Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer (la mayoría de ellos). La historia es mía y está prohibido su uso sin mi permiso.


Capítulo 12:

Las palabras de Sophia me dejan helada en mí lugar, con el corazón latiéndome a mil por hora contra mi débil pecho y sintiendo esos latidos detrás de mí oreja. Las manos me comienzan a sudar de un modo febril, incontrolable, mientras observo la escena que se produce frente a mí con estupefacción. No soy capaz de formular palabra alguna, mis labios están sellados por una razón que desconozco, aunque sospecho que se debe al estupor, y mi garganta está seca.

La expresión de Jacob, al escuchar a la chica que se debate entre sus brazos, se altera de tal manera que sus ojos se abren como platos y de sus labios sale un jadeo bastante audible. Por un momento, su expresión se parece a la de un loco, un desquiciado…

—¡Basta ya!

Tanto Sophia como yo, damos un brinco de la sorpresa y estupefacción cuando el grito ronco y fuerte sale de los labios de Jacob, con una ferocidad tan palpable que me estremezco suavemente a causa de la vibración de su enfado.

Miro a la chica, esperando ver que se recupere de su estupor y comience a debatirse nuevamente en los brazos de Jacob, aprovechándose de su enfado para soltarse y golpearme al fin. Pero me sorprendo inmensamente cuando la veo agachar su cabeza con aire culpable, con su cuerpo relajándose visiblemente en los brazos del moreno, aunque este no la suelta ni por un segundo, observándola en todo momento.

Entonces, Jacob se inclina sobre ella y pega sus labios en el oído izquierdo de ella, sin alzar la mirada hacía mí. Sus labios comienzan a moverse con velocidad, estoy segura de que sus palabras deben ser bastante furiosas a juzgar por el movimiento de sus labios y la mirada seria que posa él sobre la chica, sin dejar de susurrarle unas palabras al oído, palabras que no alcanzo a escuchar, a pesar de que me encuentro a una distancia bastante cercana a ellos, así que estoy segura de que Jacob lo murmura bien bajo para que yo no pueda oírle.

Hago una mueca con mis labios, e inconscientemente me inclino hacia adelante para poder escuchar lo que Jacob susurra. Sí tan solo pudiera escuchar algo…

Pero entonces, los brazos de Jacob se sueltan alrededor del cuerpo de Sophia con suavidad y él se envara lentamente, con los ojos fijos en ella. La chica alza la mirada hacia mí, con las lágrimas cayendo por sus mejillas sin césar… y por alguna extraña razón, mi corazón se encoge de dolor dentro de mí.

—L-Lo siento —solloza, con la voz quebrada.

Antes de que pueda abrir la boca para decirle algo, Sophia da media vuelta sobre sus talones y se va, corriendo desesperadamente mientras los sollozos le atraviesan el pecho y se le escapan por la garganta con dolor puro.

Jacob la deja ir, apartándose de su camino y observándola con una expresión que solo refleja angustia y dolor, y los labios convertidos en una mueca del mismo sentimiento que le ensombrece el rostro.

Me acerco a él lentamente, con el cuerpo tembloroso por una razón que desconozco por completo, impulsada por ese deseo de quitarle a mi amigo esa mirada llena de dolor, impulsada por el deseo de hacerle sonreír de nuevo… de ver nuevamente sus ojos brillantes, rebosante de felicidad…

—Yo… —balbuceo, sin saber qué decir en realidad.

Jacob se voltea hacia mí, cambiando rápidamente su expresión por una más calmada y sosegada.

—No te preocupes, Bella. Ella va a estar bien, te lo aseguro.

—Pero… pero, no entiendo que sucedió. Ella dijo que yo… que yo…. —Mi voz comienza a apagarse poco a poco, incapaz de pronunciar aquellas palabras que Sophia me había gritado a la cara, con ferocidad y… y seguridad.

Mi moreno amigo suspira, pasando una mano por su cuello con distracción, mientras alza la mirada hacia mí, fijando sus ojos negros en los míos, con intensidad.

—No puedo explicarte nada, Bella, porque ni siquiera yo puedo sé que es lo que sucede realmente. Solo una persona puede explicarte todo, hacerte entender porqué suceden estas cosas, porqué Sophia te dijo eso…

—¿Y quién es? ¿Dónde esta? —lo interrumpo, desesperada por saber y por encontrar a esa persona que me ayudaría a despejar al fin mi mente, a descubrir esas cosas que necesito entender, a comprender porqué acaba de suceder esto…

—Esa persona eres tú, Bella —contesta Jacob, sin aparta la mirada. Niego con la cabeza de inmediato, como acto reflejo, pero él ignora mi gesto y alza una de sus manos para rozar mi sien suavemente con ella, por el costado—. Todo está aquí, en tu mente. Tú eres la única que sabe la verdad de todo, tú eres la única que lo vivió todo, que lo comprende… pero no lo recuerdas, el accidente te lo arrebató… y sé que puedes recuperarlo, yo sé que sí.

Abro la boca para negarlo todo, acostumbrada al hecho de que de mí no dependa nada de mis recuerdos, nada de mi memoria… Pero me callo, porqué una parte de mí cree en las palabras de Jacob, porque una parte de mi interior se aferra a las palabras de Jacob y cree que es verdad, que todo está en mi mente, en mis recuerdos, y que los voy a recuperar, sea como sea.

—Espero que tengas razón, Jacob, porque sinceramente estoy harta de tanto misterio —suspiro, sacudiendo levemente mi cabeza, con una mueca en mis labios.

—La tengo, Bella. Confía en mí. Soy incapaz de mentirte —dice, sonriendo ampliamente mientras pasa un brazo alrededor de mis hombros, con suavidad.

Sonrío y apoyo la cabeza en su hombro, cerrando los ojos por unos momentos para despejar mi mente. No quiero pensar más en todo esto, no quiero estresarme más. Solo quiero… normalidad.

—Venga, vamos a la playa. Te va a encantar —exclama, con júbilo mientras jala de mí suavemente, en dirección opuesta a su casa.

Asiento con la cabeza, entusiasmada ante la idea de dejar todo de lado por unos minutos y distraerme de los problemas al fin, de tener un poco de normalidad en mí vida y de divertirme unos minutos con mi mejor amigo. Porque eso es justamente lo que necesito.

/::/

Cuando vuelvo de nuevo a mi departamento, estoy exhausta. El resto del día en compañía de Jacob allá en La Push fue sencillamente increíble y divertido. Paseamos por la playa, conversamos a mares y conocí, nuevamente, algunos de los amigos de Jacob, quienes fueron muy amables y agradables conmigo, para luego terminar el día en el garaje de mi mejor amigo, donde me mostró sus motocicletas recién arregladas, que parecían nuevas gracias a los dotes de Jacob. Aproveché la oportunidad de pedirle a Jacob el que me enseñara a andar en motocicleta, así que organizamos otra junta para la semana siguiente donde él me enseñará un poco en sus tierras.

Carlisle se quedó conmigo en todo momento en La Push, en la casa de Jacob con el padre de este, lo que me hizo sentir culpable por haber dejado solo a mi querido doctor durante todo el día, pero, para mí sorpresa, cuando regresé a buscarlo, mi doctor se encontraba de lo más entretenido con Billy, jugando un partido de cartas y viendo unos partidos de fútbol americano en la televisión.

Al terminar el día, me vino a dejar a casa y se fue en taxi a la suya, luego de haber guardado mi motocicleta en el aparcamiento del edificio.

Subo las escaleras con desgana, sintiendo mi cuerpo pesado y agarrotado por el cansancio que me invade en estos momentos. Al llegar a la puerta de mi apartamento, saco las llaves y abro la puerta lentamente, con un suspiro.

Entonces, me llevo un gran susto al ver una figura reclinada sobre el sillón de la sala, que se encuentra a unos pocos metros de la entrada. Sin poder evitarlo, doy un salto en mi lugar, un gritito ahogado sale de mis labios y el corazón me da un salto, asustado.

—Shh, Bella, tranquila. Soy yo.

En la negrura que envuelve mi sala, un par de manos blancas se acercan a mí y me toman con delicadeza por los brazos, acercándome a un cuerpo cálido. Suspiro, aliviada al sentir esa conocida y abrumadora sensación de reconocimiento cuando percibo su delicioso aroma al acercarme a él, con ese conocido escalofrío que me recorre el cuerpo ante su proximidad.

—Edward —exhalo, rodeándole la cintura con mis brazos mientras él me rodea con los suyos suavemente.

—Lo siento —murmura. Puedo sentir sus labios rozando mi sien, bajando lentamente por mi rostro hasta posarse en mi oído, detrás de este. Me estremezco suavemente al sentir que deja un casto beso allí—. No pretendía asustarte.

—No importa, ha pasado ya —logro articular, en un susurro muy bajo, hipnotizada e hiperventilando al sentir sus labios rozando mi piel detrás de mi oído, una parte muy sensible de mi cuerpo—. P-Pero, ¿qué haces aquí?

Abruptamente, sus labios se tensan contra mi piel y sus brazos se sueltan un poco a mí alrededor, lo que me hace fruncir el ceño, contrariada.

—¿Quieres que me vaya? —Su voz contiene un leve tono de dolor y sorpresa.

Mi corazón se agita, desesperado.

—¡No! —grito de inmediato, con determinación y desesperación—. Solo me sorprende, nada más. ¡No quiero que te vayas! ¡Eso es estúpido!

Su cuerpo se relaja visiblemente a mí alrededor y siento como se ríe entre dientes, con los labios aún pegados a mi piel. No puedo evitar estremecerme nuevamente al sentir su aliento, haciéndome cosquillas en la piel sensible de mi oído, y enviando descargas eléctricas a mi espina dorsal.

—Mel quería quedarse en tu casa una noche más, y supuse que no te molestaría —contesta, en un suave susurro contra mi piel. Yo sonrío, porqué es verdad, no me molesta en absoluto—. Además, tú me dejaste las llaves de repuesto en la mañana, tontita, antes de irte con las chicas. ¿No recuerdas? Dijiste que nos podíamos quedar si queríamos.

Bufo por lo bajo sin poder evitarlo, al recordar que Edward tiene razón. Se me ha olvidado por completo que en la mañana, antes de marcharme con mis amigas y Mel, le había pasado las llaves de repuesto a Edward, con la esperanza de que él y su hermosa hermana pequeña se quedaran de nuevo a dormir en mi departamento, como la noche anterior.

—Ahora lo recuerdo… —murmuro, distraída, pues sus labios comienzan a rozar mi piel nuevamente, causando unos escalofríos placenteros en mi cuerpo.

—Humm —contesta, igual o más distraído que yo con lo que esta haciendo.

Escucho un leve golpe a mis espaldas y sospecho que es el sonido de la puerta al cerrarse, pues Edward alarga el brazo para cerrarla. Sus brazos se envuelven en mí cintura y me acercan aún más a su cuerpo, a lo que yo me dejo con sumo gusto.

Entonces, ladeo la cabeza lentamente, con un objetivo en mente…. Y él lo comprende de inmediato, ya que sus labios se encuentran con los míos en el camino mientras que mis brazos se alzan para rodear con ellos su cuello, enredando mis dedos en sus cabellos para acercarlo aún más a mí, a lo que él responde con una sonrisa contra mis labios.

Una leve risita a nuestro lado, a unos cuantos metros, nos saca lentamente de nuestra burbuja. Los labios de Edward pasan de mis labios a mi mejilla, donde puedo sentir su gran sonrisa contra mi rostro, mientras que sus brazos me aprietan con suavidad contra su cuerpo.

Quiero hacer un mohín ante su lejanía, pero nuevamente me veo distraída al sentir sus labios en mi oído.

—Es Mel —murmura, tan bajo que solo yo puedo oírle—. Te estaba esperando. Ya sabes, es terca, así que cuando dijo que no se dormiría hasta que tú llegaras y le dieras las buenas noches, le permití que lo hiciera con la condición de que se quedara en cama, viendo televisión mientras que llegabas.

Una amplía sonrisa se instala en mi rostro al oír aquello. Mi corazón, que en ese momento latía incesantemente, aumentó su rapidez, sí es posible, dado a la ternura y emoción que me recorre el cuerpo ante ese detalle de la niña. Miro hacia el pasillo, donde están las habitaciones, esperando ver a la niña de mis ojos allí, pero me llevo un gran chasco al ver el pasillo vacío.

Frunzo el ceño, confusa.

Edward, al instante, se da cuenta de mi distracción y estado de ánimo, así que se separa levemente de mí para poder observar mi rostro. Alza sus manos, y toma mi cabeza entre ellas con suavidad, mirándome fijamente.

—Está en tu habitación. Supongo que oye nuestras voces desde allí, así que por eso se ha reído.

Un sonrojo abarca mis mejillas al saber que Mel nos ha estado escuchando todo este tiempo. No sé porqué, pero la idea de que la niña me haya escuchado en pleno romance con su hermano, me hace sentir repentinamente cohibida y avergonzada.

A mi lado, Edward se ríe por lo bajo al ver mi expresión avergonzada y yo le dedico una mirada fulminante. Se encoge de hombros con despreocupación y me regala una amplía sonrisa, que me deja momentáneamente aturdida por unos cuantos segundos.

Le doy una mirada al pasillo, y luego regreso la mirada hacia Edward, debutante. Ante esto, él sacude la cabeza, aún sonriendo, y se separa de mí lentamente, acariciando mi mejilla con una de sus manos por unos segundos para luego soltarme por completo.

—Ve con ella, te necesita —comenta, apuntando con su cabeza hacia el pasillo—. Luego seguiremos con lo nuestro —añade con picardía, guiñándome un ojo.

Me sonrojo furiosamente y le doy un suave golpe en el antebrazo, provocando sus risas. Finjo ignorarlo olímpicamente mientras camino hacia el pasillo, con el corazón latiéndome enloquecido al saber que pronto veré a Mel, a la niña encantadora que me ha robado el corazón…

Abro lentamente la puerta de mi habitación y asomo la cabeza con lentitud. El corazón me da un salto, conmocionado ante lo que veo frente a mí.

Melanie se encuentra recostada en mi cama, justo al medio de esta. La cama parece ridículamente grande con ella metida en las sábanas, cosa que me hace sonreír casi de inmediato. Su cuerpecito está tapado hasta su cintura con las mantas de la cama y su cuerpo esta de frente, con sus ojitos verdes, bordeados de azul, fijos en la televisión, aunque su sonrisita delata lo que Edward me ha dicho; que nos estaba escuchando.

—Toc toc —digo, alzando un poco mi voz, con mis ojos puestos en ella. Mel alza la mirada de inmediato y sus ojitos se iluminan al verme de pie en la entrada, recargada contra el marco de la puerta—. ¿Se puede, señorita Masen?

Una risita escapa de los labios de la niña al escuchar mi tono "formal". Se para de inmediato en la cama y, sorpresivamente, salta hacia mí.

Lo único que alcanzo a ver es un remolino cobrizo saltar en mi dirección. Mi cuerpo, como acto reflejo, se lanza hacia adelante y mis brazos se alzan al tiempo justo para poder atraparla entre ellos y así evitar que su cuerpecito se golpee contra el duro suelo de mi habitación.

—¡Bella! —exclama con júbilo, envolviendo mi cuello con sus bracitos.

Me inclino hacia ella y le doy un sonoro beso en la mejilla, provocando su gran sonrisa.

—Hola, preciosa. ¿Me extrañaste?

—¡Claro que sí! ¿Por qué se fue tan rápido hoy? —Melanie clava sus ojitos en mí, con abierta curiosidad mientras la llevo de vuelta a la cama.

—Tuve que encargarme de unos asuntos, cielo. Pero ya estoy de vuelta. ¿Qué ves?

Opto por cambiar el tema rápidamente, pues Melanie en muy pequeña para someterla a mi vida llena de misterios y problemas, llena de olvido. Gracias a Dios, la niña inteligentemente comprende que no quiero seguir hablando del tema así que sigue mi juego, con entusiasmo.

—¡La Bella Durmiente! —exclama, volviendo sus ojos hacia la televisión. Hace una mueca con sus labios al percatarse de que la película ya ha terminado—. Pero se acabó… me gusta tanto esa historia…

Me río con disimulo al verla sometida en sus pensamientos sobre la película, con la mirada pérdida y su mente sometida a sus fantasías infantiles que la llenan de felicidad y entusiasmo. Por un momento, me recuerda a mí, pues recuerdo muy bien como mi madre solía molestarme cuando me perdía en mi mundo lleno de fantasías y colocaba esa misma expresión…

Salgo abruptamente de mis pensamientos cuando Melanie se acurruca a mi lado, escondiendo su rostro en mi cuello, mientras un bostezo suave sale de sus labios. Con cuidado, la recuesto en la cama y me pongo a su lado, envolviendo su cuerpecito con mis brazos suavemente y apoyando mis labios sobre su sien, con delicadeza.

—Edward me ha dicho que no te querías ir a dormir hasta que yo te diera las buenas noches —comento, sintiendo como mi pecho se infla de ternura ante eso. Siento como la piel de sus mejillas se calientan contra mi cuello, en un sonrojo. Sonrío de inmediato y le doy un suave beso en la sien—. Pues aquí estoy, y es hora de dormir. Buenas noches, cielo. Descansa. Yo me quedaré a tu lado.

—Buenas noches, Bella —murmura ella de vuelta, somnolienta.

Pero entonces, alza su cabeza bruscamente y sus ojos se dirigen hacia la puerta de mi habitación. La observo confusa, frunciendo el ceño.

—¿Mel?

La niña no me responde, solo se limita a seguir mirando la puerta de la habitación fijamente. Entonces, la puerta se abre y por ella entra Edward, que se recarga en el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa suave en sus labios.

—¿Aún no te has dormido, angelito? —Edward alza ambas cejas en dirección a Mel.

Ella sonríe, recostándose de nuevo a mi lado y alzando una de sus manitos hacia él. Edward sonríe, con la misma sonrisa que tiene su hermana en sus labios, y se acerca hacia la cama, colocándose al otro lado de la niña. Melanie queda en medio de los dos, quienes la rodeamos con nuestros brazos de forma protectora y cariñosa. Edward se inclina hacia ella y le da un suave beso en la mejilla, a lo que Mel me sonríe abiertamente.

—Buenas noches, Mel.

—Buenas noches —responde ella, inclinándose para dejar un beso en la mejilla de cada uno de nosotros.

Edward y yo sonreímos al mismo tiempo, encantados con la niña que se encuentra en nuestros brazos, que poco a poco comienza a caer en el profundo sueño, llevaba por los brazos de Morfeo.

Apoyo la cabeza contra la de la niña con suavidad. La mano de Edward, que está alrededor de Melanie, busca la mía que se encuentra muy cerca de él. Al encontrarla, entrelaza nuestros dedos y suelta un suspiro, un suspiro de alivio, aunque no sé muy bien de qué. Yo también suspiro, maravillada ante la sensación de su mano con la mía y por tenerlos a los dos conmigo, juntos… en mis brazos…

Mi cuerpo se relaja tanto al lado de ellos, que los párpados comienzan a pesarme poco a poco con el paso de los minutos. Ni Edward ni yo formulamos palabra alguna, disfrutando de la dulce sensación que nos envuelve a todos en estos momentos, disfrutando al ver a Melanie dormir plácidamente en nuestros brazos, disfrutando de nuestro momento.

Y entonces, el sueño más importante de todos, comienza.

El sonido de la bocina del auto se escuchó por toda la casa. Luego de unos momentos, el mismo sonido replicó por las paredes del hogar hasta llegar a la habitación del segundo piso, donde se escuchó con gran estrepito y causó que las ventanas de la habitación se estremecieran levemente.

Bella se sobresaltó al escuchar aquel fuerte sonido. Pero entonces, al percatarse de lo que era, saltó de la cama con una maldición de por medio y se apresuró en arreglarse para el instituto.

Era tarde, se había quedado dormida por las incesantes pesadillas que sufría cada noche desde hace unas semanas. Por lo mismo, ahora iba a llegar tarde al instituto, y él se iba a enfadar por hacerle esperar….

Bajó corriendo las escaleras, luego de haberse vestido con lo primero que encontró en su ropero, temiendo que su torpeza saliera a relucir en esos momentos y se cayera escaleras abajo. Gracias a Dios, eso no sucedió. Tomó apresuradamente una manzana que estaba en la cocina y se despidió a gritos de sus padres, a lo que estos contestaron con gemidos adormilados.

Salió a la calle y vio, como era de costumbre, a la camioneta negra aparcada pulcramente frente a su porche. Caminó rápidamente hacia ella y se subió sin vacilar, pues estaba más que acostumbrada a ello.

Dentro, Jared estaba sentado en el asiento del conductor, con sus ojos fijos en el frente y su mandíbula tensa, cuadrada porque él apretaba sus dientes con fuerza. Bella no lo quiso mirar, sabiendo que él estaba enfadado con ella, desde hace unas semanas, producto de una estúpida pelea sobre celos que tuvieron hace unos días.

Su noviazgo estaba experimentando las primeras fuertes peleas, como Bella había sospechado con temor. Pero, lo peor de todo, era que esas peleas eran estúpidas, pues eran por temas muy cruciales y sin importancia, pero Jared siempre se las arreglaba por exagerarlos siempre, provocando que la pelea sea más grande de lo que en realidad tiene que ser.

Jared, sin decir nada, encendió el motor del carro y comenzó a conducir hacia el instituto velozmente, pues iban con unos minutos de retraso.

Cuando al fin llegaron, luego de pasar varios minutos sumidos en un incómodo y tenso silencio que no hizo más que lastimar a Bella, esta se apresuró a bajarse de la camioneta con velocidad, aliviada al ver que aún la campana, que daba inicio a las clases, aún no sonaba.

Pero entonces, se sorprendió al sentir como una mano se cerraba con suavidad alrededor de su brazo. Se volteó y no pudo evitar alzar las cejas con sorpresa cuando vio que era Jared quien la había detenido.

¿Irás hoy a la fiesta, verdad?

Bella no pudo evitar soltar un suspiro de alivio cuando escuchó el tono de voz de su novio. Era tranquilo, incluso tierno. Era el tono de voz que usaba Jared con ella siempre, demostrándole su cariño… Aunque hace unas semanas, eso había cambiado un poco.

Claro que sí —contestó ella, asintiendo con la cabeza, con una sonrisa.

Entonces, nos vemos allí. Hoy me iré más temprano para ayudar a Jacob con la organización. Luego él te va a pasar a buscar.

Ella luchó contra la ola demoledora de decepción quiso acabar con ella. Hizo un gran esfuerzo por controlar su expresión frente a Jared, pues sabía que sí él la veía así, se sentiría mal de inmediato y trataría de quedarse con ella, cancelando así sus planes con Jacob.

Entonces nos vemos allí —concordó, con una leve sonrisa.

Jared le devolvió la sonrisa y lentamente se inclinó hacia ella. El corazón de Bella dio un salto, emocionado al saber lo que vendría. Y cuando sus labios se posaron sobre los de ella, suavemente, no pudo reprimir el impulso de jalarlo hacia ella por las solapas de su chaqueta y así profundizar el beso lentamente.

Él se echó a reír entre dientes contra sus labios, aunque de igual forma correspondió el beso con el mismo entusiasmo. Pero luego de unos minutos, se separó casi a regañadientes, y apoyó su frente en la de ella.

Vas a llegar tarde…

No me importa —lo interrumpió ella, jalándolo de nuevo para besarlo. Había extrañado tanto sus gestos en esas semanas de peleas…

Cuando al fin se separaron, se apresuraron para ir a sus clases con unos cuantos minutos de retrasos. La verdad era que a ninguno de los dos le interesaba llegar tarde, pero era la costumbre que los hacía sentir mal en estas ocasiones. Entonces, cuando Bella estaba a punto de entrar en su salón:

¡Isa!

Bella alzó la cabeza gusto a tiempo para ver a Jared, que se encontraba al otro lado del pasillo, frente a la puerta de su clase, lanzarle un beso a la distancia. Ella sonrió ampliamente, contenta con la idea de que al fin su relación había vuelto a la normalidad.

Horas más tardes, ella se encontraba ya en La Push, en la dichosa fiesta que Jared y Jacob habían organizado desde hace unas cuantas semanas. Según lo que Bella sabía, el mejor amigo de Jared llegaba ese día a Forks, desde Chicago, donde Jared había vivido anteriormente, para hacerle una visita a este. Por la misma razón, Jared había decidido organizarle una fiesta de bienvenida en La Push, para así presentarlo frente a Jacob y sus amigos y, por supuesto, para presentarlo ante Bella.

Ella había escuchado maravillas sobre el chico, cuyo nombre se le había olvidado, pues Jared, desde que supo que su mejor amigo lo iba a visitar, no hacía más que contarle cosas a Bella sobre él; aventuras juntos, travesuras de niñez y adolescencia, anécdotas…. Bella hasta podría decir que conocía toda la vida del misterioso chico, gracias a su novio.

Todos a su alrededor disfrutaban de la fiesta, esperando que el mejor amigo de Jared por fin apareciera, pero ella era la única que no se divertía. Estaba preocupada. Jared se le había perdido de vista hace una media hora y por más que lo buscaba, no estaba por ningún lado. Eso no le traía buenos presentimientos.

Pero entonces, sintió unos brazos a su alrededor, que la alzaron con facilidad y entusiasmo.

¡Preciosa! —exclamó Jared, dándole la vuelta.

Ella sonrió ampliamente mientras se volteaba, divertida al escuchar ese tono de voz en su novio. Era obvio que a Jared se le habían pasado las copas (o botellas en este caso) y ahora se encontraba en un estado de ebriedad un poco alto.

Hey, guapo —contestó la castaña, rodeándole el cuello con sus brazos—. ¿Dónde estabas? Te me perdiste.

Él se rió por lo bajo, sacudiendo su cabeza suavemente de un lado a otro.

Por ahí —bromeó él, haciéndose el interesante.

Bella se carcajeó sin poder evitarlo y abrió la boca para contestar a eso, pero calló abruptamente al ver el cambio de expresión en el rostro de Jared.

Los ojos de este se iluminaron sorpresivamente, mientras una amplía sonrisa se instalaba en sus labios. Pero antes de que Bella pudiera preguntarle el porqué de su expresión, Jared la soltó con suavidad y dio un paso hacia al frente, con los brazos extendidos.

¡Flaco, al fin llegas! —El grito de júbilo de Jared se escuchó por todos lados.

Bella se rió ante eso, sacudiendo la cabeza con aire divertido mientras se acercaba a una mini nevera que allí había y sacaba una cerveza.

Sabes que nunca me gustó que me llamaras así —contestó una voz desconocida, con un gruñido aunque su voz estaba teñida de diversión.

Terciopelo.

Esa fue la palabra que vino a la mente de Bella cuando escuchó la voz del desconocido, amigo de Jared. Esa voz era… aterciopelada, suave, hermosa…

¡Isa, ven aquí, cariño! Te presentaré al fin a mi mejor amigo —exclamó Jared, desde su lugar.

Eso hizo que Bella saliera abruptamente de sus confusos pensamientos. Sacudió la cabeza lentamente, en un intento de disipar esos pensamientos confusos e incorrectos de su mente, mientras se volteaba hacia Jared y su mejor amigo.

Primero fijó su mirada en su novio, que tenía una gran sonrisa en su rostro. Los ojos grises de Jared brillaban con entusiasmo y felicidad, como nunca antes había visto Bella en él. Eso provocó la sonrisa de ella inmediatamente, pues lo que hacía feliz a Jared, también la hacía feliz a ella.

Pero entonces, cuando miró al acompañante de Jared, lo único que pudo ver fue un color. Un solo color.

Verde esmeralda….

Despierto abruptamente por la luz, que no sé de donde procede, me da directamente en el rostro y provoca que un quejido bajo salga de mis labios a causa de la molestia. Ruedo sobre mi cuerpo en mi cama, quedando boca abajo para poder así ocultar mi rostro de la luz del sol que entra por la ventana. Entonces, oigo una risita suave.

—Hay que despertar —canturrea Melanie con diversión, tocándome un hombro con suavidad.

Bufo y gimo por lo bajo, lo que causa las risas de la niña inmediatamente. Tomo una almohada y la coloco sobre mi cabeza, en un vano intento de alejarme de todos los sonidos que puedan despertarme, y así hacerme salir de la cama.

—Me mandaron a decirle que tiene veinte minutos para darse una ducha y vestirse. El desayuno estará listo más o menos al mismo tiempo. —Siento la cama hundirse a mi lado y entonces, algo se coloca debajo de mi almohada, a mi lado, y unos pequeñitos pero suaves labios se posan en mi mejilla, con un sonoro "muac" que me hace reír—. ¡La estaremos esperando en la cocina!

Melanie se baja de un salto de mi cama y puedo escuchar con claridad sus pasitos corretear por el pasillo hacia la cocina. Desde mi habitación, escucho la voz de Edward preguntándole algo a la niña, aunque no puedo distinguir muy bien qué cosa, y luego escuchó las risas de Edward y Mel al mismo tiempo.

Refunfuño, segura de que se están riendo a mi costa. Lentamente me coloco de pie, sintiendo mi cuerpo muy agarrotado, producto del cansancio del día anterior y el haber dormido con la ropa puesta durante toda la noche. Camino arrastrando los pies hacia el cuarto de baño.

Una vez ya en la ducha, los recuerdos de mi sueño de la noche anterior empiezan a atacar mi mente, uno a uno. Me quedo por varios minutos, ensimismada en mis pensamientos y en los recuerdos del sueño.

Este sueño es muy importante, muy revelador con respecto a Jared. ¿Era mi novio? Por alguna extraña razón, el saber eso me hace sentir una sensación en el estómago… pero para nada agradable, como si la idea me diera… repulsión. Sin embargo, ese tema no se me hace tan importante cuando el último recuerdo del sueño me ataca.

¿Quién era ese chico, el mejor amigo de Jared? ¿Dónde está ahora? ¿Dónde está Jared ahora? ¿Porqué la voz del chico se me hace extrañamente familiar? Y ese color, ese maldito color que no puedo sacar de mi mente también se me hace familiar, ¿dónde lo he visto antes?

Como aún estoy grogui por el sueño y el cansancio, me cuesta concentrarme para encontrar las respuestas a esas preguntas que abarcan mi mente en estos momentos. Pero por extraño que parezca, me siento estúpida, porque una parte de mí me dice a gritos que las respuestas son mucho más que obvias….

Decido dejar el tema de lado por unos momentos y esperar a que me encuentre sola para pensarlo con claridad y responder esas preguntas que me están carcomiendo por dentro.

Luego de la ducha, me visto rápidamente y me apresuro a llegar a la cocina, donde tanto Edward como Melanie me dan un gran bienvenida al verlos allí, en mi cocina, de la forman en la que están ahora. Mi corazón se estremeció, maravillado con lo que ven mis ojos.

Edward está sentado en una de las sillas de la mesa de la cocina, con la niña en su regazo y sus brazos alrededor de ella. Melanie sostiene entre sus manos un periódico, mientras que Edward lo lee en voz alta, tomando unos tragos de su taza de café a ratos cortos. La niña está completamente concentrada en las palabras de Edward, mientras come silenciosamente una de las galletas que tiene en las manos, sujetadas junto al periódico.

—Buenos días —saludo, al entrar en la cocina.

Los dos alzan la mirada de inmediato hacia mí y me sonríe ampliamente, con la misma idéntica sonrisa. Me rió y les devuelvo la sonrisa con diversión. Camino hacia la mesa y me siento frente a ellos, en el lugar donde mi desayuno espera. Lo sé porque Edward me apuntó con su dedo al plato que se encuentra frente a ellos.

—Buenos días —responden los dos, sonrientes.

Les sonrío nuevamente y me dedico a comer silenciosamente mi desayuno, observando como Edward retomaba su lectura y como Melanie, totalmente atenta a sus palabras, comía sus galletas con expresión de concentración.

—¿No crees que es muy pronto para leerle el periódico? —inquiero, una vez que Edward ya ha terminado su lectura.

Él sonríe, bajando su mirada hacia la niña, quien le devuelve la sonrisa.

—Aunque parezca raro, a Mel le encanta que le lea el diario en las mañanas —contesta Edward, con voz suave.

Frunzo el ceño al percatarme de que lo ha dicho en voz demasiado baja y con una nota de dolor en su voz que no llego a comprender del todo. Melanie, incluso, esboza una sonrisa un poco triste y baja sus ojitos hacia su vaso de leche, que descansa en la mesa frente a ella.

—¿Porqué…?

No alcanzo a terminar mi pregunta, cuando escucho la voz de Melanie, suave y baja, en un susurro.

—A mamá le gustaba que papá le leyera el diario en las mañanas. Era como una tradición para ellos. Ella se sentaba en sus piernas en el desayuno y él tomaba su café mientras le leía lo más importante. Lo hacían todos los días… —cerró la boca abruptamente y se acurrucó contra el pecho de Edward, escondiendo su rostro.

Hago una mueca con mis labios al ver su cuerpecito sacudiéndose por los sollozos suaves que la invaden, aunque no soy capaz de oírlos. Edward, preocupado y con una mueca en sus labios, la envuelve con sus brazos suavemente y le da suaves besos en los cabellos, en un intento de calmarla.

—Lo siento —susurro, en su dirección, embargada por la culpa de haber hecho llorar a la niña de mis ojos.

—No te preocupes —responde Edward, con una sonrisa suave pero triste.

Luego de varios minutos, Melanie al fin pudo contener su llanto y Edward le recomendó, con dulzura, que fuera a refrescarse el rostro para que los rastros del llanto se fueran de su rostro. La niña de inmediato se pone de pie, sin hacer contacto visual con nadie, y se va silenciosamente al baño. El corazón se me encoge contra el pecho, adolorido al verla así.

Soy incapaz de seguir comiendo después de esto, así que Edward, en silencio, comienza a recoger la mesa y a dejar las cosas en su lugar en la cocina. Entonces, cuando sus ojos hacen contactos con los míos, caigo en la cuenta de algo…

Verde esmeralda….

La sorpresa y el estupor es tal, que mi cuerpo se inclina hacia adelante con un jadeo como si le hubieran dado una patada en el estómago. Me tengo que sostener de la mesa para no caer de bruces al suelo, pues de pronto siento que mi cuerpo es débil y atraído fieramente por la gravedad.

—¿Bella, estás bien? —pregunta Edward con preocupación, con su taza de café entre sus manos.

Ignoro su pregunta a propósito. Solo quiero saber la verdad, solo quiero exigirle la verdad.

—Edward, ¿me puedes explicar que hacías tú en mi recuerdo de la noche anterior? ¡Ayer recordé algo de la época de antes de mi accidente y en ese recuerdo estabas tú! —exclamo, apuntándolo con un dedo ferozmente, aunque la voz me sale ahogada y quebrada, pues estoy hiperventilando de la sorpresa y el temor.

El sonido de algo cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos me hace alzar la vista inmediatamente.

Edward está pálido. La taza ha resbalado de sus manos y sus ojos estaban abiertos de par en par. Todo lo que puedo ver en sus pupilas es la estupefacción. Solo eso.


¡Actualizada al fin! Sé que he demorado mucho, pero tengo mis razones, las cuales explicaré en el siguiente capítulo. Les dejaré dos capítulos seguidos como recompensa por mi demora. Espero de todo corazón que les haya gustado el capítulo y que la historia poco a poco se vaya comprendiendo. ¿Merezco un Review? Besos a todos(as) y gracias por leerme.

Isa Pattinson Masen.