Las semanas continuaron pasando con normalidad. Clases y reuniones junto al lago. Hermione y Severus se habían vuelto inseparables, el niño lograba abrirse más y más a su nueva amiga cada día, y a menudo podía vérsele sonreír mientras caminaban juntos por el pasillo.
Esto no pasaba desapercibido para cierta joven pelirroja. Lily no estaba disfrutando su tiempo en Hogwarts. Amaba sus clases, y disfrutaba su tiempo con sus tres amigos pero, fuera del tiempo que pasaba con ellos, sus días no eran color rosa.
No había pasado más que una semana cuando sus compañeras de habitación habían decidido dejar de dirigirle la palabra, a menos que fuese para insultarla. Un castigo por las compañías que había elegido. Claro, Remus pasaba por la misma situación, pero él no parecía para nada molesto con la expectativa de ser ignorado indeterminadamente. Lily no podía decir lo mismo.
Odiaba que nadie le hablara, odiaba que susurraran a sus espaldas, odiaba que la hicieran sentir como si no perteneciera allí en absoluto. Casi deseaba regresar a casa, aun si tuviera que soportar allí a Petunia.
Y Severus. Ella había creído que sin importar lo que pasara cuando arribaran a Hogwarts, a él, al niño que se aferraba a ella como si fuese el mismo aire que necesitaba para respirar, lo tendría a su lado incondicionalmente. Y es que Severus Snape la había mirado como si fuese una divinidad desde ese primer día en la plaza, cuando tenían nueve años; cuando le hablaba era como si una plegaria cayera de los labios de un devoto. Ella había florecido bajo su atención, y ante la seguridad de que él siempre estaría ahí, aun si ella tenía otros planes. Él siempre estaría esperando por ella.
Si era sincera consigo misma, desde hacia tiempo sabía que Severus tenía un pequeño enamoramiento con ella y, si bien no compartía esos sentimientos, nunca lo había desalentado. Había mantenido su ego a flote, a pesar de las horribles cosas que su hermana le decía a diario.
Pero eso había cambiado. Severus no la buscaba en los pasillos, ni trataba de pasar cada segundo disponible con ella. Estaba ocupado con sus nuevos amigos.
Y ella, que siempre había sido la más extrovertida de los dos, se sentía inadecuada. Y eso no era todo, había vuelto a ver esa mirada en él. Solo un problema.
Hermione Black.
Estaba dirigida a Hermione Black.
Era como si lo hubiese embrujado, ¡ella lo conocía desde hace tres años!, ¿cómo podía aparecer una perfecta extraña y arrebatárselo en menos de tres semanas?
Era ridículo, ella siempre parecía estar sonriéndole, y admirando sus avances "lo cual es ridículo porque Hermione Black es perfecta en todo y primera de la clase", pensó la niña, con amargos celos. Siempre parecía saber que decirle al pelinegro, y la había visto tocarlo casualmente, en su mano, en el hombro, abrazarlo fugazmente, ¡incluso la había visto besarle la mejilla! Y él se sonrojaba y la seguía a todos lados como un cachorrito a su ama.
Lily recordaba lo exasperante que podía ser, tenerlo siempre dispuesto a seguirla a todos lados. Pero Hermione Black nunca perdía el control, nunca se desesperaba con él, no, ella era demasiado perfecta para rebajarse así, como los simples mortales, ella siempre sonreía.
Lily sabia, en el fondo, que sus celos y su amargura hacia la otra niña eran infundados. Hermione no había sido nada sino amable con ella, siempre dispuesta a ayudarla cuando no entendía algo, o escucharla por horas. Era una buena amiga, y tal vez eso era lo que le molestaba más, el no poder odiarla con la conciencia tranquila; no poder fundamentar sus sentimientos negativos. Si ella hubiese sido como el resto de los slytherins, si ella la hubiese ofendido de alguna manera, todo estaría justificado, y Severus no estaría interesado en ella en lo más mínimo.
Incluso Remus, compartiendo la misma Casa que ella, parecía sentirse más a gusto con Severus y Hermione que con ella. Sabía que los dos slytherins se veían en la sala común de su Casa para leer o pasar tiempo juntos pero, fuera de las reuniones en el lago en las que los cuatro estaban presentes, Remus jamás había mostrado interés en pasar tiempo con ella.
Y Lily lo resentía. Lo resentía todo.
El abandono de Severus.
A Hermione por "robarle" a su mejor amigo.
La apatía del joven Gryffindor.
Ella no tenía porqué contentarse con ser la anónima amiga de la perfecta Hermione Black.
¿Por qué no podía ser ella a la que buscaran para consultar dudas sobre una clase, o a la que pidieran opiniones, o a la que observaran como ejemplo?
Ella lo merecía tanto como cualquier otro.
Y si ellos no podían ver su valor, entonces tal vez debería buscar nuevos amigos.
Con eso en mente, la oji-verde se sentó en su escritorio con el libro de Pociones, dispuesta a leerlo completo y tomar apuntes. Hermione no iba a dejarla atrás tan simplemente. Ella era igual de inteligente, igual de capaz, e iba a probarlo.
En las mazmorras, una niña de ojos grises estaba acostada en su cama, observando su calendario, sin tener la más mínima idea de lo que pasaba por la mente de su única amiga, con una preocupación mucho más seria frunciéndole el ceño.
"Tres días para la luna llena…"
Buenas noches, ¿cómo están? Antes que nada quiero tomar un momento para recordar a un gran hombre, una gran persona y un maravilloso actor en el aniversario de su fallecimiento. Un día como hoy, el año pasado, el mundo se convirtió en un lugar más oscuro ante la pérdida de Alan Rickman. Nos hizo llorar, nos hizo reír y nos enseñó muchas cosas a través de todos los personajes que personificó (especialmente como el profesor Snape) y dejó algo de sí mismo en cada fan.
Las personas que nos han enseñado algo, nos han hecho sentir algo, nunca nos abandonan, son eternos en esas pequeñas y grandes cosas que dejan en otros.
'After all this time?'
'Always'
21.02.1946-14.01.2016
Espero que disfruten el capítulo, y sin más. Me despido.
Lady Black Snape
