Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
Más de media hora había pasado y Albert estaba asustado, el médico no decía nada, le tomó la presión y el pulso, levantó sus párpados y la auscultó y todo indicaba que algo no estaba normal, porque el galeno no decía absolutamente nada.
-¿Esta muy mal doctor? Por favor no me mienta.
Albert estaba angustiado ella había estado bien, verla así tan indefensa acostada en aquella camilla lo aterraba, sus labios estaba sin color y su rostro.. su rostro no tenía aquella expresión de ensueño que siempre se le veía al dormir.
-Todo aparenta estar bien ¿la señora ha recibido últimamente una impresiones fuerte, algún disgusto o algo fuera de lo normal? el doctor veía como aquel joven bajaba los hombros como dándome por vencido.
-Verá doctor, nos casamos hace poco más de nueve meses, ya casi son diez y la verdad no hemos parado, por mi trabajo tengo que viajar de un lugar a otro y ella no ha querido separarse de mí, ahora con este viaje todo se nos a complicado.
-Entonces le sugiero que se tranquilice, es evidente que su esposa está agotada, yo le sugiero que la dejemos acá hasta que despierte, si me lo permite me gustaría hablar con ella, es necesario que guarde reposo y esté tranquila.
-Se lo agradeceria mucho, sólo que .. bueno es sólo que yo me voy a quedar con ella hasta que despierte, el médico lo veía algo extrañado.
-Estará bien acá, no le va a pasar nada a su esposa, Albert hacia una mueca con la boca.
-Estoy seguro que así será, pero es algo que nos prometimos cuando nos casamos y no me voy a separar de ella, el hombre blanqueo los ojos incrédulo.
-¡Jóvenes! en cuanto se despierte avisame.
Negando con la cabeza se retiraba para darle noticias al caballero que esperaba afuera, mientras Albert se sentaba en el borde de la cama y acercaba su mano al rostro de su mujer para acariciarlo, se veía tan frágil e indefensa, por nada del mundo la dejaría sola, eso se habían prometido frente al altar y él lo cumplirá.
En el pasillo Randall Mac Filder, caminaba de un lado a otro, usualmente él no se preocupaba por ningún extraño pero esa chica desde que la vio en esa calle, le habia hecho sentirse extraño.
Verla fue como volver al pasado y ver a su pequeña Romelia caminado por las calles empedradas de londres después de un día lluvioso.
Verla sonreír, le hizo trastabillar, perder el equilibrio e irse de bruces contra el suelo, eso no le impidió levantarse y correr tras la pareja que veía desde la distancia entrar a un lujoso hotel.
Muchos sentimientos que pensó habían sido enterrados en el olvido regresaron a su memoria, su pequeña apenas era un adolescente cuando le anunciaban que pronto debía contraer matrimonio con un hombre que no conocía, de haber sabido que aquello iba a desatar tal infierno en sus vida, nunca se habría dejado convencer con su esposa de casar a su princesa con aquel pariente de ella.
Finalmente aquella mujer resultó ser una mala persona, interesada y traicionera, un año después que Romelia huyera con el hijo de su mejor amigo, ella intentó hacer lo mismo con el tipejo se suponía era de su familia y se casaría con su hijastra, cosa que resultó ser falsa, ese sujeto era su amante y no un pariente lejano.
Como un castigo divino al querer escapar su carruaje había perdido el control y ambos había caído por un despeñadero al abandonar el palacete familiar en medio de una noche tormentosa, perdiendo la vida de manera instantánea.
Cuando menos esta vez no se dieron rumores ni se generaron chismes de todo aquello, el suceso no fue conocido por nadie ajeno a los empleados y Rosalin era apenas una bebe, y no se había enterado de aquello, que daño tan grande hizo aquel zorra ambiciosa a su hija, a la familia de Alfred y al él mismo.
Por años trato de dar con el paradero de los jóvenes sin encontrar rastro alguno, hasta que su hija menor después de años de mantener en secreto que había encontrado aquel pequeño diario, que él mismo le regaló cuando ella cumplió quince años, respirando profundamente, debía acallar sus remordimientos, debía tener fe en que todo saldría bien, si Dios lo permitía Rosalin encontraría a su hermana mayor y él podría reivindicarse con su amigo después de tantos años de angustia y de dolor, unos pasos detrás de él le hicieron voltear para encontrarse con el doctor que aún movía la cabeza negativamente.
-¿Como se encuentra ella doctor? Mac Filder realmente estaba preocupado.
-Parece que solo es cansancio, su esposo no se quiere separa de ella, sólo debemos esperar que despierte, no se preocupe su nieta estará bien, aquellas palabras del galeno serían como una sacudida para aquel hombre que hasta ese momento no había contemplado que su pequeña quizás ya sería madre.
-Muchas gracias, ahora estoy un poco más tranquilo, sin decir más se dio la vuelta y caminó hasta llegar a la cubierta principal, se sentía tan contrariado con tantos recuerdo y todo lo que ellos habian despertado en su interior, que apoyándose en la baranda dejó que su llanto liberará todo el dolor que por años había tratado de esconder, todos sus remordimientos y su frustración.
Valiente padre había resultado, no pudo evitar que le hicieran daño a su hija, y lo peor de todo, él mismo la había orillado a escapar y perderse el tiempo como si no hubiera existido.
A la distancia un hombre de unos treinta y nueve años lo observaba llorar con sentimientos encontrados, por muchos años le considero como a un tío y por azares del destino después de toda una vida de ser el mejor amigo de su padre, se había convertido en su más acérrimo enemigo.
Ninguno pudo imaginar que su hermano y Romelia se enamoraran con el pasar de los años, porque todos habían crecido casi Como hermanos, nadie podría imaginar todo lo que ese amor desataría.
Con pasos lentos se acercó a él, sentía rabia, dolor, odio si sentía un odio inmenso por aquel hombre que hizo que su hermano desapareciera y nunca regresará a casa, su paso se detuvo al escucharlo sollozar.
-Mi niña perdoname, queria que fueras feliz, te amo mi niña, te amo... Dios permite encontrarlos para poder enmendar mi error, poco a poco las fuerzas abandonaron su cuerpo y se fue deslizando apoyado de aquella barandan que asía con las manos con todas sus fuerzas, no le importó que la gente pasara a su lado y lo viera en ese estado, por darle prioridad a las habladurías y al qué dirán le habia hecho daño a lo unico que le quedaba de su amada esposa Camil, Joseph Sterlyn se sintió abrumado de escuchar aquellas palabras.
Allí parado frente aquel hombre derrotado no sabia que hacer, no sólo su familia había sufrido al perder a un hijo, ese hombre también había sufrido una pérdida, Joseph sintió que un profundo dolor se albergaba en su pecho, él siempre quiso culpar a ese hombre cuando también había sido responsable de la decisión que tomará su hermano al sentirse acorralado, aunque fue en son de juego, fue él quien le diera la idea de huir junto a Romelia y viajar lejos a donde nadie los pudiera encontrar.
-Pueden irse al fin del mundo o sino pues viajan a norteAmérica papá piensa invertir en Chicago, ve a esa ciudad, aquellas palabras lo persiguieron por más de veintiún años, hasta ese instante que vio a ese hombre derrumbarse no había aceptado que indirectamente él también era responsable de toda aque tragedia, el dolor de aquel hombre lo sintió como propio y sin pensarlo se acercó y le ayudó a incorporarse.
-Vamos señor Randall, levántese no podemos enmendar el pasado ni repara el daño que hicimos con o sin intención de hacerlo, el hombre con la vista nublada por las lágrimas se asombro al ver ante él aquel hombre.
-¿Hugo eres tu muchacho? perdoname, por favor perdóname, el anciano lo abrazó con fuerza muchas veces alucino con encontrarlo y agarrarlo del cuello y ahorcarlo, pero siempre se desvanecía su imagen entre sus manos, esta vez necesitaba que fuera real, necesitaba su perdón, necesitaba volver a ver a su hija.
-Vamos tranquilo, no soy Hugo, soy Joseph, el llanto del anciano se hizo más copioso por lo que Joseph lo abrazó con fuerza.
-Llore si es lo que necesita, ahora todos necesitamos desahogarnos para poder continuar nuestras vidas en paz
Victor los veía extrañados desde el otro lado de la cubierta, su padre era un hombre poco dado a dar demostraciones afectivas, según quienes le conocían de niño decían que el separarse de su hermano gemelo lo había afectado mucho, que su modo cariñoso y jovial había desaparecido junto con él y que desde ese día casi no se le veía siquiera sonreír.
Por más que trataba de ubicar a el anciano que estaba junto a su padre no lo lograba encontrarlo entre sus recuerdo, ahora que lo pensaba bien nunca había visto, y menos había visto a su padre abrazar de esa manera ni a su abuelo, su abuelo era un hombre taciturno y de pocas palabras, al igual que su padre era serio y poco cariñoso, aunque tenía un modo más cortés al tratar con la gente que su padre, muchas veces de niño lo vio parado frente a las ventanas con su mirada viendo hacia a la nada, o como tratando de ver algo o a alguien, parecía estar pensando en algo o en alguien, cuando realmente era preso de sus recuerdo en un pasado casi olvidado por los demás, cuando era un adolescente le pareció un hombre melancólico y triste, y cuando tuvo edad de comprender se dio cuenta que en los ojos de su querido abuelo solo había tristeza, en ese momento comprendió como un hombre podía perderse en sus recuerdos, mayor fue su sorpresa cuando volvió al presente y vio cómo aquel hombre mayor caí al suelo después de apartarse de su padre un poco y verlo por unos minutos como detallando su rostro, por instinto corrió a auxiliarlo, el médico era requerido pues el hombre se había llevado una mano al pecho antes de desplomarse, la ayuda llegó pronto por lo que lograron reanimarlo y trasladarlo a la enfermería, lamentablemente Randall Mac Filder esta vez sí había sido víctima de un infarto.
Un gran revuelo se armó cuando trasladaban al anciano, nadie había preguntado por él cosa que le extraño a todos, en un cubiculo estaba el matrimonio Andrew, ella no despertaba aun, el médico recordó que el hombre había llegado con el matrimonio por lo que al instalarlo lo dejaba con una de las enfermeras y presuroso iba a avisarles que su familiar estaba en un estado de pronóstico reservado.
-Buenas, señor Andrew veo que su esposa aun no despierta disculpe la molestia, el abuelo de su esposa está delicado, creo que el susto le afectó mucho, esta en el cubiculo contiguo.
-¿Mi abuelo? la voz apagada de la mujer llamó la atención de los hombre que se voltearon enseguida.
-¿Cómo se siente? el médico se acercaba para revisarla, estaba un poco desorientada y mareada.
-Mi abuelito doctor, dijo antes de volver a desmayarse.
-Mejor quedese con su mujer yo solvento, no se preocupe, el doctor se retiraba dejando al rubio con su esposa sin entender de qué rayos le estaba hablando.
Randall Mac Filder, estaba pálido e inconsciente soñaba con su hija, Rosmelia sonreía y aún la veía como una adolescente, en su niñas en sus sueños le abrazaba como solía hacerlo, a lo lejos Hugo la esperaba sonriente él tambien se veia como ese chico de diecisiete años que visitaba su casa a diario junto con su hermano gemelo, hugo extendía una de sus manos y ella rompía el abrazo para ir a su encuentro, aun sonreía pero gruesas lágrimas corrían por su rostro, poco a poco la imagen de los dos chicos se iba desvaneciendo, él se quedó dormido profundamente después de ver como flashes que imágenes de su vida iban apareciendo.
pasada la medianoche la pelirroja se levantaba con mucho cuidado y buscaba con la mirada tratando de reconocer el lugar en donde se encontraba, la silueta inconfundible de su marido estaba frete al cubiculo contiguo, en puntillas camino hasta él y lo abrazó desde atrás de la cintura tratando de sorprenderlo.
-Reconocería ese aroma entre mil personas cariño, él se volteaba un poco serio, cosa que la sorprendía, desde que abandonaron chicago no lo veía con tanto pesar en su mirada.
-¿Qué sucede William? no me digas que sucedió algo malo, ella también se alarmó temiendo lo peor, él la atrajo contra su pecho en silencio, ahora si estaba realmente aterrada.
-No quiero que estés sola nunca, te juro que nunca me alejare de ti, él la abrazaba fuertemente.
-Eso no te lo permitiría, ya he visto cómo las mujeres te miran como con ganas de hacer cosas no muy decentes contigo, aquello lo hizo sonreír un poco.
-Pensé que no eras celosa, ella se ponía seria y ladeaba un poco la cabeza.
-Y no lo soy , eres lo que yo como decirlo... diría que eres un chico fácil, no me voy a arriesgar a que cualquier mujer venga y tome lo que es mio.
-¿Fácil? aquello lo sacó de su centro.
-No te hagas William Andrew, eres propenso a ceder ante la ligereza de tu bragueta, él habría muchísimo los ojos, no podía ser que su mujer lo catalogara de ser un hombre fácil ¿o sí?
Continuará...
