Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Antes de que me sigan atosigando con las preguntas de "¿cuando vas a actualizar?", juro que se van a sorprender prontito, porque tengo varios capítulos que escribo al mismo tiempo y pienso subirlos todos juntos (son unos 4), así que paciencia, pero juro que todo irá saliendo de a poco. Por el momento tuve que terminar este. Sé que dije que es un two shot, pero el final quedó abierto, y no sé si a ustedes les irá a gustar. Así que lo pondremos a votación, ok? Haré lo que ustedes me pidan, pero sepan de antemano que a veces un capítulo más no asegura un final feliz, so... decidan... Muchas, pero muchas gracias por el apoyo, por seguir leyéndome a pesar de que actualizo como un caracol con bastón, les juro que todas sus palabras, su aliento, su estrellitas, follows, reviews, comentarios, todo, todo, es absolutamente valioso para mi. GRACIAS POR COMPRENDER! Ahora si, al cap.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime.

Advertencias: MUCHÍSIMO ANGS, así que ya saben...

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"Las ilusiones perdidas, son verdades halladas".

Multatuli

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Armin suspiró cansado mientras miraba a su amigo, de nuevo hecho una bola, acurrucado y abrazado a una botella de whisky, completamente descuidado en su aspecto personal, probablemente no se habría bañado hacía días, la incipiente barba lo delataba, la ropa arrugada y de aspecto sucio, y todos los ceniceros de la casa llenos a más no poder de las hediondas colillas de cigarros.

—Ya, Eren, levántate de una vez –dijo cruzándose de brazos, sabía que lo estaba escuchando-. No puedes seguir así, nos tienes a todos preocupados, por una vez no seas tan egoísta, ¿quieres?

—Vete a la mierda, Armin.

— ¿Me obligarás a llenar de nuevo el balde de agua helada y echártelo encima? Sabes que lo haré.

—Ni siquiera lo intentes, te quebraré ambos brazos.

Armin tembló un poco, Eren tenía una musculatura desarrollada gracias al intenso entrenamiento de Ju-Jitsu de los últimos 5 años. Y sabía que cuando se le torcía el naranjo, se podía volver una persona temible en pocos segundos.

—Mañana viene tu madre –intentó cambiar de estrategia.

—Que se pudra…

—Estás imposible… escucha, tengo la presentación de un excelente artista, de verdad quisiera que me dieras tu opinión, haz un esfuerzo, anda. Es la presentación más importante de mi carrera como representante, lo haré en el salón blanco de la ciudad.

Eren se giró apenas, mirándolo por entre las cobijas, refunfuñó un poco y sacó la cabeza por completo.

—Esta vez es uno bueno, te lo juro. ¿Podrías al menos echarle un vistazo al panfleto? –dijo extendiéndole un folleto de promoción de dos hojas a todo color.

—No iré, así me ruegues…

—No pensaba rogarte –dijo su amigo sentándose en un borde de la cama-, aunque pensé que me podías dar una mano, siempre convocas mucha gente.

—No quiero un montón de idiotas alrededor pidiendo un autógrafo.

—Eres realmente mezquino con tus lectores, bastardo –exclamó el rubio molesto-. Si yo fuera tu fan, estaría completamente decepcionado. No descargues en los otros tus frustraciones.

—Es tan cliché lo que acabas de decir, si no les gusto que no me compren, listo.

—Ah, extraño al antiguo Eren, el que no estaba subido a un pedestal. Dejaré esto aquí, sinceramente, ya no me interesa pedirte ningún favor, se nota que la palabra amistad para ti tampoco tiene valor. Adiós.

Las próximas dos horas, Eren no se movió de la cama. Escucha a lo lejos a su iPhone sonando cada tanto. No había terminado el manuscrito, y estaba seguro que su editor le caería en cualquier momento para darle la larga perorata de siempre. Estaba harto. Harto y sin un gramo de inspiración para nada.

Se levantó perezosamente, a la fuerza, porque la vejiga le iba a explotar. Fue a orinar y volvió para tirarse en la cama, pero algo le llamó la atención. El panfleto que Armin había dejado sobre su mesa de luz. Lo tomó entre sus largos dedos y admitió que se estaba comportando como un imbécil con ese rubio que lo había apoyado en sus más oscuros momentos.

La presentación era sobria y hermosa, en un fondo negro, con unas letras enormes en plateado (en realidad un gris plata), que rezaba sobre la gran exposición de arte: "Dulces Recuerdos". Le pareció que era un nombre poco agraciado y para nada impactante. Considerando que la presentación sería en dos días, ya era un poco tarde para buscar un título más atrapante y marketinero, por lo que prosiguió con su lectura. Al abrir el mismo, se podían apreciar unas muy bien logradas fotos de tres obras, dos pinturas y una escultura en porcelana fría, pintada a detalle y excelentemente lograda. Uno de los cuadros era un paisaje que no decía mucho, una playa, pero algo le resultaba increíblemente familiar, aunque no pudo dilucidar qué. El segundo cuadro era en blanco y negro, una especie de cobertizo, bajo la lluvia, también era bastante conocido, y por último un busto, de una persona, que llegaba hasta la nariz y de allí para arriba se transformaba en una maraña, exquisitamente trabajada, que terminaba en una gaviota, una especie de sol Inca y unas estrellas. Era cuando menos interesante, al igual que los trazos de las pinturas, por lo visto se trataba de óleos en el primer cuadro y de acuarelas en el segundo, eran expresivos, transmitían un claro mensaje, sentimientos, como si el autor hubiera entregado parte de su alma en las mismas.

Siguió leyendo los títulos, el primero se llamaba: "Eternum", el segundo, de la casucha en blanco y negro: "Asilo", y por último la escultura: "Nunca más".

Se fijó en el nombre del artista, sin dudas usaba seudónimo, "Lestat Acner". Eren sintió que algo se removía en su estómago. Tomó su celular y llamó a Armin.

—Bastardo…

—Lo siento rubio, es obvio que soy un idiota. Iré a la presentación, si quieres anunciarme no me molestaré. ¿De dónde sacaste a este artista? No te diré que es lo mejor que he visto, porque te estaría mintiendo pero…

— ¿Pero?

—Tiene mucho potencial… ¿esto es lo mejor que tiene?

—Son 21 obras en total, es un artista completo, presentó diversas técnicas, tinta china, acrílico, óleo, acuarela, tallado, grabado y una especie de arte visual con vidrios. Es muy quisquilloso te diré, ha estado hasta en los más mínimos detalles, incluso seleccionó una música muy ecléctica y exclusiva para que acompañe la presentación. No vas a creer como llegué hasta él, es una larga historia, te la contaré cuando vengas. Y oye… gracias.

—No hay de qué, te debo tantos favores que si me negara sería un completo hijo de puta.

—A veces lo eres… aaaah, como sea –suspiró-. No es lo mejor que tiene, lo ayudé a seleccionar algunas cosas que me parecieron que podían llamar la atención, pero en verdad deberías ver el resto, hay una en particular… que te juro que es una joya, al menos eso creo. Por cierto, ¿ya encontraste el ilustrador para tu próximo libro?

—Ni me lo recuerdes, aún no termino el manuscrito. Jean va a aniquilarme, pero es que ando sin una gota de inspiración. Estoy en una fase de bloqueo, creo que me hará bien ir a este evento y despabilarme un poco. ¿Quién es el artista? Si me gustan sus otras obras, podríamos ver la posibilidad de contratarlo.

—Sería genial, últimamente el negocio viene lento, pero creo que esta vez encontré a alguien que promete. Por el momento no puedo decirte nada, tenemos un… acuerdo de confidencialidad, por lo que no puedo revelarte su identidad, él prefiere mantenerse en reserva.

—Como sea, preséntamelo en el evento.

—Uh, bueno, eso… él no va a asistir…

— ¿Perdón?

—No lo sé, tiene una especie de trauma con respecto a la gente y las presentaciones en público. Es bastante particular, como todos los artistas, tiene ese aire bohemio y triste, es… especial. De hecho me costó varios meses convencerlo de que acceda a la muestra. Al parecer hace lo que hace por amor al arte, vive de otra cosa… creo que es un empleado municipal, o algo por el estilo. No tiene estudio alguno.

— ¿No tiene estudio? Imposible, las técnicas que usa se nota que son avanzadas, no son de un improvisado o un principiante.

—Lo mismo pensé yo, de hecho investigué un poco su perfil, pero dice la verdad, no ha tomado cursos, ni asistido a la universidad, es completamente autodidacta. Te lo digo, Eren, es bastante especial, no he conocido un caso como el suyo, imagínate si pudiera especializarse un poco. Espero que la colección se venda, con eso podría salvar los gastos y tal vez considerar conseguirle un estudio pequeño para que pueda dedicarse de lleno a esto, imagínate que tenga orientación de algunos de mis contactos. Creo que podría llegar muy lejos.

—Ok, has captado mi completa atención. Iré a sacarme mi traje de hombre de las cavernas para ponerme el de ciudadano decente, me llevará un tiempo. Estaré allí a las siete.

—Te mando a buscar, ¿quieres?

—No, sacaré mi auto, no te preocupes. Si Jean te llama dile que morí.

—Eren…

—Bueno, que estoy moribundo y en estado de coma.

—Eres imposible.

—Te veo el jueves, rubio. Será un éxito, no lo dudes.

Cortó la comunicación y volvió a repasar las obras. Más las miraba, más cosas le producían. Era ese tipo de impacto que viene después del primer encuentro, que va descubriendo, como las capas de las cebollas, más y más mensajes implícitos a medida que uno hunde sus ojos en el cuadro. Como una novela, pero escrita con pinceles y estecas.

—0—

El día de la presentación había un mar de gente. Armin iba de un lugar a otro verificando el katering, los mozos, recibiendo a los invitados más emblemáticos, estaba mortalmente nervioso, bueno ya de por si su naturaleza era así.

— ¡Eren! –dijo acercándose con una amplia sonrisa.

—Rubio –se saludaron con un abrazo breve, los celestes ojos de su amigo brillaban llenos de expectativas.

Sonaba de fondo música de Trentemoller, de su disco "The Last Resort". Era inquietante y extraña, pero lograba darle el ambiente perfecto al lugar. Armin le acercó una copa de un selecto vino oscuro y algo dulzón, bastante agradable. Acompañaban unos temtepiés pequeños de combinaciones agridulces. Todo fluía perfectamente.

—Vino mucha más gente de la esperada –le contó Armin con alegría-. Por cierto, debo decirte que además de ser un gran artista, es una persona increíblemente agradable, aunque al principio se cierra como una ostra, cuando llegas a conocerlo te seduce indefectiblemente.

—Oh, no deberías mezclar negocios con placer –le sugirió su amigo mirándolo con picardía, pero al ver el sutil rubor en el rostro del rubio abrió la boca asombrado-. ¿En serio, Armin?

—Nos estamos conociendo, en mi defensa diré que hemos salido dos veces nada más. Y que fue posterior a todo el proyecto, lo juro. Sabes que soy muy profesional con esto, pero… no pude resistirme, me gusta mucho. Ahora, te pido que seas absolutamente crítico, luego del evento iremos a descorchar un champagne Don Perignon de colección, y ahí quiero que me digas absolutamente todo lo que piensas, y sabes que apreciaré tu sinceridad.

—No hace falta que lo menciones, sabes que lo seré.

—Bien, te dejo, tengo miles de cosas que hacer. Cualquier cosa que necesites, me avisas.

—Ve tranquilo, no me perderé –Eren le sonrió y procedió a disfrutar de la muestra.

La primera obra le llamó poderosamente la atención. Era en tinta china, dos gatos de espaldas, cuyas colas se unían hacia arriba transformándose luego en una especie de dragón. La precisión de las líneas y la pulcritud se destacaban, la obra se llamaba "Mascotas". Se tomó su tiempo frente a cada una. Degustando el vino y admirando cada detalle. De alguna manera sentía que a medida que avanzaba, "algo" lo iba conectando con esa muestra, como si hilos invisibles se fueran tejiendo, atrayéndolo más y más.

La siguiente era con acrílicos, de todas la más colorida y creativa. Una especie de arcoíris que se derretía y sus colores se dividían más abajo para formar unos bucles muy hermosos. La obra se llamaba "Conocerte".

Luego seguía una acuarela, en tonos pasteles. Una mezcla de partes de un cuerpo que no tenían correlación, un pie delicadamente trazado, al lado de una especie de cabellera de color negro, lacia, luego una mano abierta con unas finas cejas arriba, al costado un trozo de cadera encadenado a algo así como una frente, arriba una oreja y un ojo que lo estremeció, era una mirada potente, de un color gris profundo. "Pedazos de mi".

El tallado también fue un descubrimiento, una enredadera o algo por el estilo, que empezaba por la izquierda con unas raíces muy feas y retorcidas y a medida que avanzaba se iba fortaleciendo, llenándose de hojas y al fin terminaba en unas delicadas flores como campanillas. Era enorme, tendría al menos un metro y medio de largo por uno de ancho. "Alquimia". Eren se quedó un buen rato frente a esa obra. Se enamoró por completo, a pesar de ser bastante simple en concepto, la delicadeza de los trazos, la perfección de cada hoja, que incluso tenían hasta sus nervaduras, denotaba que le habría llevado muchos días, tal vez semanas, y muchas horas de arduo trabajo. Era increíblemente bello. Sobrecogedor.

Y aunque a medida que exploraba las obras se maravillaba más y más, fue con la que estaba al final del salón que se quedó sin habla. Eran retazos de vidrio, alguno rotos, otros pulcramente cortados, de variados colores, en verde, rojo, esfumados, era una escultura montada sobre una estructura de hierro negro, la mayoría estaban unidos mediante una técnica de vitreaux (con aluminio entre los pedazos), la magia de esta obra era que si lo apreciabas desde varios ángulos, se apreciaban diferentes imágenes. Desde la izquierda se podía ver una persona de rasgos muy tristes, pero si se miraba desde la derecha, se veía otra persona sonriendo, era sin duda una maravilla. "Dualidad".

Luego había otros cuadros hermosos, pero especialmente uno le llamó la atención. Era pequeño, como de veinte por veinte, el título rezaba "Olvido". Tenía un fondo azul obscuro, con puntitos blancos, como un cielo nocturno salpicado de estrellas, y al medio una especie de aro rojo… Aro rojo… ¿Aro? Eren se acercó más y se dio cuenta que el "aro", tenía un entramado, como de tejido… aro… entramado… rojo…

—¡ES LA PULSERA! –gritó de repente ganándose la atención de todos alrededor.

—Eren, ¿qué sucede? –dijo Armin acercándose al notar el alboroto.

—No, yo… eh… ¿Cuánto cuesta este cuadro?

—Oh, ese… bueno, de todas las obras ese no está a la venta.

— ¿Qué?

—Además… bueno, es el menos bonito de todos, hay otras obras mucho má-

— ¡Quiero éste! –Insistió Eren-. Pagaré lo que sea, llámalo, dile que le ofrezco cinco mil dólares.

—Guau… ¿hablas en serio Eren? Es mucho dinero.

—Llámalo ahora.

Armin suspiró, sabía que cuando su amigo se le metía algo en la cabeza era insoportable, ¿pero por qué tanto interés por ese cuadro insignificante? Le hizo señas de que esperara y salió del salón para llamar al artista. Lo atendió a los pocos timbrazos.

—Ey, ¿cómo estás Picasso? –dijo el rubio con dulce voz. Solo escuchó un bufido del otro lado-. Quería contarte que la exposición es un gran éxito, ya se vendieron cuatro obras y tengo una propuesta para hacerte, por el cuadro pequeño, "Olvido", tengo una persona que ha ofrecido, escucha bien, cinco mil dólares, creo que al menos deber-

—No.

— ¿Eh? ¿No? ¿Estás seguro? Es una gran suma, podríamos pagar todos los gastos y aun así quedaría suficiente pa-

— ¿Quién? ¿Quién ofreció ese monto?

—Bueno, es un amigo muy querido mío, es escritor, ha tenido una buena racha y está casi en la cima de su carrera.

— ¿Cómo se llama?

—Uh, bueno, es conocido como Karma Kio. Pero es sólo su seudónimo.

— ¿Cómo se llama, Armin?

—Solo te diré su nombre de pila, porque él prefiere mantener su identidad en secreto como tú, pero se llama Eren, ¿por qué querías saber?

—No. Dile que no acepto su propuesta, Armin. No voy a venderle absolutamente nada a él, ni ese cuadro, ni nada, y por favor retiralo de inmediato de exhibición. Gracias.

— ¿Qué? O-Oye… ¿Hola? ¿Me cortó?

Por más que el rubio llamó una y otra vez no hubo manera de que el otro lo atendiera. Tenía que volver al salón y se sintió algo triste de que no hubiera aceptado, también le dio qué pensar que al haber escuchado el nombre de Eren hubiera sido tan tajante. ¿Se conocerían? Pero no podía preguntarle al Eren, porque entonces se vería forzado a revelar su identidad y no podía.

Levi era conserje en el edificio donde Armin tenía su oficina, en el 4to piso, en el 3ro había un Centro de Enseñanza financiado por el gobierno donde daban clases de informática, aún trabajaban con pizarrones negros y tizas, por el bajo presupuesto que había. Si algo destacaba Armin constantemente, era que el edificio siempre estaba impecable, incluso los ventanales altos, se notaba que el conserje era meticuloso.

Desde que lo vió la primera vez le llamó mucho la atención, era ligeramente más alto que él, por unos pocos centímetros, vestía siempre con un mameluco celeste pero siempre limpio, era completamente silencioso y todo el día trabajaba sin descanso.

Un día, buscándolo para que lo ayudara porque no funcionaba la calefacción central, lo encontró en el Centro de Enseñanza del piso de abajo. Se quedó pasmado, pues Levi con el sobrante de tizas de la tarde había hecho un mandala absolutamente magnífico sobre la superficie negra. Armin quedó admirado. El rubio estaba manejando un negocio que su difunto abuelo había dejado en sus manos, la representación de algunos reconocidos artistas plásticos del medio, también estaba buscando nuevos talentos, para eso recorría muestras espontáneas y del medio under de la ciudad. Esto había sido una feliz coincidencia.

Armin se quedó admirando a Levi dibujando con una facilidad asombrosa, la tiza se deslizaba y creaba trazos como si se tratara de una impresora digital. Un talento así era… oro en polvo. Cuando Levi se giró y lo detectó con sus grises ojos, sintió como si lo hubiera atravesado una flecha. La mirada de ese hombre era… violenta. Armin se acercó con algo de timidez y le explicó el motivo que lo había llevado a buscarlo. El otro tomó un borrador para limpiar la pizarra, pero el rubio le pidió que no lo hiciera, que era una obra fantástica. Luego en su oficina pudieron conversar un poco más, el rubio le mostró el trabajo de sus otros representados y le habló con tanta pasión y sinceridad sobre sus planes, que Levi se sintió un poco conmovido.

Pero no fue fácil, siete meses de ruegos, sólo para poder ver más trabajos del hombre de cabellos oscuros. Recuerda perfectamente que se emocionó hasta las lágrimas. Levi hacía sus creaciones en el sótano del edificio, en la parte más profunda, cerca del cuarto de mantenimiento, donde estaba la caldera. Hacía un calor de los mil infiernos y el aire estaba un poco viciado porque la ventilación no era buena, pero a él eso no parecía importarle, dibujaba, pintaba y esculpía con gran ahínco, y ese espíritu de lucha, conquistó completamente a Armin. Y luego vendrían cuatro meses más de ruegos hasta que finalmente aceptó exponer. Casi un año entero para poder conseguir representar a ese brillante artista, y al fin el mundo estaba conociendo su talento, el rubio se sentía completamente orgulloso de esto.

Levi era parco, de trato duro y pocas palabras. Hasta ahora lo único que Armin sabía es que había tenido una infancia complicada junto a su madre y su tío, que ahora su madre estaba muerta por un cáncer fulminante que se la había llevado hacía cinco años, y que de su tío no conocía el paradero. Al rubio le dolió la soledad de Levi, que no se quejaba en apariencia, pero se notaba en su semblante, en toda el aura que irradiaba. Y se dio cuenta que le gustaba, que se estaba enamorando después de mucho tiempo.

La primera vez que salieron fue todo muy incómodo, una película, una escueta cena y una charla con café de por medio en una plaza. Cuando lo vio vestir otra ropa que no fuera ese aburrido mameluco celeste, Armin quedó impactado. Levi tenía un cuerpo musculoso y agraciado, unas facciones finas y bonitas, era respetuoso, reservado, pero incluso cedió a algunas anécdotas graciosas que contó el rubio. Verlo sonreír, le provocó una explosión de sensaciones en el estómago.

La segunda vez fue la mejor. Había sucedido tres días atrás. Cenaron en casa de Armin, miraron un poco de televisión, y luego tuvieron una charla muy interesante sobre literatura. Levi tenía una cultura increíblemente nutrida, y un gusto exquisito para los libros. Se besaron por primera vez, y Armin cayó completamente enamorado. Pronto más besos vinieron, pero no fue más que eso. En verdad Armin no estaba apurado en avanzar demasiado rápido, Levi parecía de esas personas desconfiadas a las que les costaba bajar la guardia. Él respetaría sus tiempos.

—Lo siento, Eren, dijo que no está a la venta.

— ¿Qué? ¿Por qué no?

—Realmente no lo sé, no es de darme demasiadas explicaciones. Te juro que tu oferta es más que generosa, lo sé, pero él insiste en que no quiere deshacerse de ella.

—Joder… Bueno, ¿el resto está en venta no? –Armin asintió un poco nervioso-.

—Bueno, quiero la de los gatos, la de los vidrios y el calado.

—La de los vidrios ya está vendida, y las demás… emm… bueno, él me preguntó quién era el interesado por las pinturas, pero apenas escuchó tu nombre… dijo que no iba a venderte nada –Eren abrió sus ojos asombrado-, no me dio motivos, me cortó la comunicación, intenté llamarlo otra vez, pero no atiende. Lo siento, amigo, yo solo soy su representante y no quiere cambiar de opinión.

—Muy bien, quiero una reunión con él, quiero que sea el próximo ilustrador de mi nuevo libro. ¿Puedes arreglar eso?

—Lo intentaré, pero en base a esta charla, dudo que desee reunirse contigo. Déjame que averigüe los motivos, sé que me los dirá, y luego hablaremos.

—Dame su número, lo llamaré.

— ¿Qué? No, de ninguna manera, le prometí que no rebelaría su identidad, ni se filtraría información personal suya. Así que, no me presiones Eren, él realmente no quiere. Y yo… bueno –se pasó una mano por la nuca-, haré lo que él me pida, espero eso no te moleste, pero quiero que él confíe en mí, si no logro que lo haga nunca podremos llevar adelante su carrera. Es una persona muy… solitaria y… ha sufrido mucho, no quiero defraudarlo, por lo que te pido que respetes su decisión.

—Está bien, Armin, no voy a presionarte –habló su amigo entendiendo-. Por favor te pido que si puedes averiguar el motivo por el cual… Lestat o como sea su nombre no desea venderme su trabajo, te agradecería que me lo dijeras.

—Prometo que si él me lo permite lo haré.

—Bien, creo que me retiraré, nos vemos amigo, me gustaría decirte que sería lindo que vendieras todo, pero la verdad es que me gustaría tener una de estas obras. Nos vemos.

—Adiós, Eren, gracias por venir.

El de ojos verdes salió y prendió un cigarrillo de inmediato, su mano temblaba, su corazón se escuchaba errático. Sacó su celular y llamó al detective.

—Marco, tengo una pista muy sólida, necesito un reporte lo más pronto posible.

—0—

Eren recuerda que tuvo una adolescencia muy oscura. Estaba bastante deprimido la mayoría del tiempo. En tres años se recibió del nivel secundario, y de inmediato entró a una prestigiosa universidad para seguir la carrera de letras. Pasaba largas horas pegado a sus cuadernos escribiendo sin parar.

"Déjame devorar tus infiernos. Dame todas tus flamas y lava ardiente. Reposa sobre mis alas, deja que me apropie de tus penas, que lama tus heridas incurables, y te abrace hasta que la noche pase.

Déjame tragar tus dolores, hasta dejarte seco y libre, yermo, curado por completo. Transfiere en mi tus llantos, tus cicatrices, esos recuerdos azules que te atan, te apretujan… te encarcelan…

Y si no hay felicidad… si no hay una sonrisa… si sólo hay un estertor agudo cruzando el infinito… si sólo hay maldad al final del túnel… no me importa… no me inmuta… Desgárrame completo hasta que tu furia se calme… porque si dolor es lo único que puedes ofrecerme… feliz estoy… de sangrar a tu lado…"

Eren recuerda perfectamente, la adrenalina de comprar el boleto a esa playa que recordaba mejor que nada. Con sus 18 recién cumplidos y un bolso de mano. Anhelando, soñando, imaginando un encuentro imposible por más de tres largos años. Y sus piernas con hambre de carreras, para lanzarse presurosas a recorrer esa distancia hasta la figura preciosa de su primer amor.

Y se levanta a las 4, incluso antes de que la alarma suene, porque le duele la tripa, por los nervios, la ansiedad. Se sonríe solo mientras se lava los dientes, el rostro, las manos. Sale sigiloso y la encuentra en la escalera, con los ojos fijos en él.

—Mamá…

—No vayas… -se agarra la tela del camisón a la altura del corazón y los ojos se le llenan de agua.

—No puedes detenerme.

—Te romperá en mil pedazos, Eren… sólo escúchame, escúchame, yo lo sé, no puedes rescatarlo, deja de jugar a los héroes, hay personas que nacieron y morirán perdidas. Acepta su destino, vas a sufrir… no se trata de hombres o mujeres, puedes buscar un novio aquí, pero por favor, no vuelvas. Nada sale bien cuando uno revuelve en el pasado, nada te asegura que el harapiento chico de hace unos años atrás sea el mismo ahora… Eren…

—No puedes detenerme.

No escuchó a su madre, corrió presuroso a la terminal. Bajó del taxi… pero nunca llegó a las puertas de la estación. De todo lo sucedido recuerda dos cosas, una luz muy fuerte, y un sonido crujiente, como si alguien, con mucha bronca… hubiera partido una nuez con sus manos.

Incluso hoy si presiona contra su cuero cabelludo se siente la larga cicatriz. Estuvo dos meses en el hospital. Malhumorado y llorando, exigiendo que le dieran el alta. Pero un brazo y una pierna, quebradas, una contusión cerebral seria y diversos golpes no le iban a permitir irse tan pronto como le hubiera gustado. Buscó en las guías locales, pero no encontró un teléfono fijo que correspondiera a esa dirección. Entonces decidió mandar cartas para informarle a Levi que estaba en camino que pronto se verían. Las cartas nunca llegaron, aunque Eren le pidió a Mikasa, una amiga de la escuela que se las enviara, Carla la convenció de que Levi era un delincuente.

Seis meses después sería su madre la que caería enferma, también fue la última vez que supo de su padre. Alzheimer fue el diagnóstico. Y uno agresivo.

"Levi:

¿Si te mando el dinero puedes venir? Tengo un trabajo de medio tiempo, puedo cubrir nuestros gastos, ven a casa por favor, te lo suplico. Necesito verte, aunque más no sea unos días. El año pasado intenté viajar, pero me atropellaron, recién hace unos meses me sacaron los yesos, y ahora mi mamá está muy enferma, no puedo ir hasta allí.

¿Por qué no me respondes? En todo este tiempo no he recibido ninguna respuesta, ¿por qué? ¿Estás enojado conmigo? Te juro que no puedo ir, pero por favor ven… te lo suplico. Te necesito, Levi, no dejo de pensar en ti… te necesito.

Te ama por siempre, Eren".

Eren mandó más de 50 cartas durante esos dos años… jamás recibió respuesta. Cada día buscaba con frenesí en el correo. Comenzó a investigar como podía, incluso se animó a llamar a vecinos en su loca desesperación. Y cuando al fin alguien se apiadó y decidió ayudarlo, le informó que la casa de Levi… la terrible y sucia casa, la casa de los horrores… había sido demolida. Desde ese día lloraría incontables veces, completamente devastado por la desolación.

"¿Por qué no me esperaste, mi chico de piel de luna? ¿Cuándo volveré a ver tus plateados ojos observándome silenciosamente desde el otro lado de la cerca? Donde vaya… te siento… estás tan clavado en mi… como el dulce sabor de tus besos… Ya son seis años desde que no he vuelto a escuchar tu profunda voz… y aunque los días se acumulan, este dolor no disminuye… he perdido lo más valioso de este mundo… Si hay un Dios… que se apiade de nosotros y me permita encontrarte otra vez… Entonces podré morir en paz…"

Su madre estaba en las garras de la demencia, el alzheimer la dominaba completamente. Su vida era un infierno y la de Eren también. Tenían un resto de dinero en las cuentas bancarias, más la ayuda del gobierno. No podía dejarla sola ni por diez minutos, incluso si iba al baño debía hacerlo con la puerta abierta.

Tuvo que postergar su carrera, fue entonces cuando comenzó a escribir unas de sus obras literarias más geniales: "Mi amigo y enemigo, Al". Lo presentó en un concurso literario y ganó el primer premio, luego sería muy elogiado por los críticos.

El mismo día que enterró a su madre, tomó un avión a su antigua ciudad, al llegar abordó un taxi, y aunque ya iban a ser 30 horas sin dormir, el corazón le latía con tanta fuerza, que el pecho le dolía un poco. Bajó corriendo, gritando y buscando con la mirada. Todo era diferente. La casucha ya no existía, en su lugar se erguía un edificio de cinco pisos. Y aunque le ofreció dinero al conserje, nada pudo saber de sus antiguos dueños.

Caminó horas y horas por la playa, llorando desconsolado, suplicando a las estrellas, haciendo promesas en vano. Él ya no estaba ahí, se había ido, se había esfumado, como las huellas en la arena que eran besadas por el mar. Como si nunca hubiera existido.

Lo buscó por tres años, gastando fortunas en investigación privada, pero sólo logró crear falsas expectativas que lo llevaban a nuevos fracasos. Personas similares, direcciones equivocadas, pistas inconclusas. Eren se volvió una persona fría y taciturna. Por momentos la depresión le ganaba, sólo lo mantenía vivo el ferviente deseo de volverlo a ver.

"Sé que estás esperándome todavía, mi corazón no se resigna, mi chico de piel de luna. Sé que voy a encontrarte alguna vez, y nos abrazaremos… reiremos… lloraremos… y nunca más volveremos a separarnos. Curaremos las viejas heridas y pintaremos el mundo de nuevos colores, llenaremos nuestras memorias de hermosos recuerdos. Llenaré tus muñecas de miles de pulseras nuevas, cumpliré mi promesa de encontrarte, aunque la vida se me vaya en ello. Dime, ¿acaso tú me extrañas como yo a ti? ¿Piensas en mí, cómo yo te pienso? Te sigo amando… aunque no estés conmigo… te sigo amando, aunque el destino nos falle… aunque la noche llegue miles de veces… te sigo amando…"

Su celular sonó y atendió de inmediato. Era Marco y tenía nuevas noticias.

Era tarde noche cuando llegó a edificio, el viento helado que precedía al invierno ya corría por las calles infiltrándose en todas partes. Temblando un poco entró. ¿Cuántas veces Armin lo había invitado a su oficina? ¿Cuántas veces se negó? ¿Había sido una burla de la vida? Que hubiera estado tan cerca y tan invisible a sus ojos.

Una señora le pasó por al lado y lo miró despectivamente, tal vez sus ojos de loco lo delataban.

— ¿Joven? ¿Busca a alguien? ¿Viene por las clases de informática? Ya se fueron todos, debería venir mañana más temprano.

—Uh… no, yo… necesito hablar con el conserje.

—Oh, es su día libre, pero conociéndolo debe estar en el sótano arreglando algo. Ese chico nunca deja de trabajar. ¿Quiere que se lo llame?

—No, gracias, iré a buscarlo.

La señora se le quedó mirando de manera sospechosa, aunque no tuviera apariencia de ladrón. Pero ni una turba embravecida lo podría detener.

Bajó cuidadosamente las escalas, con la respiración agitada y la frente perlada de sudor, completamente nervioso. Tantas veces había ensayado en su cabeza ese encuentro, tantas palabras repetidas incontables veces y ahora su cabeza era como una hoja en blanco. Los últimos pasos fueron muy difíciles, ya a unos metros sintió voces, unas suaves risas y unos susurros.

La caldera del lugar iluminaba con sus pequeños haces naranjas el recinto, haciendo que las sombras de las dos personas que allí estaban parecieran grotescos gigantes oscuros en la pared posterior. Armin sonrió gentilmente y acarició la pálida mejilla de Levi, que lo miró con cariño. Apenas una rendija era suficiente para ver lo que sucedía. Eren se quedó estático como una figura de porcelana. Vio el cálido y gentil beso que se prodigaron… y eso fue suficiente para hacerlo retroceder.

Su mente, tan callada antes, era un torbellino de pensamientos desastrosos.

"Era mi ilusión… era sólo… una bonita ilusión… un sueño inalcanzable… Sólo yo quería verte. No eres mi chico de piel de luna… mi chico… quedó varado en esa playa para siempre… y yo no pude rescatarlo… jamás podré hacerlo. No podré… cumplir mi promesa… Sólo era yo el que te necesitaba, pero tus alas sanaron y emprendieron su propio vuelo… Ya no puedo alcanzarte… no puedo alcanzarte… No quiero despertar… te he perdido… me he perdido a mí mismo… ¿Quién soy yo para mancillar tu felicidad? Sólo un oscuro recuerdo… Te libero entonces… mi hermoso chico de ojos de monedas de plata y piel de luna… Ya no te perseguiré… y eres libre…"

Salió tambaleándose, sintiendo que le costaba respirar. Tu que apoyar la espalda en la pared, boqueando como pez fuera del agua, sintiendo que se le oscurecía la vista, a punto de colapsar. No podía moverse, era como si todo el dolor que había acumulado por años hubiera explotado y caía sin parar, le salía por cada poro del cuerpo y lo dejaba débil, inmóvil.

Cerró los ojos unos minutos, intentando no irse al suelo y retomar un poco el control de sí mismo. Debía irse a su casa, y entonces allí se permitiría desmoronarse. Pero en su estado actual, apenas si podía moverse limitadamente. Cuando al fin pudo respirar medianamente bien, intentó ponerse de pie. Sentía como su sus piernas fueran frágiles como dos servilletas de papel.

— ¿Eren?

Abrió los ojos y con esfuerzo giró su cabeza. Estaba a su costado, a escasos dos metros de distancia, mirándolo con sus maravillosos ojos grises y tristes, completamente sorprendido. El de ojos verdes parpadeó un poco, tratando de recomponerse y dominar su cuerpo. Ambos no se quitaban la vista de encima. Las lágrimas desbordaron los ojos del escritor, y aunque muchas cosas podrían haber salido de su boca en ese momento, aunque las ilusiones rotas seguían pulverizándose dentro suyo, una frase salió pujante y decidida, como un fuego artificial, imposible de detener una vez que la mecha está encendida.

— ¡TE AMO!

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By Luna de Acero… intrigada…