Capítulo 4. Hechicera y sospechosa.
Desde que había recuperado sus recuerdos muchas de las preguntas que Atem había tenido sobre su propio pasado habían sido aclaradas, al mismo tiempo, nuevas dudas habían surgido y nuevas bifurcaciones entre lo que vivió 3000 años atrás y lo vivido en los últimos cinco años generaron conflicto y duda.
Había muchas cosas que el ex Faraón debía discutir con su Aibou, muchas confesiones que tenían que hacerse y muchas decisiones con la que lidiar, pero entre todo eso lo más importante ahora era hacerle saber – no con palabras, sino con acciones – que el hecho de que ahora el ex espíritu del rompecabezas tenía su propio cuerpo no implicaba que el vínculo entre ambos debía perder intensidad. Por el contrario, puede que su enlace ya no transmitiera sus pensamientos pero habían aprendido a leer al otro con suficiente fluidez y aún era capaces de conectar sus mentes a través sólo de una mirada… en el sentido físico además habían ganado, porque ahora tomarse de las manos era una realidad y no una simple ilusión e inclusive serían capaces (si es que así lo deseaban ambos) de…
Bueno, compartir muchas cosas, aunque ahora no era el momento de pensar en eso.
Justo al salir de la tienda Atem se había topado – literalmente – con Jounouchi, Honda y – sorpresivamente – Kaiba, por lo que ahora su atención debía – le gustara o no – enfocarse en dar a sus amigos un breve pero completo informe de cómo es que la salud de Yugi estaba progresando y no en reflexionar acerca de cómo hacer al pequeño comprender su punto de vista ni en repasar los ingredientes del arroz que pensaba cocinarle.
-Sin embargo es muy extraño que una fiebre sólo aparezca y desaparezca de la nada – repitió por tercera vez Jou – no sé. Supongo que si los médicos dicen que no es nada grave hay que creerles pero a verdad es que todo es extraño; es decir, en todo el tiempo que llevo de conocer a Yugi no recuerdo ni una sola vez en que haya estado enfermo.
-Ahora que lo mencionas eso es verdad – estuvo de acuerdo Honda – y sin querer sonar alarmista ni nada por el estilo me sentiría mucho mejor si tuviera un título de medicina y mucho instrumental a mi disposición.
Como siempre Kaiba no dijo nada, pero Atem estaba seguro de ver la preocupación escrita también en sus características.
-Chicos, no sé cómo agradecer todo su apoyo.
-Oh, ni lo menciones, después de todo Yugi también es nuestro mejor amigo.
-¡Ni que lo digas! – estuvo de acuerdo Honda con Jounouchi.
-Yo sé que lo que dicen es verdad y honestamente ya que Yugi no enferma con frecuencia no sé ni siquiera si estoy o no un buen trabajo cuidándolo – admitió Atem con humildad – es decir, estos días han sido muy difíciles para mi Aibou y tanto como se ha propuesto ser fuerte para superar la muerte del abuelo, es algo comprensible que va a pasar algún tiempo antes de que asimile por completo lo que pasó.
-Esto es duro, y no sólo porque el abuelo se fue sino también por las circunstancias en que lo hizo – Jou colocó una mano afectuosa en el hombro de Atem – sin embargo, recuerda Atem que si Yugi o tú necesitan cualquier cosa no debe importar la hora ni el día, nosotros somos sus amigos y vamos a estar ahí para ayudarlos a superarlo.
-Muchas gracias, amigos.
-Sí bueno, enfrente de mí pueden ahorrarse todos esos discursos baratos sobre la unión y el apoyo incondicional. Yo estoy aquí porque necesito que alguien que no sea un perdedor me ayude a probar el nuevo sistema interactivo del equipo de videojuegos Kaiba-Corp y es un inconveniente que la única persona fuera de mi compañía que no es un idiota tenga fiebre y jaquecas.
Honda y Jounouchi suspiraron ¿por qué era tan difícil para Kaiba admitir que se preocupaba por Yugi de amigo a amigo?
-Kaiba…
Pero lo que Atem iba a decir se interrumpió y sin explicación aparente comenzó a correr las dos cuadras que aún los separaban de la tienda de juego. Jou, Honda e inclusive Kaiba miraron su estela por un segundo y después corrieron detrás de él.
….
-Realmente no sé qué decir – después de algún rato de balbucear en brazos de su vieja amiga Yugi Motou recobró finalmente la compostura –. Perdón Alicia, es sólo…
-Descuida, te entiendo. Es decir, ahora tienes 18 años ¿no?
-No. Sí… mi cumpleaños es…
-Dentro de dos semanas. Eso quiere decir que el mes pasado se cumplieron trece años desde la última vez que nos vimos antes de hoy.
-Sí – Yugi suspiró con tristeza – admito que casi no te reconocí cuando entraste por esa puerta, aunque por suerte tu cabello es algo que jamás en esta vida podría olvidar.
-¿Mi cabello? – Replicó Alicia entre risas – ¿Es que alguna vez te has visto en un espejo Yugi Motou?
-Sí bueno, supongo que podemos hablar de herencias genéticas raras más adelante. Mejor dime Alicia ¿qué es lo que te trae aquí a Japón? O más específico ¿por qué estás en Domino?
-Sobre volver a Japón sólo digamos que después de trece años es algo normal que extrañe mi país y bueno… la verdad es que ya que mi tía Amane falleció hace un par de años las razones para estar fuera dejaron de existir. Ahora, sobre esta ciudad sólo diré que te extrañaba y como leí por casualidad algo sobre el duelo de monstruos decidí que ya basta de jugar a distancia y vine directo desde Rumania.
-No tenía idea de lo de tu tía. Lo siento mucho.
-Murió tranquila así que no hay nada que decir al respecto – su rostro sonriente adquirió en este punto un aire de solemnidad – ella se fue en paz pero… Mejor dime Yugi ¿cómo vas con lo de tu abuelo? Yo… algunos periódicos hablaron sobre cómo el asalto terminó muy mal y aunque tu nombre no se mencionaba en las notas logré atar cabos. Yugi, lo siento mucho en verdad. Entiendo que no es fácil lidiar con cosas tan sorpresivas y que este tal vez sea el peor momento para que hablemos pero quiero que sepas que no estás solo y cuentas conmigo para lo que sea que necesites.
Yugi asintió haciendo un esfuerzo por ignorar la corriente de emociones que llegaban de los recuerdos dolorosos de los últimos días.
-Gracias por tus palabras Alicia, pero en realidad no tienes de que preocuparte… sé que lloré mucho cuando fallecieron mis padres pero así como ese día tú estuviste ahí limpiando mis lágrimas ahora tengo muy buenos amigos que estuvieron conmigo en el hospital y además me han estado apoyando todos estos días.
-Me alegro en verdad de escuchar eso. Yugi… ¿de casualidad te has sentido bien de salud últimamente?
Yugi levantó la vista ante la pregunta inesperada.
-Alicia ¿por qué…?
-Olvídalo si te molesta, es sólo que te noto con semblante cansado. Sé que lo que ha pasado no es para menos, pero me preocupo por ti.
-Gracias por todo, Alicia.
-Y bueno, sobre esos amigos que mencionas ¿quieres hablarme de ellos?
-Para empezar…
Antes de que Yugi comenzara a explicar nada a Alicia la puerta de la tienda se abrió con estrepito y, casi instantáneamente Atem llegó hasta colocarse en el espacio entre Alicia y Yugi sin por ello interferir en el espacio personal de ninguno de los dos.
-Ah, Atem ¡mira qué casualidad! Alicia, justo él es mi amigo Atem, Atem te presento a Alicia Kingnight, una muy buena amiga de cuando era realmente muy pero muy pequeño.
-¡Oye! ¿A qué se debió esa carrera? – llegaron entonces los otros tres muchachos entrando por la puerta de la tienda con el mismo estrépito con el que había entrado el ex Faraón.
-¡Jounouchi! ¡Honda! ¿Kaiba? ¿Qué es lo que sucede chicos?
-Pregúntale a Atem. Conversábamos con él cuando de repente sólo se echó a correr hacia aquí.
-¿Atem? – cuestionó Yugi ahora con marcada preocupación.
-Presentí que necesitarías ayuda – dijo Atem turnando sus miradas entre Yugi y Alicia, quien a su vez también lo miraba con marcada intensidad – aunque puede que me haya equivocado – agregó en un tono de voz que a todos les sonó más bien como a un "tenía razón".
-Sí te equivocaste – habló la muchacha – y personalmente pienso que es peligroso correr sin cuidado dentro de las tiendas, pero los amigos lo justifican todo. Supongo que es normal que si pensamos que un amigo nos necesita lo más normal es correr en su auxilio y dado lo que pasó con el señor Motou nadie puede juzgar tu preocupación. De cualquier forma no te preocupes. Oh ¿pero dónde están mis modales? Yugi ya me presentó pero soy Alicia Kingnight. Es un placer conocerlos…
-Mi nombre es Katsuya Jounouchi – intervino de inmediato Jou más que evidentemente complacido por la belleza de Alicia – a mí puedes llamarme sólo Jou y ellos – señaló a los dos chicos que estaban tras él – son Honda y Kaiba; él es…
-Soy Yami Atemu – se adelantó entonces es ex Faraón extendiendo una mano a la muchacha – aunque mis amigos suelen llamarme Atem.
-¿Atem entonces? – Alicia tomó sin titubear la mano bronceada que le ofrecían – recordaré ese nombre.
-¿Esto…? – de pronto Yugi sentía como que se estaba perdiendo de algo – chicos… ¿Alicia? ¿Atem? ¿Qué pasa?
-No pasa nada Yugi. En realidad esperaba que tú y yo platicáramos un rato pero no quiero interrumpir tu tiempo con tus amigos y en realidad creo que me vendría bien descansar después de un vuelo de quince horas.
-¡Quédate a cenar! Yami puede atender la tienda mientras preparo algo de sopa o tal vez pescado.
-Te lo agradezco Yugi pero hablo en serio. ¿Te parecería mejor si nos vemos mañana para tomar un café?
-Eso sería genial.
-¡Perfecto! Entonces – apuntó rápidamente unas líneas en una libretita de notas – te dejo los datos de mi hotel y me llamas más tarde.
-Así será. ¿Quieres… – preguntó después de ojear la dirección del hotel – necesitas que te llame un taxi?
-No. Después de quince horas de estar sentada necesito caminar un poco.
-Entonces te acompaño aunque sea hasta el parque.
-¡Yugi! – Interrumpió Atem – nuestros amigos vinieron a verte. Mejor yo la acompaño. ¿De acuerdo Alicia?
-Muchas gracias. Vamos entonces.
En cuestión de segundos el ex Faraón y la muchacha salieron de la tienda.
-Tal vez sea mi imaginación – murmuró Jounouchi una vez que los dos salieron de su vista – pero nunca antes había visto a Atem comportarse así.
-En realidad creo que yo sí, pero no recuerdo bien.
-¿Eh?
Esta vez incluso Kaiba no pudo disimular que entendía aquello de lo que Yugi hablaba.
…..
-No sabía nada de ti antes de hoy – habló Atem en cuanto dejaron la tienda.
-No había visto a Yugi desde que él tenía cinco años… menos en realidad – corrigió con amargura – y yo estuve fuera del país todo ese tiempo así que supongo que no hay razón para que sus nuevos amigos sepan de mí.
-¿Entonces por qué regresaste?
-Eso me suena a una acusación y no tienes derecho de hacerla.
Atem miró a Alicia con severidad y después desvió los ojos soltando un suspiro.
-Olvídalo. Lo siento pero… es que eres una chica extraordinaria.
-¿Esa es tu idea de un cumplido?
-No me malentiendas. Tu poder… sentí tu magia desde dos cuadras de distancia; eso es algo impresionante si me lo preguntas.
-Viniendo de ti eso es muy halagador. También yo sentí tu poder y confieso que tal vez me asusté un poco al notar que te dirigías a la tienda.
-No sé quién eres – continuó Atem con tono imperturbable – pero siento en ti una energía totalmente fuera de lo común. ¿Yugi sabe acaso que eres una hechicera?
-Si me lo estás preguntando asumo entonces que él sabe sobre ti y tu magia.
-Sí, lo sabe. Y no has respondido mi pregunta.
-¿Pusiste atención a lo que dije antes? Yugi fue mi mejor amigo en la infancia pero no lo he visto en trece años… no es como si "hola Yugi, te cuento que he estudiado magia a últimas fechas" sea un buen saludo – hizo una pausa breve –. Aunque en todo caso eso no es de tu incumbencia.
-¡Yugi es mi amigo! Yo… voy a hacer cualquier cosa para protegerlo.
-¿Cualquier cosa eh? ¿Lo dices en serio?
-Sí.
-¿Derramar un poco de sangre por él, tal vez?
-¿Por qué preguntas eso? – preguntó Atem usando ahora su tono amenazante.
-Oh, relájate. Te lo dije: soy amiga de Yugi. Estoy aquí para protegerlo, no para amenazarlo.
-¿Protegerlo? – Se alarmó Atem – ¿protegerlo de qué?
-Si te sostienes en la postura de ser su amigo, pronto lo averiguarás.
Y dejando ese como su comentario final, Alicia Kingnight se apartó del ex Faraón y caminó cruzando el parque central de Domino.
