El Derecho

InuYasha

Por: Ivanov Shinigami

Summary: ¡Ella es mía!, quiero protegerla aun que me cueste la vida.

Disclaimer: Los personajes de Inu Yasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Parings: Inu Yasha X Kikyou.

Category: AU, OCc, generalmente. n-nU

Raiting: lemon suave, masturbación, violación, violencia, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: lenguaje explícito. Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en la historia original del fic El derecho de Gundam Wing escrito por Laie Himura de Fanel. Solo hice la adaptación a mi estilo por que me encanta este fic. Espero les guste.

El Derecho – Capitulo 5.

Fue alrededor del amanecer cuando Miroku, con voz temblorosa por la decepción declaró al bebé muerto. Su expresión era sombría mientras doblaba cuidadosamente el trozo de ropa que contenía la sangrienta evidencia de lo que podría haber sido la mayor felicidad de la Portavidas.

- Es todo… - susurro con tristeza.

En esta temprana etapa de los tres meses de embarazo de un Portavida, es una etapa especialmente sensible. Aunque el embarazo no sea todavía perceptible a primera vista, algunas Portavidas notan ya una leve forma en su vientre y sienten emociones muy intensas respecto al hijo que crece en su interior.

En estos momentos la conexión con el hijo es muy intensa, el bebé no solo había sido nada más que un pequeño bulto formado de sangre y tejidos, era un embrión perfectamente formado y pequeño, una lagrima broto de la mejilla del curador, lo miro una vez más antes de cubrirlo por completo, se aseguraría de que fuera enterrado debidamente. Había sido un ser vivo al final, así que el corto final de su vida iba a ser honrada de la manera correcta.

Después de llenar un balde grande con agua tibia, lavo nuevamente la entrepierna y dentro de la chica, cambiando los trapos con hierbas una vez más, sentía como aquel desnudo y cansado cuerpo temblaba, estaba muy exhausta, debía limpiarla muy bien si no quería que una infección terminara con su débil vida. El sangrado fue parando hasta que sólo unas cuantas manchas rojas marcaban el trozo blanco de lino sobre la cama. Tardaría un par de días antes de que los tejidos rotos y las venas se volvieran a unir solas y el sangrado se detuviera completamente, hasta entonces, Kikyou tendría que comer sólo blandos alimentos y un curativo aceite que debería ayudarle a prevenir una infección, debía ser aplicado en los sitios afectados de su vagina diariamente.

Los primeros rayos del sol otoñal iluminaron la cabaña a través de la ventana que habían abierto en un intento de enfriar la furiosa fiebre que finalmente había cedido, dejando a Kikyou cubierta con las mantas y un poco mas tranquila, su entrecejo se frunció mientras una pesadilla invadía su subconsciente.

Inu Yasha y Miroku ahora podían respirar tranquilos. La batalla por la vida de la Portavida había sido ganada. Pero había cobrado un gran precio, ¿qué haría la pérdida de su niño a su ya herido espíritu?, esa incógnita oprimía el pecho del Curador.

Miroku recogió todas sus cosas y se dirigió a la puerta de la cabaña con los trapos que contenían al pequeño ser mientras le daba unas instrucciones más al guardián.

- Así que no lo olvides, Kikyou debe beber el cocido por lo menos dos veces al día. Tres veces sería aún mejor, deje suficiente para una semana, vendré a verla cuando se lo termine - le recordaba el curador a su amigo mientras tomaba su sombrero de paja.

Inu Yasha solamente pudo asentir, el fresco aire comenzaba a tornarse frio, cerró las pesadas puertas de la ventana, lo peor que podía pasar ahora era que la chica pescara un resfriado. No quería que la Portavida se volviera a poner enferma, menos ahora que su fiebre había parado.

Miroku se volvió a acercar a la cama con cuidado por ultima vez, ligeramente tocó las mejillas sonrojadas de Kikyou con su mano tibia. La Portavida aún estaba caliente, pero la furiosa fiebre afortunadamente se había ido. El curador sonrió, estiró la manta hasta la barbilla de la chica y se puso recto.

- Quiero que uses ese ungüento que te dejé allí, frótalo en la piel de su abdomen dos veces por día, las contracciones han parado, pero pusieron gran tensión en los músculos y el ungüento ayudará a relajarlos y a evitar que le duela demasiado, sobre todo cuando empiece a comer – le dijo atentamente el ojiazul.

Inu Yasha volvió a asentir, sus ojos también se quedaron en la Portavida. La forma exhausta de Kikyou yacía inmóvil bajo una gruesa manta, respirando con normalidad y un aire de paz. No había despertado desde que la habían forzado a tomar el té de Miroku. Aún así el curador no parecía preocupado. Le había comentado que pasarían un par de horas antes de que Kikyou despertara completamente. El cuerpo de la Portavida estaba cansado hasta el punto de estar inconsciente.

Miroku se giró y observo los restos del hijo de la Portavida envuelto en mantas blancas ensangrentadas, las apretó a su pecho y las miro con profunda pena, después camino hacia la puerta, la abrió y caminó al exterior hasta donde comenzaba el bosque.

Era un día muy bonito pero frío. El olor a invierno colgaba en el aire, pero ¿como era posible de que un día tan bonito no sintiera una gran pérdida?, Inu Yasha fue tras él, parándose en la puerta mientras observaba como su amigo se arrodillaba frente a uno de los arboles, dejaba el cuerpecito a un lado de el y comenzaba a cavar un hoyo.

Al haber terminado, tomo nuevamente el cuerpecito del pequeño colocándolo en el hoyo que había acabado de hacer, Miroku respiró profundamente y cerró los ojos durante un momento mientras juntaba ambas manos y pronunciaba una leve oración, dejando que el débil sol bailara a través de su rostro y de la pequeña tumba. Estaba tan cansado y tan triste.

Al terminar la oración cubrió el cuerpo con la tierra mientras murmuraba.

- Que los Dioses protectores te reciban en sus brazos pequeño angelito libre de culpa – su voz tenía un tono de dolor impregnado, acomodo rocas cercanas a su alrededor y prendió un poco de incienso clavándolo en la pequeña tumba. Se levanto y se dirigió hacia donde estaba su amigo – lamento no haber echo un sepulcro mas digno de un Higurashi, espero tallar con mármol una lapida después – le dijo regresando la mirada hacia donde yacía el cuerpecito.

El canto de los pajarillos y el crujir de las ramas de los arboles al compas del viento se escuchaban como un escalofriante sonido, tanta pena no podría ser consolada y menos si la madre no estaba enterada de la perdida de su mayor tesoro.

- Gracias por todo - dijo Inu Yasha, rompiendo los sonidos que se habían establecido entre ellos.

El Curador se giró hacia su cansado amigo al escuchar su voz - si empeora, envíame a Taisho, aunque no creo que eso ocurra – le dijo colocándose su sombrero de paja.

A lo que Inu Yasha asintió.

Miroku agitaba una de sus manos en señal de despedida para comenzar a alejarse, pero se paró y se volvió hacia su amigo para comentarle algo – Inu Yasha, quizá este aviso sea innecesario pero... Cuídala, ella ahora necesita mucha comprensión y consuelo - dijo suavemente señalando la cabaña - Perder un hijo es lo peor que le puede pasar a una Portavida y en su desesperación para reunirse con su hijo, puede hacer algo... Muy drástico y muy, muy estúpido – le dijo el curador haciendo énfasis en lo ultimo.

Inu Yasha no dijo nada, sabía exactamente de lo que hablaba su amigo…

Suicido…

No era una ocurrencia fuera de lo común entre las Portavida que perdían a sus hijos. Para ellas, era una parte de sí mismas que faltaba, ya que estaban unidos a sus hijos hasta el día en que ellos murieran. Sólo las más fuertes sobrevivían esa pérdida e incluso ellos necesitaban mucho cariño, paciencia y mucho respaldo.

- Ahora que ella va a vivir contigo, necesitas darle algo por lo que seguir viviendo, una razón de vivir – le explicó Miroku - los primeros días son críticos, si le ayudas a sobreponerse a su profunda depresión estará en camino de recuperarse, no sólo físicamente si no también emocionalmente.

El guardián volvió a asentir, aunque no estaba muy seguro de cómo lo haría. No era la mejor persona para reconfortar, consolar y mucho menos dar ánimos a otra. Aun en esa situación se preguntaba si lo que había echo era lo correcto, haber reclamado a Kikyou. Cuando su amigo aún dudó, levantó las cejas hacia él.

- ¿Te importa que te haga una pregunta? - preguntó Miroku suavemente tratando de no incomodar a su amigo.

El Guardián se encogió de hombros. Eso no quería decir que tuviera una respuesta.

- ¿De quién era el hijo? – pregunto neutralmente.

Inu Yasha parpadeó - ¿Importa ahora? - respondió la pregunta de su amigo con una pregunta suya.

Miroku lo miró durante un rato sin decir nada arqueando las cejas - No, no creo que importe más – dijo estando de acuerdo con el guardián, ya no importaba quien era el padre si aquel bebe ya no existía – perdió todo por nada – Susurro, se dio la vuelta y se alejó de la cabaña.

OoOoOoOoO

Kikyou se sentía caliente y todo su cuerpo dolía. Trató de moverse pero sus extremidades se sentían muy pesadas. Lentamente, abrió los ojos y parpadeó un par de veces para acostumbrarlos a la luz del atardecer.

La cabaña, estaba en la cabaña de Inu Yasha.

Giró la cabeza ligeramente hacia un lado y vio a Taisho durmiendo a un lado de ella, giro hacia el otro lado y localizó al guardián a lado de la chimenea. El chico estaba sirviendo algo en una pequeña taza de cerámica. El simple sonido del agua hizo que repentinamente Kikyou se diera cuenta de la sed que tenía, su boca y labios se sentían realmente secos. Trató de tragar saliva, pero su garganta quemaba horriblemente, ¿Qué había pasado?

Debió haber hecho algún sonido ya que una gran cabeza blanca apareció en su campo de visión. El perro, Taisho había bajado de la cama sigilosamente y ahora veía directamente a la chica meneando la cola. ¿Cómo bajo sin que se diera cuenta?

La bestia blanca le estaba dando su versión de una feliz sonrisa acompañada con una agitar jubiloso de cola, pero la chica no podía reunir la fuerza para sonreírle de vuelta, se sentía muy débil, solo logro hacerle una mueca.

- Veo que estás despierta – oyó decir a una voz que se acercaba a ella.

La voz de Inu Yasha hizo que Kikyou apartara sus ojos del perro. Miró al Guardián cruzar la pequeña cabaña y sentarse al borde de la cama sosteniendo en una de sus manos la taza de cerámica.

La Portavida trató de decir algo, pero su lengua estaba demasiado seca y las palabras no salían de su garganta.

- Aquí tienes – le dijo Inu Yasha ayudándole a levantar la cabeza y con la otra mano sostuvo la taza en los labios de la chica.

Al principio la mezcla era como el cielo, pero entonces el sabor amargo golpeó su lengua y Kikyou frunció el ceño. No le gustaba. Trató de alejar su cabeza, pero el peli plateado arrugó la frente en señal de molestia.

- Debes beberte todo, el Curador lo ordenó – le dijo impidiendo que alejara la cabeza y le siguió dando el brebaje a la chica.

¿El Curador?, ¡Ah, sí!, recordaba un hombre con extraños mechones marrones que escondían sus ojos. El Curador tenía gentiles y tibias manos y le había estado sonriendo cada vez que se despertaba. En su presencia, la Portavida tenía el sentimiento de que alguien se preocupaba por ella después de todo.

Las manos de Inu Yasha que le sostenían firme pero gentilmente, dejaron que ahora Kikyou sintiera lo mismo. Alguien se preocupaba. Cuando la taza estuvo vacía el guardian dejó la cabeza de la Portavida en la almohada de nuevo, entonces la chica de largos cabellos negros dijo con voz áspera.

- ¿Que ocurrió? – pregunto suavemente, no podía recordar todo.

- Tuviste una fiebre muy alta y perdiste mucha sangre - explicó el guardián sin ver la cara de la chica, solamente mirando la taza en sus manos.

Kikyou abrió enormemente los ojos por las palabras. ¿Sangre?, ¿Había sangrado?, ¿Cómo...?.

El horror cogió su corazón y sus manos, las mismas manos que no habían sido capaces de moverse minutos antes, se movieron a la velocidad de la luz para tocar su plano abdomen, pero algo no estaba bien, ya no dolía su abdomen como antes, solo un poco con leves movimientos, ese pequeño bulto ya no se sentía, estaba completamente plano, ¿por qué?

El bebé, su pequeño ¿algo no estaba bien?... En su mente buscó por la gentil y pequeña conexión que había estado allí desde el instante en que el bebé había sido engendrado. No se había dado cuenta de ella durante mucho tiempo, ya que se había despertado tan lenta y naturalmente. Pero ahora la falta de conexión la golpeó de lleno. Busco desesperadamente al pequeño tocando por todas partes su abdomen hasta encontrarlo, su mente comenzaba a volverse frenética, ¿Dónde estaba su bebé?, acaso...

- ¡No!, ¡no!, ¡no!, ¡no!, ¡no!... - no se había dado cuenta que estaba repitiendo su mantra en voz alta, toda su mente estaba congelada, incapaz de soportar semejante tragedia, varias de sus lagrimas comenzaron a bajar de sus ojos.

- Kikyou... – le susurro Inu Yasha mientras colocaba su mano en la espalda de la chica, pero la Portavida se alejó del contacto abruptamente, sus ojos avellanas muy abiertos y sorprendidos por el horror miraron al guardián a la cara, suplicándole que negara lo que ya temía, que le dijera que estaba equivocada, que era solo una broma de muy mal gusto, que simplemente era algo menor, que...

Pero todo pensamiento ceso cuando Inu Yasha hablo, no le podía mentir. No en esto, trago saliva y dijo.

- Tu bebé… Tu bebé ha fallecido, el Curador trato de hacer todo lo que pudo, pero dijo que debido a la fiebre el… - susurró el guardián sin poder proseguir, matando el último destello de esperanza en los bellos ojos de la ex sacerdotisa.

Muerto...

Su bebé estaba muerto...

El dolor consumidor travesó su corazón y la mente de la Portavida. Kikyou se giró de lado encarando la pared con rostro ensombrecido y ojos abiertos a la sorpresa, dándole la espalda a Inu Yasha. Se acurrucó en una posición fetal tanto como su cuerpo lo permitió. Sintió su mente cerrándose, la única reacción ante una situación que no podía soportar. El frío sentimiento se extendió por su cuerpo. Se cerró al mundo exterior. Ya nada importaba... Su hijo estaba muerto… Su pequeño pedacito de cielo ya no estaba mas con ella. Él estaba…

Muerto...

Inu Yasha esperaba otro tipo de reacción, pero prefirió que lo mejor sería dejarla en paz por ahora.

OoOoOoO

Al pasar de los días, empezaron una silenciosa rutina.

Inu Yasha hacía de comer y beber para Kikyou, cuidaba sus heridas y no alejaba a la Portavida de su vista, mientras que Kikyou permanecía completamente en silencio y con la mirada perdida, encerrada en su infierno privado, sin darse cuenta de lo que ocurría en el mundo exterior, como un muerto viviente que no posee razón de nada.

Nada de lo que Inu Yasha hacía conseguía romper la fría capa que se puso en los bellos ojos de la chica, una mirada perdida y sin brillo solamente despedían los bellos ojos avellana, como si estuviera muerta en vida. Y aunque lo intentaba una y otra vez, sabía que la única cosa que podía hacer era esperar.

Todas las tardes, antes de que el sol se ocultara, Kikyou se levantaba de la misma posición en la cual permanecía todo el día, acostada dando la espada a todo y solo mirando hacia la pared, apenas y pellizcaba el alimento que el Guardián le dejaba en la mesa, así como bebía un trago del cocido que Miroku había dejado, después salía de la cabaña e Inu Yasha y Taisho la seguían de cerca, caminaba hacia aquel árbol donde días antes Miroku había enterrado al pequeño, el guardián había tallado una cruz de madera y la había clavado firmemente en la pequeña tumba. Acariciaba aquella bella cruz, se hincaba y comenzaba a llorar amargamente frente a él, su llanto estremecía mas que cualquier cosa, un llanto tan doloroso que al escucharlo estremecía a cualquiera, hasta al mismo guardia. Al cansarse de sollozar, se levantaba y volvía a la cabaña para recostarse nuevamente.

Era el sexto día, después de que la Portavida despertara, Inu Yasha tuvo que salir a cortar leña, ahora que tenia otra persona viviendo con el, gastaba mas de la que necesitaba, haciendo más comida y los cosidos que Miroku indico, así como tratar de mantener caliente la cabaña todo el día.

Estaba descuidando su trabajo y lo sabia muy bien. Hacia movimientos con el echa tan rápido como le era posible, sin querer dejar a Kikyou sola durante demasiado tiempo, a pesar de que Taisho lo ayudaba, sabía que el perro no la detendría si querría hacer cualquier tontería, esa situación era muy molesta y exasperante, pero no tenía otra opción, ahora ella era su derecho.

Había descuidado sus deberes de Guardián, afortunadamente no había pasado un incidente mayor, pero no podía seguir postergando la vigilancia, tarde o temprano Kikyou tendría que quedarse sola.

De pronto escuchó un ruido que venía de la casa, era diferente al de la rutina segura que habían tomado, los ladridos fuertes de Taisho no eran nada buenos. Soltó el hacha y corrió hacia la cabaña, un sentimiento frío como el hielo comenzó a llenar su corazón.

Cuando abrió bruscamente la puerta, se congeló.

En el suelo al medio de la cabaña, Kikyou se encontraba arrodillada, las sábanas torcidas alrededor de su cuerpo cubrían su blanca desnudes, su cabello largo negro extendido a su alrededor como una cascada oscura cubrían gran parte de su espalda y llegaba hacia el suelo, su rostro estaba retorcido de profunda pena, sus ojos fuertemente cerrados aun sacando lágrimas de ellos. A su lado estaba Taisho, ansioso, ladrando y lloriqueando fuertemente. El perro no entendía lo que estaba ocurriendo, pero sabía que algo estaba mal.

Pero lo que hacía que los dientes de Inu Yasha se apretaran y que su corazón latiera salvajemente era el cuchillo de caza en las manos de Kikyou. Con la cabeza tirada hacia atrás, dejando caer sus mechones negros como cascada, lo sostenía en alto con ambas manos blancas, apuntando a la yugular en su cuello sin basilar.

Entonces el cuchillo se balanceó hacia abajo a toda velocidad…

- Fin del capítulo 5-

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 5.

Fue una semana difícil, por eso tarde en subirlo, espero les guste, les mando agradecimientos especiales a Dulcechiiel, sabrosita fresita y 773, muchas gracias por leer y escribir XD

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos!).