CRACK
-¿Algo está mal con la joven Lady Black?- Un Kreacher más joven de lo que lo recordaba estaba frente a ella, observándola algo frenético- Kreacher la oyó gritar-
Black.
La había llamado Lady Black.
Sus recién adquiridas emociones que provenían de la mente de Hermione (aparentemente) Black estaban listas para perder la cabeza y echarse a llorar, pero Hermione Granger, de 19 años, que había sido endurecida por la guerra grito en su mente "¡continua vigilancia!", no podía dejar que nadie notara nada extraño. No había una sola manera en el infierno en que ella se declarase una hija de muggles en la casa de la más antigua y honorable familia Black. Seria suicidio.
-E-estoy bien, Kreacher, solo me caí de la cama- murmuro, con voz infantil y una sonrisa pensada para desarmar al elfo. En un impulso, lo abrazó, y de pronto imágenes vinieron a su mente, de muchas otras ocasiones en las que había demostrado su afecto al elfo de la familia, que parecía adorarla. Kreacher amaba servir a la familia Black, pero la pequeña Hermione era su persona favorita, a diferencia de su hermano Sirius al que parecía despreciar con intensidad.
Oh.
Sirius es su ¿hermano?
Otra imagen vino a ella, Sirius, ella y… Regulus, ¡Regulus! ¡Su adorable hermano menor!, se escondían en la biblioteca junto a su padre Orion Black, y él les leía. Estaban evitando a su madre, Walburga Black. Obsesionada con su imagen y el "honor" familiar, Walburga no ganaría en ningún momento cercano ningún premio a la mejor madre o esposa. No importaba, lo que carecía en su madre, sobraba en la calidez de su padre. Ella era la luz de sus ojos, su princesa.
-Kreacher ayudara a la joven Lady Black a prepararse para desayunar- con sus pensamientos interrumpidos, la joven permitió al elfo elegir un vestido para ella y ayudarla a colocárselo. Aunque Hermione Granger estaba totalmente incomoda con la idea de tener a un elfo haciendo todo por ella, Hermione Black no recordaba algo que fuese más natural. Los elfos adoran servir a sus familias y, mientras más importante la familia, más honor les traía. Servir a la antigua y honorable casa Black hacia a Kreacher muy feliz.
Al bajar al comedor, ya todos se encontraban sentados a la mesa.
-Buenos días, Madre, Padre- dijo, inclinando su cabeza respetuosamente hacia cada uno, tal y como en sus recuerdos. Un remolino negro impacto contra ella, y terminó en el suelo. Unos ojos grises la miraban con una mezcla de emociones que iba desde tristeza hasta emoción.
-Buenos días a ti también, Reg- rió, abrazando a su hermano menor.
-no te vayas, Mia- le dio su mejor impresión de cachorrito triste. Hoy Sirius y Hermione partían hacia Hogwarts, pero Reg debía quedarse atrás, hasta el próximo año.
-Regulus Arcturus Black! Esa no es la forma en la que se comporta un Lord, ciertamente no un miembro de la antigua y noble casa Black! Suelta a tu hermana de inmediato- ambos arrugaron sus narices al oír los atronadores gritos de Walburga Black. "Peor que el cuadro, quien lo diría"
Reg la ayudo a levantarse, y se sentaron a la mesa- prometo escribirte al menos tres veces por semana, hermanito- le dió una sonrisa a Sirius, que estaba sentado frente a ella, el le devolvió una sonrisa pequeña, casi una mueca.
Sus recuerdos le mostraban que Sirius y ella, a pesar de quererse, tenían una relación tensa. Siendo mellizos, habían crecido muy unidos, pero Sirius, teniendo una actitud rebelde ante las normas de la familia, pronto se había convertido en la oveja negra; mientras tanto, ella había tratado de ser la mejor hija que pudiera ser, siempre comportándose como se esperaba, teniendo así la oportunidad de interceder por él. A un nivel intelectual, Sirius comprendía que lo hacía para protegerlo, pero el claro favoritismo de sus padres, en comparación con él, había creado unos celos que eran difíciles de sobrellevar. Cuando Reg había comenzado a caminar y seguirlo a todos lados, la relación entre los mellizos había mejorado, eran los tres contra el mundo. Lamentablemente, Regulus había decidido, tras una docena de castigos por seguir los pasos de su hermano mayor, que su hermana mayor le traía mayores beneficios y una vez más, Sirius había sido dejado de lado en pos de la hija perfecta. Su relación se había deteriorado desde entonces. Se trataban civilizadamente, y estaban ahí para el otro cuando algo sucedía, pero no había risas ni juegos compartidos. Ella tomaba sus clases de etiqueta, mientras él se escurría por la red flu para escapar al callejón Diagon; ella aprendía las bases teóricas de la oclumancia mientras el volvía loco a su instructor con sus bromas.
Tras el desayuno, la niña se levantó y subió a prepararse, poniéndose el uniforme que recordaba haber comprado días atrás en el callejón Diagon, guardando su varita, pidiéndole a Kreacher que bajara sus ya empacadas valijas, con todo lo que necesitaría para el año. Antes de que desapareciera por la chimenea rumbo a la Estación junto a su mellizo, un melancólico chirrido la obligo a detenerse.
-No me estaba olvidando de ti, Poen- dijo, su voz delatando cierta culpabilidad. El augurey voló hasta posarse en el hombro de su dueña, jalando un mechón de su cabello con su pico, a modo de amonestación. Hermione rió- ok, tal vez si me había olvidado de ti por un momento- otro lamento escapo del ave. Sirius ya se había adelantado en abandonar la casa. La pelinegra se apresuró a seguirlo luego de despedirse de Reg, que no iba a acompañarlos hasta la Estación. Tal vez sus padres creían que lograría infiltrarse en el tren antes de que ellos lo notasen.
Sirius ya habría abordado, no estaba allí cuando llegaron y, rebelde como era, por nada del mundo querría perderse el viaje a Hogwarts. Antes de que abordase, Hermione recibió una despedida al unísono por parte de sus padres: "Haz honor a tu Casa, hija mía".
Sin presiones, uh?
Al subir, se encaminó al último compartimiento del tren, que permanecía vacío. Muchos se encontraban aun en el pasillo, presentándose unos a otros; otros, ya se habían armado algún tipo de grupo y tomado posesión de una cabina. Antes de cerrar la puerta de su cabina, divisó a Sirius que ya parecía haberse topado con James Potter y Peter Pettigrew. Hermione Granger araño la prisión de su propia mente, la furia creciendo en su interior al ver a aquella rata traidora. "Sería tan fácil quitarlo de en medio ahora, cuando no es una gran amenaza", susurro aquella voz que la acompañaba desde que la guerra había comenzado. Pero no, esta era Lady Hermione Walburga Black. Se mantendría atenta, y manejaría sus conocimientos con la astucia digna de su Casa.
La niña cerró sus ojos, que parecían en aquel momento reflejar su verdadera madurez, y se dejó caer en uno de los asientos del compartimiento. Primero que nada tenía que resolver el misterio de su existencia en esta línea temporal.
Veamos…
Casa de los Gritos.
El cuerpo del profesor Snape.
Sangre.
Un beso.
Su magia ¿surgiendo? ¿Escapando? De su cuerpo.
Un Avada Kedavra lanzado a sus espaldas.
La puerta del compartimiento se abrió de golpe, sacándola de su trance abruptamente.
Allí, una niña pelirroja la miraba con cálidos ojos verdes. Conocidos ojos verdes.
Y, siguiéndola, un niño pálido, de ojos y cabello azabaches. Ojos más que conocidos. Ojos que aun ahora tenían esa mezcla de desconfianza y alerta continua, pero unidas a una timidez y una inseguridad que nunca antes había visto.
"Desearía haber tenido el privilegio de conocerte antes, yo te habría amado, hasta el final", la voz rota por los sollozos de Hermione Granger hizo eco en la mente de la joven Black.
Su deseo estaba parado frente a ella, con apenas once años. La mezcla de añoranza traída de su antigua línea temporal, y la emoción infantil que despertaba el recuerdo "ajeno" a la actual Hermione, la obligaron a morderse la lengua para evitar dejar escapar esa palabra que moría por salir de sus labios:
"Severus…"
Hola! Cómo están? Aquí dejo un capitulo un poco más largo. Espero que les guste, y me dejen sus opiniones, comentarios y críticas (constructivas) para seguir mejorando en esto.
Gracias por leer!
Lady Black Snape
