Dos días más pasaron, y Remus y Hermione se veían exhaustos. Remus estaba en el hospital cada mañana, disculpado de sus clases.
Severus no sabía que pensar.
El primer día, había ido a hablar con Remus sobre la extraña actitud de Hermione, solo para encontrarse con un muy incómodo Gryffindor tratando de desviar el tema. Sus sospechas crecieron. Remus era un mentiroso terrible.
Cuando sucedió lo mismo la mañana siguiente, Severus decidió ir a ver a Remus luego de que todos fueran a dormir, esperando que Hermione se estuviese escabullendo también para visitar a su enfermo amigo pero, ¿Por qué estaban intentando ocultarlo de él?
Que grande fue su sorpresa al encontrar que ni Hermione ni el mismo Remus se hallaban en la enfermería.
Frustrado, regreso a su dormitorio antes de que alguien pudiese verlo. Al menos había tenido suerte, y nadie lo había atrapado en su escapada nocturna.
-¿Qué está sucediendo, Hermione?- el pelinegro frente a ella la miraba con el entrecejo algo fruncido, como una previa del estricto hombre que ella sabía podía llegar a ser.
-No sé de qué hablas, Severus- ella rió, de inmediato frunciendo su propio entrecejo con disgusto. Usualmente era mejor en el área del subterfugio, pero Severus era alguien a quien nunca hubiese querido mentir. Por supuesto, eso la hacía una pésima mentirosa cuando increpada por él.
El joven alzó su babilla con obstinación, intentando ocultar el dolor que le producía haber sido dejado de lado por quien rápidamente se había convertido en un pilar en su vida.
-Creí que éramos amigos, pero veo que estaba equivocado. Con permiso, Lady Black- Hermione dio un paso hacia atrás, sintiendo como si la hubiese abofeteado, mientras veía al niño desaparecer a paso rápido rumbo a los jardines. Una vez recuperada del shock, caminó rápidamente tras él, maldiciendo su estatus, que le impedía echar a correr tras el ojinegro.
-¡Severus, espera!- El joven se detuvo y se giró hacia ella, aun el epitome de la fría cordialidad.
-¿Si, mi lady?- Hermione respiró hondo, ahuyentando el ardor de sus ojos.
-No hagas eso, por favor, Severus- suplicó la joven, la fachada que siempre debía llevar convirtiéndose en cenizas ante los ojos del joven, dejando a la heredera de los Black convertirse solo en Hermione, la niña de once años que no quería perder a su mejor amigo- No estabas equivocado, ¿cómo no lo sabes? Eres mi mejor amigo- tras esas palabras, el hielo abandono los orbes negros del slytherin, dejando solo una expresión herida y vulnerable.
-Si soy tu mejor amigo, ¿por qué me mientes, Hermione?- la joven dejo caer su mirada al suelo, avergonzada.
-No es solo mi secreto, Severus. Si lo fuera, hubieses sido el primero en saber- Sus ojos se alzaron del césped para chocar con los de su amigo, mostrándole su sinceridad- lo juro-
El niño se sentó allí, analizando sus palabras. La pelinegra se acercó un poco más, para luego sentarse junto a él, sus brazos rozándose. Finalmente, Severus la miró.
-¿Remus te pidió que guardaras un secreto de mí?- Por alguna razón, esto parecía molestarle, pero no era tan doloroso como si Hermione misma estuviese alejándolo. La niña se lanzó a hacer control de daños de todos modos.
-No es así, Severus. El…quiere decirte, es solo que no se siente preparado, aun- casualmente, la ojigris tomó su mano, y Severus se permitió entrelazar sus dedos con los de su acompañante, disfrutando de la intimidad del gesto- Tampoco me lo dijo a mí, yo solo lo descubrí por casualidad. No es como si no vaya a decírtelo, solo… necesita juntar el valor, ¿de acuerdo?-
-Vaya Gryffindor- replicó con un resoplido sarcástico, solo para recibir un codazo de parte de la niña a su lado.
-Sé amable- lo amonestó, aunque él podía ver las comisuras de sus labios esforzándose por no embozar una sonrisa.
-¿Y no puedes decirme absolutamente nada? ¿Ni siquiera tu parte en este secreto?- inquirió, solo para observarla entornar sus ojos de un modo ya familiar para él; Hermione estaba pensando seriamente en lo que podría decir y las repercusiones que sus palabras podrían tener. Severus siempre se admiraba de la capacidad analítica de la pelinegra, el mundo era como un enorme juego de ajedrez en la mente de la joven.
-Si prometes no hacer preguntas más allá de lo que vayas a oír… sí, creo que puedo contarte algo…- ella se veía algo indecisa, así que el niño se apresuró a prometer que no haría preguntas, para evitar que retirara la oferta.
-entonces, ¿me dirás?- su curiosidad estaba por las nubes, rebelando su corta edad claramente.
-No- dijo la niña, viendo como el rostro de su acompañante decaía en ánimos- voy a mostrarte- rió, parándose rápidamente y jalando de la mano del ojinegro, que rápidamente la siguió, su entusiasmo redoblado en su rostro.
Ambos slytherins caminaron velozmente, cruzando los jardines de Hogwarts hasta una zona poco transitada tras los invernaderos donde usualmente se dictaban las clases de herbología.
Severus se quedó allí parado, apenas conteniendo su ansiedad, mientras veía a Hermione agitar su varita, asegurando el área contra miradas indiscretas. Él siempre se asombraba de los increíbles conocimientos de la niña, muchos más avanzados de los que una estudiante de primer año debería poseer pero, no teniendo demasiados conocimientos al respecto, suponía que se debía a que había sido criada en el mundo mágico, en una familia importante; después de todo, ella misma le había mencionado que había tenido tutores antes de entrar a Hogwarts.
Finalmente, ella pareció terminar lo que fuese que estaba haciendo y guardó su varita, al tiempo que se giraba para dirigirle toda su atención.
-¿Listo?- preguntó, y Severus solo pudo asentir, sin saber que debía esperar.
Hermione asintió para sí misma, respiró hondo y cerró sus ojos. Al principio nada sucedió, y Severus estuvo tentado de preguntar que estaban haciendo, pero entonces pasó.
El joven observó con ojos desmesurados como los bordes de la figura de su amiga se difuminaban, al tiempo que ella fruncía el ceño en un gesto de profunda concentración.
Y luego, un suave "¡pop!" después…
Una bella ave de tonalidades rojizas y negras tornasoladas se hallaba en el sitio donde Hermione estaba anteriormente.
"Oh, pero esos ojos grises", pensó Severus, "los reconocería en cualquier parte".
Continuará…
¡Holaaa! ¿Cómo están? ¿Me extrañaron? Jaja
Aun no termino de dar mis finales (pero los que si di, me fueron muy bien), pero ¡ya no podía estar sin escribir! Estos dos estuvieron teniendo tantas charlas en mi mente, que me estaban volviendo loca de ansiedad jaja tenía que ponerme a escribir, aunque fuese un poquito.
Espero que les guste el capítulo, ahora que estoy explorando un poco la parte más infantil de Severus, porque no quería darle un tono demasiado serio y maduro, tratándose de un niño de once años.
Cuéntenme que les parece, y si no me pasé
¡Saludos!
Lady Black Snape
