3. Equivocación

One-Shot

El baile de cumpleaños de los mellizos comenzaba en media hora y Sofía no podía abrir los ojos por la migraña que tenía.

Ya se había puesto el vestido que Ámber le había mandado a confeccionar, elegante y excesivo como siempre, y con ayuda de Violet había arreglado su cabello y maquillaje. Pero con el dolor de cabeza que tenía, no veía posible soportar un segundo en el salón repleto de personas charlando y riendo.

Por eso, sin pensarlo dos veces, se dirigió a la torre de Cedric, donde seguro encontraría algo para calmar su malestar y, de todos modos, ya había acordado con él que iría a verlo exactamente 30 minutos antes de la fiesta. Era casi tradición que antes de cualquier baile o fiesta ella pasara por su taller a desearle suerte en caso de espectáculo, animarlo si estaba cansado por los preparativos o simplemente para comentar sobre la gente que vendría o lo que sucedería.

Al llegar arriba, abrió la puerta sin llamar, pues luego de tantos años se sentía casi co-propietaria del lugar, pero no había nadie ahí dentro. Al no encontrar a Cedric, se dirigió al estante donde sabía que encontraría la medicina. Seguro Ámber lo tenía haciendo algún preparativo de último minuto y por eso no había llegado.

Había ordenado el lugar unas 100 veces y conocía la ubicación de cada ingrediente o pócima como la palma de su mano, así que fue una sorpresa no encontrar el pequeño recipiente en donde debía estar.

"Mmh... Qué extraño." Susurró para sí, dirigiéndose a su segunda opción.

Mientras revolvía cosas en un cajón, sin obtener resultado, escuchó la puerta del taller abrirse detrás de ella.

"Cielo, ¿Dónde está la poción para el dolor de cabeza?" Preguntó sin dejar de buscar. "Creí que la dejaste junto a las de..."

Casi se ahoga en el aire al voltear y no encontrar a Cedric como esperaba, sino a una chica de 15 años cargada de libros de hechizos, con la ceja alzada y una sonrisa traviesa.

Sofía se quedó sin habla.

"¿Cielo?" Preguntó Calista dejando los libros en la mesa más cercana y cruzando sus brazos, con una sonrisa burlona permanente.

"¡S-sí! Cielo, Calista, ¡Q-querida de… de mi corazón!" Exclamó dramáticamente mientras corría a abrazarla. El dolor de cabeza pasó a segundo plano rápidamente y ahora todos sus esfuerzos estaban en no temblar de nervios. "Tú conoces este lugar y podrás decirme dónde encontrar el remedio ¿N-no?"

Calista la miraba con los ojos entrecerrados, sin creerle nada.

"Claro, tesoro mío." Respondió con sarcasmo. Se apartó de ella y caminó lentamente al escritorio donde la poción saltaba a la vista. Al parecer Cedric la había utilizado hace poco.

"¡Bien hecho, Sofía!" Se maldijo interiormente. "¿No quieres arruinarlo más de alguna otra forma?"

"¡Ups! ¡Qué despistada soy!" Rió nerviosamente. "¡Muchas gracias, Calista! ¿Qué sería de mí sin una amiga como tú?"

La impertinente ceja alzada de Calista seguía donde mismo. Y Sofía no sabía qué más decir.

"Bueno..." Dijo llenando el silencio acusador. "¡Será mejor que me tome esto!"

Bebió lo indicado de un sorbo para dejar la botellita en donde mismo y huir del lugar, pero antes de que el vial tocara el escritorio, la puerta volvió a abrirse.

"Siento la demora , cariño, faltaban aun unos cuantos arreg-"

Cedric se detuvo en seco al ver a su sobrina con una expresión triunfante y a la princesa próxima a desmayarse.

Rápidamente dirigió su mirada a Calista y siguió hablando, intentando pasar su error de forma desapercibida.

"Unos cuantos arreglos… ¡N-no quería hacerte esperar, querida Calista!" Dijo mientras se acercaba a abrazarla de bienvenida.

"Oh por Dios", pensó Sofía, deseando tirarse por la ventana.

Calista apartó a su tío de manera algo brusca.

"¡Ya basta!" Exclamó algo enfadada. "¿Creen que soy una idiota? ¡Ni siquiera sabías que me pasaría por aquí!" Dijo apuntando a su tío con un dedo acusador.

Cedric se puso pálido, quizá más pálido de lo que Sofía ya estaba. Luego, inesperadamente, la muchacha soltó una risita entusiasmada.

"¡Lo sabía! ¡Sabía que pasaría!" Dijo mientras se lanzaba a abrazarlos a ambos a la vez. "Y no se preocupen" advirtió, separándose de ellos. "Mis labios están sellados." Con un cierre imaginario cerró su boca. "Tío Ceddie, dejé ahí los libros que me prestaste. Mañana vendré a molestar de nuevo y quiero escucharlo todo" dijo con una sonrisa pícara. "¡Adiosito!"

Besó a cada uno en la mejilla y desapareció en un humo rojo.

Cedric y Sofía seguían paralizados en donde estaban con el corazón detenido.

Luego de un silencio eterno, el primero en hablar fue él.

"No dirá nada, tranquila." Dijo con un temblor.

"Lo sé, confío en ella." Respondió con cautela.

Se miraron pasmados. 5 meses ¡5 meses! Y nadie los había descubierto. Ambos agradecían que hubiera sido Calista y no, por ejemplo, Baileywick, pero, de todas formas, no se lo esperaban y se culpaban de este error garrafal.

"Hay que ser más… cuidadosos." Dijo Sofía más recuperada del asombro.

Cedric bufó, como diciendo que era algo obvio.

Ambos confiaban ciegamente en Calista y sabían que su secreto estaba a salvo. Eso fue lo único que les hizo recuperar la respiración.

"Vamos." Le dijo mirando la hora y tomándola de la cintura. "Necesito un trago"

Sofía soltó una carcajada mientras cerraban la puerta del taller tras ellos.