Advertencias: Itachi/OC... kinda, sorta xs. Tragedia, angst, vaya; que esto no va a ser algo bonito. Gore en futuros capítulos, así como otros "temas maduros".

Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, no a mí. Sólo poseo la historia y los OCs.


PUMPED UP KICKS


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Capítulo uno:
El principio del fin

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Había sido tarde cuando les habían contado sobre su partida; lo suficiente para que abriera los ojos en sorpresa y, para que negarlo, terror. Ellos habían tenido suerte en haber salido con vida de aquel encuentro, y su experiencia había sido un factor determinante para que el encuentro con aquella dupla no terminase en una tragedia.

Pero, ¿ellos? No era por ser pesimista, o siquiera arrogante, pero la derrota era segura. Le darían tiempo de poner a Naruto a salvo, sí, pero si Sasuke los encontraba... Suspiró, girándose a Gai.

—No nos queda de otra, yo buscaré a esos tres, tú detén a Sasuke —era su maestro, y ahora no sólo uno de sus alumnos estaba en total peligro, sino que dos. Tan sólo salió corriendo, rogando a los dioses que todavía hubiera algo de tiempo, sino por esos chicos al menos por sus alumnos, que no dejara que otra tragedia más ocurriera.

Pero el dolor era demasiado, y su chakra sólo era una miseria, se había dado cuenta cuando Gai ya había partido. Si los Akatsuki se… deshicieron de ese grupo y se encontraban con él, sería su fin. Habría muerto en vano.

Tuvo que pedir ayuda, no le quedó de otra. Kurenai no dejaría el lado de Asuma, eso era seguro, pero al menos tuvo la buena suerte (o no tanto) de que Iruka podía acompañarlo.

—¡¿Cómo pudiste dejar que se fueran?! —no había sido el saludo que esperaba, pero no iba a quejarse (no podía, de cualquier manera), no cuando debía admitir que tenía razón—. Demonios... Por favor, Jiraiya, no lo dejes solo...

—Conociendo a Jiraiya, no se apartará de Naruto —el Sannin era conocido por su amor a la bebida y sobre todo a las mujeres, pero tenía sus prioridades claras. No dejaría a Naruto solo, fuera de la aldea cuando ya sabía que esos dos lo estaban buscando y porque—. Gai va en camino por Sasuke, sólo nos toca encontrar a esos tres antes de que sea demasiado tarde.

Habían sido ilusos, todos ellos. Esos tres y Sasuke habían sido descuidados sobre cualquier cosa, pero Kakashi sabía mejor; sólo eran niños. No merecían lo que fuera a pasarles.

Tan rápido como sus heridas le permitieron lograron llegar al bosque, quedando en manos de Iruka el poder rastrear a los tres. Observó como las hojas y las ramas de los árboles se movían a duras penas, notando el imperioso silencio sobre todas las cosas. Sin embargo, el momento en que se detuvo con los ojos abiertos no pudo sino temer lo peor.

—¡Debemos darnos prisa!

Se sentía como si volviera en el tiempo, como si aquel día hace siete años donde un niño llegó llorando a la Aldea, gritando sin poder creer que aquel que mató a su familia había sido su propio hermano se estuviera repitiendo enfrente de él. Sólo deseaba que esta vez pudiera ser capaz de hacer algo al respecto.

Pronto, el olor del campo fue reemplazado por el aroma metálico de la sangre y la incipiente putrefacción. El estómago de Kakashi dio un vuelco, pero aun así sabía que poco quedaría por hacer si era lo que creía.

Jamás había odiado tanto tener la razón como en esos momentos.

Aun sabiendo que ese equipo no tendría oportunidad alguna contra esos dos, siempre habría una parte de él que esperaba que hubieran logrado llegar a tiempo de evitar algo. Ver los cuerpos sangrando, mermados incluso, le recordaba que tenía una suerte que no merecía.

Se hincó sobre uno de los cuerpos, observando con sus labios apretados la espalda casi totalmente desgarrada, el como la sangre todavía fresca manchaba el chaleco de jōnin y enseñaba la carne dañada, todavía con rastros de calor. Logró identificar el cuerpo como el del muchacho, Tachibana sabía que se llamaba, y cerró los ojos en una condolencia silenciosa.

—Estas heridas fueron en defensa propia —pensó de manera calmada sin dejar de delinear las heridas con sus ojos, trazando el contorno con sus dedos—. No fue algo por gusto, estos chicos atacaron primero —giró hacia Iruka, encontrándolo mirando uno de los cuerpos.

Exhaló.

Se acercó a Iruka, quién tan sólo miraba el otro cuerpo con una expresión vacía, viendo como el kunai atravesaba el cuello de esta y manchaba la hierba bajo de ella. Conocía a Iruka, y mientras él escondía sus emociones su compañero, este seguía siendo más expresivo que la mayoría de los shinobis. Posó sus manos en su hombro, ahora observando el cuerpo profanado de la muchacha.

—Esto no debió pasar —Iruka tomó aire, antes de voltearse a mirar a Kakashi—. ¿Cómo… cómo alguien...?

—Iruka, no hay nada que podamos hacer por ellos —habló tan calmado como pudo, mientras apretaba su hombro para evitar que mirara los cuerpos nuevamente—. Los rastreadores no tardarán en llegar —no dijo que probablemente estos no encontrarían nada de valor ya, ni siquiera para Kisame e Itachi; pero Kakashi sabía del respeto y de las reglas. Y desafortunadamente para él, había ocasiones en las que no podía escapar de estas últimas por más que quisiera—, lo menos que podemos hacer es informar a su familia.

—El chico estaba casado —pudo notar el pequeño, casi imperceptible temblor en su voz, y apretó los párpados. Sabía que Iruka no lloraría, ninguno les conocía de esa manera, pero su empatía podía a veces conseguir lo mejor de él, y francamente en esas situaciones no pensaba detenerlo—. Conozco a su esposa… ¿Cómo le diré esto?

Quizás porque había pasado tanto tiempo desde que había sido cercano a alguien, desde lo que ocurrió que habría quien pensaría que su reticencia interna a esto sería fruto de la indiferencia. Nadie sabía mejor que nadie lo que bajas como esta traían a los seres queridos como Kakashi lo hacía.

Y fue precisamente aquello mismo que le hizo notar algo en especial: habían sido tres jōnin los que dejaron Konoha hace unas horas, y tan sólo habían podido encontrar dos de los cuerpos.

Todavía les quedaba otro más, y hasta ahora no lograba tener rastro de esta. Estuvo tentado a usar el Sharingan, pero sabía de buena fuente que sólo les ocasionaría más problemas. Pronto, no sólo el olor de la sangre volvió y más fuerte, sino que pudiera oír quejidos tan bajos que, de no ser por aquel momento de silencio, hubiesen ignorado.

No necesitaba del Sharingan para poder buscarla, sólo le bastó seguir el sonido de los gemidos hasta que el ruido de una respiración errática llegara a sus oídos, y pronto, la grama salpicada con sangre y un cuerpo sacudiéndose entre espasmos fue lo que encontraron sus ojos.

Iruka fue más rápido que él, acercándose con cuidado, notando que si bien sus ojos seguían abiertos no miraban a ninguna parte, no reaccionaban.

—¡Kakashi! —y en un segundo tan cuidadosamente como pudo la tomó en brazos, intentando no abrir más la herida—. ¡Hay que sacarla de aquí, ahora! ¡Esta mujer sigue viva!


Cuando despertó, el sudor cubría su cuerpo, y estuvo temerosa de abrir sus ojos y encontrarse con unos escarlatas, observándola, escudriñándola, matándola. Temió ver una sonrisa afilada y dientes en su piel, desgarrándola. Temió ver dos cuerpos mancillados, ver su sangre pintando las paredes.

Pero cuando abrió los ojos no había ningún monstruo, no había sangre y no habían ojos escarlatas viéndola gritar, pero ellos tampoco estaban.

Estaba sola, y eso no cambiaría.

Estaban muertos, todos habían muerto. Kentaro, Kanon... Oh por dios, y lo recordaba, podía verlo casi enfrente de sus ojos el cómo, como...

—Por favor, dime que están muertos —pidió a la figura entre las sombras, apenas siendo capaz de hablar—. ¿Los atraparon, no? Tuvieron que atraparlos.

Pero sólo escuchó un suspiro, y pronto, encontró el rostro de Kakashi mirándola con algo que era demasiado parecido a la lástima para su gusto.

Debía estar fingiendo, bromeando incluso. No pudo sino empezar a reírse, pronto tergiversando en una risa casi maniática, algo que resonó en toda la habitación y que sin embargo no aminoró la expresión de Hatake.

Estaba fingiendo, estaba mintiendo.

—¿Por qué estaba él aquí? —su boca tembló al igual que todo su cuerpo, mientras apretaba las sábanas debajo de sus puños. La expresión en el rostro de Kakashi le resultaba vacía aún con sólo ver sus ojos, como si los botones de un espantapájaros la mirasen—. ¿Por qué volvió si asesinó a...?

—Me temo que no es algo que pueda contarte.

Las palabras le cayeron como un balde de agua fría en la cabeza, como si despertara de un letargo de manera atropellada. Podía sentir su flujo sanguíneo acelerando, y el nudo en su estómago creciendo hasta empezar a arderle.

¿Cómo podía ser así? ¿Cómo alguien podía ver lo que acababa de suceder y ni siquiera darle una respuesta?

—¿Quieres decir que no lo sabes? —debía referirse a eso, seguramente lo era porque no había manera de que fuera de otro modo.

—Si lo sé, pero no puedo decírtelo —un largo suspiró de oyó a través de la máscara, uno que sonaba a cansancio, a lástima—. Lo lamento, Sa...

—No... No me digas que lo lamentas —quizás se había excedido en su tono de voz pero ¿qué más daba ser un poco cínica? ¿No lo era gente como los Hyūga sobre cosas sin importancia? ¿Acaso no podía ni siquiera tener ese derecho?—. No me digas que lamentas algo y ni siquiera puedes ayudar un poco a repararlo.

—¿Repararlo? ¿Qué crees que es esto? Tu equipo está muerto, Nozomi. Lo siento, pero nada que hiciéramos los traería de vuelta.

Y sus palabras le llegan como mil pequeños cortes sobre todo su cuerpo, le arden en sus oídos y aceleraron su respiración.

Ella deseaba que mintiera, más que nada en el mundo. Deseaba que en algún momento Kentaro llegara por la puerta golpeándolo por haberle hecho tan pesada broma, deseaba que todo se tratara de una mentira.

—¿Piensas que no lo sé? —así mismo deseaba pararse y golpearlo, ver si sentía algo debajo de esa jodida máscara—. ¡No es sobre traerlos de vuelta, es sobre hacer que no haya sido en vano!

—¿Y tú crees que no me importa? —la voz de Kakashi si bien no sonó peligrosa fue lo suficientemente poderosa para intimidarla, o al menos obnubilar toda la ira que sentía en esos momentos—. Ustedes sólo eran niños, ni siquiera tenían que ver con lo que pasó y ni siquiera pudimos atraparlos, pero puedo decirte que al menos no consiguió lo que quería.

—¿Y se supone que eso me tranquilice?

—Lo siento, pero a decir verdad sí… —otro suspiro, uno que resonó en la noche y en sus oídos—. Si Itachi y Kisame hubieran conseguido su objetivo, la muerte de tu equipo sólo hubiera sido el comienzo de un baño de sangre, especialmente ahora que el Hokage está muerto —la peor parte era que podía reconocer la razón en sus palabras, y tan sólo soltó un sollozo mientras cubría su rostro con sus manos, notando el frío contacto de su piel contra las vendas que las cubrían, los retazos de dolor en sus huesos—. Sé que no hacer nada sería una falta de respeto a su memoria, pero arriesgar vidas inocentes, tu propia vida luego de lo que pasó sería una falta de respeto aún mayor. Itachi ahora mismo es demasiado poderoso y Konoha se encuentra desprotegida frente a naciones enemigas, e intentar algo a corto plazo sería un suicidio.

—¿Así que me sugieres no hacer nada?

—Nunca dije eso —sólo logró ver como su ceño se fruncía, un pequeño (minúsculo) consuelo dentro de toda esta locura—. Lo que digo es que no haces nada actuando de manera impulsiva para probar algo. Sus muertes no tienen que ser en vano sólo por ello.

Lo observó darse la vuelta de camino a la puerta, y en la luz de la luna pudo observar los vendajes sobre las extremidades descubiertas, preguntándose qué tan fuerte podía ser alguien como Itachi para ganarle al famoso Ninja Copia.


Llegó un punto en la noche en que pensó que el ruido de la máquina la volvería loca, aun siendo tan débil pero aun así capaz de hacerle sentir que cada «beep» era un martilleo en su cabeza.

No lo soportaba, no soportaba estar ahí acostada como si nada, como si ellos... Si ellos...

Era tarde en la madrugada pero no podía dormir, ya no sabía cómo porque cada vez que cerraba los ojos lo veía ahí frente a ella, ojos escarlata; rojo, rojo, rojo y la sangre...

¿Cómo dejó que eso pasara?

A veces, cuando presionaba su mano por la compresa que descansaba en el hueco entre su cuello y hombro, podía sentirlo. Si apretaba con fuerza, el filo de la espada volvía y tenía que ahogarse en la almohada para no gritar, aunque pronto Nozomi encontró que se volvería una práctica bastante común.

Quería levantarse, quería salir del hospital y de la aldea y buscarlo hasta encontrarlo, hasta que uno de los kunai que había intentado usar para matarla lo pudiese clavar en su corazón; claro, si es que alguien como Uchiha Itachi tenía corazón.

Era hasta gracioso, que en momentos como esos se encontrara pensando en él tanto como había hecho hace años.


La mayoría de la gente jamás creería que un niño estaría deprimido, pero después de todo la mayoría de la gente no creería que un niño debería entrenarse para la guerra, y que algún día la guerra se volvería su vida.

Al menos, la guerra ya se había vuelto su vida.

—¡Muy bien, comenzaremos con la práctica de lanzamiento de shurikens! —y todos los niños miraban emocionados, listos para empezar. Ella también deseaba que fuera así, también quería poder sentirse feliz de mostrar lo mucho que había entrenado, mejorado.

Y sin embargo, la posibilidad del fracaso se repetía una y otra vez en su mente, hasta que se volvía una película de terror donde ella era la protagonista. Después de todo, ya había trabajado bastante antes, ya había hecho todo lo posible y de poco había servido.

Sólo quedaba acostumbrarse al fracaso, a este paso.

Los nombres de los otros niños, nuevos y más pequeños que ella, le resultaron tan extraños como los de cualquier otro desconocido. Su mente viajó a sus amigos, ahora en una clase más avanzada, sin ella, preguntándose como lo llevaban, como era no ser la rezagada.

—Itachi, es tu turno.

Usualmente, no le hubiera prestado la atención que le dio y se hubiera quedado mirando su propio set de shurikens, pensando en la manera correcta de poder hacer que le diera a la diana a diferencia de sus compañeros. ¿La diferencia? Esta vez no sólo sí que perforó el blanco, no, lo había hecho de manera perfecta.

Era difícil creer que los niños eran entrenados para una guerra, pero era aún más difícil que habría niños que parecían nacidos para ella. Y este en cuestión parecía ser la regla.

Y es que, por todos los dioses, Uchiha Itachi era la cosa más anti shinobi que Satō Nozomi había visto en su vida. Nadie sospecharía que aquel chico de rasgos suaves y delicados podría haberle dado a la diana en el blanco, y sin embargo, el profesor aunque impresionado parecía... Parecía que lo estaba esperando.

¿Qué estaba pasando?

—¡Eso fue impresionante, Itachi! —observó por encima de los niños (una de las ventajas de ser la mayor ahí) como el profesor se ponía al nivel del chico, diciéndole algo que ella no alcanzó a oír y que sin embargo debió ser algo bueno, puesto que Itachi sonrió suavemente y asintió—. ¡Los demás, no se queden atrás, vengo en un segundo!

Pero Nozomi apenas se podía concentrar en algo que no fuera el muchacho que le atinó a todos los blancos sin falla alguna, en cómo alguien que parecía tan... Tan débil pudo haberlos superado a todos.

¿Cómo pudo? Preguntó, lanzando ella su shuriken a uno de las dianas. Sólo dos de diez habían podido dar en el medio, y sin embargo la imagen del niño lanzándolas tan fácilmente como si fuera cosa de todos los días. No sólo eso, la hacía sentir todavía más... Insignificante de lo que ya era.

Quizás era la suerte de principiante, y sin embargo, cuando le tuvo que contar a su madre esta no hizo sino suspirar.

—A decir verdad, no es que me sorprenda —incluso se llevó la mano a cara, y Nozomi sabía que hacia aquello cuando estaba bastante cansada o cuando le decía algo importante—. Nozomi, ese niño es un Uchiha, son el clan más importante junto a los Hyūga y que no te sorprenda si ese muchacho resulta que lo conviertan en un alumno estrella.

Y no lo hizo, primero y principalmente, porque Itachi terminó siendo más que un alumno estrella.

Uchiha Itachi se convirtió en el alumno estrella.

Junto a los demás, observó asombrada como no sólo dio a todos los blancos, sino que logró vencerlos a todos en las pequeñas prácticas. Como todos, terminó debajo de él, viendo como su mirada obsidiana casi enojada volvía a la calma.

Y no lo intentó, ni siquiera lo intentó.

—Itachi-san es muy fuerte.

—Si, demasiado... Si alguien lo venciera, sería el más fuerte de todos.

El más fuerte de todos, ¿eh?

Al final de esa primera semana, dos cosas estuvieron claras: una, era que hasta ahora Uchiha Itachi era el mejor alumno de su clase (quizá de la Academia) y la otra, era que no descansaría hasta que lo superara.


—Aún no puede moverse de esa manera, Satō-san.

La voz de la enfermera tan solamente la hace suspirar. Se preguntó si acaso era capaz de haberle leído la mente, ya que tan sólo se encontraba acariciando la mano rota, pasando las yemas de sus dedos por los vendajes.

—¿Cuándo podré hacerlo? —preguntó con voz suave, procurando no apretar sus puños de tan sólo pensar que ni siquiera podría moverse para entrenar, ¿acaso ellos también se había llevado eso?

La enfermera tan sólo se acercó para arreglar algo en una de las máquinas, antes de volverle a mirar.

—Dependerá de su tratamiento. Voy a ser honesta, debido a la invasión muchos civiles quedaron en medio del fuego, y ahora mismo estamos bastante escasos de medicamentos —apretó los labios, nerviosa, como si temiese a su reacción, y no hizo sino recordarle a Kanon. Apretó los puños, intentando no tener que pensar en eso—. Lo que hicieron Hoshigaki y Uchiha la dejaron demasiado dañada, Satō-san. No habrá daños permanentes, pero...

Tuvo que contenerse para no bufar de mala gana. Al menos la enfermera intentaba ayudar, a diferencia de Hatake y sólo podía proveer dicha ayuda de una sola manera. Nozomi tan sólo aguantó sus sentimientos y asintió, sonriéndole con cortesía.

—No se preocupe, lo entiendo —la enfermera le respondió la sonrisa de manera tímida, antes de dirigirse a la salida de la habitación. Sin embargo, Nozomi carraspeó para atraer su atención—. Pero... Me gustaría saber que tan mal estoy. Que... Hicieron exactamente.

—Tiene severos cortes en su hombro, siendo sincera unos centímetros más y usted... —Nozomi sólo cerró los ojos, asintiendo a modo de conminarle a seguir—, pero pareciera que la hubieran desagarrado, no simplemente cortado. Su mano derecha está rota, y tiene varios cortes hechos por una kunai por todo su cuerpo.

—Supongo que perdí mucha sangre, ¿no? —la enfermera asintió—. Con razón he estado mareada...

—Si Umino-san no la hubiera traído a tiempo, la hubiéramos perdido.

Tan sólo se quedó en silencio por un momento, antes de exhalar un aliento y asentir con pesadez, cerrando los ojos.

—Entiendo.

La enfermera asintió una vez más, esta vez logrando salir por el umbral de la puerta, con rumbo a otra habitación. Tan sólo pudo volver a hundirse en la cama cuando las voces agitadas de las enfermeras se oyeron por el pasillo.

—¡Rápido, este chico esta grave! —el rechinido de las ruedas de la camilla se oía a la distancia, haciéndola tensarse.

—¡¿Pero qué le sucedió a este chico?!

—Fue él, me dijo el hombre. Fue su hermano.

El rechinido de las ruedas paró, al tiempo que el corazón de Nozomi se aceleró.

—¿Estás… Estás diciendo que este chico es...?

—Sácalo de aquí —la voz de la otra enfermera llegó como un regaño, y la camilla volvió a moverse—. Si esa kunoichi se entera que el chico Uchiha está aquí, habrá un desastre.

Nozomi no podía moverse, pero aún entonces no le hacía falta. Era como si el tiempo, todo alrededor de ella se hubiera detenido en cuanto aquel nombre salió de los brazos de la enfermera. Si había alguien que sabría algo sobre Itachi y lo que quería, sería su hermano pequeño.

Una cosa fue segura ese día, y era que Uchiha Sasuke podría ser el camino a la justicia.


a/n: normalmente, concentrarme en el POV del OC en cuestión no me da tanto pavor como ahora, aun sabiendo que tuve una recepción calurosa con el primer capítulo. Pero ahora que revisé, joer tío, prometo que los canon saldrán más ;;-;;

El pequeño flashback a la Academia que vimos aquí será algo que se repetirá a lo largo de la historia y lo tengo bien claro, ya que con lo oxidada que sigo en todo sigo barajeando varias cosas. Que si, que Itachi era "bueno" ahí y podía hablar y ser semi-sociable y tal, pero es desde el punto de vista de la caraja con un naciente PTSD y rencor (y que por cierto, sacar un párrafo que quedara acorde con el tono fue casi una hazaña de Hércules estos días x's), no va a ser precisamente algo romántico. Pero no se preocupen, que tengo muchas cosas planeadas para estos dos 7w7

Espero que tanto Kakashi como Iruka no me hayan salido muy OoC, así que de ser así por favor no teman en avisarme y de paso decirme como c': También quiero agradecer enormemente a Esteicy, Nohara-Cirene y Ellistriel por su enorme apoyo en el primer capítulo y en mi actitud a continuar en general. Han sido una inspiración y espero este capítulo estuviera a sus expectativas.

¿Tomatazos, críticas o algo que decir? Por favor, no tengan pena y es gratis ;D

Con cariño,
Petta.