Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
Después de dos días por fin dejaban ir a la Señora Andrew, con la promesa de comer sano, no hacer fuerza y mantenerse el mayor tiempo posible en cama.
-Señor Andrew, no deje a su esposa sola, no queremos que un desmayo nos pesque desprevenidos, tenga algo de azúcar a la mano, al sentir el menor síntoma de malestar coloque un poco en su lengua,cuando le baja la azúcar le vienen los desvanecimientos, la pareja veía al doctor que les hablaba sin verles la cara, ninguno de los dos se movía de su lugar, el hombre levanto la cara al sentir el peso de la vista de la pareja y se encontró con la cara de ambos desconcertada.
-¿Bajas de azúcar? pregunto ella con la voz apagada.
-¿Es peligroso eso en su estado? preguntaba él asustado.
-Es poco frecuente, pero es una de esas cosas que se generan por el embarazo, por eso debe cuidarse de consumir azúcar señora, usted es muy joven y su organismo podría acostumbrarse a quemar mucha más de lo normal, debemos cuidar e usted y ese pequeño que lleva en su vientre, la mirada del galeno se suavizaba y ellos asentían mientras entrelazaban sus manos con fuerza.
-Entiendo, nada de azúcar, dijo ella con seriedad, era joven pero no una niña inconsciente.
-Puede comer toda la fruta que guste, el azúcar natural de estas no le harán ningún daño y le ayudaran un poco con la ansiedad, ella suspiraba resignada.
-Por ahora puede irse, si necesita algo o tiene alguna duda solo vengan, estoy a su completa disposición por lo que resta de la travesía.
-¿Doctor? este... yo quería saber... si no es molestia... me gustaría ver al abuelito ¿lo puedo venir a visitar? ambos hombres se voltearon a mirarla.
-¿Su abuelito? pregunto el doctor extrañado.
-Bueno, bueno no es mi abuelito, pero ha de ser abuelito de alguien William esbozaba una sonrisa.
-Me contó la enfermera que usted lo estuvo tranquilizando, por ilógico que parezca creo que gracias a eso ese hombre esta recuperándose, creo que su compañía le hace bien, por lo que no veo porque no pueda venir a visitarlo si su esposo no tiene inconveniente.
-Mientras pueda venir con ella, no tengo inconveniente, el doctor negaba con la cabeza, esta pareja era bastante extraña.
-Bueno nosotros nos despedimos, muchas gracias por todo Doctor, el rubio extendía su mano para despedirse del medico mientras su esposa se escabullía hasta el cubículo del anciano y le daba un beso ligero en la frente como despedida, aun que en medio de sus inconsciencia el pudo sentir aquello como una caricia, pero por más que trato no logro abrir sus ojos.
Los días pasaron los dos largos meses de travesía parecían pasar con lentitud, ahora Albert se arrepentía de no haber esperado una semana para tomar el Mauretania en lugar de haber tomado el Luisitania, ya ni que hacer, según el capitán aún faltaban unos treinta días para llegar a destino.
Sin querer ya la pareja había tomado por costumbre la misma rutina, desayunar caminar, pasear por la cubierta tomar un poco de sol, ir a la enfermería a visitar al abuelito, almorzar, caminar por la cubierta, reposar durante la tarde, ir al comedor a cenar o pedir la comida al camarote, evitar a el molesto joven y a su padre , pasar después de la cena nuevamente por la enfermería y luego retirarse a descansar, ocho días habían pasado desde que se auto impusieron aquella rutina.
-No me siento bien, fue lo lo último que dijo el rubio antes de correr al baño a vomitar, su esposa lo veía con los ojos abiertos , nunca, nunca, nunca imagino verlo en ese estado, parecía esta muy mal, sin pensarlo corrió hasta la enfermería por ayuda no podía hacer fuerza por eso él no le dejo ayudarlo.
-DOCTOR, DOCTOR AYÚDEME POR FAVOR, al verla tan desesperada pensó que algo le pasaba a la joven.
-Tranquila, ya sabes que no debes agitar por favor... ella lo tomaba de la mano y lo arrastraba como loca por el barco sin dejarlo ni hablar, hasta que llegaron al camarote, para encontrarse con un Albert pegado al retrete aún vomitando y tan débil que no podía ni levantarse, el medico se asusto pues sus labios estaban pálidos, el pobre muchacho parecía estar bastante mal.
Después de dejarlo vomitar por otro rato le ayudo a levantarse y a caminar hasta su cama, enseguida le chequeo el pulso, después de respirar un poco se dio cuenta que no había llevado su maletín y no podía revisarlo.
-No deje que se levante, traiga ese cubo de basura y si le vuelve el vomito que la haga en el, tengo que ir por algunas cosas a la enfermería, ella asentía asustada, él nuevamente compensaba a vomitar.
-Me estas asustando Albert ¿Te sucede? el trataba de responder pero nuevamente empezaba a devolver el estomago.
-Por favor, saca ese cosa que el olor es demasiado asqueroso, con la mano señalaba la comida que estaba dispuesta para la cena, ella lo miraba sin entender nada.
-Pero si es la cena, incrédula se acercaba a olerla y le parecía que el olor era de lo más delicioso, nuevamente las arcadas atacaban a su esposo por lo que ella corría a sacara toda la comida y correr hasta dentro del camarote de nuevo.
-¿Qué rayos? el medico venia corriendo y se paro al verla poner aquel tazón de sopa en el suelo.
-Estos dos son muy extraños, esto parece cosa de locos, aligero la marcha y la detuvo cuando sacaba una pequeña canasta de pan.
-¡Se puede saber qué se supone qué esta haciendo? ella lo veía y se levantaba de hombros.
-Dice que la comida tiene un olor asqueroso, me ordeno que la sacara y eso estoy haciendo, al entrar lo encontró más tranquilo recostado de la cabecera de la cama abrazado del cubo de basura como si de ello dependiera su vida entera.
-¿Se siente mejor? el doctor lo veía preocupado realmente estaba muy pálido y desmejorado.
-Si, el olor de la crema de calabazas me dio nauseas, que hedor tan espantoso, el pobre rubio hablaba sin abrir los ojos, el medico lo escuchaba sin entender que decía este hombre, realmente ya estaba empezado a pensar que este par había escapado de un sanatorio para enfermos mentales o algo por el estilo, realmente era extraños.
-Si su esposa me dice eso, le contestaría que es debido a su estado, pero creo que usted tiene una fuerte indigestión, o que su sentido del olfato esta muy desarrollado, de no ser por que se sentía muy débil el pobre Albert le habría contestado, se limito a deslizarse sobre su mullida cama y meterse bajo la abana.
-¿ o puedo creer que le diga eso a mi esposo? ¿no ve que se siente mal? ¿acaso esta ciego y no ve que esta pálido? debería darle vergüenza como medico tratar de esa manera a un paciente, el medico respiraba resignado y arrepentido, el pobre muchacho no tenia la culpa de sentirse mal.
-Por ahora solo podemos dale un poco de suero ¿Esta bien? realmente creo que es una indigestión porque algo de lo que comió le debió sentar mal.
-Pero es que desde hace tres días casi ni come, solo prueba un poco la comida y ya no quiere más, le joven casi lloraba al decir aquello, el medico estaba desconcertado, podía esperar aquellos síntomas de una mujer embarazado pero no de un hombre.
-Esperemos que con el suero se ponga mejor, enseguida le mando un poco déjelo descansar, por cierto ya el abuelito de alguien reacciono, esta mañana abrió los ojos y pidió ver a su hija.
-¿Su hija esta en el barco? pero nunca lo ha visitado, aquello asombro a la joven que enseguida se mostraba molesta.
-Tranquila, el pobre parece estar un poco desorientado, según los registros viaja solo, hoy pasaron dos caballeros a preguntar por él y corroboraron esto, por ahora debe atender a su esposo que no la esta pasando nada bien.
-En cuanto William mejore lo iremos a visitar y hacerle compañía un rato, disculpe la molestia por favor, una vez más el doctor se sentía apenado.
-No tiene nada que agradecer es mi trabajo por favor disculpe si fui algo brusco el día de hoy ha pasado de todo y la verdad no ha sido uno de los mejores, no es fácil lidiar con las personas cuando están enfermas y se sienten mal.
-No se preocupe, lo entiendo, ella sonreía restando importancia a lo que había sucedido.
CONTINUARÁ...
