Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
CAPÍTULO 8
ACATALEPSIA
Jamás la luz había inundado su habitación de esa manera, asazmente reveladora de lo acólito y escondido que tenía en los rincones. Las fotos se acumulan en sus paredes, la ropa está tirada, descartada como la utilería que siempre ha sido. Sus libros y notas esparcidos por su escritorio y cama, lugar al que rara vez recurre para pernoctar. Más que nada, este cuarto lo deja en evidencia de su lejanía consciente o inconsciente de lo que alguna vez fue: un hombre cotidiano. Su corazón tirante y su piel reseca conversan en las noches avejentando su cuerpo un poco más, más cerca de la muerte que ha devanado con trucos baratos y tristes. Pero del otro lado, en la otra ala de este inmenso lugar está la evidencia de que la ofrenda en forma de juventud que ha dado a este dios tecnológico ha dado sus frutos. Tecnócrata o lascivamente un practicante de la gigantomaquia, él ha tenido éxito.
Toma sus notas y apunta directamente sin pensar en fechas o parámetros biológicos. "Hoy la vi por primera vez en la forma de otra, es la misma cara, el mismo cabello y técnicamente el mismo cuerpo. Sus ojos, sin embargo, refutan mi memoria correosamente, como si supiera que no habrá dos iguales" Deja caer su cuaderno de notas y se tumba en la cama hundiéndolo en un sueño profundo.
Al despertar, el sol es lejano y etéreo; una línea en el horizonte que se despide a regañadientes de las nubes. La tintura azulada gobierna el cielo y las estrellas en el techo de su cuarto se carcomen la vista de quien se ose amar algo tan lejano.
—Es hora.—dice levantándose con pujidos, sus articulaciones ya no son las mismas.
Su cuarto lo deja igual, porque él es igual. En cambio se dispone a cambiar otro cuarto con un propósito más circunspecto.
El cuarto de Alice siempre fue genérico, aún cuando ella lo habitaba en forma regular. Es práctico, estéril y poco femenino, como un canvas en blanco, tal vez por eso lo escogió—al menos eso quiere creer— y no por la doliente cercanía que hay hacia el suyo. Quita algunas fotos de aquí y notas que ella dejó, por allá. Cambia la ropa de cama y limpia lo poco que había en los cajones. Extrañamente nunca se había atrevido a hurgar este lugar, aun cuando era evidente que Alice no regresaría. No le sorprende al ver que apenas ella dejó algo, después de todo realmente nunca llegó con mucho y ¿qué clase de cosas ella podría acumular estando encerrada en este lugar por años? Al menos él tuvo tiempo de mudarse paulatinamente, Alice, sin embargo, fue traída súbitamente. Supone que SCORP no le dio mucho tiempo de elegir libros, ropa o souvenirs de su pasado.
Para fortuna de Edward, Alice fue lo suficientemente desprendida para dejar ropa: unos pantalones, camisas y suéteres. Teme que la ropa interior sea un caso delicado pero afortunadamente aún hay provisiones en el almacén, a lo cual da gracias. Toma unas cuantas bolsas de ropa estéril del almacén y las coloca sobre la cama. Sí , esto está bien, se dice. Esto es lo que un buen padre haría: proveer.
Regresar al ala este lo llena de un nerviosismo ajeno al que no está acostumbrado. Los largos 15 minutos de recorrido de ala oeste a este lo hacen imaginarse que esto es como un castillo moderno y terrible que jamás ha sido invadido, pero efectivamente fue hecho para proteger. Desde que lo vio por primera vez a las afueras de Atlanta, supo que le gustase o no, este sería su hogar. El edificio matriz de SCORP siempre estuvo en la vista de quien lo pasaba de largo. La gente susurraba su verdadero propósito, y población como científicos por igual se tornaban abyectos hacia la extraña forma de obelisco torcido de dos edificios gemelos, imitando lo que en otrora época fueran edificios significativos en Nueva York antes de la guerra.
Cuando menos se da cuenta está frente a la sala de pruebas y el nerviosismo regresa. Ha decidido ponerse su bata y su gafete para darle un tono de seriedad a esta presentación. Su mano se mete temblorosa sobre el panel de medida biométrica y luego la puerta se abre rigurosamente con un chillido extraño, años de falta de mantenimiento hace que todo haga ruidos últimamente.
Como esperaba, Bela está en la sala de pruebas A jugando con la pantalla, riendo como chiquilla. Edward la observa desde la cámara y se regocija al ver que su pequeño clon está desarrollándose correctamente.
—¿Estatus?
—Muestra de sangre normal, las pruebas cognitivas muestran avance en un 1% desde ayer. —responde IAS.
—¿Tú le pusiste ese juego o ella lo decidió?—pregunta Edward revisando el comportamiento del chip neuronal de Bela en la pantalla principal.
—Ella lo escogió.
—¿Ha comido?
—Sí, ha consumido todo lo que se le ha dado.
—¿Ha dormido?
—Casi toda la tarde.
Edward asiente y presiona el botón suspendiendo toda actividad en el cuarto de Bela. Ella se sorprende y desilusionada se sienta en el piso—y no en la cama— donde empieza llorar.
—Mierda—responde Edward tallándose los ojos.—Pon algo de música, eso la calmará.
IAS pone a la quinta sinfonía de Beethoven.
—No, no, pon algo más… moderno, algo de mi lista de reproducción y por favor, que no sea depresivo.
—No habrá muchas opciones—responde IAS. Edward sonríe ligeramente porque IAS tiene razón, sarcasmo o no.
Al final se escucha la única canción que él jamás metió a su lista por cuenta propia; fue Rosalie cuando trataba de joderle la vida y creía que era divertido. Una canción pop clásica de los 2010's etapa que siempre ha aborrecido musicalmente.
La música "feliz" no parece cambiar en absoluto el estado de ánimo inconsolable de Bela, Edward se ve notablemente frustrado, sin saber como manejar la situación.
—Deberías entrar—aconseja la voz robótica de IAS.
—No creo que mi presencia le ayude en absoluto.
—La última vez reaccionó bien, además necesitas cambiarla de habitación.
Edward contesta con un "mmm" desprendido de credulidad a las palabras de IAS.
—Bien, pero apaga esa horrible música.
Su postura cambia a una de autoridad, no debe perder su pose de superioridad si quiere mantener la lejanía entre ellos y además inculcar respeto. Él, si alguna vez pudo haber sido padre, sería ese tipo estricto que no condona excusas.
Bela al verlo entrar queda como esos niños que han llorado por horas sin saber por qué, cansada y limpiando su cara de fluidos. Sus ojos rojizos y sus labios enjutados por su evidente berrinche la hacen ver como la tierna criatura que es. La expresión de Edward, sin embargo, no cambia. Saca un pañuelo de su bolso y se lo extiende a Bela. Ella no lo toma y empieza a llorar nuevamente.
Edward suspira resignado a hacer el trabajo él mismo. Se arrodilla frente a ella y con el pañuelo limpia su cara. Mientras lo hace ella deja de llorar, abstraída por el hombre frente a ella.
—Cu…llen.—ella repite lentamente en voz muy baja.
—Doctor Cullen—él dice con voz dura sin verla a los ojos, enfocado en limpiarla por completo.
—Doctor Cullen—ella dice en forma más clara que la última vez.
—Correcto. Te daría una recompensa pero no vengo preparado. Tenemos que trabajar en un horario para instruirte. Tal vez podría enseñarte por las mañanas acciones básicas como comer con cubiertos, peinarte y cambiarte . En la tarde haríamos ejercicios para que aprendas a leer y escribir, en la noche … no sé, algo se me ocurrirá.—él dice aún distraído.
—Por cierto, tendrás tu propio cuarto, no es mucho pero es suficiente.
Aún tiene dudas si cambiarla a un cuarto privado sea buena idea, afortunadamente el cuarto cuenta con cámaras y podrá monitorearla mejor. Eso también significa cambiar su estadía a su olvidada recámara.
—Es grande, más grande que esto al menos. No tiene ventanas, pero realmente no te pierdes de mucho, la vista es algo…decepcionante. Listo—dice suavemente, mientras dobla el pañuelo y lo mete al bolsillo de su pantalón. La niña-mujer lo mira extrañamente, pero ya calmada.
Edward carraspea un poco y saca un chocolate de su otro bolsillo.
—Es oficialmente tu primer día de vida, supongo que es tu cumpleaños o algo.
La ofrenda es bien recibida por Bela, que toma el reconocido trozo con su mano y lo lleva a la boca sin miramientos. Edward sonríe un poco y luego vuelve a su cara rígida.
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El regreso al ala Oeste resultó ser sin contratiempos, después de todo no había mucho que admirar. El pasillo desprovisto de color y meramente utilitario no llamó mucho la atención de Bela. Sin embargo encontró fascinante que el clon, al caminar a su lado, modificaba constantemente su paso para coincidir con el de él. Un acto de imitación típicamente visto en infantes, se pregunta qué edad mental tendrá ella ahora ¿dos, tres?.
Al llegar al ex cuarto de Alice, él se detiene esperando la reacción de Bela.
—Este es tu cuarto. Vamos entra—él coacciona al tomarla del brazo suavemente y jalarla hacia dentro.
La luz se enciende inmediatamente y ambos son presentados son un cuarto blanco, bien iluminado y una cama individual en medio. Edward diligentemente abre la base de la cama revelando la ropa de cama y sacando el contenido: un edredón suave de color blanco y dos almohadas. Los deja sobre la cama que a su vez tiene la ropa que él había dejado ahí con anterioridad. Luego camina hacia una pared aparentemente lisa y presiona con su mano ligeramente. La pared de unos tres por tres metros, se subdivide y de ella sobresalen tres compartimentos: un armario, una repisa con un espejo con cajones debajo; el último compartimento es una mesa plegable o un escritorio depende como se use con una silla plegable también.
Al voltear, Edward nota que Bela ha caminado hacia él y está mirando todo con asombro.
—Ropa—él apunta hacia el armario. —Espejo—él apunta al objeto respectivo—y … bueno mesa, supongo. —él dice algo confundido, su cuarto no es así. Esto es algo de un estilo más juvenil. Su cuarto tiende al lado más… antiguo.
El genetista reanuda su tour y camina hacia la pared adjunta al armario donde se ve apenas una puerta que sobresale. Al pasar su mano por un sensor, la puerta se abre, revelando un baño completo. La ducha es pequeña, así como el retrete y el lavamanos; todo es blanco. Hay un pequeño espejo colgado sobre el lavamanos, toallas nuevas y otros artículos necesarios.
—Bien… este es el baño—él dice suspirando y asentando como si nunca hubiese visto uno, al menos uno tan limpio.
Bela se ve poco impresionada, después de todo ha visto algo similar en el cuarto de pruebas A, aunque no lo haya usado.
—Bueno, esto es todo…ah, se me olvidaba.—él dice dirigiéndose hacia la pared frontal donde está un panel de control. Edward lo activa y aparece una pantalla entre ellos dos.
—Lo he programado para realizar tus pruebas cognitivas aquí, sin tener que ir al cuarto de pruebas. Es más cómodo y te dará algo que hacer en tu tiempo libre.—él dice gélidamente.
Bela se ve notablemente confundida.
—Lo sé, todo esto es muy nuevo. Regularmente un recién nacido no hace más que dormir, comer y cagar por un largo tiempo antes de tan siquiera preocuparse por cómo saber ducharse, pero tú no tienes esa suerte. Eso me recuerda…IAS pondrá una animación donde te enseñará higiene básica.—Edward dice un poco mortificado.
—Bueno, creo que te dejaré para que te instales…y volveré en un rato, tengo trabajo que hacer.
Edward camina hacia la salida pero Bela lo jala de la manga ansiosamente. Sus ojos suplican que no la deje sola.
—Doctor Cullen—ella dice suplicante.
La sorpresa de Edward morfa en simpatía y sonríe tristemente.
—Lo siento, vendré en unos minutos, lo prometo—dice quitando delicadamente la mano de Bela. Ella baja la cabeza y empieza a llorar, pero Edward no se deja influenciar, tiene que ser duro con ella si desea educarla correctamente. Al dejarla siente un poco de culpabilidad, algo que no es usual en un hombre como él.
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Cuando Edward era pequeño su imaginación rotaba entre satélites artificiales y naturales. Su mundo contenía una cantidad de personajes que existían gracias a su ávida capacidad creativa. Su madre, siempre la racional, se le hacía molesto que su hijo de 6 años tuviera amigos imaginarios, pero su padre lo alentaba aunque fuera de lejos cuando lo veía por video en la lejana estación en algún lado de Europa Oriental. Para Edward, sus amigos imaginarios, además de su única compañía no adulta, eran también válvulas de escape a un mundo de tensión y miedo. En el 2058 todavía había un residuo de incertidumbre sobre lo que la guerra había dejado atrás. Su padre lejos y su madre doctora de urgencias en Seattle difícilmente podían criar a un niño. No había escuelas, no había lugares de cuidados infantiles, no había parvularios o gente dispuesta a pagar por cuidar a un infante; eran sólo él y su madre; y mientras ella trabajaba, él esperaba. Porque incluso en los suburbios la guerra había dejado sus cicatrices rojas y trémulas. Todos luchaban por regresar a la normalidad, y normalidad no era precisamente lo que un pequeño Ed lograba aferrándose a sus amigos intangibles. Nadie tenía tiempo de tratar a un niño con problemas de ansiedad, ni siquiera había expertos disponibles, básicamente a menos de un año de finalizar la guerra si tenías algún tipo de conocimiento médico eras de un gran valor para el gobierno.
Edward piensa en todo eso, viejos recuerdos que lo dejan nostálgico de tiempos donde había miedo y esperanza y no en lo que se convirtió después: un remanso de apatía y resignación. El éxodo que crea la mudanza de su laboratorio a su antiguo cuarto lo dejan tambaleante ante la expectativa de vivir otra vez en ese lugar, lleno de recuerdos, fotos y una gran ventana al exterior. En su última vuelta de mudanza de ala este a oeste, se acerca a revisar las bitácoras de sus otros experimentos menores. De todos ellos, casi terminados, sólo queda un pequeño ratón con ojos rojos, blanco y piel rosada. Sin pensarlo realmente, toma la jaula y también lo lleva a su nueva vida.
La observa por la cámara desde la pantalla que está en su cuarto. No sabe si se ve aburrida, triste o letárgica.
De su cuarto al cuarto de Bela no hay mucha distancia, se podría decir que son vecinos si no fuera porque cada cuarto es una pequeña isla que no es colindante una con otra, son como pequeños cuadros separados por pasillos. Aún así, caminar de un cuarto a otro no lleva más de un minuto.
Edward mira la jaula en su mano, tiene todo ahí: comida, agua y una pequeña rueda estúpida que hace al animal sentirse como si tuviera propósito, de pronto Edward se pregunta si Bela se identificará con tal enclaustramiento.
Al entrar, ella levanta la cabeza y corre a él, su entusiasmo lo deja un poco sorprendido, con una acatalepsia profunda que lo hacía sentir con remordimiento. Él la quita tomando sus hombros hasta que ella está frente a él, mirándolo como si estuviera perdida y al fin ha encontrado su misión. Es una niña, en el fondo él es todo lo que conoce y conocerá. Ella no conoce de crueldad o culpa, ella siempre será mejor que él. Le tiene lástima, simpatía y más que nada envidia por nacer con un propósito verdadero pero sin saber lo terrible que es.
—No—él dice con mirada dura.—nada de abrazos.
Bela no comprende muy bien, aprender palabras en forma empírica en tan solo un día no te dan un gran léxico, aún cuando el proceso de aprendizaje sea acelerado, pero entiende el tono duro, la postura de Edward es una barrera en sí misma, imposible de penetrar con ojos marrones. Él levanta su mano izquierda donde sostiene la jaula, mostrando su ofrenda de paz.
Bela es curiosa, como él sabría que sería. Sonríe y toca al animal por medio de las ranuras de la jaula.
—Es tuyo, supongo que te hará compañía. No tiene nombre pero tu misma se lo pondrás cuando puedas formar palabras y oraciones coherentes.
Edward deja la jaula a cuidado de Bela y camina hacia la pantalla donde revisa el progreso de la animación que el clon estaba viendo.
—Bien, parece que has aprendido algo hoy. —él dice complacido mientras con su dedo mueve el reporte que IAS ha hecho sobre Bela las últimas tres horas.
—Aquí dice que has usado el baño por primera vez—él dice clínicamente—y te has lavado los dientes. Pero no has usado la ducha, …
Edward camina hacia el baño para revisar si la ducha funciona, pero cuando abre la puerta se da cuenta que educar a un ser humano es imposible con sólo animaciones simplistas.
—Oh mierda… literalmente—él dice tocando el puente de su nariz.
