Ways to be Wicked.


Disclaimer.

Si Descendants fuera mío, estarían viendo todo esto en pantalla y no en un fanfic, duh.


Capítulo 4.- Do you want an apple?


-Espejito, espejito ¿Quién es la más bella de todo el reino?

-Tú, madre…

Cuando era pequeña tenía una relación de amor/odio con los espejos. Detestaba las sesiones que su madre le hacía pasar todas la mañanas, cuando se levantaba y se arreglaba frente al espejo y repetía siempre esas mismas palabras.

-Espejito, espejito…

Ella siempre tenía que responder a su pregunta. Para su madre, ser bella siempre era lo más importante.

Es por eso que se esforzaba tanto por ser tan bella como su madre quería que fuera, sin darse cuenta de que para la Reina Malvada solo era una criada destinada a embellecerla. Siempre fue menos a sus ojos, demasiado gorda, demasiado descuidada, demasiado habladora, demasiado fea.

Nada de lo que hiciera lograba ganar su aprobación. A su madre solo le importaba una cosa, que Evie fuera lo suficientemente… pasable, como para conseguir la atención de un príncipe y salir de la decadencia en la que se encontraban. A pesar de todo no era tonta, sabía que su juventud la había abandonado y que todo lo que le quedaba era una niña que se esforzaba demasiado por complacerla. Así que se aprovechó de ello.

Aplastó la confianza de Evie, reduciéndola a una joven que buscaba desesperadamente su amor personal en la aprobación de otras personas. Buscando que la creyeran tan hermosa como su madre. La primera vez que rompió un corazón su madre la felicito tanto que sintió que estaba en las nubes. ¿Era así como ella tenía que ser? ¿Una descerebrada resbalosa que solo buscaba su propio beneficio?

Ella tenía un talento, era lista, pero abandonó todo eso en busca de una aprobación que nunca conseguiría.

Hasta Doug.

Su actual esposo había conseguido que creyera en ella misma, que fuera quien en verdad era. Irónicamente aquello mismo había hecho más que hacer que tuviera autoestima, Había provocado que se apropiara del mundo junto a sus amigos. Ella era malvada después de todo, esa era quien era en realidad. Y Doug la había impulsado a ser ella misma.

Cuando obtuvo su propio castillo había decidido que quería venganza.

Chad se había aprovechado de ella, la había humillado y jugado con sus sentimientos. Debía pagar.

Doug también había terminado en su castillo, al principio como un mero sirviente más. Era frecuentemente atormentado por quienes eran sus antiguos compañeros, todo debido a su pasada cercanía con quién ahora era la nueva Reina Malvada. Lo descubrió por accidente, un día que espiaba su cocina para asegurarse de que nadie la envenenara. Ahí estaba Doug, con unos idiotas que se burlaban de él como los cabeza-huecas que eran. Entrecerró los ojos mientras lo miraba tomar la bandeja de su comida y darle la espalda a sus abusadores, ellos no lo vieron pero ella tenía una vista perfecta de su rostro. Lo vio componer una mueca de profundo odio en cuanto pensó que nadie lo veía. No tenía ni idea de que Doug guardará tanto odio y rencor en su interior. Una malvada sonrisa se arrastró por su rostro. Que interesante.

Rápidamente lo convirtió en su asistente, quería tenerlo vigilado más estrechamente. Evaluar su comportamiento de cerca. Notó que él aún la miraba como lo había hecho en la escuela. Entonces aún le gustaba.

-¿No estás cansado?- le preguntó una noche en que se coló en su oficina vestida solamente con una bata de dormir semi transparente y su ropa interior de encaje. Doug la miro y rápidamente apartó la vista con el rostro colorado.

-Re-reina Evie…- tartamudeo. -¿Se… se le ofrece algo?

-Te hice una pregunta.- cerro delicadamente la puerta detrás de ella poniéndole seguro discretamente.

-A-ah sí, sí claro… ehh…

Evie se rió, un sonido encantador que hizo que Doug se relajara levemente.

-Te pregunte… ¿Qué si acaso no estás cansado?

-Ahmm bueno, en realidad no… su Majestad. No es un trabajo difícil.- dijo mirando fijamente el papeleo delante de él. Evie se acercó hasta ponerse detrás de él, hablándole justo en la espalda erizando los vellos de su nuca.

-No hablaba del papeleo, Doug.- susurro con una sensualidad que esa frase no debería tener.

Trago duro tratando de calmarse, negándose rotundamente a volver su vista para mirar a Evie.

-¿E-entonces?

Ella volvió a reír, solo que esta vez no le pareció encantador, sino aterrador.

-Hablo de tus enemigos.- susurró con dureza, Doug volvió su rostro para toparse con los fríos ojos de la reina. De alguna manera esos calculadores y helados ojos eran más excitantes que la suave mirada seductora.

-¿No estás cansado de que te traten como basura? Sabes que eres mucho mejor que ellos. Mírate, eres mi mano derecha y aun así osan burlarse de ti. Esos simples trabajadores de segunda.- su tono era cada vez más y más vicioso. Hablándole directamente a la parte más oscura y sádica de sí mismo. -Yo podría hacer que paguen… Podría hacer...

-No.

Aquella simple palabra había detenido a Evie por la sorpresa. Doug se dio la vuelta completamente, sus ojos detrás de aquellos anteojos lucían más duros de lo que nunca los había visto.

-¿Qué dijiste?

-Dije que no.- se puso de pie mientras Evie retrocedió por instinto. ¿Siempre había sido Doug tan alto?

Él se acercó a ella acorralándola contra un estante mientras la miraba con intensidad.

-Aunque es muy generoso de su parte ofrecer vuestros servicios así, mi Reina. Me temo que tendré que rechazarlos.- Doug puso su mano sobre su barbilla, acariciando los labios de Evie con su pulgar. -Es una oferta… tentadora.- susurro mirándola de arriba a abajo. -Pero la venganza… siempre debe de venir de la víctima.

Él se apartó de ella, liberándola de la presión que no sabía que había estado sintiendo al ver su espacio personal invadido. La sonrisa volvió a su rostro al verlo retroceder hasta su escritorio y convertirse de nuevo en el animalito tembloroso e indefenso que aparentaba ser.

-Pareces bastante seguro de ti mismo. Mucho más de lo que esperaba.- emprendió rumbo a la puerta con la intención de salir de la oficina. -Veremos si eso que dices es verdad.

No lo vio sonreír cuando salió de ahí.


A los tres días los matones habían sido envenenados.

Evie no pudo evitar traer una sonrisa a su rostro al ver lo ocurrido en su espejo. Había estado vigilando a Doug los últimos días, esperando por su movimiento y averiguar lo que tramaba. Pero aquello no lo había visto venir, estaban molestándolo otra vez, como usualmente lo hacían, quitándole su comida para burlarse de él. Ese día Doug llevaba manzanas, después de que los tres bullies le dieran su primer mordisco cayeron en redondo al suelo. Sus caras se pusieron azules mientras se asfixiaban hasta la muerte y extendían sus manos hacía Doug, pero él solo se quedo ahí mirándolos. Después de unos momentos ellos ya no se movieron más.

En su castillo todo se sabía. Todo lo conocía, no había secretos que pudieran ocultarse de sus ojos. Excepto, claro, los suyos propios.

-Espejito, espejito… Muéstrame a tu prisionera.

Del otro lado del espejo apareció su madre, no solo su imagen, si no que ella estaba ahí. Encerrada para siempre detrás del espejo encantado.

-Oh mamá… Te encantaría. No es un príncipe pero… Es perfecto para mi.- su sonrisa se extendió al ver a su madre golpear el otro lado sin éxito mientras sus mudos gritos se perdían sin que nadie pudiera escucharlos. Sus propias carcajadas llenaron la habitación mientras se burlaba de los inútiles esfuerzos de la mujer.

-Sí… Doug es perfecto para mí…


Ta chaaaan!

De verdad me gusta esta pareja , se nota?

Un poco del pasado de Evie y Doug, respondiendo además la pregunta de ¿dónde está la Reina Malvada? que tanto os hacéis.

Estos dos serán super importantes para la trama como ya habéis notado. Próximamente… La Reina Maligna, o tal vez no?

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