Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer
Gracias a Isa por corregir este capítulo


CAPÍTULO 12

AGAPE

De todas las chicas, él la eligió a ella. Si lo desea, puede nombrar fácilmente cinco mujeres que son más hermosas, altas, esculturales y femeninas tan sólo en esta planta del edificio.

Nunca accesible, poco conversador, sociable por necesidad; Edward Cullen es la persona de la que más se habla en S-CORP. Su trabajo es sin duda adelantado a su época, pero tristemente, él es más conocido por su viudez y lo atractivo que es. Tal vez eso es lo que le atrae de él, la vulnerabilidad escondida, el misterio, el instinto maternal latente por consolar. ¿Acaso no es ella como el resto? ¿Con una curiosidad mórbida por conocer a fondo al Dr. Cullen?.

Lo mira en su cama —su cama… no puede creerlo—. Se mira como otro hombre, pacífico; lejos está ese hombre intimidante que la contrató hace dos años. Quiere quedarse y mirarlo en ese estado, recordar esa dicha de al fin tener lo que has deseado. Regresa a la cama y lo abraza. Edward levanta un ojo y sonríe, es esa sonrisa que sólo ella ha visto, está segura, quiere creerlo. Duele su corazón.

—¿Cuánto llevas despierto? —ella pregunta sonrojada.
—Lo suficiente. Me despertó tu suspiro de colegiala enamorada.

Luego la besa y se levanta energizado, contento incluso.

—¿Dónde está mi camisa? —él pregunta distraído, mientras se pone sus calzoncillos.

Alice la tiene en su mano, debajo de las sábanas. La quiere como suvenir.

—Sólo ponte la bata, no necesitas una camisa, vives a un cuarto de aquí —ella dice con una sonrisita culpable.

Edward sabe que esta chica ha secuestrado su camisa, le da una mirada coqueta y se lanza por ella.

Vuelven a tener sexo, porque los dos en ese particular momento, olvidan las penas y porque es fácil, no es complicado. Por ahora.

Horas después, él sale victorioso del cuarto de Alice, con su camisa favorita que dice "Rey de los Genetistas", tiene una taza que le hace juego; es de sus días de becario, cuando aún nadie conocía su nombre en S-CORP.

Ese mismo día, Alice tiene que ir a hacer pruebas en el laboratorio de Edward, es una excusa para verlo. Él tiene razón, es una colegiala enamorada. Sin embargo, al entrar al laboratorio de Edward, la realidad de su situación es aplastante. Él la saluda, como saludaría a cualquiera: frío, sin contacto visual, indiferente. Alice ni siquiera puede asegurar que él se haya dado cuenta que es ella. Edward está mirando el microscopio abstraído.

El computador principal está detrás de Edward, Alice camina silenciosamente y finge trabajar mientras lo mira de reojo. Uno de los ayudantes de laboratorio, James, le pregunta a Edward algo, y luego sale del cuarto. Al fin están solos.

—Debes de dejar de ser tan obvia, Alice —él dice anotando algo y luego vuelve a mirar por el microscopio.

La chica se ve atrapada, entre hablar o irse. Tarda demasiado, así que Edward voltea y suspira exasperado.

—Somos profesionales, compórtate como tal.

Su reprimenda le duele a Alice, pero él tiene razón.

—Lo siento —dice avergonzada, bajando la cabeza.

Edward suspira y se levanta, toca su mentón hasta que ella lo mira.

—Eres joven, pero no eres estúpida, por eso estoy contigo.

Ella abre los ojos, en sorpresa e indignación.
—¿No es eso lo que te has estado preguntando todo el tiempo? "¿Por qué yo?" —él pregunta pretenciosamente.

Ella asienta con la cabeza.

—Es porque no es complicado contigo, así que no lo arruines, Alice, no hagas esto complicado.

No obstante, ella lo hizo complicado; se enamoró de él. Pero era discreta, Alice aprendió el arte de la indiferencia, de la discreción. Tuvo que someter sus sentimientos en público. Se forzó a no interrumpir a esas mujeres ociosas en el baño mientras hablaban de lo bien que estaba el doctor Cullen y si se estaba tirando a alguien. Pero por las noches, sus escapadas subrepticias compensaban todo eso, todo menos esas noches donde él se escapaba al piso séptimo. Después de esas veces, él era frío, aun en la intimidad, si es que la había. Se preguntaba si había otra mujer. Sus celos incrementaron porque en su joven mente, ella se veía como el "acostón" conveniente, nadie importante, nadie relevante.
Así que lo siguió, le costó trabajo conseguir la tarjeta de acceso, pero lo valía. Tenía que saberlo, tenía que descubrir qué era lo que lo alejaba de ella de esa manera.

Sería discreta, como era su costumbre, no armaría ningún escándalo, sólo necesitaba saber…

Lo sigue al laboratorio de pruebas y luego al laboratorio de criogenia. Lo ve hablar con una hermosa rubia. Edward y ella discuten. La ha visto en las fiestas de la compañía, es Rosalie Hale. Debe ser ella, debe ser la mujer que la está suplantando.

—¿Qué vas a hacer si no funciona? ¡Nadie lo ha hecho antes! —Rosalie dice mortificada, con molestia en su voz.

—¡No veo voluntarios entrando a nuestra puerta, doctora Hale! ¡No tengo tiempo para la aprobación de experimentos en humanos! Sabe perfectamente que entre más tiempo espere la degeneración es más grande.

—Pero… no es… no es ético —ella dice temerosa.
—Si no te gusta, puedes irte cuando quieras. —Adoptando un tono más informal—. Sabes dónde está la maldita puerta.

Edward termina la discusión saliendo del laboratorio y cerrando la puerta con fuerza, visiblemente molesto. Alice ve y escucha todo, escondida en el pasillo donde ve a Edward dirigirse a una zona que nunca había visto. Aún dispuesta a llegar a la verdad, sale de las sombras y se dispone a seguirlo.

—¿Qué haces aquí?

Alice voltea hacia la voz, Rosalie Hale la mira en alerta, con obvia desconfianza.

—Yo… yo estaba, vengo de IT, vine a ver una falla en el laboratorio de criogenia.

Alice es mala mintiendo, Rose es buena detectando mentiras.

—¿Cómo te llamas? —pregunta Rose acercándose a Alice.

—Alice… ¿Brandon? —dice nerviosamente.

Rose sonríe malévolamente.

—Sé quien eres.

—¿Lo sabes? —pregunta la chica en sorpresa.

Rose mira pasando el hombro de Alice hacia donde Edward se ha dirigido.

—Él me ha contado de ti, no mucho, lo admito, pero lo suficiente.

La postura tímida de Alice ha cambiado a desafiante.

—Lo hizo ¿uh? ¿Qué te ha dicho de mí? —dice Alice molesta.

—¿Qué haces aquí Alice Brandon? —pregunta Rose condescendientemente.

—Primero dime qué te ha dicho Edward de mí.

Rose se recarga en la pared y saca un biocig, inhala y exhala.

—¿Sabías que hace cincuenta años la gente fumaba voluntariamente cosas que causaban cáncer? Lo sabían, sabían que los iban a enfermar, pero… —Rose inhala otra vez—… no les importaba. Como tú con Edward.

Alice, con toda su madurez y astucia, se siente estúpida ante esta mujer.

—¿Qué te ha dicho Edward de mí? —pregunta Alice entre dientes, muy molesta.

Rose la mira, de arriba hacia abajo.

—Él me dijo y cito "me he distraído en cosas que no son trabajo", estaba tratando de disculparse por llegar tarde a una junta. Olía a mujer esa vez y todas las veces que llega tarde y "distraído". Así que un día lo confronté, como juego, como curiosidad morbosa… Y confesó sobre una chica llamada Alice de IT.

—¿Estás con él? ¿Se están acostando ustedes dos? —pregunta la castaña.

Rose se ríe con soltura.

—Lejos de eso. No… Edward y yo ni siquiera nos atraemos mutuamente. Su tipo es más de castañas.

La rubia dice esto mirando a la ingeniera de arriba hacia abajo.

Alice se ve visiblemente aliviada, pero ahora está confundida.

—Ven, te quiero mostrar algo —dice Rose.

Alice sigue a la rubia que usa su tarjeta para entrar a la zona donde Edward entró hace momentos.

El lugar es inmenso, no tenía idea que el piso siete tuviera la capacidad para un lugar así. Es una gran espiral que se eleva, llena de pequeños cuartos con números en las puertas. Mientras van avanzando se da cuenta que dentro de cada uno hay cápsulas… ¿de criogenia?

—¿Estas son cápsulas de criogenia? —pregunta Alice asombrada.

—Lo son. Todos son pacientes de DMS.

Alice se ve aterrada.

—¿DMS? Pensé… pensé que…

—No te preocupes, no hay peligro —responde Rose.

Al fin, llegan al cuarto 7, donde Rose se detiene. Alice no sabe qué es lo que está viendo exactamente. Es una cápsula de criogenia con monitores, tal vez eso sea la diferencia entre las demás; es la única que tiene los signos vitales monitoreados.

—Esta es la mujer de la que te deberías preocupar —dice Rose.

—¿Quién es?

—La esposa.

Alice sabe inmediatamente a quién se refiere, Rose no tiene que especificar.

—Pero, está muerta —dice asombrada la chica.

—¿Lo está? —pregunta retóricamente Rose—.Es difícil saberlo con el DMS, el cuerpo apagándose, el cerebro en un limbo… Sin las máquinas es difícil saber tan siquiera si hay actividad cerebral.

—¿Me estás diciendo que está siendo mantenida viva a propósito? —pregunta Alice.

Rose suspira, desganada y triste.

—No puedo decirte mucho, lo único que puedo decirte es que él no la ha dejado ir. Y probablemente no lo hará nunca.

Alice cruza miradas con Rose, la rubia está tratando de advertirle que este es el momento en que debe correr y no mirar atrás, las consecuencias son potencialmente devastadoras para su corazón si se queda.

—Lo amo —responde Alice resignada, tomando una decisión.

Rose asiente.

—Bueno, al menos ahora sabes la verdad.

Alice contempla la cápsula, desde ahí no puede verla, pero ha visto fotos de ella. La recuerda hermosa, con cara amable, siempre sonriente. Inmediatamente se compara con ella, con una muerta en vida.

—¿Puede ser revivida? ¿Curada? —pregunta Alice.

Rose está dudosa en contestar o no.

—No en este cuerpo —responde finalmente la biotecnóloga, con su respuesta experta.

X***X***X***X***X***X***X***X**X**X****X***X***X**X

Él regresa eventualmente a sus brazos, parcialmente al menos. Y ahora que ella sabe la verdad siente más culpa que celos. Lo ama más. Él la toca y esta vez, ella analiza sus movimientos. Nunca se había dado cuenta de lo rutinario que se había vuelto, como un ritual, pero no es molesto, no merma la intensidad cuando están juntos. Simplemente es más triste porque sabe que este no es él, no se está entregando verdaderamente.

Edward nota la falta de entusiasmo de Alice y se detiene.

—¿Qué sucede? —él pregunta preocupado.

Alice mira al techo, una lágrima cae sobre su mejilla. Se prometió no hacer esto, no ser de esas mujeres que reclaman, que piden algo que jamás se le ha prometido. Le dijo que no iba complicar las cosas, pero hace mucho que las cosas son demasiado complicadas como para negarlo.

—La he visto.

Edward al principio no entiende, luego ella aclara.

—Te seguí al séptimo piso, sé que estuvo mal, pero tenía que saberlo. Lo siento.

Alice espera ira e indignación, pero en vez de eso la recibe un Edward ecuánime, cínico incluso.

—Entonces… ¿Sigues preocupada por una mujer muerta? —pregunta Edward en tono burlesco.

A Alice se le hace aberrante que él se refiera a su esposa de esa manera.

—¿Una mujer muerta? ¡Es tu esposa! Y acaso ¿está realmente muerta? —ella arremete.

Edward se levanta y se saca una cerveza del mini-refrigerador que está frente a la cama.

—Depende de la persona a quien preguntes.

—No hagas esto, no me trates como una idiota, Edward —responde Alice molesta.

Edward bebe un trago de cerveza y mira por la ventana, la vista es de un parque y en el fondo está la ciudad perfectamente en movimiento, es una holografía digital, bastante realista.

—Es una ilusión —él responde sin mirar a Alice. Luego voltea con ella y seriamente concluye con el final de su frase—. La muerte, no existe, es una ilusión.

Al final, Alice y él crearon vida. Él creó clones y ella inteligencia artificial autónoma. Diferente material, pero no diferente filosofía. No sabe si fue su filosofía blasfema que la contagió o la curiosidad humana de ambos. Ella lo hacía porque pudo y él porque necesitaba hacerlo. No obstante, Alice alguna vez le admitió que gracias a él, ella había creado a IAS, inspirada en explorar lo desconocido, de ir más allá, de ser trascendental y perpetuar la especie. Pero ¿qué vida es la que se merece este mundo? ¿La artificial o la orgánica? Tal vez la mezcla misma de la que él teme ser parte.

Y no es hasta que ya es viejo y nostálgico que reflexiona sobre esto. Todos estos años, siempre estuvieron del mismo lado, a veces complicado, a veces simple, nunca alejados, al menos hasta que ella decidió huir de este lugar.