¿Listos para otro capitulo? Yo diría que... Para el proximo, le daré final a esta historia... ¡Al fin! XD
Muchas gracias a:
Dazmar (Pronto continuaré con Reinicio, es una promesa XD)
Deirdre Monaghan (Gracias por los buenos deseos de no desvelarme LOL)
Una Guest 3 (Si crees que esto es vida... Ugh, tengo malas noticias XD)
Monzee YMRU (A quien reconozco de RoM, aun mi memoria no falla tanto 3)
Mary Ann Walker (Ojojojo Dánae siempre llega en momentos poco oportunos desde que nació (?))
Uchiha Yamii (Tu rvw me inspiró mucho a la hora de escribir este capitulo... Así que serás la responsable de todas las lagrimas que los demas puedan derramar de aquí hasta el final. 3)
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-Dejame servirte más té, Levi-Heichō. ¿Quieres un poco más de estofado?
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que alguien le había dicho eso? Aunque fuese algo simple que no muchos apreciaban, para él quería había vivido los últimos quince años prácticamente solo, ese gesto de que una persona querida para él lo acompañara en la mesa y le sirviese té en la taza todas las mañanas durante varios meses era algo terriblemente importante.
Debía admitir que vivir junto a Dánae Jäger era algo como un sueño. Poder ver a su pequeña mocosa todos los días, disfrutar de su comida (E incluso ayudarla a prepararla), limpiar la casa de cabo a rabo juntos, observarla jugar o leer frente a la chimenea durante las tardes, pasear a caballo y por la ciudad, hablar tonterías y ver sus hermosas reacciones o poder vigilar que tuviese dulces sueños durante la noche eran cosas que parecían simples, pero que Levi se había negado a disfrutar en el momento en que le había entregado a su única hija a sus dos jóvenes subordinados.
-Ah, está bien, Heichō. Yo me encargo de recogerlo todo.
-¿Acaso estás diciendo que no puedo hacer yo mismo algo tan simple como limpiar los platos?
-No es eso. Solo... Consideralo como que estoy entrenandome para ser una buena esposa...
"¿Una buena esposa?"
Por un momento, Levi no pudo evitar observar a la chica de cabello negro mientras ella se movía de un lado a otro en la cocina...
Y su mente se encargó de superponer la imagen de aquella persona encima de la de ella, tal y como la había visto moviéndose muchas veces durante aquel tiempo en que tanto ellos dos como todo el Escuadrón de Operaciones Especiales se vieron obligados a permanecer ocultos en una cabaña de las montañas.
... Sí... Sí Dánae llegaba a ser como su madre, entonces definitivamente sería una buena esposa. Él podía dar fe de que ella lo había sido para él, aunque fuera solo por un corto tiempo.
-Tch... En verdad haces unas tonterías, mocosa.
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Ironies & Promises
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-... En verdad eres un romántico empedernido.
Levi Ackerman tenía la facultad de reconocer que se encontraba en un sueño, pues los bordes de su visión y algunos rostros se veían borrosos y cosas ilógicas llegaban a ocurrir en medio de aquellas jugarretas de su mente: Como por ejemplo, que aquella mujer que había muerto muchos años atrás, ahora le estuviese observando con una mediana curiosidad reflejada en la mirada, enganchados los brazos alrededor de uno de los de él mientras caminaban a su propio ritmo a través de una calle concurrida de Shiganshina.
-¿De que mierda estás hablando, mocosa?
Una sonrisa divertida, que a él se le antojaba como la de una niña, recorrió tu precioso rostro gracias a la grosera reacción de Levi, no pareciendo para nada sorprendida ni ofendida por ello. Era tal vez una de las peculiaridades que mas le llamaban la atención de ti: No parecías ver absolutamente nada extraño en la forma ruda y vulgar en la que él se comportaba alrededor de la mayoría de las personas.
-Oh, vamos. ¿No es esto algo que solo un romanticista soñaría?- Le dijiste con tu voz que a él se le antojaba dulce y gentil, girando la cabeza para ver el paisaje frente a ambos, haciendo que Levi también siguiese la misma dirección con la mirada. -Mira nada mas...-
Allí, al final de la calle, se podía ver a lo lejos a Schnee-Mädchen, la cabaña azul y blanca de dos pisos que Levi había construido con sus propias manos. Lucía exactamente como él sabía que era en la realidad, pero había un par de detalles; no se encontraba aislada de la ciudad, como él a propósito la había construido, y en la planta baja de la casa había un pequeño local: Una tienda de té.
-¡Ah, allí va Levi-Heichō!
Una voz llegó a los oídos de Levi, haciendo que se girara para ver a varias personas desconocidas que también transitaban la calle, estas sonriendo y saludando hacia ellos, a lo cual tu también sonreíste radiantemente al saludar de regreso a cada persona que brindó sus amables gestos para ambos, sin soltar el agarre en su brazo.
-¿Quien es la mujer que está con él? Es hermosa... ¿No es esa su hija mayor?
-¡No seas indiscreto, Samuel! Esa es su esposa.
-¡¿Su esposa?! ¡Pero si luce tan joven...!
-Tsk... Tengo treinta y cuatro años. No soy tan joven...
Él te escuchó chasquear la lengua, frunciendo el ceño ligeramente con irritación y sin que te dieras cuenta de como tu labio inferior sobresalía en un puchero que, de no ser por tu rostro tierno y terso a pesar de la edad, no le hubiese quedado nada bien a una persona de la edad que decías tener.
De alguna forma a él le agradaba mucho lo adorable que lucía tu rostro haciendo ese gesto.
-¿No habías dicho antes que no te importaría que la gente te confundiese por mi hija o algo así cuando yo fuese un vejestorio?- Levi te preguntó con fingida sospecha, haciendo que tu le mirases por el rabillo del ojo antes de rodarlos lejos.
-Es tu culpa por tener esas canas...
Ambos se acercaron a la entrada de la casa, la verja blanca abierta para que los clientes de la tienda de té pudiesen pasar a sus anchas a través del camino de grava blanca que atravesaba el bonito patio frontal, sitio en donde ambos de ustedes fueron a parar cuando tú halaste del brazo del soldado y le hiciste señas para que se recostasen en las raíces de un árbol de manzanas que había a un lado del jardín.
-Tengo que ir a atender a los clientes, mocosa.- Aun cuando él sabía que era un sueño, una parte de su mente parecía comprender la lógica de esa extraña realidad en donde se encontraban.
-Tsk, una vez adicto al trabajo, siempre serás un adicto al trabajo, ¿Huh?- Sin embargo, tú no le permitiste moverse al sujetar su brazo mientras tomabas asiento bajo la sombra del manzano, halando suavemente de su camisa para que él te siguiese. -Vamos. Ya hay algunas personas que se están haciendo cargo de eso. No tienes de que preocuparte en tu día libre.-
Y como para darle aun mas base a sus palabras, los ojos de Levi lograron ver como, entre las mesas que habían sobre el pórtico de la casa, dos jóvenes de cabellos rubios y ojos azules atendían a las personas sentadas bebiendo el té, mientras que, a través de las ventanas, él podía vislumbrar la figura de una mujer de lentes hablando con un hombre de rubio y canoso cabello que parecía intentar limpiar con solo una mano el desastre que ella había hecho en la barra, suspirando cansadamente.
-Hans... Erwin...- El de cabello negro masculló desde su sitio, pareciendo algo sorprendido por lo que veía.
-Vamos, vamos, Levi. No hay de que preocuparse, no creo que Hans vaya a hacer explotar la cocina de nuevo.
Halando de nuevo de la manga de su camisa, le apresuraste para que se uniese a ti en el suelo, a lo cual él no tuvo mas opción que complacerte y tomar asiento entre los escaramujos esparcidos alrededor de las raíces del manzano.
-Ademas, en caso de que algo malo pase, siempre podremos contar con una pequeña ayuda de Su Majestad La Reina para reconstruir la planta baja...
Mientras acomodabas tu vestido blanco en tu regazo para que él pudiese apoyar la cabeza, Levi observó en detalle a las personas que se encontraban en las mesas del portico. Jean Kirschtein, Sasha Braus y Connie Springer compartían una mesa y parecían estar discutiendo sobre alguna tontería mientras un par de niños parecidos a la mujer correteaban alrededor de su mesa, mientras que Eren Jäger, Mikasa Ackeman y Armin Arlelt compartían su sitio con Historia Reiss, que parecía haberse escapado de sus actividades como reina para tomar un cálido té junto a sus compañeros de escuadrón. El vientre abultado de Mikasa y los dos niños que yacían en las piernas de Eren y Armin daban a entender que aquella familia que había logrado escapar de Shiganshina, ahora había crecido mucho.
-Nada de gloria, lujos y riqueza, ¿Huh?
Una de tus cejas se elevó en tus brillantes y dulces ojos cuando te inclinaste a ver a Levi al rostro, sonriendo ladinamente mientras usabas una de tus pequeñas y frías manos para acariciar amorosamente el canoso cabello negro del hombre recostado en tu regazo, quien miraba la escena de su antiguo escuadrón desde la distancia...
-Vivir junto a tus camaradas una vida pacifica y normal... No parece algo que tú soñarías. Pensé que te quedarías junto a los de la Legión incluso después de que todo hubiese acabado.
-Tch...
Tus palabras no estaban equivocadas. Antes de conocerte, él ni siquiera se había planteado algo como el futuro, tal vez porque siempre había pensado en que ni siquiera llegaría vivo al día siguiente, aun con toda esa ridícula fuerza en su cuerpo. ¿O sería porque él no tenía una razón para vivir mas que seguir las ordenes de Erwin Smith y encargarse de que la muerte de sus camaradas no fuese en vano?
-Al principio, este no era mi sueño...
Y como si sus palabras los hubiesen invocado, una fila de cuatro personas salieron desde el interior de la tienda, haciendo que los ojos azules se posaran en ellos mientras cruzaban el pórtico y bajaban los escalones hasta el camino de grava blanca.
Eran cuatro jovencitos. El mas pequeño era una niña que si acaso tendría cinco años de edad, seguido de otros dos niños que parecían estar en su primera década de vida, y por ultimo una joven adolescente que debía tener unos quince años, todos vestido de blanco y negro...
Todos, a excepción de la pequeña niña, con pieles pálidas, lisos cabellos negros y ojos azules como estrellas dentro de esferas de cristal.
-... Isabella, Alexander, Lucian y Dánae.
¿Como sabía él los nombres de esos niños? Simple: Esos cuatro eran nada mas y nada menos que sus hijos.
Captando la imagen de ambos de ustedes bajo el manzano, la chica de mayor edad sonrió radiantemente desde su lugar al saludarlos con una mano. Aun cuando su apariencia era mas parecida a la de él que a ti, su sonrisa amable y su forma enérgica de saludar eran idénticas a las tuyas, haciendo que Levi se estremeciera de emoción mientras los observaba fijamente en lo que ellos salían por la verja abierta, desapareciendo de su visión.
-No, ciertamente este no era tu sueño...- Le dijiste a tu esposo mientras los observaban alejarse, volviendo a acariciar su suave cabellera canosa mientras el viento fresco de la primavera y el suave sonido de los pájaros y de las personas conversando pacificamente a lo lejos llenaban sus oídos. -... Este era el mio.-
Volviendo la cabeza hacia ti, el antiguo militar clavó su mirada en tu rostro, sintiendo su corazón latir desbocado al ver la hermosa sonrisa melancólica que recorría tu faz mientras le devolvías la mirada.
Él siempre había pensado que tu irradiabas luz. Una luz blanca y pura, como la que se colaba por sobre tu cabeza a través de las hojas del árbol, como la que los diamantes reflejaban. Aunque tus manos en su cabello se sentían frías, el resto de tu cuerpo se sentía suave y cálido bajo su cabeza y contra su rostro cuando lo hundió contra tu vientre, inhalando el fresco aroma a viento invernal que siempre te rodeaba.
-Tu sueño... ¿Cual era entonces, Levi?- Él te escuchó preguntarle mientras tus dedos jugueteaban con los cabello cortos bajo su nuca, haciéndolo suspirar de placer. Solo tú podías hacerle relajarse hasta quedar totalmente indefenso, hasta hacerlo olvidar quien era él.
Contigo, él ya no era Levi Ackerman, El Soldado Mas Fuerte de la Humanidad, aquel que llevaba el poder de la familia Ackerman en sus venas, ni el héroe de Isla Paradis, ni nada de eso. Tampoco era el temible matón del subsuelo, temido y respetado entre la calaña que se movía en la Ciudad Subterránea, ni él pupilo de Kenny "El Destripador", ni el As bajo la manga de Erwin Smith.
Contigo, él solo era Levi. Un hombre común y corriente, que le faltaba estatura, que tenía una obsesión insana por la limpieza y el orden, que tenía muchos problemas para expresarse sin terminar metiendo alguna grosería en medio, que tenía por hobbie recolectar y beber té, que en realidad era mucho mas amable de lo que parecía, que al final había sido capaz de tener un sueño... Y que estaba totalmente, innegablemente enamorado de ti.
-Mi sueño...- Él masculló suavemente al extender un brazo para así rodear tu cintura, abrazándote a medias por su posición aun en tu regazo. -... Era estar siempre a tu lado y verte feliz, Diamant D'Hiver.-
Estar contigo lo hacía sentirse en paz, aun cuando el mundo había estado cayéndose a pedazos. Estando contigo, él había encontrado esperanza, aun cuando parecían estar completamente perdidos. Cuando él había perdido el rumbo, tu le habías ayudado a recobrarlo, y cuando se había sentido solo, tu habías estado allí para acompañarlo, en silencio, sin darte cuenta, sin que parecieras saber el efecto que tú causabas en él.
Él había deseado vivir el resto de sus días para ti, y hacer hasta lo imposible para ver esa sonrisa radiante que tu hija había heredado, para ver tus ojos brillar, soñadores, cuando supieses que podrías ver cuantos amaneceres quisieras sin estar encerrada tras tres muros... Ver tu rostro iluminándose al saber que tus amigos no tendrían que ser sacrificados por la libertad.
-¿Me amas, Levi?- Le preguntaste suavemente, en lo que sus manos libres se entrelazaban sobre tu regazo, él maravillándose por la sensación de tus manos pequeñas, mullidas y suaves en comparación a las suyas, ásperas, huesudas y grandes.
-Si te amo.- Él respondió, y esta vez no sintió temor, vergüenza o duda alguna para decirlo. Su voz sonaba firme, y sus palabras se parecían a un juramento mas que a una confesión. -Te amo mas que a nada... Te amo más que a la libertad, Diamant D'Hiver.-
Separándose de ti, él subió una mano para hundirla entre las suaves hebras de largo cabello que caían como una cascada tras tu espalda, deleitándose por el fresco aroma a flores que salió de él mientras tus dedos se enredaban entre los mechones tras tu cabeza, inclinándote hacia la suya para que tus tiernos labios se encontrasen con los de él. Había estado ardiendo de deseo por sentirlos una vez mas contra él, por sentirse conectado a ti una vez a través de ello, pues en ti, él había encontrado la pieza que faltaba para llegar a sentirse completo.
... Solo cuando restaban unos pocos milímetros entre ambos para poder unirse en un beso, él sintió tu aliento dulce deslizarse en su rostro cuando dijiste una cosa.
-Entonces... ¿Por qué no me salvaste?
El sonido de un trueno, idéntico al que se producía cuando un titan-cambiante se transformaba, retumbó en los oídos de Levi, haciéndolo saltar en su sitio, ahogando a duras penas el grito que casi quiso salirse de su garganta.
Schnee-Mädchen ardía violentamente ahora, tal cual lo había hecho la cabaña de tu familia cuando él la había incendiado quince años atrás se dio cuenta, ya no se encontraba en el hermoso jardín frente al hogar en donde él vivía pacíficamente junto a su amada esposa e hijos, sino que estaba solo y de pie en medio de un campo abierto, su equipo de maniobras sintiéndose extremadamente pesado alrededor de su cintura y frío bajo las palmas de sus manos. En donde antes habían escaramujos rojos, ahora solo habían enormes charcos de sangre, y en donde antes había estado las raíces del manzano, ahora solo se encontraban los cadáveres destrozados de todos aquellos compañeros que habían muerto a manos de esos terribles monstruos llamados titanes.
Allí donde había estado el árbol, había un titan con el rostro mas horrible de todos: Deforme y siniestro, el rostro de Kenny Ackerman sonreía de oreja a oreja en lo que te observaba estar de pie frente a él, a tan solo un par de metros de distancia. A tu vez, tu pulcro vestido blanco estaba manchado de sangre, y tu rostro antes radiante y feliz lucía ahora triste y exhausto mientras yacías de pies sobre una pila de cadáveres que se le hicieron demasiado familiares a Levi.
Lucius y Magnus White, Alex Lawson, Dimitri Zedd, Peter Stod... Tus hermanos, los miembros de tus escuadrones...
Él también estaba rodeado por los cadáveres de sus camaradas, e incluso el de su antiguo líder; Erwin Smith.
-Si tanto querías hacerme feliz... ¿Por qué no nos salvaste?- Preguntaste con expresión afligida, haciendo que el corazón de Levi doliera en su pecho, impotente. -Deseabas vivir una vida pacifica conmigo... Pero dejaste que todas estas personas muriesen. Incluso abandonaste a Dánae...-
-¡Yo no la he abandonado! ¡Yo...!- Él intentó defenderse, pero sus palabras se quedaron atoradas en tu garganta cuando aquel enorme titan dio un paso hacia ti, haciendo que la tierra temblara bajo los pies de Levi. -¡Cuidado, ... !-
Los ojos azulados se abrieron de par en par al ver que tu nombre no lograba salir de sus labios, a pesar de que él lo tenía en su mente como un eco que rebota en el abismo.
-¿De que vale la libertad ahora, Levi? ¿Acaso la estás disfrutando?- Le preguntaste con rostro decepcionado mientras el titan con el rostro de Kenny Ackerman te tomaba por ese hermoso cabello que tanto tus amigos como él habían amado ver suelto y largo sobre tu espalda.
-¡Diamant D'Hiver!- Él logró decir tu sobrenombre, pero a cambio, él fue incapaz de mover ni un musculo de su cuerpo para intentar ir a tu rescate, observando impotente al enorme monstruo tomar también aquella pila de cadáveres que yacía bajo tus pies, y cuyos rostros ensangrentados y destrozados se movieron para verle con ojos como cuencas vacías.
-Levi-Heichō
-Heichō
-Hermano
-Levi
-Levi
-Levi-Heichō
-Levi
-Levi-Heichō
-Papá
-Ayudanos, Levi
-¡No! ¡Cállense!
Todos comenzaron a gritar con voces horribles, rugiendo de dolor cuando el titan comenzó a devorarlos hasta que ni uno solo de ellos quedó, pero sus voces continuaron rebotando dentro de la cabeza del soldado, haciéndolo perder la cabeza. Solo tu quedaste en la otra mano del monstruo, y aunque él intentó decir tu nombre, nada salió de su boca.
-... Me olvidaste, Levi.
-¡No, ... !
Y tu solo pudiste mirarlo con una profunda tristeza... Mientras él intentaba extender una mano hacia ti, mientras él intentaba salvarte de alguna forma y demostrarte que él no había dejado de recordarte ni una sola noche, ni un solo día desde que te habías ido.
-¿Como puedes decir que me amas... Si ni siquiera puedes decir mi nombre ya?
-¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡...! ¡...!
El titan abrió la boca... Y soltó tu cabello justo cuando él lograba al fin, tras muchos años, gritar tu nombre.
-¡ALMAZ!
Levi saltó y se despertó gracias a su propio grito, sus ojos abiertos al punto de parecer que se saldrían de sus cuencas. Su corazón latía tan rápido que pensó que le iba a dar un maldito infarto y sus pulmones ardían con cada respiración que daba, como si hubiese estado aguantando el aliento durante tanto tiempo que estuvo a punto de asfixiarse. Sus músculos dolían como si hubiese estado haciendo un esfuerzo terrible, y aquella cicatriz que había en su pierna izquierda y que era del tiempo en el que Hans le había puesto esa prótesis de metal, le punzaba tanto que lo hizo estremecerse en las sabanas empapadas de su propio sudor.
El grito con el nombre de su antigua esposa aun hacía eco en la habitación y dentro de su cabeza cuando él comenzó a calmarse, dándose cuenta de que tenía una mano extendida en el aire como si hubiese estado intentando alcanzar algo en el techo.
Gimiendo por el dolor -aunque él no estaba seguro de si era el físico o el que taladraba su corazón-, Levi se removió en la cama hasta hundir el rostro contra la fría almohada a su lado, apretándola con su puño al recordar que, cuando alguno de ustedes despertaba tras una pesadilla durante su tiempo como soldado, casi siempre tú habías estado allí, a su lado, para ayudarlo a pasar el mal trago y viceversa.
Ahora solo un espacio vacío se encontraba en donde tú debías estar, y con solo pensar en eso, deseó ponerse a llorar como un niño desamparado hasta que pudiese desahogar aunque fuera un poco del terrible dolor que sentía ante la profunda soledad en la que había terminado...
Pero ni una lagrima salió de sus ojos, y el dolor continuó allí, pesado, afilado y terrible dentro de su pecho, ahogándolo hasta que al fin, por el agotamiento, él terminó quedándose dormido de nuevo.
Sin embargo, los sueños no tuvieron piedad de él durante esa noche, dándole dulces imágenes de tu ansiada presencia antes de transformarlas en terribles pesadillas que le recriminaron todos lo errores que había cometido durante su vida.
Cuando despertó al día siguiente, a duras penas recordaba haber recibido un mensaje en medio de la noche a través de una paloma mensajera que la Comandante de la Legión de Exploración había entrenado algunos años atrás, y la cual había picoteado la ventana de su habitación durante la madrugada.
Dándole un momento de descanso entre las variopintas pesadillas que lo atormentaban desde que se había enterado del terrible problema que ahora tenía que enfrentarse por la decisión que había tomado trece años atrás, Levi había abierto la ventana, quitado el pequeño papel atado en la pata de la blanca paloma -a la que Hans había llamado Snowball-, y había abierto el mensaje para leerlo entre la visión borrosa de su cuerpo exhausto y su mente estresada.
"Exp. IsPa. 1/30-Mar. Lluvia Et Al.. Tit, Ataque. Ack. Barco. S.O.S. O.K?"
"Ugh... ¿No era mas fácil escribirlo bien y ya?" Levi pensó mientras se frotaba los lagañosos ojos, comprendiendo el mensaje en código aun así. Un barco de exploración estaría saliendo de la isla dentro de un mes, así que ella estaría llamando a Dánae para invitarla a unirse junto al resto de los cadetes recién graduados a dicha expedición. Al parecer, ella había consultado ya con Eren y Mikasa sobre este plan para intentar alejar a Dánae de él por suficiente tiempo como para matar ese sentimiento indebido que ella sentía hacia él y por eso le habían enviado el mensaje...
Pero la verdad era que Hans debía estar consciente de que eso no sería suficiente. Él, que había vivido separado por largos periodos lejos de su amada, sabía bien que sin importar cuanto tiempo pasara, cuando el amor era profundo no había nada que pudiese apagarlo, ni siquiera el tiempo... O la muerte.
Esa cuatro ojos le había enviado un mensaje implícito en esas palabras en código: Él debía tomar una decisión en un mes... Encontrar la forma de romperle el corazón o simplemente decirle la verdad a Dánae.
Darle Jaque antes de que ella lo hiciera y él no tuviese otra opción.
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-¿Levi-Heic-...?
Dánae detuvo sus pasos a mitad de camino desde la entrada de la sala hasta la butaca en la cual el antiguo Líder de los Soldados siempre se sentaba a leer algún libro frente a la chimenea, dándose cuenta de que esta vez el libro que había estado leyendo durante la ultima semana ahora yacía tirado en el piso, y que el brazo del hombre colgaba límpido sobre el apoyabrazos.
Cuando se acercó lentamente hacia la butaca, no pudo evitar sorprenderse al ver a su guardián profundamente dormido, su rostro relajado y haciendo lucir varios años mas joven de lo que en realidad era aun con esas pequeñas arrugas y las canas en su cabello azabache, su pecho subiendo y bajando acompasadamente mientras el crepitar de la leña en la chimenea lo arrullaba.
Desde que ella había llegado allí, eso ya hacía casi tres meses, jamas había visto a Levi en un estado tan vulnerable como el que significaba estar dormido, aun cuando él se encontraba en su propia casa. Aunque ella sabía que él solo dormía unas pocas horas durante la noche -y eso se podía adivinar por las marcadas ojeras negras bajo sus ojos-, él siempre se retiraba a su habitación cuando el reloj daba la media noche y rara vez salía de allí después de esa hora.
"Será mejor no molestarlo. Debe estar exhausto." Pensó la muchacha al quitarse el chal que llevaba puesto tras regresar de la ciudad, cubriendo al hombre con él con cuidado de no despertarlo.
Y él tenía razones para estar exhausto, porque si ella lo estaba con solo escuchar sus gritos a mitad de la noche... ¿Este era el precio que él y sus otros compañeros debían pagar a cambio de la libertad? Dánae sabía que aquellos soldados que habían sobrevivido a la batalla contra los titanes no habían quedado exactamente bien de la cabeza después de que todo hubo terminado.
Aun podía recordar como, cuando aun era niña y dormía con sus padres, su padre a veces despertaba gritando los nombres de algunos compañeros suyos que habían muerto, y otros que habían sobrevivido pero que a veces terminaban mezclados con sus terrores nocturnos. Muchas veces había ayudado a su madre a calmar al pobre hombre con mimos y palabras amables, y muchas veces había terminado dormida entre los brazos de sus padres para ayudarlos a mantener la calma, a recordar que ya toda esa pesadilla había terminado.
... Pero, ¿Quién podía estar allí para calma al Capitán Levi cuando este siempre había vivido totalmente solo?
Frunciendo un poco el ceño, la chica de cabello negro se sentó a los pies de la butaca en donde su héroe descansaba, los ojos azules fijos en la hermosa y serena expresión que tenía al dormir.
"Incluso dormido... Es tan apuesto." Pensó fugazmente al sentir como sus manos picaban por quitar un mechón de cabello que caía sobre sus ojos. ¿Como era posible que él no se hubiese casado o se hubiese enamorado de alguien cuando, ante sus ojos, él era tan perfecto en todo sentido?
... La Comandante Hans Zoë la había mandado a buscar durante la mañana, y acababa de regresar de una reunión con ella en la base de la Legión de Exploración. Al parecer, dentro de una semana saldría un barco fuera de Isla Paradis en dirección a tierra firme, lo cual significaba que ella tendría la primera oportunidad de salir a conocer el mundo fuera de aquella gran isla en donde vivían. Su razón para llamarla: Quería que ella, junto con los otros cadetes recién graduados, subiesen a ser los guardianes de ese barco.
Claro, se había emocionado en sobremanera al pensar en semejante oportunidad, pero justo cuando había estado a punto de aceptar la oferta, los gritos del Capitán Levi durante las ultimas noches habían llegado a su cabeza y la habían hecho dudar. ¿Estaba bien dejarlo solo por quien sabe cuanto tiempo? Ella no tenía corazón para hacer algo así...
Y ademas, ya estaba reuniendo el valor suficiente como para hablarle al fin de la verdadera razón por la cual ella había huido hacia él. Dado que nadie estaba con él durante esas noches repletas de pesadillas, para acompañarlo durante las mañanas a beber té y durante las tardes a leer frente a la chimenea, Dánae solo pudo pensar en una solución: Ella podría renunciar a la milicia y hacer lo que nadie mas hacía para Levi; ser su compañera.
... Su amante.
Si él le daba una oportunidad, a ella no le importaría renunciar a su sueño de conocer el mundo. Estaba completamente segura de que podía ser completamente feliz a su lado, atendiendolo, acompañadolo y mimándolo como él lo había hecho cuando ella era una niña. Eso era lo que hacían los esposos, ¿No? Acompañarse y atenderse el uno al otr-...
"¿Qué es eso?"
Mientras pensaba, sus ojos habían vagado por el cuello abierto de la camisa del antiguo Líder de los Soldados, dándose cuenta de algo que jamas había visto gracia a que él siempre usaba cuello cerrado o ese llamativo cravat alrededor del cuello.
Reposando sobre su pecho que subía y bajaba mientras dormía, un collar de acero con un dije portafotos yacía en el extremo de la cadena. La joven militar no pudo evitar fruncir el ceño ante aquella prenda, pues jamas la había visto sobre el Capitán, a pesar de que ya lo había visto estar sin camisa para cortar la leña o cuando salía de darse un baño. ¿Tal vez se la quitaba para eso y luego se la volvía a poner?
¿Que habría dentro de ese portafotos?
Empujada por la curiosidad, ella extendió una mano y tomó cuidadosamente el hermoso y brillante dije de plata entre sus dedos, encontrando el pequeño botón para abrir el compartimiento y presionándolo...
Los ojos azules se abrieron con cierta sorpresa al ver la fotografía en el interior del cristal.
Había una familia retratada en la fotografía: Un hombre vestido de negro, de pie junto a una silla donde una mujer con falda negra y camisa blanca llevaba a un bebé en brazos, sentados. Por un momento ella había creído que se trataba de los padres del Capitán Levi, pues desde la distancia en la que se encontraba y por la poca iluminación de la sala, ella no podía distinguir bien los rostros de esas tres personas...
Pero luego recordó que una vez su madre le había contado que el Capitán Levi era el hijo de una prostituta de la Ciudad Subterránea y que nadie sabía de su padre, así que era totalmente improbable que esa familia en la foto se tratara de ellos. Todos lucían demasiado elegantes trajes militares, después de todo.
Entrecerrando los ojos, Dánae se arrodilló frente a la butaca para poder acercarse mejor a la pequeña fotografía en el dije... Sin darse cuenta de como unas orbes idénticas a la suyas se fijaban en ella.
-... Lo siento... Se que te hice una promesa...
El corazón de la chica se detuvo dentro de su pecho al escuchar la voz débil del ex-militar sobre su cabeza, levantando la mirada para encontrarse con el rostro somnoliento y la mirada desenfocada de un Levi que aun parecía debatirse entre la vigilia y el sueño, mirándola confundido... Antes de que una pequeña, casi imperceptible sonrisa recorriese ese rostro agrio que le caracterizaba.
-... Pero no puedo cumplirla... No puedo entregarle esto a ella, Diamant D'Hiver...
"¿Diamant D'Hiver?"
Ella recordaba ese nombre. Él una vez la había llamado de esa manera cuando había llegado de improviso a su hogar, antes de que ella se uniese a la milicia...
Tal vez esa tal "Diamant D'Hiver"... ¿Era la mujer en la fotografía?
-Aun luces como en esa fotografía... Y mírame, ahora yo soy un maldito viejo...- Levi extendió una mano hasta sujetar la cabeza de Dánae, suspirando al sentir el suave cabello bajo su tacto. -... Pero no debes asustarte. Sigo siendo yo... Sigo siendo el mismo hombre... Al que tu amabas.-
Los ojos de Dánae se abrieron de par en par al escuchar esa ultima frase, haciendo que su cuerpo se estremeciera por un intenso dolor en el pecho.
¿El hombre que ella amaba? ¡¿Entonces esa tal Diamant D'Hiver y él...?!
-¡¿Heichō...?!
Inevitablemente, la voz de Dánae se escapó de entre sus labios por la impresión, retrocediendo lo suficiente como para hacer que la mirada de Levi se enfocara y que la luz de chimenea casi apagada iluminara bien el perfil de la muchacha. La mirada del Líder de los Soldados llenándose rápidamente de sorpresa...
Antes de que una sombra siniestra y totalmente aterradora recorriese aquellos orbes azulados al comprender lo que estaba pasando.
-Cuando tenías ocho años, una vez entraste a mi habitación y rompiste un documento muy importante que tenía allí... Creí que te había enseñado esa vez a que odio que toquen mis cosas sin permiso, Dánae.
Pero él ni siquiera le dio tiempo de moverse o excusarse cuando él rugió y la lanzó violentamente contra la alfombra en el suelo, arrancándole un grito de miedo cuando se hubo puesto a gatas sobre ella, mirándola con ira.
-¡H-H-Heichō!- Ella le llamó entre sorprendida y asustada, el collar abierto colgando entre ambos mientras sentía como las manos fuertes del hombre apretaban dolorosamente sus muñecas contra el suelo, los ojos azul acero del hombre abiertos con una mezcla de rabia y miedo. -¡M-Me estás lastimando!-
-¿Qué mierda creías estar haciendo, mocosa?- Fuera de sus casillas, el Líder de los Soldados ignoró totalmente las palabras de la chica, apretando los dientes enfurecido. -¡¿Quien te dio permiso de fisgonear en mis cosas?!-
-¡H-Heichō!- Ella volvió a gemir cuando sintió mas dolor en sus muñecas, viéndose incapaz de levantarse por el peso que él ejercía sobre ella. ¡Aún cuando ella era más joven...!
-¡¿Quién te dio permiso para ver esa fotografía?!
-¡Nadie! Y-Yo solo tenía curiosidad...- La chica intentó defenderse al ver que era imposible intentar safarse del agarre de Levi. -Es porque no conozco casi nada de su pasado que terminé viendo esa fotografía sin su permiso.-
-¿Y para que mierda quieres saber de mí pasado, mocosa?- Él espetó con voz iracunda, haciendo que la chica bajo suyo temblará por la cantidad de veneno que destilaba su lengua mientras sus ojos se estrechaban como si la juzgaran. -¿Qué no te enseñaron a respetar la vida de los demás?-
-¡Sí, pero no puedo hacer nada al respecto si la persona a la que amo se empeña una y otra vez en ocultar todo de mi!
...
Envalentonada aún cuando estaba en clara desventaja, la muchacha le respondió al fruncir el ceño y gritarle de la misma forma severa en la que él lo había hecho cuando el miedo llegó a su limite, haciendo que Levi abriera los ojos de par en par al reconocer esa expresión indignada que aquella mujer colocaba cuando él intentaba imponerse sobre ella.
Sí Dánae había recibido un golpe directo al corazón... Él acababa de recibir el contraataque.
Pero eso solo aumentó la molestia en él... Porque ahora que lo que estaba oculto estaba saliendo a la luz, él ya no tenía otra opción mas que elegir allí y ahora, tras casi un mes de haber estado evadiendo los problemas, intentando disfrutar un poco mas del sueño que había estado viviendo durante los últimos tres meses.
-... ¿Tu me amas, dices?
El de cabello negro repitió, imprimiéndole ironía a sus palabras mientras veía el rostro de la chica ante él sonrojándose antes de palidecer, mirándolo sorprendida cuándo él ladeó un poco la cabeza, entonando los ojos.
-¿Qué puede saber una mocosa como tú del amor?
Anonadada, la expresión valiente de la chica se borró de inmediato. Ella no era aquella mujer, después de todo.
-¿Heichō...?
-De seguro creíste que estaba ocultando un pasado trágico y romántico como los protagonistas de las novelas que los mocosos como tú leen ahora, y que cuando tú descubrieses la verdad, me ayudarías a curar mis heridas y quién sabe que otra tanta mierda cursi.
Alzándose por encima de la muchacha, Levi se veía como una sombra negra y aterradora cuando la luz de la chimenea terminó por apagarse, dejando la sala en penumbras. Por un momento Dánae no pudo sentir más que miedo por lo que él pudiera hacerle ahora que estaba literalmente a su merced, incapaz de combatirlo con su fuerza.
-¿Creíste que metiéndote en mi casa y jugando a ser mi esposa, yo llegaría a amarte de esa forma, Dánae? ¿Creíste que un hombre como yo sé fijaría en una mocosa como tú? ¿Qué tienes tú qué ofrecerme? Solo eres la hija mimada de Eren y Mikasa, una mocosa caprichosa e ilusa que todo lo ha tenido y que a la primera en que las cosas no salen como quieres, huyes y lloras hasta que te complacen.
Una parte de su cabeza le decía a Levi que estaba hablando demasiado. Él prácticamente podía ver el lindo rostro de su niña llenarse de sorpresa y dolor por cada ofensa que él le decía, siendo un golpe aún peor el hecho de que él jamás había dicho algo para hacerla sentirse mal consigo misma...
Pero... ¿Qué otra cosa podía hacer él para matar ese amor abominable que él había alimentado sin querer? ¿No era mejor recibir su odio que arruinar la buena vida que había llevado hasta ahora? Al menos... Ella seguiría teniendo una familia en la cual refugiarse y curar su corazón roto mientras él no le dijese la verdad.
... Él no podía seguir siendo tan egoísta. Por haber roto la promesa que le había hecho a Almaz, era natural que él tarde o temprano tuviese que separarse del único pedazo de ella que aun vivía dentro de Dánae.
-¿Creíste que me fijaría en ti si jugabas a ser una militar? ¿Que te admiraría o que me sentiría orgulloso por ello? No me hagas reír. Los militares de ahora no son no la mitad de buenos a como lo eran cuando aún habían titanes caminando por ahí. Un pelotón entero de ustedes no tendría ni la más pequeña oportunidad contra diez o veinte titanes.
La verdad era que él estaba terriblemente orgulloso de ella. Que ella quisiera seguir su sueño de ver el mundo fuera de esa isla, que tuviese un poco de ese espíritu con sed de conocer que aquella mujer había tenido... Que ella hubiese demostrado tener la misma capacidad que él y esa mujer para ser militar al haber sido elegida como la número uno de su promoción...
-Pero...- Él no se había dado cuenta de que ella estaba llorando hasta que escuchó su voz quebrada. Por un momento incluso sintió que su corazón se partía en dos al verla llorando por su culpa... Pero él no podía detenerse aún. -Tu siempre dijiste que... Estabas orgulloso de mí. Que me amabas...-
-¿Qué acaso no sabes diferenciar las mentiras que se les dice a un mocoso para que deje de joder y la verdad, Dánae? Yo nunca podría amar... A una mocosa estúpida como tú.
... Que irónico que ella fuese tan idéntica a la mocosa de la cuál él se había enamorado diecinueve años atrás.
Levi prácticamente pudo ver como el corazón de la chica bajo él se volvía añicos, grandes lagrimones comenzando a correr por sus mejillas mientras él sentía como su propio corazón también se resquebrajaba, teniendo que apretar los dientes para no terminar cediendo ante su deseo de decirle que todas esas palabras eran mentira, que él en verdad la amaba más que a nada y a nadie y que sólo quería protegerla.
Pero el mundo siempre había sido muy cruel con él, obligándolo a hacer todo menos lo que él quería hacer.
-Tendrías que ser muy estúpida para creer que, entre tantas mujeres que hay, yo querría la compañía de una niña cómo tú.- Dio entonces su última estocada, aflojando el agarre en la muñecas de la chica al decir: -Tu ni siquiera te pareces a la mujer que hay dentro de este portaretratos.-
... Que malditas bastardas podían llegar a ser las ironías.
-¡PUES ENTONCES VETE AL INFIERNO CON ELLA, HIJO DE PUTA!
Explotando con una ira que le hizo recordar a la suya, Dánae repentinamente se soltó del agarre de Levi y lo empujó violentamente lejos de ella, mirándolo con ojos rojizos de furia pero abnegados en lágrimas de tristeza mientras se ponía de pie y huía de la sala, corriendo hacia la puerta de salida sin importarle que aún tenía objetos personales dentro de la habitación que él siempre le cedía durante sus estancias.
Con la cabeza gacha, Levi se mantuvo en donde ella lo había dejado en el suelo hasta que escuchó el chillido de un caballo siendo espoleado antes de que el sonido de pasos galopantes comenzasen a resonar alrededor de la casa y luego alejándose lentamente hasta que ya no se pudo escuchar nada más que el sonido de la fría y solitaria noche.
... Y así, Levi le dio una despedida a lo que él más amaba en ese mundo, desplomándose en la alfombra y cubriéndose los ojos con el brazo mientras deseaba con todas sus fuerzas ser capaz de llorar.
Pero de nuevo, no pudo hacerlo.
-En verdad desearía poder ir a donde está ella, Dánae...- Levi le dijo al aire mientras se hundía de nuevo en la soledad. -... Pero ya no puedo romper mas promesas.-
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Kurenai Lukia
