El Derecho

InuYasha

Por: Ivanov Shinigami

Summary: ¡Ella es mía!, quiero protegerla aun que me cueste la vida.

Disclaimer: Los personajes de Inu Yasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Parings: Inu Yasha X Kikyou.

Category: AU, OCc, generalmente. n-nU

Raiting: lemon suave, masturbación, violación, violencia, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: lenguaje explícito. Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en la historia original del fic El derecho de Gundam Wing escrito por Laie Himura de Fanel. Solo hice la adaptación a mi estilo por que me encanta este fic. Espero les guste.

El Derecho – Capitulo 6.

Inu Yasha se quedó sin respiración, sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa ante aquella escalofriante escena.

Kikyou estaba hincada medio desnuda en el suelo, entre los pedazos de una taza con el cocido que debía tomar diariamente, envuelta solamente en la sábana blanca dejando caer su largo cabello negro como la noche. Taisho ladraba insistentemente al ver el metal salido de su funda.

Un afilado cuchillo de caza estaba levantado sobre su blanco cuello sostenido por las delicadas manos de la chica de cabellos largos. Inu Yasha se congeló, temía que el más pequeño movimiento en falso pudiera romper la imagen serena y dejara que el cuchillo se hundiera en la piel suave y blanca del cuello de la sollozante Portavida.

"Le he fallado, a esa pobre creatura libre de culpa le falle, ¿Qué propósito tiene que siga viva?, ya lo he perdido todo, mi bebe, mi familia, mi dignidad, no soy más que la ramera que todos gritan, ya nada tiene sentido porque no estás aquí pequeño, tal vez sea mejor desaparecer, ¡si!, esa la respuesta, desaparecer de este mundo" – pensaba sin dejar de derramar lágrimas.

Los ojos de hanyou se mantenían inertes en el afilado cuchillo, pero entonces los músculos en los brazos de Kikyou se flexionaron súbitamente hacia ella e Inu Yasha se movió con toda su velocidad. Se lanzó a través de la sala en un intento para detener el arco hacia abajo que hacía el brillante cuchillo, estirando su brazo a toda su capacidad, tomo la hoja del cuchillo con una mano frenándola hasta hacerla sangrar y las manos unidas de Kikyou en la otra para tratar de arrebatarle el cuchillo, la Portavida cayó de lleno contra el piso, mostrando parte de su desnudes y sollozando, mientras que el guardián se posaba encima de ella.

Durante una fracción de segundos todo estuvo quieto. La punta afilada del cuchillo tocó la curva pálida del largo cuello de la chica y una gota roja cayó del pequeño corte en la piel.

Taisho se había apartado del camino de Inu Yasha para sentarse cerca de la chica desconsolada. Ahora el perro miraba a sus dos humanos con ojos llenos de pena, lloriqueando silenciosamente.

Entonces los ojos de Kikyou se abrieron enormemente, una expresión de completo horror esparciéndose por su rostro, la cual hizo entender lo que había estado a punto de hacer. Empezó a luchar frenéticamente, tratando de sacar sus manos de la fuerte amarradura de Inu Yasha, para alejarse del guardián y esconderse en un sitio donde nadie la encontrara.

Inu Yasha ni siquiera parpadeó. Su rostro permaneció sin emoción alguna mientras la hoja se hundía aún más profundamente en su palma. La humedad caliente del líquido goteando en la rodilla desnuda de la distraída Portavida, alertada de que algo iba mal. La lucha cesó y sus ojos castaños se fijaron en la mano ensangrentada del guardián, en cual aún sostenía fuertemente la peligrosa arma. Los ojos de Kikyou se abrieron de par en par de la sorpresa.

Ella...

¿Ella había hecho eso?...

El Guardián sintió que la ex sacerdotisa no sostenía tan fuerte el cuchillo como antes, así que puso rápidamente el arma fuera del alcance de la Portavida, dándole la vuelta en su mano, el hombre de cabellos platinados lo tomo por la punta y lo lanzó al otro lado de la sala. El metal se hundió en la pared al lado de la chimenea, fuera del alcance de la chica quien estaba horrorizada. Soltó las manos de Kikyou, las cuales se dejaron caer en la ensangrentada sabana que cubría parte de su delgado cuerpo y se levantó.

Eso pareció sacar a la chica de su estado hipnótico. Apartando sus ojos de la mano ensangrentada del guardián, la Portavida trató de arrastrarse hacia atrás, lejos de Inu Yasha.

Sus piernas estaban enredadas en las sábanas blancas con algo de sangre, lo cual dificultó su movimiento, sólo tardó unos instantes en liberarse. Pero fue suficiente para que Inu Yasha la tomara fuertemente por la nuca, manchando la pálida piel de la Portavida de sangre carmesí. El pánico se apoderó de Kikyou y volvió a luchar de nuevo, golpeando, gritando, agitándose, tratando de ponerse fuera del alcance del chico de cabellos platinados.

- ¡Para ya! – grito finalmente Inu Yasha molesto. Cuando Kikyou no pareció haberlo escuchado, sacudió a la chica de cabellos largos como una muñeca de trapo - ¡He dicho que pares ya! – ordenó enojado, levantando la voz por primera vez desde que acepto a Kikyou en su casa seis días antes.

Algo en la fría voz del guardián hizo que la chica cesara de luchar. Levantó su cabeza, mirando a Inu Yasha a través de sus mechones negros enredados. Sus ojos tenían la mirada perseguida de un animal acorralado.

Inu Yasha permaneció firme al sujetar a la chica, mirando intensamente a la Portavidas de cabellos largos, cuando finalmente pronuncio en tono molesto - ¡¿Que rayos crees que estás haciendo?!, ¡¿eh?! – Le grito a la chica sacudiéndola violentamente por segunda vez - ¿Qué estás haciendo? – volvió a preguntar.

Kikyou no respondió. Sus dientes vibraban de la sacudida, el profundo dolor que sentía desde que se había caído de la cama se volvió en un dolor agudo, gimió al sentir una contracción en su vientre y comenzó a sangrar una vez mas.

Escuchando el ruido y al ver como las sabanas blancas se tornaban rojas, Inu Yasha dejó de sacudir a la chica. Miró a Kikyou durante unos instantes, como si finalmente se diera cuenta de quién sostenía en sus brazos. El agarre que tenía de las espaldas de la chica se suavizó, pero aún era firme, no la dejaría ir tan fácilmente.

Se miraron a los ojos durante un buen rato. Los ojos de Inu Yasha eran fríos, calculadores e intensos, mientras que los de Kikyou eran desesperados y bastantes transparentes.

El guardián bajó su cabeza y respiro hondo, estaba sumamente molesto e iba a arreglar eso de una vez por todas.

- Ya he tenido suficiente - dijo suavemente con su acostumbrado tono de voz frio - ¡He tenido suficiente de andar de puntillas a tu alrededor, suficiente de mimarte y soportar tus estados de ánimo! – el guardián levantó su cabeza y miró a la chica directamente en los ojos. La expresión en el rostro del guardián hizo que Kikyou se estremeciera - Esto no puede seguir así, no puedo vigilarte todo el día y no quiero volver a casa después de la ronda para encontrarte en un charco de sangre - su voz era helada pero tranquila - ¡Tú bebé está muerto! ¡Acéptalo y sigue adelante! – le dijo desesperado.

Kikyou se estremeció otra vez y cerró los ojos. Escuchar la verdad dicha en voz alta, dolía demasiado. Sacudió la cabeza violentamente, no creía lo que decía ese chico de cabellos plateados, simplemente no lo quería creer.

- ¡El bebé esta muerto! - repitió Inu Yasha con más fuerza - Está muerto, ¡pero tú no!, ¡tú no moriste! Y eso es lo que cuenta – le decía una vez mas en voz alta.

- Pero debería haberlo hecho… - susurró la ex sacerdotisa sintiéndose abatida.

Inu Yasha se congeló al escuchar a la chica y reaccionó del único modo que conocía. El ruido de la bofetada resonó por toda la cabaña, no quería hacerlo, se había contenido, pero era necesario.

La cabeza de Kikyou cayó hacia un lado. Sus ojos castaños se abrieron sorprendidos mientras de su mejilla lentamente brotaba una marca roja cubriendo casi toda. Lentamente movió su cabeza hacia Inu Yasha, sus ojos ámbar intensos lucían fieros y desesperados, podía despedir la furia con solo mirarlos, lentamente los ojos de Kikyou, comenzaban a cristalizarse.

- ¡No vuelvas a decir eso!, ¡NUNCA MÁS!, ¡no hay nada por lo que valga la pena que mueras!, ¡ni siquiera esto!, ¡no quiero que una cosas así salga de tus labios nunca mas! – le grito el guardián mirándola fijamente a los ojos, su voz sonaba furiosa y desesperada.

Las últimas palabras travesaron la mente de Kikyou y sintió como algo dentro de ella se rompía.

Era la presa que sostenía sus emociones. Todos los sentimientos de odio, enfado, impotencia, desesperación, pena y frustración fueron vertidos e inundaron su mente rápidamente con esas simples palabras.

Trago saliva, ya no podía finalmente y pronuncio…

- ¿Nada?, ¡¿dices que mi bebé es nada?! - gritó, empujando a Inu Yasha por el pecho y haciendo que perdiera el equilibrio, cayo sentado en el suelo y Kikyou contesto nuevamente - ¡Cómo te atreves! - gritó la mujer furiosa, sus ojos brillaban intensamente - ¡No sabes lo que es llevar una vida en tu interior, valorarla, quererla más que nada en el mundo y entonces que sea arrancada de ti antes de conocerla!, ¡No sabes lo que es sobrevivir a casi una muerte segura para salvar a tu propio hijo!, ¡Le he fallado!, ¡Le he fallado! – gritaba y lloraba sin contener el llanto..

El guardián estaba sentado en el suelo encarando a la chica, su mano herida yacía bocarriba encima de su pierna, escurriendo poco a poco gotas de sangre. Tenía una expresión reservada mientras miraba a la Portavida enfadada, pero algo en sus ojos hacia obvio que realmente no lo sabía. Las manos de Kikyou se pusieron en puños encima de sus piernas, apretándose fuertemente, su rostro pálido y cansado, sus ojos castaños brillando por la furia.

- ¡Soy un fracaso!, ¡Un fracaso total! - gritó nuevamente la chica, mientras lágrimas resbalaban por su rostro y una voz impregnada y llena de odio por si misma - ¡No puedo hacer nada bien!, padre tenia razón, no sirvo para nada - la Portavida cerró sus ojos y sacudió la cabeza - ¡Mi padre tenía razón!, ¡tenia razón!, ¡No sirvo para nada!, ¡para nada! - susurró repitiendo una y otra vez bajando su cabeza – ni siquiera para engendrar una vida.

- Eso no es verdad… - respondió suavemente Inu Yasha al ver a la desesperada chica.

La cabeza de Kikyou se levantó de golpe para mirar esos ojos ámbar que la veían con algo de lastima - ¿No lo es?, ¡He matado a mi bebé!, ¡¿Acaso no lo entiendes?!, ¡Lo he matado! – gritó furiosa para consigo misma.

Lentamente como si no quisiera asustar a la destrozada Portavida, Inu Yasha se arrodilló y comenzó a acercarse más a la inocente creatura para terminar susurrándole.

- No, no lo hiciste.

Kikyou sacudió su cabeza, su cabello negro como la noche volaba salvajemente a su alrededor.

- ¡No lo entiendes!, ¡Está muerto!, ¡Mi bebé está muerto y yo lo maté! – decía llorando con voz desesperada.

Cuidadosamente, el guardián estiró sus brazos y los puso alrededor de la temblorosa chica. Por primera vez lo decidió, seguiría sus sentimientos.

- Pero no lo mataste tú... – le susurraba al oído mientras sus manos sobaban su espalda para tratar de consolarla.

- ¡Lo hice! – dijo en un sollozo.

La chica de cabellos largos luchó en los brazos del Guardián durante un instante antes de rendirse y tomar el traje de Inu Yasha en sus manos apretándolo con fuerza.

- Lo hice... – sollozó nuevamente - Mi bebé está muerto, Inu Yasha. ¡Está muerto!. Por favor, devuélveme a mi bebé, por favor, quiero que vuelva mi bebe Inu Yasha, una creatura tan inocente no puede estar muerta. Por favor, Inu Yasha - Kikyou presionó su rostro contra el pecho del guardián y dejó que las lágrimas cayeran sobre el.

El guardián sostuvo a la llorosa Portavida en sus brazos mientras los profundos sollozos atravesaban el delgado cuerpo de la mujer. Para su sorpresa, se encontró meciéndose hacia delante y hacia atrás suavemente para tratar de consolarla, acariciando la curva de la desnuda espalda de Kikyou en un gesto tranquilizador y lleno de ternura.

Nunca había sabido que era tan cálido preocuparse por alguien, hasta ese día...

-Fin del capítulo 6-

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 6 de: El derecho. Uff, primero que nada una disculpa por el retraso, pero ya saben, cosas que se deben hacer y muchos planes, luego les contare U.U, segundo, debo decir que fue un capitulo difícil, otra vez, este tema del aborto me es difícil expresarlo y más por cómo se siente nuestra sacerdotisa consentida, pero por fin está terminada esta parte.

Les mando agradecimientos especiales a Serenity Usagi y fabelliot, muchas gracias por leer y escribir, créanme que cada review es maravilloso para mí, porque amo escribir y si a las personas les gusta, esa es la mayor satisfacción XD

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos).