El Derecho
InuYasha
Por: Ivanov Shinigami

Summary: ¡Ella es mía!, quiero protegerla aun que me cueste la vida.

Disclaimer: Los personajes de Inu Yasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Parings: Inu Yasha X Kikyou.

Category: AU, OCc, generalmente. n-nU

Raiting: lemon suave, masturbación, violación, violencia, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: violencia, vocabulario inapropiado (en este capitulo). Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en la historia original del fic El derecho de Gundam Wing escrito por Laie Himura de Fanel. Solo hice la adaptación a mi estilo por que me encanta este fic. Espero les guste.

El Derecho – capitulo 4

Dolor… ¿Cuál era la definición de dolor?, ¿algo que no es normal?, ¿algo que nadie debería experimentar?, una sensación tan desagradable, la más desagradable que había experimentado en toda su vida, dolor en su alma, en su cuerpo, en su corazón, pero lo más devastador era el dolor de pensar en perder a su bebe.

La Portavida observaba con atención aquel gesto del guardián llamado Inu Yasha, el cual mojaba los pedazos de tela en el bol de agua fría, mientras los colocaba en su frente con más frecuencia que antes, sus afiebrados y castaños ojos lo seguían en cada movimiento. Sabía que algo iba estaba muy mal. El calor que sentía en todo su cuerpo, todo el inaguantable dolor que irradiaba de su bajo abdomen, donde descansaba su pequeño niño, no podía decir nada bueno el dolor en ese lugar. Su bebé estaba en peligro. Su dulce, pequeño y amado bebé por la seguridad del cual hubiera sacrificado cualquier cosa, hasta su propia vida. Con los últimos trozos de su energía, puso su temblorosa mano en su doloroso abdomen, rogando silenciosamente a todas las deidades que conocía que mantuvieran la pequeña llama de vida a salvo.

La caricia de la fría pieza de tela en su frente la sacó de sus oscuros y aterradores pensamientos mortuorios. Parpadeó vagamente e inclinó su cabeza hacia el frío de la tela en su frente. Se sentía tan caliente, tan increíblemente caliente, quemaba por dentro. Trató de lamerse sus labios secos, pero no tenía saliva para gastar, sentía un desierto en su boca. Su garganta estaba seca y quemaba, haciendo casi imposible tragar saliva. Trató de hablar pero las palabras parecían pegadas en su lengua.

- Sed... - consiguió decir con voz áspera y susurrante al final.

Inu Yasha miró al bello rostro rosado que quemaba de fiebre de la hermosa ex sacerdotisa. La Portavida ya no estaba sudando y eso era alarmante. Se estaba deshidratando y al paso que iba quizás moriría. Necesitaba reponer los líquidos que había perdido, pero no importaba que tipo de comida o brebaje tratara de beber, ya que la chica de cabellos negros no podía mantenerlo en el estómago y terminaba vomitando. Su cuerpo estaba ya demasiado cansado y no podría soportar otra ronda de vómitos por el alimento.

Sin saber que más hacer y comenzando a desesperarse, tomo otro pedazo de tela limpio y lo mojó con cuidado sobre los cortados labios rosados de la joven. Kikyou casi había mordido todo su labio inferior cuando una violenta contracción la tomo desprevenida y casi lo hacía sangrar. Ahora había pequeñas gotas de sangre secándose en la piel blanca reseca. Inu Yasha observó a la Portavida aceptar la humedad con gula, su lengua junto con sus labios se movían desesperadamente en el trapo para conseguir algo de agua, pero la mirada castaña desesperada le decía que no era suficiente, que necesitaba más para ganar la batalla contra la fiebre. El guardián apretó los dientes en señal de impotencia.

Un gemido silencioso y un puño con los nudillos blancos agarrando las mantas indicaron otra contracción violenta travesando el agotado cuerpo de la chica, sus ojos castaños se abrieron enormemente, ya no podía resistir tanto dolor. Inu Yasha se levantó y se puso entre las piernas de la chica. La derecha estaba apoyada contra la pared, la izquierda descansaba en un montón de almohadas. Otra pieza de tela empapada de sangre se unió a las otras en el suelo al lado de la cama. Fue reemplazada por otra limpia pero inmediatamente pequeñas salpicaduras rojas aparecieron en el blanco lino de las sabanas. Inu Yasha volvió a apretar los dientes con fuerza, mientras un frustrado gruñido salía de sus labios. Miró hacia la ventana, sus puños volvieron a cerrarse hasta casi sangrarse a causa de la desesperación de tener que esperar.

El pensamiento no había ni llegado a un final en su mente cuando hubo un fuerte y áspero ladrido a fuera de la cabaña. Inu Yasha suspiró aliviado y fue a abrir la puerta a toda velocidad.

Kikyou podía jurar que había escuchado el ladrido de un perro, posiblemente de aquel enorme perro blanco que la cuidaba con celo, pero no estaba segura ya que sus jadeos eran más fuertes que los propios ladridos del animal. Tenía el sentimiento de que no llegaba suficiente oxígeno a sus pulmones, sentía que cada vez necesitaba más y más aire. Dolía respirar y con cada latido de su corazón había un extraño ruido en su pecho parecido a un silbido. Escuchó voces a fuera de la cabaña y trató de girar su cabeza para ver que ocurría, pero aún así estaba demasiado agotada. Todo le dolía y estaba asustada por su hijo, si hubiera podido reunir la energía, habría llorado amargamente, pero su cuerpo se negaba a seguir gastando agua.

Inu Yasha vio a su amigo correr a través de los bosques cargando una enorme maleta de cuero, acercándose con cada paso más y más. Normalmente Miroku se movía silenciosamente a través del bosque para no anunciar su llegada. Era un verdadero hijo de la naturaleza, viviendo en armonía con ella y respetándola de igual manera. Taisho había ido a buscarlo, debía haberle alertado que algo verdaderamente malo estaba ocurriendo y que la velocidad era ahora más importante que la discreción.

Cuando el Curador paró, respiraba agitadamente. A donde fuera que hubiese estado debía haber sido a una distancia bastante alejada, el guardián nunca había visto a su amigo sin respiración. En otras circunstancias hubiera bromeado con su amigo sobre ello, pero ahora la única cosa que tenía en mente era a la Portavida enferma.

- Inu Yasha, ¿qué ocurre?, cuando vi a Taisho pensé lo peor, pero parece que estás bien... – decía el curador jadeando aun por la carrera, sus ojos azules se tornaban aliviados y pequeñas gotas de sudor tocaban sus castaños cabellos en la frente.

- Ven rápido - interrumpió el guardián - Tu ayuda es necesitada aquí – le dijo tomándolo del brazo y casi lo arrastraba hacia dentro, Taisho se había subido a la cama reposando su cabeza en la almohada al lado de la cabeza de la Portavida, lloriqueando silenciosamente por su humana.

- ¡Qué demonios!... - exclamo sorprendido el curador mientras se paraba de golpe al ver la figura desnuda en la cama, las telas sangrientas en el suelo y una mirada de suplica por parte de la mujer - ¿Qué está ocurriendo? – preguntó desconcertado, pero el guardián ya se había movido hacia la cama y se sentó cuidadosamente en ella.

Miroku dejó su bolsa con hierbas y otras provisiones en el suelo y se acercó justo a tiempo para ver a su amigo tomar el rostro sonrojado de la chica en sus brazos.

- Kikyou, el curador está aquí, todo estará bien ahora - susurró, pero había una fuerza detrás de las silenciosas palabras, fuerza que trataba de poner en la exhausta Portavida.

Los ojos de Miroku se abrieron enormemente – ¿Es esta Kikyou del templo Higurashi? - preguntó a su amigo, su voz resonando con sorpresa. Si esperaba una respuesta, estaba equivocado. Inu Yasha se giró hacia él y lo miró amenazadoramente con un brillo extraño en sus ojos ámbar.

- ¿Qué ocurre? – pregunto el curador moviéndose alrededor de su amigo y posando su mano en la frente caliente de su paciente. Frunció el ceño. La fiebre era peligrosamente alta y el hecho de que la chica no estuviera sudando no era del todo bueno. Apartó a su amigo a un lado e Inu Yasha lo siguió sin protestar.

- Kikyou está embarazada pero fue golpeada fuertemente ayer por su padre, se sentía muy caliente, pero durante la noche se volvió en una fuerte fiebre, no puede digerir nada y está sangrando mucho, no he logrado hacerla beber nada ni aminorar la fiebre - le explicó el guardián viendo al Curador mover sus talentosas manos en el cuello de Kikyou para comprobar el pulso. No le gustó el fruncimiento del ceño que apareció en la frente de su amigo. No le gustaba nada y se sentía inútil estando ahí de pié sin poder ayudar de ningún modo.

- ¿Porqué no buscaste al curador de la villa cuando no me encontraste?, sé que no te gustan los ciudadanos pero... – decía Miroku sin dejar de examinar a la joven, pero fue interrumpido abruptamente por el guardián.

- No quiso venir… - dijo Inu Yasha fríamente y gruñendo un poco.

Las manos de Miroku pararon en el abdomen con contracciones de la ex miko, miró a Inu Yasha con ojos mortalmente serios.

- ¿Qué? - preguntó. Había tanto hiel en su voz que incluso hizo incomodar a Inu Yasha. Si había una cosa que hacía enfadar al normalmente al tranquilo Curador, eso era un Curador que se negara a ayudar gente necesitada, rompiendo cruelmente el voto que cada Curador hacía al empezar su camino.

El guardián observó los ojos de Kikyou cerrarse y luego abrirse parpadeando lentamente. Las órbitas castañas estaban entreabiertos e Inu Yasha no estaba seguro si sabía lo que ocurría a su alrededor. Viendo a la Portavida moverse un poco, bajó su voz antes de continuar.

- No había sido pedida por derecho cuando quedó embarazada, y ya sabes lo que eso significa – dijo el guardián furioso – Y más que ella era la próxima sacerdotisa en gobernar.

Ambos amigos se miraron un segundo más antes de seguir con su tarea. Podrían hablar sobre eso cuando su paciente estuviera fuera de peligro. Eliminando cualquier indicación de odio o rabia que sólo podían despistar su mente, procedió con su examen nuevamente el Curador. Realmente no le gustaban las contracciones de los músculos bajo sus manos.

Kikyou trató de mantener sus ojos abiertos, pero sus párpados se cerraban. Había escuchado voces dialogar cerca de ella, pero le era imposible entender cada palabra que decían. Estaba tan cansada que incluso el dañino dolor que cruzaba su cuerpo parecía distante. Sospechaba que el entumecimiento que invadía su cuerpo no era del todo bueno. Trató de aguantar, estar despierta por el bien de su hijo. De alguna manera sabía que si se quedaba dormida, si sucumbía a la oscuridad que la comenzaba a llamar y así, todo acabaría. Luchó con toda su fuerza, el pensamiento sobre su hijo el único rayo de luz en la oscuridad que se había sumergido. Pero era tan difícil, tan terrible, terriblemente difícil y estaba tan cansada, tan cansada...
Miroku se movió entre las piernas estiradas de la Portavida. Aguantó la respiración, sólo una vez en su vida había visto a una Portavida abortar de esa manera, pero estaba seguro de que nunca lo iba a olvidar. El curador sabía que la cantidad de sangre significaba lo que seguramente su amigo también ya sabía. Apartó las mojadas piezas de tela de la chica para colocar otras limpias, una mirada rápida fue suficiente, el Curador sabía suficiente para saber qué hacer. Tomo el lino blanco que el Guardián le ofrecía y lo apretó contra la vagina de la Portavida, ya había perdido demasiada sangre y no se podía tomar el lujo de dejar que siguiera así. Entonces se levantó y se dirigió hacia su bolsa con provisiones.

- ¿Y bien? - le preguntó Inu Yasha impacientemente ante el silencio de su amigo.

Miroku le lanzó una mirada de molestia y volvió a su trabajo. Sacó pequeños manojos de hierbas, tomo un pellizco de eso y un trozo de aquello que sacaba de su maleta, el guardián solo podía ver la mezcla extraña que hacia su amigo, entonces se dirigió al estante que estaba cerca de la chimenea y tomo un mortero de porcelana y se lo dio a su amigo, quien empezó a aplastar las hierbas.

- Necesitaré agua caliente – dijo el curador en tono suave.

Inu Yasha observó a Miroku durante un segundo más pero cuando su amigo no dijo nada más se dirigió a la chimenea donde tomo un pequeño bote metálico del gancho encima de las llamas y lo dejó en la mesa al lado del ojiazul. El Curador asintió sin ni siguiera apartar sus ojos de su tarea de aplastar las hiervas.

- ¿Podrás salvarlo? - preguntó finalmente el guardián cuando su amigo se mantuvo silencioso, ya no soportaba la tensión.

La mano de Miroku se paró un momento.

- No lo sé - dijo sinceramente - Está totalmente abierta, lo que significa que el bebé está muerto y el cuerpo está tratando de deshacerse de él. Por eso está sangrando demasiado, en verdad lo siento… - explicó con profunda tristeza.

Inu Yasha aguantó la respiración y sus ojos se deslizaron hacia la bella Portavida en la cama.

Sabía que no solo dañaría a Kikyou profundamente con esa noticia, si no que le destruiría completamente. Sin importar que tuviera que soportar por su hijo, ella quería al pequeño ser aun antes de conocerlo. Todo eso había entendido del poco tiempo que había estado en su compañía. Se había dado cuenta de las pequeñas caricias que le daba a su abdomen como si estuviera hablando a la cosita que llevaba dentro. Y ahora esto...

- ¿Y Kikyou?, ¿Qué hay sobre ella? - preguntó Inu Yasha cuando consiguió mantener sus sentimientos de nuevo bajo control.

Miroku no levantó la mirada de su tarea.

- No lo sé – admitió - He visto un aborto antes pero este me ha dejado muy impresionado, la sangre... Esta cantidad de sangre no es normal - dijo suavemente - Algo está mal con ella, el cuerpo no puede deshacerse del bebé y se esta pudriendo dentro de ella o la persona que le apaleo dañó algo en su interior, tengo que revisarla rápidamente para salir de dudas. Si es la primera opción, debo ayudar a que salga – dijo fríamente el curador – Pero si es la segunda... - hizo una pausa durante un momento - No sé lo suficiente para curar heridas internas... – termino frustrado.

Inu Yasha trago saliva, una dura respuesta para un duro momento, de cualquier manera si no hacían algo pronto ella iba a morir, pero si su amigo lo creía conveniente, lo mejor sería hacerlo rápido y terminar con todo esto de una vez. Sin titubear, se colocó un poco encima de la joven por la parte del pecho, recargo levemente su cuerpo en la desnudez caliente de la chica, sujetando sus brazos para que no hiciera algún movimiento brusco – has lo que sea necesario – dijo el hanyou sin titubear.

Su amigo mojo ambas manos con el agua caliente y las seco con un trapo limpio, separo aún más las piernas de la Portavida, respiro hondo y le informo al guardián – sujétala, lo que voy a hacer le va a molestar mucho, no puedo ponerle anestésicos porque con lo débil que esta puede que muera, pase lo que pase no la sueltes – le dijo tajantemente, a lo que el guardián asintió.

Miroku introdujo rápidamente una de sus manos, mientras la otra masajeaba el abdomen de la joven buscando su útero. Palpo con agilidad cada estructura vaginal cerciorándose que no hubiera desgarros internos o rotura de cavidad, estaba sumamente caliente y eso no era bueno. Parecía que no molestaba tanto a la joven, solo había fruncido su ceño y un quejido inicial, eso por una parte estaba bien. Siguió su camino hasta el cuello uterino, el cual estaba completamente dilatado y con membranas gelatinosas en sus alrededores, eso no era bueno, era un aborto inevitable.

- Esto si será doloroso Inu Yasha, no la sueltes – decía mientras introducía rápidamente su mano hasta el fondo uterino.

Kikyou abrió enormemente sus ojos y arrojo un alarido de dolor, su grito inundo todo el lugar haciendo que Taisho comenzara a ladrar fuertemente, se trataba de mover pero algo pesado se lo impedía, alguien trataba de arrebatarle a su bebe, sentía el fuerte dolor en su abdomen, un dolor tan intenso que parecía que la partía en dos, así como movimientos en su interior. Inu Yasha se mantuvo rígido en su postura, pero con un gran pesar en su interior.

Miroku trato de hacerlo con la mayor rapidez que podía, el útero de la joven estaba completamente reblandecido, pero afortunadamente no estaba perforado o roto, con una mano dentro de ella y la otra en su abdomen, masajeo por varios segundos, tenía que ayudarlo a contraerse, sabia lo doloroso que era para Kikyou, por eso lo hacia lo más rápido que podía mientras les rogaba a los dioses por su ayuda. Afortunadamente, poco a poco comenzó a contraerse, esa era buena señal, con su mano dentro, volvió a explorar su útero, pero esta vez desprendiendo partes del feto muerto, poco a poco su mano estaba siendo aprisionada por la contracción uterina, tenía que ser más rápido, cuando termino, observo varios coágulos y restos placentarios malolientes fuera de la sacerdotisa. Trago salida con molestia, odiaba esa parte de los abortos, un pobre angelito salido del cuerpo de su madre, a pesar que no estaba formado aun, la sensación de del aborto siempre era un trago amargo en su vida como curador.

La ex sacerdotisa al ya no sentir aquel terrible dolor calló sus gritos tan rápido como comenzaron, su cuerpo quedo completamente flácido en la cama, el guardián al ya no sentir pelea se apartó lentamente de la chica exhausta. Taisho al ver a su humana más tranquila, ceso de ladrar y volvió a recostarse a un lado de ella recargando su cabeza cerca de la de su nueva humana.

Miroku envolvió los restos en el trapo que había usado segundos antes y lavo sus manos nuevamente.

- Con esto será suficiente – decía mientras untaba dentro de ella la mezcla que había hecho minutos antes con las hierbas - le ayudará a disminuir el sangrado y bajar la fiebre, afortunadamente solo hay laceraciones, nada está roto, pero… - murmuro pesadamente mientras tomaba el trapo con los restos entre ambas manos y lo apretaba un poco a su pecho - Lamentablemente él bebé murió, tal vez si hubiera llegado antes… No sabes cuánto lo siento – decía tristemente mientras caminaba hacia un banquillo cerca de la puerta para dejar ahí los restos mientras murmuraba una oración en voz baja.

Inu Yasha estuvo silencioso por un minuto mientras su amigo seguía con la oración, sus ojos se posaron en la joven enferma en la cama. Extraños sentimientos le asaltaban, pero su expresión permaneció impaciente y fría. Preocupación, rabia, incertidumbre…

Un extraño sentimiento estremecía en pecho de aquel guardián de ojos ámbar y cabello platinado diferente a los anteriores, no sabía que era, era nuevo para el, ¿Cómo era posible que una extraña despertara tantas emociones en el?, simplemente no lo entendía. Solamente había visto una vez a la sacerdotisa cuando era niño, cuando lo habían obligado a ser guardián, pero las cosas habían pasado tan rápido que no había tenido tiempo de analizar todo.

- ¿Cómo puedo ayudar? - preguntó finalmente dejando de pensar en lo que suponía eran tonterías.

Miroku lo miró a los ojos después de terminar la oración y viendo la mirada chispeante de furia que había en ellos, el Curador asintió para sí mismo. Dejo al pequeño ser en el banco y se dirigió a sus cosas para sacar algo.

- Aquí tienes – le dijo sacando una pequeña jarra sellada con cera de abeja - Frota esto en su abdomen, el aceite tiene una fuerte acción entumecedora, debería aliviarla un poco del dolor – dijo el curador angustiado.

Inu Yasha tomo la pequeña jarra de cerámica y sin preguntar más se acercó a la cama, se sentó al lado de la fiebrosa figura y dejó la jarra en el suelo, nuevamente coloco una tela mojada en la frente de Kikyou, la cual respirando agitadamente y aun su rostro, mostraba signos de dolor.

Miroku regreso una vez más a la entrepierna de la chica para terminar de limpiarla y así finalizar su labor.

Los ojos avellana de Kikyou se abrieron para seguir sus movimientos del Curador y de Inu Yasha que se había sentado en la cama, mientras mojaba la tela. El guardián tocó los labios secos de la Portavida con sus dedos y dejó caer en la boca entreabierta un par de gotas de agua para que se hidrataran. Entonces Inu Yasha pasó la tela húmeda por las mejillas de Kikyou y por su cuello antes de volver a mojarla de nuevo y dejarla finalmente en la frente ardiente de la mujer.

Kikyou lamió sus labios y trató de decir algo, no sabía que había pasado, primero se sentía arder, después un fuerte y horrible dolor en su abdomen, algo moviéndose dentro de ella, imposibilitándose mover, quería respuestas a tantas preguntas, pero su mente no podía formularlas y su voz no emitía sonido alguno, pero un suave gemido fue la única cosa que pasó su reseca garganta.

- No intentes hablar - le regaño Inu Yasha. La chica abrió pesadamente los ojos y lo miro con extrañes.

El Guardián se inclinó y recogió la jarra que le había dado el Curador, la abrió y el aire se llenó con un extraño olor de diferentes hierbas mezcladas muy penetrante. Inu Yasha cubrió sus dedos con la mezcla amarilla de la jarra que Miroku había hecho, se giró hacia el vientre desnudo de la chica y empezó a frotar delicadamente el aceite en el suave abdomen de Kikyou.

La Portavida se tensó al principio al sentir el frio ungüento, la gentil presión de sus dedos del guardián causaba una violenta contracción que sacudió su delgado cuerpo. Aún así, lentamente, cada músculo de Kikyou se relajó mientras la mezcla entumecedora surgía efecto.

Inu Yasha escuchó al curador recoger toda la tela ensangrentada y olió al mezcla caliente que Miroku llevaba, no se había dado cuenta de ello, pero no paró su administración ni alejó su mirada de la pacífica expresión apareciendo finalmente en el rostro de Kikyou, había dejado de sentir dolor.

Miroku coloco las telas cerca de la puerta, se acercó una vez más a la chica y se arrodilló en el suelo al lado de la cama, tocó el cuello de la Portavida para comprobar el pulso otra vez. El rápido e irregular ritmo del corazón de Kikyou le preocupaba pero ya había hecho lo que estaba en sus manos, el sangrado había disminuido y su dolor se comenzaba a calmar. El curador giró su rostro y miró a su amigo.

- Necesita beber esto Inu Yasha - explicó Miroku levantando la taza de cerámica - Necesito que la levantes muy suave.

Inu Yasha asintió y puso la jarra abierta en el suelo otra vez, luego tomo la espalda de Kikyou y la levantó cuidadosamente. El caliente cuerpo en los brazos del guardián era manejable y no se resistía, Kikyou debía estar cómoda. Miroku y Taisho se apartaron para que Inu Yasha pudiera deslizarse detrás de Kikyou y dejar reposar a la Portavida contra su pecho. Miroku volvió a arrodillarse al lado de la cama mientras Taisho se sentaba a su lado una vez más, lloriqueando infelizmente por su pobre humana.

- ¿Kikyou? - dijo Miroku tocando la mejilla de la Portavida con su mano izquierda - Kikyou, ¿me escuchas? - preguntó de nuevo cuando no recibió ninguna respuesta proveniente de la chica.

Esta vez los pesados ojos castaños se abrieron sólo un poco y la cabeza de largos cabellos negros se cayó hacia un lado en el pecho del guardián.

- Kikyou, necesito que hagas algo para mí, ¿de acuerdo? – Le dijo Miroku mientras doblaba su cabeza un poco para mirar a la chica a los ojos y asegurarse que le estaba escuchándolo, al menos registrando lo que le decía - Tienes que beber esto, ¿de acuerdo? – le dijo colocando el vaso cerca de sus labios, trató de hacer las frases tan simples como era posible para que la chica le entendiera, sabiendo que Kikyou acongojada por toda la situación no le entendería mucho de todos modos en ese estado - ¿De acuerdo? – volvió a decir esperando una respuesta por parte de la chica.

Kikyou solamente asintió levemente, estaba demasiado débil como para hablar, así como su seca garganta.

Inu Yasha ayudó a Kikyou a ponerse recta para así poder tomar el té y la sostuvo mientras la Portavida parpadeaba cansadamente sin poder retener la mirada.

Miroku sostuvo el vaso con el té a los labios de la chica enferma, asegurándose de que no tomaba demasiado de golpe. Un ataque de tos era la última cosa que necesitaban ahora. Sorbo a sorbo el líquido desapareció. Afortunadamente las hierbas ayudaron a que Kikyou pudiera mantenerlo en su estómago.

- Bien - sonrió el curador a su paciente y acarició el rostro de Kikyou de una manera confortante.

- ¿Y ahora qué? – preguntó Inu Yasha suavemente, aun sosteniendo a Kikyou en sus brazos mientras los ojos de la Portavida se cerraban lentamente. Pronto los dos pudieron ver que estaba profundamente dormida y exhausta.

Miroku puso la taza en la mesa y se acercó a su amigo.

- Esperamos, el cocido debería ayudar con la fiebre y con el dolor de su abdomen. Como he dicho antes, retire lo que estaba podrido y comenzaba a infectarla, pero ahora el cuerpo debe limpiarse sólo antes de empezar a curarse, haré otro té dentro de un rato, pero ahora todo depende de ella – dijo el curador angustiado.

Juntos el Guardián y el Curador miraron el sueño intranquilo de la enferma Portavida. ¿Cómo tomaría la noticia de que su bebé ya no estaba en su interior?

- Fin del capítulo 4 -

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 4 de: El derecho. Uff, debo decir que fue un capitulo difícil, tuve que corregir unas cosas y agregar otras, la parte del aborto fue complicada, como estoy relacionada con cosas de la medicina, a veces es más fácil hacerlo que escribirlo, trate de ser lo más clara posible, lo más coherente y no usar términos médicos, después de todo es un fic, pero tiene algo de verdad.

Definiciones:

*Aborto: es la terminación espontanea o provocada de la gestación antes de la vigésima semana, contando desde el primer día de la última menstruación normal, o expulsión del producto de la gestación con peso menos a 500 gramos.

*Aborto inevitable: Aumento progresivo del dolor, de las contracciones o de la hemorragia, con modificaciones cervicales o ruptura de membranas.

Uff, es más o menos para dar una idea, obvio las embarazadas son súper delicadas y la situación de Kikyou era muy delicada jeje, subiré los capítulos poco a poco, les mando agradecimientos especiales a LucyWilliams, fabelliot, Sandera-chan y Sabrosita fresita, muchas gracias por leer y escribir, créanme que cada review es maravilloso para mí, porque amo escribir y si a las personas les gusta, esa es la mayor satisfacción XD

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos).