Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer
Gracias a Isa por corregir el capítulo
Música de este capítulo
Fascination Street -Xiu Xiu Fang (Cover The Cure)
Angels- The XX
Bigmouth Strikes Again-The Smiths
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CAPÍTULO 10
RETRÓGRADO
—¡No! Usa la mano, la mano—él dice apuntando hacia el cubierto.
Al ver que por enésima vez ella no le hace caso, él toma su mano forzándola a que sostenga la cuchara; al contacto, la chica explota, lanzando el plato por los aires. La comida está impresa en las paredes y la cuchara hace un ruido giratorio en el suelo. Edward la mira unos instantes, toma aire respirando profundo, tratando de controlar su frustración; es inútil, dos horas y aún no logra nada, a este paso los dos morirán de hambre. Talla su cara y se levanta recogiendo el plato y la cuchara. Toma el sobre de proteína y lo mezcla con agua en el plato.
—Otra vez, y no me hagas volverte a servir —él enfatiza con una mirada penetrante.
No que su amenaza sea fidedigna, le ha dicho lo mismo las primeras tres veces que ella ha tirado el plato exasperada. Ella por su parte se ve cansada, enfadada y tiene plastas de comida por toda su cara.
Ella contempla el plato con ceño fruncido y desdén.
—¿Qué? ¿No tienes hambre? —él pregunta indignado.
Bela levanta su mirada, toma el cubierto y se lo tira en la cara.
—¡Ah! —él grita molesto y sorprendido—. ¿Esa es tu respuesta eh?
—Edward toma el plato al levantarse—. Ya veremos si en unas horas tienes mejor disposición.
Él se va del cuarto, dejando a una molesta Bela.
—¿No crees que eres muy duro con ella? —pregunta IAS.
—No—responde Edward lacónicamente mientras se sienta en la silla del laboratorio.
—Tiene menos de una semana de vida, técnicamente sólo tiene cuatro meses de edad mental. El ser humano es capaz de alimentarse por sí sólo hasta entrados los dos años, según mis datos.
—Pero ella no es cualquier humano, los infantes no pueden alimentarse solos porque sean estúpidos, si no porque no han desarrollado su mecanismo motriz. Bela lo tiene más que desarrollado, ya viste que es capaz de lanzarme cosas a la cara y con buen tino debo agregar —dice Edward molesto— ¡No es como que su mano sea incapaz de tomar el maldito cubierto y metérselo en la boca! ¿Qué se supone que deba de hacer? ¡¿Dejar que siga sorbiendo del plato como una Neanderthal?! —él explota al fin, levantando las manos al aire—. Mierda, ¿por qué no puede hacer lo que le pido?
—Porque el ser humano no es una computadora, no sigue órdenes ciegamente, debes ganar su confianza—recalca IAS.
—Genial, una inteligencia artificial diciéndome lo que significa ser humano. ¿Qué sigue, la rata diciéndome como sumar y restar? —refunfuña Edward.
—Tu aislamiento con el mundo todos estos años te ha dejado sin empatía y paciencia, Edward, piénsalo—dice IAS—. Los animales adultos que están aislados socialmente durante periodos prolongados de tiempo producen menos mielina en la región del cerebro responsable del comportamiento cognitivo y emocional; por lo tanto menos melina, mayor aislamiento social y este puede ocasionar…
—Oh por Dios ¿Puedes callarte? No necesito esto ahora ¡y no soy un animal!
Edward se levanta exasperado, no sabe a donde ir, necesita pensar.
Sale del laboratorio caminando sin rumbo fijo, cuando menos lo piensa está en la sala de plataformas la que conecta al techo y donde afortunadamente la voz concienzuda de IAS no lo pueda alcanzar. Hace meses —¿O ya es un año?— que no sube hasta ahí. Presiona el botón y la plataforma empieza a subir lentamente haciendo un ruido mecánico. La cúpula que lo recibe es una vista que mitiga su ira; no por su belleza, si no por lo que significa. El cielo azul perfectamente despejado, el vacío de la ciudad, las miles de personas que se ven transitar. A veces extraña la vida cotidiana, ir a un restaurant, tomar un café, conversar con alguien, quien sea. Luego, voltea a su prisión y siente sus cadenas intangibles a este lugar. No, no puede permitirse desfallecer ahora.
Tal vez el hocicón de IAS tenga una mínima de razón, tal vez deba ganarse la confianza de Bela, pero ¿cómo? Usar la imitación no llevó a nada cuando intentó enseñarle a comer la primera vez, ni usar chocolate como recompensa positiva, de hecho empeoró la situación, ahora sólo quería comer chocolate comparado con la insípida proteína— entendiblemente—; y luego ocasionando un berrinche garrafal cuando le obligaba a comer.
Si estuviera aquí Emmett le reclamaría que el conductismo es una mierda y no sirve para nada, a menos que...
¿Por qué no tuvo esta idea dos horas antes?
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La encuentra acostada, abrazando su estómago, probablemente sufriendo de váguido; hace casi 16 horas que no come más que un pequeño pedazo de chocolate. Ella no voltea, pero Edward no se lo toma a pecho, no es la primera vez que ella arremete contra él usando la indiferencia.
Edward trae en una mano trae la jaula con la rata y en la otra un plato de comida. Él camina y se sienta en la silla poniendo la jaula y el plato sobre la mesa.
El clon al fin levanta la mirada, es de desprecio por unos instantes, hasta que nota la jaula. Bela corre hacia el animal, pero Edward la detiene.
—No, no, no—él dice levantando su dedo índice.
Bela ha estado en esta situación antes: si ella se acerca, él va a irse con todo y animal.
—Buena chica —él dice complacido—. ¿Ves esto? —Él apunta a la comida—, la rata y yo comeremos solos, aquí—él dice con una sonrisa—. Ella y yo comeremos de este delicioso plato de proteína.
Bela se queda quieta, esperando algún movimiento de su tutor, algo que le diga que puede seguir y tocar al animal.
Edward, por su parte, levanta la cuchara con comida y la lleva hacia la rata, la cual se acerca a la cuchara pero no come. Hasta la rata sabe que esto es asqueroso, piensa Edward.
—Nom, nom —dice el genetista en una onomatopeya exagerada—. ¿Ves? A la rata le gusta. —Él lleva la cuchara a su boca y come un bocado—. Es delicioso. —Cierra los ojos en falso éxtasis.
Bela da un paso, pero Edward, al igual que antes, la detiene.
—No, no, es sólo la rata y yo. Aquí sólo están los que comen de este plato —él apunta a la comida.
Edward entonces, ofrece la cuchara a Bela, dándole a entender que si quiere ser parte del grupo tiene que tomar la cuchara y hacer lo que él.
Ella duda un poco, pero toma el cubierto.
—Bien, ahora siéntate —él ordena.
Bela entiende este tipo de mandatos; en una semana le han enseñado lo básico sobre el lenguaje, no a un grado que ella misma pueda formar frases, pero si la palabra es lo suficientemente repetida, seguida de una acción, ella entiende el contexto. A veces, si una palabra o frase le llama la atención la repite hasta el cansancio, por lo cual Edward debe tener mucho cuidado en construir sus frases, no que a este punto le importe mucho, está cansado y con hambre, probablemente igual que ella.
Bela se sienta sin dejar de mirar al animal, lo quiere tocar, sentir su diminuto cuerpo entre sus manos y abrazarlo; esta rata ha sido su única fuente de felicidad y paz desde el inicio de su existencia.
Edward nota de inmediato el cambio en su actitud, no se ve inquieta o a la defensiva, se ve ansiosa por tomar al animal.
—Bela, si quieres que te deje jugar con la rata, debes comer —él dice calmadamente distrayendo al clon de su trance.
Ella voltea aún con la cuchara en su mano, un tanto confundida y un tanto desesperada porque Edward le dé su recompensa. Pero si todo este tiempo Bela ha aprendido algo, es que doctor Cullen jamás le permitirá jugar con la rata sin algún tipo orden adjunta.
—Ahora haz lo que yo —él dice manteniendo contacto visual.
Edward toma la cuchara y repite lo mismo que hizo anteriormente: lleva la cuchara a la rata, finge que esta come, hace un ruido y luego se lo lleva a la boca.
—Ahora tú.
Bela toma su cuchara y con entusiasmo se lo lleva a la rata, esta no come, claro. Bela espera que la rata coma algo, pero el animal no se digna a probar nada, haciendo que la chica se frustre vertiendo el contenido en la cabeza de la pobre rata.
—Puta mierda —Edward dice en voz suficientemente fuerte para que ella lo escuche.
—¡Puta mierda! ¡Puta mierda! ¡Puta mierda! —ella repite con una sonrisa.
—¡No! ¡Mala Bela, mala! No digas eso—él dice mortificado.
Hasta ahora su experimento ha fallado; la rata tiene comida sobre ella, Bela no come y ahora le ha enseñado groserías ¡Genial!
Cuarenta minutos después, Edward se siente como si hubiera descubierto algún nuevo elemento o un planeta en el espacio. Bela al fin come con cubiertos. Sí, la rata necesitará un baño —así como él y Bela—. Sí, Bela sólo come cuando la rata está fuera de la jaula y trepa por su cuello… y sí—suspira— IAS tenía razón. Pero nada de eso le molesta ahora, en absoluto; tres horas de su vida valieron la pena al ver que ha podido, exitosamente, enseñarle la base de la civilización a otro ser humano. Ahora sólo debe enseñarle a leer, escribir y hablar correctamente. ¿Qué tan difícil puede ser?
X*X*X*X*X*XX*X*X*
La ciudad es bulliciosa, coches pasan a su lado dejando relámpagos de luces que se impregnan en su vista permanentemente. El sonido agudo del claxon, las ambulancias, las voces de extraños que la ignoran. Se siente perdida. Levanta su mirada, SCORP es imponente aún entre el resto de los edificios, la forma torcida del edificio representa también su moral. Ella lo sabe, después de todo ha sido víctima colateral de las atrocidades hechas ahí. El temblor la invade, su vista es borrosa y esas voces ahora son ahogadas hasta que está en una penumbra. El limbo que le espera le aterra, ¿no es preferible morir? Se pregunta.
Bela despierta con un grito ahogado, el cuarto está oscuro, pero él está ahí, entre las sombras. Él se acerca a revisar sus ojos invadiéndolos con una luz; toca su frente y su cara, su tacto cálido la conforta pero a la vez la intimida.
—¿Estás bien? —él pregunta.
Su extraño lenguaje, sus ojos, sus labios ¿Qué son para ella? ¿Qué es todo eso extraño que la mantiene despierta por las noches invadiendo su descanso? Aún no tiene conceptos para definir edificios, calles, personas. Aún no sabe que sueña con los muertos. Sólo recuerda la terrible y pacífica sensación de morir. La existencia, tal como Bela la entiende, es sólo un cúmulo de movimientos ritualistas y arcaicos que producen acciones. Su voz son mandatos, eso tanto sabe, su caminar produce la distancia y él produce en ella la incalculable necesidad de complacerlo aunque muchas veces la haga sentir impotente.
Edward la nota distraía, absorta en las cosas que ha soñado. ¿Tendrá que explicarle algún día lo que es soñar? ¿Lo hizo su madre con él? No recuerda. Bela le sorprende al abrazarlo fuertemente, otra vez, como siempre. Sus puños jalan su camisa hacia ella, encajando su cabeza en su pecho. Tiembla como hoja. Su llanto es silencioso, pero Edward lo siente al mojar su camisa. Algo en él —la parte más práctica— le dice que proseguir con este tipo de intercambios físicos hará difícil la separación entre tutor y pupila. La parte más masoquista y patética, sólo quiere cerrar los ojos y pensar que es ella.
X*X*X*X*X*X*X*X*X
Su cuerpo está sofocantemente cálido, tal vez eso lo ha despertado, la pesadez en su pecho y el sudor en su frente. Aún sin abrir los ojos, él tentativamente mueve sus brazos para librarse de forma instintiva de su prisión, está atrapado por dos delgados brazos que aprietan su cuello. Edward despierta con la resaca moral de haber cruzado la línea. Se prometió que no sucumbiría a este tipo de acciones porque este es el tipo de cosas que le quitan objetividad y enfoque en su meta. Ella no es un ser humano y debe recordarlo. Es un clon, una imitación de carne y hueso de algo… alguien que amó. Pero aquí está, tocando a la puerta del arrepentimiento. ¿En qué estaba pensando?
Se levanta dejándola profundamente dormida aún.
—No es tan grave, Edward. No es como si hubieras tenido sexo con ella —él bromea mórbidamente.
De imaginarlo siente náuseas. Es tan, tan, tan incorrecta esa línea de pensamiento que la aplasta inmediatamente. No, no debería bromear con algo así.
—Dame el informe Jaz —él dice sirviéndose café en el laboratorio.
—Maduración cognitiva 72.8%. Aprendizaje empírico 88.6%...
—No, dame la lectura cerebral.
—Patrones irregulares de sueño consistente con perturbaciones en la fase Delta —responde IAS.
—¿Cómo puede tener pesadillas? No tiene suficiente tiempo de vida para recrear memorias … —Edward se queda pensativo—. No, no, no —él dice asustado.
Edward teclea en la computadora principal pasando por la bitácora de datos. La lectura de todos los clones anteriores han tenido el mismo patrón.
—¿Por qué está recordando cosas? ¡No debería! —él dice sorprendido.
—Hay una probabilidad de que al activar el aprendizaje acelerado también haya estimulado su corteza. Debido a la neuroplasticidad el cerebro de B3LA está imitando los patrones neuronales de su original —responde IAS.
—Así que básicamente me estás diciendo hay un defecto en el chip.
—Sí.
Edward se queda callado unos segundos, balanceando sus opciones.
—Tengo que operarla.
—Remover el chip e introducir otro —afirma IAS.
—No tengo opción.
—Si lo haces perderá la memoria y cualquier personalidad que haya desarrollado estos días.
—Lo sé —dice Edward tristemente.
—Tal vez deberías esperar. Nunca has hecho algo así, no este tipo particular de procedimiento al menos. No hay un antecedente para saber si ésta es la ruta correcta. Además, no puedes operarla, no eres neurocirujano.
—No, pero tú sí —responde Edward.
El genetista se levanta dando vueltas por el laboratorio, invadido de pantallas. Ella está en una de ellas, se ve libre y feliz jugando con la rata. Han avanzado tanto estos días… ¿Cómo echar todo eso a la borda tan sólo por una sospecha?
—Está bien, esperaré —dice resignado.
X*X*X*X*X*X*X*X*X
Tres semanas después….
Lengua fuera, mano tensa y frustración por toda su cara. Edward sonríe un poco al verla batallar tanto, en cierta forma es adorable. Cuando termina, deja salir un suspiro y reaciamente deja el lápiz.
—Veamos —él dice tomando el cuaderno—. ¡Oh! No te quedó tan… mal.
La «a» parece «q» pero es mejor que la «a» que parecía «o» de hace algunos momentos, al menos esta vez pudo hacer bien la forma.
—Otra vez Bela.
—No, cansada —ella dice cruzando sus brazos.
—Lo sé, pero te prometo que cuando lo hagas bien, te dejaré jugar con Bu toda la tarde.
La rata — o Bu como ella le quiso poner al imitar el sonido que hacía al beber— ha sido su mejor aliado. Sin saberlo, el animal ha permitido que su trabajo instruyendo a Bela sea mucho más fácil. Claro, no siempre funciona, pero la mayoría de las veces sí.
No fue fácil la segunda semana, ella era incapaz de mantener la atención en una lección simple. Edward tenía que hacer cortas —y exhaustivas— sesiones de veinte minutos para ayudarle aprender palabras y conceptos simples. La pronunciación —que aún es un problema— fue la parte que más tardó en enseñarle a Bela. Afortunadamente a medida que pasaba el tiempo también crecía su madurez cognitiva, haciendo que su enfoque de aprendizaje fuera mejor.
Ahora que puede escribir y leer frases simples, está tratando de pulir su letra y también su vocabulario.
—Doctor Cullen, ¿qué significa «casa»? —ella pregunta meditabunda mientras termina de escribir la frase «La casa es grande y roja».
Edward se sienta frente a ella, en el escritorio improvisado que ha armado en el cuarto de Bela.
—Es donde uno vive —él dice ecuánimemente.
Pero Bela no esta del todo convencida con esa respuesta.
—Cuarto de Bela es casa de Bela —ella afirma—. ¿Cuál es casa de doctor Cullen?.
—Oh no, tu cuarto y mi cuarto son parte de… —él se queda pensativo—… Este lugar, como ya has aprendido antes, se llama cuarto. —Él gesticula con su mano hacia alrededor—. Un cuarto entonces, es parte de una casa, es decir, yo doctor Cullen, tengo mi propio cuarto. Por lo tanto los dos cuartos están en la casa.
Es un maldito genio de la genética, ha dado cursos de trascripción y expresión de genes, de mutaciones atípicas y partenogénesis a catedráticos, pero ¿por qué le es tan difícil explicarle algo tan sencillo a Bela? Tal vez porque el concepto de casa implica una libertad que no él no ha experimentado en mucho tiempo.
—¿Dónde es casa? —ella pregunta con renovada curiosidad.
—Esa es otra lección, sólo debes saber por ahora que una casa tiene varios cuartos. Sabes que es un cuarto cuando está separado por puertas o entradas.
Ella asienta firmemente, tratando de grabarse el concepto.
—¿Doctor Cullen? —ella pregunta otra vez—. ¿Por qué yo vivo aquí y doctor Cullen vive en otro cuarto?
—Bueno… —él se levanta de la silla, tratando de evadir mirarla—… porque no es correcto que una mujer y un hombre duerman en una misma cama.
—¿Por qué?
—Mierda —él murmura dándole la espalda, luego voltea y pone su cara más imponente—. Esa es otra lección Bela, no hagas tantas preguntas —él ratifica con su mirada tirana—. Ahora, veamos cómo quedó tu oración escrita.
Edward puja y asiente al examinar la plana de la frase «La casa es grande y roja».
—Es mejor que la otra, supongo que ya puedes ir a jugar con Bu—él dice satisfecho.
Bela no espera ni un segundo de confirmación, deja su cuaderno y lápiz para correr por Bu que está sobre la cama en la jaula. Edward sonríe un poco al ver a la chica sacar al animal con entusiasmo.
Después de unos momentos, mientras Edward está analizando los datos en la pantalla del cuarto de Bela, nota que hay demasiado silencio; por lo general ella hace ruidos y juguetea por el cuarto persiguiendo al animal, eso hace que cualquier silencio se sienta ajeno al ambiente. Al buscarla, ella está sobre la cama pensativa, acariciando a Bu, que ahora parece más contento que esos primeros días cuando ella bruscamente lo acariciaba.
Edward deja de hacer lo que está haciendo y se sienta en el borde de la cama. Bela levanta su mirada, se ve notablemente triste.
—¿Qué sucede? —él pregunta.
—Bu vive en esta jaula, la jaula está en mi cuarto, entonces todos los cuartos son unas jaulas de jaulas.
Su silogismo deja a Edward perplejo, es una deducción lógica ajena a una persona que apenas tiene 1 año de edad mental. Su deducción, aunque errada, es cierta para ella, pues hasta ahora no conoce otro cuarto que no albergue a una jaula.
—¿Por qué dices eso?
Ella suspira y se levanta, dejando a Bu libre para que recorra la cama.
—Él está aquí dentro, como yo. No sé que hay fuera de cuarto. Estoy….
—…protegida, es la palabra que buscas —Edward dice.
Sabe que realmente el concepto que ella trata de definir es el de «libertad». Le es interesante saber que una de las primeras cosas que el ser humano se percata es la libertad, si y sólo y si compara su situación con una criatura que no la posee. Si ella jamás hubiera tenido a esta rata aprisionada, jamás tendría estos pensamientos sobre estar atrapado, sobre no tener libertad. Es un concepto que no está listo para enseñar, tal vez nunca.
—¿Protegida? —ella repite.
Edward cruza su pierna y recarga su mano sobre su mentón.
—Protegido es un sustantivo y significa persona que recibe protección. Protección es evitar o no permitir que se dañe a alguien.
—¿Como cuando me caí y me lastimé mi mano y me curaste con la banda y me pusiste esa cosa que olía feo? —ella pregunta asombrada.
—Sí, algo así. —Edward le lanza una ligera sonrisa, algo raro en él, pero pretende verse confiable—. Bela, necesito que entiendas que afuera es peligroso, más de lo que te imaginas. Dentro de este cuarto, o los cuartos que te permita ir, son los únicos seguros para ti y para Bu.
—¿Qué hay afuera?—ella pregunta asustada y curiosa.
—Cosas terribles, y si no quieres sentir un dolor mucho peor de lo que sentiste cuando te caíste esa vez, es mejor que no salgas.
Su mentira es necesaria, de otro modo implicaría que ella puede salir con toda libertad, lo cual haría que ella descubriera la verdad. En cierta manera —piensa Edward—, mentirle sobre el concepto de protección es en parte para mantenerla protegida. La ironía no se le escapa.
—Entonces, ¿Bu está en una jaula para su protección? —ella pregunta deductivamente.
—Bu está en una jaula porque es un animal. Tu estás en un cuarto porque no lo eres.
—¿Qué soy entonces?
Estas preguntas están saliéndose de control. Edward no puede contestar todo esto sin meterse en problemas.
—Eres Bela —él dice tajantemente.
—Y eres doctor Cullen, pero no somos iguales.
—Así es, tu eres una mujer, yo soy hombre. Eres Bela y yo soy doctor Cullen, eso ya lo sabes.
—¿Pero en qué somos diferentes?
Edward se levanta mortificado.
—Basta con estas preguntas Bela, no tengo tiempo. Además, eres muy joven para hablarte de las abejas y las flores —él murmura tallando su cara en cansancio—. Eso es para…
—Para otra lección —ella termina su frase imitándolo.
—Sí, para otra lección y no me faltes el respeto interrumpiéndome jovencita —él dice fingiendo molestia y apuntando con un dedo riguroso hacia su aprendiz.
—Sí doctor Cullen —ella responde dócilmente.
—Traeré tu comida en un rato, cuando termines podremos terminar la lección.
Edward sale del cuarto, dejando a una muy curiosa Bela con una mente aún más perseverante y acelerada de lo que él pudiera imaginar.
Bela por otro lado sabe que algo no está bien, no tiene suficiente información para llegar a conBusiones definidas, pero hay una falla en lo que doctor Cullen le dice, porque si él la protege, ¿quién protege a doctor Cullen? ¿Quién más está allá afuera? Y más importante aún ¿Por qué es peligroso?
