2 El barco
Al llegar al muelle y ver como Kotori señalaba un gigantesco transatlántico no podía creérmelo. El muelle estaba abarrotado de gente que formaba inmensas colas y se oía un barullo agobiante que solo el sonido del mar acallaba de vez en cuando.
Ella estaba muy emocionada arrastrando su equipaje y el de Umi sobre los tablones de madera que conformaban el muelle de Osaka pero Umi y yo estábamos boquiabiertas frente a la entrada de pasajeros:
- ¿Vamos a viajar en eso? - pregunto Umi ligeramente alterada y lanzándome miradas de terror. Que poco le gustaban a Umi las sorpresas...
- Os lo explicaré cuando estemos a bordo, no tenemos mucho tiempo - respondió Kotori mostrando su reloj de pulsera. Tenía razón, quedaban apenas quince minutos para la salida del barco y aún no habíamos pasado ni los controles de seguridad.
Sin embargo, aun entendiendo el temor de Umi por no tenerlo todo bajo control yo compartía el entusiasmo de Kotori. Esperaba encontrarme un ferry que nos llevara de isla en isla y mostrara el encanto de Japón a los extranjeros o una lancha o quizá un bote de remos… me daba igual porque mi única preocupación era poder llegar seis dias más tarde al monte Fuji y eso podía hacerlo en cualquier medio de transporte. Pero puestos a pedir, mejor el transatlántico.
Una vez a bordo del barco nos dirigimos a la zona del restaurante para poder sentarnos y relajarnos. Encontramos una mesa libre en la terraza, al aire libre en la cubierta del barco:
- No podemos quejarnos eh - dijo Kotori dejándose caer sobre una de las sillas - tenemos una semana de crucero por las islas para que ambas encontréis la inspiración.
- ¿inspiración? - pregunté yo. Esa debía de ser la excusa que Kotori se había sacado de la manga para liarlo todo y subirnos al barco. Al menos a Umi, yo estaba allí de casualidad y por otros intereses…
- Llevais meses sin conseguir crear nada nuevo, os falta emoción - dijo absolutamente convencida - a ti en el baile y a ti en las letras. Necesitais una pequeña aventura que despierte la emoción que lleváis dentro.
- Vale, quizá una pequeña aventura no nos haga daño - concedió Umi - ¿pero de dónde te has sacado los billetes para un viaje así?
- Oh, la empresa nos da bonificaciones cada semestre y resulta que tienen un convenio con el señor Hideko, el patrocinador de los cruceros, y con alguna empresa de viajes más para que las vacaciones nos salgan mejor de precio a los trabajadores.
- ¡vaya con tu empresa!
- Después las empresas de viaje invierten en nosotros - nos explico Kotori - es una forma de que todos salgamos ganando.
- Comprendo - asentí yo - y tú has pensado que la mejor forma de invertir tus vacaciones es que Umi y yo ganemos inspiración con una pequeña aventura
- Ocurra lo que ocurra no creo que sea malo y creo que os hacía falta, como mínimo, salir de Osaka
La inocencia que a veces parecía caracterizar a Kotori me sacó una sonrisa. Despues de todo, con esas intenciones o con otras, había sido muy generosa al invitarnos. Quizá eso mezclado con el buen tiempo y la perspectiva de viajar sobre aquel gigantesco barco me hicieron sentir que mi pequeña aventura no podía salir mal.
- Vamos a descansar un poco antes de comer - propuse yo
- si, vamos - Umi coincidió y se levantó de la silla pero Kotori aún tardó unos segundos demás en seguirnos:
- Ah, sobre eso - empezó a decir - ha habido algún tipo de error con las habitaciones...
Curiosamente había habido un error con las reservas y en lugar de tres camarotes había uno individual y otro compartido. Y ahí estaba la pobre Umi que no sabía como escapar de la que yo suponía que no era la última trampa que Kotori tenía preparada… frente a las puertas de ambos camarotes Kotori estaba de pie sujetando las dos llaves correspondientes a sendas puertas. La pobre seguramente lo había hecho adrede pero ahora no sabía muy bien cómo encauzar la situación para no asustar a Umi asi que fui yo la que decidió darle un pequeño empujoncito a la pequeña aventura de Umi:
- Y bien? - dije resulta y le guiñé un ojo a la peligris
- oh..em...esta es la de la habitación indivi… - empezó a decir tímidamente
- Perfecto - respondí yo cogiéndole esa llave en cuestión y fui directa a encerrarme en el camarote
- Esper… Eli, ¡Espera! - tartamudeó Umi
- Reclamo mi derecho de senpai a hacer lo que yo quiera - y sin más discusión cerré la puerta.
Sabía perfectamente que Umi estaba planeando volver a nado a Osaka, o al menos valorando la posibilidad pero también sabía que estaba enamorada de Kotori desde la preparatoria. Era una relación curiosa pero muy tierna así que en vez de cuidar de Umi le di mi voto de confianza a Kotori por una vez.
Una vez a solas en el camarote me fue imposible dormir. Me dejé caer sobre la mullida cama y traté de relajarme hasta que pude sentir el suave contoneo del barco sobre el agua. mi cuerpo consiguió relajarse pero mi mente no; estaba demasiado alterada y nada había causado en mí ningún tipo de emoción desde la época de preparatoria. Por aquel entonces mi vida se reducía a los estudios y al ballet, nada me hacia tan feliz como subirme al escenario y contemplar el telón mientras se abría, las obras, la música y el baile. Todo aquel mundo de espejismos en el que contábamos una historia con música y baile a los espectadores y les convenciamos de que estaban viendo un sueño mejor que cualquier película o teatro, en directo y con auténtica magia. Ese era el mundo que yo amaba y ese fue el mundo que me condenó al destierro. Habiendo fallado en demasiadas pruebas con el paso de los años y viendo como mi talento no fue suficiente para lo que yo pretendía hacer, me dediqué a cumplir mi condena y a ganarme la vida de otras formas pero siempre sobre un escenario. No era el despliegue de música, luz y color de los antiguos escenarios a los que yo estaba acostumbrada pero era un escenario al fin y al cabo, y mi antiguo director de escena solía decir que "allí donde hay público, hay un escenario que llenar con talento" así que terminé por transformar el club de Osaka en mi nuevo hogar y a actuar con las canciones que escribía Umi… aunque Kotori tenía razón, ninguna de las dos eramos tan felices como solíamos serlo…
Al darme cuenta de que mi mente no planeaba desconectar del mundo real y ya había empezado a dar vueltas sobre el pasado, decidí salir del camarote y ojear por la cubierta del enorme transatlántico. Al salir de la habitación y ver de frente el camarote de Kotori y Umi no pude evitar reír por lo bajo, caminé por el pasillo de las habitaciones hasta salir por fin a la cubierta. El sol y el aire del océano me golpearon en la cara como si me despertaran del ensueño en el que estaba mi mente, aún revuelta con os recuerdos del pasado. Lo tomé como una señal de que aquel viaje probablemente me ayudaría a romper de verdad con esos días grises en los que me encontraba estancada, llevándome quizá al patio del castillo de la Princesa Kaguya.
Kotori levantó su mano desde el fondo de la cubierta al verme, estaba apoyada en la barandilla del final, contemplando el mar como la mayoría de los pasajeros. Me acerqué cuando vi su gesto y le pregunté:
- ¿Dónde has dejado a Umi?
- Oh, la pobre estaba demasiado cansada… - me dijo - no quise agobiarla y la dejé dormir, de todas formas, me sobran días…
Yo tenía razón: Kotori debía tener más trampas planeadas. Pobre Kohai…
- Buenas tardes, Hideko-san - dijo de pronto Kotori - gracias por conseguir los billetes con tan poca antelación.
- Oh, buenas tardes - respondió el caballero que pasaba justo a nuestro lado. - No hubo problemas con ello, además siempre tenemos billetes de reserva para cubrir las cancelaciones de última hora.
- Ella es Eli, una de las amigas que me acompañan - Kotori me presentó al ver que Hideko-san se fijaba en mí de reojo.
- Mucho gusto y gracias por las molestias - dije por cortesía.
- El gusto es mío - sonrió amable- ¿Sabéis? Este es uno de mis viajes favoritos, aunque no se aleja demasiado de las islas, los paisajes y la temporada son los mejores.
- ¿Supervisa en persona todos los viajes?
- ¿Supervisar? - se sorprendió - hoy soy un pasajero más, me gusta disfrutar de los cruceros de la compañía de vez en cuando, incluso traigo a mi familia cuando puedo…
- Hideko-san terminó por despedirse y dirigirse a la zona de los camarotes. Kotori y yo seguimos mirando el océano unos minutos más hasta que la tarde empezó a oscurecerse y el frío nos hizo regresar al interior del barco.
