Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
Rosalin estaba impaciente por ver finalmente a su prometido, Elroy le había comunicado que en tres meses regresaba por fin de aquel viaje imprevisto que lo mantuvo lejos por casi ocho meses, tiempo en el que había conocido a cada uno de los que habitaba en aquel lugar, no entendía por qué Archie y su novia después de saber que se había establecido un acuerdo de compromiso y fue invitada a vivir en la mansión había cambiado su trato con ella, al principio eran hasta cariñosos con ella, según ellos se les parecia a alguien muy querido que desde hace algún tiempo no veían, y George cada vez que ella trataba de acercarse para tratar de obtener alguna información de su ahora prometido se ponía serio y la veía como con lastima.
-¿Por qué el señor George me verá de esa manera? Mientras reflexionaba vagaba sin rumbo por la mansión y sin darse cuenta llegó a su lugar favorito en aquel lugar, al despacho que él tenía en aquel lugar, en cada detalle se podía ver que era un hombre con clase, el sobrio escritorio de roble, los elegantes muebles la amplia chimenea, los ventanales desde donde se podía dominar la vista de todo el jardín y la entrada de la reja principal a la distancia, justo sobre la chimenea se encontraba una imponente pintura de él, cada vez que veía el retrato de Willam Andrew sentía que su corazón latía más y más rápido, nuevas y extrañas sensaciones despertaban en su ser, sentía un calor intenso que que nacía desde su propia alma.
Esa tarde al estar en su despacho sola y volvió a sentir todo aquello, que aunque nuevo, estaba segura que al estar a su lado crecería y terminaria siendo lo más hermoso de su vida, sus pensamientos la llevaron la recordara a ella, entendió porque Romelia dejo todo por aquel hombre, lo amaba y si ella había sentido una milésima parte de lo que el retrato de Willam desataba en su interior, lo que hizo en su momento aquella joven mujer era algo irremediable, ahora aquellas palabras que ya se sabía de memoria por haberlas leído tantas veces desde que era una niña cobraban sentido y hacían eco en su cabeza y en su corazón.
"SIENTO QUE MI ALMA MUERE POCO A POCO, CUÁNDO LOS DÍAS PASAN Y NO SIENTO EL CALOR DE TU CUERPO SOBRE EL MÍO, NECESITO SENTIR EL CALOR DE TU PIEL SOBRE LA MÍA Y SENTIR QUE PUEDO TOCAR EL CIELO CUANDO SOMOS UNO"
-Romelia, ahora entiendo por lo que pasaste, yo también dejaría todo atrás por William, sin importar nada ni nadie lucharía contra cualquiera por estar a su lado, como lamento no haberte conocido tu sabrias como aconsejarme, podría contarte como me siento y todas las cosas que despierta en mí tan sólo mirar su retrato.
Cuando niña encaprichado por mudarme a la habitación que fuera de su hermana mayor había encontrado un pequeño diario en donde, ella escribía que este era un regalo de su padre al cumplir quince años y en dónde guardaba su más grande secreto, el nombre de el hombre que había robado su corazón, lo describía con el chico de cabellos dorados como el sol estaba en sus pensamientos y cómo con detalles habían planeado escapar juntos y viajar al nuevo continente para escapar de los arreglos matrimoniales que sus familias habían pactado aún antes de ellos haber nacido.
Rosalin no tuvo la oportunidades ni de conocer el rostro de su hermana pues era apenas una bebé producto de un segundo matrimonio de su padre después de quedar viudo, solo sabía que era una chica de cabellos rojos y rizados, cariñosa y de corazón noble, los empleados la recordaban con mucho afecto y hasta su propia nana lloraba al hablar de su pequeña Romelia.
Su padre preso de la ira y el dolor había borrado cualquier recuerdo de su hija mayor, que había manchado el honor y la reputación de su familia al escapar con el hijo de uno de sus socios, ese muchacho había destrozado su familia y Randall Mac Filder y aunque amaba con todo su corazón a su hija desde ese momento su nombre será borrado y sus retratos fueron quitados para luego ser destruidos ningún vestigio quedaría de ella, o eso pensó el hombre enceguecido por su orgullo.
-Pronto lo voy a verle Romelia, pronto daré contigo y tu bebé también aunque ya estara grande tu hijo hermana, padre espero darte una buena noticia a tu llega.
En Londres una pareja paseaba, los últimos meses el uno había disfrutado del otro de todas las maneras posibles, y el amor innegablemente se había hecho presente, ante todos eran una pareja intachable amable y discreta, la esposa de William resultó ser de mucha ayuda al tratar ciertos asuntos de índole social, él la llevaba a todas partes y cuando intervenía en alguna reunión lo hacía para hacerlos ver pequeños detalles que al ser ejecutados tenían un impacto extraordinariamente positivos para la imagen del consorcio y reputación de todos los empresarios dueños del mismo.
Después de meses de estar de un lugar a otro debieron hacer un alto en su ajetreado ir y venir, a pesar de que en Escocia la pareja era muy querida por familiares y socios y de que muchos abogaran para que se establecieran de manera definitiva allí, en América las cosa se complicaba y era necesario regresar, aunque ellos anhelaban permanecer en el que consideraban su hogar, Elroy Andrew estaba abusando de privilegios de los cuales hace algunos meses no le correspondía y todo podía salirse de control y perjudicar no sólo a la familia sino también al corporativo.
-¿Estás segura de que quieres ir a caminar? No sería mejor descansar y relajarnos hasta que nos toque partir? Él se mostraba reacio a salir aunque el día estaba espléndido, después de aquel susto que sufrieran el día anterior.
-Willam Andrew no seas maniático, ese pobre señor se cayó por andar de descuidado, además tu vas a estar estar acompañándome todo el tiempo ¿no es así?
-Pero es que no quiero salir, quiero quedarme aquí, llevarte a la cama y no salir de ella hasta dentro de diez días, cuando embarcamos y luego encerrarnos en nuestro camarote hasta que arribemos al puerto y desembarcar y luego regresar a Chicago.
-A no señor eso si que no, cuando veníamos prácticamente estuve encerrada todo el viaje, así que pretendo estar el menor tiempo posible en el camarote ¡Willam Andrew más te vale llevarme a bailar todas las noches mientras dure la travesía! o bailare con el primer pelirrojo que se me ponga en frente.
-¿Qué? El grito fue mayúsculo Albert se quedaba perplejo al ver como su esposa movía sus largas pestaña con coquetería.
-¿Quién sabe? con suerte nos volvemos a tomar con el chico aquel, ella estaba muy divertida viendo la expresión incrédula en el rostro de aquel hombre al que amaba con todo su ser.
-¿Con que usted piensa ponerme los cuernos con un pelirrojo? Simulando una cara de molestia él se acercaba con lentitud y pose amenazante, ella se se espantada abría los ojos asombrada e intentaba correr, pero él en dos zancadas el le daba alcance y la abrazaba desde atrás pegando su cuerpo contra el suyo.
-Usted señora mía solo puede bailar conmigo, comer conmigo, hablar conmigo y sobre todo sólo puedes dormir conmigo, en silencio ella se volteó y se ciñó a su cuerpo colocando ambas manos sobre su pecho.
-Lamento mucho que entre nosotros las cosas se dieran de esta manera, quizás tu y tu tía tenían prevista otra esposa más adecuada y acorde contigo y yo yo...
-Tu nada, tu eres perfecta, tu eres la mejor compañera que pudiera tener, soy yo quién debe pedirte perdón, fui débil y te arrastre a esta vida, a un matrimonio que tú no querías, te aleje de tu familia, gracias por todo, un suspiro fue exhalado por aquella mujer que aún no se atrevía a confesar que no fue por él, que lo que sucedió ella lo había planeado, que no fue provocado por aquellas copas de más que él había tomado porque ella prácticamente lo había incitado a beberlas, no era justo que él se sintiera culpable.
-No fue tu culpa, yo lo pro. . Sus palabras fueron interrumpidas por unos dedos que levantaban su barbilla para besarla con ansiedad y deseo, con el pasar de los meses él se había convertido en un adicto a sus besos, al sabor de sus labios y al calor de su cuerpo, se había convertido en un hombre celoso y posesivo, que necesitaba tenerla cerca todo el tiempo.
Los besos dieron paso a caricias se fueron intensificando e hicieron que el deseo en ambos se encendiera, sus ropas les estorban, poco a poco quedaron abandonadas en el trayecto hasta la habitación de aquella lujosa suite, ya era costumbre de la pareja dejarse llevar por la necesidad de ser uno sin importar la hora del día, ante todos eran la pareja ideal, pero al cerrar la puerta de sus habitaciones solo eran un hombre y una mujer que se dejaban llevar y consumir por sus deseos.
Continuará...
