III.
"Perderlo a él fue triste y azul como nunca pensé que sería. Extrañarlo fue soledad gris. Tratar de olvidarlo es como intentar conocer a alguien con quien jamás te has encontrado. Pero amarlo a él fue rojo…"
Justamente en el instante en el que Yuri Katsuki logró su cuarto cuádruple sin dar signo alguno de cansancio o de debilidad, Victor Nikiforov supo que lo dicho por los reporteros el día anterior había sido verdad: la rutina del programa libre de Yuri era simplemente imbatible.
Victor observaba la presentación del japonés desde las gradas, él había presentado ya su rutina en el grupo anterior y al ver el cuerpo de Yuri deslizándose sobre la pista de hielo con la facilidad de un ave que surca el cielo, el ruso supo que nadie ahí estaba a la altura de aquel chico hermoso que interpretaba en cuerpo y alma aquella melodía que Victor conocía de sobra.
Un suspiro de admiración pura salió de los labios del ruso al ver que el cuerpo de Yuri se preparaba para realizar el último cuádruple de aquel programa que sin duda alguna sentaría un nuevo record olímpico y mundial si Yuri lograba el cuádruple Flip que se disponía a realizar en aquel instante y cuando el cuerpo de Yuri comenzó a rotar en el aire en ese movimiento casi horizontal que Victor le había enseñado a realizar, el ruso supo que sin duda alguna aquella había sido la rutina digna de un campeón olímpico, de un rey cuya corona nadie se atrevería a manchar sino hasta dentro de cuatro años.
El público gritó y vitoreó el aterrizaje perfecto de Yuri Katsuki quien terminó su rutina con suaves movimientos que le daban idea al espectador de la concentración y todo el amor que Yuri había puesto en aquella rutina porque sí, había amor en ella, había amor por él mismo y por el hielo incluso al final de todo.
La única diferencia era que aquella vez la mano de Yuri no estaba señalando a Victor como el único destinatario de aquel amor. La única diferencia era que al final de la rutina que Victor había ayudado a nacer, los brazos de Yuri se quedaban aferrados a su corazón como si el muchacho quisiera decirle a todo el mundo: "el amor por el hielo es el único amor que me queda y no dejaré que nadie me lo arrebate".
Aquel mensaje era claro y cuando el aplauso atronador que siguió a la presentación de Yuri se dejó escuchar por la arena, los ojos del joven japonés se llenaron de lágrimas porque él lo sabía en el fondo de su alma: había ganado, de verdad podría retirarse como Campeón Olímpico y siempre sería recordado por aquella hazaña, él definitivamente había logrado inscribirse en los libros de historia del deporte.
Deteniéndose a hacer una reverencia profunda al público que lo ovacionaba y a recoger uno de los tantos muñecos de felpa con la figura de un tazón de Katsudon que sus fans le regalaban después de cada presentación, el chico quien sonreía de forma brillante en medio de sus lágrimas en aquel instante, se deslizó por la pista hasta donde Celestino Cialdini lo esperaba con una sonrisa orgullosa y palabras de ánimo que no disminuyeron el nerviosismo de Yuri, y Victor encontró adorable aquella actitud nerviosa, siempre le había gustado de hecho.
Porque Yuri Katsuki había superado todas las expectativas y aun así seguía teniendo miedo de no haberlo hecho bien, no lo suficientemente bien y Victor sabía que aquella característica en Yuri era lo que hacía que el joven japonés siguiera mejorando.
La mirada azul de Victor seguía puesta sobre la piel de Yuri durante todo el momento en el que el japonés esperaba su puntuación y Victor no pudo evitar recordar todas las veces en las que había sido él quien había abrazado a Yuri mientras los dos esperaban el dictamen de los jueces. Por un segundo, Victor se preguntó cómo hubiera sido todo si él jamás se hubiera dejado llevar por sus propias ansias de éxito y se hubiera quedado con Yuri hasta ese instante.
Seguramente Victor habría besado a Yuri de pura emoción al ver el enorme número que los jueces le habían otorgado aquella vez, en lugar de estrechar su mano como Celestino había hecho. Seguramente, después de las entrevistas y el banquete de rigor, los dos habrían tenido una celebración privada en su habitación del hotel, una cena romántica a la luz de las velas y un baile lento, el tipo de baile que Yuri amaba tener con él, ese baile en el que sus cuerpos estaban cercanos el uno al otro, ese baile que siempre terminaba en otro tipo de danza sobre las blancas sabanas de la cama.
Pero aquello ya no sería y ni siquiera el hecho de saber que aquella ocasión él sí había logrado meterse al podio en un nada despreciable tercer lugar debajo de Kenjirou Minami, hizo que el ruso se alegrara porque de pronto era consciente de que estaría muy cerca de Yuri durante unos minutos, esos minutos en el que el himno nacional de Japón sonaría por los altavoces para honrar al nuevo campeón olímpico. Y después, la gente querría fotos de los tres juntos y él estaría al lado de Yuri, sonriendo en todas ellas pero ¿De qué serviría eso? ¿Y si mejor renunciaba a la ceremonia de premiación?
Los ojos de Victor se llenaron de pesar al comprender que no podría hacer aquello a riesgo de desatar de nuevo los rumores que había tomado tanto tiempo callar y suspiró profundamente antes de sentir que una presencia conocida se quedaba de pie al lado suyo.
-No hagas estupideces, anciano- dijo el joven Plisetsky con una mueca algo enojada por el hecho de haber fallado la presentación de su programa libre, lo cual había ocasionado que no pudiera colgarse ningún metal olímpico.
-No haré nada, solo me quedaré ahí, intentando no morir a su lado- dijo Victor sintiéndose de verdad intranquilo.
-Eso también es una estupidez, ya te dije que no todo es siempre acerca de ti- dijo el rubio riendo de forma burlona- ¿Quieres madurar de una vez? Felicítalo. Dile que lo hizo de maravilla, dile que sin duda alguna él no será fácil de olvidar jamás…
-¿Por qué no se lo dices tú?- dijo Victor pensando que la sola posibilidad de volver a hablar con Yuri era demasiado para su corazón.
-Se lo diré después, en el banquete quizá- dijo el chico Plisetsky con calma-. Mira Victor, si de verdad quieres seguir adelante y sanar, creo que debes empezar por pedirle una disculpa al Katsudon y después inevitablemente, podrás perdonarte a ti y seguir adelante…
-¿Qué pasa si no quiero seguir adelante?- dijo Victor buscando la figura de Yuri entre la multitud de reporteros que se había congregado a la salida del kiss and cry.
-Entonces seguirás sufriendo como el imbécil que eres- dijo Yuri Plisetsky con calma-. Yuri siguió adelante ¿entiendes? Tú debes hacer lo mismo. Después de hoy, será difícil que vuelvas a verlo, así que arregla esto, tú sabes que tienes que arreglarlo.
-¿Crees que él quiera darme una segunda oportunidad?- preguntó Victor con verdadera fe.
-Ya te la dio y la arruinaste- dijo Yuri Plisetsky de forma directa-. Escucha Victor, no puedes pretender que aquello que está roto se arme de nuevo sin fisuras ni marcas, las cosas no vuelven a ser jamás lo que eran después de que alguien las destruye. No importa qué tipo de pegamento uses, ni siquiera importa si a eso quieres llamarle neciamente amor. Así es con Yuri Katsuki, lo rompiste. Discúlpate por eso, y sigue adelante, es lo más digno que puedes hacer ahora…
Yuri Plisetsky se alejó de él con calma y Victor dejó que sus ojos se perdieran nuevamente en la figura de Yuri Katsuki quien seguía contestando preguntas al lado de su entrenador sin dejar de sonreír y agradecer a todo el mundo por su continuo apoyo y antes de alejarse para prepararse para la ceremonia de premiación, Victor decidió que Yuri Plisetsky tenía razón: tenía que dejar ir a Yuri, tenía que soltar su recuerdo para poder sanar. Lo cierto era que aunque en ese momento Yuri no parecía necesitar una disculpa tardía, Victor sí necesitaba enunciarla.
Y es que perder a Yuri había pintado todo de un azul triste y cansado como el color de sus pupilas que hacía demasiado tiempo había olvidado cómo brillar. Pero eso, la idea de la pérdida total era algo con lo que Victor no se había enfrentado hasta ese momento y era más que obvio que tendría que hacerlo de una buena vez. Yuri ya no era parte de su vida, antes lo había sido pero él mismo lo había alejado. Tenía que soltar los recuerdos. Tenía que hacerse a la idea de que para él ya no existiría ninguna oportunidad.
Victor había dejado que el infierno se desatara y era culpa suya no haber podido controlar a los demonios que había liberado, los demonios que se habían encargado de quemarlo todo, en especial el corazón de Yuri Katsuki donde todo el amor que sentía por él había también agonizado.
Sí, había extrañado a Yuri como un imbécil después de que el chico se fuera de Rusia sin si quiera recoger sus cosas del departamento que los dos habían compartido, cosas a las que Victor solía aferrarse en medio de su soledad mientras se preguntaba de dónde demonios habían venido las palabras crueles que le había gritado a Yuri con odio de verdad.
Y es que él sabía que aquellas palabras eran fruto de un odio profundo que se había ido gestando en su interior al ver el modo en el que Yuri había empezado a cambiar dentro y fuera del hielo; aquel odio venía del simple hecho de que Victor no podía soportar la idea de que Yuri pudiera hacer cosas mejor que él o incluso sin él.
Hubiera sido una mentira decir que no había querido decir ninguna de aquellas cosas porque la verdad sí había querido, él simplemente había querido que Yuri volviera a ser el chico inseguro que alguien como él podía amar sin miedo de ser superado. El simplemente había creído que, como siempre había sucedido, Yuri lloraría un poco por lo que le había dicho y después el chico japonés volvería a correr a sus brazos.
Pero era más que evidente que eso ya no era suficiente para Yuri y aquella sentencia lo golpeó con fuerza: esa era la verdad, no era que Yuri jamás hubiera sido bastante para él, era él mismo quien jamás había sido suficiente para Yuri.
Los pies de Victor comenzaron a moverse con rumbo a los vestidores, en aquel momento de verdad quería esconderse debajo de una roca para no tener que enfrentarse a la cercanía de Yuri pero era cierto que debía dejar de ser un idiota. Él tenía que salir en la foto de la victoria, él tenía que felicitar con respeto al digno ganador. Él tenía que empezar a ser un hombre de verdad, un hombre y no un niño encaprichado que grita cosas crueles cuando el mundo no le da lo que quiere solo con quejarse y patalear.
El hombre suspiró con aire resignado y decidió esperar por la llamada del staff organizador para acercarse al podio en medio de la pista de hielo donde los vencedores que habían inscrito su nombre en la historia del olimpo recibirían aquella medalla que solía ser la más importante y valiosa de cuantas un atleta pudiera ganar.
La llamada no se hizo esperar mucho tiempo y como Victor había ganado el tercer lugar, fue él el primero en entrar al hielo con su mejor sonrisa de campeonato. Su corazón estaba latiendo de forma terrible, él sabía que tenía que calmarse pero no le era posible. Porque Kenjirou Minami estaba entrando a la pista ahora y detrás de él, sonriendo con orgullo al patinar y agradecer al público mientras se acercaba al podio, estaba Yuri Katsuki usando una de sus sonrisas más bellas, esa sonrisa que dejaba ver que el joven estaba definitivamente feliz y contento consigo mismo.
Y aquella sonrisa hería como la luz del sol, aquella sonrisa era una sonrisa donde Victor no tenía lugar y al ser consciente de ello su corazón dejó de latir por un segundo porque aunque el campeón olímpico se acercaba a él y a Minami con el rítmico deslizar de sus pies sobre el hielo, Victor sabía que Yuri estaba a miles de kilómetros de él, que aquella distancia no se alteraría jamás.
Fue en ese momento, al llegar al lado suyo, que los ojos de Yuri Katsuki volvieron a posarse en él y siguiendo el protocolo de la premiación, Yuri le ofreció su mano a modo de felicitación y Victor se quedó helado sin saber muy bien cómo responder a ese gesto.
-Felicidades, ha sido un honor competir contra usted- dijo Yuri Katsuki sin borrar la sonrisa de sus labios-. Gracias por dar lo mejor de usted en la pista.
El corazón de Victor se encogió dentro de su pecho al escuchar la frialdad de aquellas palabras y el tono mecánico en el que Yuri las había pronunciado. Yuri ni siquiera lo había felicitado en el tono casual y feliz en el que los vencedores de una competencia se felicitaban el uno al otro. Yuri no estaba haciendo esfuerzo alguno por reconocer su existencia. Yuri le estaba dejando en claro que él no significaba nada en su vida, que él era solo un competidor más, solo una persona sin nombre y rostro definido en el mundo del japonés.
-El honor fue mío, Yuri- dijo Victor sin borrar con sus palabras la sonrisa del patinador japonés-. Nadie hubiera podido vencerte, patinaste con el corazón, patinaste con todo lo que eres y debo decirte que estoy orgulloso de ti y yo te…
-Gracias- cortó Yuri antes de que Victor pudiera por fin estrechar su mano-. Es muy amable, de nuevo felicidades para usted y para su país.
El chico Katsuki se alejó de él después de eso y se acercó a Minami para abrazarlo y desordenar su cabello rubio como un hermano mayor habría hecho con su hermanito pequeño y todos los fans del equipo japonés de patinaje artístico se volvieron locos al ver a sus dos máximos representantes festejando de aquel modo adorable el 1-2 que habían logrado para su país en aquella competencia.
Y algo parecido a los celos y a la envidia más pura empezó a dibujarse en el alma del hombre de los ojos azules quien para ese entonces estaba recibiendo ya su medalla de bronce. Y es que al estar cerca de Yuri quien vitoreaba con fuerza mientras Minami recibía su medalla de plata, las ganas de ser un hombre maduro que sabía cómo dejar ir aquello que de cualquier modo ya no estaba en sus manos ni sería suyo jamás, se fueron definitivamente al carajo.
Y es que cuando las lágrimas aparecieron de nuevo en las pupilas del nuevo campeón olímpico quien estaba recibiendo ahora su medalla de oro, Victor supo que no podía rendirse, no todavía, no jamás. Sí, sin duda alguna estaba siendo un terco de mierda pero no le importaba. Él quería volver a ser parte de la sonrisa de Yuri, él quería ser parte también de las lágrimas de aquel hombre al que la victoria siempre le había sentado de maravilla.
Él podía hacerlo, de verdad podría arreglarlo todo y para lograrlo, solo necesitaba que Yuri volviera a mirarlo, que Yuri volviera a hablar con él. Porque quizá ahora que Yuri iba a retirarse, ya nada podría separarlos ¿no era así? Vamos, Yuri tenía que perdonarlo, seguramente Yuri también había sentido que cuando los dos estaban cerca las chispas de un antiguo sentimiento volvían a brotar entre los dos como había sucedido desde la primera vez que habían estado juntos.
Victor decidió pues que su oportunidad de hablar con Yuri vendría justo después de la ceremonia de premiación y tratando de llenarse de valor, el hombre de los ojos azules miró emocionado al campeón olímpico quien en ese instante escuchaba el himno nacional de su país con esa mezcla de orgullo y felicidad alocada que todos los atletas sentían al saberse los ganadores de una presea de aquella magnitud para todo un país.
Y es que Yuri lucia completamente hermoso usando aquel traje azul decorado con el lirio de colores que adornaba su espalda, ese lirio que era una referencia a su nombre y su historia sobre el hielo porque Yuri era así, una flor que crecía en el invierno, una flor que encontraba todo su encanto y su belleza cuando se encontraba rodeado de frío y de hielo.
Y de pronto Victor volvió a sentir aquel amor quemante, vibrante y rojo como una llama. Al ver las lágrimas resbalando por las mejillas de Yuri, Victor sintió de golpe todo el amor que él había sentido por Yuri, ese amor que pareció habérsele olvidado cuando todo empezó a irse a pique. Porque sí, amar a Yuri había sido intenso como el color rojo, intenso e imposible de ignorar al estar cerca de él. Aquel amor había sido una llamarada que seguía ardiendo en su pecho con seguridad y tenía que recuperarlo, tenía que hacerlo.
Después de que las ultimas notas del himno nacional de Japón se dejaran escuchar en el recinto, los tres patinadores posaron para las fotos conmemorativas y a Victor no le sorprendió que Yuri no tuviera gana alguna de tocarlo, pero el chico no se quejó cuando Victor posó su mano izquierda sobre la espalda fuerte y cálida de Yuri quien apenas reaccionó al tacto del patinador ruso y sin embargo, aquel contacto había hecho que el corazón de Victor comenzara a bombear sangre de forma alocada por todo su sistema.
Fue en el instante en el que Yuri Katsuki se alejaba del último reportero con rumbo a los vestidores que Victor se acercó a él sabiendo que de verdad aquella era su última oportunidad, que tenía que aprovecharla o resignarse a estar lejos de Yuri por siempre. Así que deslizándose sobre el hielo hacia la salida, cuidando que el encuentro con Yuri sucediera lejos de los reporteros, el hombre se apuró a ponerse los protectores de las navajas de sus patines y de forma rápida siguió a Yuri por el túnel que conectaba la pista con los vestidores y en un segundo que lo decidiría todo, tomó la mano del chico japonés quien, al sentir el tacto de sus dedos sobre su piel, pareció quedarse congelado.
El rostro hermoso de Yuri, ese rostro que después de una competencia siempre lucía sonrojado y brillante, se volvió hacia él y Victor no se sorprendió al ver molestia en aquellos ojos marrones que en otro tiempo lo habían mirado como si él fuera lo más hermoso del universo.
-Por favor, escúchame solo dos minutos- dijo Victor antes de que Yuri pudiera hablar para pedirle que lo dejara en paz.
-No quiero escucharlo, lo siento- dijo Yuri mirándolo a los ojos-. Usted y yo no tenemos nada de que hablar.
-Escúchame, te lo ruego- dijo Victor con desesperación-. Escúchame ahora, te juro que es la última vez, te juro que si me escuchas ahora no tendrás que volver a escucharme nunca más en tu vida…
Los ojos marrones de Yuri lo miraban con franca desconfianza y algo de burla pero a Victor no le importó. Aquella era buena señal, Yuri precia estar dispuesto a escucharlo y tampoco se había alejado del contacto de su mano. Había esperanza para él, de verdad la había y Victor decidió aferrarse a aquel deseo con todas las fuerzas que quedaban en su corazón.
-Entonces hable ya- dijo Yuri zafándose de su agarre-. Hable ahora. Si quiere que yo lo escuche, entonces voy a escucharle…
Victor asintió sin dejar que la frialdad de Yuri amainara las llamas que ardían dentro de él. Aquella era su última oportunidad de volver a la vida de Yuri y más le valía no echar a perder todo como era su fatídica costumbre hacer siempre…
