Tras quien sabe cuantos años (LOL) una nueva actualización de esta historia ha llegado. No tengo excusas del porque dejé esta historia hasta ahora mas que haber perdido totalmente la inspiración (+ flojera), pero si algo me ayudó a ponerme a escribir de nuevo fueron los muchos rvws que cada uno de ustedes, queridos lectores, dejó para mi durante este tiempo. En verdad nunca me hubiese imaginado que recibiría tanto apoyo para algo que aun a estas alturas estoy editando porque lo encontraba terrible (XD). Se que antes siempre colocaba los nombres de las personas que dejaban sus reviews y dabas mis agradecimientos para cada uno... Pero ahora mismo hay ¡Tantos! que no terminaríamos nunca...
Y ustedes han venido aquí por el capitulo, ¿No? Así que, sin mucho mas preambulo...
¡Muchas gracias a todos por sus rvws, favoritos, follows, en verdad muchísimas gracias por todo!
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La rutina del Ex-Capitán Levi comenzaba al mismo tiempo que el alba.
Él se levantaba, se aseaba y salía para trotar por al menos una hora antes de comenzar con estiramientos y ejercicios que en antaño realizaba junto con su escuadrón. Aun cuando ya no había motivo alguno para seguir haciendo esa clase de esfuerzos y mucho menos con cincuenta años de edad, él ya no era capaz de abandonar sus viejas costumbres, las cuales permitían que su cuerpo se mantuviera en un estado muchísimo mejor que el de otros hombres iguales o incluso más jóvenes que él.
Ya que su cuerpo estaba caliente y activo por los ejercicios, normalmente aprovechaba para cortar leña para el día y así dejarla secar bajo el sol. Y justamente eso estaba haciendo esa mañana, llevando ya unos cuantos pedazos de madera en una pila, cuando escuchó el sonido de las tablas de madera del pórtico rechinar ligeramente por el peso de alguien parado sobre ellas.
Dánae había despertado y no necesitaba girarse a verla para saber que lo observaba en silencio desde la cabaña. Era capaz de sentir la mirada en su espalda perfectamente, como si ella estuviese sumamente asombrada de ver los marcados músculos estirarse y contraerse mientras él levantaba el hacha y la bajaba con violencia, rompiendo la madera en dos y esparciendo sudor a su alrededor.
-¿Por cuánto tiempo más piensas quedarte aquí, Dánae?
Habiéndose quedado prendada en la llamativa figura del hombre en el patio, la jovencita sintió sus mejillas arder con furia al darse cuenta de la clase de pensamientos que se le habían pasado por la mente mientras veía a Levi cortar la leña, tragando duro y apartando el rostro lejos de él mientras se esforzaba por sonar calmada.
-... Tan solo he estado aquí dos semanas. ¿Acaso soy una molestia?
-Tch, no lo digo por eso, niña tonta.- Gruñendo en respuesta, Levi se echó el flequillo hacia atrás con una mano, intentando juntar esos mechones con los otros un poco más largos que mantenía atados en una pequeña coleta tras su cabeza, en un corte ligeramente distinto al que había llevado durante su época de militar. –Será mejor que hagas las paces con tus padres de una vez, antes de que ellos tengan la idea de venir a buscarte aquí y el embrollo en el que estás sea mucho peor.-
-Me niego.
Levi no pudo evitar levantar una ceja, girándose a verla desde su lugar junto al tronco enorme en donde cortaba la leña mientras apoyaba el hacha contra su hombro derecho. Ella no le había dicho absolutamente nada de lo que había pasado en su hogar, o porque se negaba rotundamente a regresar con sus padres y ya tenía más tiempo del acostumbrado allí.
-¿Y qué mierda piensas hacer cuando ellos vengan a buscarte?
-Simple.- Cruzándose de brazos en un ademan obstinado, la muchacha movió el rostro a un lado mientras fruncía el ceño. –Tú vas a decirles que yo no estoy aquí.-
-No pienso mentirle a Eren ni a Mikasa, mocosa.- Él gruñó casi en seguida mientras se ponía una mano en la cintura, mirándola con una cara que hubiese asustado a cualquier niño. –Puedo tolerar tus berrinches por un tiempo, pero ya pronto cumplirás más de tres semanas fuera de casa. ¿Qué acaso no puedes imaginar lo preocupados que deben sentirse tus padres y tus herma-...?-
-¡No me importa!- Ella volvió a rugir, mirándole entonces furibunda desde su lugar. -¡A ninguno de ellos les importó mis sentimientos, entonces de ahora en adelante no me importan los de ellos!-
Algo parecido a un gesto de sorpresa recorrió el rostro de Levi tras escuchar a su pequeña niña decir semejantes palabras. Una frase tan caprichosa y egoísta saliendo de alguien que antes era tan cálida y dulce... Lentamente, él dejó el hacha contra el tronco, acercándose al pórtico mientras comenzaba a preocuparse cada vez más sobre aquello que podía haberla hecho huir de casa y negarse tan rotundamente a regresar.
-¿Dánae...?
-Levi-Heichō...- Lentamente, la expresión iracunda se transformó en una afligida, abrazándose a si misma mientras parecía temblar desde su lugar, apartando el rostro de nuevo hacia un lado mientras Levi sentía que su corazón se hacía pedazos al verla tan indefensa. -... Por favor...-
Levi jamas se esperó escuchar lo que ella dijo a continuación.
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Blame
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-Estoy enamorada de alguien, y mis padres no están felices de saberlo. No estoy lista para decirte nada más, así que por favor, dame un poco más de tiempo para decirte el resto, Heichō.
Sentado en la sala de la cabaña, mirando la leña en la fogata quemarse en relativo silencio, su mente no dejaba de darle vuelta a lo que Dánae le había dicho tres días atrás. ¿Cómo debía él reaccionar a sus palabras? ¿Por qué Eren y Mikasa se habían molestado con ella por ello? ¿Por qué ella había huido para buscar apoyo en él en vez de alguien mas?
Y en primer lugar, ¿Quién era el maldito infeliz de mierda que se había atrevido a robarse la atención de su niña?
Desde la muerte de aquella persona, él no era capaz de sentir nada por ninguna otra mujer que no fuese Dánae. Y por ende cuando había escuchado aquellas palabras salir de su boca, sus celos y su ira se desataron.
El simple hecho de saber que su niña (porque para él era aún una jodida bebé que no sabía limpiarse el culo aun), la única persona en la tierra capaz de hacer su corazón latir, podía terminar en las manos asquerosas de algún maldito bastardo por culpa de un enamoramiento adolescente, le hacía hervir la sangre en las venas hasta el punto del dolor. Ella no le había querido hablar de él de ninguna manera, pero si Mikasa y Eren no habían estado contentos al saberlo era por algo, y él no iba a permitir que ese cabrón, quien quiera que fuese, pusiera un solo dedo en su preciosa mocosa.
Pero luego no podía evitar pensar que él tampoco tenía demasiada moral para dar una opinión en aquel asunto. Él en su tiempo también había robado la atención de la madre de Dánae cuando ella tenía su edad... Sin contar que había sido un maleducado que la llamaba con sobrenombres poco agradables, usaba groserías para hablarle, se había robado su primer beso sin permiso, había tomado su virginidad cuando tenía apenas dieciséis años y él ya había pasado los treinta, la había dejado embarazada a los dieciocho...
Por un momento se sintió palidecer. Él también era un maldito bastardo si las cosas se ponían desde ese punto de vista...
"¡Pero yo no era ninguno cerdo asqueroso que pensase en hacerle daño o en utilizarla! ¡Yo realmente amaba a esa jodida mujer!" Gruñó para sus adentros mientras apretaba los puños sobre los apoyabrazos del sillón que ocupaba en ese instante, sus ojos moviéndose desde el fuego hasta la figura de la joven que yacía tirada sobre la alfombra junto a la chimenea, leyendo tranquilamente un libro.
Lentamente el errático ritmo que su corazón había tomado por la indignación comenzó a amainar a paso lento, como si la sola imagen de aquella chica pudiese aliviar todas sus preocupaciones.
¿Qué pasaba si, así como había ocurrido con él, el chico –¿O la chica?- del que ella hablaba también era un bastardo que la amaba? Por supuesto que no iba a existir nunca una persona en la tierra que la amara más de lo que él lo hacía, y si llegaba a enterarse de que esa persona que ella amaba llegaba a hacerla sufrir una sola vez, le cortaría la cabeza en pedacitos... Pero tampoco podía simplemente prohibirle a Dánae que no amara a alguien, como nadie se lo prohibió a su madre cuando comenzó a amarlo, aun cuando él era un maldito bastardo.
"Supongo que sería cuestión de conocerlo... Él o ella vendrá a verla en algún momento si se queda aquí. ¿No?" Pensó mientras observaba las finas hebras de cabello negro caer un poco desde el hombro de la chica hasta la alfombra al tiempo en que sus ojos azulados se movían por las líneas del libro bajo ella.
No podía culpar a nadie por enamorarse de ella en todo caso. Era preciosa, la viva imagen de la mujer de la cual él había caído rendido, con la diferencia de aquel tono de cabello y de ojos que había obtenido de él y que Levi nunca había encontrado especial hasta verlos en ella.
... Era doloroso verla, pues no podía evitar acordarse de aquella persona cada vez que la veía, pero al mismo tiempo no podía evitar dejar de mirarla, pues era el ultimo rastro que quedaba en el mundo, la única prueba de que esa persona alguna vez había existido fuera de sus recuerdos.
Era masoquismo puro lo suyo.
Él no se dio cuenta de que se había sentado a su lado en la alfombra hasta que ella levantó la mirada con sorpresa cuando su mano de dedos largos se posó sobre la cabeza morena, acariciando el largo cabello negro hasta su espalda una y otra vez, los ojos azulados entrecerrándose ligeramente al sentir el suave aroma que brotó de la melena de su hija cuando lo toco.
Ella poseía el dulce aroma de esa persona mezclado a la perfección con el de él, hasta crear un perfume único.
-Dejaré que te quedes. Ya encontraré alguna excusa para que tus padres no vengan a buscarte.
Dánae parecía un poco sorprendida por sus palabras, abriendo aquellos ojos como estrellas en su dirección antes de dejar olvidado el libro mientras una sonrisa recorría su rostro. -¿De verdad? ¡Heichō!-
-Pero a cambio tendrás que decirme algunas cosas sobre es esa persona de la que estas enamorada.- Por alguna razón, él decirle eso la hizo congelarse en su sitio, al tiempo en que él atinaba a apartar el rostro a un lado, lejos de su figura. –¿Entiendes? Si no lo haces ahora, prometo que te llevaré directo a la casa de tus padres aunque patalees y llores.-
Él logró escuchar el sonido de su garganta al tragar duramente en respuesta. –S-Si...-
Satisfecho al saber que ella seguía siendo la niña que siempre obedecía cada una de sus órdenes, Levi relajó un poco su ceño mientras sus ojos se perdían en la pared de madera que tenía al frente, tomándose un momento para ordenar todas las preguntas que tenía para ella.
-Número uno: ¿Tus padres conocen a esa persona o la han visto?
Estando tan cerca de ella, pudo sentir como por un momento ella se estremecía. Su voz salió balbuceante, y él podía adivinar que se estaba ruborizando. Tal cual como su madre lo hacía cuando se ponía nerviosa.
–Pu-Puede decirse que si...
Oh... Así que tal vez Mikasa y Eren si tenían una idea de lo que pasaba allí. Sintiéndose incómodo con la posición que había tomado para sentarse junto a ella frente a la chimenea, estiró su pierna izquierda hasta que su pantalón negro dejó ver un poco de la protesis metálica que ahora sustituía a su antigua pierna de carne y hueso.
–¿Es un chico o una chica? ¿Desde hace cuánto lo conoces?-
Ella pareció no comprender por qué le preguntaba algo como su sexo, frunciendo el ceño un poco antes de responder. -... Es un hombre... Un amigo de la infancia, así que puede decirse que lo conozco desde hace mucho tiempo.-
-Quince años no son mucho tiempo, estúpida.
"¿Un amigo de la infancia?" Su ceño se frunció ligeramente ante sus palabras. ¿Entonces se trataba de un mocoso como ella? Eso podía eliminar las probabilidades de que fuese un asqueroso viejo verde o alguna mujer pervertida, pero también podía tratarse de un cabeza de mierda hormonal que solo la querría para hacer cosas asquerosas.
-¿Tiene algún trabajo ese idiota? ¿O me vas a decir que es un vago de mierda?
Dánae pareció saltar un poco en su sitio. –E-Está en la milicia.-
-¿Qué fracción?
-La Legión de Exploración.
-¿Se graduó contigo?
-N-No. Es mayor que yo...
-¿Es mayor? ¿Entonces tiene un rango ya? ¿Cuál es?
-Y-Yo no estoy segura...
-¿Cómo que no lo estás, mocosa? Dices que lo conoces desde la infancia, así que deberías saber eso por lo menos.
-Pero yo no...
-Tch.- Hastiado, el Ex-Líder de los Soldados giró el rostro en dirección a la jovencita, clavando sus ojos como espadas en la chica, sin piedad. -¿Qué hay de sus padres? ¿Tiene hermanos? ¿Cuántas mujeres ha tenido antes? ¿Es de buena familia? ¿Tiene algo que pueda ofrecerte si llegases a casarte con él? Dame una razón para no ir a buscarlo y volverlo un maldito picadillo de carne.-
-¡H-Heichō, esas son demasiadas preguntas! ¡Yo no las sé todas!- Ella exclamó indignada, frunciendo un poco el ceño mientras se acercaba un poco a su rostro, logrando detener por un instante el interrogatorio de Levi. –Puede que lo conozca desde que era una niña, pero es alguien muy distante casi siempre. No es alguien que hable a la ligera de sí mismo... De hecho jamás lo he oído hablar de sí mismo o de su pasado...-
"Lo que sé es solo lo que he logrado escuchar de boca de mis padres, mis tíos o la Comandante Zoë." La chica pensó mientras apartaba la mirada al suelo.
Estas preguntas no eran buenas. En la mañana había descubierto que aún no estaba preparada para declararse a él. Se había sentido a punto de desmayarse cuando él le pidió que le hablara sobre lo que la había llevado a huir de casa, así que no se imaginaba aun diciéndole que lo amaba sin morir de vergüenza o de nervios... ¡Si con estas preguntas él llegaba a enterarse de que estaba hablando de él, ella iba a morirse!
-Bueno, un hombre que no anda haciendo escándalo o regando sus cosas por ahí no está mal... Pero también podría estar ocultado algo. Puede que sea alguna clase de mujeriego que tiene varias mujeres ocultas, un maldito psicópata o un pervertido asqueroso. Aléjate de él y no vuelvas a verlo.
Por un momento Dánae tuvo que contener el deseo irrefrenable de pegar la frente contra la pared. ¡¿Estaba diciendo eso de sí mismo?! Antes de dejarse llevar por sus impulsos y decir una imprudencia, rápidamente la joven tomó una bocana de aire, repitió un pequeño mantra en su cabeza y volvió a mirar al hombre al rostro.
-Puede que no sepa mucho sobre él, Heichō, pero estoy completamente segura de que no es un hombre malo. Siempre me ha tratado muy bien, ha sido muy amable conmigo y todos a su alrededor parecer quererlo y admirarlo mucho.- Ella explicó como si hablase con un niño pequeño, pronunciando las palabras con cierta lentitud. -Además, de alguna forma me gusta que sea un poco misterioso. Parece el tipo de persona que solo se abre con las personas a las que ama... Y en verdad me gustaría saber que es lo que oculta, así que quiero ser parte de esas personas preciadas.-
Ella podía sentirlo, la mirada intensa que Levi le mandaba desde su sitio, haciendo que su corazón comenzara a latir con fuerza dentro de su pecho y tuviese que mandar la mirada al sitio contrario a donde él se encontraba. Aquello era una confesión... ¿No?
-... Respóndeme una última cosa, Dánae.- Los ojos azulados de él y los de ella se encontraron por un instante, haciendo que el corazón de la chica comenzara a latir fuerte dentro de su pecho. -... ¿Tu amas a ese tipo? ¿Crees que él podría hacerte feliz?-
Por un momento fue como si el tiempo se detuviera tras sus palabras. Mirando a aquel hombre a los ojos como lo hacía en aquel instante, siempre era capaz de sentir una calidez extraña... Como si ella perteneciese allí, a su lado, bajo su protección y su cuidado desde el momento en que nació. No era como si estando con su familia no se sintiese a gusto, pero... Siempre había sentido que de alguna manera ella no encajaba allí, sino al lado del hombre frente a ella. Y ese sentimiento se había vuelto más fuerte a lo largo de los años.
Junto a él se sentía en paz, como en casa.
-... Si. Sé que estando a su lado, yo podría ser muy feliz.
Levi observó su rostro por un tiempo lo suficientemente largo como para ponerla nerviosa, sin saber que él en realidad buscaba en su expresión algo que le indicase que estaba mintiendo o diciendo la verdad. Pero parecía sincera, y aquello de alguna forma le molestó un poco...
Estaba celoso de aquel hombre que le había robado el corazón a su niña, pues él ya no sería el único al que Dánae miraría con admiración y cariño, ni recurriría a él cuando tuviese miedo, se sintiese perdida o necesitase de afecto... Tendría que compartir esas miradas, esas palabras dulces y ese afecto con un segundo hombre, y aquello no le agradaba para nada. En otras condiciones incluso hubiese puesto alguna traba para retenerla por mas tiempo a su lado, pero...
Pero él no tenía derecho sobre ella. No tras haber renunciado a ella.
Ciertamente él había ayudado a crearla, la había amado desde el primer momento en que la vio y había decidido vivir por ella muchos años atrás, pero él solo fue su padre por muy poco menos de dos años. Ahora mismo, él no era mas que un extraño en su vida, y no tenía otra opción mas que tragarse sus celos y apoyarla como su amigo y su guardían.
-...Está bien. Voy a esconderte aquí por más tiempo.- Él atinó a extender su mano de nuevo a la cabeza de la jovencita, dando un par de caricias sobre el cabello negro antes de detenerse. -A cambio, tu tendrás que traer a esa escoria para que la conozca en persona.–
La cara pálida de la jovencita no fue comprendida por Levi en ese momento.
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-¿En que estás pensando, Levi?
Ausente la mirada mientras se perdía en el techo de madera, el ex-militar ni siquiera se tomó la molestia de dirigir la mirada hacia donde la mujer desnuda terminaba de subir sus pantalones blancos, sentada en la cama en donde él aun yacía desnudo, su cuerpo repleto de cicatrices ahora cubierto precariamente por una sábana blanca.
-A veces me pregunto... ¿Qué pensaría ella si fuese capaz de verme ahora?
El corto y revuelto cabello castaño se agitó ligeramente mientras la mujer movía la cabeza hacia él para mirarlo por encima del hombro, su nariz aguileña siendo lo más resaltante de sus facciones, después de los encantadores pero lunáticos ojos castaños que miraron curiosos hacia el de cabello negro.
-¿Qué pensaría de las decisiones que he tomado desde ese día?- La voz masculina sonaba suave, en un tono bajo mientras su mano se movía silenciosamente por su pecho, deteniéndose cuando tocó el portafotos plateando con su dedo índice. -¿Qué pensaría al ver en lo que nos hemos convertido? ¿Qué sería de Dánae y de mi si ella estuviese aquí?...-
Tomando los lentes de montura dorada que ella misma había dejado junto a la mesa de noche, la mujer atinó a colocárselos en la nariz antes de comenzar a ponerse el corpiño en el busto, regresando a darle a espalda.
-Pues ya deberías saber que, sin duda alguna, ella estaría profundamente decepcionada de ti por haberte negado a continuar tu vida debidamente y a criar a Dánae como tu hija, en vez de entregársela a alguien más.
-Tch. ¿Quién demonios querría unirse a un anormal como yo? ¿Y qué clase de vida hubiese tenido la mocosa conmigo como su padre?
Él gruñó a su vez mientras se daba la vuelta en la cama, terminando por darle la espalda a ella sin importarle que pudiese verlo desnudo; menos cuando minutos atrás ella había estado retozando encima de él en el mismo estado. Ahí había otra cosa para agregar a la lista de razones por las cuales él no hubiese sido un buen padre.
-Y tú tampoco tienes la moral para recriminarme eso. ¿O crees que a Erwin le hubiese gustado verte más sola que un perro a esta edad? Hundida en el trabajo y viniendo a revolcarte conmigo por facilidad en vez de buscarte algún hombre que de verdad te quiera y formar una familia con él.
-Oh, los años han afilado esa lengua tuya, Nain.- Ella sonrió en respuesta mientras terminaba de colocarse la camisa color mostaza de su uniforme, poniéndose de pie para abotonarla adecuadamente. El cuerpo de la mujer, aun tras haber alcanzado también los cincuenta años, seguía luciendo desgarbado pero ágil, y sin duda apetecible gracias a los entrenamientos de la milicia. -Ya sabes la respuesta para eso.-
Los ojos azulados del hombre se entrecerraron con fastidio, gruñendo por lo bajo mientras atinaba a acurrucarse mejor sobre su cama, terminando por hundir el rostro contra la almohada bajo su cabeza. Sí, efectivamente él tenía la respuesta para ello, pues ambos sin duda compartían el mismo sentir en cuanto al deseo de "continuar".
¿Qué sentido tenía continuar con una vida en donde su anormal fuerza o inteligencia ya no era necesaria? Habiendo olvidado a esas alturas todos los sueños que habían guardado en el pasado, ahora que el futuro que ambos habían estado esperando se encontraba en el presente... ¿Qué debían hacer?
La vida les había arrebatado a aquella persona especial con la que compartían sus sueños de libertad, y a cambio les había dado aquello por lo que había luchado tan encarecidamente, pero teniendo que sacrificar algo tan valioso como lo que habían obtenido. Y ahora Levi se veía a si mismo haciendo algo que creía imposible en otro tiempo: Extrañando el tiempo en el que se encontraba encerrado dentro de esos tres muros... Entre los brazos cálidos de aquella joven mujer que había robado su corazón, enjaulado en los ojos de la pequeña niña que llevaba su sangre y su carne.
-He encontrado a Dánae de camino hacia acá.- La voz de la mujer de nuevo llegó a sus oídos tras varios minutos en donde solo se habían escuchado los sonidos de los arneses siendo ajustados. -Así que si fue aquí en donde vino a refugiarse, de todos los lugares...-
-¿Eren y Mikasa fueron a buscarte?- Levi preguntó mientras frotaba ligeramente el rostro contra la almohada antes de incorporarse en la cama con un quejido, rascándose descuidadamente el cabello detrás de la nuca. -Ya ha pasado un mes desde que esa mocosa escapó de casa. Me sorprende que ellos no hayan venido a buscarla ni una sola vez.-
-Eso es porque yo les dije que no lo hicieran. Ya imaginaba que se encontraba aquí... Lo que me sorprende es que no haya hecho nada todavía.
-¿A qué te refieres, Lentes de Mierda?- Frunciendo el ceño ligeramente, él se dignó a mirarla por encima del hombro antes de ponerse de pie, encaminándose hacia el baño dentro de la habitación.
-¿No te ha dicho por qué huyó de casa, Levi?- A su vez, la mujer acabó por mirarle de la misma forma mientras terminaba de amarrarse el corto cabello castaño en una precaria y pequeña cola, sus ojos curiosos.
-Está enamorada de algún mocoso. Mikasa y Eren no quieren que estén juntos. Cosas de adolescentes hormonales.- El de cabello negro se quejó mientras tomaba una toalla en el armario cercano al baño, la mayoría de un blanco puro, todas acomodadas por tamaño e incluso tono sobre el estante.
-Ah, entonces no te ha dicho que está enamorada de ti.
-Tch. Ya estamos demasiado viejo para que hagas esa clase de bromas y esperes a que yo realmente me las crea, Hans.- Él solo gruñó desde su lugar, disponiéndose entonces a abrir la puerta del baño mientras estiraba la toalla doblada con su mano...
Hasta que escuchó el ligero sonido que a veces salía de la garganta de la mujer cuando sonreía de cierta forma... Una forma que él sabía, tras muchos años de haberla conocido, que ella utilizaba solo para unas pocas ocasiones: Cuando ella decía algo completamente increíble incluso para ella misma, pero que era tan cierto como el mismo sol.
La toalla que Levi sostenía entre sus manos se deslizó irremediablemente de entre sus manos hasta caer al suelo.
Hans no pudo ver su expresión... Pero el simple hecho de que algo se hubiese resbalado de las manos del "Más Fuerte de la Humanidad", quien podía ser cualquier cosa en la faz de la tierra menos torpe o falto de reflejos, era suficiente como para darle una pista del impacto que sus palabras habían causado en él.
-... ¿Qué?
Girándose para enfrentar a la mujer del otro lado de la habitación, la luz que entraba por la ventana al frente de la cama alumbró los anteojos de la mujer hasta que estos reflejaron dicha luz, encubriendo los ojos castaños mientras una sonrisa zorruna recorría su rostro por unos segundos antes de transformarse lentamente en una expresión gélida, haciéndole recordar al hombre que sin duda, la persona que más temor causaba entre los soldados de la Legión de Exploracion no era él o el antiguo comandante... Sino aquella mujer.
-Parece que no solo heredó esa actitud tan terca de ella...- La mujer casi suspiró al decirlo, moviendo una mano para peinarse el corto cabello castaño hacia atrás. –O tal vez esa parte de la sangre que corre por las venas de esa familia tiene alguna debilidad por ti.-
-¿Cómo sabes eso?- Levi tal vez lo dijo con demasiada fuerza, pero aquello poco le importó, mirando hacia Hans mientras los ojos azulados se entrecerraban ligeramente, dándole un toque de ferocidad a su expresión tal cual como en antaño lo había sido. –Responde rápido, Lentes de Mierda.-
-¿Es que acaso no te habías dado cuenta? La forma en que te mira, en que actúa a tu alrededor...- De nuevo la sonrisa de la científica regresó con menor amplitud, cruzando ambos brazos sobre su pecho casi plano. -Ella es como su madre... Intenta ocultarlo todo, pero sus emociones se reflejan en su rostro con facilidad. Y tal vez sea por su estado hormonal o como quieras llamarle, pero desde que comenzó a sentirse un poco interesada por el sexo opuesto, su interés por ti aumentó demasiado... Peligrosamente.-
Si había una virtud (o un defecto) de aquella mujer, era que su visión era como la de un águila –en un sentido metafórico más que todo, porque sin lentes ella no podía ver una mierda-. Observadora, no había un solo detalle que sus ojos pasasen por alto. Y si ella pudo ver todo eso sin que él se diese cuenta, era por algo...
Una sensación familiar llegó a él con la fuerza de una bala de cañon siendo disparada contra su pecho. Parecido a lo que había sentido cuando supo que aquella mujer había muerto, casi pudo sentir como el mundo se le venía abajo cuando fue capaz de procesar la situación que Hans le estaba planteando. Dánae Jäger... No, Dánae Ackerman estaba enamorada de él.
De todos los hombres del mundo en los que ella se pudo fijar... Se enamoró de él, que era nada mas y nada menos que su padre biológico.
-Tienes que estarme jodiendo. ¡Ella no puede sentir algo como...!- Comenzando a pasearse por la habitación, el antiguo Líder de los Soldados clavó la mirada en el suelo mientras una tormenta de ideas pasaba por su cabeza, sintiendo como si el mundo le acabase de caer encima. ¿Qué demonios se suponía que iba a hacer ahora? Si lo que Hans decía tenía sentido, entonces... ¿Él hombre del cual ella había estado hablando era él? ¿Ella había peleado con Eren y Mikasa porque ellos habían descubierto sus sentimientos?
¿Acaso... Ella no había querido darle mas que respuestas ambiguas sobre ese hombre porque tenía miedo de que él se diese cuenta de que se trataba de él mismo?
-Mierda... ¡Mierda!- Su desesperación aumentó conforme todas las pistas comenzaron a encajar en su cabeza, terminando por darle un manotón a una lampara cercana y tumbándola violentamente al suelo, sus pequeños ojos azules abiertos con algo parecido al temor. -¡¿Como demonios fue que esto pasó?!-
-¿Tal vez ella está confundiendo el afecto que comúnmente se siente a nuestros padres por amor? Después de todo ella ya tiene un padre, pero tu siempre has estado allí con ella...- Hans se apresuró a buscar los pantalones de su compañero para lanzarselos, no queriendo seguir viéndolo desfilar por la habitación totalmente desnudo. -Has sido su mejor amigo, su guardián y su alcahuete durante todos estos años, y según ella, no hay ningún lazo de sangre que los una... Es normal que te hayas convertido en su primer amor si la tratabas de esa forma a pesar de que "no es nada tuyo".-
-Maldición, claro que es algo mío. ¡Ella es mi hija, Hans! ¡La única hija que esa mujer y yo tuvimos!- Exasperado, el de cabello negro apretó la tela de la prenda entre sus manos antes de soltar otra maldición y ponérselos, importándole poco estar aun sin ducharse. -Ni siquiera pude salvar a su madre. Ni siquiera pude demostrarle correctamente que la amaba mientras estaba viva. ¡No puedes echarme la culpa de haber querido hacer con Dánae lo que no pude hacer con ella!-
-No te estoy echando la culpa, has tratado a tu hija como un padre amoroso lo haría... Pero tu error fue no haber querido aceptarla y aun así querer ser parte de su vida, Levi.- La mujer le habló con todo lógico y neutral, no queriendo alterar aun mas los nervios de su compañero, que gracias al cielo comenzó a calmarse mientras le explicaba. -Ademas, está en una edad en donde esta clase de emociones se desatan y es natural que termine infatuada contigo, que eres el mejor partido en comparación a otros chicos. No podías esperar a que, después de haber alimentado y cuidado a la pajarita sin razón alguna, ella no terminase cantando para ti.-
-No me jodas, Lentes de Mierda...- Bajando el tono de su voz hasta un suspiro derrotado, el hombre relajó los músculos de sus hombros hasta que sus brazos cayeron sin vida a los lados de su cuerpo, volviendo la mirada al suelo como si allí pudiese encontrar las respuestas que estaba necesitando desesperadamente. -¿Y que mierda se supone que voy a hacer ahora con ella? La mocosa dijo que pronto iba a presentarme a la persona de la cual está enamorada...-
-Bueno, ahora que sabemos que eres tú, posiblemente lo que esté planeando es confesarte sus sentimientos... Y no te va a quedar otra opción mas que romperle el corazón en pedacitos, Nain. Rechazarla lo suficientemente fuerte como para que esa niña terca no intente luchar por ti o algo así. Ya tu y yo sabemos que eso es lo que mas probablemente pasaría si no eres lo suficientemente cruel.
Romperle el corazón. Él podía hablar un poco de eso...
La madre de esa niña le había roto el corazón una vez, aunque fuera solo por un corto tiempo... Pero el dolor que había sentido durante ese tiempo había sido aplastante, convirtiéndose en odio incluso. El rechazo de alguien a quien uno amaba podía ser peor que una puñalada en el pecho, mas aun al pensar en que uno no era lo suficientemente bueno como para que la persona que uno amaba lo amase de vuelta, y tener que soportar ver como alguien a quien amas empieza a alejarse de ti por ello era algo aun peor.
-... No voy a hacer eso.- Tras sopesarlo, el ceño normalmente fruncido de Levi se marcó aun mas al darse la vuelta, buscando su camisa en una silla cercana. -No quiero que ella me vea y piense que la odio de alguna forma. No quiero que ella se aleje de mi o me odie, tampoco.-
-¿Pero si quieres que ella te siga viendo como a un hombre cuando tu no la ves sino como a tu hija?- Hans le respondió con una ceja levantada, haciendo que Levi le mandase una mirada de pocos amigos al aceptar que tenía razón. -Entonces tu opción restante es decirle la verdad, Levi.-
-No. Eso tampoco va a pasar. Dánae ha crecido feliz sin saber eso.
Moviéndose pesadamente para ponerse la camisa y sentarse en la cama, el antiguo capitán le dio la espalda a su compañera al inclinarse y apoyar los brazos sobre sus piernas, sin sopesar nada realmente. Esa tampoco era una opción en este caso; Dánae había vivido una vida tan perfecta como él se había imaginado que viviría lejos de él, y ahora tenía todo lo que uno podría pedir y mas. Eren y Mikasa la amaban tanto como a sus verdaderos hijos, sus hermanos la adoraban y había crecido siendo una niña feliz y a quien todos amaban.
Ojala a él y a su madre la vida los hubiese tratado así de bien. -No pienso arruinar la buena vida que ha llevado hasta ahora diciéndole que sus padres y sus hermanos no son realmente su familia y que su verdadera madre murió por mi maldita culpa.-
-... Pero no fue tu culpa, Levi.- La expresión de la mujer de cabello castaño cambió para mandarle una mirada mas suave, compasiva incluso, mientras bordeaba la cama para poder acercarse a su amigo, poniendo una mano en su hombro. -No fue tu culpa que Al-...-
-¡Ni se te ocurra mencionar su nombre, Hans Zoë!- Hans saltó en su sitio ante el rugido que Levi profirió, mirandola con una expresión tan hostil que pareció dispuesto a darle un golpe si ella se atrevía a desobedecerlo... Sin embargo rápidamente pareció darse cuenta de su perdida de compostura, a lo cual chasqueó ruidosamente la lengua y cerró los ojos para luego apartar el rostro al suelo, suspirando. -... No lo menciones delante de mi... Por favor.-
Un terrible silencio reinó en la habitación por largos minutos, mientras cada uno de ellos se sumía en sus propios pensamientos... Aun después de quince años, aquel era un tema terriblemente delicado para Levi, pero...
-Tú tomaste una decisión después de que ella murió, Levi... Así que tú deberías ser lo suficientemente valiente como para enfrentarte al resultado de esa decisión.
El sonido de la verja frontal de la casa abriendose llamó la atención de ambos compañeros, la mujer girando la cabeza hacia la ventana para poder observar como la muchachita de cabello negro entraba con una bolsa de alimentos en los brazos. Ella había regresado de hacer los mandados que Levi le había ordenado comprar para que no tuviese que ver como ellos dos se revolcaban solo para intentar matar un poco la soledad.
-... Lo sé... Ya lo sé, Lentes de Mierda.- Fue lo único que dijo Levi antes de levantarse y abrir la puerta de la habitación, sin siquiera mirarla a la cara. -Ahora vete y déjame ver que mierda voy a hacer ahora.-
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Muchas gracias por leer. Por favor, si te gustó, si no te gustó, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia o si crees que merezco irme a la verga... POR FAVOR deja un review, sigue o deja como favorita a la historia o a mi. ¡En verdad eso me ayudaría mucho!
Kurenai Lukia
