Disclaimer: Los personajes de Voltron: Legendary Defender pertenecen a Dreamworks y a aquellos que participaron y participan de su creación.
N/A: ¡Como prometí, el último capítulo!
Sí, probablemente me quedó más corto pero me pareció innecesario alargarlo. Principalmente porque tengo muchas ideas para one-shots sobre este mismo AU, los que subiré aparte a medida que los escriba.
Muchísimas gracias a quienes acompañaron esta historia hasta el final!
No tengan dudas en que nos leeremos pronto, simplemente no puedo superar a estos dos.
Fin de año y algo más
Capítulo 5:
Mi cabello no tiene esa forma, McClain
Lance tragó saliva. Estaba nerviosísimo. Las piernas le temblaban y su corazón latía a un ritmo frenético mientras caminaba por el jardín de la casa. Las miradas que, sabía, estaban posadas sobre él no le ayudaban mucho a decir verdad.
Vio a Pidge llegando hasta su hermano e intercambiando palabras rápidas, a la vez que la chica le enviaba una mirada de curiosidad a Keith. Alguien salió de la puerta del conductor y saludó a su amiga, pero sinceramente a Lance le interesaba poco y nada. Solo podía ver a Keith frente a él, quien estaba parado, con la cabeza hacia sus pies y las manos en los bolsillos de su chaqueta. Era la misma chaqueta que había usado cuando se conocieron en el autobús.
No entendía nada de la situación. ¿Matt había querido viajar a casa y los demás lo habían acompañado, Keith sin imaginarse que podía llegar a encontrarse con Lance? Sonaba como lo más probable. Entonces, el pelinegro levantó la vista hacia él y con una decisión que fue menguando con cada paso que daba, se acercó a Lance. Cuando estaban a un par de metros de distancia, se detuvo.
El corazón de Lance también.
— Eh… Hola.
Keith se sentía estúpido. Después de haberle hecho manejar a Shiro hasta allí, se quedaba sin palabras. Todo lo que Allura y Matt le habían aconsejado durante el viaje de repente se borró de su cabeza. Sólo eran él y los ojos azules de Lance que lo miraban con incredulidad, más sin reproche.
— Hola — Respondió Lance, cohibido.
— Lamento esto, tan de repente — Keith miró sobre el hombre del chico, hacia la casa donde varios pares de ojos curiosos se cruzaron con los suyos. Un sonrojo surcó sus mejillas — No era mi intención ser inoportuno.
Antes de que Lance dijese lo que fuese a decir, se escuchó la voz de su madre.
— Pidge, cariño. ¿Por qué tú y tus amigos no entran a la casa? — La mujer sonreía, animada— Está refrescando un poco.
Su mamá era tan mala mintiendo como siempre. Sí, estaba fresco, pero aún así era una noche súper agradable. Aún así, Lance guardó silencio mientras ni él ni Keith se movían de su lugar.
— Seguro, Mora— Respondió Pidge con una sonrisa cómplice. Le hizo una seña a Matt y los demás para que la siguieran.
Lance se sintió aun más pequeño mientras las personas que habían llegado con Keith pasaban por al lado de ellos hacia la casa. Apenas asintió cuando Matt le dedicó un saludo. Las otras dos personas, al pasar, tocaron levemente la espalda de Keith quien se vio más avergonzado por el gesto.
Cuando la puerta de casa sonó al cerrarse, se habían quedado solos en el jardín. Ambos con las manos en sus chaquetas, inseguros de qué hacer o decir.
Keith suspiró.
— Como dije, me disculpo por venir de la nada — Lance iba a negar con la cabeza, asegurarle de que eso no era nada malo pero se detuvo y lo miró a los ojos.
— ¿Entonces… tú quisiste venir? ¿A verme?
— ¿No es obvio?— Respondió Keith, apenado — No ibas a responder mis mensajes y realmente necesitaba hablar contigo.
Oh. Así que había sido intencional. El corazón de Lance comenzó a latir con mayor fuerza si era posible.
— Bien — Contestó, porque era lo único que podía articular. Keith frunció el ceño.
— ¿Por qué me ignoraste? No solo hoy… los días anteriores también.
Así que no había creído su excusa después de todo, pensó Lance.
— Es… complicado— Respondió, mientras se abrazaba a sí mismo. Keith dudó un momento antes de volver a hablar.
— ¿Te arrepentiste?— Preguntó casi en un susurro y desviando la vista. Lance supo de inmediato que se refería al beso que habían compartido. Ignorando la necesidad de negar tal cosa con vehemencia al ver la expresión del chico frente a él, negó con la cabeza.
— No es eso — También desvió la vista — Pasaron varias cosas complicadas… mi familia apenas se enteró que me atraen los chicos. La verdad, apenas yo me he enterado.
Lance hizo una pausa, buscando qué decir. Los ojos de Keith lo miraron con miedo y anhelo a la vez. Se decidió que debía ser sincero, con ambos.
— Y además… te vi hace unos días, en el centro comercial de la siguiente ciudad — Keith se mostró sorprendido por tal cosa pero Lance lo detuvo de hablar — Antes de que preguntes, sí, obvio que iba a acercarme a hablarte. Incluso pensé que te veías genial ese día.
El sonrojo de ambos se acentuó, pero entonces la expresión de Lance decayó un poco.
— Estabas con varias personas… y estaba este chico. Es decir, tú te ves tan serio y reacio al contacto personal, pero llegó este chico que te abrazó y tú lo dejaste. Era un abrazo bastante íntimo. No me malinterpretes, no tiene nada de malo abrazar a nuestros amigos. Mi mejor amigo vive dándome abrazos de oso todo el tiempo. Pero este chico era tan genial a comparación de mí, que me hizo sentir celoso, sabes. Porque tú eres igual de genial que él y yo no soy nada eso. Además ni siquiera estaba seguro de qué me pasaba contigo hasta después de verte. Supongo que antes sólo me había dejado llevar por la corriente. Entonces entré en crisis, conmigo, con mi familia, contigo. Ya no podía seguir escribiéndote sin que se notara, así que sólo dejé de hacerlo. Después llegué a la conclusión de que no importaba si tú estabas con ese chico, cuando volviéramos a Altea podíamos hacernos amigos, podía demostrarte que yo también podía ser genial y que podríamos ser geniales juntos. Es decir, no ahora, pero quizás en un tiempo podrías verme diferente, verme de verdad y, no sé, querer salir conmigo o algo así. Lo siento la verdad no sé lo que estoy diciendo, sólo estoy dejando que salga lo primero que se me viene a la mente, es bastante patéti—
— ¡Lance! — El aludido se sobresaltó en su lugar al escuchar el tono alto de Keith. En algún momento de su perorata, Lance había comenzado a divagar, como si se hablara más para sí mismo que para el chico. Se detuvo, avergonzado de lo que había estado haciendo y miró el rostro contrario, como si esperara un veredicto — Si no me estoy equivocando de día ni de momento, el chico que viste en ese entonces, era Shiro. Es mi hermano a quien, además de Allura, dejo que me abrace de esa forma.
Si Lance estaba avergonzado antes, ahora rogaba porque un hoyo gigante se abriese en la tierra y se lo tragara hasta lo más profundo. Simplemente no podía haberse puesto celoso por el hermano de Keith, no podía haber hecho un escándalo tan grande de ello. Y peor, no podía haberle dicho tal cosa a la cara. Quería morir, desaparecer.
Mientras su cara terminaba de encenderse cual farolito de los que sus hermanas habían usado para adornar las ventanas, Lance se acuclilló sobre el suelo y escondió su rostro entre sus manos.
— Dios, soy patético — Murmuró contra sus dedos, completamente humillado.
Se hizo un silencio que duró un torturante momento.
Entonces, unas manos tocaron las suyas y con suavidad las movió hacia un lado para dejar su, increíblemente rojo, rostro al descubierto. Los ojos violetas de Keith brillaban en la oscuridad de la noche.
— No vuelvas a decir jamás que eres patético, porque eso no es cierto — Susurró Keith frente a él para luego sonreír con las mejillas coloradas — Dijiste muchas cosas, y bastante rápido. Entendí el tema de Shiro, lo cual creo que acabo de aclarar — Lance asintió todavía apenado — Y, puedo asumir, que con tu familia las cosas ¿están bien? Por lo menos nadie ha salido a echarme a patadas o algo así.
Lance se permitió reír un poco ante el comentario.
— Jamás harían algo como eso, a nadie— Aseguro — Y sí, las cosas están bien.
Keith asintió, poniendo una expresión más seria.
— Entonces sólo queda una cosa por aclarar.
Violeta y Azul se encontraron una vez más, intensos, anhelantes.
— Me gustas.
Lance abrió los ojos con sorpresa. Si bien se imaginaba algo similar, escucharlo de los labios de Keith era algo completamente diferente. Los ojos le brillaban, las mejillas se veía arreboladas pero mucho menos que las suyas. Estaba tan cerca.
— ¿Y tú? — Aguantando la respiración, Lance asintió. Pero Keith, con una sonrisa aflorando en su rostro, negó con la cabeza.
— Tienes que decirlo. Basta de malentendidos.
Lance comprendió. Ahí, solos, acuclillados en el jardín de su casa, era momento de dejar todo en claro. Todavía les quedaban muchísimas cosas por hacer, por ejemplo y muy importante, llegar a conocerse bien. Pero, por el momento a ambos les bastaba con saber eso que Keith estaba preguntando. Sonrió imitando al chico frente a él.
— Me gustas, Keith.
La sonrisa de Keith se ensanchó. La suya también.
— Sé que apenas nos conocemos, o sea, solo cuenta el tiempo del viaje en el autobús. Pero de verdad, de verdad, de verdad, me gustas. No sé por qué terminó siendo así — Le mostró una expresión avergonzada, Keith solo lo escuchaba— Pero quiero saber más de ti. Quiero saber todo de ti. Quiero estar contigo. Podemos empezar de forma lenta, obvio, solo conociéndonos, no hay que ponerle un nombre a esto. Quizás en unos meses, o incluso hasta dentro de un año. Sí me voy a esforzar para volver a besarte en mucho menos tiempo que eso, cuando tú quieras, claro. Es decir—
Sus palabras fueron cortadas por los labios ajenos. Apenas fue un roce de labios, pero su conciencia se sacudió por completo.
— ¡No puedes hacer eso!— Le acusó con un dedo. Keith lo miró sorprendido y temeroso de haber hecho algo mal.
— ¡Fuiste tú el que dijo que no quería esperar tanto!
— ¡Eso no! El beso…— Un nuevo sonrojo— Estuvo bien. Pero era el primero, no puedes simplemente robármelo.
Keith lo miró sin palabras y entonces largó una carcajada mientras se levantaba en su lugar. Lance lo siguió. En cuanto se pusieron de pie, Keith invadió aún más su espacio personal y le acarició una mejilla con suavidad. Lance consideró volver a acuclillarse porque sus rodillas no iban a soportar la situación.
— ¿Siempre hablas tanto?— Preguntó con gracia.
— Sólo cuando estoy extremadamente nervioso…— Respondió sin mirarlo a los ojos.
— Lance.
Ante el llamado, volvió a mirarle el rostro. Keith estaba increíblemente cerca. Su aroma llegaba hasta su rostro y era bienvenido, porque olía casi tan bien como se veía. Sin evitarlo, sus ojos se dirigieron a sus labios entreabiertos.
— ¿Puedo besarte ahora?
Sin siquiera responder, Lance fue el que acortó la distancia. Los labios de Keith se sentían súper cálidos en contraste con los suyos que estaban un poco fríos. Sus bocas siguieron un compás lento, calmado, como si estuvieran apenas reconociendo el territorio. Eso era bastante diferente al escalofrío que ambos sintieron. Las manos de Lance se acomodaron detrás del cuello de Keith, y las de este se posicionaron sobre su cintura.
Así que eso era besar a Keith apropiadamente. Podría acostumbrarse. Sí, definitivamente.
Sin saber exactamente cuánto tiempo se besaron, se escuchó un silbido de júbilo desde la casa, evidentemente hacia la escena que estaban montando. Ambos se separaron con rapidez, nuevamente avergonzados.
Lance miró molesto hacia la casa, seguro de que ese silbido había provenido de su hermano mayor. Para su sorpresa todas sus hermanas y sus amigos estaban en la ventana. Gracias a Dios a sus padres no se les ocurrió hacer tal cosa, eso sí no lo habría soportado. Se escuchó la voz de Mora ahuyentándolas del lugar y carcajadas al unísono ante la situación.
Volvió a mirar a Keith con una disculpa en sus ojos por su familia y éste ya estaba mirándolo. Se sonrieron con afecto.
— ¿Listo para entrar allí?— Le preguntó en broma.
— Jamás — Dijo Keith, aunque la sonrisa en su rostro hablaba por sí misma.
Lance tomó su mano y lo guió al interior de su casa.
La familia de Keith, Shiro y Allura, no se habían sentido fuera de lugar ni un solo momento desde que llegaron. No sólo por que la propia familia de Lance era súper simpática y amistosa, sino porque ellos mismo se manejaban como si los conociera de toda la vida. Además de que eran increíblemente educados (ganándose la aprobación de Mora al instante), eran muy amables, entretenidos para conversar y parecían saber de una gama increíblemente amplia de temas culturales. Ni hablar de lo injustamente bien parecidos que ambos eran.
Lance recordaba en algún momento de la noche, haberle preguntado a Keith, al oído, si esos dos eran siquiera humanos. Luego de reírse, el chico sólo le había dado la bienvenida a su mundo porque él a veces se preguntaba lo mismo.
Pidge y Matt habían ido hasta su propia casa, antes de que los señores Holt se durmieran. Hunk aún seguía allí prestándole apoyo moral a su mejor amigo.
Era evidente que todos, o casi todos, habían espiado su pequeña escena en el jardín de casa. Más nadie hizo comentario al respecto. Cuando entraron, todos, incluidas sus hermanas menores, sólo les habían sonreído y les había hecho lugar en la sala, donde estaban nuevamente comiendo de la tarta de Hunk. Lance les agradeció en silencio por ello.
Él y Keith no soltaron sus manos en ningún momento.
Si bien no pudo hablar mucho a solas con Keith, habían pasado un muy buen rato en compañía de los demás. Supuso que si el año empezaba de esa forma, con tan buena vibra, era imposible que el resto fuese diferente. Desde que tuvo ese pensamiento una sonrisa se instaló en su rostro por el resto de la noche.
— Entonces… Keith— Habló Emma, simulando que acababa de aprender su nombre— ¿También estudias en Altea, como Lance?
— Sí, pero en una carrera completamente diferente— Respondió él con un poco de pena porque de repente tenía toda la atención de los presentes. Era como si los McClain hubiesen decidido primero indagar sobre Shiro y Allura y dejarlo a él para después. Lo mejor al final, suelen decir.
— ¿Cuál?— Preguntó una de las gemelas cuyo nombre no supo identificar.
— Arqueología.
Emma bufó y acarició la cabeza de Lance jocosamente.
— Un cerebrito solo puede salir con otro cerebrito, uh.
Lance rodó los ojos mientras Keith sonreía con diversión.
— No sé de qué hablas, Pidge y Matt no están aquí— Respondió el aludido. Era obvio que la familia tenía a Lance como un cerebrito por el hecho de asistir a una universidad tan prestigiosa; el orgullo en el rostro de todos era más que evidente.
— ¿También vives en los dormitorios?— Intervino Roger por primera vez.
— Sí, señor. Al menos por ahora, son mucho más económicos que alquilar un departamento por mí mismo.
— Querido, no seas tan formal. Puedes decirnos Mora y Roger— Dijo Mora, mirando a su marido quien le sonrió de vuelta. Keith asintió aún con nerviosismo— Tus padres deben estar maravillados contigo que tienes tanta conciencia sobre tus gastos.
Lance se mostró incómodo por un momento ante el tema que salía a colación. Probablemente debía haberle hablado a sus padres un poco más sobre Keith antes de que sucediera una situación como esa. Observó a Keith, a su lado, quien compartió una mirada rápida con Shiro antes de volverse y hablarle a su madre.
— En realidad nuestros padres fallecieron hace muchos años. Mi hermano es quien cuida de mí.
Mora se mostró realmente afectada por un momento pero se relajó cuando vio la sonrisa tranquila del chico. También miró a Shiro, quien tenía el mismo tipo de expresión. Aflojó su postura, parada junto a su marido, con un brazo rodeándole.
— Oh, vaya, lo siento mucho, no tenía ni idea— El resto de la familia McClain también asintió como si ellos también debieran disculparse.
— No se preocupen, no es un tema difícil para nosotros— Aseguró Shiro desde su lugar, mientras Allura le tomaba una mano y sonreía al resto de los presentes.
Poco después de eso, Marian se levantó dispuesta a acostar a Lulú en su cama de una vez y se despidió de todos, sabiendo de antemano que la niña no se quedaría durmiendo a menos que ella se quedara a su lado. Lance se acercó para darle un beso en la coronilla a la pequeña y se sonrojó cuando descubrió a Keith observándolo con atención. Ese momento aprovechó su madre para pedirle ayuda levantando algunas tazas de café.
Keith sonrió ante la forma en que Lance se llevaba con su familia, era muy dinámico y divertido. La sonrisa desapareció cuando notó que, disimuladamente, Emma y, si mal no recordaba, Dean se sentaban a ambos lados de él. Le envió una mirada de auxilio a Shiro pero este no pareció percatarse de la alarma en sus ojos.
— Así que, Keith— Dijo Dean con una sonrisa política— ¿Debemos asumir que tú y Lance dejaron las cosas claras? ¿No más dudas?
Tragó saliva ante ambos pares de ojos.
— Sí— Consiguió pronunciar— Al menos de mi parte, sí.
Eso arrancó una sonrisa sincera del hombre mayor.
— Verás, Lance puede ser un cabeza hueca a veces — Dijo Emma de forma graciosa— Y, aunque no lo parezca, bastante inseguro. Lo que es peor, mi hermanito nunca te va a decir cuando la está pasando mal.
Frunció el ceño ante tal comentario y siguió la mirada de la chica. Lance estaba en la cocina y su voz jocosa se escuchaba desde la sala.
— No decimos esto por presionarte, para nada. Sólo creí que deberías saberlo— Emma volvió a mirarlo y se encogió de hombros, luego le sonrió— Se ve muy feliz. Hacía bastante que no lo veía así.
— Keith ¿nos harías un favor?— Se volvió hacia Dean que era quien hablaba y levantó ambas cejas en señal de pregunta — Cuida de nuestro hermanito ¿de acuerdo?
— No tengas dudas de que él va a cuidar de ti— Terminó Emma con un tono suave.
Lejos de sentirse amenazado o presionado, Keith sintió todo el cariño que esas dos personas tenían hacia Lance. Cariño que probablemente, por la personalidad del otro chico, no le mostraban muy seguido y esta era su forma de hacerlo. Alguien que era así de amado y cuidado por los suyos, definitivamente debía valer muchísimo como persona. Keith se encontró asegurándose a sí mismo que Lance efectivamente valía.
Les sonrió genuinamente a sus dos interlocutores y asintió con inesperada decisión y firmeza.
— Lo haré— Respondió, mientras observaba a Lance volver de la cocina.
En cuanto llegó hasta ellos, el de ojos azules entrecerró los ojos y cruzó los brazos mirando a sus hermanos con cautela, como si los estuviera acusando de estar molestando a Keith. Dean se rió y levantó una mano como signo de defensa. Luego se levantó de su lugar y se dirigió hasta Shiro y Allura para despedirse pues también se iba a dormir. Antes de perderse por el pasillo asintió en dirección a Keith como despedida.
Keith le correspondió mientras perdía el hilo de la conversación que Lance y Emma mantenían.
Cuando Pidge y Matt finalmente volvieron a casa de los McClain eran alrededor de las cinco de la madrugada. Las gemelas habían caído rendidas hacía poco más de una hora, al igual que había ocurrido con Roger quien había trabajado ese día muy temprano.
Keith y Lance estaban sentados en un sofá de dos cuerpos, frente al que Allura, Shiro y Emma compartían. Mora estaba en el sofá simple y Sara sentada en su apoyabrazos, con ojos perezosos pero rehúsa a irse a dormir. Toda su atención estaba puesta en este nuevo chico por el que su hermano mayor tanto se había roto la cabeza. Hunk estaba en una silla junto a ambos chicos.
— Ahora que Matt está aquí creo que es hora de volver a casa— Dijo Shiro mientras se levantaba y se estiraba para espabilarse. Le tendió una mano a Allura para ayudarla a levantarse.
Keith y Lance intercambiaron miradas. Estaban sentados de forma correcta, pues Mora aún seguía allí, pero sus manos seguían entrelazadas como hacía casi tres horas. Separarse de repente les parecía un sacrilegio. Más Keith solo necesitó de una mirada de Shiro para entender que tenía razón, ya era bastante tarde. O temprano, pues el sol no tardaría mucho más en aparecer. Sin embargo, fue Lance el primero que se levantó y tiró de él.
La despedida fue algo lenta y con risas bajas, pues ya muchos estaban durmiendo. Mora en un principio se preocupó por que el grupo viajara a horas tan tardías por la carretera pero Shiro y Matt se encargaron de asegurarle que ninguno de ellos estaba cansado. Emma saludó con afecto a los mayores y le dio un gran abrazo, para vergüenza de Lance, a Keith. Sara los saludó políticamente, sin moverse de al lado de su madre.
Hunk, Pidge y Lance acompañaron a los demás hasta el auto.
Lance detuvo unos metros antes a Keith, para quedar más apartados del resto.
— Te escribiré mañana ¿de acuerdo?— Keith asintió. Ambos se sintieron repentinamente cohibidos una vez más. Sus manos se acariciaban, como si se estuviesen despidiendo la una de la otra— Sabes que realmente fue una locura lo que hiciste hoy ¿no? Lo que hicieron.
Keith se rió.
— Estoy seguro de que hay cosas peores. Además en principio planeaba venir yo solo.
Lance fingió una expresión de extrema preocupación.
— Bendito sea Shiro, entonces.
Ambos rieron suavemente. Cuando el momento terminó, se miraron a los ojos. Dios, como costaba separarse. Definitivamente la espera para volver a Altea sería eterna.
— Podemos tener citas, obvio. La próxima puedo conducir yo, o podemos vernos en un lugar que nos quede a igual distancia— Ofreció Lance, desesperado por saber que habría una próxima vez. Keith separó sus manos y las llevó a las mejillas del chico de tez más oscura.
— Claro que sí. Nos las arreglaremos hasta volver a Altea.
Después de eso se besaron. Mucho más corto que el primer beso de aquella noche pues había bastante gente a su alrededor, pero con muchos más sentimientos entremezclados. Lance llevó las manos a la parte de atrás del cabello de Keith.
En medio del beso, frunció el ceño.
— Acabo de notar tu corte de cabello— Dijo, separándose apenas para poder hablar. Keith levantó una ceja.
— ¿Tiene algo malo?— Preguntó sin entender a qué venía el comentario. Lance sonrió con malicia.
— Quizá cuando crezca, ahora no.
Sin decir nada más que eso, volvió a besar a Keith en los labios, para luego infundirse en un apretado abrazo. Quería recordar de Keith tanto como pudiese, su tacto cálido, su aroma, sus fuertes brazos.
— Avísame cuando lleguen a casa ¿sí? No me dormiré hasta entonces.
— No seas ridículo y vete a dormir— Dijo Keith, separándose ahora él pues Matt lo estaba llamando para que se apresurara y de formas poco agradable.
Lance se despidió también de los demás que ya se habían subido en el vehículo.
— Fue un gusto conocerte, Lance— Le dijo Shiro cuando se acercó a su ventana— Seguramente nos veremos pronto.
Lance asintió y le sonrió. Pensar que había estado celoso de ese tipo sólo le hacía querer arrojarse bajo el primer tren que encontrara.
— Ve a dormir, Lance— Escuchó que Keith le decía, antes de mirarlo por última vez y subir al asiento trasero.
— Lo que digas, Mullet.
La estridente risa de Allura fue todo lo que necesitó para saber que la chica había captado la broma, a diferencia de Keith que la miraba sin entender la situación.
— ¡Yo pensé lo mismo! ¡Este chico me gusta! — Luego de decir eso se acercó a la parte delantera para ver a Lance a la cara— Hay que vernos más seguido, Lance.
El aludido le mostró una sonrisa divertida. Oh sí, si no fuese porque había conocido a Keith primero, Allura era perfectamente su tipo.
— Ese es la idea— Respondió.
En cuanto Matt terminó de hablar con Pidge y cerró la puerta del lado del acompañante, Shiro los miró una última vez antes de poner el auto en marcha. Pronto el vehículo se alejó y desapareció al doblar por la esquina.
Hunk y Pidge se miraron con gracia al ver cómo Lance seguía mirando en la misma dirección.
— Es hora de dormir, Romeo— Comentó Hunk, dándole un golpecito en la espalda. Lance no quitó su sonrisa boba pero si se giró con dirección a su casa— Vamos Pidge, te llevaré a casa.
La chica asintió y ambos se despidieron de su mejor amigo con un abrazo grupal. Lance se rió en medio del gesto y les agradeció a ambos por todo lo que le habían dicho aquel día para levantarle el ánimo.
Cuando ya nadie quedaba fuera de casa, Lance entró en la suya que estaba completamente en silencio con apenas las luces navideñas encendidas. Se dispuso a irse a la cama cuando sintió una presencia a su lado.
— Keith es serio, pero se ve bien. Bastante genial— Comentó Sara como si no acabara de casi provocarle un infarto a su hermano.
— ¡Dios niña! ¿Cómo puedes aparecerte así a alguien? No se lo hagas a papá o terminará en el hospital— Sara ni se inmutó ante el regaño, su rostro denotaba somnolencia a niveles máximos. Lance se rió— Vamos, es hora de dormir.
Guió a su hermana hasta su habitación y luego se dirigió a la propia. Estaba muy cansado pero su cabeza no dejaba de rememorarle cada pequeño momento que había compartido con Keith esa noche. Además, no podría dormir tranquilo hasta que el grupo regresara a casa con seguridad.
Lance se sentía feliz. Y no veía la hora en que el verano acabara para regresar a Altea, donde podría ver en cualquier momento al chico de ojos violetas.
Imaginar eso lo distrajo la siguiente hora y media.
Keith
Acabamos de dejar a Matt en su edificio y estamos entrando al nuestro.
Allura me explicó lo de Mullet, y no, mi cabello no tiene esa forma, McClain.
Escríbeme cuando despiertes.
Que descanses : )
