Capítulo 3. Viejas amistades.
-Y entonces, ese muchacho ¿cómo dices que se llama?
-Yugi, su nombre es Yugi Motou.
-Bien. Ese Yugi… niña ¿estás completamente segura de lo qué estás diciendo?
-¿Acaso cuestionas mi pedido, Rima?
-Oh, para nada. Es sólo que estoy sorprendida, es decir, sin querer ser grosera contigo pero eres la última persona de la que esperaba que me llamara pidiendo información acerca de una celebridad como el Rey de los Juegos… sobre todo por la última parte. ¿Sí me entiendes, verdad?
-Estoy confiándote mi vida y mucho más en esto, Rima. Sonará absurdo pero tengo fe en que no vas a traicionarme y sé además que eres una de las pocas creyentes que lograron pasar desapercibidas bajo la mirada de los usurpadores.
-Me halaga tu discurso, "pequeña"; pero si quieres mi ayuda en esto necesito que seas más abierta conmigo. Ahora dime, si podrías simplemente entrar a los torneos de duelos de monstruos y averiguar de primera mano todo lo que necesitas ¿por qué vienes a pedirme un favor?
-Porque Yugi tiene un gran destino por enfrentar, y yo quiero estar ahí para él.
-Así que un gran destino. ¿Exactamente de qué estamos hablando?
-¿Recuerdas a Evelyn Wood?
-¿La hija menor de "ellos"? Sí, la recuerdo y está muerta – suspiró amargamente – lo mismo que nuestras esperanzas.
-Rima… lo que estoy por decirte no debes repetirlo nunca.
-¿Nunca? ¡Guau! Reconozco que no esperaba que hubiera algo en este mundo que tomaras con tanta seriedad… pero está bien, sólo por hoy soy toda oídos.
-En ese caso aquí va: legalmente Yugi Motou es el hijo de Masaru Motou y Zora Daidoyi pero… él mismo no sabe que el nombre de Zora no era sino un alias. El verdadero nombre de ella era Evelyn Wood.
-¡¿Qué?!
-¡No grites! Lo último que necesitamos es llamar la atención.
-Lo siento pero – bajó la voz – oye, no puedes venir a soltarme algo como eso y esperar que no reaccione, es decir, ¿en qué condenado momento el hijo Evelyn Wood se convirtió en una figura pública?
-Esa historia es un misterio también para mí pero mejor hablamos de eso luego. Rima ¿recuerdas lo que te dije sobre ese muchacho? ¿La promesa que le hice el día en que nos separamos?
-Sí.
-Pues bien – tomó aire – el cristal que Evelyn me dio ha estado reaccionando desde hace un par de semanas.
-¿Reaccionando?
-A veces brilla con un hermoso resplandor amatista y en otros momentos pareciera opacarse levemente. Pensaría que todo son figuraciones mías pero en realidad…
-¿Sí?
-Rima, Evelyn usó un hechizo para sellar esa parte de su hijo hasta que se convirtiera en lo suficientemente fuerte para salir a la luz. Lo normal sería que pasara mucho más tiempo antes de eso pero estoy muy segura de que esos cambios en el cristal se deben a que ahora Yugi ha madurado suficiente y el sello que Evelyn usó en su hijo comienza a romperse.
-No puedes estar hablando en serio – soltó la mujer llamada "Rima" después de un rato.
-Oh, lo hago. Rima, todos saben que Evelyn Wood me protegió después de la muerte de mis padres. Quiero en verdad ayudar a Yugi pero ¿entiendes ahora por qué no puedo acercarme a él a menos que esté cien por ciento segura de que este es el momento adecuado?
-Sí, ahora lo entiendo. Pero suponiendo que durante la investigación descubra que de verdad él te necesita ahí con él ¿vas a poner tu vida en riesgo buscándolo? Piensa lo que haces porque una vez que te presentes como su aliada las cosas van a ponerse muy mal para ti.
-Sí, ya lo sé, pero ¿qué quieres que te diga? Él es mi amigo.
…..
Yugi Motou parpadeó ante la intrusión repentina de la luz del sol por su ventana. Habían pasado ahora doce días de la muerte de su abuelo pero en realidad su ánimo no se sentía mucho mejor que en el primer día y, como si el malestar emocional no fuese suficiente, el dolor de cabeza había regresado desde el día anterior obligándolo a pasar su último periodo de clases en la enfermería y el resto de la tarde en el sofá de su casa.
Lo que sólo empeoraba las cosas era ver como todo estaba afectando a Atem, porque el ex faraón no podía ahora sino mirar a Yugi sin bajar la mirada y lamentarse, porque a pesar de haber recobrado la memoria de cómo usar la poderosa magia dentro de él, la magia curativa y las artes de los sanadores escapaban a su alcance y no había sido capaz ni de salvar a Sugoruku ni lo era ahora de aliviar los malestares de su Aibou.
-Yugi – interrumpió precisamente el egipcio sus pensamientos – voy a salir a comprar algunas cosas ¿quieres que traiga algo en especial? ¿Algo específico para cenar esta noche?
-No, lo dejo a tu juicio.
-No tardaré entonces.
-Moi… no. ¡Atem espera! – llamó Yugi a su compañero cuando este salía ya por la puerta de la tienda.
-¿Sí Yugi?
-Yo… he estado pensando mucho al respecto. Atem, sé que todo lo que hemos pasado últimamente no ha sido fácil, pero por favor quiero que te sientas mal porque nada de esto ha sido tu culpa.
-Yugi…
-No. Puede que ya no sea capaz de leer tu mente, pero después de cinco años de convivir codo a codo sé cuándo algo te molesta. Yo… tal vez no estaba te prestando mucha atención cuando el abuelo se fue pero no me pasa desapercibido el cómo miras sus fotos y también noto que te afecta cuando me quejo del dolor de cabeza. Sé que no puedes hacer nada para mejorar la situación pero no debes culparte por eso porque basta con que estés a mi lado para evitar que sienta que el mundo se me viene encima.
-No lo entiendes – susurró el ex espíritu tratando de contener las lágrimas – lo único que quiero es protegerte y que te sientas seguro, pero a últimas fechas haga lo que haga termino fallando.
-La vida es así. Nadie puede mandar sobre la vida, lo único que podemos hacer es ser fuertes para enfrentar los retos y ser fieles a las personas que están cerca de nosotros. Has hecho eso por mí desde que nos conocimos así que no hay modo en este mundo en que sea justo que te culpes por fallar en algo de lo que no eres responsable.
-Aibou…
Sin pensar realmente en lo que hacía el ex faraón abrazó al muchacho con fuerza tratando con toda el alma de que sus sentimientos se filtraran a través del contacto con su piel.
Así permanecieron un largo rato hasta que finalmente los nervios de ambos se habían calmado.
-Tengo que salir ya – susurró Atem después de un largo rato – cuida de la tienda y ve pensando en que quieres para cenar.
-Así lo haré.
Yugi despidió a Atem con una sonrisa y después de algún rato de autorreflexiones y de ordenar las estanterías Yugi soltó un largo suspiro. Ya sea porque la tensión que mandaba en el vecindario o porque se trataba de un sábado las ventas habían estado por los suelos y en realidad no tenía esperanzas de que se produjera una venta decente en el resto del día…
Eso hasta que la puerta se abrió y una muchacha con apariencia de preparatoriana penetró en la tienda llevando en las manos una caja de cartón forrada de papel azul.
-Muy buenas tardes – saludó educado Yugi – bienvenida a la tienda de juegos…
-¿Yugi?
Sólo hasta ese momento fue que el muchacho prestó atención a la persona frente a él: una chica hermosa: alta y de piel pálida, delgada, de labios finos, ojos cubiertos por un par de lentes con cristales color rosa y cabello negro que en las puntas (poco por debajo de la altura de su cadera) destacaba por el tono magenta-rojizo que era tan similar al de Yugi.
-No puede ser – susurró el muchacho – tú…
-Sí Yugi – respondió ella con una sonrisa – sé que han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, pero soy yo.
-A…Alicia – Yugi hizo una mueca. Después de tantos años sin pronunciarlo el nombre de la chica frente a él se sentía extraño en su lengua.
-La única e irrepetible.
Por algunos segundos Yugi no se atrevió a respirar siquiera pero, después esa inmovilidad absoluta, saltó sobre el mostrador y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de la chica.
-Alicia Kingnight – gimió Yugi sintiendo como sus palabras se ahogaban por las lágrimas de sus ojos – Alicia, ha pasado tanto tiempo, yo…
-Supe lo de tu abuelo Yugi. Vine porque quiero que sepas que no estás solo.
Yugi Motou ignoraba por completo que esa mujer a la que él reconocía como una vieja amiga de la infancia era la misma que dos días antes se había entrevistado con Rima… ignoraba también que el verdadero motivo de la presencia de Alicia no era apoyarlo en la muerte de su abuelo, sino más bien lo era el comprobar si lo que verdaderamente hacía reaccionar el cristal que colgaba en su cuello era el cambio responsable también de las jaquecas y fiebres de Yugi.
