Y tras mucho sufrir para escribir esto... Al fin... ¡EL FINAL! ¡Gracias al cielo!
Muchas gracias a:
Deirdre Monaghan
Monzee YMRU
Ever hrdz
Uchiha Yamii
Mary Ann Walker
Affanita
Atzuko-san
Sarah
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-¡Todos a lavarse las manos! ¡Es hora de la cena!
Por un momento Eren, Armin y Mikasa se miraron con una expresión extraña en los rostros, el azul, el dorado/turquesa y el plomo encontrándose, pero pareciendo ver a través de los otros mientras sus mentes parecían viajar lejos, a una época distinta a la que estaban viviendo en ese momento.
Un tiempo mas pacifico, en donde no estaban siendo perseguidos como criminales.
-Oigan, mocosos. Muevan el culo y vayan a lavarse las manos a menos que quieran quedarse sin cenar.
La ruda voz del Capitán Levi les hizo saltar en sus sitios, pestañeando repetidas veces antes de exclamar un "Si, señor" y apresurándose al baño.
Para cuando lograron salir de allí, se sorprendieron un poco al ver la larga mesa del comedor ya ocupada por sus compañeros de escuadrón y su Capitán, quienes esperaban pacientemente a que la comida se les fuese servida en la mesa como todas las noches por una segunda Capitana que, por ahora, se estaba encargando de algunas actividades típicas del hogar.
-Lo puedo oler...- Los ojos color caoba de Sasha Braus brillaron tras haber olisqueado el aire, girándose para ver a Connie Springer, sentado a su lado. -¡Es estofado de ciervo! ¡Tendremos estofado de ciervo!-
-En verdad estoy un poco sorprendido. Había escuchado que ella no era muy buena cocinando, pero tal vez sea porque no hemos comido algo decente desde que entramos en la academia.- Jean Kirschtein también olisqueó el aroma a comida que lograba escaparse de la cocina, mirando a Historia Reiss desde el otro lado de la mesa. -Por supuesto que no cocina tan bien como mi madre, pero... La carne asada que nos hizo ayer no estaba tan mal. En comparación a lo que estábamos comiendo antes de que llegara...-
-¿No es un poco arriesgado que digas eso delante de Levi-Heichō, Jean...?- Armin masculló con cierta preocupación hacia su compañero, lanzando vistazos discretos al hombre que se encontraba en la punta de la mesa, justo al lado de ambos soldados. El joven de cabello castaño se tensó en su sitio.
-Tal vez logró mejorar sus habilidades en la cocina durante el tiempo en que estuvo junto a sus hermanos en ese pueblo suyo.- Sin embargo, el Capitán no pareció ofendido por las palabras descuidadas de su subordinado, cerrando los ojos con algo parecido a cansancio en el rostro. -... Es extraño que su comida no huela a quemado a estas alturas.-
Así que lo de las pobres habilidades culinarias de esa Capitana no eran un simple rumor, ¿Huh? La puerta que separaba a la cocina del comedor se abrió antes de que alguno de ellos pudiese decir algo mas.
-¡Lamento la espera! Deben estar hambrientos, así que preparé buenas raciones para todos esta vez.
Con el cabello atado en una cola de caballo, la joven soldado que salió con varios platos de la cocina sería unos tres o cuatro años mayor que casi todos los que estaban sentados en la mesa, y sin embargo todos sabían que ostentaba un rango mayor como lo era ser la Capitana de un escuadrón de la Legión de Exploración. Algunos la habían visto destacar con sus habilidades de combate y su inteligencia en los entrenamientos, pero solo habían podido escuchar de boca de otros como ella era capaz de arrasar con varios titanes completamente sola, pues tenía una fuerza como muy pocos otros soldados.
Nadie podría creer eso viéndola enfundada en un delantal y sirviendoles la comida en la mesa con una radiante sonrisa mientras, en su espalda y dentro de un rebozo rojo, llevaba a su pequeña hija recién nacida, la cual dormía profundamente a pesar de que su madre se movía de un sitio a otro aun cuando solo habían pasado un par de semanas desde que había dado a luz.
-Un pan para Armin y Jean, uno para Sasha y Connie, uno para Mikasa e Historia y uno para Eren y Levi.- Tomando los panes y picandolos por la mitad, la chica los repartió entre los jóvenes soldados antes de depositar la mitad restante junto al plato del Capitán, quien frunció un poco el ceño al verla luego tomar asiento frente a su propio plato, este sin un solo pedazo de pan en él. -¡Buen provecho a todos!-
-¡Buen provecho!- Los jóvenes exclamaron a su vez antes de prácticamente saltar sobre sus platos de estofado, comenzando a gemir cuando, por el apuro, terminaron quemando sus lenguas o sus bocas se llenaron con el sabor de la sopa bien sazonada.
Levi simplemente ignoró la comida, manteniendo la mirada fija en la joven con el bebé en su espalda mientras ella tomaba también su cuchara y comenzaba a soplarla antes de meterse un poco de estofado en la boca.
-¿Todo está bien? Racionen bien su pedazo de pan; no sabemos cuando Hans volverá a traernos un poco... ¿Levi? ¿Pasa algo malo?
Mirándolo con grandes y vivaces ojos curiosos -los mismos ojos llenos de ilusión aun tras el paso de los años-, la joven Capitana llamó al Líder de los Soldados al ver que él no se había dignado a tomar un bocado de la comida, haciendo que ella bajase su cuchara y lo mirase con preocupación. Este, sin embargo, no cambió su expresión amargada.
-¿En donde está tu pedazo de pan?- Preguntó el hombre, cruzándose de brazos. -No me digas que se lo diste de nuevo a la chica patata.-
-Oye, solo se lo dí una vez. Que la hayas dejado sin comer por un día entero solo porque robó un poco de carne de las provisiones fue demasiado castigo.
-Lo dices porque tú también robabas comida durante tu tiempo como cadete, ¿Verdad?
La expresión sombría que recorrió el rostro de la mujer le dio a entender a todos que el Capitán Levi tenía toda la razón.
-... Tch.- Sin embargo, el hombre de expresión agria no dijo mas al respecto y tomó su propio pedazo de pan, partiendolo en dos para dejar un pedazo junto al plato de la muchacha. -Si no tuvieses que descansar y cuidar de la mocosa, juro que también te pondría a hacer guardia durante la noche como castigo.-
Se podía notar claramente la sorpresa en todos los demás presentes en la mesa. Aunque solo un gesto simple, era realmente extraño ver al severo, reticente y rudo Capitán Levi mostrar algún gesto de amabilidad con alguien, aun cuando era un secreto a voces que en realidad él era un hombre de buenas intenciones. Verlo a él ser lo suficientemente considerado como para compartir su ración de comida podría significar solo un simple gesto de humanidad viniendo de cualquier otra persona, pero viniendo de Levi, era casi como ver un milagro.
... Y era aun mas extraño ver que, tan solo unos segundos después, la sorpresa en el rostro de la esposa del Capitán se convirtió en ternura, aceptando silenciosamente su gesto y comenzando a comer con una sonrisa, como si estuviese acostumbrada a esa clase de cosas viniendo de él.
¿Qué clase de seres anormales eran esos dos? Se preguntaban los miembros del Escuadrón de Operaciones Especiales desde sus sitios antes de comenzar con sus comidas, hundiéndose lentamente en la atmósfera pacifica que se podía respirar en aquel pequeño comedor.
Ninguno de ellos se dio cuenta hasta un rato después de que estaban hablando relajadamente mientras devoraban el estofado, Sasha y Connie discutiendo con Jean sobre como podía lograrse una buena sensación picante con solo un poco de pimienta, mientras que Armin y Mikasa parecían estar debatiendo entre quien de los dos debía ir a picar la leña al día siguiente, Eren e Historia interviniendo poco después en esa conversación para recordarles que, ademas, alguien debía ir a cazar algo para la cena de la noche siguiente. Pronto, la joven Capitana con la niña en su espalda también se apresuró a unirse a la animada conversación, respondiendo con algunos gestos cómicos cuando el Capitán del escuadrón se atrevía a gruñir algún comentario por aquí o por allá, la bebé, Dánae, despertando para sollozar un poco cuando fue la hora de su comida.
... Esa paz ilusoria, ese pacifico y normal momento en donde todos ellos podían interpretar a una sencilla familia normal...
Los cadetes de la 104 habían olvidado como se sentía estar en un sitio así. La guerra que se podía ver avecinándose en el horizonte, hizo que aquel simple momento en el tiempo se volviese un cálido recuerdo dentro de los corazones de cada uno de los presentes en la mesa, mas aun cuando el recuerdo de que esas diez personas que estaban sentadas hablando tonterías, podían desaparecer al día siguiente en cuestión de segundos.
El mundo podía ser así de cruel.
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Almaz
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-¿Eren?
El antiguo titan-cambiante no se dio cuenta de que había estado observando absorto hacia el techo de su habitación hasta que el rostro de su esposa llegó a su visión, los ojos turquesa con finas líneas doradas fijándose en aquellos de color plomo que le pertenecían a la mujer de rasgos orientales que se inclinaba sobre él, mirándolo preocupada.
-Ah, lo siento... Me quedé pensando...- Moviendo la cabeza sobre la almohada, el Capitán frunció un poco el ceño y se frotó el rostro con una mano, como intentando regresarse a si mismo de la realidad. -Por alguna razón, me llegó el recuerdo de aquel tiempo en el que estuvimos escondidos en la montaña con el Escuadrón de Operaciones Especiales...-
-¿Eso? ... Han pasado quince años desde entonces.- La voz suave de Mikasa llenó ahora las paredes de la habitación que ambos compartían, su expresión preocupada pasando a una casi melancólica mientras se acomodaba de nuevo junto a su esposo en la cama. -... ¿Tal vez tenga que ver con...?-
La puerta de la casa de la familia Jäger fue golpeada entonces, haciendo que los dos adultos se mirasen a los rostros con sorpresa. ¿Quién podía ser a esas horas de la noche...?
...
"¡Dánae!"
Ambos prácticamente salieron disparados de la cama cuando el mismo pensamiento llegó a sus cabezas. Sin importar que ella estaba en camisón y él en no mas que unos pantalones para dormir, los dos soldados se dirigieron a trompicones hacia la puerta, sus ojos abriéndose de par en par al ver a la chica de cabello negro llorando a moco tendido en las escaleras que daban a la entrada principal de la casa.
Habían marcas rojas alrededor de sus muñecas...
Ninguno de los dos tuvo que hacer muchas preguntas para imaginar lo que había ocurrido. La mujer mayor cerró los ojos con palpable molestia mientras su esposo se acercaba cuidadosamente a la muchacha en las escaleras, sentándose a su lado silenciosamente para esperar a que ella terminase de secar algunas lagrimas y así observarlo a la cara con una mezcla de temor, arrepentimiento y tristeza dentro de los ojos azulados. Era obvio que esperaba que alguno de ellos dos la reprendiese por lo que había hecho, mas aún cuando ambos le habían advertido muchas veces que estaba actuando como una mocosa impulsiva e inmadura...
-... Levi-Heichō... Él...- Medio hipó Dánae cuando mas lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas, hundiendo el rostro entonces entre sus manos, abatida. -Lo siento... Mamá, Papá... En verdad lo siento. Yo debí...-
Eren no permitió que ella siguiese hablando. Solo pasó sus brazos alrededor de la chica que, a pesar de que no tenía ni un poco de su sangre corriendo en sus venas, él había visto crecer, cometer errores, caer y volver a levantarse durante casi toda su vida, y que con el paso de los años fue amando más y más, tal y como él y su esposa había prometido hacerlo aquella tarde, trece años atrás...
-Tu siempre, siempre serás nuestra niña, y siempre vamos a amarte. Sin importar cuantos errores cometas, sin importar cuantas cosas terribles tengas que pasar... Meer, Sora, Carla, Mikasa y yo siempre estaremos allí para ti. Nuestro hogar siempre será tu hogar, y nosotros cinco siempre seremos tu familia, sin importar lo que ocurra... ¿Entiendes eso?
En medio de las lagrimas, la chica que había hundido su rostro contra el pecho del soldado levantó la cabeza para poder ver aquella expresión determinada en su rostro, el dorado en esos ojos brillando con mas fuerza, como si sus emociones hiciesen que el color en ellos cambiase. Se podía notar que Dánae no comprendía sus palabras, estaba devastada por todo lo que había logrado ocurrir en solo un par de horas, pero aun así asintió con la cabeza, aceptando lo que su padre, el hombre que la había defendido de los monstruos bajo la cama, de los chicos malvados de la escuela, que siempre le había ayudado cuando lo había necesitado, le estaba diciendo.
-Entonces... Hay algo que tenemos que decirte. Algo que debimos decirte desde el principio...
Genuina confusión llenó el terso rostro de la jovencita, quien se secó las lagrimas con las mangas de su vestido sin dejar de mirar a Eren, su rostro, al igual que el de su esposa, ensombreciéndose visiblemente al ver que ya no tenían otra opción mas que romper la promesa que le habían hecho a su capitán trece años atrás.
-Por tu bien y por el de Levi-Heichō... Es mejor que te enteres ahora.
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Harry Lockeheart
Elizabeth Lockeheart
Zarahi Ghiaccio
Charles Ghiaccio
Kenny Ackerman
Almaz Ackerman
Levi había hecho una especie de testamento durante su tiempo como soldado, antes de que el secreto de los titanes hubiese sido revelado, e incluso antes de haber salido de detrás de los muros; él le había dicho a Hans Zoë que, si él llegaba a morir antes que ella, debían llevar su cuerpo al este de Sina, a un pequeño pueblo llamado Marjhul.
-Hans-Danchō...
-¿Huh? ¿Qué hacen aquí, ustedes? Pensé que nos veríamos hoy en el muelle... Y tú, Dánae, ¿No estabas con Levi? ¿Qué...?
-... Es hora de que le contemos sobre esa persona, Hans-Danchō. Antes de que algo aun peor pase...
-Ah... Je, ya veo. Así que ha llegado el momento... Será mejor que hablemos en el carruaje hacia el muelle entonces. Sería un verdadero desastre si al enano se le ocurriera venir hoy a la base y llega a enterarse de esto.
En ese pequeño pueblo, ellos debían llegar hasta la ladera de la montaña que se encontraba al este, y subir por varios minutos por entre la nieve y el bosque hasta alcanzar un pequeño claro, en donde aun se podía divisar los restos chamuscados de lo que posiblemente había sido una pequeña cabaña de madera.
-A ver, dime una cosa, Dánae... ¿Qué tanto sabes tú de Levi?
-... Sé que fue el capitán del escuadrón de mis padres durante la guerra contra los titanes. Le llamaban El Mas Fuerte de la Humanidad, el soldado mas leal al antiguo Comandante. Usted también trabajó con él por muchos años... Sé las historias de las personas que estuvieron involucradas con él mientras fue un criminal y luego cuando fue un soldado, Kenny Ackerman, Kuchel Ackerman, Isabel Magnolia, Farlan Church, Petra Ral, Erd Gin, Gunther Schultz, Auruo Bozzard, Mike Zacharius, Erwin Smith...
-¿Y nada mas te habló sobre eso?
Allí, entre los escombros de aquella cabaña, yacían seis lapidas de piedra. Él mismo las había tallado, había grabado cada nombre, había clavado cada una de ellas en el suelo nevado... Solo una única lapida de piedra yacía boca abajo en ese lugar, esperando por ser clavada.
Levi Ackerman era el nombre escrita en ella, y debía ser colocada sobre su cuerpo cuando él fuese enterrado junto a los restos de la única familia que él había tenido.
-Él lleva un medallón en su cuello... Dentro, hay una fotografía en donde él aparece junto a una mujer y un bebé. Levi-Heichō jamas me había hablado de esas personas...
-Naturalmente. La mujer dentro de esa fotografía es, después de todo, la persona a la que Levi mas amó en aquel tiempo... Estoy segura de que él nunca hubiese deseado que tu te enteraras de ello, pues ahora tú eres la persona a la que él mas ama...
-... Eso no tiene sentido... Él me dijo tan solo ayer que yo no podía compararme a esa mujer... Que él jamás podría amarme de esa forma.
-Eso es porque él no te puede amar de la misma forma en que lo hacía con ella. Sería una abominación.
Una familia... Aquella persona que había dado su vida por la humanidad había soñado con tener una familia, un hogar al cual regresar, en donde sus amigos, sus hermanos y posiblemente él pudiesen tener una vida pacifica. Era un sueño bastante humilde, algo que cualquier otra persona hubiese dado por sentado.
Sin embargo, él ahora podía entender muy bien el vacío que se sentía cuando no se tenía un hogar al cual regresar, ni una familia en la cual refugiarte. El frío que se sentía al entrar a una casa vacía, a pesar de ser la que él siempre había deseado tener, y el verse a si mismo rodeado de personas pero aun así sentirse terriblemente solo... Ese era el legado que aquella persona le había dejado tras su partida, pues al final ella había preferido a la humanidad, a la libertad, por encima de sus propios sueños.
De los sueños que él y ella habían empezado a construir.
-... Peter Stod, Alex Lawson, Magnus White, Dimitri Zedd, Lucius White y Almaz Giacchio, del escuadrón de cadetes numero noventa y nueve. Ellos fueron los seis mejores cadetes de su promoción... Y el segundo escuadrón que estuvo bajo el mando de Levi, antes de Auruo, Petra, Erd y Gunther.
-... Yo nunca le escuché hablar de ellos.
-Tal vez porque todos ellos murieron no mucho después de entrar a su escuadrón. Tal vez porque entre ellos, estaba la mujer de la fotografía: Almaz... Nunca sabremos porque siempre se empeñó en ocultarlo.
-¿... Levi-Heichō y ella...?
-Se casaron un año después de la caída del Muro María... Y cuatro años después, tuvieron una hija.
A veces, Levi llegaba a sentirse sumamente cansado. Un cansancio terrible, que lo hacía caer en cama durante semanas. No podía decir que dormía, porque al hacerlo las pesadillas eran tan crueles que no le permitían descansar, y no tenías mas opción que pensar y pensar, mirando el techo y rodeado por la soledad en la que se había hundido a si mismo por trece años.
... A veces deseaba cerrar los ojos y no volver a despertar. Ir a donde ella había ido, sin importar si era el cielo o el infierno, sin importar nada mas. Solo deseaba ir hacia ella.
Pero luego algo lo hacía recordar la promesa que había hecho: Aquella niña, fruto del amor que esa persona y él habían tenido, la prueba de que él había estado dispuesto a hacerlo todo por esa persona... Levi había prometido que él no la abandonaría, que él no dejaría aquel hermoso y cruel mundo antes de que ella pudiese probar la gloria de la libertad, la belleza de la vida.
-¿Levi-Heichō... Tuvo una familia? ¿Una hija?
-Nosotros dos estuvimos ahí cuando nació.
-Mamá, papá...
-De hecho, todo el escuadrón estuvo allí. Todos conocimos a la Almaz-Taichō... Ella en verdad era alguien admirable, y se notaba a leguas que amaba mucho a Levi-Heichō y a su hija...
-Los amaba tanto que incluso dio su vida para darles un mundo libre... A ambos de ustedes.
-¿Ambos...?
Sin importar cuanto él tuviese que sufrir, cuanto tiempo él debía permanecer hundido en la obscuridad y en la soledad, Levi no iba a permitir que la amada hija de esa persona sufriese algún daño. Por ello él había entregado su vida y su cuerpo en la guerra, y por eso él seguiría viviendo para protegerla aun si ella lo odiaba, aun si ella jamas pudiese enterarse de la razón por la cual él la miraba con melancolía cuando ella lo observaba de forma inocente, como Diamant D'Hiver lo hacía, la razón detrás de la desolación en su rostro al ver esa sonrisa radiante que aquella joven soldado también le dedicaba...
Aun si ella jamas pudiese entender porque él no podía amarla de la forma en que ella lo amaba a él... Levi continuaría luchando para hacerla feliz de alguna forma u otra, para cumplir su promesa. Hasta que esa persona llegase con la hoz de la muerte a buscarlo.
Pensando en ello, Levi Ackerman se levantó como todos los días al alba antes de dirigirse hacia donde su razón de vivir debía estar dirigiéndose en ese momento, dispuesto a darle al menos una ultima despedida antes de que permaneciese por meses lejos de la isla y lejos de sus brazos.
Sin importar si ella lo odiaba, o si después de todo esto ella no deseaba saber nada mas de él... Él nunca la iba a abandonar.
-Las personas que están en esa fotografía son Levi, Almaz y Dánae Ackerman... Esa es una fotografía de tus verdaderos padres y tú, Dánae.
...
Como cuando una luz inesperadamente se enciende, las pupilas de la joven soldado se achicaron dentro de sus ojos azulados mientras observaba a Mikasa, Eren y Hans de pie frente a ella, rostros serios por la situación en la que ahora se encontraban.
... Sin embargo, ella no sintió ira o traición ante aquel secreto que se le había revelado.
-Entonces, ¿Es por ello que mi cabello es negro y mis ojos azules?... O la razón porque mi cuerpo es tan delgado a pesar de ser tan ridículamente fuerte... Por que soy mas baja que la mayoría de los chicos de mi edad, o por que no me parezco a Meer, Sora o Carla... Porque no hay fotografías de mi cuando era una recién nacida...
Dánae no se había dado cuenta de la cantidad de piezas que faltaban en sus memorias hasta que intentó armar el rompecabezas que pertenecía a la vida de Levi. Todas esas pequeñas dudas que ella había tenido durante su vida habían sido tan insignificantes y tan bien disimuladas que ella ni siquiera les había prestado la debida atención... Hasta ahora.
-Lo sentimos muchísimo, Dánae. Levi-Heichō nos hizo jurar a todos, por nuestras vidas, que no debíamos decirte nada de esto.
Eren se acercó a donde ella yacía sentada, mirando hacia la nada como un ciego que ve por primera vez la luz. Lucía terriblemente apenado, e incluso se arrodilló a los pies de la joven junto a su esposa, dispuestos a rogar por su perdón de ser necesario. Aun si no habían sido ellos quienes habían deseado mantener todo aquello en secreto, eso no les quitaba la culpa por haber permanecido en silencio hasta las ultimas consecuencias: Hasta que el corazón de la chica estuvo roto y el hombre se vio empujado a tomar acciones que lo alejaron de la única persona a la que amaba.
-Pero lo hicimos porque te amábamos, tanto él como nosotros. El ultimo deseo de Almaz-Taichō... De tu madre, fue que tu fueses libre y feliz. Y nosotros, tanto Levi-Heichō como tus tíos, como Hans-Danchō, no podíamos decirle que no a alguien tan amable como ella... En medio de la época en la que todos estábamos viviendo en aquel entonces, creímos que sería mucho mas feliz siendo nuestra hija... Que la hija de una familia destrozada por culpa de aquella época llena de tragedia.
... Entonces era por eso que el Capitán Levi no podía corresponder a su amor.
O, en primer lugar... ¿No sería por eso la razón por la cual ella lo amaba?
Desde pequeña, aun sin saber todo esto, Dánae siempre se había sentido un poco fuera de lugar en su propia familia. No era como si eso evitase que ella los amara, pues aun con todo esto, ellos siempre habían sido a quienes ella había llamado padres y hermanos, aquellos que la habían acogido en su hogar y la habían bañado de amor, le habían enseñado a ser quien era y la habían protegido incluso cuando ella misma se había buscado sus propios problemas.
Pero ahora podía entender porque cuando los brazos del Capitán Levi la rodeaban... Ella se sentía en el sitio en donde realmente debía estar.
Aquella parte en ella que pertenecía a la mujer que amó a Levi... Seguramente aun deseaba permanecer junto a él de una forma u otra.
Una sonrisa comenzó a recorrer el rostro de la joven casi al mismo tiempo en que las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos, una mezcla de alivio y tristeza llenandole el cuerpo y obligandola a encorvarse en su sitio para llorar y gritar por varios minutos, hasta que su corazón estuvo satisfecho y su mente pudo procesarlo todo y darse cuenta de que, tal vez con un poco de tiempo, todo estaría bien.
Solo cuando el carruaje estuvo en el muelle de la milicia, Dánae logró componerse gracias a los silenciosos consuelos que sus padres le brindaron durante el trayecto, pareciendo ambos sorprendidos al oírla pedir disculpas por haber sido tan inmadura y no haberlos escuchado, llamándolos aun así "Mamá" y "Papá".
-Aun si Levi-Heichō y esa mujer me crearon... Ellos me amaron lo suficiente como para dejarme bajo el cuidado de ustedes dos, sabiendo que ustedes me amarían y cuidarían mucho mejor que ellos. Así que tu eres mi madre y tu eres mi padre, y ni siquiera la sangre puede cambiar eso.
¿En que momento aquella niña había madurado tanto? ¿Acaso eso era todo lo que se había requerido para que ella comenzase a comprender como funcionaba el mundo a su alrededor?
Ninguno de los tres adultos supo decirlo con certeza, ni siquiera cuando el carruaje se detuvo y todos bajaron para encaminarse hacia el barco de la Legión de Exploración... En cuyo puente, esperaba pacientemente Levi Ackerman.
... Aun el corazón de Dánae latía desbocado al verlo. Aun sus manos ardían por tocarlo, por sentirlo cerca de si y verse rodeada por sus brazos y bañada por sus afectos. Aun deseaba escucharlo llamándola y acariciando su cabello, mirándola dulcemente, consintiendola y cuidándola como un guardián, un amigo...
Pero ahora entendía bien que era lo que sentía hacia él. Ahora que la venda había caído de sus ojos, no tendría que tantear en la obscuridad para poder llegar hasta Levi.
-Heichō...
-Mocosa... Yo...
Ahora que el rompecabezas de memorias había sido completado, ella podía al fin comprender cual era su lugar en el mundo. Abrazando fuertemente a ese hombre al cual ella amaba... Pues la misma sangre espesa corría por sus venas y el amor de una misma persona los había hecho quienes eran ahora.
-Lo siento, Heichō... Te quiero.
Levi pareció sorprendido ante su repentino abrazo y sus palabras, sus ojos de mirar frío abriéndose de par en par mientras se quedaba por un momento petrificado en su sitio.
-¿Dánae...?
-¡Eres el mejor! ¡El mas fuerte, el mas amable, el mas heroico y genial...! Y no quiero dejar de estar a tu lado, nunca.
... Otro largo minuto pasó. Pero esta vez, las manos rudas del Ex-Capitán se movieron para acariciar la cabeza de la chica, abrazándola también contra si mientras sentía como si un pedazo de su corazón hubiese regresado de nuevo a él, estremeciéndose como si algún dios hubiese soplado la vida de regreso a su cuerpo.
-No... Yo soy quien lo siente... Por todo, Dánae.
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-Ambos estamos enamorados... Y nos vamos a casar en la próxima primavera, Levi-Heichō.
¿Qué hubiesen pensado los padres de aquella persona si ella hubiese llegado a su pueblo un día a decirles lo mismo que Dánae le había dicho aquella mañana, durante una de las visitas que acostumbraba a hacerle mientras estaba fuera de servicio? ¿Los padres de aquella persona -los abuelos de Dánae-, hubiesen estado de acuerdo con que su preciada hija se hubiese casado con un hombre tantos años mayor que ella, sin nada que ofrecerle y lleno de complejos e imperfecciones?
... Pero aun así, ella lo había querido. Aun con todos sus defectos, con todos esos demonios que le hacían quien era, ella había aprendido a aceptarlo y amarlo sin siquiera esperar nada a cambio. Aun si él había podido admitir su amor hacia ella solo cuando tuvo la ultima oportunidad para hacerlo, ella simplemente le había sonreído y había aceptado cuanto él había deseado darle. Y aun si él había tomado todo de ella y mucho mas, ella había sido generosa y le había permitido tomar cuanto necesitase, siempre paciente, siempre con sus brazos abiertos hacia él.
Porque ella lo amaba. Porque ella sabía que él la amaba de vuelta... Y si Dánae había encontrado a alguien que fuese capaz de amarla de la misma forma en que él y su madre se habían amado, entonces él no era quien para entrometerse.
-Entiendo... Espero que seas muy feliz.
-Oh, vamos. No lo digas como si estuvieses despidiéndote. Tu estarás ahí para la boda, ¿O no?
Él no encontró el valor para mentirle, así que simplemente esquivó aquella pregunta y se limitó a seguir escuchando como aquella joven mujer le contaba emocionada los detalles de su próximo matrimonio. Tampoco se preocupó por hacer preguntas sobre su futura pareja, pues tenía confianza de que Dánae, con sus veinticinco años de edad, era lo suficientemente madura para saber elegir a la persona con la cual pasaría el resto de su vida.
En pocas palabras, Levi no se sintió preocupado de alguna manera. Si acaso, al escuchar ese anuncio lo que había podido sentir era un profundo alivio, como el que se siente cuando se espera por mucho tiempo una buena noticia que al fin llega a los oídos.
Si Dánae había llegado tan lejos, si era capaz de mirar al pasado con una sonrisa y al futuro con ilusión, entonces la promesa que él le había hecho a Diamant D'Hiver ya había sido cumplida y a él solo le restaba esperar a que ella viniese a cumplir su parte del trato.
Así pues, al día siguiente de la visita que su hija le dio, Levi se encargó de dejar todo en perfecto orden dentro de aquella casa suya, y subiendo al viejo caballo llamado Marte, partió en dirección al este, hacia Karanes, sin intenciones de regresar jamas a esa hermosa pero solitaria casa azul y blanca.
Bajo la nieve que caía durante ese invierno, pensó en que tal vez la vida no había sido una perra tan maldita con él mientras su corcel surcaba las llanuras entre lo que antes había sido la muralla Rose y Sina, ahora solo simples monumentos que recordaban a un tiempo en donde todos allí estuvieron bajo el terror de los titanes, en donde las vidas de muchos tuvieron que ser sacrificadas para que otros pudiesen disfrutar de los aires gloriosos de la libertad.
La vida le había quitado mucho, pero también le había dado muchas oportunidades. ¿Qué hubiese sido de él si jamas te hubiese conocido? Probablemente hubiese muerto en aquella ultima batalla por la libertad, así como Erwin Smith lo había hecho. O quien sabe, tal vez hubiese logrado vivir hasta la edad que ahora tenía, pero hundido en una soledad profunda, probablemente arrepintiéndose de jamás haber tomado el riesgo que significó entregar su corazón a alguien mas que a la humanidad.
Erwin le había dicho eso alguna vez; que era mejor haber amado y haber perdido que jamás haber amado. Y ahora que el tiempo le daba la oportunidad de mirar en retrospectiva, podía darle la razón a su antiguo líder.
Antes, las estaciones solo eran simples cambios del clima. La navidad solo significaba una absurda fiesta sin sentido, el matrimonio era mas como una fantasía ridícula, las joyas solo piedras que carecían de verdadero valor. Antes, la idea de tener a una compañera a su lado no era mas que una idea estúpida, una familia era un lujo que él no se podía dar, y algo como el amor... Era mas como una leyenda que una realidad.
La vida del Líder de los Soldados había sido vacía, con solo unos pequeños puntos de luz -sus camaradas, sus triunfos, los buenos momentos en medio de las tragedias-, pero al haberse atrevido a amarte, su mundo se había transformado en algo enorme, lleno de significado.
El invierno ya no era solo una estación, sino la época en donde ambos de ustedes se habían atrevido a intentar amarse aun en medio de las tristezas, el verano había sido el tiempo en donde juntos, habían compartido sus penas para hacerlas mas llevaderas, durante una noche otoñal, ambos habían unido su cuerpos, sus vidas y sus corazones hasta volverse las dos piezas de un solo sentimiento, y en la primavera, durante una noche lluviosa, tu habías traído al mundo a la prueba viviente de que ambos se habían amado con locura: Una niña que había sido la esperanza del Escuadrón de Operaciones Especiales, el motivo para no rendirse y continuar luchando por el futuro.
Tu le habías dado un enorme significado a detalles insulsos en su vacía vida, y la habías llenado de color y de motivos. Aun si él nunca pudo retribuirte cuanto habías hecho por él, Levi guardaba cada uno de esos regalos dentro de su memoria, y tenía planeado jamás olvidarlos... Incluso después de esa u otras vidas.
Aun con esos pensamientos dando vueltas en su cabeza, las delgadas cejas blancas del Líder de los Soldados se fruncieron cuando, al haber llegado al fin a aquel pequeño pueblo en las montañas, y a ese silencioso claro en medio de la ladera, pudo ver la figura de alguien, una mujer, arrodillada sobre la nieve frente a las lapidas que él mismo había colocado en donde antes había estado tu hogar.
Por un momento incluso creyó que era su imaginación, pues aquel vestido blanco que la persona llevaba encima se le hacía demasiado familiar y no parecía ser la ropa mas adecuada para aquel frío invierno que se desataba... Sin embargo, conforme se fue acercando a esa persona tras bajar del caballo, se dio cuenta de que, en realidad, no habían sido sus ojos los que estaban fallándole al creer que aquella figura parecía estarse fundiendo con el paisaje cuando la brisa soplaba demasiado fuerte.
Era su mente la que estaba fallando, pues allí, con el hermoso vestido blanco que él había comprado para que usases durante su sencilla noche de bodas, te encontrabas rezando silenciosamente frente a las lapidas.
... El corazón de Levi dio un vuelco en su pecho, una parte de él aterrorizada ante el hecho de estar viendo la figura de una persona que había muerto hacía al menos veinte años. Pero otra parte de él tan solo pudo sentir un alivio profundo.
El final estaba cerca.
-... ¿Estuviste esperando por mi, Almaz?
Luciendo tan joven y hermosa como lo habías hecho cuando él te había visto por primera vez con ese vestido, te pusiste de pie lentamente para girarte hacia tu esposo, tu largo cabello flotando en el aire cuando una ráfaga de gélido viento acarició la ladera de la montaña.
-Tardaste demasiado, Levi...- Mascullaste con voz suave, una sonrisa que hizo estremecer el corazón del soldado recorriendo tu hermoso rostro, lleno de la mas completa paz, como si jamas hubieses sido capaz de sentir algo como el dolor o la tragedia. -... Estoy feliz de que hayas vivido tanto tiempo. Tanto como para que tu cabello se tornase totalmente blanco.-
-¿Acaso deseabas verme realmente como un viejo decrepito, mocosa?- Aun cuando una parte de él le decía que solo estaba teniendo alucinaciones por el frío, la edad y su precaria cordura, él se acercó un par de pasos mas hacia ti al responderte con tono arisco, haciendo que tu sonrisa se ampliase en tus labios.
-Las canas te sientan bien... Son la prueba de que lograste sobrevivir hasta el final.- Aun cuando él no fue capaz de ver la nieve hundirse bajo tus pies cubiertos por el vestido que parecía fundirse con la nieve, pudo captar que te moviste para también acercarte a él, sujetándote las manos sobre tu estomago en un gesto paciente. -Viviste hasta convertirte en un héroe... En una leyenda cuyo nombre jamás será olvidado.-
-Viví porque tu me pediste que lo hiciera.- La expresión primero irritada en el rostro de Levi rápidamente se relajó al escucharte, tomando una bocanada de aire que hizo que su pecho se inflara y luego volviese a vaciarse en un suspiro. -Mientras Dánae y tu me recuerden... A mi no me hubiese interesado si el resto del maldito mundo me hubiese olvidado o tratado como un monstruo en vez de un héroe.-
-Que deseo mas humilde para el hombre mas fuerte de la humanidad...- Le respondiste sin que sus palabras pareciesen ser capaces de afectar aquella dulce sonrisa en tu rostro, el viento de nuevo agitando tu largo vestido blanco. -Pero estoy segura de que al menos Dánae será capaz de recordarte por siempre, tal y como lo quieres.-
-Si... Ella seguramente lo hará...- Levi respondió al bajar la mirada a la nieve, el rostro de la hermosa mujer con cabellos negros y ojos como estrellas llegando a su memoria y calentando su corazón cansado. -... Pero... ¿Tú también lo harás?-
"... El recordarme aun en nuestra próxima vida."
Cuando levantó la mirada hacia ti de nuevo, le tomó por sorpresa la expresión repentinamente seria que tu rostro había adoptado, mirándole como si pudieses atraversarlo y con unos ojos tan fríos que su mente enseguida le gritó que aquella mujer no eras realmente tu.
-Eso es algo que tendrás que averiguar por ti mismo, Levi Ackerman...- En vez de tu familiar voz, una voz masculina que Levi tardó en reconocer salió de tu boca cuando respondiste aquello, el soldado retrocediendo un par de pasos al escuchar la voz potente pero persuasiva de Erwin Smith saliendo de tu garganta. -Yo solo he tomado prestada la apariencia y los sentimientos que esta persona sentía por ti mientras aun vivía. Ella me ha pedido que te guíe hacia la siguiente vida, en donde está esperandote.-
-¿Esperándome...?
-Si. Todos ellos, tus subordinados, tu familia e incluso el hombre cuya voz he tomado, prefirieron elegir el sufrimiento que implica volver a vivir una vida mundana a la alegría del paraíso... Pero esta mujer...- Los ojos de color blanco y gélidos de aquel ente parecido a ti se cerraron solemnemente tras sus palabras, llevando una mano a tu pecho antes de que volviese a clavar la mirada en él, la voz de Erwin Smith volviendo a ser cambiada por la que te pertenecía. -... Esta mujer quiso que te diese la opción de elegir. Por eso yo estoy aquí en vez de ella.-
Los ojos blancos volvieron a tomar el color que él recordaba que había estado en tus irises mientras habías estado viva, y la expresión gélida en tu faz regresó a ser dulce y llena de amor cuando tu voluntad volvió a tomar posesión del ente ante él, sonriendo.
-El paraíso es el lugar a donde los héroes van.- Intentaste persuadirle con gestos encantadores de tus manos y tu rostro, acercándote a él un poco mas en la nieve. -Tu que sacrificaste tu vida, tu felicidad y a los que amabas por el bien de muchos otros sin pedir nada a cambio, has ganado un lugar en donde la vida es eterna y no hay sufrimiento ni dolor. Solo jubilo y dicha...-
¿Un mundo sin sufrimiento ni dolor?
Levi había vivido una vida demasiado tormentosa. Una vida en donde, cuando al fin era capaz de obtener algo que deseaba, no pasaba demasiado tiempo antes de que llegasen a quitárselo de las manos. Su madre, su mentor, sus amigos, su libertad, incluso la mujer que amaba, su hija y su propia fuerza y juventud, todo se lo habían quitado.
Un mundo en donde pudiese obtener todo lo que él quisiera, sin que nadie se lo arrebatara era un mundo que sonaba terriblemente bien.
... Pero...
-... ¿En donde están ellos?- Sin caer en la trampa que aquel ente había armado al utilizar tu apariencia, Levi le miró con ojos fríos y calculadores mientras exigía silenciosamente su respuesta, sin temor alguno al estarse viendo cara a cara con la muerte. Ni siquiera era la primera vez, después de todo. -¿En donde está Diamant D'Hiver?-
-Ya te lo dije. Ella eligió la reencarnación... Con la esperanza de volver a un mundo en donde pueda estar junto a aquellos que ella amó mientras vivía.
Claro. Típico de ti... Levi inevitablemente negó con la cabeza y chasqueó la lengua al pensar en que tú habías rechazado la vida eterna en un paraíso sin dolor solo por desear volver a ver a aquellos a quienes no habías podido salvar durante esta vida.
Pero él no era quien para cuestionarte, realmente. No cuando él también terminó eligiendo lo mismo. -Llévame a donde ella está.-
Algo parecido a la sorpresa recorrió tu rostro -el rostro de la muerte- tras su respuesta, tu cabeza inclinándose a un lado como si no pudieses comprender lo que había dicho.
-Estás rechazando la entrada a un lugar en donde nunca mas deberás preocuparte o afligirte por nada... A cambio de regresar al infierno que es realmente la vida en la tierra.
-Si. Eso estoy haciendo. ¿Acaso tienes algún problema, pedazo de mierda?
Aun ante su hostilidad, el rostro de la muerte no mostró mas que inocente curiosidad ante las palabras de Levi, mirándole largamente con esos ojos blanquecinos antes de que tus cejas se fruncieran en un gesto que podía reconocerse como confusión, apartando la mirada a la nieve.
-... ¿Es porque quieres seguir a esta mujer incluso en su otra vida?
-¿Qué otra maldita razón tendría para hacerlo sino es esa?
La muerte no comprendía el amor. O al menos eso pareció mostrarse en la expresión que hizo con tu rostro, volviendo a encontrarse el blanco con el azul por largos segundos que parecieron milenios, la nieve arrebolándose alrededor de ambos cuando el viento comenzó a arreciar en la ladera...
-Su deseo era que tu pudieses entrar al paraíso...
-Lo sé, pero yo prometí que la seguiría a donde fuera que ella estuviese. Y si ella tiene que ir al infierno, al cielo o a una vida nueva... Yo voy a seguirla.
-Lo mas común es que, al reencarnar, ella no pueda siquiera recordar tu nombre, tu rostro o quien era ella en su vida anterior. Ella podría nacer en este mismo lugar o al otro lado del mundo de donde tu estés, con la misma apariencia o con una totalmente distinta... Y a ti también podría pasarte lo mismo. Lo mas probable es que nacerás con una apariencia, un nombre y en una familia diferentes, no podrás recordar esta vida tuya... O siquiera el nombre de esta mujer.
-Pero aun así, quiero encontrarla. Quiero encontrarla y volver a amarla, y hacerlo mejor que esta vez... Y voy a hacerlo.
La expresión hermosa en tu rostro se agrió ligeramente cuando la muerte expresó consternación ante la terquedad de Levi, los ojos blancos pareciendo brillar ligeramente sin dejar de mirarlo mientras parecía intentar procesar lo que él estaba diciendo... Antes de soltar un suave suspiro y cerrar los ojos.
-Los hijos de Adán en verdad son...- Farfulló con tu voz y negó lentamente con la cabeza entonces, volviendo a mirarlo unos segundos después con aquellos ojos idénticos a los tuyos mientras lentamente extendía tu mano en dirección al anciano. -Entonces, solo me queda una ultima voluntad que cumplir. Algo que ella quiere transmitirte antes de que partas...-
Aunque casi imperceptible, Levi pudo notar como tu rostro retomaba esa expresión dulce y radiante que si pertenecía a la verdadera tu con solo un parpadeo, tus manos elevándose para flotar cerca de sus mejillas ajadas mientras una sonrisa enamorada recorría tus tiernos labios en lo que tu rostro se acercaba al suyo, sus miradas encadenándose mientras aquellos torbellinos de nieve parecían envolverlos a ambos en una columna blanca.
-Antes de que la ruleta empiece a girar de nuevo... Quiero decirte tres cosas: Lo siento, te perdono...- Mascullaste al poner al fin solo las yemas de tus dedos en sus mejillas, haciendo que una luz blanquecina comenzase a irradiar de su cuerpo. -...Y gracias, Levi.-
Como por arte de magia, la piel flácida y arrugada comenzó a retomar su antigua apariencia, su cabello largo y blanco tiñéndose del brillante negro que anteriormente poseía, sus ojos apagados y caídos volviendo a tomar esa expresión fiera y segura que había caracterizado al Soldado Mas Fuerte de La Humanidad.
-¿Por qué me dices eso, Almaz?- Preguntó con renovada fuerza en su voz antes apagada por el paso de los años.
-Lo siento por haberte dejado atrás. Te perdono por haberte negado a continuar tu vida sin mi. Y te doy las gracias...- Susurraste antes de dejar un suave y casi imperceptible beso sobre sus labios gélidos, escuchando como su corazón se disparaba violentamente dentro de su pecho. -... Por haber cumplido tu promesa; por cuidar de Dánae, y habernos amado incluso hasta el final.-
Fríos ojos azul acero parecieron derretirse cuando volvieron a encadenarse con tu mirada en cuanto te alejaste y extendiste tus manos hacia él, invitándolo a seguirte ahora a otro lugar, un lugar en donde una nueva oportunidad para poder volar juntos comenzaba...
-... No... Soy yo quien debería darte las gracias...
Así, él extendió las manos hacia las de su amada, tomándolas firmemente y sintiendo de pronto como si un enorme peso le fuese quitado de encima cuando su cuerpo terrenal cayó sobre la nieve. Su alma, aun así, llenándose de una alegría inmensa, al punto en que no pudo evitar sonreír suavemente cuando agregó:
...
-¿Uh? ¿Qué es esto?- Los ojos azul acero de la joven mujer se abrieron con confusión cuando su joven prometido metió una mano en el bolsillo del blanco abrigo en el perchero, sacando algo de su interior. -¿Este no era el abrigo que utilizaste para ir a casa de Levi-Heichō ayer, Dánae?-
La joven soldado pestañeó un par de veces mientras veía como su compañero tomaba la cadena del collar de plata que había sacado del bolsillo, dejando que el portafotos ovalado con las alas de la libertad grabadas en la tapa se balancease en el aire suavemente, soltando un destello cuando la luz del sol dio en la superficie del cristal que cubría la foto que se mostró cuando el hombre apretó el botón para abrirlo, dejando ver a una pequeña pero llamativa familia retratada dentro.
-... Eso es...
...
-Gracias por haberme dado unas alas... Y dejarme volar a tu lado de nuevo, Diamant D'Hiver.
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FIN
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Nota de la Autora: ...Ugh. Al fin. En verdad no tienen idea de como luche para poder terminar con esta historia (Me arrepentí mas de una vez en haberme puesto a escribirla), y por si fuera poco estoy un poco inconforme con el final, pero supongo que cuando recupere un poco de inspiración, tal vez me tome mi tiempo en editar este ultimo capitulo y hacerlo mucho mas consistente y no todo a los trancazos (?)
Pero bueno, en verdad muchísimas gracias por TODO ese enorme apoyo que me dieron, queridos lectores. Fue tanto que incluso lograron que intentase terminar una historia que había dejado inconclusa por casi dos años, y en verdad creo que se merecen un aplauso por eso (porque de ser por mi... Ugh XD).
Muchas gracias por leer. Por favor, si te gustó, si no te gustó, si lo odiaste, si tienes una sugerencia o si crees que merezco irme a la verga... POR FAVOR deja un review, sigue o deja como favorita a la historia o a mi. ¡En verdad espero que el final les haya gustado! ¡Muchísimas gracias y espero verlos pronto en una nueva historia!
Kurenai Lukia
