Severus estaba nervioso mientras empujaba su maleta en el cubículo sobre el compartimento que compartía con sus mejores amigos.

Estaban sobre el expreso de Hogwarts, que los llevaría a la estación, y a él, de regreso con su…familia.

A pesar de que su madre había enviado una nota dirigida a los padres de Hermione para asegurarles que estaba de acuerdo con que el pasase las fiestas con ellos, Orion Black había si peculiarmente insistente en hablar con sus padres personalmente. Severus se preguntaba si le llamaría la atención que su padre no estuviese ahí, y aun mas, se preguntaba si los cuestionaría al respecto, ¿qué contestaría su madre?, ¿Qué pensarían sus amigos si se enteraban la verdadera naturaleza de la que él llamaba su familia?... ¿Qué pensaría Hermione?

Como si sintiera sus temores, la mano de la niña atrapo la suya ni bien el pelinegro tomo asiento junto a ella. Tal vez lo sentía, en realidad, ya no podía estar seguro. El vínculo entre ellos se hacía más fuerte con cada día que pasaba. Tal vez, incluso Remus podía sentir su creciente pánico.

Aprovechando la libertad que tenían para hablar, los tres comenzaron a discutir sobre animagia. Si bien Remus no podía ser un animago, al ser un hombre lobo, estaba muy interesado en el tema y trataba de ayudar en lo que pudiese a sus amigos. Hermione había mejorado mucho, y su transformación ahora era como una segunda naturaleza, sin requerirle tanta concentración. Sin embargo, Severus aun luchaba con su meditación, y no había podido vislumbrar siquiera la forma que tomaría. Hermione había tratado de animarle, diciéndole que era algo que llevaba tiempo, y que era una habilidad que escasos magos, incluso adultos, lograban adquirir. Le decía que lo estaba haciendo muy bien, y que se diera tiempo, pero Severus estaba cada vez más frustrado y, si era honesto, le asustaba que su incompetencia abriese una brecha en la relación que tenía con Hermione y Remus, temía no lograrlo jamás y que su conocimiento de ellos siempre fuese incompleto.

Por eso mismo, no había día en que no dedicase su máximo esfuerzo, aun sin resultados.

La conversación fue interrumpida cuando la puerta se abrió con un chirrido. Allí, paradas en el pasillo con una apenas velada mirada de furia, estaban Lily y dos de sus amigas Gryffindor.

-Los demás compartimentos están llenos- dijo una de las niñas, algo cohibida por la pesada atmosfera y las miradas de desprecio en los rostros de los dos niños, y la fría mirada vacía de la pelinegra.

-No veo como eso es nuestro problema- Hermione sintió que su corazón daba un salto irregular dentro de su pecho al oír el tono envenenado de Severus, acompañado por el alzamiento de una de sus finas cejas. Habían sido solo unos meses pero, a medida que su confianza crecía, la timidez iba dejando paso a ciertos rasgos característicos del hombre que ella había conocido, en otra vida. Pero más feliz, ella esperaba.

-Seguramente tus amigos te habrán guardado un puesto, ve con ellos- zanjó Remus, en un tono frio, aunque mucho menos combativo que el de Severus, al tiempo que se levantaba y cerraba la puerta del compartimento una vez más, en las caras de las tres shockeadas jovencitas, dando por terminada la discusión.

-Eso no es necesario, Severus, Remus- dijo Hermione, si bien la idea de pasar todo el camino de regreso a la estación con Lily y sus amigas no le resultaba demasiado agradable tampoco- No quiero que crean que necesitan hacer eso por mí. Remus, ella es tu compañera de Casa; y Severus, entiendo que Lily es tu amiga de la infancia-

-Ya no- interrumpió el pelinegro, apretando el puño que no contenía la pequeña mano de Hermione- Ya no-

Hermione apretó su mano en un silencioso gesto de apoyo, y Remus le lanzó una mirada cargada de simpatía antes de sacar un libro y comenzar a leer. Los tres habían perdido el deseo de hablar, el humor ensombrecido por la repentina aparición de aquella a la que habían considerado una amiga.

Remus y Hermione compartieron una rápida mirada de preocupación sabiendo que, de los tres, Severus era el que más la había conocido y el que más había sentido la traición. Luego, todos se sumieron en sus propios pensamientos.

Ambos tenían razón, por supuesto. Severus aún estaba muy dolido por la traición de la pelirroja; se conocían desde hacía tres años, y había sido su primer amiga (y su primer amor, si era honesto consigo mismo). Y, aunque ya no sentía nada por ella, la facilidad con la que los había abandonado aún era una herida abierta e infecciosa en el interior del joven. Tal vez, porque no podía comprender que la había llevado a romper relaciones con ellos de esa manera. Severus ya no podía imaginarse sin la compañía de sus dos mejores amigos, ni quería; ¿cómo pudo Lily renunciar tan fácilmente al vínculo que se había creado entre todos ellos?

Una semana atrás, se le había acercado en la biblioteca, aprovechando una de esas raras ocasiones en las que se encontraba solo. Había sido muy dulce al saludarlo, como en los viejos tiempos; le dijo que lamentaba como las cosas habían quedado entre ellos, y que le gustaría que pasaran algo de tiempo juntos esas fiestas, tal vez en el parque donde se había conocido. El pelinegro no hubiese querido verla aun si se hubiese marchado hacia la Hilandera, toda confianza perdida entre ellos pero, cuando se excusó diciéndole que pasaría las festividades con la familia de Hermione, allí estaba de nuevo la Lily que el solo había conocido al llegar a Hogwarts. Ella se había puesto frenética e iracunda. Severus la había dejado allí, y se había retirado a mitad de la discusión. De algo había servido: le había dado la certeza de que Lily Evans ya no era su punto débil, de ninguna forma imaginable.

Había podido alejarse de ella y sus reproches, sin mirar atrás.

Al llegar a la estación, los tres descendieron del vagón, y Hermione giró su rostro hacia ambos lados, buscando rostros familiares. Severus y Remus supieron el momento exacto en el que los encontró, porque los ojos grises de la niña se iluminaron como si estuviese mirando directamente al sol.

Hermione bajó del tren, seguida por Severus y Remus, solo para ser atacada por un joven de cabellos negros como la tinta, que la abrazo hasta cortarle la respiración.

-¡Reggie! Yo también te he extrañado- rió la pequeña, sin notar como los celos que lo invadieron momentos previos escapaban de Severus, al entender que se trataba del hermano menor de la pelinegra. Remus observaba silenciosamente las expresiones de su amigo, divertido ante lo que veía allí.

-Al fin estas aquí, ¡Gracias por la bufanda, me encanta!- dicho obsequio estaba envuelto alrededor de su cuello, y sus pequeños dedos acariciaron reverentemente las rayas verdes y grises de lana.

-Ya lo creo, no se la ha quitado ni para dormir desde que se la he dado- interrumpió la voz de su padre, que se había acercado a ellos a un paso mucho más digno.

-Es bueno verte de nuevo, padre- la joven hizo una leve reverencia, y sus dos amigos se apresuraron a saludar con igual cortesía a Lord Black- Regulus, te presento a mis dos Caballeros y queridos amigos: Severus Snape y Remus Lupin- dijo formalmente, señalando respectivamente a cada niño- Severus, Regulus, este es mi hermano menor, Regulus Black- ambos hicieron una reverencia, que el niño devolvió apresuradamente, claramente interesado en las nuevas adiciones a la familia.

-Pueden llamarme solo Regulus, o Reggie, o Reg- Hermione cubrió la boca de su hermano con su pequeña mano, riendo.

-Respira profundo, Reg, no se irán a ningún lado, aun si hablas a una velocidad normal- el joven se sonrojó, y se paró más derecho, recordando su papel en la familia, y lanzándole una mirada de disculpas a su padre.

-Es un placer conocerlos al fin, mi hermana me ha hablado mucho de ustedes en sus cartas- los dos niños trataron de no dejar ver su sorpresa ante el radical cambio en la forma de comportarse del ojigris.

Sin embargo, antes de que pudieran contestar, un sonido tras ellos hizo que todos giraran al unísono. Orion Black observó con interés como ambos niños parecieron posicionarse más al frente de su hija, y se sintió orgulloso al ver que Hermione había sido la de más rápida reacción al sacar su varita y girar hacia la fuente del sonido.

Allí, en el suelo, yacía Xenophilius Lovegood, con su equipaje desparramado sobre el andén. Un poco más alejados, los merodeadores reían.

Hermione se apresuró a acercarse al joven rubio y, acompañada de Remus, le ayudaron a juntar todas sus pertenencias, no sin antes lanzarles una mirada envenenada a los Gryffindor.

Solo cuando terminaron de arreglar el equipaje y levantar a Xeno fue que notaron que Severus no estaba con ellos. Cuando miró hacia atrás, y noto que su padre tenía una mirada homicida, comprendió que Severus había sido demorado por Orion para una explicación más extensiva de lo que estaba sucediendo, y quien era el joven rubio.

Por el rabillo del ojo, mientras abrazaba levemente a Xenophilius y le deseaba unas felices fiestas, Hermione vio a su padre avanzar hacia los merodeadores y extirpar forzosa y dolorosamente a Sirius del grupo, por el brazo, tras cruzar unas palabras con los otros jóvenes, que pareció haberlos dejado bastante shockeados, con la sangre huyéndoles del rostro.

Todos los niños procedieron a sentarse en una de las bancas disponibles en el andén, esperando cruzarse con los padres de Severus, que deberían venir a despedirlo y conocer a Orion en persona.

Hermione, Severus, Remus y Regulus se sentaron en un banco y comenzaron a hablar animadamente en voz baja, algo que Sirius tomo como una clara señal de que no estaba invitado a esa particular discusión. El Gryffindor se sentó en la banca opuesta, lanzando furtivas miradas al grupo, viendo como Hermione tenía una de sus manos entrelazada con la mano de Snape, y se reía de una anécdota que Regulus estaba contando con gran entusiasmo. Reggie no le había dedicado ni una mirada.

Tras unos minutos, una lechuza apareció, posándose en el hombro de Severus. Éste, teniendo una buena idea de que se trataba, tomó la carta que ésta le ofrecía y la leyó rápidamente antes de entregársela a Lord Black.

Orion frunció el entrecejo, tratando de no expresar su frustración al leer la cordial disculpa de los Snape, que decían no poder llegar a la hora pactada para despedir a su hijo. Severus, por su parte, se sintió increíblemente nervioso al notar las líneas que se formaron entre los ojos del padre de su amiga, esperando que éste no tomase aquella carta como una ofensa. Al final, respiró tranquilo cuando el Lord solo les dijo que estarían partiendo de inmediato rumbo a Grimmauld Place.

Mientras todos acomodaban sus equipajes de la mejor forma posible para no dejar nada atrás cuando Orion los ayudase a aparecer a todos a la vez, Hermione aprovechó que Reggie hubiese decidido ayudarla con el suyo, para inclinarse y susurrarle algo que, sin notarlo, los poderosos sentidos de cierto lobo lograron captar.

-Tengo algo planeado. Es importante, y voy a necesitar ayuda. Es una misión que requiere mucha discreción, y extrema astucia- el joven Black sonrió encantado ante la idea de una nueva aventura con su hermana.

-Sabes que estoy dentro, Mione. Ha sido aburrido sin ti, todos estos meses-

La conversación fue interrumpida cuando todos tuvieron que acercarse y tomarse de las manos o aferrarse de algún modo al adulto que los llevaría a la residencia donde pasarían las fiestas.

Nadie notó la mirada pensativa y preocupada de Remus, que se preguntaba si su amiga estaría en peligro. Si era así, ¿Por qué se los estaba ocultando? Ellos no habían sido notificados de ninguna "misión" durante las fiestas así que, fuese lo que fuese, Hermione no estaba involucrándolos.

Continuara…

Hola, ¿Cómo están? Lo sé, no hay excusa, han pasado meses, pero mi inspiración para esta historia había desaparecido, y no sabía cómo continuarla, sinceramente.

Hace unas semanas, comencé a desarrollar otra historia, también SS/HG, y mientras escribía sobre esa historia, de a poco, mi inspiración logró volcarse un poco en esta.

Espero que les guste el cap., y nos vemos en el próximo (que no va a ser dentro de meses, lo prometo).

Saludos.

Lady Black Snape