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¿Y qué opinas de Katsuki sensei?

Cerraba alegre la puerta del salón, con su bloc de notas entre sus brazos, mientras suspiraba aliviado, por un momento temió lo peor, pero al parecer, Katsuki-sensei no era tan malo como pensaba.

—Midoriya —habló Todoroki, quien esperaba apoyado en la pared a un lado de la puerta con sus manos en los bolsillos y los ojos cerrados.

—Ah! Todoroki-kun, ¿qué sucede? —respondió Izuku con sorpresa acercándose al bicolor.

—Como te vi tan nervioso durante el examen quise esperarte a la salida —respondió avanzando. —Vamos a la estación de trenes, Ochako tuvo que irse antes junto a Iida —Terminó de decir mientras avanzaba a paso lento.

—Gracias Todoroki-kun —se limitó a decir mientras avanzaba junto a él. Solía irse siempre a la estación de trenes junto a Uraraka, lida y Todoroki, quien se había unido hace poco.

Esto sucedió debido al apoyo de Izuku. Todoroki en ese tiempo estaba en una situación compleja respecto a su familia, pero gracias a Izuku pudo cambiar el punto de vista de las cosas y luchar por lo que quería. Es por ello que estaba eternamente agradecido.

Si nos adentramos un poco más, Todoroki solía tener seguidos y graves problemas con su padre, ya que siempre le estaba exigiendo buenas calificaciones, como consecuencia de ser hijo del famoso empresario "Endeavor", dueño de una gran cantidad de bienes raíces y también de una empresa de electrodomésticos, por lo cual era muy orgulloso y exigía el triple tanto a sus hijos como a su esposa. Su apodo lo tenía debido a su fuerte carácter.

La madre de Todoroki no pudo con la presión, tuvo un exceso de estrés que terminó venciendo y derrumbando por completo su personalidad, dejándola todo un manojo de nervios, por ello, debía asistir al psicólogo dos veces por semana a causa de su padre y eso no lo perdonaba.

Todoroki se le enfrentó y también bajó sus calificaciones estando a punto de repetir el año, Midoriya al notar esto intentó hablar con él, Todoroki ante su presencia abrió su frío corazón, solo necesitaba que alguien le escuchara y fue justamente lo que Izuku hizo. El bicolor subió sus calificaciones y se mantuvo al margen, no por las exigencias de su padre, sino por él, estaba decidido que una vez terminara sus estudios se llevaría a su madre y hermanos lejos de él.

Si se preguntan, en cuánto a su cicatriz solo había sido un accidente en la cocina que su madre no pudo evitar a tiempo y que hasta el día de hoy no se lo perdonaba.

—¿Y qué era lo que quería el nuevo profesor? —terminó preguntando, le había causado sorpresa ver la enorme sonrisa de Izuku al salir del salón, cuando para él, el nuevo tipo no era más que un hombre malhumorado y poco profesional. Además, no le gustó para nada la mirada que le dirigía a Midoriya durante el examen, fue tan obvio su interés.

—¿Bakugou-sensei? Él... Sólo quería saber porque tenía tantas dificultades con matemáticas —respondió con tono bajo mirando su bloc de notas sonriente. — Y cuando le explique, el sólo me sonrió y me dijo que yo podría salir adelante si era buen alumno —terminó de decir ilusionado, dando leves suspiros.

—En lo personal, ese profesor no me cayó bien, no sabe controlar sus emociones, eso es poco profesional —respondió frío mientras se acomodaba los zapatos recientemente cambiados para salir de la academia.

—Yo creo que primero debemos conocerlo bien antes de juzgar —dijo el ojiverde mientras esperaba a Todoroki en la salida, dando pequeños golpecitos en su pie derecho para acomodar bien su calzado.

—El solo hecho de decir groserías en clases es un motivo suficiente, Midoriya —respondió éste caminando cerca de los árboles de cerezo junto a Izuku.

—Cuando lo conozcas a fondo, sabrás que es buen profesor, Todoroki-kun, estoy seguro de ello —dijo sonriente mientras se quitaba las pelusas de su cabello, regalándole al bicolor una mirada llena de motivación y optimismo.

Todoroki ante esto se le quedó viendo un par de segundos, hasta que su mano actuó como él esperaba.

—Midoriya —le tocó el hombro provocando que Izuku detuviera su paso, girando su vista hacia el bicolor que, segundos antes estaba centrada en su pecho cerciorándose de haber eliminado rastro de las molestas pelusas.

—T-Todoroki-kun? —respondió sorprendido al notar que el bicolor le tocaba la mejilla con su mano izquierda. Sonrojado, con sus ojos abiertos, retrocedió unos pasos nervioso mientras se acomodaba la mochila como acto de reflejo para que no se notara su nerviosismo evidente.

—Tenías una pelusa cerca de tus pestañas —respondió el bicolor enseñandosela entre medio de sus dedos, medio sonrió y siguió su camino con las manos en sus bolsillos. — Vamos antes de que se nos haga tarde — llamó el bicolor sin detener su paso.

—A-ah sí —respondió éste algo sorprendido mientras corría para alcanzar a su compañero negando con su cabeza divertido mientras sonreía.

La tarde continuó sin sorpresas. Izuku llegó a su departamento, comió junto a su madre comentando la llegada de su nuevo profesor de matemáticas.

—Entonces cuando descubrió que Mineta-kun había dibujado ese tipo de cosas, lo envió a la dirección —terminaba de relatar Izuku mientras terminaba su sopa de cerdo y cogia el cuenco de arroz.

—Ese profesor se ve muy exigente mi Izuku —respondió la madre angustiada, con sus manos en el mentón observando cómo su hijo comía incansablemente.

—Pero mamá, él no se ve tan malo, ¿sabes? —dijo el peliverde apuntándole con los palillos.

—¿Y eso porqué cariño? — preguntó intrigada, mientras le servía más té verde, su pequeño Izuku había llegado sediento.

—Cuando él notó que no había respondido nada en el examen evaluativo, dijo que debía quedarme al final de la clase — dijo el peliverde mientras cogía otra porción de arroz.

—Y cuando terminaron las clases, el me preguntó qué problema tenía con matemáticas y cuando le respondí, él solo sonrió y me dijo que si era buen alumno me iría bien — terminó de decir con una sonrisa —Él se ve genial, mamá —con sus ojos brillantes, le daba a entender a Inko que su pequeño hijo estaba creciendo.

La madre juntó sus manos emocionada, mientras le miraba con ilusión —Al fin tendrás un buen profesor mi Izuku, no como el cretino de Yamanaka sensei que solo se limitaba a rascarse la panza en clases, ni siquiera se tomaba la molestia de enseñar —dijo eso último con enojo mientras le entregaba un cuenco con ensalada especialmente para él. Izuku continuó comiendo en silencio, sonriente en compañía de su dulce madre.

—Ah! Mamá el profesor nos dijo que haría talleres, así que yo no faltare a ninguno de ellos, definitivamente este año aprovecharé todas las oportunidades —respondió emocionado, mientras terminaba de comer. —Muchas gracias por la comida —terminó de decir mientras le besaba la mejilla y se dirigía a lavar sus platos.

Inko lo siguió y comenzó a quitarle las pelusas de su espalda mientras Izuku lavaba los platos, ella murmuraba feliz — este será tu año cariño, ya verás que por fin te irá bien en matemáticas, eres mi niño inteligente, estoy muy orgullosa de ti —

—Si mamá, definitivamente este año aprobaré matemáticas, iré a mi cuarto a terminar de ordenar, hoy en la mañana a causa de mi entrenamiento matutino no alcance a terminar los quehaceres —dijo sonriente mientras terminaba de secar los cuencos. Inko solo se limitó a sonreír y asentir.

Si todo marchaba tan bien como decía Izuku, ya sabía quién era el indicado.

—¿Qué se supone que haces en mi departamento, vieja? —gruñó él oji rubí al entrar a su departamento, con sus zapatos a medio sacar mientras se quedaba viendo como la mujer se partía de la risa con una mano sosteniendo un vaso con licor mientras veía a un tipo en calzoncillos en la tele imitando quién sabe qué.

—Hasta que te dignas a llegar —respondió esta mientras se semi giraba para ver la silueta de su hijo cerciorandose de su presencia y volvía a ver la tele. —Te traje mi especialidad que tanto te gusta, para que veas que si me acuerdo de ti, pequeño imbécil —Bakugou solo se giró para confirmar lo que acababa de escuchar —al lado de la mesa está la salsa picante por si lo quieres más picante de lo que ya está — agregó mientras se servía más licor.

—¿Cómo te fue en tu primer día de clases hijo? —preguntó su padre apareciendo desde la puerta del baño, con sus manos ligeramente húmedas.

—Como la mierda, no se como esos críos llegaron a esa academia, o mejor dicho no se como yo llegue a esa mierda —gruñó arrojando la mochila al suelo, tirando los zapatos cayendo a su suerte dentro del pequeño departamento y sentándose en la pequeña mesita cerca de su madre a mala gana mientras se servía comida.

Su comida consistía en arroz, con salsa roja picante, con trozos de ají picado de color verde y rojo por encima de ésta más un filete de res humeante, jugoso y enorme.

—Recuerda que Toshinori te recomendó y por ello debes comportarte y tragarte ese carácter de mierda que tienes —respondió Mitsuki mientras le señalaba con el vaso con el ceño fruncido.

—Y como quieres que me comporte si esas mierdecillas me sacan de quicio —dijo con la boca llena, golpeando la mesita con el puño frunciendo el ceño con mayor fuerza que su madre.

Mitsuki roló los ojos mientras se giraba a ver la tele, de nuevo.

—Hijo, el simple hecho de trabajar en la academia Yûei te aumenta considerablemente el peso de tu curriculum, aguanta al menos este año y verás cómo tu vida laboral cambiará —respondió el padre tocándole el hombro al de cabello rubio intentando calmarlo.

Katsuki solo se limitó a gruñir y comer con furia, mientras su madre seguía partiéndose de la risa.

Toshinori fue amigo y compañero de infancia de Masaru, actualmente es profesor de educación física en la academia Yûei. Toshinori al ver que el querido hijo de su amigo estaba estudiando pedagogía, no dudo en ofrecerle trabajo en la academia, le tenía bastante aprecio al muchacho, lo conocía desde pequeño y le serviría para instruir y ayudar en su práctica profesional.

Supongo que les es difícil imaginar a nuestro Katsuki como profesor dado a su personalidad, pero él siempre destacó en el mundo de las matemáticas a tal grado de salir de la preparatoria con honores, con solo 15 años dado a que su nivel estaba por sobre sus compañeros, la preparatoria tomó la decisión junto a sus padres de adelantarlo un par de años, concursó en muchos torneos matemáticos sacando el primer lugar siempre, aunque claro, vivía maldiciendo a medio mundo. Lo curioso es, que esa explosiva personalidad cambiaba por completo en el momento que debía enseñarle a sus tontos compañeros más cercanos, según él. Katsuki se sentía satisfecho y pleno al notar que sus compañeros subían sus calificaciones en matemáticas exclusivamente gracias a él, pero claro, él no lo hacía gratis, siempre les pedía algo a cambio cuando necesitaba ayuda.

Al momento de decidir su futuro no sabía qué camino seguir, si ingeniería matemática o pedagogía mención matemática, pero se terminó de decidir en el momento que tuvo que aplicar las matemáticas en un trabajo de medio tiempo que tuvo, que jodido era, pasaba las malditas cinco horas aburrido, gruñendo entre dientes. Y así fue como terminó egresando de la universidad como profesor.

Actualmente Katsuki tiene 20 años, salió de la universidad hace apenas un par de meses atrás.

Y así fue como Katsuki Bakugou llegó a la academia Yûei, altamente ilusionado pues la academia era una de las más importantes de Japón, altamente prestigiosa, pocos lograban entrar, o bueno eso era lo que creía hasta hoy.

Pobre, pobre Katsuki, no sabía que largo recorrido y que largas rabietas le esperaban este año.