Ha pasado muchísimo tiempo, demasiado a mi gusto, pero por fin puedo traerles el siguiente capítulo, ojalá les guste, ojalá quede poco a poco la historia clara…

Mil gracias a los que leen.


Sólo uno

Caminaban tranquilamente por la playa teñida de cobre por el atardecer, mientras más andaban más firmemente se sujetaban de la mano, el sudor que les había descendido por el cuello se les estaba secando con la brisa marítima y llevaban ya los zapatos pesados de arena; pero la sonrisa les llenaba la boca, charlaban de una u otra cosa con un tono de alegría que hacía a las gaviotas cercanas volverse a mirarlos, estaban muy contentos. Habían pasado la tarde en la plaza comercial, habían comido y bebido entre anécdotas de la escuela, la calle, los amigos, más que otra cosa estaban alegres por estar juntos luego de un mes duro de exámenes; llevaban saliendo no más de seis semanas pero estaban congeniando de forma maravillosa, Mitsuko era una muchacha de risa fácil y difícil confianza, podía convivir con todos pero sólo podía confiar en unos cuántos y Hiroki lo sabía, por eso estaba tan contento al ver que la cosa estaba funcionando y que ambos se sentían cómodos.

Mimura Hiroki llevaba una excelente relación con sus compañeros de grupo, pero siempre había marcado una distancia muy evidente, no les despreciaba, tampoco se desprendía de su compañía, simplemente Hiroki no creía en las amistades absolutas o eternas, él creía en los amores definitivos y totales; durante mucho tiempo Hiroki había permanecido pendiente de las acciones de Kojima Hirono, que le parecía simpática, dulce, divertida y además curiosamente ruda, pero Hirono no acababa de llenarle; fue tres meses atrás, mientras hacían una práctica de anatomía que Apapa Mitsuko llamó su atención: el profesor preguntó cuáles eran las características básicas del cráneo, Mitsuko que siempre podía responder efectivamente a cualquier pregunta aunque no necesariamente de forma correcta, tropezó de forma fenomenal cuando se le trabó la lengua y se quedó pasmada sin saber qué decir ante la risa divertida de los muchachos y el apoyo amistoso de las chicas.

Hiroki se quedó mirando a Mitsuko un rato después de que la pobre se sonrojara como tomate sin poder contestar y lo que más le sorprendió fue notar, que aunque se le veía considerablemente incómoda entre risas de unión a sus compañeros, Mitsuko no parecía preocupada, por el contrario, se le veía una nueva decisión, como si pasar una vergüenza o tener un tropiezo fuera para ella un aliciente a continuar; si para ella eso significaba equivocarse, entonces qué mejor que intentarlo con ella precisamente, que parecía tener más en común con él de lo que pensaba. Así, sin ningún otro interés de por medio más que saber que Mitsuko tenía un lindo corte de pelo y unos bellos ojos, Mimura Hiroki la empezó a frecuentar y al cabo de dos meses la invitó a salir. Hiroki no creía en las casualidades, él creía en el trabajo, la insistencia y en probar, por eso la invitó a salir, por eso quiso conocerla más en miras de lograr algo bueno y no se había equivocado; ahora que salían, Mitsuko le gustaba cada día más, la conocía poco a poco y eso estaba gestándole sentimientos que no pensó podría desarrollar, había estado cavilando que se quedaría en el intento y ahora estaba llegando a la conclusión de que había dado con la mina correcta.

-Un día de estos deberíamos dar un paseo en velero. -La voz le salió tan repentinamente y tan fresca y dicharachera que lo tomó por sorpresa, se volvió a mirarla notando que el sol le marcaba la forma esbelta de la nariz.

-Mitsuko, a ti te asusta el mar. -Murmuró con una sonrisa suave y gentil, tan dulce que a ella no le ofendió, sino que le reconfortó enormemente saber que él la protegía tanto.

-Pero sería muy bonito, tú y yo en altamar, rodeados de toda esa luz y esa frescura… sería muy lindo, ¿no lo crees? -La propuesta quedó en el aire y sus manos se sujetaron fuerte, siguieron caminando con tranquilidad sin volver a mencionar lo del velero, hasta que al llegar por fin a un muelle, por el que iban a subir para volver a casa, Hiroki se volvió.

-Sí, vamos a hacer un viaje en velero un día de estos, Mitsuko… ¿y sabes qué más tenemos que hacer un día de estos? -Los ojos oscuros de la chica brillaban con los tonos del atardecer mientras escrutaban su cara, esperando una respuesta que ella sospechaba pero que quería que saliera de los labios de él. -Vamos a casarnos.

-¿Casarnos? -En el tono de voz de Mitsuko no había sino emoción, alegría, sorpresa, entusiasmo y a él eso le hizo sonreír más; lo había dicho casi sin pensar, sólo como algo espontáneo que brota de la garganta, pero ahora que era un hecho le parecía lo más lógico a hacer, ella valía todo, valía el viaje en velero en el que seguramente los dos se iban a marear a morir y valía la arena pesada en sus zapatos; Mitsuko valía el atardecer, valía la brisa salada y valía la noche que se desplomaba sobre ellos tímidamente.

-Sí, tú y yo, cuando terminemos la escuela y luego de que terminemos una buena carrera o un buen oficio si quieres, tú y yo nos vamos a casar, vamos a ser uno solo. -Mitsuko estaba radiante, no pudo evitar alzar los brazos y tirárselos al cuello; cuando lo besó, le quedó una marca húmeda en la mejilla, húmeda y tibia que lo hizo sonreír y sentir que ese beso, esa sensación, se quedaría ahí perpetuamente.

-Hiroki, no importa si mañana cambias de opinión, no importa si nunca llegamos a ello, no importa qué ocurra… Hiroki yo te quiero y hoy es el momento más feliz de mi vida. -Tras aquellas palabras se atrevió a besarla, la besó en los labios como no había hecho antes, un beso inocente y tierno en que sólo los labios se tocaron; probablemente alguien les mirara y sería malo que eso pudiera ocurrir, no era costumbre buena que dos chicos tan jóvenes se besaran, tampoco era bien visto que anduvieran caminando solos, pero no importaba, por un breve instante nada más existía y sólo se tenían ellos dos y su amor.

La vida sonreía a Hiroki y a Mitsuko… la vida siempre sonríe a los enamorados.


Al principio, pensó que nadie se lo había creído, que aquello era más bien como una broma de mal gusto y que todo alrededor era una farsa, casi estaba segura de que alguien empezaría a reír, incluso se le vino la sonrisa a la boca como una cosquilla persistente… pero nadie rió; el silencio se hizo tan denso, que casi podía sentirse en la piel y cuando alguien de verdad hizo una exclamación de incredulidad, Kamon lo fulminó con una sonrisa displicente, que los heló hasta la médula. Yukito alzó la cara como si recién despertara de un largo y confuso sueño e infló el pecho, dándose una imagen más decidida y autoritaria, pero no servía; Sachiko metabolizaba lo que había escuchado, digería las palabras una a una, desmenuzándolas como se haría con la carne de un platillo muy pesado, en su cabeza la idea no acababa de germinar y las palabras le flotaban entre recuerdos de su vida antes de todo como fantasmas doloridos: "… aquel que mate a todos los demás… aquel que mate a todos los demás… aquel que mate a todos los demás… aquel que mate… aquel que mate… aquel que mate… que mate… que mate… que mate…"

-Estamos en El programa… -Murmuró Nomai a su lado, Sachiko escuchó aquello y aún así no alcanzó a comprender, se volvió a mirarlo sorprendida, algo, unas manos tiesas detenían el paso de la información, la contenían como para que no se enterara de nada: era su supervivencia. -… estamos en El programa… mierda, mierda, mierda. -"El programa", hizo una revisión mental, buscando referencias en sus recuerdos, unos recuerdos vívidos, que todos tenían, porque desde cuarto grado sabían todos lo que era El Programa… sin embargo, parecía como si les hubiera dado amnesia de la nada y lo hubieran olvidado; intentó de verdad asimilar las cosas y comprender, pero Kamon lo explicó mucho antes de que pudiera ella encontrar las conexiones exactas y las manos que protegían su entendimiento temblaron y acabaron por dejarlo pasar.

-Como saben el gobierno instauró la Ley de la Reforma Educativa del Milenio… -Kamon volvía hacia el escenario con pasos entretenidos, pasos calmados y hablando con tal tranquilidad que parecía que estuviera dándoles una cátedra de matemáticas, Sachiko distinguió a dos soldados acercándose hasta el escenario llevando algo a rastras: un carro de los que se usan para transportar la ropa sucia de las lavanderías; Fuyeryu lo miraba las gafas caídas casi hasta la punta de la nariz, las manos ya del todo relajadas sobre la falda, no podía tener más miedo, tampoco podía entregarse a la angustia, debía pensar, poner toda la atención posible a lo que pasaba e intentar mantener la mente fría. -… mejor conocida como la ley B… R… -Kamon se puso de pie frente al pizarrón y con una letra rechoncha y firme trazó ambas letras en él, Yukito estaba mirando a sus alumnos, analizaba cada rostro con una mirada impenetrable e insostenible, todo el que coincidía con sus ojos retiraba la vista de inmediato; los estaba evaluando, consideraba cada posibilidad, intentaba definir y suponer sólo con sus reacciones, el estómago se le revolvió ante la verdad: eran sólo niños.

Ogami escuchaba los murmullos y cómo entre sus compañeros la frase "El programa" se expandía como una epidemia, como un susurro que impregnara el ambiente más que el aroma a vómito que ya nadie detectaba; no acababa de creerlo, ya antes lo había visto en la televisión, su padre incluso solía ponerse tan nervioso al escuchar aquello que se fumaba tres o cuatro cigarrillos a continuidad, le había visto retirarse a dormir temprano luego de ver algún corte informativo sobre ese juego; no podía creer que hubiera salido sorteado, era como estar en una pesadilla que iba poniéndose cada vez peor, el gas lo había dejado desencajado pero esto era totalmente nuevo, buscó con la mirada a Sachiko, la encontró casi tan seria como siempre a no ser por el tamaño enorme de sus ojos desorbitados de sorpresa.

-… por eso están ustedes aquí, este es nuestro juego, sus opciones se reducen a ello y deben sentirse muy orgullosos por haber sido seleccionados. -Nadie se sentía orgulloso, tenían tanto terror dentro de sus corazones que no podían ni siquiera respirar con normalidad, estaban petrificados.

-Mentira. -Masculló alguien, una voz debilitada por la angustia sombría, algunos se volvieron buscando al que lo había dicho pero no lo encontraban, hasta que él mismo se puso de pie, encorvado y con las manos cerradas en firmes puños.

-No. -Mitsuko estaba llorando a mares y le temblaban las manos, mirando a Hiroki que se había puesto en pie del otro lado de la sala, muy cerca de donde Fuyeryu estaba sentada; Ogami deseó con todas sus fuerzas ir hasta su compañero y hacerlo sentarse, el pobre muchacho temblaba completo y estaba agachado sin atreverse a mirar ni a Yukito ni a Kamon, pero parecía también muy decidido y los soldados debían notarlo porque dos se acercaban hasta su lugar. -Siéntate, Hiroki. -Suplicó la muchacha en un chillido desconsolado.

-No… ¿cómo podemos sentirnos orgullosos si nos han traído como bestias al matadero? -Mimura alzó la cara y miró directo a los ojos de Kamon, éste sonrió mientras cruzaba los brazos sobre su prominente pecho, esperando a que el muchacho dijera algo más; Yukito miró a aquel hombre a su lado con clara expresión de desconcierto, no se había imaginado que alguno de sus muchachos tuviera el valor de retarlo, luego volvió los ojos a esos dos hombres que Mimura no había visto y que avanzaban a paso seguro hacia él. -Ustedes quieren asesinarnos… ¡ustedes quieren que nos asesinemos!… no pueden pedirnos que estemos orgullosos de algo así. -Ni siquiera sabía por qué se había puesto en pie, sólo había sentido la necesidad de decirlo, de decir lo que pensaba, lo que sentía; volvió su mirada hacia Mitsuko que empezó a llorar con más fuerza, no podía ser, simplemente no podía ser que estuvieran ahí para morir, era injusto e imposible, los dos tenían planes, querían hacer cosas, crecer; ahora estaban dentro de una jaula con los muros tapizados de cuchillos y dagas.

-¡Mimura! -Gritó Amano desde su lugar mientras los soldados le caían encima al muchacho y lo golpeaban a punta de culatas y puñetazos, entre gemidos y forcejeos por defenderse con lo único que podía: patadas y manazos; Mitsuko dio un gemido y alguien que Sachiko no identificó fue y la sostuvo contra su pecho, dos compañeros de clases se pusieron en pie para defender a Hiroki, uno era Kino Takato el otro no le era distinguible pero entre los dos intentaron hacer frente a los militares; antes de que Ogami pudiera levantarse y unirse a la revuelta, uno de los soldados de los costados sacó su arma y apuntó a la cabeza de Takato con una expresión ausente que le erizó los vellos de todo el cuerpo a Amano que permanecía en pie mirando.

-¡Deténganse! -Yoshino se había puesto de pie y estaba corriendo hacia ellos, ignorando a Hotaru que trataba de detenerla con las manos extendidas, alcanzó a llegar al revuelo antes de que pudieran sujetarla, de tan buena suerte que logró tirar del soldado que encañonaba a Takato lo suficiente para desviar el tiro y la bala sólo rozó su oreja, que sangró profusamente. -¡Deténganse! -Cuatro de los hombres se lanzaron sobre los muchachos, uno de ellos se volvió y dio un puñetazo en el rostro de Fuyeryu, mientras los otros sometían a los chicos contra el piso poniéndoles la rodilla en la cara; uno de ellos parado entre los telones del escenario sacó su arma y disparó al aire, todos los que se debatían y levantaban para unirse a la pelea se quedaron congelados en su lugar, mirando como gatos bajo el faro de un auto.

-¡Yoshino! -Hotaru miraba horrorizada mientras Tomomitsu la sujetaba contra su asiento con fuerza, Fuyeryu estaba tirada en el piso, las gafas se le habían escurrido y estaban al menos a un metro de ella, la cara entera la latía como un corazón encarnado; abrió los ojos y miró el escalón en el que estaba inclinada, sus manos blancas por el esfuerzo tenían los dedos juntos y orientados al frente, justo bajo ella aparecían de pronto y sin sentido una serie de puntitos rojo-ennegrecidos, puntitos que salían de la nada sin que comprendiera el porqué.

-Yoshino. -Murmuró Sachiko buscando con la mirada a Ogami, éste se había dejado caer en su asiento, con la barbilla pegada al pecho y los hombros rígidos, mientras sus manos presionaban con rudeza los posa brazos de su asiento. -Esto es una locura. -Masculló llevándose la mano derecha al cuello, a presionarse y tirar del collar metálico, con un intenso miedo arremolinándose en su interior.

-Parece que tienen muchas ganas de hacer las cosas difíciles, muchachos. -La voz de Kamon retumbó por toda la sala, fuerte, altanera y Yoshino no entendía lo que estaba pasando, era extraño, todo latía y a la vez parecía confuso, difuso; entonces alguien tiró de ella fuerte y sin piedad y se encontró de pie mirando al frente hacia el escenario con un brazo poderoso como de hierro rodeándole la cintura, a su lado, sostenido también por alguien estaba Mimura Hiroki, la cara amoratada por los golpes y la boca rellena de rojo; hasta entonces comprendió que ella también estaba sangrando y que esos eran los puntos rojos que surgían de la nada bajo ella. -Es una pena que nos obliguen a hacer este tipo de cosas. -Yoshino cerró los ojos con fuerza y sacudió la cabeza, cuando volvió a mirar los oídos le zumbaban pero ya estaba consciente de todo lo ocurrido y recordaba, se llevó la mano temblorosa hacia la cara y se tocó la boca, la tenía abierta del lado izquierdo y la mejilla se le estaba inflando como un globo.

-Por favor… por favor, basta. -Mitsuko suplicaba entre sollozos, Sachiko identificó al que la tenía sujeta entre sus brazos, era Nori Ito, que la apresaba como si temiera que fuera a escapársele; Mimura tragó saliva mirándola, estaba dolorido y asustado y las palabras de Kamon tenían un tono extraño entre mofa y amenaza, se volvió a ver a Yoshino y se sorprendió de que ella sostenía su mirada firme al frente, hacia Kamon, él aunque quisiera no podía.

-Así que es mentira, así que no pueden sentirse orgullosos por ser elegidos… muchachos, es un juego, sólo tienen que divertirse, no se les está pidiendo nada más… vamos, sólo deben obedecer las reglas. -Kamon descendió de nueva cuenta, pasos lentos y displicentes, se paró delante de los dos, Yoshino y Hiroki, sonrió mientras les revisaba el rostro. -Esas son las marcas que deja el ir en contra del gobierno, por jóvenes como ustedes se creó la ley BR… -bajó la mirada hacia los dos muchachos en el piso enfocándose más en el que sangraba, Takato, que seguía con la mano contra la oreja y chillaba espantado, conteniendo a fuerzas la sangre que caía en un hilo, luego volvió la mirada a Mimura y a Fuyeryu y sonrió. -… ¿es tu novia? -Preguntó lleno de hilaridad, Yoshino lo miró con clara rabia, Hiroki negó y no pudo evitar mirar de soslayo a Mitsuko que soltó un sollozo.

-Por favor, no le hagan daño. -Volvió a pedir la chica sin pensar, sólo desesperada por ver cómo lo obligaban a erguirse, Ogami tenía los ojos cerrados, quería pensar, quería aclarar en su cabeza lo que tenía que hacer ahora, el cómo debía actuar ante la situación, pero no lo lograba; Sachiko se volvió a mirar a Nomai como intentando interactuar con alguien, él miró furioso hacia Mitsuko y luego torció la boca.

-Es una estúpida. -Decretó ante la mirada de Sachiko que no sabía qué contestarle, estaba muy preocupada por Yoshino, que parecía tiesa como una vara.

-Son sólo muchachos, actúan sin pensar. -Comentó Yukito sin dejar de mirar a Kamon que caminaba entorno a los muchachos sin dejar su sonrisa malintencionada y cruel.

-Oh, profesor Yukito, usted al parecer tampoco lo entiende… -Kamon entrelazó los dedos mientras reía para dentro, como un ronroneo extraño que hizo a Yoshino alzar la mirada y verle aterrada, algo estaba planeando; Amano tragó saliva sonoramente y miró a todos lados, alguno debía poder pararse, ir contra Kamon, derribarlo, ¡hacer algo para huir!, lo que fuera. -… debería comprender que el gobierno no puede tolerar actitudes tan subversivas como estas, ¿sabe?

-Son sólo unos niños, no tienen edad ni para sujetar un arma. -Yukito quería intervenir, resguardar a sus muchachos, las manos le temblaban de desesperación y Kamon gozaba con ello más que con cualquier otra cosa; Yoshino intentó extender su mano hasta Mimura, quería tocarlo, quería darle seguridad, que sintiera que no estaba solo en aquel momento y que todo iba a salir bien, aunque ella mismo no creyera en ello.

-Claro que tienen edad para eso, tienen edad para atacar al ejército mismo, ya lo han hecho… muchachos más jóvenes que ustedes han destrozado a nuestra nación, herido en lo más profundo a nuestro gobierno y eso no puede ni debe tolerarse… -Kamon echó a andar de nueva cuenta hacia el escenario, miró a uno de los hombres situado a los costados y fue como si se diera una orden a todo el regimiento que los vigilaba, los que sujetaban a los chicos en el piso los levantaron por el pantalón, los sentaron como a muñecos de trapo en el piso y los encañonaron con sus rifles ante los gritos asustados de todas las chicas; las gemelas Sendo tuvieron que contener a Kaede Shimako a fuerza de tirones, estaba sufriendo un ataque de histeria, los que sujetaban a Yoshino y a Mimura avanzaron con ellos a rastras, la primera daba de gemidos forcejeando temblorosa y el segundo avanzaba sin dejar de mirar a Mitsuko. -… la ley BR dicta que ustedes fueron elegidos para El Programa, ustedes deben estar orgullosos y lo estarán… sin embargo, es necesario que se castigue a aquellos que no acatan las órdenes de nuestro sistema.

-Por favor, por favor, son sólo niños. -Masculló casi ya sin fuerza Yukito, mientras Yoshino y Mimura eran puestos contra la pared, cara pegada al muro; Sachiko intentó levantarse, pero Nomai la contuvo con una señal, él temblaba al completo y sudaba como si estuvieran en un sauna, parecía un loco con el rostro demacrado.

-Los niños aprenden rápido, así que no necesitaremos gran cosa… ¿verdad, joven Mimura? -Kamon sonrió, Hiroki tuvo la sensación de que le desgarraban la espalda de un tirón, necesitaba ver a su novia y saber que estaba bien, si iban a matarlo ahí contra la pared, al menos quería verla antes; Nori Ito que la tenía en brazos no lo vio venir, tampoco tuvo oportunidad alguna de moverse o de actuar, un soldado se puso de pie tras los dos y desde su posición a varios metros apuntó su revólver.

El sonido inundó todo el teatro, como un rayo que destroza un árbol incendiándolo, calcinándolo para que no quede rastro alguno de él, Kakusawa Chikane sintió la explosión a su espalda, la humedad empapándole el cuello y el golpe en su asiento, la bala quedó ahí atorada y ella agradeció con todo su corazón, se llevó la mano al cuello y cuando miró sus dedos los encontró carmesíes, el grito que le manó de la garganta era tan inmenso como el vacío en el corazón de Mimura; Yoshino tenía la mirada clavada en el muro pálido y empolvado frente a ella, por un mínimo segundo pensó que la bala la había matado y eso era la muerte, puro, absoluto y pacífico blanco, pero entonces empezó la gritería. Nori Ito chillaba por todo lo alto como si fuera una rata en un balde de agua, entre sus brazos el cuerpo sin vida de Apapa Mitsuko se movía como si estuviera sacudiendo una serpentina, la cabeza perforada por la parte de atrás mientras la herida de salida le había destrozado la mejilla derecha, escurría hilos de una sangre densa como pintura y sus ojos, el izquierdo entrecerrado, dejaban todavía salir las últimas lágrimas de su existencia.

-¡Mitsuko! -Nori no podía dejar de gritar, tampoco podía dejar de tocarla, no podía soltarla a pesar de que se estaba bañando en sangre, simplemente era imposible que dejara de mirarla, de ver que la habían matado ahí, en sus brazos; ni siquiera podía llorar, el llanto se le había ido del todo, estaba dando de chillidos secos, los chillidos secos de un histérico.

Ogami no quería mirar, seguía con los ojos cerrados y los puños apretados, seguía clavado a su asiento entre pensando y rezando, no iban a poder salir nunca de ahí, iban a matarlos y a volver sus cuerpos destrozados a sus casas para que sus padres velaran un montón de carne sin vida, no había salida posible de ahí, estaban en una maldita ratonera; Sachiko respiraba denso, parecía como si de pronto el aire se hubiera transformado en harina y se le pegara en la garganta, en los pulmones haciendo una masa densa y pegajosa que no la dejaba hablar, no podía hablar.

-¡MITSUKO!

Yoshino miró a Mimura y lo notó vacío, aquel había sido su único grito y ahora parecía tranquilo, impávido, lo vio tragar saliva y cómo abría la boca para decir algo; temblorosa y segura de que estaba a nada de orinarse del miedo y la desesperación, lo escuchó hablar como se oye la voz de alguien a través de un tubo de metal.

-Íbamos a casarnos… íbamos a ser uno solo. -Los ojos de Mimura Hiroki se volvieron a Fuyeryu Yoshino en ese pequeño instante, eran unos ojos acuosos como mirar el mar, como esa tarde que los dos habían pasado a sus orillas haciendo planes; entonces el estallido, el salpicón contra el rostro de Yoshino y el sonido absurdo del cuerpo al tocar el piso… allá en el fondo una ventana y fuera de ella el mundo haciendo su vida.

Dentro, se las estaban quitando.


Chica 3.- Apapa Mitsuko / Chico 16.- Mimura Hiroki

Quedan 40.

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