Ratatouille 2 (en pastel)
El teléfono suena sin cesar y la rubia lo contesta aun secándose el cabello.
-Moshi moshi… ¿Michiru? ¿Pasó algo?
-Sí, pasó. El tío Gabriel iba a China y el vuelo que debía tomar se canceló. Me llamó y le ofrecí quedarse en casa, pero ya es casi hora de comer y necesito que me ayudes con la cena.
Si la vida tuviera banda sonora, Haruka está segura de que en ese momento se escuchaban los estridentes violines de la película Psicosis de Hitchcock.
-¿Gabriel? No es mi tío, es el cuñado de mi madre, y su familia no es la mía.
Michiru rodó los ojos al escuchar por enésima vez a Haruka diciendo lo mismo.
-Pero es mi tío, hermano de mi madre, comparto un cuarto de su sangre. Y soy su sobrina favorita, lo menos que puedo hacer es servirle una cena decente, ofrecerle un cuarto y descanso para que pueda continuar su viaje. Siempre nos recibe, a ambas –enfatizó esa palabra- en su casa, cada vez que vamos a París.
Eso era cierto, Haruka no pudo discutirlo, porque a pesar de que no se llevaba bien con su tío francés, nunca había permitido que se quedaran en un hotel y sabía que podía contar con alojamiento en su casa. Y con la voz algo contenida, preguntó algo que jamás pensó preguntar.
-¿Qué necesitas que cocine? –Kami-sama, no podía creer que hubieran salido esas palabras, en específico ese verbo, de su boca.
- Ensalada de hojas verdes, no es difícil, solo las lavas, dejas que se sequen un poco, las trozas y las pones en el recipiente. Lo otro que necesito que hagas en un ratatouille express, al tío le gusta mucho, pero no le pongas pimientos, esos los detesta. Quiero hacer un pastel de ratatouille, hay masa en el refrigerador, de la que quedó del sábado.
-Explicate –dice yendo a la cocina- no entiendo lo del ratatouille express.
-Fácil. Picas cebolla, berenjena, tomate y calabacines, parece que queda una bandeja de champiñones, esos también ponlos. Calientas aceite de oliva, le pones un diente de ajo aplastado, una ramita de tomillo, revuelves todo, agregas sal, lo tapas y lo dejas cocinar a fuego lento. Ahora estoy entrando al aeropuerto para llevarlo a casa. Si puedes estiras la masa para armar el pastel en cuanto lleguemos, a menos que te atrevas a hacer el pastel. Es solo poner la masa en el molde, agregar el relleno, poner la cubierta de masa y agujerearlo para que salga el vapor. No olvides calentar el horno. Ahh, de postre hay helado de vainilla, pero no te preocupes, eso lo puedo servir yo… Oncle Gabriel! Comment ça va?
La voz de Michiru desaparece detras del sonido de cierre de la llamada y solo queda el silencio, Haruka con el teléfono aún en la mano, parada al medio de la cocina algo aturdida aún por el discurso de Michiru, que está segura ni siquiera respiró para soltarlo.
-Ok… Al menos dijo que servirá el postre. La ensalada es fácil, hay una bolsa de hojas verdes –dice revisando el contenido del refrigerador -este ratatouille es sin pimientos, Gabriel los detesta... hmmmm... no hay calabacines, así que… champiñones. Dijo que solo trozar, poner en la olla caliente, sal, hierbas, revolver y tapar. Oh, sí, aceite de oliva. -Hace un repaso mental antes de ponerse manos a la obra -¡Trabaja Ratatouille!
Sin problema troza las verduras, cebolla, berenjena, tomate y champiñones, calienta el aceite de oliva en la olla, añade todo, agrega sal, revuelve, prueba. Está bien de sabor, así que agrega las hierbas, ajo, cubre y baja la llama. Lava las hojas verdes, las deja en el colador para que no estén llenas de agua y decide estirar la masa. Hace un par de días vio como Michiru armaba el pastel, y no parecía difícil. Solo rogaba no cometer un error que Gabriel le recordara por toda la vida.
Buscó el molde, recordó calentar el horno y como Michiru le hacía encenderlo cada vez que le daba por hornear algo, se terminó acostumbrando y venciendo el miedo. Una vez hecho eso acomodó la masa adentro del molde, estiró la cubierta, sacó la olla del fuego y recordando algo que vio hacer a Michiru, pero que no le dijo que hiciera, inclinó la olla y comenzó a sacar las verduras medio cocidas desde arriba, sin que el jugo fuera a parar a la masa y sin que el ajo y la ramita de tomillo fueran a parar al pastel. Cuando solo quedaba jugo en la olla, agregó un poco de maicena y lo revolvió antes de vaciarlo en el molde, puso la cubierta y le hizo unos pequeños agujeros para que saliera el vapor.
-Hora de hornear… -abre la puerta del horno, pone el pastel dentro y lo cierra mientras va a poner la mesa. Al menos no le molesta hacer eso. Recordó sacar un vino de la cava, esta vez un merlot, y trozar las hojas de la ensalada. Desde la cocina ve que el automóvil de Michiru se estaciona en la entrada, así que toma el recipiente con las hojas verdes, las adereza con limoneta y lo lleva a la mesa.
-Haruka, amor, ya estamos aquí –ve la sonriente cara de Michiru asomarse a la cocina, seguida por un serio hombre rubio y de ojos azules.
-Bon soir, Haruka. Comment allez vous?
-Très bien, merci, et vous?
-Agotado por las incompetencias de la aerolínea. Gracias a Dios Michiru estaba dispuesta a recibirme.
-Gabriel, la cena está casi lista, lo llevaré a su habitación y puede bajar a cenar –dice Haruka tomando la maleta del hombre, quien la sigue a una de las habitaciones de los invitados.
-Gracias, se los agradezco mucho –Haruka no puede evitar pensar si es cierto o solo un cumplido obligatorio, porque no conoce a nadie quien sea tan poco expresivo. Ni siquiera Setsuna.
Mientras, Michiru saca el pastel de ratatouille del horno, termina de poner la mesa, sirve las copas y lleva los platos a la mesa, para servir en cuanto los rubios bajen.
-Huele delicioso, Michiru. Siempre supe que tu habías heredado las habilidades de cocinar de tu abuela.
-De hecho, Oncle, es Haruka la que se lleva el crédito esta vez. Ha aprendido a cocinar algunas cosas y le quedan muy bien.
Gabriel levanta la ceja antes de sentarse, temiendo una intoxicación porque nunca Haruka había cocinado nada que no fuera de calentar en el microondas. Michiru sirve los platos y lo prueba, preguntándose si debió pedir comida a domicilio, pero se tranquiliza al sentir el perfecto equilibrio de los sabores en su boca.
-Amour, ces't très délicieux, merci.
-Sí, temía que quedara mal pero hiciste un buen trabajo. Felicitaciones, Haruka –dice Gabriel alzando ligeramente su copa.
Sorprendida, Haruka alza la suya también preguntándose quién es ese tipo sentado en la mesa, que se parece al frío cuñado de su madre, pero que le acaba de hacer un elogio muy sui generis. Michiru le sonríe y guiña el ojo mientras articulaba "Bien joue", lo que le prometía un premio para cuando estuvieran a solas nuevamente.
N de la A: Luego de releer el texto anterior, decidí hacer una versión más simple del ratatouille. Tal como lo hace Haruka, es trozar las verduras, ponerlas en la olla, condimentar y dejar cocinar a fuego suave. Queda bien con puré de patatas. Lo de ponerlo en formato pastel es mi idea, me encanta ese relleno.
