-Padre- la niña hizo una elegante reverencia ante Orion Black, quien mantuvo el rostro imperturbable, aun si sus ojos lo traicionaron, brillando con orgullo ante la intachable fachada de su hija- gracias por atender a mi pedido de vernos antes de las festividades-
-confió en que hay una razón lógica para tu petición, Hermione- el patriarca de los Black había utilizado la red flu para llegar a la chimenea del Jefe de la Casa de Slytherin. El rubicundo profesor los había dejado a solas, cediéndoles su oficina; sin embargo, todas las paredes de Hogwarts contaban con decenas de ojos y aún más oídos, así que Orion lanzó en rápida sucesión tres hechizos silenciadores que se potenciaron unos a otros, asegurando la privacidad de la conversación. Tras una breve pausa, agregó también un hechizo de oscuridad, para que cualquiera que no fuese un Black no viese más que profundas tinieblas.
Acto seguido, abrazó al fin a su pequeña hija, sentándola luego en su regazo. Era tan pequeña, pocos eran los momentos en los que podían disfrutar momentos padre-hija, sin enmascarar emociones. Aún era una niña, pero crecía a cada instante frente a sus ojos; el hombre lamentaba perder tanto tiempo de su vida bajo la fría fachada a la que se habían resignado. Era su pequeña princesa, su única hija, ¡y ni siquiera podía abrazarla en público!
-Te extrañé, papá-dijo, ahora con su tono suave e infantil, haciéndolo sonreír.
-Y yo a ti, princesa. Tu hermano y tu madre me han sacado un nuevo set de cabellos blancos- bromeó, pasando una mano por el sector encanecido de su cabellera.
-Papá… creo que me he metido en problemas- barboteó la niña, de pronto nerviosa y mortalmente seria. El humor abandonó el rostro del hombre de inmediato.
-¿Qué ha sucedido? ¿Tu hermano ha hecho algo de nuevo? ¿Alguien te ha lastimado?- su voz se volvió más oscura a cada palabra, y en sus ojos la niña vio ascender un instinto sanguinario. Sacudió su cabeza, negándolo todo rápidamente.
-No, nada de eso. Es solo que… en mi deseo de hacerte a ti y a mamá sentirse orgullosos, creo que he atraído la atención inadecuada. El heredero de los Malfoy ha estado intentando acercarse a mí, sin duda no tardará mucho en intentar ofrecerte un contrato por mi mano-su padre frunció el ceño, intentando ocultar infructuosamente su repugnancia por esa particular Casa de los sagrados 28-Creo que no es él el más interesado en mi… creo que es a su Amo al que busca complacer- los brazos del hombre se congelaron alrededor de la niña, apretándola inconscientemente contra su pecho ante las implicaciones de esas palabras, como buscando protegerla con su cuerpo.
-¿Te han… Hermione, el joven Malfoy ha tratado de hablarte sobre sus… inclinaciones políticas?- la niña se hubiese reído ante tamaña sutileza, si no hubiese sido un tema tan serio.
-No ha tenido que hacerlo, padre. Es un secreto muy mal guardado en la Sala Común de Slytherin-mintió la joven, mucho más convincentemente de lo que Hermione Granger habría podido. No podía decirle a su padre exactamente como sabía todo lo que sabía- Le llaman "Lord", en un pobre intento de no gritar su verdadera identidad. Dicen que promete poder más allá de toda imaginación- al ver la mirada alarmada de su padre, se apresuró a agregar- no estoy interesada, en lo más mínimo. Pero creo que Malfoy espera obtener una esposa trofeo y un nombre más de la lista de los 28 para su Señor-
-Sobre mi cadáver- gruñó el ojigris- se congelara el infierno el día que permita que mi única hija se convierta en una Malfoy-
-Estoy preocupada por mis Caballeros. Sabes que tome a Severus y a Remus bajo mi protección, pero si no puede acercarse a mí, temo que vaya por ellos-
-Realmente debes haber sentido una conexión especial para aceptar dos Caballeros en tu primer año. Sabes que es un honor que no debe darse a la ligera. Una vez otorgado, es inquebrantable. Y si el vínculo es quebrado por alguna de las partes, deja un vacío insondable- Hermione observó como su padre froto su pecho ausentemente, como tocando un agujero físico, que el rompimiento del único vínculo que él había una vez otorgado estuviese allí.
-Lo sé, padre, pero Remus no podría ser para mi más familia aun si llevase nuestra sangre y Severus…- las mejillas de la niña la traicionaron, coloreándose levemente. Las cejas de su padre parecieron querer trepar hasta la línea de su cabello.
-¿Qué hay exactamente con este tal Severus, mmm?- El padre sobreprotector estaba de vuelta. Hermione decidió lanzarse a por todas, y lo miró directo a los ojos, tomando prestado algo del coraje de su alter ego.
-Tengo altas expectativas para Severus. Llegado el momento, es mi esperanza que él presente un contrato por mi mano. He decidido que no aceptare otro- La niña esperó la reacción. Y espero. Y espero. Su padre parecía haberse convertido en una estatua, mirándola sin parpadear. De pronto, lanzó su cabeza hacia atrás y rugió una carcajada.
-Esa incapacidad de recibir un no por respuesta, y no dejarme cuartel. Culpo a tu madre. ¿Y qué tal si este jovencito no pide tu mano?- estaba aterrado de que un chiquillo se llevase demasiado pronto a su princesa, ¿no podía haber encontrado a su futuro esposo tan rápido, verdad? Tal vez era algo pasajero. El patriarca de los Black decidió no entrar en pánico aun.
-No aceptare a ningún otro- repitió su hija, con su carita increíblemente seria, antes de romper en una sonrisa impertinente- tal vez tendrás una hija solterona que te llenara la casa de gatos-
Orion rió de buena gana de nuevo- prefiero los gatos- la niña lo golpeó con su codo suavemente, y rió- me gustaría conocerlos, ¿Por qué no los traes a pasar las fiestas? Regulus va a adorar tener gente nueva a quien atosigar. Y yo disfrutaría un poco más de tranquilidad-
-Ummm… eso sería genial, papá…-
-¿Pero? ¿No te dará vergüenza presentar a tu viejo padre, no?- bromeo, el pelinegro.
-Claro que no, papá. Hay algo que… no te he dicho, sobre Remus. Es un poco delicado, asi que quiero que lo tomes con calma, ¿ok? Y si nada funciona, espero recuerdes lo que has dicho del vínculo con mis Caballeros siendo irrevocable- su padre la miró con seriedad nuevamente, poniéndola nerviosa- Remus fue atacado siendo muy pequeño, por un hombre lobo…-
Hermione observo a su padre abrir y cerrar la boca, por primera vez viéndose algo desorientado respecto a cómo proceder, tal vez por primera vez en su vida.
-Tu madre va a matarnos- dijo finalmente, y la niña no pudo sino deshacerse en risillas sofocadas- Encontraremos solución para su… hospedaje. No puede ser peor que tu madre en sus días del mes- agregó, malicioso, haciendo estallar a la niña en reales carcajadas, que él acompañó.
Podían contar momentos como este, cuando sus máscaras caían y solo eran un padre y una hija, con los dedos de sus manos, pero cada uno de ellos valía más que todo el oro en el mundo.
El par se quedó allí, en la oficina de Slughorn, poniéndose al corriente de todo lo que había pasado desde que Hermione y Sirius habían partido a Hogwarts.
Orion le describió a su pequeña todas locuras en las que se había embarcado el más joven de los Black desde la última vez que la había visto. Solo la extrañaba demasiado, posiblemente.
También preguntó por el más rebelde de sus hijos, y enumero las ocasiones en las que había tenido que detener a su esposa de destrozar el tapiz familiar para extirpar al más vergonzoso de sus retoños.
Hermione no tenía mucho para decir respecto a Sirius; desde que ambos se habían enfrentado en el lago, tres meses atrás, los Gryffindor parecían haber aprendido la lección y retirado de la lista de víctimas a sus Caballeros; y Sirius y ella habían estado jugando a jamás haberse visto antes.
La niña, además, aprovecho la ocasión para enviarle a su hermano, a través de su padre, una bufanda de Slytherin y unos guantes a juego. El pequeño Regulus no podía esperar al siguiente año, cuando podría acompañar a sus hermanos a Hogwarts, y tomar su lugar en la casa de las serpientes.
Finalmente, Hermione abrazó a su padre una última vez, antes de que él deshiciese los hechizos de privacidad, y ambos partieran; él, rumbo a Grimmauld Place, ella, hacia el Gran Comedor, donde a esas horas debiera de estarse sirviendo el almuerzo.
No solo su sándwich favorito la esperaba allí. Severus tenía muchas preguntas. Y Lucius continuaba mirándola de esa forma tan perturbadora, que hacía a Hermione Granger querer enseñarle los dientes. Pero Hermione Black no era una leona, y sabía que una hábil serpiente primero rodea a su víctima cuando esta aun no sospecha nada, y hace que el primer ataque sea también el último.
Hermione se sentó junto al pelinegro, y decidió que las mejores respuestas eran también las más simples.
-Estaba con mi padre, quiere conocerte, y también a Remus, ¿Crees que te permitirían pasar las festividades con mi familia?- eso pareció acallar todas las preguntas que Severus parecía tener acumuladas. La miró, un poco shockeado, y Hermione pensó que tal vez esto era una especie de habilidad especial, dejar a la gente muda.
-Mi madre prefiere que no vaya a casa si puedo evitarlo. No creo que Hogwarts o algún otro sitio haga diferencia para ella- Severus siempre se asombraba de la empatía que Hermione podía tener, al sentir su pequeña mano tomar la suya bajo la mesa. Ella jamás había preguntado, pero él sabía que ella comprendía lo que lo esperaba en el lugar al que él llamaba hogar. No era lastima, el había comprendido. Era como si ella experimentase sus emociones de la misma manera. Tal vez era el vínculo entre ellos. Del que ella le había hablado y el, poco a poco, lograba comenzar a sentir a su alrededor. La magia seguía sorprendiéndolo cada día- Escribiré y preguntaré-
-Usa a Poen, es discreto- dijo ella, antes de aceptar el sándwich que él le acercó ya de forma mecánica y habitual, y besarle la mejilla antes de comenzar a almorzar. Poen era un augurey, y tenía un lazo de familiar creado con Hermione, desde que ella tenía 5 años y lo había encontrado malherido en el tejado de su casa. Severus asintió, tocado por el gesto y la discreción de su amiga.
Lily siempre había tratado de inmiscuir su nariz en los asuntos que más trataba de mantener en silencio.
Lily.
El ojinegro lanzó una mirada hacia el lado opuesto del Gran Comedor, de inmediato encontrando la cabellera rojiza en la mesa de los leones.
Tres meses atrás, su amiga de la infancia había tratado de herir a quien hoy día se había convertido en uno de los pilares más importantes de su vida. Tres meses atrás, esa amistad había sido enterrada para siempre.
Lily lo había buscado al principio, se había disculpado, pero luego había tratado de hacerle ver que Hermione no era buena para él, ni para ella. Solo entonces lo había confirmado; Lily envidiaba a Hermione, por su estatus, su talento, su popularidad general. Hablar mal de Hermione frente a él había sido un mal movimiento. En ese momento supo que, al tener que elegir, siempre elegiría a la pelinegra. Ella le había enseñado un tipo de amistad que él no conocía. Con Lily, siempre se sintió como si él estuviese en deuda por el privilegio de su compañía así que era normal, en su mente, que él la siguiera a donde fuese sin discusión; Hermione, en cambio, siempre escuchaba lo que él y Remus tenían para decir, pedía sus consejos, los apreciaba como iguales, en general. No, él no podría haber regresado a su dócil pasividad nunca más, por las migajas de afecto por las que se había sentido tan agradecido por tres años.
Tras el almuerzo, ambos niños recolectaron sus libros en sus habitaciones, y se unieron a Remus en la enfermería.
Poen apareció poco antes de la cena, como si hubiese sentido que Hermione lo necesitaba. Severus pensó que eso era muy probable. Él no tenía un familiar, pero tal vez, así funcionaba.
Ambos Slytherins tuvieron que despedirse de su amigo, para asistir a la cena.
Severus estaba concentrado en la carta que le escribía a su madre, y las cosas que quería preguntar, si solo tuviese el valor; estaba tan concentrado que no prestó atención a la casual manera en la que Poen dejó caer un ejemplar del Profeta, la edición vespertina, frente a Hermione. Tampoco vio como los ojos de la niña reflejaron su verdadera madurez, ni se convirtieron en escacha, al tiempo que una pequeña pero oscura sonrisa tomo posesión de su rostro, ni la oyó susurrar, al tiempo que arrugaba el periódico entre sus dedos…
-El juego está por comenzar…-
¡Hola! ¿Cómo están? Hoy les dejo un capítulo más larguito, porque no sé cuándo voy a poder hacerme tiempo de nuevo para actualizar. ¡Espero que lo disfruten!
Todos tuvieron muy buenas ideas acerca de la pieza faltante, pero nadie le ha atinado aún; no se preocupen, ya se enterarán en el próximo capítulo :D
¡Hasta la próxima!
Lady Black Snape
