Disclaimer: Los personajes de Voltron: Legendary Defender pertenecen a Dreamworks y a aquellos que participaron y participan de su creación.
N/A: Espero que el tema de los mensajes no esté siendo algo muy incómodo. Por si no lo notaron, Hunk y Lance jamás usan puntos al final de sus oraciones.
La familia de Lance es completamente invención mía, pero él definitivamente debe tener una familia numerosa y animada. La parte de la noche de navidad es un poco una descripción de cómo pasamos esa festividad en mi familia, fue inevitable escribirlo así.
Se van a dar cuenta pronto, pero amo el cariño fraternal (tengo muchos hermanos, así que algo entiendo de eso) En fin, mi vida siempre se refleja de una forma u otra.
Sin más que decir, espero que disfruten!
Fin de año y algo más.
Capítulo 2:
Hola, extraño
Cuando Lance bajó del autobús, recogió su maleta y buscó entre la gente algún rostro conocido. En ningún momento dejó de mandar miradas furtivas al vehículo en el que había llegado y que aún albergaba a Keith.
Ciertamente, nunca creyó que se sentiría triste por tener que bajar del autobús.
El único momento en que Lance se olvidó de todo el asunto por un momento, fue cuando los brazos de su madre lo encontraron y lo envolvieron en el mejor abrazo que le daban hacía tiempo. Lo devolvió, sintiendo la calidez que la mujer transmitía, aquella que de niño lo calmaba ante cualquier pesadilla. Dejó un beso en la mejilla de Mora, su madre, y le sonrió con afecto antes de voltearse a la otra persona que allí estaba. Era su hermana mayor, Emma, quien no dudó en rodearlo con su propio abrazo de oso. Lance se rió y respondió de la misma manera.
Lance McClain no iba a mentir; él era un chico de familia. La mayoría de sus recuerdos de toda la vida, aquellos fuera de sus vivencias con Hunk y Pidge, eran con sus hermanos, con sus padres e incluso con sus primos. Era una familia bastante grande (criar seis hijos no había sido para nada fácil), pero sus padres se las habían arreglado para darles la mejor vida posible y para enseñarles como debía ser un buen McClain.
Lo cual era, básicamente, tratar de ser una buena persona.
Le había sorprendido que Emma fuese a recibirlo junto a su madre, pues su hermana ya hacía dos años que no vivía en casa. Ella se había recibido en la universidad estatal como profesora de ciencias y desde que había empezado a trabajar, se había independizado. Lo mismo con su hermano mayor, Dean, quien ya había formado su propia familia cuando Lance recién estaba a mitad de la secundaria.
No le sorprendió para nada que sus hermanas menores no estuviesen ahí, pues sería un increíble milagro si lograran despertarse a esa hora en un día de vacaciones. Le parecía algo bastante imposible.
Luego de los saludos y abrazos, Emma tomó su valija y los tres se encaminaron a la salida de la estación. Sólo entonces Lance se volteó por un momento hacia donde había estado el autobús, para descubrir que este ya se había marchado. Combatió la opresión en su estómago con el pensamiento de que Keith podría escribirle en cualquier momento.
Al llegar a casa descubrió que Emma y Dean estaban pasando esos días antes de Navidad en casa. Su hermano mayor estaba en el trabajo en ese momento y su esposa e hija aún dormían tranquilamente. La familia McClain era así, les gustaba pasar esos días juntos, haciendo enormes pijamadas a la hora de dormir pues el número de camas necesarias siempre sobrepasaba al existente. Eran ruidosos, molestos y divertidos. Lance amaba a su familia.
Una hora después, cuando Pidge y Hunk tocaron a la puerta y Mora abrió, no se vio para nada sorprendida de verlos allí tan temprano. Esos dos eran casi como sus hijos para ella, pues los recordaba pasando más horas allí que en alguna de las demás casas. Los saludó a ambos con una sonrisa y un beso en la mejilla antes de señalarles que Lance estaba desempacando en su habitación. Al ver el paquete que Hunk cargaba con, suponía, diferentes exquisiteces hechas por él, entendió porqué su hijo no había querido desayunar. Mora estaba acostumbrada a que la comida de Hunk estuviese en un nivel diferente a la de cualquiera.
Un rato después, los tres estaban sentados alrededor de una pequeña mesita que Lance tenía en su habitación. Él les relataba brevemente todo lo ocurrido en ese viaje, obviando varios pensamientos y comentarios vergonzosos de su parte. Lo más difícil, sin duda, había sido contarles el momento del beso.
Se hizo un silencio en el lugar, con él incapaz de mirar a sus amigos a la cara. Lance no había dudado ni un solo momento en contarles todo lo que sentía y lo que había ocurrido, pero ¿cómo reaccionarían sus amigos? Nunca habían tratada en profundidad el tema de la homofobia y muchos menos sobre las personas homosexuales ¿Estarían molestos? ¿Les daría asco? Por esas mismas dudas, mantuvo sus ojos sobre sus manos apretadas en puño sobre sus rodillas.
Lance simplemente no sabría qué hacer si Pidge y Hunk no quisiesen saber nada más de él.
Entonces, una mano cálida se posó en su hombro. Miró a Hunk que se había acercado hasta él y le mostraba la sonrisa más tranquilizadora del mundo.
— ¿No estás pensando cosas idiotas como que Hunk y yo estamos molestos contigo, verdad?— La voz de Pidge enfrente de él lo tomó por sorpresa. Era un tono de broma pero severo al mismo tiempo. Era el tono que su amiga usaba cuando algo que hacía le molesta de verdad.
— ¿No… lo están?— Ante su pregunta, Hunk frunció el ceño.
— ¿En serio, Lance?— Preguntó con un tono molesto— Me estoy molestando, sí, pero por el hecho de que pensaras eso de nosotros ¿Cuántos años crees que llevamos de amigos?
— Eres más idiota de lo que creí si piensas que vamos a juzgarte por esto. Puedes enamorarte de un chico, una chico o hasta de un árbol si eso te hace feliz— Pidge relajó su expresión para mostrarle una sonrisa similar a la anterior de Hunk— Mientras el árbol no tenga setas venenosas alrededor, claro, porque ya todos sabemos cómo termina eso.
La alusión a cierto incidente que había ocurrido cuando tuvieron un campamento con el colegio, donde Lance había tomado una siesta bajo un enorme árbol (escapándose de su trabajo de juntar ramas secas para la fogata) terminó por disolver el ambiente tenso que se había instalado por un momento. Los tres se rieron ante el recuerdo por un rato.
— Entonces, este chico, Keith— Comentó Hunk mientras partía una pequeña tarta de manzana— Le gustan las cosas dulces ¿verdad? Tienen que gustarle para invitarlo a nuestras meriendas de los viernes.
— No estoy muy seguro, es una de las pocas cosas que no le pregunté— Lance se tocó la nuca en un gesto de nerviosismo.
— ¿Por qué no le preguntas ahora? Así Hunk no tiene que vivir con esa duda por el resto del verano— Dijo Pidge, ignorando la mirada molesta de su amigo. Él no era tan dramático sobre los dulces ¿verdad?
— Bueno… no tengo como preguntarle— Eso capturó toda la atención de Pidge, quien lo miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Cómo que no tienes como hacerlo?
Lance se encogió de hombros. Pidge lo miró como si estuviese diciendo algo inaudito.
— ¿¡No le pediste su número!?
— ¡No tuve tiempo! Nos quedamos dormidos hasta que el autobús ya estaba aquí en la estación— Vio a Hunk llevarse una mano a la cara, en un gesto ante su idiotez— ¡Pero sí le di el mío! Fue lo único que atiné a hacer. Estaba medio dormido, no reaccioné lo mejor que pude.
Pidge largó un sonoro y largo suspiro. En serio, Lance había pasado gran parte de su vida flirteando con las chicas y pidiéndoles sus contactos en la segunda oración, y ahora, que era el momento realmente importante ¿se volvía incapaz de hacerlo? Era tan absurdo.
— Puedo escribirle a Matt y que se lo pida a Shiro, si quieres. Es más, él mismo debe tenerlo— Sugirió.
Lance lo pensó por un momento antes de negar con la cabeza.
— No siento que eso sea lo correcto. Quizás va a salir corriendo o algo así. Es… algo tímido. Creo que inconscientemente por eso le di mi número y no al revés. Quiero ver si… realmente quiere volver a hablar conmigo.
Los tres guardaron silencio un momento.
— Bueno, tranquilo. Teniendo en cuenta todo lo que nos contaste, que él tuvo la… iniciativa y todo eso, estoy seguro de que apenas llegue a su casa va a escribirte.
Lance asintió levemente, antes de cambiar de tema e iniciar una conversación más animada sobre todo lo que harían esas vacaciones los tres juntos.
El mediodía llegó pronto, sin señales de Keith. El silencio que sus amigos dejaron al marcharse fue reemplazado por las voces de sus hermanas. Las gemelas de dieciséis años, María y Ally, le dieron un abrazo simultáneo apenas lo vieron. Lance casi terminó en el piso. La más pequeña de catorce, Sara, le sonrió desde su lugar y él no dudó en acercarse y apresarla en un gran abrazo. Ella era la niña mimada de Lance.
Después de almorzar, su teléfono, que llevaba en todo momento en el bolsillo de su pantalón, seguía sin sonar. Cuando despertó de la siesta, todo seguía igual. Lance empezó a temer.
¿Y si Keith pensaba en él como un error y no le escribía jamás? Quizás hasta ya había borrado su número.
La tarde dio lugar a la noche, y ésta al día siguiente; la víspera de Navidad.
Keith no escribió en todo ese tiempo.
La Navidad en la familia McClain era algo muy vivo, muy colorido, muy a lo latinoamericano después de todo. Mora, con ayuda de Emma, preparaba una gran variedad de platillos con la receta secreta de la familia, los cuales no tenían nada que envidiarle a los preparados por Hunk. Hacía unos años finalmente había compartido tales recetas con Marian, la esposa de Dean, y para la chica eso había sido como su aceptación definitiva dentro de la familia. Lance recordaba con gracia la radiante sonrisa que la mujer había mostrado aquella semana entera.
Sus hermanas menores ya hacia un tiempo habían decorado todo el living con guirnaldas y luces de colores, al igual que el imponente árbol de navidad que ocupaba casi el centro de la sala. Las esferas rojas y doradas, brillantes, acaparaban todo el espacio en sus ramas. Según Dean le había contado esa tarde, con una orgullosa sonrisa, Lulú, su pequeña sobrina de apenas dos años, había sido la encargada de colocar la estrella en la punta del árbol (subida a los hombros de su padre, obviamente).
Por la tarde, el ambiente en la casa era de animosa felicidad. La radio encendida en la mejor estación de la ciudad, con todos ellos cantando ocasionalmente una que otra canción al unísono. Su padre, George, preparaba las mesas en el patio de la casa, con ayuda de sus hijos. Esperaban que algunos de sus tíos llegaran para pasar la noche con ellos y eso sólo significaba una cosa; pronto la casa sería un mar de gente.
Lance estaba terminando de arreglar las sillas alrededor de la enorme mesa improvisada, con el ceño fruncido y metido en su propio mundo.
¿Por qué Keith aún no le había escrito? Se le ocurrían varias razones; que hubiese perdido su teléfono, que el mismo se hubiese roto de alguna forma. Si tenía que ser más realista, la respuesta era bastante dolorosa. Keith simplemente no quería saber de él.
Mientras acercaba la última silla, dejó salir un largo suspiro, deseando que ese sentimiento extrañamente vacío saliera junto con el aire de sus pulmones.
— Lance— Una firme mano sobre su hombro— ¿Estás bien?
Lance miró a Dean, quien mostraba una expresión preocupada en su rostro. Se sintió expuesto de repente.
—Claro que sí— Le mostró una enorme sonrisa, pero debía saberlo; Dean lo conocía de toda la vida y lo había visto en sus peores y mejores momentos. No iba a creerse un gesto tan fingido como ese— Estoy bien, de verdad. No sé porqué te preocupas.
— Bueno, has estado con un humor extraño desde que llegaste— Dean frunció el ceño— Al principio creí que aún estabas cansado por tus exámenes finales pero…— Lo miró a los ojos; ambos compartían ese tono azulado, siendo el de Lance un poco más claro, más brillante— Mi intuición dice que es otra cosa.
Lance bajó la vista al prolijo césped de su patio. Él podía jugar y tener su propia imagen frente a sus hermanas menores, pero jamás había podido fingir delante de Dean o Emma. Era como si sus hermanos mayores lo conocieran a la perfección y él podía sentir tanta culpa, como si fuesen sus propios padres, cada vez que hacía algo que podía decepcionarlos.
¿Qué pensarían si les dijera que estaba de ese humor por un chico? Hunk y Pidge eran un tema diferente, ellos eran amigos de alguna forma se había elegido para serlo. ¿Pero y su familia? ¿Qué pensaría?
— Tal vez sea algo…— Admitió en un murmullo. Dean se relajó un poco, ese era un buen paso— Pero no tienes que preocuparte ¿de acuerdo? Es algo que ya pasó, no importa. Prometo que pronto estaré igual que siempre.
— No seas idiota— Lo cortó el hombre de cabello claro— No me interesa que estés igual que siempre. Me interesa que estés bien.
Lance sintió sus ojos calientes. Las muestras de afecto entre él y Dean no ocurrían muy a menudo, pero cuando pasaba, era algo mucho más fuerte que él. Le recordaba aquellas noches, cuando él era el hijo menor, donde terminaba asustado por alguna tormenta particularmente mala y se escabullía a la cama de su hermano. Dean siempre lo había dejado entrar, en silencio, y siempre había pasado las mantas sobre él en un gesto protector. Ese era su hermano.
Viendo que Lance no diría otra palabra al respecto, Dean suspiró. No era su idea forzar a su hermanito a hablar de algo que no quería. Con su mano derecha, despeinó su cabello en un gesto paternal.
— Vamos, cuando estés listo puedes hablarme de ello. Con Marian pensamos quedarnos hasta año nuevo. Así que cuando quieras… ya sabes dónde encontrarme.
Lance sólo le sonrió, de forma sincera esta vez, y asintió. Después de eso entró a la casa ante el llamado de su madre desde la cocina. Dean lo vio perderse tras la puerta.
— ¿Algún avance?— La voz de George sorprendió a Dean. Su padre traía en mano los manteles para poner sobre las mesas. Le dio una sonrisa de disculpa por haber tratado de escuchar la conversación. Dean sonrió levemente mientras tomaba los manteles de sus manos y luego negó con la cabeza.
— Lance confía en nosotros. Sólo hay que darle tiempo.
Hunk:
Antes de que las líneas se saturen más tarde
¡Espero que pasen una linda noche! Disfruten de sus familias
Pidge:
¡Lo mismo para ti Hunk!
Espero que sobrevivas a tus primos.
Hunk:
Difícil, Pidge, difícil
Desde dónde estoy puedo ver a los pequeños demonios preparando su próximo plan de ataque
Lance:
Aww, Hunk
Adorable
¡Lo mismo para ambos! Pasen una buena noche
Saludos a sus familias
Mamá está triste por no verlos esta noche
Hunk:
Que linda! Dile que cuando vuelva a casa le llevo de mi postre especial de navidad
Pidge:
Matt les envía saludos. Me ha molestado toda la tarde para que se los diga.
Lance ¿alguna noticia?
Lance:
Absolutamente ninguna
Pero ya está, chicos
Es navidad, no voy a pensar en eso
Hunk:
…
Vas a estar bien?
Lance:
Por supuesto que sí!
Lance McClain no se deprime ;)
Pidge:
Lo que tú digas.
Por un par de horas, al menos, lo dicho por Lance fue cierto. Mientras todos se preparaban, cambiándose por ropas más elegantes, y recibiendo a sus familiares, Lance no pensó en ningún momento sobre Keith. Y creyó seguir así el resto de la noche. Sus sonrisas eran sinceras cuando jugaba con sus primos más pequeños y sus tías hacían comentarios sobre lo guapo que estaba.
No fue hasta media hora antes de la medianoche que ese vacío lo golpeó de forma inesperada. Vamos, había conocido a Keith hacía un par de días y sólo había estado con él unas (largas y cortas) horas. ¿Por qué carajo le afectaba tanto que el chico no le hubiese dado aún señales de vida? Si era sincero, Lance tenía ganas de darse a cabezazos contra la próxima pared que encontrara.
Las miraditas que Dean y Emma empezaron a darle apenas notaron su cambio de humor, no ayudaban para nada.
En el patio de su casa, todos cantaron al unísono la cuenta regresiva para que llegara la medianoche. En algún momento Lulú se había subido a su regazo y lo primero que hizo Lance ese veinticinco de diciembre, fue abrazar y hacerle cosquillas a su sobrina mientras alrededor todos brindaban de forma ruidosa.
Luego se unió a los brindis y abrazos que todos empezaron a repartir entre sí. Eso era una navidad en su casa y mentiría si no dijera que eso era lo que lo hacía feliz.
Alrededor de media hora después, cuando todos entraron a casa para ver a los pequeños de la familia abrir sus numerosos regalos de navidad (los cuales de alguna forma su padre, Dean y sus tíos habían conseguido dejar disimuladamente bajo el árbol), su teléfono, olvidado sobre una mesa de la cocina en algún punto de la noche, mostró la luz de su pantalla encendida por un momento. Acercándose a la misma, tomó su celular esperando ver los mensajes de felicidades de sus amigos. Aún habiéndose saludado horas antes, era ley escribir luego de la medianoche.
Cuando desbloqueó la pantalla, su única reacción fue dejar que su mandíbula se abriera de forma incrédula (y graciosa). Sintiendo un temblor en sus manos, tuvo que dejar su copa de sidra sobre la mesita. Tragó saliva cuando se dispuso a abrir el mensaje.
Desconocido:
Feliz Navidad.
Espero que estés pasando una buena noche.
:)
Lance tardó varios minutos en recobrar la compostura. ¿Era en serio? Después de tenerlo esperando tanto tiempo, escribía un mensaje tan escueto, sólo para saludarlo por navidad.
Oh, Lance quería volver a ver a Keith, sí, pero en ese momento sólo quería borrarle la expresión indiferente que seguramente cargaba en ese momento. (Lo asustó, sólo un poco, pensar de qué forma podía hacer eso. De qué forma quería hacer eso).
Miró sólo una vez cómo Lulú se reía ante el nuevo juguete que Santa acababa de traerle. Ya fuese por ella, o porque estaba a punto de responderle a Keith, una enorme y alegre sonrisa se formó en su rostro (Detalle que Emma y Mora no perdieron de vista).
Lance:
Hola, extraño. ¡Feliz navidad para ti también!
La noche recién empieza, las cosas están bastante movidas por aquí. Santa acaba de pasar por casa.
¿Qué tal va la tuya?
Keith:
Mierda, olvidé poner mi nombre, lo siento.
Soy Keith.
Ha sido una noche tranquila pero linda. No hay niños en casa, así que dudo que Santa vaya a pasar por aquí.
Lance:
Jajaja, está bien, supuse que eras tú.
Mantuviste la expectativa en lo más alto ¿no?
Antes de irse Santa dijo que iría a tu casa, yo que tú lo espero toda la noche despierto.
Keith:
¿La expectativa? ¿A qué te refieres?
Y sí, claro, voy a pasar toda la noche esperando a un viejo regordete vestido de rojo. Ni siquiera tengo chimenea.
Lance:
Nada… Creí que escribirías antes.
¡Qué rudo viejo! Sólo por eso no tendrás regalos este año, irás directo a la lista negra.
¿Keith?
Lo siento, dije algo extraño, verdad?
Keith:
No sabía sobre qué escribirte.
Cada vez que lo intentaba entraba un poco en pánico.
Lo siento…
Lance:
Oye, tranquilo. No quise decirlo de esa forma, no estoy enojado ni nada.
Yo lo siento.
Supongo que ahora piensas que soy súper denso.
Keith:
Para nada!
:)
Y no me molesta estar en la lista negra, no esperaba ningún regalo de parte de Santa de todas formas.
Lance:
Tú te lo pierdes. Había escuchado que tenía un regalo especial para ti.
Keith:
¿Y qué era eso?
¿Tú?
Lance sintió su cara enrojecer de una forma increíble mientras leía la respuesta de Keith. Dios, ese chico de verdad iba a matarlo. A veces actuaba como la persona más tímida del planeta y después simplemente salía con cosas como ese comentario y el beso del autobús. Su corazón no iba a resistirlo mucho tiempo.
— ¡Lance!
El grito de Emma llamó su atención y lo obligó a levantar la vista de su teléfono por un momento. Mierda, no sabía de qué se había perdido. Sus padres y sus hermanas, junto a un par de sus tíos lo miraban desde diferentes direcciones de la sala. Por lo que podía intuir, habían estado hablándole por un rato antes de notar que él estaba completamente perdido en su mundo. Su sonrojo aumentó. Balbuceó alguna disculpa, la sonrisa sin dejar su rostro.
Emma le había hablado porque alguien había dicho su nombre, pues ahora tocaban los regalos para los adultos y era su turno. Guardando el teléfono en su chaqueta, se acercó a Mora para recibirlo.
Cuando toda la conmoción en la sala terminó y prácticamente todos volvieron al patio para degustar el postre de navidad, Lance se quedó atrás para responder a Keith.
Keith:
Ahora fui yo el que dijo algo extraño ¿verdad?
Mierda, lo siento.
No sé de dónde vino eso, por favor, sólo ignóralo.
Lance:
Jajaja Keith! Tranquilo
Era mi turno de abrir regalos y mi familia no me dio tiempo a responderte
Por cierto, si encuentro suficiente papel de regalo y un moño gigante, quizá aparezca bajo tu árbol mañana
;)
Keith:
Dios, eres un idiota.
Lance:
Ja! Pero así te caigo bien
Keith:
Cierto :)
Lance estuvo a punto, a sólo un impulso de haber enviado un "así te gusto". Pero incluso él tenía sus límites, y ese era uno de ellos. Por el momento, su corazón se sentía liviano de una forma inexplicable. Si le permitían exagerar, Keith le había dado el mejor regalo esa noche.
La familia de Lance había dado por terminados, por esa noche, los festejos de Navidad alrededor de las cuatro de la madrugada. Sus tíos y primos se habían despedido con sonrisas cansadas, pero alegres, e incluso los más pequeños ya dormían en brazos de sus madres. Como había sido el caso de Lulú, a quien su madre había acostado ya hacía un par de horas. Mora había obligado a sus hijos a, por lo menos, llevar todos los trastos a la cocina y meter las mesas y sillas al garaje antes de irse a dormir.
Keith y él habían estado hablando prácticamente toda la noche a través de mensajes. Nada serio, más bromas sobre Santa Claus, sobre lo que habían cenado y Lance se había encargado de contarle la más mínima cosa graciosa que pasara en su casa. No importaba cuál fuese el tema, qué tan trivial o tonto fuera, no quería dejar de hablar con Keith por nada del mundo. La sonrisa se había mantenido en su rostro todo el resto de la noche pero había podido disimularlo lo mejor posible, estaba seguro.
Por eso mismo, cuando fue hasta su cuarto listo para meterse en su pijama y dormir hasta el mediodía siguiente, le tomó por sorpresa encontrar a Emma apoyada en el marco de su puerta. Su hermana lo miró con una ceja alzada y cruzada de brazos. Antes de que siquiera pudiera preguntarle qué ocurría, ella lo encaró.
— Escúpelo.
Lance pestañeó un par de veces, sin entender de qué hablaba la chica.
— ¿Disculpa?
Emma largó una risita baja y entró a la habitación, sentándose a los pies de la cama de Lance. Ante la mirada de su hermano, señaló el teléfono en la mano del chico con un movimiento sugestivo de sus cejas. Lance optó por hacerse el desentendido.
Ella rodó los ojos.
— Vamos, Lance. Sabes que te conozco— Lo miró a los ojos, pero era inevitable tener una sonrisa en su rostro— No sólo has estado actuando de forma extraña desde que llegaste a casa, todo… deprimido y desanimado, sino que, justo esta noche, todo tu semblante cambia de repente y eres todo sonrisas como siempre. O incluso peor. Así que vamos, cuéntame.
—Emma, hermanita, el champagne te ha afectado— Le dijo en un tono lento, como si estuviese hablando con alguien que no estaba en sus cinco sentidos— No tengo idea de qué estás hablando. Es tarde, mejor vamos a dormir.
Pero, lejos de la reacción que esperaba, Emma largó una carcajada.
— Maldición, Lance ¿Puedes dejar de guardarte todas tus cosas sólo para ti? Ha sido algo molesto desde… no sé, toda la vida.
Lance la miró en silencio, pues era la primera vez que su hermana maldecía (en su presencia al menos) y también la primera vez que le decía eso. Emma dejó de reír y suspiró.
— Dean y yo somos tus hermanos mayores, sabes. Puedes confiar en nosotros. Quizás no tenemos la edad de Pidge y Hunk pero no significa que no nos importes. Queremos que tú estés bien.
Sí, definitivamente Emma había tomado un par de copas de más esa noche. Apenas lo notaba, pero su hermana tenía una sonrisa fácil en el rostro y las mejillas algo arreboladas. No estaba ebria, eso era obvio, pero el poco alcohol en su sangre le estaba haciendo decirle cosas que generalmente se daban de forma tácita entre ellos.
— ¿Es una chica?— Preguntó de repente con un tono sugestivo.
Lance tragó saliva. Su hermana no podía estar tan alejada y tan cerca de la verdad al mismo tiempo.
— No.
— Sí claro— Bufó ella— Parecía que en algún momento iban a saltarte corazones de los ojos cada vez que mirabas tu teléfono ¿sabías? No eres bueno disimulando para nada. Bueno, quizás no todos lo notaron, pero yo sí. Y eso, hermanito, es suficiente.
Lance sentía que se estaba sonrojado. Olvídense, por la expresión que Emma le mostró (una sonrisa radiante, de esas que decían que lo había atrapado haciendo algo in fraganti), daba por hecho que estaba sonrojado. Desvió la vista a la pared junto a su cama. Si su hermana no se iba de su habitación en los próximos treinta segundos iba a terminar por contarle todo lo que les había contado a sus amigos antes. Y, siendo la madrugada de Navidad, con su hermana con cierto grado de alcohol en sangre, no tenía ni idea de cómo podía resultar eso.
Ante su silencio, Emma se permitió contemplar a su hermano. Lance siempre sería para ella ese pequeño bebé baboso que había llegado a casa cuando tenía apenas cuatro años. Aquel al que había intentado vender en una venta de garaje que habían hecho en casa (su madre casi había sufrido un síncope cuando notó la situación. Emma no siempre fue la perfecta hermana mayor). Pero ahora que lo observaba bien, no podía negar lo mucho que Lance había crecido en tan sólo un año fuera de casa.
Viendo toda esa confusión, esas dudas que cubrieron el rostro de su hermano, sintió que lo que estaba haciendo no era nada justo.
— Está bien, está bien— Se levantó de su lugar, estirándose como un felino— Suficiente charla por hoy. Pero, — Lo señaló con su dedo índice derecho— uno de estos días, Lance McClain, voy a descubrir todos y cada uno de tus secretos.
A Lance le recorrió un escalofrío, pero le sonrió a su hermana.
— Ve a dormir, ebria.
Emma lo miró mal pero despeinó su cabello cuando se dirigió a la puerta para irse, en un gesto de cariño. Cuando se quedó solo, Lance suspiró y se sentó en su cama.
Era consciente de que tarde o temprano iba a tener que contarle a su familia lo que pasaba con él. Pero no esa noche.
Su teléfono vibró en su mesita de noche.
Keith:
Perdón por no responder, me dormí en el sofá.
Creo que esa es mi señal para ir a dormir.
Lance:
No babees los muebles, Keith, por favor
Keith:
Ja-ja
Para tu información, yo no babeo.
Lance:
No que tu lo sepas!
Ve a dormir, tu piel te lo agradecerá
Keith:
No me ves, pero estoy rodando mis ojos.
Entonces…
¿Hablamos mañana?
Lance:
Dalo por hecho!
Que descanses
:)
Keith:
Tú igual.
Buenas noches Lance.
Lance se quedó mirando su teléfono con curiosidad. Bajo el nombre de Keith había aparecido y desaparecido el típico "escribiendo" por lo menos tres veces antes de que el chico finalmente le respondiera. ¿Qué habría querido escribirle que lo hizo dudar tanto?
Se dijo que ya era tarde para indagar en ello. Con un bostezo, él también se acostó a dormir.
Si antes ya tenía un pequeño problemita de dependencia con su amado celular, con las redes sociales y todo el asunto, eso había aumentado de la noche a la mañana. Por los siguientes cuatro días Lance no se despegó ni un solo minuto del aparato. Cuando éste le avisaba que su batería estaba demasiado baja, era casi como el fin del mundo.
Absolutamente todos en su familia notaron tal cosa. Y absolutamente todos prefirieron guardar silencio sobre ello. Le estaban dando su espacio, pues Lance era el tipo de chico que arreglaba y desarreglaba sus asuntos él sólo. Si ocurría algo importante, como una novia, él les contaría en su momento.
Pero para el cuarto día consecutivo de su hermano sonriéndole a su teléfono táctil, aguantando sonrisas fugaces y escuchando risas bajas por la noche, Emma creía que estaba llegando a su límite. Pero es que ¡Dios! Lance no tenía ni idea de lo que significaba ser disimulado. Siempre había creído que él era bastante transparente, pero esto era ridículo.
En ese mismo momento, Lance estaba tan metido en la pequeña pantallita que ni siquiera notaba las miradas fulminantes que Emma le mandaba desde el sofá frente a la silla donde él estaba sentado. Con un gesto de cansancio, ella miró a Dean, quién estaba en ese momento alimentando a Lulú con yogurt de vainilla. Al seguir su mirada, su hermano sólo pudo suspirar y hacerle un gesto para que tuviera paciencia.
La paciencia no era su mejor virtud. Pero antes de poder hacer el comentario que estaba guardado en lo profundo de su garganta desde hacía días, las gemelas llegaron de la nada y saltaron sobre Lance, quién se sobresaltó y las regañó por tal acción.
Por lo que pudo entender de las exclamaciones y ruegos de ese par, María y Ally le estaban pidiendo a Lance que las llevara en el auto de su madre hasta la ciudad vecina. Algo sobre una firma de autógrafos del ídolo del momento de las adolescentes en el centro comercial de dicho lugar. Lance se negó en un primer momento, con escasas ganas de conducir casi una hora para hacer de niñera después.
Luego de varias promesas sobre hacer sus quehaceres en su lugar por al menos un mes, y una (muy efectiva) mirada de cachorro de parte de las menores, Lance terminó por resignarse y aceptar la petición. Si le preguntaban a Emma, la mirada de súplica de Sara era lo que había terminado de convencerlo. Las gemelas sabían a la perfección que Lance no podía negarle nada a ella.
Después de todo, cuando Sara nació hubo varias complicaciones en el parto y su vida había peligrado. Emma recordaba a un Lance de apenas cinco años que entendía la situación por completo, viéndose realmente preocupado por su hermanita. Y cuando ella llegó a casa, él se había autoproclamado como su guardaespaldas personal, pues la veía como un bebé pequeño e indefenso que aún estaba en peligro. Catorce años habían pasado de eso, y podía ver en los ojos de Lance que aún la veía de esa forma.
Keith:
Allura puede ser una persona muy… contundente cuando quiere algo. Así que estoy obligado a acompañarla en su día de compras.
Es aún peor de lo que suena.
Lance:
No lo sé, suena un poco exagerado jajaja
Sé un buen cuñado por un día
Keith:
¡Siempre soy un buen cuñado! Soporto muchas cosas cursis y melosas cuando ellos están a mi alrededor, lo suficiente.
Vas a entender de qué hablo cuando los conozcas.
Lance:
Entonces ¿voy a conocerlos?
Keith:
Sigo diciendo cosas raras, no?
Lance:
No realmente
No es algo tan descabellado, creo
Luego podrás conocer a mi familia! Eso sí, son bastante ruidosos
Keith:
Con todo lo que me has contado, suena más bien como una enorme y agradable familia.
Entonces, algún día pasará. Ambas cosas.
Lance:
Eso espero
Siempre terminamos diciendo cosas raras ¿te das cuenta, verdad? Jajaja
Keith:
Lo sé, generalmente esto no sucede.
Hablar a futuro es extraño… y me asusta un poco.
Lance:
Keith, si no te sientes cómodo con algo sólo tienes que decirlo
Keith:
No es eso!
Es sólo que a veces parece que no volveremos a vernos jamás…
Lance:
Si eso te preocupa, puedo perfectamente conducir dos horas hasta tu ciudad en cualquier momento.
De hecho
Quiero verte
Keith:
Por favor, no hagas eso.
Es decir, también quiero verte. Pero no para hacerte conducir por la carretera de esa forma.
Ignora lo que dije, sé que vamos a vernos apenas volvamos a Altea
:)
El centro comercial de la ciudad vecina, por describirlo en una sola palabra, estaba repleto. No sólo había muchísimos adolescentes para la firma de autógrafos, sino que la mayoría de los locales tenía ofertas de descuento por ser fin de año y eso parecía haber atraído a medio país. Si se permitía exagerar, claro.
Lance tuvo que decirle a las gemelas, tan emocionadas cuál niñas en un parque de diversiones, que no desaparecieran de su vista o tendría que llamarlas por el altavoz de la oficina de niños perdidos. Y ellas no querían pasar por una situación tan vergonzosa. Para su tranquilidad, Sara se mantuvo pegada a él todo el tiempo.
Mientras se dirigían al salón dónde estaba indicado que sería la firma, Lance pensó en las palabras que Keith le había dicho en su último mensaje hacía horas atrás.
Después de lo que había ocurrido en el autobús, ninguno de los dos se molestó en ocultar la atracción que sentían por el otro. No era como si de repente tuvieran conversaciones cursis ni mucho menos como si se hubiesen hecho declaraciones de amor. Pero había algo implícito en cada palabra que enviaban, en cada anécdota que contaban al otro, que era algo sumamente diferente a una conversación entre simples amigos.
Keith le había hablado sobre su familia en esos días. Para su sorpresa, el chico era huérfano. No le había dado grandes detalles, pues era algo que ambos preferían hablar en persona, pero al parecer los padres de Shiro lo habían adoptado cuando era un niño. Y no sabía por qué, pero actualmente sólo vivía con su hermano. Y bueno, su cuñada, pero sólo hacía meses de ello.
El chico realmente sentía pasión por la carrera que estudiaba y por lo que había dado a entender, era el mejor de su clase. Pero Keith no alardeaba, él hablaba como si eso fuese lo que él debía hacer, era lo natural. Hasta el momento, no había hablado de ningún amigo cercano (algo como eran Pidge y Hunk). De hecho, parecía que sus amigos más bien eran los amigos de su hermano. Su persona le parecía por demás misteriosa y Lance moría por volver a Altea y secuestrar a Keith para pasar horas y horas en la azotea de su edificio, haciendo nada más que conversar, con una cerveza en la mano y bajo el cielo estrellado.
También había notado que Keith podría llevarse a la perfección con sus amigos y ya quería invitarlo a sus meriendas de los viernes y sus maratones de películas una vez al mes. La vida de vuelta en Altea prometía mucho para ese año.
Pero entonces Keith, a veces, sonaba muy inseguro. Como en aquel mensaje. Y Lance realmente no sabía qué hacer. No dudaba que uno de esos días siguiera su propio consejo y por un impulso terminara conduciendo, sin avisar, hasta la ciudad de Keith.
Lance salió de la burbuja de sus pensamientos cuando María y Ally habían llamado su atención. Habían llegado al lugar indicado, lo cual era bastante obvio; el lugar estaba lleno de adolescentes que parloteaban y de vez en cuando lanzaban uno que otro chillido. Por su propio bienestar psicológico, decidió que él no iba a entrar allí. Así que dejó a sus tres hermanas (no sin antes advertirles de todo los posible peligros, actitud de la que Dean se sentiría orgulloso) en la puerta, y él se dirigió a mirar los locales cercanos hasta que alguna de ellas le escribiera a su teléfono cuando quisieran marcharse de allí (lo cual tampoco podía ser muy tarde o Mora moriría de la preocupación si Lance debiese conducir de noche).
Se distrajo la primera hora mirando los locales de ropa que había alrededor. Una renovación a su guardarropas no le vendría mal (No porque estuviese fuera de moda; Lance McClain siempre estaba a la moda). Y, quizás, perdió un poco la noción del tiempo cuando encontró una tienda de comics un poco escondida en una de las galerías. Oh sí, Lance era todo un friki de los comics.
Alrededor de dos horas después de haberse separado de sus hermanas, se dispuso a regresar al salón dónde las había dejado y esperarlas allí afuera. Si se desencontraban, iba a ser todo un dolor de cabeza reunirse entre tanta gente.
Cuando llegó, notando que la cantidad de gente había disminuido un poco, se sentó en una fuente de agua que había a unos metros. La bolsa con sus nuevos comics enrollada en su mano.
No fue difícil notarlo, pues la apariencia de una de las chicas a su lado llamaba la atención de prácticamente todas las personas que pasaban alrededor, haciendo que estas girasen sus cabezas a medida que pasaban.
Lance abrió la boca, de forma similar a aquella noche en Navidad, mientras veía a Keith al otro lado de la galería donde estaban. El chico le daba la espalda, y estaba acompañado de dos chicas. A una la reconoció como la tal Allura, pues su cabello era inconfundible. La otra chica le era totalmente desconocida.
Por un momento, Lance se sintió bendecido. En serio ¿Qué tantas posibilidades tenía de encontrarse a Keith en medio de un centro comercial en una ciudad que no era la de ninguno de los dos? El universo estaba de su lado, eso era más que obvio.
Con una sonrisa radiante, y nervioso, se levantó de su lugar dispuesto a acercarse al grupo. Keith había dicho que también quería verlo, así que estaba bien si se acercaba a saludar ¿verdad? Lance sabía que si no se movía en ese momento, iba a lamentarse por el resto de su vida.
Cinco, diez, veinte pasos contó hasta que pudo ver a Keith a la perfección. Debía estar sólo a unos metros de él, pero aún no lo suficientemente cerca como para ser notado. Con el corazón a mil y las piernas flojas, apretujó los comics en su mano. Tenía que obligarse a respirar.
Este estaba a punto de convertirse en uno de los mejores días de su verano.
O esa era la idea. Y tal idea fue destruida cual burbuja de cristal cuando alguien más entró en su campo de visión.
Era un chico más alto que él, de cabello oscuro, y bíceps muy trabajados. Nada del otro mundo, se diría horas después. La cuestión era que dicho tipo musculoso, sin dudar, sin un rastro de vergüenza, rodeó los hombros de Keith con sus propios brazos y enterró su rostro en el cabello del chico para después hablarle al oído.
Lance se paralizó.
Keith pareció sorprenderse en su lugar y renegó por la acción del desconocido pero no lo alejó. De hecho, después de bufar, se rió por algo que el mismo tipo comentaba. A su lado, Allura largó una carcajada divertida y la otra chica les regaló una mirada de ternura.
Sintiendo cómo las náuseas llegaban a él de repente, Lance se giró lo más rápido que pudo. Sólo segundos antes de que Keith se girara para quitarse al otro hombre de encima de una vez (acción que habría aclarado un poco, poquísimo, las cosas).
La vista de Keith no era perfecta. Ese día había preferido no usar sus lentes de contacto y no se había molestado en sacar sus anteojos de la mochila que llevaba. Nunca notó la presencia de Lance a tan solo metros de él.
Sara fue quien había actuado como voz de la razón sobre sus hermanas mayores y las había convencido de que ya era hora de regresar a casa, antes de que el sol comenzara a ponerse en el horizonte. Mientras caminaba delante de las otras dos, le escribió un rápido mensaje a su hermano para hacerle saber que ya estaban saliendo del lugar.
Las tres esperaron fuera del salón un momento, suponiendo que Lance aparecería pronto. María y Ally se distrajeron comentando sobre los autógrafos que habían conseguido mientras ella miraba alrededor. Había una gran cantidad de gente aún.
Entonces, rodeando la fuente, pudo ver a Lance. El chico caminaba lentamente mirando el suelo. Evidentemente no las había visto aún, así que Sara se adelantó para encontrárselo a medio camino, con una gran sonrisa en su rostro. Detuvo su andar cuando estuvo lo suficientemente cerca del chico.
Lance estaba pálido. Pálido era poco.
Se veía fatal.
— ¿Lance?
Su hermano levantó la cabeza y aunque tardó un momento en reaccionar a su presencia, le sonrió.
Y fue la sonrisa más ridículamente falsa que le había visto en su vida.
— ¿Nos vamos?— Le murmuró cuando pasó a su lado, haciéndole una seña a sus hermanas para salir de allí. Lance caminaba a grandes pasos, prácticamente corría a la salida del lugar.
María y Ally también notaron la extraña actitud del chico y le lanzaron una muda pregunta a ella, pero lamentablemente Sara no tenía ni la menor idea de qué le estaba pasando a su hermano. No pudo hacer nada más que encogerse de hombros para hacerles saber su desconcierto.
Los cuatro caminaron hasta el estacionamiento en silencio ¿Lance se habría enojado con ellas por hacerlo esperar mucho? La culpa comenzó pronto a invadirlas, pero luego recordaron que estaban hablando de Lance. El chico que vivía por hacer reír a sus hermanas menores y que era incapaz de negarles algo si estaba a su alcance.
No. Definitivamente algo más le ocurría, pero ninguna de las tres se atrevió a hacerle algún comentario al respecto.
El silencio durante el viaje de regreso fue llenado por la voz de Beyoncé. Y aunque Lance hizo un par de comentarios sobre la firma de autógrafos y les sonrió, de nuevo, cuando le contaron algo de lo que habían visto, la tensión en el aire no desapareció. Y Sara tuvo que usar todo su auto control para no afligirse cuando pudo ver los lagrimosos ojos de Lance a través del espejo retrovisor
Algo malo había ocurrido para que Lance llegara al punto de fingir sus sonrisas frente a sus hermanas.
Emma:
Las chicas y Lance acaban de volver.
Lance pasó directo a encerrarse en su habitación y Sara acaba de largarse a llorar en mis brazos porque algo le ocurrió al idiota y como siempre no quiere decir nada.
Lo siento Dean, pero esto requiere una intervención. ¿A qué hora vuelves a casa?
Hunk:
Lance estás ahí?
Pidge:
¿Por qué tu hermana acaba de escribirnos para ver si sabíamos si algo malo te había pasado?
¿Qué ocurre?
Hunk:
Estás bien?
Laance!
Keith:
Si tengo que ser sincero, no estuvo tan mal pasar el día con Allura. También obtuve algunas cosas nuevas. Fue un día divertido!
Keith:
¿Cómo te fue con tus hermanas? No me dijiste donde tenías que llevarlas al final.
Keith:
Supongo que todavía debes estar ocupado, escríbeme cuando puedas :)
Keith:
Lamento ser tan denso pero… ya pasaron un par de horas desde que viste mi mensaje.
¿Todo bien?
Keith:
¿Lance?
Lance:
Todo bien, Keith
Después hablamos
:)
Sentado en la orilla del sofá, Keith sintió cómo su corazón se apretujaba un poco. Definitivamente no estaba todo bien si le respondía de esa forma tan cortante. Miró el último emoji enviado por Lance y frunció el ceño. Algo estaba mal allí.
Debió saberlo. Las cosas buenas duraban poco tiempo si se trataba de él.
N/A: Bueno, era inevitable. El drama tenía que llegar a la historia (no mucho, no soporto ningún tipo de angst.)
Muchísimas gracias por sus comentarios, sus favoritos y follows!
A esta historia todavía le queda un capítulo más (quizás dos).
Nos leemos pronto.
