Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Sip, no podía dejarlo así, es más fuerte que yo. Espero les guste el final, y si es así, tengan a bien compartir conmigo todas sus emociones. Gracias a todos por seguir la historia hasta aquí! Ya nos veremos pronto con las demás actualizaciones!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son del genial Isayama Hajime.
Advertencias: Muchos sentimientos, algo de angs y al fin un poco de fluff.
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"No sé cuantas vidas me faltan, pero en cada una,
espero encontrarme contigo..."
Edgar Oceransky
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¿Qué se dice en un reencuentro que llevó más de 10 años? ¿Cuál es la frase correcta con la que se puede comenzar? Ninguno de los dos sabía, pero Eren estaba tan desbocado que no podía controlar sus palabras, él que era un eximio escritor, que tejía y destejía estrategias de léxicos intrincados, ahora era una sola maraña de incongruencias…
Levi parpadeó un poco algo consternado y retrocedió un paso, mientras abría la boca sin estar muy seguro como responder a eso. Ahí estaba el chico de los ojos cálidos como el sol tirándole una bomba atómica en medio del pecho y sin anestesia.
—0—
Había ido todos los días a la playa, a veces unos pocos minutos, otras varias horas. Caminaba por la orilla con una mano prendida a su muñeca, sosteniendo la pulsera. La pulsera y los gatos dibujados, eran los únicos recuerdos físicos que habían quedado, eran la prueba irrefutable que Eren existía, que no era su imaginación. Contaba las caracolas que encontraba a su paso, incluso había escondido algunas en un hueco de un árbol viejo del patio de su casa, soñando con que llegaría el momento en que vería a Eren y se las enseñaría. No quería esperarlo con las manos vacías.
A su lado se sentía tan poca cosa, tan inútil, tan sucio… No se creía digno de ser siquiera su amigo. Pero después venía Eren con sus sonrisas mágicas, Levi decía que eran mágicas porque se sentían como cosquillas en la panza, era agradable, lindo, cálido. Eren le tendía la mano una y mil veces, curaba sus heridas, le compartía sus dulces, su cama, sus gatos… Y él tenía tan poco para ofrecer. Más de una vez no había saltado la cerca, se había quedado agazapado detrás de una tabla algo rota, con Roko a su lado, mirando, espiando, porque le daba vergüenza llegar otra vez sin nada.
Eren era todo. El sol, las risas, los abrazos, las palabras burbujeantes y los discursos inacabables. La alegría, la felicidad, un pedazo de chocolate, un chiste vulgar, los dedos manchados de tiza, de fibras, de témperas, y aprender que los colores tenían sabor propio. Era su ruta de escape, su refugio. Eren era todo.
El día que Carla le gritó (aunque ya de antemano se daba cuenta que no lo soportaba), se asustó de verdad. Había sido tan cuidadoso, guardando todos sus sentimientos, aguantándose las ganas de abrazarlo o besarlo, porque sabía que si ella se enteraba sería el fin. Levi había aprendido a leer a las personas y sus intenciones. Pero no la culpaba, ella solo estaba protegiendo a su hijo de un don nadie como él. Probablemente si él tuviera hijos haría lo mismo. Y aunque sabía que sería mejor dejarlo ir, alejarse de él, no podía. No tenía a nadie más, sólo a Eren.
Su vida era tan gris y dolorosa, que estaba resignado a ser extinguido, a dejarse caer. No había nada a lo qué aferrarse, hasta que llegó él. Ese día en la playa, seguramente el joven no lo sabía, su intención había sido internarse en el mar, entregarse a las olas y fundirse en su inmensidad para siempre. Y entonces el extraño niño de ojos alegres se le acercó. Qué lindo y agradable era. Levi nunca había conocido a una persona así. Y la pulsera… El toque de Eren quemaba, cuando sus dedos rozaron su piel para colocársela, a Levi le asustó ese calor. Esa noche, hasta la madrugada, se quedó mirando y tocando la pulsera, como si fuera un tesoro. El dios de mar le había mandado un ángel, un ángel hecho de fuego, que quería ser su amigo… quería ser su amigo, y le había dado un regalo.
Incluso hasta la fecha, cuando sentía que negras nubes nublaban su cielo interno, Levi tocaba la pulsera y sus fuerzas se renovaban lo suficiente para seguir.
Esperó cinco largos años. Nunca dejó de ir a la playa, ni dejó de imaginarse a Eren apareciendo, corriendo, impetuoso como era, derribándolo en su ansiedad sobre la arena blanca, gritando y llorando como el caprichoso que era, y él aferrándose a su cuerpo con todas las ganas que venía acumulando.
Su tío puso la propiedad en venta el mismo día que su madre murió. Incluso en el funeral ya había empezado a ofrecerla. La casa que había sido de Eren, hacía dos años que ya tenía nuevos inquilinos, los mismos habían tapiado la cerca. Levi perdió a Eren, perdió el cobertizo donde se refugiaba, perdió a su madre, y a los días perdería a Roko. Era un perro viejo, pero lo amaba, aunque su tío no pensaba lo mismo. Estaba seguro que la desaparición de Roko tenía que ver con su pariente. La propiedad estaba barata, no fue difícil conseguir un comprador.
El último día antes de la escueta mudanza, Levi volvió a la playa. Fue la única vez que se permitió llorar.
"¿Sabes Eren? Las estrellas fugaces son un gran fraude. Tu promesa también lo fue. Supongo que cinco años son suficientes para darme cuenta lo ingenuo que fui. Tal vez… ahora sólo soy un triste recuerdo de tu infancia… pero para mí eres el más dulce que alguna vez tendré. Pero es hora de dejar de esperar, de enterrar esta dolorosa esperanza… No vuelvas a hacer promesas que no puedes cumplir, sólo harás sufrir a la gente… Aunque si soy honesto, a pesar de todo, yo no puedo enojarme contigo, porque las ganas de verte son mucho más grandes que cualquier enojo. Me pregunto… ¿qué pensarías si me vieras ahora? ¿Estarías decepcionado? ¿Siquiera me recordarías? Yo no puedo olvidarte, aunque llene mi día y mi cabeza de cosas nuevas, estás ahí, mirándome con tus ojos llenos de sol y tu sonrisa cristalina. ¿Por qué fuiste tan malditamente bueno conmigo? Tu bondad me duele tanto ahora, la forma suave de curar mis heridas, la manera atropellada en la que hablabas… estoy lleno de huecos, de espacios vacíos que se quedaron con ganas de ser completados por ti… si todo lo que puedo hacer es abrazar estas memorias que tengo… si es lo único que me quedará de lo que vivimos… lo aceptaré, ya no esperaré nada, ni te exigiré nada en retorno tampoco. Hoy nuestra promesa expira, llega a su fecha de caducidad y muere… Espero seas feliz y estés bien, donde sea que la vida te lleve… te seguiré extrañando… lo que el corazón me permita…"
Estuvo sólo 24 horas en el nuevo departamento rentado donde fue a vivir con su tío. Luego armó un bolso y se fue para no volver jamás. Los primeros tiempos fueron duros, muy duros, pero al fin pudo hacerse de un trabajo de lava-copas que llevó de la manera más digna posible. Consiguió en un año su título secundario y con algunas recomendaciones se postuló al servicio de limpieza de la ciudad. La paga no era buena, pero al menos tenia obra social, aportes jubilatorios, un uniforme y un lugar más o menos estable para vivir.
Le asignaron el edificio 53 del distrito de Stoghen. Nadie quería ir allí, porque abundaban historias de fantasmas y sustos, en el viejo lugar. Pero los únicos fantasmas con los que tuvo que lidiar fueron los de su pasado. Intentó hacer terapia un par de veces, pero no encontró nunca un terapeuta con el cual sentirse a gusto. Además era pronto para revolver cosas que acababa de enterrar. Pero aunque fue breve su incursión, le hizo caso a uno que le dijo que canalizara sus frustraciones a través del trabajo artístico. Por ejemplo: pintar, esculpir, tallar, el terapeuta dijo que le costaba expresarse a través de palabras, pero que el cuerpo podía encontrar otras formas de hacer lo mismo, también le sugirió correr. Ahora Levi no corría, pero la limpieza profunda lo ayudaba a calmar sus nervios, a llegar tan cansado por las noches a su cuarto, que ni siquiera las pesadillas lograban quitarle el sueño.
Fue entonces que una oportunidad vino a él. Un compañero de la municipalidad, le pidió ayuda con un galpón que debían desalojar según órdenes del intendente. Estaba lleno de caballetes viejos, pinturas, pinceles y cosas que ya no se utilizaban más porque estaban viejas u obsoletas. Levi tenía la paciencia de un santo para reparar, reutilizar y corregir roturas o reconstruir, por lo que no le resultó difícil rescatar muchos elementos y ponerlos en condiciones para ser usados. Así fue que se hizo de la mayoría de sus materiales. Y si bien al principio sus trazos eran toscos y torpes, con ayuda de libros (también viejos y olvidados de ese galpón), empezó a imitar las técnicas que a medias entendía. Pronto su afición se volvió pasión, y comenzó a plasmar los recuerdos de su infancia… aquellos que valían la pena, claro. Pintó el rostro de Eren cientos de veces… y la misma cantidad de veces lo destruyó. Porque por mucho que se esforzara, llegado el último trazo, le parecía tan burdo y frío, que no era merecedor de llamarse retrato, sus mezclas de colores, texturas y tramas… jamás igualarían el original. Solían ser las únicas veces que estallaba en ira, y por lo general las obras iban a parar a las fauces de "Caldemira", tal el nombre con el que había bautizado a la caldera del sótano.
Nunca se animaría a mostrar su pequeño mundo subterráneo a nadie, o al menos eso pensaba. Hasta que apareció el hombre de mirada como el cielo. Un cielo despejado, abierto y sano. Armin era simpático, un poco ingenuo y muy sociable cuando quería. Le cayó pésimo desde el principio, y aunque fue descortés y casi irrespetuoso con él muchas veces, el chico era como un imán que en cuanto lo veía no se le despegaba. Levi siempre se preguntó qué veían en él personas tan radiantes y luminosas, de qué se podían sentir atraídos. Siempre había sido un misterio.
Armin era una persona honesta, que trataba de ayudar a los artistas con todos los recursos posibles. Poco a poco se ganó su confianza, hasta que finalmente, cerveza de por medio, accedió a mostrarle su pequeño mundo allá abajo, en el sótano. Se sorprendió mucho de ver a Armin llorar por sus lamentables (según su punto de vista), creaciones. Y no le creyó a la primera, que él tuviera talento. Incluso huyó de ese hombre insistente por varios meses, hasta que al final, harto de escuchar sus ruegos, accedió. Ahora él le había dicho que había sido un éxito, y le hablaba de nuevas muestras, giras y presentaciones, y todas esas palabras a Levi le sonaban extrañas, lejanas, temerosas.
El mundo lo había olvidado, le había dado la espalda, lo había dejado resumido a una vida ordinaria y común. No tenía ganas de resaltar, no quería pintarse una sonrisa forzada en los labios, ni saludar a personas desconocidas. Levi si pudiera se encerraría para siempre en el sótano, y no saldría jamás. Pero era bonito pensar que con algo de dinero podría tener una casa propia, un pedacito de tierra, un… lo que sea que fuera, pero solo suyo, un lugar adonde pertenecer.
Armin era agradable, atento, más atento de lo que la gente debería ser, a veces esto alarmaba un poco a Levi, siempre tendía a desconfiar de las personas más que a creer en su aparente bondad. ¿Qué quiere de mí, qué quiere llevarse? No quería aferrarse de nuevo, no a una persona que brillaba tanto. Tarde o temprano esas personas desaparecían de su vida.
Sin embargo eran muchos años de vivir escapando, de esquivar el cariño, de esconderse detrás de una fachada fría y en apariencia insensible. Armin estaba derribando sus muros muy rápidamente. Sus dulces besos se sentían bien y a la vez dolían demasiado. Porque al abrir los ojos se encontraba con esa mirada de cielo, que podía ser increíblemente hermosa, pero no era lo que él de verdad esperaba. ¿Iba a arruinar su (tal vez) única oportunidad de ser feliz en el amor? ¿Acaso él podía amar siquiera? ¿Y qué era el amor después de todo? ¿Eran besos, era comida, eran dibujos, era lamer las heridas? Y entonces todas esas conjeturas terminaban en un solo nombre: Eren. La única persona en toda su vida que le había dicho "Te amo".
Cuando escuchó su nombre de nuevo, ahora diez años después de ese lejano pasado, sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Quería enterrarse muy profundo, consumirse hasta las cenizas, no quería verlo otra vez, ya no, ya era tarde, ya todos sus vacíos estaban completamente sellados. Huiría, dejaría todo y comenzaría de nuevo en cualquier otro lugar. Donde fuera, aunque perdiera a Armin y sus besos, o el dinero de la recaudación, o su empleo que adoraba. No quería verlo, porque una mezcla de emociones violentas le perforaban la mitad del pecho. No quería. No.
Pero ni siquiera tuvo tiempo de armar un bolso. ¿Qué clase de comedia orquestaba el destino? Que habiéndolo deseado por tanto tiempo, se lo había negado, y ahora queriendo huir se lo clavara justo frente a sus ojos. Y si Eren lo hubiera ignorado y hubiera seguido su camino, si lo hubiera mirado por encima de su perfecto hombro, si no hubiera reparado en él, entonces podría librarse al fin de toda esa esperanza que estaba dormida y guardada bajo siete llaves. Pero ahora, lo veía consumirse entre lágrimas angustiantes, como si él fuera un muerto que acaba de resucitar, con manos temblorosas y labios que decían cosas para las que no estaba preparado.
¿Te amo?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué ahora?
¿Por qué después de tanto?
¿Qué responder?
¿Adónde huir?
Eren se acercó, respirando apenas, tan agobiado por los sentimientos que era incapaz de focalizar bien la imagen que tenía en frente, por las lágrimas, los nervios, el shock.
—Te amo… te amo… -y todo dentro de él era un conflicto, un cortocircuito gigante. A punto de desmayarse se acercó, sin medir, sin esperar una luz verde o una señal, como un loco desesperado que se tira al mar. Acortó la distancia y lo encerró entre sus brazos con una fuerza descomunal.
¡No estaba soñando! ¡Esta vez era real! Estaba ahí, estaba vivo, y seguía tan hermoso y triste como la primera vez. Eren lloró desconsolado, hasta caer de rodillas, pero sin dejar de apretarlo contra su cuerpo. Mostrándole toda su miseria y debilidad, todas sus flaquezas y dolor, expuesto por completo. Su cuerpo era un solo grito diciéndole: "Me dueles, me doliste todos estos años, no quiero dejarte ir, aunque sea irracional, esta vez no desaparezcas, no te esfumes, escúchame…"
—0—
Suspiró largo y tendido, le dolía mucho la cabeza y sentía algo de frío. Estaba casi todo en penumbras, la débil luz de un velador en una escueta mesita de luz contigua a la cama, era todo lo que iluminaba el recinto. Los resortes de la parrilla de la cama rechinaron bajo su peso, sin duda era una cama vieja. Se sentó, tenía un pañuelo blanco y húmedo en la frente, que retiró con cuidado. De inmediato Levi entró a la habitación y encendió la luz del foco de arriba, que lo encegueció algunos segundos y le hizo latir las sienes.
—Oi, traga esto, el médico dice que estás débil y anémico –Eren recibió en una bandeja, un vaso de leche, un bife de hígado y dos huevos duros al lado-. Empieza a comer antes que te desmayes de nuevo.
El hombre estaba en su mameluco celeste todavía, con una remera de mangas largas blancas debajo, se sentó en una silla a un costado, y mientras cruzaba los brazos y lo fulminaba con su fría mirada, Eren decidió hacerle caso y comenzó a comer. Odiaba el hígado, pero comería vidrio molido si Levi se lo pedía. Después del segundo bocado, ambos en completo silencio, las lágrimas empezaron a caer de nuevo. El de cabello negro suspiró y le alcanzó una cajita de pañuelos descartables.
—Lo siento… -habló Eren con la voz quebrada.
—Come todo, luego hablaremos. Anda, que no tengo toda la noche y debo madrugar.
Eren sin dejar de llorar dejó la bandeja vacía. Levi se retiró lavó todo y volvió. Sacó un paquete de cigarros y Eren le pidió uno. Se pusieron a fumar mientras ambos seguían mudos.
— ¿Por qué nunca respondiste mis cartas? –se animó a comenzar el chico de ojos llenos de sol.
— ¿Cartas? ¿Qué cartas?
—Te mandé más de 150 cartas, Levi. Incluso antes de que te mudaras. La primera fue a los dos meses que me fui.
El hombre enarcó una ceja, primero sorprendido y luego bastante descreído.
—Bueno, yo también imaginé que te mandaba cartas –dijo al fin el de ojos grises tomando una fuerte bocanada de humo.
—Yo no imaginé nada, las mandé desde la casa de una amiga, porque no quería que mi padre se enterara. Luego hice lo mismo cuando volví a vivir con mi madre. ¿Realmente no te llegó ni siquiera una? –Al ver a Levi menear la cabeza en forma de negativa, Eren tomó su celular con algo de molestia y marcó un número, lo tenía agendado como "madre". Pero se trataba de Mikasa, su mejor amiga. Armin se burlaba siempre, porque decía que ella era la madre que la vida le había enviado en cuenta de Carla, por lo sobreprotectora que se volvía con el de ojos verdes a veces.
—Hola, Eren –dijo con alegría la mujer.
— ¿Qué hiciste con las cartas que te dije que le enviaras a Levi? –La chica se quedó muda del otro lado-. Y no me mientas Mikasa, intenta mentirme una sola vez al respecto y te juro que nunca más volveré a hablarte.
—Eren… yo… No te enojes por favor… Carla… tu madre me dijo… Que ese chico era un delincuente y…
— ¿Me engañaste entonces? ¿Me lo ocultaste todos estos años? ¿Aun sabiendo todo lo que yo pasé? ¿Todo lo que significaba para mí?
—Eren… perdóname… mira, hablemos y-
—No me busques, no ahora. No voy a escucharte, y no me interesan las excusas que tengas. Hablaremos cuando se me pase, que espero que ocurra algún día –y le cortó.
Un denso silencio se presentó por algunos minutos. Esta vez Levi lo rompió.
—Así que… tú me escribiste. ¿Por qué no mandaste las cartas tú mismo?
—Porque confié en ella… ¡Dios, qué idiota! –Dijo tapándose la cara con sus manos-. Pero luego, yo, yo si te mandé más cartas, desde la dirección de mi casa.
— ¿Tan difícil era ir hasta el pueblo?
— ¡Sí fui! Bueno, lo intenté… cuando cumplí los 18. Me atropellaron antes de llegar a la estación, estuve dos meses internado.
—No me jodas… -Levi bufó rodando los ojos. El de ojos verdes tomó una de sus manos frunciendo los labios con rabia y la llevó a su cabeza.
— ¡Tengo una cicatriz de 16 puntos! ¡Toca, toca y dime si es un invento o una excusa! Los médicos dicen que fui un maldito milagro.
Levi suspiró, apagó la colilla del cigarrillo y se acercó a corroborar con sus ojos, abrió el cabello desgarbado del otro y buscó. Efectivamente sobre la gruesa y profunda cicatriz no crecía cabello, tal vez por eso lo usaba algo largo ahora, para taparla. Luego de la inspección fue a sentarse de nuevo. No sabía si ponerse contento o qué. Pero toda la desilusión y el dolor guardados por tantos años no se iban a borrar con esa simple explicación.
—Y luego que te recuperaste, ¿qué?
—Te mandé 50 cartas más. A mi madre le diagnosticaron Alzheimer, mi padre se borró de la faz de la tierra y ella se deterioró muy rápido. No era capaz ni siquiera de ir al baño sola. No teníamos muchos recursos económicos, tampoco. ¿Sabes? Llamé a los vecinos del barrio para que te avisaran. Entonces me enteré que ya no vivías allí. Igual cuando ella murió fui a buscarte, nadie sabía nada.
—Pues no, ¿acaso cuantos años tenía que esperarte? ¿Cincuenta?
— ¿Me esperaste? –los ojos de Eren dejaron de botar lágrimas y lo miraron esperanzados. Levi bajó la mirada, una de sus rodillas moviéndose intermitentemente.
—Ya que… promesas de niños, no valen nada.
— ¡No, de ninguna manera! –levantó la voz Eren, mirándolo dolido por sus palabras-. ¡Para mí lo valen todo! ¡Jamás dejé de buscarte! ¿Tienes idea la cantidad de direcciones que verifiqué, las personas con las que me encontré, las veces que sentí que iba a morir de felicidad para luego… ¡uggh!... darme cuenta que sólo era un fracaso más? ¡Yo nunca te olvidé! ¡No hables si no tienes idea de lo doloroso que es!
Una fuerte bofetada cruzó el rostro de Eren, dejándole el pómulo ardiendo.
— ¡No me vengas a dar lecciones sobre dolor, idiota! ¡Cinco años! ¡Cada día de esos fastidiosos cinco años te esperé! ¡Fui a esa maldita playa, una y otra vez, una y otra vez! –Levi se puso de pie, las venas de su cuello perfilándose apretadas y gruesas, sus manos cerradas en puños y su mirada agresiva-. ¡¿Cuántos jodidos años te iba a tomar?! ¿Quién carajos eres para hacerme esperar así? ¡Maldito hijo de puta!
Eren se puso de pie también tocándose en la mejilla herida.
— ¡Pues perdona por casi morirme atropellado, perdona porque mi madre agonizaba sin siquiera saber quién mierda era yo, perdona por tener amigos traidores, perdona… perdóname! –lo abrazó con fuerza de nuevo, abandonándose al llanto. Levi intentó con fuerza que lo soltara, pero si sacaba un brazo del agarre, Eren lo capturaba de la cintura, y así estuvo luchando un buen rato hasta que lo hizo rabiar del todo.
—¡QUE ME SUELTES, IDIOTA! ¡No me toques imbécil de mierda!
—¡NO! ¡NO! ¡Te irás, vas a desaparecer de nuevo, no, no quiero!
— ¡Eren, carajo, te voy a romper toda la madre! ¡Suéltame de una jodida vez!
— ¡No! ¡Si quieres golpearme hasta la muerte entonces hazlo! –la voz de Eren estaba deforme por la adrenalina y las lágrimas-. ¿Soy patético, verdad? –Soltó a Levi y cayó al suelo de rodillas-. Está bien, si tan enojado estás conmigo… cóbrate todo lo que quieras… ódiame si quieres, pero no te vayas, júrame que no desaparecerás…
—Y aún tienes las agallas de hacerte la víctima, maldito. Debería reventar tu cabeza llena de aire. Yo no fui el que se fue… al menos yo no te abandoné… Yo nunca lo hubiera hecho.
— ¡No te abandoné, Levi! –Eren secaba sus lágrimas con las mangas de su buzo-. ¡Pero tengo esta jodida mala suerte, de que cada vez que lo intentaba algo se interponía! Yo jamás dejé de intentarlo… tengo todas las cartas que el correo me devolvió, tengo los recibos de los detectives, investigadores, ¡tengo pruebas de lo que te digo! ¿Por qué no me crees?
—Dios, cállate, pareces una telenovela parlante… -ambos se miraron unos segundos y Eren comenzó a reírse entre las lágrimas, Levi tuvo que ceder un poco-. Joder, deberíamos venderle esta historia a la Rosa de Guadalupe.
—Ja, ja, ja, ¡basta! Estoy haciendo todo mi acto dramático aquí y lo estás convirtiendo en una comedia de medio pelo –agregó Eren con la nariz y los ojos rojos.
—Payaso…
—Mimo…
— ¿Eh?
—Son esos… esos payasos tristes, esos que hacen como… -movió las manos en el aire imitando los movimientos de un mimo torpemente, y Levi tuvo que ceder a una carcajada.
—Payasos tristes, eres un hijo de puta, Eren –exclamó mientras le alcanzaba la caja de pañuelos-. Deja de limpiar tus mocos en tu buzo, me vas a hacer vomitar, usa esto.
—Qué considerado –dijo el otro aceptando la oferta.
— ¿Y todavía te quejas? Me hice cargo de tu culo, tuve que cargarte hasta aquí, eres condenadamente pesado, luego llamar una ambulancia, darte MI valiosa cama, cocinarte y… ¿todavía te quejas? Payaso de cuarta.
Eren tomó por sorpresa al más bajo al tomarlo de la muñeca, refregando con el pulgar sobre la pulsera roja.
—Aún la usas…
—…
—No me olvidadaste, ¿verdad? –Levi corrió la mirada y tiró de su extremidad para alejarse un poco-. ¿Puedo abrazarte?
— ¿Ahora preguntas, bastardo? –Eren se encogió de hombros, Levi suspiró-. Mira, todo esto es… tan… complicado, ni siquiera puedo procesarlo adecuadamente… necesito, tiempo, Eren… ambos… ya sea con intención o no… nos hemos lastimado muchísimo, nos hicimos sufrir mutuamente. Solo mirarte… aaah… Será mejor que te llame un taxi.
—Espera, espera, Levi, prométeme que no te irás. Por favor, si tú me lo pides no vendré, te lo juro, no me verás, no te llamaré, no… nada, pero prométeme que no desaparecerás, no te irás sin avisarme, por favor, por favor…
—Joder, eres un llorón quejica, ¿dónde quedó ese Eren valiente del que tengo recuerdos?
—Promételo –le dijo el de ojos verdes con cara suplicante.
—Lo prometo, no me iré a vivir a otro lado. Pero dame tiempo. Cuando me sienta… tranquilo, te escribiré y nos juntaremos a tomar un café y charlar. ¿Está bien?
Eren se puso de pie y asintió con la cabeza.
—Te llamaré un taxi –Levi se fue y Eren se tiró en la cama hundiendo la cabeza en la almohada, la esencia de Levi está profundamente arraigada. ¡Aaaah! Que ganas de besarlo y abrazarlo. A los pocos minutos Levi regresó con un paquete blanco en las manos-. Ponte los zapatos y toma tu campera. Estará en 5 minutos, te acompañaré al hall.
En poco tiempo estuvieron afuera. El viento estaba más helado y corría más fuerte.
— ¿No te hace frío? –Le preguntó Eren con los dientes castañeando.
—No, estoy perfecto. Oye, come bien, no hagas idioteces, ¿has escuchado?
—Sí. Por cierto, no te di mi número.
—Lo tengo –Eren sonrió feliz-. No imagines nada, idiota, Armin me lo pasó por esa mierda de ilustrar tu libro, nada más.
— ¿Me hubieras llamado? –preguntó el de ojos verdes con la mirada brillando emocionada.
—No lo sé… tal vez no lo hubiera hecho…
—O tal vez sí…
—Quien sabe…
— ¿Levi?
— ¿Mmm?
—Discúlpame, por favor.
— ¿Y ahora por qué?
—Por esto –Eren lo tomó delicadamente de la barbilla y lo besó con algo de ímpetu. Levi abrió los ojos sorprendido-. Te amo –le soltó con sentimiento y luego avanzó hasta acorralarlo contra el marco de la puerta y lo volvió a besar con más ganas. Levi bufó apenas, sin poder saber cómo reaccionar, porque para ser honestos le ardía el estómago, le saltaba el corazón, y aunque sabía que estaba mal, no podía, y tal vez no quería tampoco, evitarlo.
Eren se separó un poco, sus respiraciones estaban agitadas. Levi lo miró con reproche y le descargó una feroz bofetada, por segunda vez.
— ¡Idiota! –dijo con los pómulos algo rojos, y luego lo tomó de la solapa de la campera y juntó sus labios desesperado. Eren no desaprovechó un solo segundo, deslizando delicadamente su lengua en la boca del más bajo. Levi sintió como si un rayo lo hubiera atravesado de lado a lado y no pudo evitar gemir ahogadamente entre sus bocas.
Sus labios se buscaron, se disfrutaron, sus lenguas se enredaron y se saborearon a más no poder. Se detuvieron un momento para poder respirar y la bocina del taxi hizo que se separaran de inmediato.
—Escucha –dijo Eren un poco más calmado-, escríbeme, llámame, estaré esperando, toma el tiempo que necesites, pero quiero que sepas que estaré pendiente de mi celular como nunca –acarició su mejilla con suavidad-. Te amo, Levi. Te encontré, al fin…
—Joder, llévate esto –dijo entregándole el paquete.
— ¿Qué es esto?
—No lo abras hasta que llegues a tu casa. Cuando me sienta en condiciones… te escribiré un mensaje. No trates de contactarme antes.
—Está bien, entendido… Hasta pronto… -Se retiró antes de largarse a llorar de nuevo. Llegó a su casa y abrió desesperado el paquete. Apenas vio el pequeño y precioso cuadro de la pulsera roja sobre el cielo nocturno y lleno de estrellas fugaces, lo apretó contra su pecho y lloró un poco más, desbordado de emociones. Lo puso sobre su mesa de luz y se quedó mirándolo hasta que se durmió, completamente agotado.
Levi caminó hasta su habitación, y cayó pesadamente sobre su cama mientras se refregaba la cara. Aún le ardían los labios, y sentía más vivo que nunca. Era exactamente esa misma sensación que experimentaba cuando se refugiaba en la habitación de Eren. Se contuvo de llorar, pero tuvo que inspirar y exhalar lentamente, muchas veces para calmarse un poco.
—Perdóname, Armin –dijo con algo de tristeza-, perdóname, no puedo evitarlo.
—0—
Tres días después Eren había escrito cerca de doscientas páginas. Para tratar de no pensar y comerse las pocas uñas que le quedaban, volcó toda su ansiedad y sensaciones en las cientos de hojas. Fue como una ráfaga, no podía parar de escribir. Cuando llegó Jean casi se larga a llorar de la alegría, Eren jamás cumplía con los plazos de entrega. Definitivamente era un milagro.
El escritor volvía de la panadería cuando se lo encontró en el portal de su casa. Estaba con un impecable pantalón negro, una camisa blanca y un saco abrigado, también negro. Se acercó corriendo y frenó a un metro de distancia. Otra vez la garganta se le volvía un nudo.
— ¿Y bien? ¿Me vas a invitar un café siquiera? –le dijo Levi con tranquilidad.
—Café, chocolatada, té negro, whisky, lo que se te ocurra –respondió Eren con una sonrisa.
—Mantén tu distancia, solo vine a hablar de negocios.
—Hablaremos de lo que quieras, no me importaría si terminamos pasándonos consejos para matar cucarachas, es lo de menos.
Ambos sonrieron y Levi siguió a Eren. Apenas entraron al departamento lo retó por un largo rato, el lugar era un chiquero, por lo que las siguientes dos horas se dedicaron a dejar la estancia más o menos decente.
—Pinche puerco de mierda –mascullaba el hombre, mientras cerraba las seis bolsas de basura que habían llenado rápidamente. Eren se rascó la cabeza avergonzado.
—Lo siento, es que tuve una fuerte corriente de inspiración, y cuando me siento a escribir me olvido de todo. Menos de ti, por supuesto.
—Deja de adularme, idiota. Bueno, saca esta basura y veamos ese libro que tienes.
Luego se sentaron con unas humeantes tazas de café con leche acompañados con el pan recién comprado. Eren le mostró el borrador del libro y le explicó su proyecto. Levi le hizo algunas observaciones, dibujó rápidamente algunos bocetos con trazos finos y estuvieron trabajando sobre eso hasta entrada la noche. En total diagramaron más de 15 dibujos.
—Bien, ¿cuánto me cobrarás por los dibujos?
—Nada.
— ¿Qué?
—Nada, será una colaboración ad honorem.
—No, no, Levi, es tu trabajo. Si no me lo dices me obligarás a hablar con tu representante.
El hombre hizo una mueca.
—Mi representante… Armin… está un poco distanciado de mí, sin embargo si tanto deseas derrochar tu cuantioso dinero, llámalo y arregla con él. Las cobranzas son incómodas para mí.
—Me sorprendiste, ¿sabes? No te esperaba tan pronto, gracias por venir.
—Bueno, tarde o temprano debería hacerlo. Ahora dame mis cartas -Eren lo miró sorprendido-. Vamos, dámelas.
Se puso de pie y fue a buscarlas, las trajo en una caja, junto a un sobre azul adornado con un pequeño moño blanco.
—Aquí las tienes, eso es… un regalo… Me gustaría que lo abrieras ahora.
—Ansioso –Levi tomó el sobre y procedió a mirar adentró, sonrió con melancolía, una pequeña, pero preciosa sonrisa-. Debes estar bromeando.
—No… ¿me dejas colocártela?
Levi extendió su pálida muñeca y Eren le colocó una hermosa pulsera blanca tejida. Justo al lado de la roja. Luego lo tomó de la mano y besó sus nudillos.
—Estoy muy feliz… como cuando nos conocimos…
—Eres tan simple de contentar, como sea, me llevaré esto y me tomaré mi tiempo para leerlas adecuadamente. Luego volveremos a hablar.
— ¿Me dejas que te lleve a tu casa?
—Está bien.
Esta vez no hubo besos, ni abrazos, aunque Eren se moría por dentro, pero quería ser paciente. Había esperado diez años, podía aguantar un poco más.
A Levi le llevó dos días completos, en los que casi ni comió ni durmió, para terminar de leerlas todas. Quería comprender, necesitaba saber, todo lo que Eren había atravesado. Todos esos años había estado errado, creyendo que lo había olvidado. Y mientras más leía, más especial se sentía. Tantos pensamientos, tantas palabras, Eren había estado tan desesperado como él. Nunca en su vida había sonreído tanto como en esas horas que leía y releía todas esas valiosas cartas.
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Armin se sentó a hablar con Eren una larga y dolorosa tarde. Pudo conocer toda la historia casi en profundidad. Le dijo que si Levi le daba una oportunidad no intervendría, y los apoyaría en todo. Pero que si Eren la cagaba de cualquier forma posible, no dudaría en arrebatarle a Levi para siempre. Eren lloró, Armin lloró, y ambos fortalecieron su amistad a pesar de todo.
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La arena se le metía entre sus dedos, el viento apacible y calmo despeinaba su lacio cabello. Miró hacia el infinito, sintiéndose pleno, completo. Las gaviotas graznaron a lo lejos, y la marea crecida le lamió los pies sorprendiéndolo un poco. Hacía algo de frío ya, y el sol se había ocultado por completo.
Sintió como le caía el poncho verde sobre los hombros de improviso.
—Tú dices que no sientes frío, pero después el que termina llevándote al hospital con altas fiebres soy yo.
—Fue una sola vez, bastardo. Además lo dice el que colapsa porque escribe hasta caer desmayado.
—Quéjate con Jean, él es el que me presiona.
—Si escribiera todos los días un poco y no como loco a una semana de la entrega, sería más fácil, ¿sabes? No es nada bonito verte colapsar.
—Gruñón.
—Irresponsable.
—Dicen que esta noche habrá lluvia de estrellas –dijo Eren mirando hacia el cielo.
—Por amor a Dios, no se te ocurra pedir ningún puto deseo.
Ambos rieron divertidos. El más alto lo abrazó con ternura y dejó un dulce beso sobre su cuello.
—De ninguna manera, ya tengo todo lo que necesito. Mi chico de piel de luna y ojos de monedas de plata está conmigo.
—No te olvides que soy un payaso triste.
—Creo que un payado triste y un payado de cuarta hacen una buena pareja.
—La mejor –dijo relajándose un poco y apoyando su cabeza contra el pecho del de ojos verdes.
—Te amo, Levi, para siempre.
—Tan malditamente cursi y tierno –se giró para mirarlo con tranquilidad-. También te amo, mi chico de ojos con sol.
Y un nuevo y dulce recuerdo quedó grabado para siempre en las alas enredadas de su destino. Al fin se habían encontrado, esta vez para no perderse jamás…
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By Luna de Acero… ahora sí, conforme… ¿y ustedes?
