CHICAS HOY MÍNI MARATÓN HASTA EL FINAL DE ESTA HISTORIA.
Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fuji, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
Por dos días Albert pudo convencer a su mujer de permanecer en el hotel sin salir mucho de su suite, realmente se sentía agotado por el ritmo de trabajo que habían casi dos meses aquella noticia estuvo aguardando a ser descubierta, como un hermoso regalo sorpresa para ambos.
- ¿Cómo no me di cuenta antes? Que tonta soy, ella reía al verse en el espejo, sus cabellos rojos hacían que el verde de su ojos se viera aún más intenso o quizás no era eso, era la felicidad lo que hacía que se sintiera y se viera diferente, viendo hacia atrás en el tiempo recordó la manera Cómo habían abandonado New York y le causaba risa, realmente parecían un par de delincuentes tratado de huir a una condena segura, una amplia sonrisa se dibujó en sus labios con aquellos recuerdos.
-De saber que escapando sería tan feliz, con gusto lo habría hecho antes, su esposo la observaba hablando con su reflejo, mientras ella lo creía dormido y se extrañaba al escucharla, su corazón se acelera y mil preguntas brotaban en su mente.
- ¿Cómo que se habría escapado antes? ¿Conmigo o con otro? ¡Nooo! sólo conmigo, yo soy el único hombre en su vida ¿Será que me ama? ¿Será que siente algo por mi o es sólo la costumbre de la convivencia?Ella continuaba observándose detalladamente en el espejo, se veía a sí misma tan distinta a como se veía hace menos de un año, en silencio le daba gracias al cielo porque después de todo la vida le había regalado al hombre más atento y comprensivo del mundo.
Esa mañana estaba dispuesta a salir a pasear así le tocará sacar arrastrado a su flamante esposo, tan sólo ocho días les quedaban de libertad pues al llegar a Chicago todo cambiaría y seguramente tendrían que lidiar con Elroy Andrew y la gente prejuiciosa de la alta sociedad en Norte América.
El observaba en silencio como ella se levantaba y se dirigía al baño, como regresaba después de un buen rato secando su cabello con una toalla, envuelta en un albornoz de seda rosa pálida, sin importar cómo o por qué se había dado todo aquello él estaba seguro de que fue lo mejor que le pudo pasar en la vida.
Era simplemente cautivadora su esposa, después de tener aquella noticia solo quería protegerla de todo y de ella acomodaba sus rizos él volvía a dormir, el saberla segura y junto a él, le hacían estar relajado, luego de ver cómo aquel hombre se fuera al piso mientras caminaba por aquella calle empedrada, llena de agua lo había puesto intranquilo, de no haber sido ese hombre pudo ser su esposa quien pisara aquel charco y se llevará aquel terrible golpe que seguramente habría traído con secuencias fatales para ellos.
-William, levántate William, perdido en medio de sus sueños él escuchaba que su voz le llama, pero parecía molesta, él ansiaba que su relación fuera como antes de casarse, pero ella se empeñaba en tratarlo de aquella manera que a él le parecía tan chocante, William Andrew o William, él mismo se reprendió al estar despierto.
- ¿Qué le importaba Cómo le llamara mientras fuera sólo suya? Al verla con aquel vestido tan elegante se despertó de un todo.
- ¿Se puede saber a dónde cree que va la señora? él realmente no tenía la menor intención de salir de la cama.
-Voy no, vamos Señor Andrew ya me cansé de estar encerrada en estas cuatro paredes, si usted no quiere ir a pasear conmigo entonces iré palabras dichas con tanta solemnidad y con ese modo distante que últimamente ella utilizaba cuando estaba molesta con él, ya estaba empezando a irritar al pobre rubio, que se levantó sin decir nada para no propiciar una discusión y ocasionar un disgusto.
Cuando ella lo vio entrar al baño sonreía triunfante, bien que sabía que cuando su esposo decidía algo, no había poder sobre este mundo que le hiciera dar marcha atrás, pero ella hábilmente también sabía cómo hacer con sutileza que la balanza siempre se inclinara a su favor.Aún era temprano por lo que bajaron a desayunar, mayor fue su sorpresa cuando ven al hombre que se cayó al piso entrar al restaurante con un buen moretón en su cara.
- ¡William mira es el anciano que se fue de bruces el otro día! Él levantó su mirada y al ver como aquel sujeto no quitaba la vista de su mujer decidió que ya era hora de irse.
-Si quieres conocer Londres deberíamos irnos ya, si empieza a llover no podremos visitar todos los lugares de tu lista, él hacía seña hacia una pequeña hoja en donde ella había elaborado una especie de itinerario.
-Tienes razón, además ese anciano no deja de observarnos y eso me incomoda, después de pagar la cuenta la pareja se retiró y el hombre soborno a uno de los empleados del hotel para que le consiguiera información sobre aquellos jóvenes, él joven no le dio mucha información realmente la pareja había sido gentil con todos, no eran los típicos ricos que menospreciaban a los demás.
-No pude obtener mucha información, son de Escocia y al parecer están de vacaciones, son muy amables.
- ¡Son familia? el anciano preguntaba impaciente, y el muchacho se sentía culpable de haber accedido a informar a aquel hombre tan extraño.
-Mire sólo sé que son de una familia muy adinerada, mantienen custodia permanente, siempre los están cuidando, son de la nobleza o algo así, realmente nadie sabe mucho porque son muy discretos, en un descuido de aquel hombre el muchacho se escabulle para que no lo siguiera interrogando.
-No puede ser, yo me habría enterado si Romelia se hubiese trasladado a Escocia, nunca había visto a este hombre por acá, no puedo dilatar mi partida, necesito saber quiénes son estos dos, el hombre estaba intrigado por el aspecto físico de la joven, realmente le parecía una mujer muy bella y no se iba a quedar tranquilo hasta saciar su curiosidad, por más de tres horas espero que los dos jóvenes regresaran pero esto no sucedió, después de mucho pensarlo decidió contactar un detective que gozaba de toda su confianza para que siguiera a la pareja y así que cuando él se marchara lo mantuvieran informado, eso sí antes de marcharse no obtenía la información que él requería antes.
Lo que inició como un paseo obligado, se transformó en una relajante velada, que se sumaría a los muchos buenos momentos que en estos meses los dos habían pasado juntos, en donde conocieron prácticamente toda Europa, varios museos y sitios históricos y muchos de los lugares favoritos del rubio, su joven esposa estaba asombrada de todos los lugares maravillosos que él le mostraba y lo mucho que sabía sobre la historia de aquellos y de la gente que los habitaba, comieron en un acogedor restaurante que encontraron el ambiente era bastante relajado y con sus vestimentas tan finas parecían algo fuera de lugar.
Los camareros se asombraron del trato tan cordial de aquellos inusuales visitantes y más aún la variedad de platillos que habían solicitado, probaron de cada cosa que se ofrecía en el menú, comían con tal gusto que parecían tener meses sin probar bocado.
-Este pastel está delicioso, pero ya no puedo ¿Albert podrías pedir una porción para llevar?
-No mujer el de fresas y el de melocotón están increíbles ¿por qué no pedimos de chocolate?
-Guacala, no quiero de chocolate William, él se sintió un poco desilusionado, en otros tiempos ese habría sido el primer sabor en pedir, tratando de no mostrar su desilusión y esforzándose a olvidar una vida que ya no podría ser, él forzaba una sonrisa, habían pasado un día maravilloso para arruinarlo por un postre o por un recuerdo de un pasado que había cambiado por su imprudencia, si ese era el precio que debía pagar por no saber mantener el cierre de su pantalón arriba, no le quedaba más remedio que asumirlo y tratar de ser feliz con ella ahora tenía mucho más motivos para hacerlo, pequeños detalles como estos le hacían dudar de todo pero él ahora estaba determinado más que nunca a luchar por tener un matrimonio exitoso y de ser posible feliz, el camarero que les atendía se acercaba al ver la seña que él hacía con una mano.
- ¿Me gustaría saber si será posible que nos vendan un pastel completo? El hombre abría un poco los ojos pues esta petición era un tanto inusual, este par parecía no saciar su apetito.
-Haré que se lo traigan enseguida ¿que cuál quieren? El rubio sonriente contestaba.
-Uno de vainilla con crema, uno de melocotones y uno de fresa, al llegar a la cocina la orden todos corrían a ver cuántos comensales había en esa mesa que pedían tanta comida, todos se quedaron asombrados de ver que tan sólo eran dos personas, los pasteles fueron empatados en pequeñas cajas para facilitar su transportación ya que eran tres, cuando por fin estuvieron listos fueron llevados a la mesa y el rubio pidió la cuenta.
-Dale mis felicitaciones al Chef, la mujer había disfrutado de cada cosa que comió y estaba feliz de haber encontrado aquel maravilloso lugar para comer.
-Dígale de nuestra parte que todo estaba exquisito, la apoyó él pues realmente la sazón del chef le había encantado, afuera un coche los esperaba para que no regresar caminando de regreso al hotel, aunque los hombres encargados de su seguridad siempre eran muy discretos ya habían recibido instrucciones que seguían al pie de la letra.
-Pensé que íbamos a regresar caminando, la desilusión en la voz de la mujer era evidente.
-Ya hemos caminado mucho el día de hoy, no creo que nos siente bien una caminata tan larga después de todo lo que comimos, ella no puso objeción y subió al auto, después de unos minutos estaba casi dormida, él sonreía al ver como se acurrucada en su pecho y lo tomaba por una almohada.
Los diez días habían pasado volando y ya tenían todo el equipaje listo para emprender el retorno a su país, al ver las maletas y baúles ella suspiraba con nostalgia, si de ella dependiera no regresaría, era feliz viviendo en el viejo continente lejos de la presencia de Elroy Andrew y sus benditos familiares y sus absurdos prejuicios, la verdad aquel lugar y aquella casa ya los sentía como propias, era como estar en su lugar por loco que pudiera parecer, esperaba poder regresar pronto a su casa y a la vida tranquila que allí empezaban a construir como familia.
Continuará ...
