El capítulo puede que sea muy lioso y es que después de cuatro o tres años sin escribir y retomar la historia se me está haciendo algo complicado pero me apetece, tal vez sea el más corto de todos o puede que el resto sean más o menos de esta longitud para hacerme más ameno el seguir la trama que tenía en mente.

Espero os guste.

Disclaimer: South Park no me pertenece.


La comida había sido muy buena, sin duda Damien y Angela se preocupaban porque sus empleados tuvieran una buena y variada alimentación. Bradley se sentía satisfecho, mirando a su alrededor como el resto de personas se levantaba para volver a la carpa principal mientras la joven rubia del antifaz se encargaba de recoger todos los platos. Se puso en pie imitando sus acciones, tomando los platos que habían sobre la mesa que había utilizado, acercándose tras ello a la joven propietaria.

-Déjame que te ayude.- La joven dio un pequeño salto al escuchar su voz pero no emitió sonido alguno. Sin más señaló un papel cerca de los barreños que se usaban para lavar los platos, el rubio se acercó para leer el contenido del mismo, una lista indicaba a quien le tocaba hacerse cargo de esa tarea a lo largo de los días, pero aun así no se sentía conforme, al fin de cuentas él tenía esa tarde libre y por ayudarla su investigación no se iba a ver complicada. –Da igual, tengo tiempo, puedo ayudarte aunque sea a secarlos.- La chica aceptó asintiendo con la cabeza de forma que su largo cabello se deslizó sobre sus hombros cayendo en su inexistente pecho.

Pasar tiempo con la fémina era tranquilo, dejaba que su mente corriera con las dudas que se formaban, este caso era extraño, un chico había desaparecido, pero ahora a su interés se sumaba el hecho de que varios de los integrantes habían sido unidos sin llegar a la mayoría de edad, por la mente del agente pasó la idea del tráfico de niños pero la felicidad que emanaba de los empleados de aquel lugar distaba mucho de lo que él tenía por sabido era ser un esclavo. Unas suaves palmadas en su hombro le hizo volver la vista para dar de lleno con el color rosa del pomposo vestido de Thorn, dándose cuenta de que la pila de platos ya estaba terminada. La joven mostrando una apacible sonrisa tomó su mano encaminándole de nuevo a la gran carpa central donde todos se hallaban aún inmersos en sus números. El contacto se rompió al quedar cerca de la pequeña vaya que separaba el escenario del publico pero esta vez el joven de cabellos rubios cenizos no se acercó a Boyett, es más, estaba en el centro de la pista contoneando su cuerpo con soltura, como si de una serpiente se tratase y arrebatara la atención de todo aquel que lo miraba.

El joven policía miraba embelesado a su compañero de cuarto, ignorando todo lo que le rodeaba en ese momento, sus ojos se encontraron y por un segundo su respiración se paró, el calor en sus mejillas se acumuló y por acto reflejo comenzó a morder las uñas de su diestra desviando su mirada de la figura aniñada de Butters.

-Por lo que veo alguien se ha ganado un admirador.- Kenny rió sentándose en la baranda a su lado mirándole por el rabillo del ojo. –Es una gran persona, una pena que su nombre vaya a estar manchado por esa mierda de policía que nos tiene aquí, ¿Sabes? Tal vez no todos estén libres de pecado en este lugar, es más por lo que sé, solo por nuestra orientación sexual ya arderemos en el infierno, pero te aseguro que no iremos allí por lo de Phiph Habbert.-

-Por lo que tengo entendido la investigación policial está estancada.- Mintió sin mirarle, atento a cada una de las palabras de aquel chico, se le veía totalmente convencido de que nadie de allí había tenido nada que ver con aquella desaparición.

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La noche cayó más rápido de lo que habría querido, apenas había hablado con nadie y quien más "información" le había dado sobre el caso había sido Kenny y para nada aquello le era útil en sus informes. Se pasó la diestra por la parte baja de la cara frustrado mientras observaba sus papeles con apenas una línea escrita en ella '¿Qué esconde este lugar?' Elevó la mirada cuando una figura delgada de casi su estatura ingresó en la carpa portando una toalla en la cabeza tras una agradable ducha caliente. Butters dejó la toalla sobre los rizos mojados del mayor, secando estos sin pedir permiso.

-Si duermes con el pelo tan mojado enfermaras.-

-¿Eh?- Los ojos marrones se centraron en el movimiento lento de los brazos del contorsionista, sin duda aquel chico no era mala persona, se preocupaba por alguien que acababa de conocer, hasta había planeado el pequeño espectáculo de bienvenida.

-Eso, que mejor no enfermes, tú eres nuestro medico, sería un problema que tú estuvieras mal.- Los nudillos del rubio cenizo se frotaron entre si delatando su vergüenza cuando detuvo su acciones en el pelo de su acompañante.

-Gracias Leopold.-

Butters rió cubriendo sus labios llevándose una mirada extrañada del que tenía delante.

-Lo siento, nadie me llama así, al menos no desde hace años.- Suspiró tomando asiento en su cama, quedando frente a su compañero. Alzó las piernas subiéndolas también al colchón, rodeando sus rodillas con los brazos dejando su mejilla reposar sobre estas. –En un mes o dos estaría visitando a mis padres, ahora ni siquiera sé si saldremos de aquí, ¿Sabes Bradley?- Los orbes aguamarina se cristalizaron al chocar con los café del opuesto, perdiendo el contacto al bajar la vista. –Nos van a culpar de algo que no hemos hecho, pero a nadie le importa si es o no justo, solo quieren tener a quien culpar, y nosotros somos como quien dice, un puñado de fenómenos.- Susurró sin levantar la cabeza.

Aquellas palabras calaron al joven agente, cuando veía al rubio o al resto de elenco podía asegurar que eran inocentes, tal vez Damien tenía algo que le crispaba, incluso Angela lo tenía, pero el resto no le parecía ser culpable de la desaparición. Le costaría pero mostraría la inocencia de todos, si de verdad Pip no estaba allí en un mes volverían a América, no podía prometérselo abiertamente pero en su cabeza se formó la promesa con fuerza.

-Le… Butters, ¿Puedo hacerte una pregunta personal?- Se inclinó hacia el nombrado, un mechón rebelde cayó sobre su frente dando una imagen atractiva, haciendo sonrojar al más joven que asintió con suavidad. -¿Qué te hizo entrar a un circo con dieciséis años?-

-Amo esto, desde pequeño.- La voz de Leopold sonaba nostálgica, pero no sentía tristeza en sus palabras, más bien se sentía cálido. –Mi padre solía llevarme al circo desde que tengo uso de razón, siempre era el mismo, recorría solo el estado de Misuri, los integrantes eran de diferentes puntos de este y se sentían cómodos en su tierra, más que un trabajo era un hobby para ellos. Uno de los contorsionistas era amigo de mi padre, bueno más bien… Fue el primer amor de mi padre.- Se silenció al ver el rostro atónito de Bradley, riendo bajo antes de continuar. –Nunca se confesó y acabó enamorado de mi madre, pero esa espina siempre estaba en su corazón. Yo aprendí todo lo que necesitaba para ser más flexible allí, pero mi madre se acabó enterando de que aquel hombre se seguía viendo con mi padre, me prohibió volver a pisar un circo, mis padres pelearon de forma horrible. Nunca había visto a mi madre llegar a golpear a mi padre, él no se defendió pero se volvió más amargado tras aquello, se alteraba a la mínima y yo sufría de los castigos más absurdos que creí poder imaginar.- De nuevo rió, pero en esta ocasión la amargura se hizo notoria en toda la carpa. –Tenía a penas recién cumplidos los dieciséis cuando este circo llegó a la ciudad, esa noche me escapé y disfruté de un corto espectáculo, en aquel entonces solo tenían a Craig, Kyle y Eric, no era mucho pero llamaban la atención. Gregory me pilló contorneándome al ritmo de la canción que cantaba Craig, me ofreció trabajo y en un principio me negué.-

-¿Y cómo acabaste aquí? ¿Te convencieron?-

-Mi padre me pilló dos días después repitiendo aquellos pasos en mi dormitorio, le vi llorar, me dio miedo acabar castigado, recuerdo que no podía dejar de temblar cuando se me acercó y tomó por los hombros 'Me recuerdas mucho a él.' Tomó mis mejillas y juntó nuestras frentes 'Ayer te vi en el circo.' Mi sangre se heló y era yo quien quería romper a llorar, pero me mantuve fuerte. 'Acepta Leopold, no te vuelvas lo que tu madre y yo vemos correcto, tú eres un alma flexible y tu cuerpo lo demuestra, sigue tus sueños, yo estaré orgulloso de ti.' Lloré, lloré muchísimo, nunca había oído a mi padre decir que estaba orgulloso de mi. No lo pensé Bradley, tomé todas mis cosas y me fui de mi casa a perseguir mi sueño.- Secaba sus lagrimas con el dorso de sus manos, sonriendo abiertamente.

El agente se levantó de la cama arrodillándose ante el opuesto rodeándolo por los hombros, fue un impulso que no supo contener, acariciando el corto cabello platino del menor, sintiendo como los finos brazos del contorsionista rodeaban de igual forma su cuerpo y sus sollozos iban a menos conforme los minutos avanzaban.

-¿Mejor?- Cuestionó separándose lo justo para ver sus mejillas enrojecidas y los grandes orbes hinchados por el llanto.

-Sí, gracias, supongo que he soltado toda la desesperación de estar en la situación en la que estamos, no sé.-

-No pasa nada, es comprensible.- Si antes se sentía como la mierda ahora se sentía peor, cuando se hizo policía era para ayudar a la gente, sin embargo en este momento su placa le pesaba, ser la ley le hacía enemigo de ese adorable chico que seguía aferrado a él.

-Bradley… ¿Podrías dormir conmigo esta noche?- El susurro lo devolvió a la realidad, mirando el enrojecido rostro, esta vez por la vergüenza.

-Claro Butters, vamos a dormir.- Besó las rubias hebras poniéndose en pie, tambaleándose por el entumecimiento de sus rodillas al estar apoyadas en el suelo. Algo torpe hizo que el menor se metiera en la cama tumbándose a su lado y cubriendo ambos cuerpos con la fina sábana. –Buenas noches.-

-Buenas noches.- El contorsionista se abrazó a su compañero, pegando su rostro al pecho del mismo, oyendo el acelerado latido de su corazón que hacía la competencia al propio.

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El comisario Thad Jarvis caminaba por las nubladas calles de Londres, un escalofrío recorrió su columna al tener ante él el circo con sus diversas carpas alzadas altivas. Colocó bien la pequeña liga de pelo que sostenía el rizado y castaño cabello, ajustando tras eso su traje para lucir impecable como siempre. El agente Boyett llevaba casi una semana y apenas había logrado nada, su investigación seguía igual de atascada y la familia del joven Habbert comenzaba a ser un grano en el culo para el cuerpo de policía. Suspiró mirando de nuevo el papel en sus manos mientras avanzaba entre el elenco que comenzaba su rutina matutina, sus oscuros ojos chocaron de lleno con la mirada incrédula de Bradley que no sabía que hacer, solo un gesto del comandante y el rubio fingió no haberlo visto en su vida, volviendo a prestar atención a sus quehaceres.

El castaño paró frente a la gran carpa que pertenecía al fundador de aquel circo, tocando la pequeña campana del exterior. Apenas unos segundos después Damien salió tras la cortina dejando ver una sonrisa ladina, no iba a ocultar su molestia, nunca fue un hipócrita y esta vez tampoco lo sería.

-Comandante Jarvis, ¿A qué se debe el deshonor?- Cruzó los brazos a la altura de su pecho, enarcando una ceja en lo que bajaba la vista hacía el joven que tenía delante.

-Señor Thorn debería usted mostrar más respeto a las fuerzas de la ley.- Carraspeó el castaño, quería parecer serio pero el hombre ante él imponía, incluso siendo menor en edad que él el moreno parecía tener más edad y eso muy en el fondo le molestaba.

-Supongo que sí.- Sonrió mostrando sus marcados colmillos.

-Supone bien, y creo perderá la sonrisa con esta noticia.- Le tendió el papel dejando por unos segundos que se percatara de lo que se trataba. La cara de Thorn cambió por completo mostrándose más seria y siniestra, consiguiendo que Thad tragara saliva. –A partir de hoy no podréis seguir ejerciendo hasta que se soluciones todo el asunto de la desaparición. No tengo nada en contra vuestra, pero la familia Habbert es poderosa y es lo mínimo que piden.- Murmuró colocándose bien la corbata. –Lo siento señor Thorn, espero esto se solucione pronto y puedan volver a sus vidas.-

-O a la cárcel, ¿verdad?- Inquirió con molestia arrugando el papel entre sus manos.

-Sí, o a la cárcel. Le repito, no tengo nada en contra vuestra, para mi los fe…- Se cayó de golpe al ver la mirada asesina que el más alto le ofreció. –Miembros del circo.- Carraspeó. –Sois solo sospechosos, como cualquier otra persona, si resultáis inocentes, personalmente vendré a disculparme uno por uno.- Afirmó antes de darse la vuelta y marchar de allí, notando los orbes borgoña pegados a su cuerpo.

Damien caminó molesto pero firme a la carpa principal, entrando en esta como una ráfaga, con una expresión tan seria que heló la sangre de los más recientes en aquella gran familia. Su caminar se detuvo en medio de la pista, con un movimiento de la diestra indicó a todos que dejaran lo que estuvieran haciendo y cortaran la música, el silencio se hizo palpable a su alrededor y miles de miradas estaban puesta sobre el joven.

-El comandante de policía ha venido esta mañana, se que muchos lo habéis visto, nos han prohibido ejercer hasta que se resuelva el caso del cual nos culpan, todo es gracias a los Habbert.- La voces no tardaron en mostrar sus quejas en alto, entre la gente molesta una chica de rubios cabellos se acercó a su esposo tomando sus manos y mirándole con preocupación. –No te preocupes mi amor, esto terminará antes de lo que esperábamos.-