

—Dios, mujer, tanto tiempo —jadea el moreno en mi oído, dejándome en el suelo al fin. Sin embargo tengo que sujetarme de sus brazos pues las vueltas me han dejado mareada, pero eso a él no parece importarle demasiado—. ¡Mira qué guapa estas!

Un sonrojo suave se instala en mis mejillas ante esto sin que yo pueda evitarlo. En respuesta, el chico me sonríe abiertamente y puedo escuchar las risas por lo bajo que suelta Carlisle a mi lado.

—Hmmm —carraspeo sin saber que decir.

—Jacob —musita Carlisle, logrando que el chico moreno lo mirara de inmediato. Entonces, mi doctor se lleva una mano a la cabeza, echándome una mirada significativa.

El chico lo capta de inmediato.

—Oh —jadea, tambaleándose hacia atrás sobre sus talones, sorprendido y pestañeando varias veces. Sus ojos me miran con un brillo extraño en sus pupilas—. Creí que…. Joder, Bella, lo siento. Pensé que… sabías quien era. Soy tan estúpido.

—No te preocupes —me apresuro a contestarle, sorprendiéndome a mí misma—. Como ves, aun no recuerdo nada. ¿Nos conocimos?

—Soy Jacob Black —musita con la voz ronca un poco y pasando un brazo sobre mis hombros. Esto, por alguna extraña razón, me hace sonreír levemente—. Éramos amigos desde que llegaste a Forks. De hecho nos conocíamos desde pequeños pero nuestra amistad se intensificó cuando llegaste a vivir a Forks.

—Oh —murmuro, intentando recordar algo de lo que él me dice. Sin embargo, ni una imagen llega a mi mente…

—. No te esfuerces en recordar, ya verás que los recuerdos llegarán por si solos.

—¿Eso crees? —No puedo evitar preguntar, notando un tono de esperanza teñido en mi voz.

—Claro que sí.

Le sonrío abiertamente y él me devuelve la sonrisa. Nuevamente, siento esa sensación de que mi día se ilumina con solo ver esa gran sonrisa que tiene plantada en sus labios.

—Jacob, hemos venido a ver… el auto —informa Carlisle al cabo de unos minutos, carraspeando un poco.

Al escuchar esto, mi cuerpo se pone rígido a causa del nerviosismo. Inspiro profundo y cierro los ojos, en un vano intento de mitigar ese pánico que comienza a crecer dentro de mí. Siento en mi espalda unas leves caricias y eso hace que mi cuerpo se relaje un poco más. Las manos que me acarician son calidad y grandes, por lo tanto, no tengo que abrir mis ojos para saber que es Jacob quien me está calmando.

—Gracias —susurro, abriendo los ojos. Jacob me sonríe en respuesta y me da un apretón suave y amistoso.

—Claro, pasen por aquí.

Jacob, sin soltarme, nos guía por el patio. Rodeamos la casa roja hasta adentrarnos al patio trasero, donde hay muchos vehículos tapados con unas mantas encima. Mi corazón da un vuelco bajo mi pecho cuando veo los autos. Las manos me comienzan a sudar poco a poco y siento como mi corazón comienza a latir desbocado.

Inspiro profundo, sin soltarme aún del agarre de Jacob, para poder tranquilizarme un poco. Puedo sentir con claridad mi pulso latiendo en mis muñecas y por debajo de las orejas dado al nerviosismo que me esta carcomiendo por dentro. Inspiro nuevamente, aunque esta vez de forma más prolongada, mientras siento como Carlisle se coloca detrás de mí y posa sus manos en mis hombros.

—Es ese de ahí —comenta, apuntando con su dedo al vehículo con manta negra que se encuentra en frente de mí. Me paralizo sin poder evitarlo—. Sé que podrás hacerlo, Bella. Eres fuerte. Solo tienes que acercarte y quitarle la manta para observarlo.

Asiento con la cabeza, deseando febrilmente dentro de mí que sus palabras me ayuden a encontrar el valor necesario para realizar aquella acción. ¿Podré hacerlo? Porque no es tan difícil, ¿no? Es solo acercarme al vehículo, destaparlo y ver cuando destrozado quedó luego de semejante accidente que mi familia y yo hemos sufrido hace dos años atrás. ¿Tendré algún tipo de conexión con mi pasado si lo veo? ¿Podré... recordar algo aunque sea?

Sacudo la cabeza para salir de la maraña de pensamientos que me agolpean en estos momentos. Tomo aire profundamente y con lentitud me salgo del agarre de Jacob, quien solo me mira expectante y con los ojos brillando llenos de confianza. Eso me ayuda muchísimo más. Con pasos lentos y cautelosos me acerco a vehículo, como si de una bomba se tratara. Sentir la presencia de Carlisle y Jacob detrás de mí me hace sentir un poco más valiente de lo que soy, así que sin pensarlo demasiado, tomo el borde de la manta negra que cubre el vehículo y la tiro hacia atrás, dejando al descubierto lo que yo quiero ver. Ahogo un grito ante la sorpresa que me produce el mirar el vehículo.

Es de un color plateado intenso, con la parte de debajo de un color más oscuro. Toda la parte delantera del vehículo está aplastada y doblada hacia atrás. La puerta de copiloto… no está, parece haber sido arrancada de un tirón y con una fuera descomunal. Los asientos delanteros están echados hacia atrás, aunque el del copiloto no tanto como el del conductor. El único asiento que está más o menos normal es el asiento de atrás, aunque está un poco dobla en la parte de atrás del copiloto. El parabrisas está destrozado totalmente, trizado en muchas partes y en otras completamente roto.

Temblorosa, alzo una mano hacia el vehículo, con la intensión de tocarlo. Pero entonces, cuando mi piel hace contacto con el frío metal… hago increíble sucede. Miles de imágenes se intercalan en mi mente con una brusquedad que me hace jadear. Escucho a la perfección dentro de mi cabeza el sonido de unos neumáticos patinando en el asfalto y unos gritos… alguien grita mi nombre con tanta desesperación e ímpetu que mi corazón da un salto, adolorido ante aquel desgarrador grito.

Mis ojos se cierran bruscamente mientras me tambaleo sobre mis talones, tapando mis oídos en un intento de cesar ese ruido insoportable que escucho dentro de mi cabeza. Sin embargo, el ruido no cesa. Aun puedo escuchar con claridad los neumáticos patinando, esa voz gritando mi nombre, ese sonido del metal chocando con metal… La cabeza comienza a punzarme de un modo insoportablemente doloroso. Empiezo a sentir como si el mundo diera vueltas a mí alrededor. Me siento mareada, exhausta mientras miles de imágenes golpean mi cabeza, imágenes sin sentido, con demasiada luz… que dan muchas vueltas vertiginosas…

Un grito escapa de mis labios, aunque no puedo descifrar muy bien que es lo que grito. Las rodillas ya no aguantan mi peso y se me doblan, provocando que caiga de rodillas al suelo, aún tomando mi cabeza entre mis manos. Cierro los ojos con fuerza e intento sacar de mi mente aquellos sonidos tan horribles, aquellas imágenes tan segadoras….

Unas manos me envuelven y enseguida las imágenes paran abruptamente, los sonidos cesan. Sin embargo, no abro mis ojos, temerosa de que las imágenes y los sonidos vuelvan si vuelvo a abrir mis ojos. Escucho que alguien susurra mi nombre, pero no puedo identificar quien… La punzada más fuerte que he sentido en mi vida se instala en mi cabeza. Pego un gritito de dolor sin poder evitarlo y comienzo a sentir como la oscuridad comienza a rodearme, a carcomerme…

Bella refunfuñó algo por lo bajo mientras le marcaba otra vez al móvil de Jacob, recibiendo por respuesta lo que hace minutos se repetía; su mejor moreno amigo no contestaba el teléfono. Lo intentó de nuevo, aunque esta vez el buzón de voz se le puso de forma inmediata.

Ella miró a su alrededor con resignación. Se encontraba en una fiesta de La Push, esas fiestas que Quil, Embry y Jacob acostumbraban hacer cada fin de mes. No era la primera vez que ella iba a una de esas fiestas, pero sí era la primera vez que Jacob la dejaba sola con todos sus amigos borrachos a su alrededor. De seguro el muy idiota de Jacob se encontraba liándose con Leah, una de sus nuevas novias, en la playa. Lo peor de todo es que se encontraban en un lugar apartado de la casa de Billy, el padre de Jacob, por lo tanto Bella no tenía ni idea de como volver a la casa de su amigo sin perderse en el intento.

Suspiró y una vez más intentó marcarle a Jacob, pero el móvil de este parecía haberse apagado.

—¡Maldición! —masculló con enfado mientras guardaba bruscamente el móvil en su chaqueta.

—¿Necesitas ayuda, linda?

Bella alzó la vista de inmediato cuando escuchó esa varonil voz susurrarle. Es ahí cuando se encontró frente a ella con un chico muy guapo. Era alto, de cabello negro azabache y unos ojos grises muy claros y llamativos. Una hermosa sonrisa ladina estaba posada en los labios del chico mientras la mirada, con una amistosa pero divertida mirada.

—Eh, no, gracias —se apresuró a contestar Bella, sintiendo como un suave sonrojo adornada sus mejillas al darse cuenta de que había mirado al chico por más del tiempo debido.

—¿Estas segura? Pareces… un poco perdida. —El chico soltó una risa por lo bajo.

Este hecho la enfureció de sobremanera. Le pareció que él se estaba burlando de ella y eso no le gustó para nada. ¿Quién se creía que era?

—Dije que no, gracias. Y no estoy perdida —respondió, hosca, y se dio la vuelta para caminar hacia el grupo donde estaban Quil y Embry, aunque estos estaban muy borrachos. Sin embargo, el chico ignoró la hostilidad de la castaña, y corrió detrás de ella, colocándose a su lado pero caminando de espaldas para poder así mirarla de frente.

Bella quedó levemente prendada de su imagen frente a ella al ver la iluminación que le daba a su figura la fogata que se encontraba en el centro de la reunión. El chico parecía brillar con luz propia…

—¿Necesitas que te lleven a casa? Porque yo tengo mi auto allí —comentó él, apuntando con su dedo algo en frente de él.

Ella sin poder evitarlo se volteó para mirar lo que él le señalaba; una camioneta negra que se encontraba aparcada al lado de un gran árbol. El chico sonreía orgulloso al ver la mirada sorprendida de Bella al admirar la camioneta y ella pudo atisbar un tono orgulloso y un poco pretensioso cuando habló de su camioneta. Puso los ojos en blanco ante eso. Todos los muchachos a esa edad eran así de inmaduros y aduladores a su propia persona.

—Lo siento, pero no me voy con desconocidos —comentó ella, con cierto tono brusco en su voz e intentó seguir caminando, pero el chico le impidió el paso.

—No soy un desconocido. Nadie de aquí lo es y lo sabes.

Ella suspiró al escucharlo y tuvo que admitir, a regañadientes, que él tenía razón.

Una de las características que tenían las fiestas en La Push, era que cada persona que asistía en esas fiestas eran conocidas por todos. Nadie era un desconocido. Todos eran parte de la familia, de la tribu. Incluso Bella, que gracias a Jacob conocía a todos, era parte de la familia por ser hija de Charlie, el mejor amigo de Billy. Todos conocían a Bella, y ella los conocía a todos… menos al chico que estaba parado en frente de ella en ese momento.

—Puede que ellos te conozcan, pero yo no —suspiró Bella mientras pasaba una mano por su nuca para quitar el sudor que se agolpaba allí a causa del calor, ya que se encontraban al lado de la fogata.

Escuchó como el chico bufaba por lo bajo y sintió como él se acercaba a ella. Inconscientemente, alzó la vista, topándose con esos ojos grises que la miraban fijamente y no supo porqué, pero su corazón le dio un vuelco debajo del pecho.

—Soy amigo de Jacob, ¿vale? Puedes confiar en mí.

Ella no fue capaz de responder. Aun estaba casi hipnotizada mirando esos ojos grises, que le devolvían la mirada con un brillo que ella no supo descifrar muy bien. Entonces sintió como él la tomaba del brazo y sintió algo extraño recorrerle el cuerpo cuando sus cuerpos hicieron contacto. Sin mucha presión el chico la guió por la fiesta hasta llegar hasta el auto, aunque ella se debatía por soltarse, en ningún momento pudo hacerlo ya que él era muy fuerte.

—¿Qué crees que estas…?

Bella no pudo terminar de preguntar ya que tropezó con el barro que se acumulaba al lado del auto. Resbaló y tuvo que afirmarse del chico para no caer de bruces al suelo. Él la sujetó por la cintura, manteniéndola apretada contra su cuerpo, y ella jadeó al sentir una abrumadora sensación recorriéndole el cuerpo cuando lo sintió tan cerca…

—Hey, cuidado —masculló el chico, inclinándose para mirarla a los ojos, con una gran sonrisa.

Bella dejó de respirar por un momento.

El chico, con mucho cuidado, la soltó poco a poco y se dio la vuelta para entrar en el auto, en el asiento del piloto. Cuando estuvo dentro, se inclinó para abrir la puerta copiloto, mirándola en todo momento con una gran sonrisa en los labios.

—Sube.

Bella siseó una maldición por lo bajo.

—Ya te dije que no pienso irme contigo a ninguna parte. —Se cruzó de brazos, terca.

—Sube sino quieres que te suba yo mismo a rastras.

Alzó una ceja al escucharlo, con incredulidad. A ella le parecía insólito que un desconocido le hablara así. ¿Por qué ella se dejaba? ¿Qué era lo que le estaba pasando con ese chico?

—Dudo que lo hagas.

—¿Quieres ponerme a prueba? —El chico comenzó a enderezarse en su asiento, dispuesto a salir de la camioneta de nuevo.

—¡Vale, vale, te creo! —exclamó Bella, para impedir que él saliera de la camioneta. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de ganar con la fuerza que él poseía.

Se subió a regañadientes y de forma brusca al asiento copiloto, cerrando la puerta con un portazo que estaba segura escucharía hasta Jacob en la playa. Se rió internamente al imaginar aquello.

—Ten cuidado con mi bebé, es delicado —le regañó el chico, echando a andar el auto.

Bella no le respondió. Había decidido internamente no hablarle más, como castigo a que la obligara a irse con él a casa. ¿Y si era un psicópata? ¿O un violador? Lo miró de soslayo, mientras él conducía, y no supo porque, pero al mirarlo estuvo segura de que él no era ni un psicópata ni un violador. A pesar de ser un desconocido, le inspiraba una confianza…

—Hemos empezado con el pie izquierdo, ¿no crees? —Los ojos grises del chico se posaron en ella cuando se toparon con un semáforo en rojo—. Disculpa por ser tan irritante, pero soy así. Por cierto, mi nombre es Jared Marlowe. ¿Cómo te llamas?

Bella suspiró rendida.

—Isabella, Isabella Swan, pero prefiero que me llamen Bella.

—¿Bella? ¿Por qué? —inquirió Jared, aunque en respuesta recibió un encogimiento de hombros de la castaña—. Vale, pero yo te diré Isa, ¿de acuerdo? No me gusta Bella, suena muy Italiano… y tienes que sacar lo patriota que llevas dentro, chica.

Bella sintió que se le crispaba la boca en una sonrisa cuando escuchó las palabras del chico. Sacudió su cabeza con diversión mientras veía por el rabillo del ojo como Jared sonreía triunfal al hacerla sonreír.

—De acuerdo —murmuró ella, sorprendiéndose a sí misma. Nunca la había gustado que la llamaran de otra forma, pero ahora…

Se quedaron callados por unos minutos hasta que ella se dio cuenta de que llegaban a su casa. Las luces estaban apagadas, lo que le decía a Bella que sus padres estaban durmiendo… Pero entonces se dio cuenta de algo.

—Espera un segundo… ¿Cómo sabías donde vivo? —preguntó asombrada y un poco desconfiada, volteándose hacia él.

Jared sonrió de tal forma, que Bella se sintió momentáneamente encandilada.

—¿Te puedo contar un secreto, Isa? Yo siempre supe que eras Isabella Swan, la hija de Charlie, el comisario del pueblo que vive en la colina. Solo que quería hacerte… rabiar un poco.

Bella se quedó estupefacta en su lugar mientras veía como Jared la miraba con diversión.

—Pero… pero… ¡eso no es justo! —balbuceó indignada.

En respuesta, Jared se carcajeó.

—Ay, querida, debes aprender que en la vida nada es justo.

Comienzo a volver a la realidad poco a poco. Siento que estoy recostada en una suave superficie mullida, con un olor que se me hace familiar y extraño a la vez.

Inspiro levemente por la nariz, preparándome mentalmente para la ola demoledora de imágenes, pero, sin embargo, no sucede nada. Mi mente esta vacía.

Suspiro aliviada y me permito abrir los ojos suavemente, pestañeando un par de veces para poder enfocar mi vista en frente de mi. Al principio veo un poco borroso, lo que me confunde, pero luego de unos segundos mi visión vuelve a la normalidad.

—Al fin —suspira una voz familia a mi lado, con el alivio en sus palabras.

Volteo la cabeza para ver quien es y de inmediato me arrepiento de ello, ya que la cabeza me da una punzada dolorosa que provoca una mueca de dolor en mis labios. Jacob me mira con preocupación.

—Ten —musita, alzando una mano hacia mí. Allí tiene un vaso de agua y en la otra mano dos pastillas. Lo recibo completamente aliviada y agradecida—. Carlisle me dijo que te lo diera en cuanto despertaras.

—¿Dónde está él? —pregunto alarmada al no ver a mi doctor en la habitación.

—En la sala, con Billy.

Asiento con la cabeza sin saber muy bien que comentar. Entonces, Jacob carraspea a mi lado, visiblemente nervioso y preocupado. Se pasa una mano por el cuello, un gesto que se me hace familiar y doloroso a la vez…. Pero, ¿por qué?

—¿Qué fue lo que te sucedió, Bells? Estabas bien, mirando el auto, pero entonces lo tocaste y…. pareció que todo se desmoronó. Te pusiste a gritar, a llorar —comenta con la voz teñida de preocupación—. Carlisle y yo estábamos histéricos, no sabíamos que hacer para calmarte. Entonces el Doc tuvo que inyectarte un poco de sedante para que descansaras.

Hago una mueca con mis labios ante el repentino recuerdo de todo lo que sucedió cuando toqué el auto. Su recuerdo se me hace doloroso, insoportable, y puedo sentir en la boca de mi estómago una sensación para nada agradable.

—Lo siento, Jacob —susurro en un hilo de voz.

—Pero… ¿lograste recordar algo? —pregunta, con la esperanza en su voz.

Pestañeo y de inmediato viene a mi mente el recuerdo de Jared. Mi corazón da un vuelco, adolorido ante esto, aunque no sé muy bien porque. Aun puedo recordar esas sensaciones raras que sentí al estar al lado del muchacho. Aun puedo sentir ese hipnotizamiento en mí cada vez que lo miraba sonreír… Aun puedo sentir esa confianza que él emanaba… Pero, aun así, no quiero darle los detalles a Jacob sobre eso. Me parece que ese recuerdo es demasiado íntimo para compartirlo con alguien… Demasiado importante.

—Sí, aunque muy poco y algo que no tiene importancia —respondo, desviando la mirada de sus ojos negros que me miran fijamente.

—No hay que perder la fe —susurra él. Aunque no estoy segura de que si es para mí, o para él.

—Ay, Jacob —gimo con frustración mientras él pasa un brazo por mis hombros—. Si tan solo pudiera recordar como nos reencontramos, como llegué a Forks… Si tan solo pudiera recuperar toda mi memoria…

El moreno suspira por lo bajo y se inclina hacia mí para darme un beso en la frente. Ante esto, mi corazón se remueve enternecido bajo mi pecho y los ojos se me llenan de lágrimas. Puede que mi mente no recuerde que Jacob era mi amigo o como se convirtió en mi mejor amigo, pero mi cuerpo si lo recuerda… Mi cuerpo se siente familiarizado con su presencia.

—Podrás recordar, Bella, no hay que perder las esperanzas. Recuerda que no estás sola en esto. Ahora también me tienes a mí.

—Gracias —murmuro, recargando mi cabeza en su hombro.

Nos quedamos así por varios minutos. Yo, sometida en mis pensamientos, en las imágenes del recuerdo que hace poco he tenido; el recuerdo de Jared. Pensar en él me hace sentir un extraño dolor en el pecho, como una presión de miles de rocas allí. No sé lo que me sucede, pero nada de esto me gusta.

—¿Qué te parece si vamos a pasear en la playa? —pregunta Jacob, entusiasmado, luego de unos minutos—. Como en los viejos tiempos. Tal vez eso te ayude a recordar algo de mí. No pudiste haberme olvidado, soy especial —añade, bromeando, mientras adopta una fingida expresión dolida.

Me río por lo bajo ante su broma. Nunca antes había bromeado con mi amnesia, pero ahora que lo hago, no me parece muy malo. De hecho, lo encuentro perfecto para no deprimirme siempre.

—De acuerdo. —Le sonrío levemente.

Jacob asiente con la cabeza, entusiasmado, y se coloca de pie soltándome con suavidad. Luego, se voltea hacia mí y alza una mano en mi dirección, mirándome con esos ojazos suyos tan negros pero brillantes a la vez. Suspiro y tomo su mano para colocarme de pie. Pasamos tomados del brazo por una sala, donde puedo ver claramente la cabellera de mi doctor, que se encuentra sentado en uno de los sofás, aunque solo. Al escuchar nuestras pisadas, voltea la cabeza y de inmediato fija sus ojos en mí, con preocupación.

—Estoy bien —le aseguro, sin darle la oportunidad a que me diga algo. Aprieto con suavidad el brazo de Jacob y le sonrío un poco—. Jacob y yo iremos a dar un paseo. En casa hablamos de lo que sucedió, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —murmura mi doctor, dándome una leve sonrisa.

Este hecho provoca que mi estómago se retuerza de dolor. La preocupación y el dolor por mi es tan palpable en el rostro de Carlisle que se me hace un nudo en la garganta. Intento deshacerlo, tragando fuerte y convenciéndome a mi misma que en cuanto lleguemos a casa hablaremos de lo que sucedió. Sin embargo, mi intento no funciona. Antes de que pueda formular palabra alguna, Jacob tira con suavidad de mí y me saca de la casa con pasos apresurados, pasando un brazo por mis hombros. Como puedo, intento reprimir las lágrimas que amenazan con salir de mis ojos. Me siento tan culpable… tan mal por hacer sufrir a Carlisle de este modo. ¿Por qué tiene que sufrir él conmigo si es tan bueno?

Entonces algo llama mi atención de inmediato al pasar por el patio delantero nuevamente; algo que no había visto antes dado a mi nerviosismo. En frente de la casa, hay un gran árbol parecido a un sauce. Pero eso no es lo que llama mi atención. Abajo, en las raíces, se encuentra una especie de lámina blanca recostada en el suelo, con algo escrito en ella. Tiene flores muy hermosas adornadas alrededor de ella y parece brillar con luz propia... Parece…. Parece una tumba.

Sin ser consciente de mis actos, doy un paso hacia adelante, dispuesta a caminar hacia esa lámina y descubrir lo que realmente es. Pero el brazo de Jacob se aferra a mi cintura y me impide avanzar. Frunzo el ceño.

—Bella, no —susurra, con la voz repentinamente teñida en pánico y horror.

Me volteo para mirarlo, pero él no me esta mirando a mí, sino que mira hacia el frente, con un brillo extraño en sus ojos y una mueca de dolor en sus labios. Me volteo para ver lo que él esta observando, y es ahí cuando me percato que al lado de la lámina blanca, sentada en el suelo, esta una chica. No debe tener más de doce o trece años, por lo que puedo ver. Tiene el cabello negro azabache y sus ojos, que de pronto se fijan en mí, son de un extraño color café oscuro. Miles de lágrimas corren por sus mejillas sonrojadas y sus manos tiemblan a sus costados. Algo dentro de mí se remueve.

Entonces, al mirarme, sus ojos me perforan con un odio que me sorprende. Su boca se convierte en una fina línea y sus manos en puños. Se coloca de pie, mirándome con odio en todo momento, y avanza a grandes zancadas en mi dirección. Antes de que pueda reaccionar, Jacob me echa hacía atrás suavemente y me coloca detrás de su espalda, de forma protectora. Yo solo soy capaz de mirar a la chica con abierto desconcierto.

—Sophia, atrás —le advierte Jacob. A pesar de ser una advertencia, su tono es en todo momento dulce e incluso cariñoso.

Sophia, la chica, lo ignora olímpicamente y se arroja sobre mí con un furia descomunal. Jacob reacciona de inmediato y la toma por la cintura, alejándola de mí. Sin embargo, ella lucha con todas sus fuerzas por liberarse y estira sus manos hacia mí violentamente, queriendo golpearme.

Me quedo paralizada en mi lugar, mirando todo de hito en hito. La sangre se me hiela y el corazón me comienza a latir a un modo desesperado.

—¡Asesina! —Sophia me grita, aun luchando en los brazos de Jacob y mirándome con furia—. ¡Eres una maldita asesina!


Bueno, he aquí el capítulo 11 de esta historia. Espero que les haya gustado, de todo corazón. ¿Merezco un Review? Gracias a todos los que leen mi historia, enserio. Un beso enorme a todos. Nos leemos en el próximo capítulo.

¡Los quiero!

Isa Pattinson Masen. (Con este nombre pueden buscarme en Wattpad para las que me quieran leer allí)